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El Omega del Río - Taekook

Sinopsis

Kim Taehyung, encontró al omega más hermoso que sus ojos habían visto, a las orillas de aquel río. Al principio, creyó que era su belleza la que lo mantenía cautivado. Pero pronto descubrió que estaba equivocado. El alfa se obsesionó con algo más que su cuerpo...

Genero:
Erotica
Autor/a:
Naro
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
5.0 2 reseñas
Clasificación por edades:
18+

A las orillas del Río

Kim Taehyung era el mejor guerrero del reino del Nortte. Un alfa formidable, imponente y muy dominante. Había librado grandes batallas para su líder, ganándose el respeto de todo el reino. Era una leyenda en todo el territorio, ya que el rey lo había condecorado como Caballero Celestial, el máximo título al que podía llegar un alfa.

Además de su increíble fuerza y gran potencial militar, Taehyung era conocido por tener un rostro bello, que parecía esculpido por la misma diosa de la luna. Todos los omegas y betas que lo veían quedaban maravillados por la belleza del alfa, además de su gran presencia.

A pesar de eso, Taehyung era un alfa solitario. Tenía una vida sexual muy activa, pero solo eran omegas con los que pasaba la noche, nada más. Nunca creyó en esos cuentos de los omegas destinados, para él todo eso eran historias sin sentido. La conexión de almas era, solo un relato inventado para llamar la atención de las parejas, pero nada más.

Dado que el reino del Nortte se encontraba viviendo una etapa de paz, el rey le había dado a Taehyung la tarea de recorrer sus límites como representante legal, y asegurarse de que todo estuviera bien entre los pueblos. Una tarea un poco absurda para un alfa como él, pero claramente no podía negarse.

Es por eso que ahora se encontraba en un pequeño pueblo cerca del límite con el país del Surr, pasando los días junto a la caballería.

El pueblo era muy campestre, rodeado de bosques sumamente hermosos y verdes que formaban un paisaje precioso.

La caballería del rey se estaba hospedando en una posada modesta pero acogedora. Y, mientras la mayoría dormía, Taehyung despertó al alba.

Después de bañarse, se ató en una media coleta el cabello castaño, que le llegaba hasta la mitad de los hombros. Optó por una camisa blanca, una capa negra y un pantalón del mismo color, junto con los botines. No se puso su armadura, ya que solo iría a dar un recorrido tranquilo con su caballo, así que tomó su espada y bajó al comedor.

(…)

El alfa bajo las escaleras de la pequeña posada, hasta el comedor.

—Mi señor... —una omega hizo una reverencia antes de mirarlo—. ¿Le preparo el desayuno?

—No, muchas gracias, voy a salir —respondió con voz calma—. ¿Alguno de mis compañeros se levantó?

—Sí, mi señor, hay un grupo de caballeros desayunando —contestó ella, bajando la mirada con respeto.

Taehyung escuchó unas risas fuertes y supo que allí estaban. Saludó a la mujer con un gesto breve y caminó hasta las voces altas.

—¡Ojalá pudiera conocer uno! —exclamó uno de los caballeros, entusiasmado.

—¡¿Realmente crees que se fijaría en un alfa viejo como tú? —soltó otro, burlón.

—Por favor, soy un gran partido para cualquier omega —replicó ofendido. Cruzándose de brazos.

Todos se callaron al ver a Taehyung y se levantaron para saludarlo con respeto. Dejando de lado la charla que estaban teniendo.

—¿De qué están hablando? —preguntó Taehyung, con curiosidad por su comportamiento tan inapropiado para unos caballeros.

—Xan quiere cortejar a un omega recesivo puro. —contesto uno, entre risas. —El idiota cree que podrá con él.

Los omegas recesivos puros eran una raza peculiar. Se los conocía por tener un aroma más dulce, ser muy bellos y resultar prácticamente irresistibles para los alfas. Nadie sabía explicar bien qué era exactamente lo que los volvía tan irresistibles, pero tenían algo que hacía que cualquier alfa cayera a sus pies. El problema era que resultaban muy difíciles de encontrar; por lo general, no era fácil tener un designio así. Además, se decía que solo nacían en familias muy adineradas, las cuales los ocultaban para evitar que los alfas se obsesionaran con ellos.

Era imposible que hubiera esa clase de omegas en aquel pueblo.

—¿Creen que hay uno en este pueblo? —preguntó Taehyung, todavía confundido.

—Sí, señor, ¿no se enteró? —El alfa, negó levemente. Mientras arqueaba una ceja—. Dicen que cerca del rio vive uno y que es sumamente hermoso. Anoche lo fuimos a buscar, pero no encontramos nada. Hoy a la tarde volveremos.

El alfa bufó, negando con la cabeza.

—Cómo pueden creer eso, es imposible. ¿Qué haría un omega así en este pueblo? Solo nacen en la corte del rey…. Además. —El tono de Taehyung se volvió más bajo y severo. Tanto que el grupo de alfas sintió un escalofrió recorrerles la espalda. —No es apropiado que alfas pertenecientes al ejecito del rey anden en manada cazando a un omega. Eso deja muy mal la imagen de su majestad.

El alfa que estaba hablando agacho la cabeza en señal de respeto, al sentir el aroma de Taehyung volverse mas denso y sofocante.

—L-lo sentimos capitán. Pero no pudimos resistirnos. —Se excuso, levantando levemente la cabeza. —Dicen que su piel es tan blanca como la luna y sus ojos tan profundos como la noche... Ese tipo de omegas es conocido por su belleza. Tenía la intención de marcarlos y llevarlo conmigo a la ciudad.

Taehyung rodó los ojos y movió la mano en señal de fastidio.

—Como sea, es mejor que dejes esa idea de lado. Estamos aquí para cumplir nuestro trabajo y llevarle un informe al rey. No para jugar a los cazadores.

Todo el grupo asintió, sin atreverse a contradecir una orden de su líder.

—Iré a dar una vuelta por el pueblo. ¿Alguien me acompaña?

Los alfas se miraron entre sí. Ninguno quería negarse a una sugerencia del capitán, pero tampoco deseaba acompañarlo. Al ver sus rostros, Taehyung lo entendió y volvió a bufar.

—Mejor sigan desayunando.

—¡Gracias, mi capitán! —respondieron casi al unísono, con alivio.

Todos se levantaron e hicieron una reverencia mientras el alfa se marchaba.

Taehyung no perdería su mañana, imaginando omegas que no existen. Tenía muchas cosas que hacer.

(…)

Taehyung recorría a caballo aquel hermoso prado, asombrado por la belleza del paisaje que lo rodeaba.

Era uno de los más hermosos que había visto en su vida. El sendero se abría entre árboles altos y frondosos. El aire olía a tierra mojada y a flores silvestres, el canto de los pájaros se mezclaba con el susurro suave del viento entre las hojas. Por alguna razón, su lobo se sentía en paz mientras avanzaba por esos cami-

El alfa giró la cabeza hacia la derecha al sentir un aroma extraño que venía desde el bosque. Un aroma que le puso la piel de gallina, al sentir como su lobo se agitaba en su interior.

Sin pensarlo dos veces, comenzó a seguir aquel aroma tan peculiar. El camino se volvió más angosto y sinuoso, bordeado de rocas cubiertas de musgo, hasta que llegó a un acantilado. Decidió dejar allí su caballo y continuar a pie, abriéndose paso entre la vegetación que se hacía cada vez más densa.

Cuando llegó a los pies del acantilado, pudo ver un río ancho, de aguas celestes que corrían con una calma, reflejando la luz del cielo. Pero lo que realmente llamó su atención fue una silueta dentro del agua.

Taehyung se acercó aún más, entrecerrando los ojos. Hasta comprender que se trataba. Era la espalda de un hombre que permanecía de pie, dándole la espalda.

