¡Maldito sea mi mal genio!
— ¿Por qué no lo intentas hijo?
Masaru Bakugou invitó a su hijo a acercarse al mostrador. El hombre sabía que cada día se hacía más viejo, y tenía la ilusión de que su primogénito se encargara pronto de su negocio.
Desde que llegaron a ciudad “Elementos” hace ya diecisiete años, “La fogata” era su más grande orgullo. Pese a que el elemento de fuego no era tan bien recibido en ese entonces, con su tienda había podido crear un espacio para que los suyos se relajaran y se sintieran bienvenidos cada que visitaran a la ciudad.
Eventualmente, muchos de sus compatriotas habían terminado mudándose también y hoy por hoy, toda la zona al rededor de su tienda era conocida como “el barrio de fuego”.
Ver que todo eso se había logrado por su esfuerzo, llenaba a Masaru de felicidad. Así que su hijo, Katsuki, en pro de mantener la felicidad de su padre, hacía todo lo que podía para mantener ese sueño vivo, incluyendo el tener que atender a los clientes aún cuando era lo que menos le gustaba de trabajar en la tienda.
— Claro — Katsuki accedió, dejando las cajas que había estado cargando, y colocándose detrás de la caja registradora para que su padre pudiera tomar un merecido descanso.
— Lo harás bien — Masaru palmeó la espalda de hijo antes de sentarse en una de las sillas que tenía frente al ventanal de la tienda. Le gustaba mucho ese lugar, porque le era muy satisfactorio ver cómo las cosas solo habían ido para mejor. Podía ver a la gente en las calles riendo, paseando y a los niños correteando de un lado a otro, pero sobretodo, por el reflejo también podía ver a su hijo atendiendo diestramente a los clientes.
Lo cierto es que Katsuki si que tenía mucho potencial. Manejaba las finanzas perfectamente, aprendía rápido, tenía visión, era ingenioso, sabía tomar buenas decisiones y confiaba en ellas hasta el final, lo que hacía que tuviera éxito en lo que sea que proponía para la tienda. El único problema es que, al igual que su madre, no tenía ni un gramo de paciencia en su ser.
Tendía a sulfurarse demasiado rápido y eso era un problema cuando se trataba de atención al cliente, sobre todo si los clientes eran... difíciles.
Aún así Masaru sabía que su hijo siempre aceptaba los retos y hacía todo en su poder para mejorar.Y vaya que Katsuki había mejorado con el manejo de su ira.Sin embargo todavía no era suficiente...
Pero él no llegó aún, así que este podría ser un buen día para Katsuki. Pensó Masaru mirando distraídamente la tienda y notando que su cliente más problemático aún no había llegado.
— Buenos días Señor Bakugou — la voz de un cliente entrando por la puerta, hizo que Masaru dejara de mirar a su hijo.
Oh no
— Buenos días Denki — saludó con una pequeña sonrisa. Sabía que el chico era un buen muchacho, pero a veces era... demasiado distraído y lidiar con él era algo complicado.
Lo vio sostener varias cosas de los estantes, y aunque casi podía oír a su hijo resoplar cada que estaba a punto de tirar algo, al final nada se rompió esta vez. Un poco más relajado al ver que no había ocurrido ningún desastre y que el chico ya había decidido qué comprar, volvió su vista a la calle.
— Kaminari, que puedo hacer por ti — Katsuki preguntó tan amablemente como pudo, apenas el otro chico estuvo frente a la caja registradora.
— ¡Hola Bakubro! — saludó Denki enérgicamente — Quiero todo esto — mencionó, colocando varias cajas de “carbonueces” y una botella de combustible.
Katsuki tomó un par de respiraciones para no decir nada ante el apodo. Ya varias veces le había ordenado que dejara de llamarlo así, pero como el chico tenía el cerebro de una carbonuez, no captaba nada.
Respira, no arruines tu récord. Ibas muy bien
Se dio ánimos a sí mismo mientras tiqueaba los productos e ignoraba el intento de conversación del contrario. Pero cuando ya tenía todo embolsado, Denki agarró una varilla de la caja de bengalas.
— Si compro una la otra es gratis ¿verdad? — preguntó el chico y Katsuki contó hasta cinco para no responder irónicamente.
— Exactamente — resopló, sintiendo como su llama empezaba a caldear.
