¿Te conozco?, ¿Te conocí?,¿Te Amo?..♡ {RADIODUST}

Sinopsis

alguna vez sentiste que conocías a una persona? o ¿que la viste en algún sitio?, eso sentí contigo, sentí que ya te había visto que ya conocía tu tacto, que ya conocía tu...¿amor?

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
Fand1_radiodusty
Estado:
En proceso
Capítulos:
29
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

✧El día que te conocí ✧

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Un moreno caminaba tranquilamente por las pintorescas calles de Nueva Orleans, saludando con una sonrisa a todo el que se cruzaba en su camino. Vivía en un pueblo pequeño, pero muy concurrido por turistas; un lugar apacible, pensaba él, salvo por los extraños asesinatos que de vez en cuando rompían la calma. Nadie lograba dar con el culpable: el asesino era un maestro en borrar sus huellas y nunca dejaba rastro. Las víctimas aparecían mutiladas y, lo más inquietante, siempre faltaban varias partes de sus cuerpos. Aquello preocupaba a los vecinos, aunque todos se esforzaban por mantenerlo en secreto para no espantar a los visitantes.

Dejando de lado esos oscuros pensamientos, nuestro moreno seguía su camino tras haber comprado provisiones para la casa: comida, productos de limpieza, sogas, cal, cuchillos... ejem, cosas completamente normales.

Mientras avanzaba, saludaba a cuantos se encontraba; en un pueblo tan pequeño era imposible no conocer a casi todos, y más aún a él, gracias a su popular e impecable programa de radio que media parroquia escuchaba todas las noches.

De pronto, una mujer extravagante y elegante se acercó con paso decidido. Llevaba un enorme sombrero sofisticado, un vestido largo que realzaba su figura y una piel tan blanca que parecía porcelana. Su cabello estaba perfectamente peinado.

-Alastor, Alastor, ¡oh, mi querido amigo! -exclamó con una amplia sonrisa-. Hoy estrenaré un nuevo traje en la boutique y me encantaría que fueras mi modelo.

-Mi querida Rosie, sabes que no me gustan los eventos multitudinarios, y menos aún que todo el mundo me mire. Prefiero mil veces estar detrás del micrófono -respondió el castaño con su habitual cortesía.

-Por favor, querido, te prometo que si te sientes incómodo, yo misma echo a todo el mundo con escoba y todo -insistió ella, guiñándole un ojo.

Alastor suspiró con una media sonrisa.

-Está bien, querida. ¿A qué hora será?

-¡A las seis en punto!

-Allí estaré, mi dulce Rosie.

-¡Te prometo que no te arrepentirás! ¡Gracias, Al, querido! -dijo ella antes de alejarse con un grácil giro.

Alastor se despidió de su amiga y continuó hacia la tintorería. Al cruzar la puerta, vio a un chico rubio -aunque las raíces oscuras delataban el tinte- de piel blanca y pecosa. Era un poco más alto que él, pero no aparentaba más de dieciséis años. El muchacho miraba hacia otro lado, por lo que Alastor no pudo verle bien el rostro.

Justo cuando iba a entrar del todo, el chico salió apresurado y molesto por algo y chocó de frente contra él. Alastor, con reflejos rápidos, lo sujetó por la cintura para evitar que cayera. Ambos se quedaron mirándose fijamente.

Entonces pudo verle los ojos: un verde intenso y magnético, resaltado por un delineado oscuro que acentuaba todavía más sus facciones.

-Oh, mon cher, ten más cuidado por dónde caminas -dijo Alastor con su voz suave y elegante.

El rostro del rubio se tiñó de carmín al darse cuenta de lo atractivo que era aquel hombre.

-Di-disculpa... -balbuceó, apartándose torpemente y tapándose la cara con las manos, avergonzado de haber hablado como un tonto.

-No te preocupes. ¿Y tú cómo te llamas, cœur? -preguntó Alastor mientras se arreglaba la ropa con calma.

-Mi nombre es Anthony, señor. Lo siento mucho, de verdad... -respondió el menor, todavía rojo como un tomate.

-Oh, cher, por favor, no me llames «señor». No soy tan mayor. Solo Alastor. Encantado, Anthony -dijo tomando la mano del chico y estrechándosela con suavidad.