El alfa se quedó anonadado al ver esa piel tan blanca y brillante, ese cabello negro húmedo y ondulado que le llegaba hasta los hombros, y esa silueta prácticamente perfecta, con una cintura fina y unos hombros perfectamente proporcionados.

¿Quién era ese chico?

El lobo de Taehyung se agitaba con furia en su interior ante la silueta de aquel hombre. Podía descifrar, por su aroma dulce, que se trataba de un omega.

El azabache que estaba en el rio, al sentirse observado, se giró en dirección al alfa, y en ese instante, Taehyung abrió los ojos de par en par.

Era absolutamente hermoso.

El omega, lejos de sentirse asustado por el alfa que lo observa. Giro todo su cuerpo con calma y le regaló una sonrisa tranquila.

En un acto reflejo, el alfa recorrió su cuerpo con la mirada. Humedeciéndose los labios al ver cómo las gotas de agua bajaban por el torso marcado del joven.

Devolvió su mirada al rostro del muchacho, quedando totalmente embelesado. Su rostro era perfecto; nunca había visto a alguien tan hermoso. Sus ojos, oscuros brillando con un destello cálido, casi infantil; sus labios, rojos y grandes. Le daban una expresión inocente, dulce y completamente etérea.

Taehyung no pudo evitar pensar en lo bien que se vería ese rostro inocente gimiendo su nombre.

El joven se acercó a la orilla y el corazón del alfa se aceleró. Con cada paso, el nivel del agua bajaba, dejando más al descubierto su cuerpo.

El omega se detuvo justo antes de mostrarle más de lo debido.

Ambos se miraron, y Taehyung comenzó a ponerse nervioso. Él jamás se ponía nervioso frente a los omegas; por lo general, eran ellos quienes agachaban la cabeza al verlo. Ya que su cuerpo era grande, muy grande y formidable. Lo cual lo volvía intimidante para cualquiera. Pero por la forma en que este omega le sostenía la mirada dejaba claro que no se sentía intimidado en absoluto.

Taehyung aclaró la garganta y desvió un poco la mirada.

—Perdón por la intromisión, pero... —El alfa volvió a mirarlo. —No es seguro que un omega ande solo por estos lugares, podría ser peligroso.

El joven volvió su sonrisa cortes, en una más grande y dulce, volviéndose aún más hermoso.

—No se preocupe, mi señor, —contesto con un tono respetuoso —Sé cuidarme muy bien. Pero, de todas formas, aprecio su preocupación.

Taehyung arqueo una ceja, confundido.

—¿Sabes quién soy?

—Claro que sí, no todos los días viene un grupo de caballeros mandados por el rey. Usted es muy popular en el pueblo —respondió con calma y un dejo de diversión en la voz.

Taehyung sonrió de manera coqueta y le dio otro vistazo al torso del omega, ya no tan disimulado como el anterior. Sus ojos recorrieron con lentitud cada curva de ese cuerpo empapado. Pero esa mirada de depredador, no logró intimidarlo en lo más mínimo. El omega simplemente le sostuvo la mirada con una calma serena.

—Debo admitir que me halagan tus palabras. —continuo el alfa, con un tono bajo y seductor. —¿Cómo es tu nombre?

—Si no le importa, me gustaría presentarme como se debe —dijo, mientras señalaba con la mirada hacia un costado.

—¿Qué? —preguntó, confundido.

El omega volvió a señalar, casi sonriendo. Y ahí fue cuando, el alfa giró la cabeza y vio un bulto de ropa a su derecha.

—Por favor, ¿podría voltearse para que pueda vestirme? —pidió, con suavidad.

—¡Oh, sí, claro! Lo siento —respondió Taehyung, apresurado.

Se giró, sintiéndose un completo idiota. Su corazón no dejaba de latir mientras escuchaba el sonido del agua y de la ropa moviéndose.

Su lobo gruñía, soltando feromonas densas en un intento por llamar la atención del omega, lo cual resultaba vergonzoso. Él era un caballero real; debía controlarse, no podía actuar de manera tan inapropiada estando allí como representante del rey.

¿Qué pensaría ese omega? Que era un salvaje que se dejaba dominar por sus instintos más primitivos.

No, eso era inconcebible.

Era conocido como el alfa de alfas, precisamente porque tenía dominado incluso a su propio lobo.

—Listo, señor.

La voz de Jungkook puso fin a su pelea interior, se giró con más rapidez de la que le hubiera gustado admitir.

Jungkook se acercó unos pasos más, y con él llegó su aroma dulce e irresistible.

Taehyug no sintió la garganta seca, al olerlo. Pero trato de conservar su templanza lo mejor posible.

Noto la camisa del omega levemente pegada al torso por la humedad. Delineando levemente su torso y marcando apenas, pero marcando, sus botones rosados.

A juzgar por su ropa, el omega no era alguien adinerado. Se notaba que la tela era de baja calidad, su pantalón marrón oscuro, estaba lleno de remiendas poco disimuladas. Pero eso era lo que menos le importaba a Taehyung; lo único en lo que podía pensar era en el cuerpo de ese joven, y en cómo se veía mucho mejor sin ropa.

El azabache hizo una reverencia, en señal de respeto, y volvió a sonreír.

—Es un placer conocerlo, mi señor. Soy Jeon Jungkook —se presentó con una sonrisa.

Desde esa cercanía, el aroma de aquel joven era mucho más dulce e intenso. La necesidad de estirarse y olerlo directamente desde su cuello, era prácticamente irresistible. Pero Taehyung, debía que contenerse. No quería ser inapropiado.

—Kim Taehyung, para servirle —respondió, haciendo una reverencia mínima, como saludo.

—Fue un placer conocerlo en persona, mi señor, pero ya no le quito más tiempo —dijo Jungkook, con una calidez serena en la voz.

El omega se giró para marcharse. Y ese instante Taehyung frunció el entrecejo.

¿Le estaba dando la espalda al líder de la caballeriza real?

Pero, lejos de sentirse ofendido, Taehyung se sintió aún más intrigado por aquel hermoso joven.

—Espera... —dijo, casi sin pensarlo.

Jungkook se giró y lo miró con una sonrisa curiosa.

—Lo siento, mi señor. Pero debo irme. Se me esta haciendo tarde.

—Estoy con mi caballo, puedo llevarte —increpo el alfa.

Jungkook negó levemente con la cabeza, pero aun conservando la cortesía.

—No se preocupe, mi señor, eso no será necesario. Vivo cerca de aquí. Pero gracias por la sugerencia —respondió, amable pero firme.

Taehyung miró a su alrededor, y lo único que había eran árboles tan altos que se perdían en el cielo. El pueblo estaba bastante alejado, por lo que la idea de que su casa estuviera por “cerca” le parecía absurda.

El alfa estaba por insistir, pero un aroma mucho más dulce comenzó a emanar del cuerpo de Jungkook: un aroma a vainilla tan irresistible que el lobo de Taehyung gruñó desde sus entrañas, volviendo sus iris de un color escarlata intenso.

Nunca había sentido un aroma así en su vida. Todo era demasiado extraño para Taehyung.

Su lobo, que normalmente se mantenía sereno y bajo control, ahora rugía en su interior, exigiendo acercarse más, reclamar aquello que despertaba en él un instinto completamente primitivo.

Ningún omega podía llamar al lobo de un alfa tan fácilmente solo con su aroma, a menos que estuviera en celo. Pero al juzgar por la forma de actuar de Jungkook, era claro que no estaba en celo. Además, Tahyung conocía muy bien el aroma del celo de un omega. Y ese no era…

Entonces ¿Qué tenía ese omega que lo hacía reaccionar de esa manera?

El alfa observó, tratando de averiguar de donde provenía ese otro aroma. Ya que venía de su cuello; bajó la mirada por su cuerpo y se detuvo en sus pezones.