— Gracias, entonces quiero la gratis — dijo Denki alegremente, mientras encendía la bengala. Katsuki luchaba por controlar su mal genio.
¡¿Qué mierda pasa con él?! ¡¿Lo hicieron caer al agua de bebé?!
Tomó una respiración profunda y trató de aplicar todo lo que su padre le había recomendado para apaciguar su ira.
— Así no es como funciona — musitó apretando los dientes, quitándole la bengala a Denki y apagándola — Tienes que comprar una si quieres la gratis
— Pero ahí dice que una es gratis — respondió Denki de vuelta, tomando otra bengala y encendiéndola — Solo quiero la gratis.
Katsuki se la quitó y la apagó nuevamente. Denki agarró una nueva y la encendió
El ciclo se repitió un par de veces y el fuego de Katsuki cada vez se enardecía más.
— ¡Quiero una gratis! — Se quejó Denki y Katsuki finalmente explotó.
— ¡ASÍ NO ES COMO FUNCIONA!
El fuego salió de sí como si hubieran detonado una bomba. Varias cosas a su alrededor quedaron convertidas en cenizas y los vidrios de los expositores quedaron esparcidos en pedazos por todo el piso de la tienda.
Masaru suspiró y se levantó para tratar de apaciguar al resto de los clientes y para alejar a Denki de su hijo antes de que lo ahorcara.
Apenas Katsuki vio a su padre acercarse, su ira se disipó y en su lugar solo quedó un sentimiento de culpa.
— Yo... — musitó sin poder mirar a los ojos a su padre.
— Está bien — su padre, tan paciente como siempre, acarició su cabello con cariño — A veces es difícil, pero sé que lo lograrás — añadió y se dio la vuelta para entregarle a Denki la bengala que tanto quería.
Masaru no culpaba a su hijo, el chico realmente era difícil, pero Katsuki por otro lado si que se sentía avergonzado de no haber podido controlar su temperamento.
Así nunca heredaré la tienda.
Pensó mientras recogía los vidrios rotos y con su fuego, propulsado por el enojo consigo mismo, lo fundió para poder moldarlo nuevamente y reparar los mostradores.
Katsuki realmente quería que su padre se sintiera en confianza para dejarle la tienda y que al fin pudiera descansar, pero al parecer eso era como tratar de mezclar fuego y agua.
Varias semanas más tarde, una nueva oportunidad se presentó para que Katsuki se quedara a cargo de la tienda. Sin embargo como siempre, los clientes no se la dejaban fácil.
— Esto está muy caro
Respira
— Esto no proviene de Tierra de fuego
Respira
— ¿Ya me van a atender? ¡Tengo prisa!
Mierda, RESPIRA
— Ups... se me cayó lo siento.
La explosión fue inevitable cuando el sonido de varias botellas rompiéndose acompañaron la última oración.
Nuevamente los mostradores se rompieron y todo dentro de un radio de un metro a su alrededor quedó carbonizado.
¡No puede ser maldita sea!
Masaru suspiró y nuevamente fue a arreglar las cosas con los clientes.
Katsuki evadió su mirada a toda costa y empezó a reparar los mostradores. De tantas veces que le pasaba, se había vuelto bastante bueno para moldear el vidrio. Ahora para tratar de sacarle algo bueno a sus ataques de ira, remodelaba los mostradores cada que se rompían.
Al menos así sé que no solo destruyo las cosas
— Bakugou — la voz de Kirishima, uno de sus pocos amigos, lo hizo voltear — Quieres ir a... Wow — se interrumpió a media oración cuando vio el desastre dentro de la tienda — ¿Fue culpa de Denki?
— Más quisiera pelos de incendio — masculló Katsuki dando los toques finales al nuevo mostrador.
— Es por la venta de etiqueta roja de mañana ¿no es cierto? — Masaru había terminado con los clientes y se acercó al par — Está bien, yo también estoy nervioso, no pasa nada.
Katsuki, algo más relajado, miró a su padre y asintió vagamente. Esa venta había sido su idea, así que si bien estaba algo nervioso por como saldría todo, realmente eso no era lo que había disparado su episodio de ira.
— ¡Ey Bro! ¿No me dijiste que ibas a romper el récord de entregas hoy? — preguntó Kirishima de un momento a otro. Y es que al ver el semblante de Katsuki, sabía que su amigo necesitaba despejarse. Así que si bien no le había dicho exactamente que ese día intentaría cumplir con la tarea, lo sugirió de todas formas.