Anthony sintió que el corazón le iba a estallar. Aquel hombre era elegante, guapísimo, elocuente... simplemente perfecto. Pero de pronto miró su reloj y se dio cuenta de la hora.

-¡Disculpe, seño...! Digo, ¡Alastor! Me tengo que ir, llego tardísimo -se despidió atropelladamente-. ¡Espero que el destino nos vuelva a cruzar! -gritó mientras echaba a correr, todavía ruborizado.

Alastor soltó una risita baja.

-Vaya chico más curioso... Aunque tenía una piel muy bonita. Me pregunto si sabrá tan bien como parece. Sería una víctima preciosa -murmuró para sí con una sonrisa que no llegaba a los ojos.

Después de eso, terminó sus recados y regresó a casa.

A las cinco en punto ya estaba en la boutique de Rosie. Ella le ajustaba el traje con dedicación, dando los últimos retoques; era un evento importante y gente influyente vería sus diseños.

-Querido, esto tiene que quedar perfecto -decía Rosie con una aguja entre los dientes-. Aunque con un modelo tan guapo como tú, el éxito está garantizado -añadió mientras le acomodaba el corbatín-. Por cierto, habrá muchas damas elegantes... A lo mejor encuentras a alguna que te haga sentar cabeza, ¿eh? -bromeó con una risita pícara. Sabía perfectamente que a su amigo el romanticismo le parecía un concepto anticuado y absurdo, pero no podía resistirse a pincharlo.

-Ja, querida, sabes de sobra que esos temas no me interesan lo más mínimo. El romance es una conversación que no necesito tener nunca -respondió Alastor con un leve gesto de desdén. Luego se miró al espejo-. El traje es realmente hermoso, Rosie. Mira la hora, ya es momento de abrir.

-¡Ay, es verdad! -exclamó ella, saliendo disparada hacia la puerta.

Hizo sonar la campanilla y, en cuestión de segundos, la larga fila que esperaba fuera entró en tropel.

Veinte minutos después, Alastor ya estaba harto. Tanta gente mirándolo, algunos incluso tocándolo... Se sentía mareado, como si fuera a vomitar allí mismo. Ni la primera vez que probó la carne humana le había sentado tan mal. Buscó con la mirada la puerta trasera de la boutique, salió casi tambaleándose y se apoyó contra la pared del callejón, respirando hondo.

De pronto, una voz conocida lo sacó de su malestar.

-¿Estás bien, Alastor? -preguntó Anthony, angustiado, posando una mano en su hombro.

Se tapó la boca con la mano.

-No, la verdad es que no me siento nada bien.

El chico sacó una botella de agua y se la tendió al instante.

-Tenga, por favor.

Iba a rechazarla, pero el malestar era demasiado fuerte. Dio un par de tragos, se dejó caer sentado contra la pared y soltó un suspiro profundo.

Cerró los ojos un momento. Al notar que el muchacho se sentaba a su lado los abrió de nuevo y lo miró fijamente. A pesar de la penumbra, la marca roja que le cruzaba la mejilla brillaba, casi morada.

-Sé que no es de mi incumbencia, pero me causa curiosidad... ¿alguien te pegó?

El rubio se tocó la mejilla y trató de taparla con la mano.

-Oh, ¿esto? No es nada, solo me caí -dijo, claramente apenado.

-Mm... siento que no lo dices.

Un silencio pesado llenó el callejón. Luego volvió a hablar, con esa voz suave y aterciopelada.

-¿Te gustaría ir a tomar algo? Necesito salir de aquí.

Ni él mismo entendía por qué lo estaba invitando. Odiaba la compañía desconocida, pero volver a entrar en esa boutique era impensable.

El corazón del chico latió tan rápido que casi le dolía. Un hombre tan guapo lo estaba invitando a salir. Aunque dudó un instante.

-Es que... igual es un poco tarde. No suelo salir a esta hora.

La verdad era que tampoco quería volver a casa tan pronto; allí solo le esperaban los gritos y los golpes de su mierda de padre.

-Solo es tarde para quien quiere dormir temprano. La noche aún es muy joven.

Se levantó con elegancia y le tendió la mano.

-¿Nos vamos?

El muchacho la tomó sin pensarlo dos veces. Juntos abandonaron el callejón.

Continuará...