Los botones rosas, hora estaban hinchados, sobresaliendo con mayor notoriedad bajo la camisa. Y no solo eso: Taehyung pudo notar una gota de líquido transparente caer de ellos.

De allí venía ese aroma tan dulce.

Jungkook, al darse cuenta de la situación, se alejó unos pasos.

—Lo siento, mi señor, es mejor que me vaya —expreso apenado, cubriéndose el pecho con las manos.

—Espera, yo...

Antes de que Taehyung terminara la frase, Jungkook ya se había marchado entre la maleza, dejándolo completamente confundido, con el cuerpo caliente. Muy caliente.

¿Quién era Jeon Jungkook?

(…)

Cuando Taehyung llegó a la posada, fue directo a la recepción. La omega bajó la cabeza, intimidada por aquel alfa imponente que se acercaba con pasos apresurados.

—Buenas tardes, mi señor —saludó ella, con voz temblorosa.

—¿Conoces a un omega que se llama Jungkook? ¿Sabes dónde vive? —preguntó Taehyung, sin rodeos, con una urgencia que apenas lograba disimular.

Ella lo miró extrañada, tratando de entender sus palabras.

—No, señor... no conozco a nadie con ese nombre —respondió, insegura.

—¿Cómo es posible? —replicó él, alzando el tono de voz. La frustración de Taehyung era muy evidente. —Él me dijo que nos vio recorrer el pueblo. Este lugar no es tan grande. ¡Debe vivir por los alrededores! Quiero que busques la casa de un omega llamado Jeon Jungkook —ordenó, en un tono firme que hizo estremecer a la mujer.

—¿Qué ocurre?

Uno de los caballeros se acercó al escuchar el tono tan alterado con el que hablaba. Lo cual era extraño, porque Taehyung nunca se alteraba por nada.

Yoongi era el mejor amigo de Taehyung, su compañero de batalla. Por lo general, Taehyung no se llevaba bien con otros alfas. Su lobo siempre buscaba imponerse, lo cual solía generar roces y enfrentamientos. Pero el tiempo compartido con Yoongi en territorio enemigo había cambiado eso; el lobo de Taehyung se acostumbró a su presencia, y esa parte de él que solía alejar a los demás alfas de su territorio se apaciguó por completo.

Taehyung lo tomó del brazo y lo alejó del mostrador, con movimientos bruscos, casi desesperados.

—Conocí a un omega —soltó, sin más preámbulo.

—¿Y eso qué tiene de nuevo? —preguntó Yoongi, con una ceja alzada y tono despreocupado. —Al lugar a donde vamos, siempre te rodean los omegas.

—¡No entiendes! Este omega es diferente —insistió Taehyung, pasándose una mano por el cabello, visiblemente alterado. —Estoy completamente loco por él. Fue extraño, no te lo puedo explicar: su aroma, su rostro, su cuerpo... todo hizo que sintiera unas ganas inhumanas de saltarle encima y tomarlo allí mismo.

—Okey, eso sí es nuevo —admitió Yoongi, cruzándose de brazos, algo sorprendido—. Por lo general, son los omegas lo que se sienten así contigo.

—Solo sé que se llama Jungkook. Necesito averiguar en dónde vive —dijo Taehyung, con una desesperación que le apretaba el pecho, como si cada segundo sin respuestas fuera una tortura.

—Taehyung, tranquilízate. Es solo un omega —respondió Yoongi, tratando de calmarlo con voz pausada.

—Tú no lo viste, Yoongi. Él tiene algo que me desestabilizó por completo. Mi lobo se hizo presente solo por percibir su aroma y eso jamás me ocurrió. Siempre presumo de tener bien controlado todos mis instintos salvajes, pero ahora… simplemente deje que mi lobo tomara todo el control. —confesó el alfa, con la voz quebrada por la frustración, casi como una súplica hacia sí mismo. —No me reconozco…

—Bueno, tienes que dejar tus instintos de lado por unas horas. La caballería te está esperando, debemos ir al pueblo vecino y regresar antes del anochecer. Después, te encargas de tu omega —dijo Yoongi, con tono resolutivo, dándole una palmada en el hombro.

Taehyung suspiró y asintió, derrotado. Odiaba admitirlo, pero Yoongi tenía razón: tenía deberes que cumplir y no podía perder la cabeza por un omega.

(…)

El viaje al pueblo vecino terminó tardando dos días, dos días en los que Taehyung no dejó de pensar en Jungkook.

Su lobo rugía bajo su piel, exigiendo ver al omega del rio. Lo único en lo que pensaba era en Jungkook.

Sus labios, sus ojos, su cuerpo, su rostro.

Era increíble, las horas que pasaba imaginando, que tan suave seria su blanca piel, como se sentiría bajo su tacto… la situación era insostenible.

Cuando llegó a la posada esa noche, prácticamente no durmió, estaba ansioso y deseoso de volver aquel rio para buscar a Jungkook, tenía la leve esperanza de que estuviera allí.

Eran, las seis de la mañana, cuando el alfa salió, cabalgando a toda velocidad hacia el rio.

Su lobo se removía inquieto al sentir aquel dulce aroma cerca. Lo necesitaba. Necesitaba olerlo, verlo, tenerlo...

Cuando llegó al río, lo vio.

Justo como la primera vez. De espaldas, bañándose en el rio.

Esa silueta perfecta que tanto lo enloquecía, estaba justo frente a sus ojos.

Taehyung lo observó a escondidas, deleitándose con su cuerpo.

Después de unos minutos, el alfa tomo valor. Suspiro decidido y siguió a su instinto.

Jungkook estaba de espaldas, jugando con el agua, cuando sintió el sonido del agua y pasos detrás suyo. Sonrió sin siquiera girarse.

El calor de aquel cuerpo a su espalda hizo que su corazón latiera con fuerza.

—Pensé que no volvería a verlo, mi señor —dijo, con voz suave y un dejo juguetón.

La presencia dominante y fuerte de Taehyung era imposible de ignorar. El alfa, prácticamente rozaba su espalda con el pecho. Podía sentir su respiración pesada contra la nuca, cada exhalación caliente erizándole la piel.

—Dime qué me has hecho, omega —gruñó, bajando la cabeza para hundir la nariz en su cabello húmedo, inhalando profundamente, como si quisiera llenarse por completo de ese aroma—. Dime qué brujería lanzaste sobre mí.

Sus manos, grandes y firmes, se posaron con lentitud sobre la cintura estrecha del omega, apenas rozando la piel mojada, como si se debatiera entre la contención y la necesidad de acercarlo más. Jungkook contuvo el aliento ante el contacto, sintiendo cómo un escalofrío le recorría la espalda.

Sonrió y se giró despacio para verlo, quedando peligrosamente cerca. Mordió su labio inferior con una sonrisa traviesa al ser consciente de esa imagen.

Taehyung estaba completamente desnudo.

Ese alfa era la definición misma de un alfa.

Su cuerpo era grande y formidable; su piel color canela contrastaba de manera perfecta con su cabello castaño oscuro, que caía sobre su pecho, cubriendo levemente los pectorales marcados y firmes. Una gota de agua se deslizó lentamente desde su cuello hasta perderse en el abdomen definido, y Jungkook no pudo evitar seguir su recorrido con la mirada, sintiendo cómo el aire entre ambos se volvía cada vez más denso, cargado de una tensión que ninguno de los dos parecía dispuesto a romper.

—Yo no hice nada contra usted, mi señor —susurró despacio, dejando que su aroma se volviera aún más dulce e intenso, logrando que los ojos del alfa se tiñeran de escarlata—. Jamás me atrevería a jugar con el representante del rey.

Taehyung lo tomó con fuerza de la cintura y lo atrajo aún más cerca. Jungkook se sobresaltó por el repentino movimiento. Su cintura era tan pequeña que, con solo una mano, el alfa podría haberla rodeado por completo.