Y al parecer funcionó, porque de repente Katsuki se veía tan enérgico como siempre.
— Bueno hoy hay muchos más pedidos que de costumbre — comentó Masaru dándole una mirada agradecida a Kirishima — ¿Podrás lograrlo hijo?
— Ya verás, batiré tu récord viejo.
Dicho eso, Katsuki se encaminó hacia el almacén para recoger las cajas y poder subirlas a su motocicleta.
— ¡Es verdadero amor!
La voz de su madre lo detuvo momentáneamente de seguir su camino.
¿Quiénes serán ahora? se preguntó mirando las sombras tras la mampara.
Habían habilitado un pequeño anexo antes de llegar al almacén para que su madre pudiera hacer sus famosas “lecturas” amorosas. La bruja de su madre solía leer el humo que generaba una pareja y con ello sabía si iban a durar o no.
Había visto demasiadas relaciones romperse por no pasar esa prueba. Una estupidez si le preguntan a Katsuki, pero dado que las predicciones de su madre nunca habían sido erróneas (muchas veces resultaba que algunos solo estaban juntos por interés y su madre daba justo en el clavo), prefería reservarse los comentarios para sí mismo. Por algo dicen “El que al cielo escupe, en la cara le cae"
— Si, el humo nunca miente. Puedo olerlo... Y es más de lo que puedo olfatear en él— Con la entonación, supo que su madre ya se había percatado de su presencia.
Mierda ¡No fue ni un minuto! ¿Cómo se percató que estoy aquí tan rápido? Antes de que pudiera escapar, Mitsuki ya había corrido la mampara que los separaba y lo miraba fijamente — Sip un solo y triste y desolado futuro — Dramatizó antes de cerrarle la mampara en la puerta nuevamente para seguir con sus clientes.
Maldita bruja
Refunfuñó saliendo de una buena vez hacia el almacén. Odiaba la necesidad constante de su madre de emparejarlo y de hacer comentarios al respecto cada que podía.
No teniendo tiempo que perder (después de todo, hacer que su madre dejara de comentar su falta de vida amorosa, era causa perdida), usó la puerta trasera para cargar todo en la moto sin tener que pasar por el anexo, y salir de una vez a hacer las entregas.
Una vez encima del vehículo, disfrutó de la velocidad tanto como pudo y fue entregando metódicamente los pedidos.
Tenía una imagen mental del barrio y también de los pedidos y dónde debía entregarlos, así que no fue difícil trazarse un camino para ahorrar tiempo y llegar incluso con tiempo de sobra de nuevo a la tienda.
Aceleró y recorrió la zona hasta que finalmente solo le quedaban tres pedidos y diez minutos en el reloj.
Frenó un poco al cruzar cerca del puente por donde pasaba el tren hacia el centro de la ciudad. Como el primer elemento en llegar había sido agua, la mayor parte de las instalaciones eran funcionales para ellos, así que gente con él tenía que tener mucho ojo al cruzar pues para que el tren avanzara, usaban canales de agua.
Mientras esperaba a que el agua dejara de escurrir, miró a la ciudad en el reflejo. Mentiría si dijera que no tenía curiosidad. Realmente quería ver la ciudad, pero la ciudad simplemente no estaba hecha para la gente de fuego, y ese puente era un claro recordatorio de eso, pues aún en su propio “territorio” debían tener cuidado.
✧✧✧✧✧
Para cuando llegó de nuevo a la tienda, había vencido el récord de su padre por cinco minutos. Pero la felicidad que podía haber sentido se esfumó rápidamente cuando vio a su padre dormido sobre la caja registradora.
A su lado, varias etiquetas estaban regadas, seguramente las había estado colocando antes de caer dormido.
Recogió todo y terminó de acomodar los productos en los estantes antes de mover un poco a su padre para despertarlo y que fuera a descansar a su habitación.
— Hijo... — la voz cansada de su padre lo llamó. Katsuki sabía que probablemente querría disculparse por quedarse dormido, así que lo cortó antes de que hiciera algo tan innecesario.
— Ve a descansar viejo — ordenó, levantándolo y acompañándolo por el pasillo. Dejando la tienda lista para la venta de etiqueta roja.
Que mañana todo salga bien
Apenas abrió la puerta en la mañana, un hervidero de gente (nunca mejor dicho) entró a la tienda.
