1 &ONLY
Jimin estaba sentado en el sofá de su departamento, con las piernas abiertas y apenas una bata de seda rosa que le cubría las tetas.
El teléfono sonó y sonrió, sabía que era Jungkook.
—¿Ya llegas? —preguntó Jimin casi susurrando con voz provocadora.
—En cinco minutos.—respondió Jungkook, su voz grave, seria, la de siempre. —Tuve una reunión que se alargó.
—¿Y tu corbata? —preguntó Jimin pasando un dedo por el borde de la bata. —¿La traes puesta?
Jungkook se rió bajito.
—Siempre la traigo puesta para ti.
—Bien.—dijo Jimin. —Porque quiero que me ahorques con ella, quiero que me dejes sin aire.
Jungkook llegó cinco minutos después.
Traje negro, camisa blanca, corbata gris. La cara seria junto con su mirada depredadora.
Cerró la puerta con llave y dejó el maletín en la entrada.
Jimin se levantó del sofá.
La bata se abrió y dejó ver sus tetas desnudas, redondas y perfectas con los pezones duros, su abdomen marcado, su coño depilado y rosado, no llevaba nada debajo.
—Llegas tarde.—dijo Jimin caminando hacia él, sus caderas se movían de un lado al otro.
—El trabajo es trabajo. —respondió Jungkook desabrochándose la chaqueta.
—Yo soy más importante que tu trabajo.—dijo Jimin poniendo sus manos en el pecho de Jungkook. —Yo soy tu trabajo favorito.
Jungkook sonrió, agarró a Jimin por la cintura y lo besó sucio con lengua succionando su labio inferior.
Jimin gimió contra su boca.
—Dime.—dijo Jungkook entre besos. —¿Qué quieres esta noche?
Jimin se apartó un segundo, sus ojos brillaban con una mezcla de deseo y locura.
—Quiero que me ahorques —dijo sin rodeos. —Quiero sentir cómo me aprietas el cuello y ver estrellas mientras me follas.
Jungkook lo miró fijo evaluando. —¿Seguro?
—Seguro, llevo todo el día pensando en eso. Mientras veía tus mensajes, me tocaba pensando en tu corbata alrededor de mi cuello.
Jungkook asintió.
Se quitó la corbata lentamente, enrollándola en sus manos, los dedos acariciando la tela gris.
Luego levantó a Jimin en brazos como si no pesara nada y lo llevó a la cama.
Jimin se dejó caer sobre las sábanas, sus tetas rebotaron al caer, los pezones duros como piedras.
Abrió las piernas, ofreciendo su coño completamente mojado y brillante.
—Mira cómo estoy —dijo. —Solo de pensarlo me mojé, mira cómo me chorrea.
Jungkook se arrodilló en la cama encima de él.
Enrolló la corbata alrededor de sus manos y la pasó por el cuello de Jimin, sin apretar todavía. La tela rozaba su piel sensible.
—¿Lista, puta? —preguntó.
—Llevo todo el día esperando, abogado.
Jungkook apretó suave al principio, solo un poco de presión, la tela apretando suavemente su garganta.
Jimin gimió,arqueando la espalda, sus tetas se levantaron en el aire.
—Así —susurró. —Más fuerte.
Jungkook apretó un poco más, la corbata presionaba su garganta cortando el aire lentamente.
Jimin sentía el calor subirle a la cara, la falta de oxígeno haciendo que todo se sintiera más intenso.
—Mírame. —ordenó Jungkook.
Jimin lo miró, sus ojos ya se empezaban a nublar pero seguía sonriendo.
—Eres una maldita puta —dijo Jungkook. —Una puta descarada que solo piensa en que la ahorquen mientras la follan.
—Tu puta. —respondió Jimin con la voz entrecortada. —Tu puta favorita.
Jungkook soltó un poco la presión para que respirara.
Jimin jadeó tomando aire en bocanadas, su pecho subiendo y bajando rápidamente, el color volvió a sus mejillas.
—No pares.—pidió Jimin, su voz aún ronca. —Todavía no, por favor, no pares.
Jungkook apretó de nuevo esta vez más fuerte.
El rostro de Jimin empezó a enrojecerse, sus ojos se abrieron más, su boca se abrió buscando aire que no llegaba.
Pero no pidió que parara.
No quería que parara.
La falta de oxígeno hacía que cada centímetro de su cuerpo sintiera el placer multiplicado.
Jungkook bajó su otra mano entre las piernas de Jimin y metió dos dedos en su coño. Estaba tan empapado que los dedos se deslizaron sin esfuerzo.
—Estás tan mojada —dijo Jungkook moviendo sus dedos dentro de él—. Te encanta que te ahorque, ¿verdad? Te encanta sentir que te estás muriendo mientras te follo.