—¿Entonces dime por qué no puedo dejar de pensar en ti? —murmuró, con voz grave, casi rota por la contención—. No puedo dejar de pensar en tu aroma, en el sabor de pu piel…

Jungkook quedó absorto en la mirada imponente y dura de Taehyung, incapaz de apartar la vista.

El omega se relamió los labios despacio, consciente de que aquellos ojos escarlata seguían cada movimiento con una atención casi hambrienta.

—Entonces pruebe, mi señor. No se contenga más —susurró, con un hilo de voz delicado, aunque cargado de un temor apenas disimulado. Porque lo cierto era que una parte de Jungkook se preguntaba si sería capaz de resistir a un alfa tan grande, tan imponente, tan... desesperado por él.

Aun así, su lobo estaba expectante en su interior, regocijándose ante la idea de haber sido elegido por un alfa tan dominante.

Taehyung no esperó más. Pudo notar el leve temblor en los labios de Jungkook, pero terminó dejándose llevar por sus instintos.

Acercó sus labios y besó al omega de manera dominante, casi desesperada, como si llevara toda una vida esperando ese momento. Subió una de sus manos hasta su nuca, sujetándolo con firmeza para evitar que se apartara, mientras su lengua exploraba esa boca con la que tanto había soñado.

Jungkook apoyó levemente las manos en su pecho, tratando de seguirle el ritmo al beso. Pero era difícil, ya que el alfa le devoraba la boca sin dejarle espacio ni siquiera para respirar.

Taehyung bajó sus besos hasta el cuello, olfateando entre gruñidos el delicioso aroma que provenía de su glándula. La piel del cuello de Jungkook era la más suave que su boca había probado jamás, sin mencionar ese color blanco que Taehyung moría por teñir de violeta con sus labios.

De repente, el alfa se detuvo en seco. Abrió los ojos, mirando el cuerpo de Jungkook.

Otra vez ese aroma más dulce.

Se alejó para mirarlo mejor. Mientras Jungkook respiraba con dificultad después de ese beso; sus labios estaban rojos e hinchados, y sus ojos, cristalizados.

El alfa bajó la vista hasta su pecho y pudo ver, otra vez, ese líquido casi transparente saliendo de sus pezones.

Miró a Jungkook, levantando una ceja, confundido. Aquel líquido no tenía aroma a leche ni a cachorro. Era un aroma totalmente distinto.

El alfa lo sujetó del torso y pasó el pulgar por encima, ganándose un gemido leve por parte de Jungkook.

—S-señor, déjeme explicarle —susurró, sintiendo el pulgar del alfa presionar ese lugar tan sensible.

—Te escucho. —respondió, aun con su atención en sus botones erectos.

—S-soy un omega recesivo puro —el alfa seguía moviendo su dedo mientras lo escuchaba, lo que le hacía casi imposible hablar sin jadear—. Mis pechos producen este néctar sin que pueda evitarlo, mi señor. Es algo inconsciente, me ocurre desde que se revelo mi designio y es por eso que vivo lejos del pueblo. Para evitar a los alfas…

—¿Puedo probarlo?

Taehyung sentía un aroma increíblemente adictivo proveniente de aquel néctar que caía por su pecho. Necesitaba probarlo; tenía la boca llena de saliva con solo percibir su aroma.

—Señor, no sé si sería correcto, y-yo...

Taehyung no dejó que terminara. Con un brazo rodeó la cintura de Jungkook y levantó su cuerpo. El omega enrolló las piernas alrededor de su abdomen. Para evitar caerse, pero el agarre era tan fuerte que eso era casi imposible.

Jungkook era tan liviano que su cuerpo no pesaba nada entre los brazos del alfa, los cuales sostuvieron su torso a la altura del rostro.

Taehyung vio esos pezones brillando mientras el líquido salía de ellos, y se acercó, capturando uno con los labios.

Jungkook echó la cabeza hacia atrás, gimiendo por esa acción.

El sabor era adictivo; nunca había probado algo tan delicioso. Era un néctar tan dulce que parecía irreal.

Era como si todos los sabores que alguna vez había probado se desvanecieran ante aquel néctar. Su lobo aulló de placer, reconociendo aquello como un manjar reservado únicamente para los dioses, algo que ningún alfa mortal debería tener el privilegio de probar.

Taehyung gimió contra su piel, con un sonido ronco y desesperado, mientras succionaba con más fuerza, como si temiera que aquel líquido fuera a desaparecer si no se apresuraba a beber cada gota. Su mente se nubló por completo; ya no pensaba en el protocolo, en su posición como caballero real, ni en nada que no fuera ese sabor embriagador que lo consumía por dentro. Quería más. Necesitaba más de ese omega.

Cambió de lado, atendiendo el otro pezón con la misma desesperación, sin darle tregua, arrancándole a Jungkook gemidos cada vez más agudos. El agarre de sus manos se volvió más firme, más posesivo, dejando marcas rojas en su blanca piel.

Su lobo se regocijaba de felicidad, embriagado por ese líquido que parecía haber sido creado exclusivamente para él.

De repente, el néctar dejó de salir, y fue recién ahí que el alfa lo soltó.

Jungkook jadeaba exhausto, con las mejillas rojas, sintiendo el cuerpo arder. Le quemaba la piel, y sentía su entrada palpitar, vacía, reclamando algo que ni él mismo podía poner en palabras.

—Alfa... —susurró, con la voz quebrada, casi una súplica.

Taehyung se relamió los labios antes de bajarlo apenas, dejándolo a la altura de su rostro, aun sosteniéndolo con firmeza de la cintura. Sus ojos escarlata recorrieron cada centímetro de ese rostro sonrojado, esa boca entreabierta, esos ojos nublados por el deseo. Admirando los iris azules frente a él.

—Eres delicioso, Jungkook —susurró, con voz ronca, cargada de un hambre que ya no intentaba disimular—. Y apenas estoy empezando a probarte.

Volvió a besarlo, esta vez más despacio, más profundo, como si quisiera memorizar cada rincón de esa boca antes de continuar. Jungkook se aferró a sus hombros, sintiendo cómo las piernas le temblaban, por la corriente eléctrica que el roce de esos labios encendía en su cuerpo.

A Jungkook le dolían los pezones después de que Taehyung los chupo y mordisqueado sin reparo, pero ese dolor apenas lograba competir con el calor que le subía desde el vientre, instalándose entre sus piernas con una urgencia que jamás había sentido antes.

Taehyung gruñó contra sus labios, notando el aroma de Jungkook intensificarse aún más, si es que eso era posible. Mordió su labio inferior con suavidad y comenzó a caminar fuera del agua, con el omega aún colgado de su cuerpo.

Cuando estuvieron en la orilla, el alfa lo acostó con delicadeza sobre la ropa y se puso entre sus piernas.

Ambos gimieron por el contacto entre sus miembros. El cuerpo grande del alfa cubría por completo a Jungkook, mientras su aroma espeso y dominante lo embriagaba.

La piel de Jungkook era tan blanca y suave, que a Taqhyung se le hacía agua la boca. Era perfecto. El rojo de sus labios y pezones maltratados contrastaba perfectamente con la piel nívea.

Quería marcarlo por todas partes, quería ver marcas de sus dientes en cada centímetro de su cuerpo.

—Te haré mío, Jungkook. Desde hoy me perteneces a mí. —susurro sobre sus labios —A cualquiera que intente acercarse a ti, juro que lo despedazaré... Ningún alfa osará siquiera mirarte desde hoy en adelante.

Jungkook estaba aturdido por todas las emociones que estaba sintiendo, en ese momento.

—Alfa... por favor... —suplicó, sin siquiera entender muy bien por qué suplicaba. Sus ojos brillaban en un turquesa intenso, mientras apoyaba débilmente las manos en los grandes hombros del alfa.