La venta de etiqueta roja era básicamente una rebaja. Ponía productos que estaban cerca de expirar o que costaba vender junto a otros más atractivos como una especie de combo y con un precio mejorado. Y todas esas ofertas estaban señaladas con una etiqueta roja.
Era un concepto simple, pero efectivo. Y considerando la cantidad de ventas que estaban teniendo, podía decir que el día estaba siendo un rotundo éxito.
Lo único malo es que era más gente de que podía manejar.
Hacía lo que podía para controlar su mal genio. Repitiéndose una y otra vez las palabras calmadas de su padre y los consejos para manejar a los clientes. Pero varios hacían caer productos, o desarmaban los combos a su antojo, y otros como Denki quitaron las etiquetas pensando que podían comprarlas.
Sentía su fuego empezar a enardecer y sabía que era solo cuestión de tiempo para que explotara y todo se echara a perder.
¡MIERDA!
Haciendo acopio a lo último que le quedaba de cordura, le hizo una seña a Kirishima para que se acercara y lo ayudara un minuto.
Apenas vio que el pelirrojo se estaba haciendo cargo, bajó corriendo hasta el sótano y liberó el grito que luchaba por salir de su interior.
Sabía que arriba talvez solo se sentiría un pequeño temblor, así que no importaba. Lo importante es que había podido dejar salir su ira y ahora se sentía mucho más calmado, así que podía volver sabiendo que no iba a destrozar la tienda.
Pero de repente las tuberías comenzaron a sonar de manera nada alentadora.
Maldición ¿ahora qué?
Cada vez las tuberías sonaban más y entonces todo se volvió un caos cuando de las tuberías empezó a salir agua
No no no ¡Esto no puede estar pasando!
Trató de sellar los lugares que habían estallado para evitar que más agua entrara, pero el daño ya estaba hecho y casi todo el sótano estaba inundado.
¡Estúpido mal genio! ¡Tenía que ser hoy!
Y cuando Katsuki pensó que las cosas no podían ponerse peor, escucha un llanto provenir del agua.
— ¡¿Qué mierda?! — soltó cuando en el agua del piso un par de ojos verdes se hicieron presentes.
El llanto se incrementó y del agua se incorporó un chico de agua.
— ¡Que lindo! — respondió el chico entre hipidos y más llanto — Mira que bonita familia ¡Y es tu cumpleaños!
— ¿Quién demonios eres tú? — preguntó Katsuki, irritado, quitándole como pudo la foto de las manos — ¿Qué haces aquí?
— Estaba buscando una fuga y termine aquí — respondió el chico aumentando el llanto, aunque a diferencia de antes, ahora parecía un llanto de tristeza.
— ¡Ya deja de llorar maldita sea! — gritó tirándole una de las maderas que estaban flotando a su alrededor.
— ¡Lo siento! — se disculpó el otro chico, pero no dejó de llorar — Es que si pierdo este trabajo.. ¡estaré acabado! — añadió, incorporándose completamente del agua.
— No me interesa ¡SOLO VETE! — vociferó Katsuki haciendo que las tuberías volvieran a sonar. Pero no podía importarle menos, después de todo aún tenía que volver a la tienda y tenía que limpiar el desastre del sótano.
Lamentablemente, el ruido si que fue llamativo para el chico de agua, pues dejó de llorar y se acercó a las tuberías.
— Umm. M-me temo q-que debo multarte —¡¿Que QUÉ?! — E-es que esto no cumple con el reglamento.
Solo entonces Katsuki notó que en la camiseta del chico había una placa que claramente decía “Inspector”
¡PUTA MIERDA! ¡SOLO A MI ME PUEDE PASAR ESTO¡ ¡¿PORQUÉ SUCCIONÉ UN MALDITO INSPECTOR POR LA TUBERÍA?!
El chico, sin darle tiempo a Katsuki para serenarse, comenzó a golpear alguna que otra tubería.
— ¡No las golpees! — vociferó Katsuki, aumentando inconscientemente sus llamas.
— S-solo me aseguro que esté sólido — se explicó el chico, colocando sus manos delante en son de paz tratando de alejarse discretamente del calor.
— Mi padre lo reconstruyó ¡claro que está solido! — exclamó Katsuki con enojo, sin pensarlo mucho.