Jimin asintió sin poder hablar.
Sus caderas se movían contra los dedos de Jungkook, buscando más, más profundidad.
Jungkook apretó un poco más la corbata.
Y Jimin sintió que se iba, su visión se nubló y todo se volvió borroso, los bordes de la habitación se oscurecieron, los sonidos se apagaron.
Y luego, nada.
Jungkook soltó la corbata inmediatamente.
Jimin se desplomó en la cama inconsciente, su pecho subía y bajaba lentamente, su coño aún palpitando con los dedos de Jungkook aún dentro de él.
Jungkook esperó, contó cinco segundos. Diez. Quince.
Jimin abrió los ojos. Jadeó tomando aire como si hubiera estado bajo el agua.
Su cuerpo temblaba mientras su coño chorreaba sobre los dedos de Jungkook.
—¿Qué se siente? —preguntó Jungkook sin sacar los dedos.
—No sé —respondió Jimin con una sonrisa débil, su voz ronca y temblorosa. —Pero quiero más, mucho más.
Jungkook se rió. Lo levantó, lo puso en cuatro y se puso detrás de él. Su verga estaba dura, la punta goteando, roja de excitación, entró en el coño de Jimin de una embestida.
Jimin chilló de puro placer.
Jungkook empezó a follarlo duro, sus caderas chocaban contra sus nalgas, el sonido de piel contra piel llenando la habitación. Las tetas de Jimin rebotaban con cada embestida.
Pero Jimin quería más, agarró la corbata y la enrolló de nuevo alrededor de su cuello.
—¿Otra vez? —preguntó Jungkook soltando un gruñido.
—Otra vez. —respondió Jimin empujando su culo contra la verga de Jungkook. —Aprieta, aprieta fuerte.
Jungkook apretó mientras seguía follándolo.
La falta de aire hacía que Jimin se apretara más, su coño succionando la verga de Jungkook con una fuerza que lo volvía loco.
—Te voy a dejar inconsciente otra vez.—dijo Jungkook haciendo sus embestidas cada vez más profundas. —Y cuando despiertes voy a seguir follándote.
—Hazlo. —jadeó Jimin, solo de pensar en eso hacia que su clitoris vibrara de anticipación.
Jungkook apretó más.
Jimin sintió cómo el mundo se desvanecía mientras Jungkook seguía follándolo, su último pensamiento antes de apagarse fue el placer puro y absoluto.
Jimin se despertó unos segundos después. Jungkook aún estaba dentro de él follándolo más despacio, con cuidado, su mano acariciando suavemente su cuello.
—Bienvenido de vuelta.—dijo Jungkook con una sonrisa, besando su nuca.
—¿Cuánto tiempo? —preguntó Jimin con voz ronca.
—Segundos apenas, estás temblando. Te gusta demasiado, puta.
—Sigue —pidió Jimin. —No pares. No pares hasta que no pueda más.
Jungkook aceleró el ritmo.
Sus embestidas más profundas y salvajes. Jimin gritaba, su cuerpo convulsionándose entre el orgasmo y la falta de aire. Jungkook le dio hasta que ambos se corrieron, la verga de Jungkook pulsando dentro de él, llenándolo de leche.
Jimin cayó en la cama, agotado, su cuerpo aún temblando.
Jungkook se acostó a su lado y lo abrazó.
La corbata seguía en su mano.
—¿Te duele? —preguntó Jungkook pasando un dedo por su cuello donde se marcaban las líneas rojas de la corbata.
—No —respondió Jimin. —Se siente bien. Se siente perfecto.
Jungkook besó la marca en su cuello.
—Eres una maldita loca.
—Tu loca.
Jimin se giró para mirarlo, sus ojos brillaban, su sonrisa era puro veneno.
—¿Otra vez? —preguntó.
—¿Otra vez? —soltó una risa.—Apenas respiraste bien.
—Y ya quiero que me ahogues de nuevo, quiero sentir tu corbata en mi cuello mientras me follas contra la pared.
Jungkook se rió y se levantó.
Fue a la cocina y volvió con dos vasos de agua. Le dio uno a Jimin.
—Bebe —dijo. —Después seguimos, necesitas hidratarte si quieres más.
Jimin bebió el agua mientras Jungkook lo veía.
Luego Jungkook tomó la corbata y la enrolló en su mano otra vez.
—¿Segura que quieres más?
Jimin dejó el vaso en la mesita de noche y se arrodilló en la cama frente a Jungkook.
Tomó la corbata y se la puso alrededor del cuello el mismo, apretando un poco.
—No quiero que pares hasta que no pueda hablar, hasta que no pueda decir tu nombre.
Jungkook sonrió.