Taehyung comenzó a esparcir besos en su cuello para luego succionar la suave piel, antes de morderla con brusquedad. Pronto, el cuello de Jungkook quedó adornado con un collar violáceo de marcas.

El alfa llevó su mano entre medio de sus piernas y el omega, por instinto, las cerró, ganándose un gruñido de Taehyung.

—Abre. —ordenó en un tono bajo, pasando la lengua por su clavícula.

Jungkook obedeció de inmediato, abriendo despacio las piernas para darle paso a la gran mano del alfa.

—Eso es, buen chico. —Lo felicito. Acariciando la suave piel. —Tus piernas siempre tienen que estar abiertas para mí.

El alfa no esperó a que le contestara e introdujo dos dedos en el interior del omega. Si bien Jungkook estaba lubricado, le costó que entraran debido a su estrechez.

Besó a Jungkook para tragarse sus gemidos de dolor mientras lo preparaba para recibirlo.

Una vez que lo sintió más abierto, sacó los dedos con cuidado.

—Alfa... yo no podré tomarlo. —susurró nervioso al dar un vistazo hacia abajo y ver el gran miembro de Taehyung.

El alfa sonrió, tomándolo de las rodillas para separar aún más sus piernas y acomodarse entre medio, buscando una posición más cómoda. Evitando con sus rodillas que Jungkook cerrara las piernas.

—No seas tonto, bebé, por supuesto que podrás. Vas a tomarme y vas a hacerlo muy bien.

Taehyung llevó una mano a su miembro para acariciarlo y ponerlo aún más duro, y luego lo posicionó en la entrada de Jungkook.

—Per-o yo nunc-

—Lo haré despacio, no te preocupes. —Lo tranquilizo, antes de besarlo suavemente.

Jungkook no estaba muy seguro de esto, pero el calor de su cuerpo lo estaba volviendo loco; necesitaba alivio.

Taehyung empujó sus caderas, tratando de introducirse. Mientras el omega se sujetaba de sus hombros.

Jungkook era tan estrecho que se le hacía imposible meter todo el miembro duro y pesado.

Después de unas cuantas pruebas fallidas, por fin pudo meter la cabeza de su miembro en el interior del omega, el cual jadeó por el ardor y se sujetó fuerte de su cuerpo.

Jungkook era tan estrecho que cada movimiento de su miembro era difícil, pero a la vez muy excitante.

Comenzó a estimular el miembro de Jungkook en un intento por relajarlo, y eso liberó un poco de tensión, logrando que su entrada cediera aún más y comenzara a penetrarlo.

Mientras el miembro de Taehyung entraba despacio, Jungkook jadeó por el insoportable ardor que eso produjo. Se removió inquieto, pero las rodillas del alfa evitaban que cerra las piernas.

—Ya pasará, bebé. Ten calma. —susurró el alfa, besando su cuello mientras seguía empujando.

Taehyung metió lo que quedaba de su miembro de una sola embestida, gruñendo de placer al sentir cómo las paredes de Jungkook lo presionaban de una manera tan deliciosa.

Jungkook sentía ese grande y duro miembro abrirlo por completo, sin piedad.

El alfa bajó sus labios por su pecho hasta capturar uno de sus pezones para comenzar a succionar, deseoso de que más líquido saliera, mientras esperaba que Jungkook se acostumbrara a su tamaño.

Después de unos segundos, el ardor insoportable que Jungkook sentía, cedió y otra sensación más clara comenzó a notarse.

El lobo se regocijo de felicidad al recibir a ese alfa, comenzando a producir su néctar, el cual era succionado por Taehyung antes de que siquiera terminara de salir de la hendidura de su botón.

Taehyung acariciaba su torso mientras se amamantaba del omega, jadeando de placer al sentir ese sabor dulce bajar por su garganta. Era completamente adicto a su sabor.

Comenzó a moverse despacio, mientras mordisqueaba el pezón de Jungkook con total descontrol, buscando más del delicioso líquido que brotaba de el.

El omega arqueó la espalda, gimiendo de placer al sentir cómo esas embestidas lentas, pero profundas, comenzaban a tener efecto en su cuerpo.

Ya no le ardía, y el dolor de sus pezones, era totalmente explicado por la sensación de placer que recorría su cuerpo, gracias al falo duro de Taehyung en su interior.

En un momento, Jungkook abrió los ojos por la sorpresa. Gimiendo mucho más fuerte.

Taehyung sonrió, y lamió el pezón, al saber que encontró el punto dulce de Jungkook.

Subio sus labios hasta su cuello para morderlo con devoción, mientras movía sus caderas más rápido para rozar ese lugar que lo había hecho gemir así.

—Alfa... —suplicó Jungkook entre gemidos, sintiendo un placer abrumador por los movimientos de Taehyung. Estaba tan excitado que su miembro golpeaba en su abdomen, completamente duro.

Taehyung llevó su mano al miembro adolorido de Jungkook y comenzó a masturbarlo, mientras el omega se sujetaba de su espalda en un intento desesperado por encontrar algo de estabilidad entre tanto placer.

El alfa aún tenía el rostro hundido en su cuello, besando y succionando cada centímetro de piel. La cual tenía un sabor exquisito.

Jungkook se corrió en un gemido fuerte y eso apretó el miembro de Taehyung aún más. Haciéndolo gruñir de placer.

Los movimientos no se detuvieron después de eso. Taehyung subió una de las piernas de Jungkook y siguió penetrándolo, pero con más velocidad, más fuerza y más desesperación.

El omega, aún aturdido, seguía gimiendo, ya que la nueva posición lograba que el pene llegara más profundo. Dándole un placer avasallante y más abrumador que el reciente orgasmo.

Taehyung tomó sus labios, besándolo de la misma manera desesperada que en el río. Y Jungkook solo podía abrir los labios para gemir y recibir su lengua.

Las embestidas de Taehyung no se detenían mientras lo tomaba de una manera salvaje, saciando por fin la necesidad que el cuerpo de Jungkook le producía.

Jungkook corrió la cabeza hacia la izquierda para tomar aire y gemir más fuerte. El placer y la fuerza de ese cuerpo caliente sobre él, era demasiado.

—Dame más... —susurró, tocando uno de sus pezones con la otra mano—. Necesito más, omega...

—Alfa, yo no... —Taehyung tocaba con la yema de los dedos el rojo botón, produciéndole jadeos de dolor—. Mi señor...

Cuando el néctar volvió a salir, Taehyung sonrió, bajando otra vez la cabeza y comenzando a chupar nuevamente, completamente desesperado. Mientras lo penetraba de forma más rápida, sujetaba sus caderas con la otra mano para mantener quieto su cuerpo.

Jungkook cerró los ojos, gimiendo y gimiendo. Ya no sabía si era de dolor o placer; estaba envuelto en una nube de éxtasis, que lo tenia totalmente aturdido.

Tres embestidas más y volvió a correrse, esta vez sin que el alfa lo tocara. Después de aquello, Taehyung se vino dentro de él. El líquido caliente se esparció por todo su interior, llenándolo por completo.

Volvió a gemir de dolor al sentir cómo sus paredes se abrían más para darle espacio al nudo de Taehyung, el cual era enorme.

—Alfa... —susurró, frunciendo el ceño.

Taehyung le repartió besos por el rostro para distraerlo del nudo.

—Lo hiciste bien, bebé, muy bien. Toma a todos mis cachorros. Omega, toma todo de mí... —susurro moviendo las caderas para que el nudo entrara más profundo.

En ese instante, todo cambio.

Jungkook sintió cómo Taehyung clavaba los colmillos en su cuello. Abrió los ojos de par en par al sentir cómo su piel era rasgada en su gandula de olor.

Taehyung lo había marcado.