El chico de ojos verde lo miró con una expresión entre disculpa y culpabilidad
— ¿Y t-tenía algún permiso? — preguntó con voz temblorosa, indicando que nuevamente iba a romper en llanto.
Katsuki comprendió el error en su elección de palabras inmediatamente. ¡Mierda!
— M-me temo que los van a clausurar — informó el chico llorando, mientras anotaba varias cosas en una libreta.
— ¡No puedes! — rugió Katsuki, tratando de quitarle la libreta y quemarla. Pero el chico ya había previsto eso y se hizo a un lado. Usando la única ventaja de que el piso estaba lleno de agua, el chico se escabulló y salió a través de la única ventana del lugar antes de que Katsuki pudiera agarrarlo.
¡Maldita sea!
Katsuki se debatió un segundo entre seguirlo y dejar la tienda. Pero no tuvo más opción que salir tras el chico de agua. No podía permitir que llevara esas multas al ayuntamiento.Mierda, simplemente no podía permitir que los clausuraran, eso no estaba pasando.
Usando toda su agilidad física, salió por la misma ventana que el chico de agua había utilizado y empezó a perseguirlo. Lastimosamente el otro era rápido y con el tren a tan solo unas cuadras, tenía mucha ventaja.
Cuando al fin lo alcanzó, el otro fue más rápido y se subió al condenado tren con una sonrisa de disculpa. Pero eso no se iba a acabar ahí, así que Katsuki tuvo que hacer tripas de corazón y subir al tren también.
Dentro hay demasiada gente, demasiado ruido, muchas cosas robándole atención y casi no había forma de poder avanzar si tropezar con alguien. Pero pese a que Katsuki es alto, es bastante ágil, así que se desplaza rápidamente por el tren sin dejar demasiado daño colateral.
Por fin, después de unos vagones lo alcanza.
El chico al ver la mirada de depredador del contrario y sin más vagones a los que escapar, se siente completamente acorralado.
Ya te tengo
Katsuki ya está cantando victoria, ya tiene la libreta prácticamente en sus manos, pero el tren ya llegó a la ciudad y las puertas se abren, dándole al chico de agua la oportunidad de huir nuevamente.
El chico de agua mira de vez en cuando hacia atrás, el chico de fuego es rápido y ágil. Pero aunque él es menos ágil, es más bajo y conoce perfectamente la ciudad, así que rápidamente se pierde entre la multitud.
¡Hijo de puta!
Maldice Katsuki notando como poco a poco pierde de vista al chico de agua.
Trata de pensar y decide que no podrá seguirlo por mucho que quiera, así que se encamina hacia el ayuntamiento en su lugar. Quiere interceptarlo antes de que sea tarde.
Y cuando lo ve frente a la puerta no piensa dos veces antes de tomar la libreta y quemarla.
— ¡O-oye!
El más bajo se queja pero Katsuki nunca se había sentido más aliviado.
— No puedes quemar mi libreta — se vuelve a quejar — A-además.. — Katsuki solo suelta un suspiro. Sabe que el otro solo está haciendo su trabajo, así que está a punto de musitar una disculpa cuando escucha lo que tenía por decir el chico de agua — y-yo ya entregué las multas lo siento. Normalmente tomo una moto desde la estación, pero como estabas persiguiendo la tomé desde la plaza y por eso llegué antes. Otra v-vez, l-lo siento.
— ¡¿Qué?! — Katsuki siente que va a implosionar en cualquier momento. Pasa las manos por su cabello y sus flamas cada vez aumentan más su temperatura.
Piensa que más podría hacer. Porque el que clausuren la tienda no es una opción. Entonces se le ocurre una idea.
— Vas a llevarme a donde sea que hagan el procesamiento de esas multas, o te vaporizaré — amenaza, tomando al chico de la camiseta.
El más bajo suelta un chillido y asiente enérgicamente.
Katsuki lo suelta y entonces el chico lo conduce por el ayuntamiento hacia la oficina de procesamiento.
Desde que había aprendido sobre finanzas e impuestos, Katsuki sabía que normalmente las multas y esas cosas pasaban primero por un centro de procesamiento y finalmente llegaban a la central donde se hacían efectivas. Así que si puedo agarrarlas antes...
Y si bien era una buena idea, no contaba con que las multas ya se habían enviado.
“Vamos a clausurarlos en 1 semana”
Aún después de salir del ayuntamiento, la frase se repetía en su cerebro.
Maldita sea