Eso era lo que amaba de Jimin, siempre quería más y siempre lo llevaba al límite.
—Dime una cosa —dijo Jungkook acercándose, su rostro a centímetros del de Jimin. —¿Cuándo te volviste tan puta, tan descarada, tan necesitada de que te ahorquen?
—Cuando te conocí —respondió Jimin con sus ojos fijos en los de Jungkook. —Tú me hiciste así, antes de ti era normal. Ahora necesito que me aprietes el cuello para correrme.
Jungkook apretó la corbata.
Jimin gimió arqueando el cuello.
—Te voy a follar contra la pared —dijo Jungkook. —Y no voy a parar hasta que te desmayes tres veces.
—Promesa.
Jungkook lo levantó y lo llevó contra la pared de la habitación.
Levantó una pierna de Jimin y entró en su coño de una embestida. Su mano izquierda sostenía el peso de Jimin, su derecha apretaba la corbata.
—Mírame —ordenó Jungkook.
Jimin lo miró, sus ojos ya nublándose.
—Te quiero —dijo Jimin con la voz entrecortada y jadeando. —Te quiero y quiero que me mates.
Jungkook apretó más.
Jimin se fue.
Jungkook sintió cómo su cuerpo se relajaba contra el suyo.
Lo sostuvo firme y esperó.
Diez segundos después, Jimin abrió los ojos.
—Sigue —dijo.
Jungkook siguió follándolo, lo puso contra la pared, luego en el suelo, luego en la cama.
En cada posición, la corbata apretaba su cuello.
En cada posición Jimin se desmayaba y despertaba segundos después pidiendo más.
—Otra vez —dijo Jimin después del cuarto desmayo, su voz sonaba super baja y ronca.—Una más.
—No —dijo Jungkook. —Ya tuviste suficiente.
—¡No! —gritó Jimin. —¡Una más, por favor, te lo pido!
Jungkook lo miró a los ojos, vio la necesidad, la locura y el deseo puro.
—Está bien —dijo. —Una más, pero esta vez no voy a soltar la corbata hasta que te corras.
Jimin sonrió poniéndose en cuatro.
—Hazlo.
Jungkook se puso detrás de él, entró de nuevo y apretó la corbata.
La presión en su cuello se sentía mas fuerte, era intensa, casi insoportable. Jimin sintió cómo el mundo se desvanecía mientras Jungkook lo follaba, el orgasmo lo golpeó justo cuando todo se volvía negro.
Jungkook soltó la corbata.
Jimin cayó a la cama, inconsciente, su coño soltando un chorro de semen, su cuerpo cubierto de sudor y semen.
Jungkook esperó.
Esta vez tardó más en despertar, veinte segundos, treinta.
—Jimin —dijo sacudiéndolo un poco desesperado. —Jimin despierta.
Jimin abrió los ojos lentamente, su mirada estaba perdida, su sonrisa débil.
—Eso... —susurró. —Eso fue...
—¿Qué fue?
—Perfecto.
Jungkook lo abrazó fuerte. Lo besó en la frente, en los ojos y en los labios.
—No vuelvas a asustarme así. —dijo. —Tardaste en despertar.
—Pero valió la pena. —respondió Jimin y se rió.
—Eres un maldito loco —repitió Jungkook.
—Tu loco.
Se quedaron abrazados en la cama.
El cuello de Jimin estaba marcado por las líneas de la corbata, rojo y sensible. Jungkook pasaba sus dedos suavemente sobre las marcas.
—¿Te duele? —preguntó de nuevo.
—Un poco —admitió Jimin. —Pero me gusta, me gusta sentir que estuviste ahí.
—Siempre estoy ahí.
—Lo sé.
Jimin se giró en sus brazos para mirarlo.
—¿Crees que soy una enfermo? —preguntó.
—Sí —respondió Jungkook sin dudar. —Pero yo también lo soy porque me encanta hacerte esto.
Jimin sonrió y besó a Jungkook, un beso suave, diferente a los de antes.
—¿Otra ronda? —preguntó.
—Jimin...
—Es broma —dijo Jimin riendo. —Bueno, no del todo. Pero sé que necesito descansar.
—Descansa —dijo Jungkook acariciando su pelo. —Mañana te prometo que te ahorco todo lo que quieras.
—¿Promesa?
—Promesa.
Jimin cerró los ojos.
Jungkook lo abrazó más fuerte sintiendo su respiración volverse lenta y profunda.
—Te quiero —susurró Jungkook creyendo que Jimin ya dormía.
—Yo también te quiero —respondió Jimin medio dormido.
Y así se quedaron, enredados en las sábanas, con la corbata gris olvidada en el suelo esperando la mañana para repetirlo todo.