Un dolor punzante recorrió todo el cuerpo de Jungkook. mientras se movía para alejarlo, pero Taehyung lo sujetó fuerte para que eso no ocurriera.

Unas lágrimas cayeron de sus ojos, cerrados con fuerza, por las abrumadoras sensaciones del lazo. Pero poco a poco el dolor se desvaneció, mientras el alfa lamia la herida, asegurándose de curarla.

Todo se volvió oscuro para Jungkook en ese momento. Lo último que recuerda antes de desmayarse es a Taehyung susurrándole:

“Mío... mío... ahora eres solo mío...para siempre”

(…)

Jungkook se removió incómodo, comenzando a despertar.

Abrió los ojos poco a poco, con la cabeza aun dándole vueltas. Se llevó la mano a la frente y miró confundido todo a su alrededor.

Poco a poco, los fragmentos de lo ocurrido en el rio aparecieron en su mente: Taehyung, sus besos, sus manos, su cuerpo, la marca…

Observó el cuarto con más atención, entrecerrando los ojos. No podía reconocerlo. Estaba en una habitación de madera en la que nunca había estado.

Se miró y notó que tenía puesta solo una camisa blanca para cubrir su cuerpo, la cual le quedaba enorme. A juzgar por el aroma, aquella camisa era del alfa.

Intentó ponerse de pie, pero un dolor punzante en el pecho lo hizo jadear. La tela había rozado sus pezones sensibles que aún le ardían.

El omega se levantó la camisa y se quedó sorprendido al ver sus pezones rojos e hinchados.

Al juzgar por el aspecto, era claro que, después de que Jungkook se desmayara, Taehyung había seguido alimentándose de su néctar por un buen rato, provocando ese ardor cada vez que la tela lo rozaba.

Antes de que la puerta se abriera, Jungkook ya se había girado para mirarla. Su instinto, ahora conectado con el del alfa, podía sentirlo incluso sin verlo.

Pocos minutos después, la puerta se abrió con un movimiento leve.

—Veo que ya estás despierto —susurró el alfa al entrar, con voz grave y satisfecha, para luego cerrar la puerta con seguro.

—¿Dónde estoy? —preguntó Jungkook, con un hilo de voz, todavía desorientado.

Taehyung se quitó la cinta que sujetaba su cabello en una cola alta y movió la cabeza para acomodar su larga melena. Luego dejó la espada en el suelo y caminó hacia Jungkook, con esa presencia dominante que parecía llenar cada rincón de la habitación.

El omega lo miró expectante con sus grandes ojos negros, y el alfa sintió todo su cuerpo arder con solo esa mirada.

—Este es tu nuevo hogar, mi amor. Lo será hasta que regresemos a la capital —dijo, con un tono posesivo que no dejaba lugar a dudas.

—Pe-

—Shh —puso un dedo sobre sus labios para callarlo, con suavidad, pero con firmeza—. Desde ahora eres mi omega, y permanecerás aquí hasta que yo regrese por ti. No te preocupes. En pocos días nos iremos. —Sonrió, mirándolo fijamente. —Jungkook, yo sé que no tienes familia. Sé que vivías solo en una pequeña cabaña en el bosque.

Jungkook lo miró con desconfianza, si estar del todo seguro de sus palabras.

—Jungkook, te prometo que seré el mejor alfa para ti. No te faltará nada —continuó Taehyung, con voz cálida, casi suplicante—. Mandaré a construir un bosque en los jardines de mi palacio si con eso te hago feliz. Tendrás las mejores ropas, los mejores diseñadores, los mejores cocineros. Lo único que te pido es que me aceptes.

—Usted me marcó, mi señor... ya no tengo opción —respondió, con un dejo de resignación en la voz. Desviando la mirada.

Aunque esas palabras podrían sonar irreverentes ante el capitán del rey, Taehyung no se lo tomó a mal, porque podía sentir el aroma de Jungkook mucho más dulce ahora que estaban unidos. Sentía cómo su lobo liberaba feromonas como respuesta a esa unión.

—Es verdad, ya no la tienes —murmuró, acercándose aún más—. Decidí que serías mi omega desde la primera vez que te vi —puso su mano sobre la mejilla del joven, con una ternura que contrastaba con el fuego en su mirada—. Así como, tú decidiste que sería tu alfa cuando me viste llegar al pueblo.

Jungkook levanto la mirada, expectante por sus palabras.

—Jungkook. Cuando te marqué, pude ver toda tu vida y sentir todas tus emociones. Sé lo que sentiste cuando me viste pasar en mi caballo, sé cómo anhelaste poder acercarte a hablarme. Sé cómo tu lobo quería llamar mi atención… todo lo que deseabas se hizo realidad. Soy completamente tuyo, y prometo cuidarte hasta el fin de mis días.

Jungkook recostó la cabeza en la palma de Taehyung. Escuchando sus cálidas palabras.

Si bien lo que el alfa decía era cierto, no podía dejar de sentirse nervioso. Ser el omega de alguien tan importante como Taehyung no era un juego; habría muchas cosas que debía aprender, lugares a los que debería asistir, y ciertamente estaba asustado.

—Y si no soy suficiente para usted…

—Claro que lo eres. —susurro con devoción. —Jungkook, eres el omega más hermoso que vi en mi vida. No me habría enlazado a ti, si no estuviera completamente seguro de quererte como mi compañero, para siempre.

El aroma cálido de Taehyung, ahora impregnado en su propio cuerpo, lo hacía sentir reconfortado, seguro, en casa. Una sensación que Jungkook no sentía hace mucho tiempo.

—Jungkook. Prometo, amarte y cuidarte toda mi vida.

Cuidar…

El omega lo miró fijamente. Sus grandes ojos estaban llenos de anhelo y esperanza.

Taehyung era un alfa grande, imponente y fuerte, que podría cuidarlo. Y eso era lo que más anhelaba: tener a alguien que cuidara de él.

Desde niño, Jungkook aprendió a valerse por sí mismo. Con la muerte de sus padres a temprana edad, no es como que tuviera muchas más opciones.

Se paso gran parte de su vida, solo en aquel bosque. Cargando ese anhelo silencio de pertenecer. De ser elegido.

No se trataba una debilidad, sino de un vacío que aprendió a llevar en silencio, convenciéndose de que tal vez esa parte de su vida simplemente no le pertenecía.

Pero ahora, frente a Taehyung, con ese aroma cálido envolviéndolo por completo, ese vacío parecía llenarse poco a poco. Había algo en la manera en que el alfa lo miraba, en la firmeza de su voz cuando prometía cuidarlo, que despertaba en Jungkook una sensación desconocida: la certeza, de que ya no tendría que enfrentar el mundo solo. Y aunque una parte de él seguía asustada, insegura ante lo desconocido, otra parte, estaba deseosa de un alfa como Taehyung lo acompañe el resto de su vida.

—Sí, alfa... —susurró al fin, mirándolo con esos enormes ojos expectantes, y la voz apenas audible, cargada de una mezcla de nerviosismo y anhelo.

Taehyung sonrió y lo atrajo más cerca para envolverlo con su aroma protector y seguro.

Después de unos minutos, el alfa se alejó y lo miro directo a los ojos. Pero ahora su mirada era distinta. Mas dura, mas imponente y sus orbes estaban más abiertos.

Con un movimiento repentino bajó su mano desde la mejilla hasta el cuello de la camisa, tirando de esta hasta romperla.

Jungkook jadeó, sorprendido por la acción, mientras Taehyung rasgaba toda la tela, dejando su cuerpo desnudo al descubierto, expuesto por completo ante su mirada hambrienta.

Taehyung se arrodilló en la cama y bajo la cabeza para besar sus hombros, mientras lo sostenía con fuerza de la estrecha cintura.

—Te daré todo lo que me pidas, Jungkook, y si lo que me pides no existe, lo mandaré a construir. Nada te faltará conmigo... pero, habrá reglas, mi amor —susurró, dejando suaves besos sobre la piel blanca—. Cada noche debes esperarme desnudo en nuestra cama, sin excepción. Debes estar listo ser tomado y dejarme beber de tu néctar —le ordenó, bajando los labios por su pecho—. No quiero verte vestido cuando entre a mis aposentos, porque eso me hará enfadar. Y no importa en dónde estemos ni en qué momento del día sea: si yo te lo pido, descubrirás tu pecho para mí y me dejarás beber tu néctar.

Sin el mínimo esfuerzo, el alfa lo atrajo hasta el medio de la cama y lo sentó en su regazo.

—Mi... mi señor, espere...

El líquido comenzó a salir de los pezones del omega, y el alfa se relamió los labios, completamente absorto en esa imagen.

Era imposible resistirse a ese manjar. No importaba cuánto lo bebiera, nunca era suficiente.

Lo cierto es que Jungkook no podía controlar cuándo ocurría; por eso vivía en la cabaña, lejos del pueblo. Era muy peligroso para él vivir cerca de alfas que pudieran sentir su aroma, ya que muchas veces, al pasar por el pueblo, los alfas se giraban a mirarlo con demasiada atención, y eso resultaba peligroso. Nunca había dejado que un alfa probara su néctar, porque su padre le advirtió que era demasiado arriesgado. Ahora entendía por qué. Taehyung se había vuelto adicto a su sabor. Lo cual no parecía molestarle a su omega, ya que ahora producía más néctar que antes.

Taehyung pasó la lengua por la piel, lamiendo lo que comenzaba a caer, para luego subir hasta la fuente.

Empezó a succionar el pezón derecho de Jungkook mientras lo sostenía con firmeza, evitando que el omega se alejara.

Jungkook jadeó de dolor; aún le ardían los pezones después del encuentro en el río. Estaban demasiado sensibles, pero no parecía importarle al alfa.

—Alfa... me duele, por favor, pare... —susurró, sujetándose del cabello de Taehyung—. A-aún estoy muy sensible.

Pero Taehyung hizo oídos sordos a los reclamos de Jungkook. El alfa mordisqueaba sus pezones maltratados e hinchados, sin querer ni poder detenerse, completamente entregado a esa necesidad que su lobo exigía saciar.

Succionó con fuerza hasta sacar hasta la última gota, mientras Jungkook gemía, echando la cabeza hacia atrás. A pesar del ardor en sus botones, por la fuerte succión que ejercían los labios del alfa. Había un placer extraño que recorría su cuerpo, cuando Taehyung se alimentaba de él.

Un placer que provocaba que macharael pantalón del alfa con su humedad.

El alfa podía sentir el aroma de su humedad mientras mordisqueaba sus pezones maltratados e hinchados. Logrando poner su miembro tan duro, que le ardía tenerlo dentro del pantalón.

Cuando el líquido dejó de salir, Jungkook respiraba agitado por la excitación. Sus mejillas rojas y sus labios hinchados de tanto morderlos para no gritar eran un espectáculo para Taehyung.

—Tómame, alfa…—susurro, tan necesitado que casi era desesperación.

Taehyung sonrió y lo besó en los labios mientras acariciaba todo su cuerpo, desde las piernas hasta la espalda baja, una y otra vez. Jungkook envolvió los brazos en el cuello del alfa y se acomodó en su regazo como pudo.

Todo esto era nuevo para él, y la inexperiencia en sus movimientos se lo dejaba claro a Taehyung. Pero ya habría tiempo para enseñarle cómo complacerlo.

El alfa se desprendió del pantalón y su miembro erecto saltó fuera de la prenda.

Con un movimiento rápido y seguro, acomodó a Jungkook sobre su regazo para que el miembro quedara justo en la entrada, húmeda y necesitada.

Jungkook jadeó, tratando de buscar más contacto, mientras se sujetaba con fuerza del cuello de su cuello.

—Hazlo despacio, no quiero que te lastimes. —le ordeno en un tono bajo, sujetándolo con fuerza de la cadera.

Jungkook bajó en un solo movimiento, enterrándose despacio el miembro del alfa. Ambos gimieron por la acción.

Cuando todo el gran falo de Taehyung estuvo dentro suyo, el omega sintió que podría romperse. Era tan grande, pero a la vez la sensación de placer al ser penetrado por su alfa, era inexplicable.

Taehyung guiaba con sus manos las caderas de Jungkook, mientras besaba su cuello, gruñendo de placer.

—Lo haces muy bien, bebé… —lo felicitó, logrando que Jungkook tomara más confianza y comenzara a moverse de mejor manera.

Quería aprender, quería complacer a su alfa. Ahora que el tamaño de Taehyung ya no le era incómodo, podía mover la cadera con mayor facilidad.

El roce de su cuerpo desnudo con la ropa del alfa, le provocaba una mayor extinción.

La tela fría, las manos grandes y calientes del alfa, junto al duro miembro moldeando su interior. Era simplemente demasiado placer para su cuerpo.

Taehyung se giró levemente, dejando a Jungkook recostado de espaldas, y sujetó sus muñecas por encima de su cabeza.

Se miraron por un segundo, ambos absortos en los ojos del contrario. Los iris escarlatas eran atrapados por los turquesas que lo miraban con la misma intensidad.

Entonces Taehyung lo besó y comenzó a mover sus caderas de forma más rápida y precisa. Sus movimientos eran tan fuertes que Jungkook tuvo que girar la cabeza para gemir a gusto.

El alfa lo tomaba como una bestia, sacando su pene hasta la mitad y volviéndolo a meter hasta el fondo.

Jungkook enroscó las piernas en su cadera mientras, las fuertes embestidas llegaban a lo más profundo de él.

—Alfa… —susurró, girando la cabeza para mostrar su cuello, justo en la glándula de olor ya marcada.

En ese instante, Taehyung se descontroló por completo.

Sacó los colmillos y volvió a morder la zona con rudeza, mientras se movía a gran velocidad en su interior.

Taehyung lo tomaba como una bestia y Jungkook, al tener las muñecas aprisionadas, no podía moverse en lo absoluto, quedando a merced de los movimientos del alfa.

Cuando su cuerpo no aguanto, se corrió, gritando el nombre de Taehyung, con todas sus fuerzas, mientras sentía cómo el líquido caliente del alfa se esparcía en su interior.

Taehyung siguió vaciándose en su interior, hasta que el nudo se formó.

—No saldremos de este cuarto hasta que te preñe, omega. —susurró, lamiendo la marca nuevamente abierta.

Jungkook gimió, tratando de mantener la compostura, pero se sentía mareado, excitado y ansioso, por esas palabras.

(…)

Seis meses después.

Jungkook despertó esa mañana con una sonrisa. Hoy, por fin, regresaría su alfa.

Taehyung cumplió su palabra al pie de la letra. Después de que dejaron el pueblo, puso el mundo a sus pies.

Apenas llegaron a la capital, lo presentó ante el rey como su omega y le rogó su bendición. Muchas personas en la corte se quedaron asombradas de que el gran caballero real hubiera escogido como compañero a un omega sin familia, sin apellido y sin dinero.

Pero al rey eso no le importó. Les dio su bendición, y así comenzó su nueva vida.

Taehyung mandó construir un parque inmenso, tal como le había prometido; remodeló todo el castillo según las exigencias de Jungkook, y puso a su disposición a todo el personal: los mejores diseñadores, cocineros, sirvientes. Todo, absolutamente todo lo mejor que se podía conseguir.

Pronto, Jungkook se convirtió en el omega más envidiado de la corte. No solo era extremadamente hermoso, sino que había pasado de ser un pueblerino a convertirse en todo un señor de sociedad. En los bailes y reuniones sociales, siempre era el centro de atención por su increíble carisma y su forma de conversar. Claro que, si alguien quería hablar con él, también debía hacerlo con Taehyung.

El alfa nunca se alejaba de su lado, siempre con una mano firme en su cintura y una mirada seria, casi tosca. A diferencia de Jungkook, Taehyung nunca fue muy sociable; odiaba los bailes y eventos de etiqueta, ya que jamás se sintió parte de ese mundo de aristocracia vacía.

Antes de conocer a Jungkook asistía solo por obligación, para evitar rumores sobre su persona, pero no hablaba con casi nadie. Todo eso había cambiado ahora.

Para ser sincero, al alfa no le gustaba ir a lugares en donde su omega fuera el centro de atención; eso lo volvía más territorial. No soportaba que otros alfas intentaran hablar con él, sobre todo si no estaban enlazados. Pero, aun así, asistía para acompañar a Jungkook, ya que a él, ese mundo le fascinaba. Siempre tenía la palabra justa para cada situación, en muy poco tiempo se volvió muy cercano al rey.

Eso le daba mucha felicidad a Taehyung, nada le gustaba más que verlo brillar de esa manera. Podía pasar toda la noche en silencio, simplemente admirando orgulloso a su omega.

Otra promesa que Taehyung cumplió al pide de la letra, fue la de tomarlo donde y cuando quisiera.

La adicción por Jungkook y su néctar no disminuyó en lo más mínimo. El alfa lo reclamaba todas las noches, sin excepción.

Así que Jungkook, como lo prometió, siempre lo esperaba desnudo, en sus aposentos. Ansioso por su llegada.

Lo primero que Taehyung hacía al llegar, era beber de su néctar. Jungkook se sentaba en su regazo y el alfa se alimentaba de sus pezones hasta saciarse.

Taehyung era realmente adicto a esa esencia dulce.

Podían estar dando un simple paseo por el jardín, y bastaba con que Taehyung percibiera el aroma de Jungkook volverse más dulce para que le abriera la camisa allí mismo y comenzara a succionar con los labios sus dulces botones.

Jungkook perdió la cuenta de las veces en que Taehyung lo llevo a una zona apartada del salón, en medio de un baile, le abrió el saco y empezó a estimular con los labios, sus pezones, hasta que el líquido brotaba de su pecho. Ya ni siquiera esperaba a que su cuerpo lo produjera de forma natural: había aprendido a estimular sus pezones con los labios hasta conseguirlo.

Jungkook siempre tenía los pezones rojos e hinchados por culpa de Taehyung, pero, en vez de molestarle, soportaba el dolor con gusto, porque le encantaba producir su néctar para él.

Le gustaba la sensación de esos labios exprimiéndolo hasta vaciarlo por completo. Necesitaba que Taehyung lo hiciera para sentirse bien. Llegaron al punto en donde, si no extraía su esencia. Jungkook se sentía molesto y adolorido. Su omega se removía inquieto por una sensación de incomodidad y falta.

Ese día, Jungkook se dio un baño de espumas, relajando su cuerpo. Taehyung había asignado siete sirvientes exclusivos para Jungkook, pero él les pidió que lo dejaran bañarse y vestirse solo, y que únicamente los llamaría si los necesitaba.

Había pasado un mes desde que Taehyung se fue en una misión militar.

Taehyung no quería ir, no con su omega en ese estado. Pero el rey le advirtió que su presencia resultaba indispensable. Aun así, el alfa se resistía a dejar a Jungkook, así que llegaron a un acuerdo: si iba y vencía a las tropas enemigas, no volvería a participar en ninguna misión hasta que estuviera listo. El rey le dio su palabra de honor, y solo así logró convencerlo de partir.

Jungkook tenía dos meses de gestación cuando el alfa se marchó, y fue extremadamente difícil para ambos.

Los primeros días fueron desastrosos. Jungkook no soportaba la distancia; su lobo aullaba buscando a su alfa, desesperado por no encontrarlo. Pero era un sacrificio necesario, con esto podrían criar a su cachorro en paz.

Jungkook salió de la ducha y se miro en el espejo.

Una pequeña sonrisa se formó en su rostro al acariciarse el vientre y sentir el pequeño bulto.

Estaba cargando al cachorro de Taehyung y eso lo llenaba de una felicidad inexplicable.

Volvió a sonreír, antes de colocarse una túnica azul, la cual caía abierta sobre sus hombros, revelando su cuerpo desnudo.

El omega camino de vuelta al cuarto y se sentó en la cama a esperar la llegada de su alfa.

Cuando la puerta se abrió, Jungkook levantó la mirada, y allí estaba.

Su Taehyung.

El cabello largo del alfa, caía sobre los hombros, atado en una media cola. Una camisa blanca y pantalones negros elegantes, junto con botas del mismo color, vestían su cuerpo corpulento y formado.

Jungkook corrió a sus brazos, y Taehyung lo recibió, sosteniéndolo de las piernas para alzarlo. Con una mano tiro suavemente de la túnica para sacarla de su cuerpo.

El omega enrolló las piernas en su cadera y los brazos en su cuello, mientras el alfa dejaba escapar leves ronroneos sobre su cuello.

—Mi alfa... —susurró Jungkook, sintiendo otra vez el aroma de su hogar.

—Mi Omega…

(...)

Jungkook estaba recostado en la cama, jadeando, mientras Taehyung succionaba su néctar.

Ese mes lejos de él parecía haberlo vuelto aún más adicto, porque después de tomarlo, no se despegó de sus pezones.

—Amor... —lo llamó Jungkook, acariciándole el cabello—. Debemos hablar de algo.

El alfa lamió un par de veces el botón rojo e hinchado y luego levantó la cabeza, mientras le acariciaba el vientre con suavidad.

Taehyung estaba recostado su lado, sin aplastar su cuerpo de ninguna forma. Ahora que el vientre de Jungkook sobre salía, el alfa era mucho más cuidadoso en como lo tocaba.

—Pronto mis pechos se hincharán y comenzaré a producir leche para el cachorro —dijo Jungkook, con voz calma. Taehyung lo miraba expectante, sin entender del todo el punto—. No podrás seguir bebiendo mi néctar, Taehyung.

El alfa gruñó levemente, molesto por esa aclaración. A Jungkook le dio hasta ternura verlo así. Apoyó la cabeza sobre su pecho en protesta.

—No —sentenció, con un tono casi infantil en su terquedad.

Jungkook sonrió y le acarició el cabello para calmarlo.

—Pero, Tae, es por el bebé. Él necesitará que lo amamante, debo alimentarlo...

—No. Tus pechos son míos —insistió, con un dejo posesivo que no admitía réplica.

—Lo sé, pero solo será por un tiempo. Cuando termine mi periodo de lactancia, te prometo que volveré a darte mi néctar, alfa —dijo Jungkook, con una sonrisa suave, tratando de apaciguarlo.

A Taehyung le molestaba profundamente esa idea, pero si era por el bienestar de su cachorro, Tendría que aceptarlo. De mala gana, pero lo aceptaría.

Además, Jungkook solo había dicho que debía alimentar al bebé; no menciono nada sobre dejar de darle su néctar una vez que el cachorro ya hubiera comido.

Cada noche después de que Jungkook alimentaba a su cachorro, Taehyung lo esperaba en el cuarto, ansioso, listo para volver a beber de su néctar.

FIN

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Buenos personajes

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Ver 10 comentarios anteriores...
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Naro preciosa esto es un joya, gracias por compartir esta increíble historia, pero pronto puedas compartir más, es que no tengo palabras para decirte lo increíble es.

16 días
1
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me encantó ❤️❤️❤️❤️... pero soy igual de golosa que Tae, necesito más 😂😂

13 días
1
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Más capitulos

12 días
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