La Princesa que el Imperio Ofreció al Enemigo

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Sinopsis

Toda su vida, Ayla creyó que el peor enemigo que tendría sería su propio padre. Despreciada por el Emperador de Sagrav y utilizada como moneda de cambio, es obligada a casarse con Dedrick, el joven rey del reino enemigo, un hombre que tiene todas las razones para odiar el apellido que ella lleva. Ella espera encontrar otra prisión. Él solo ve en ella a la hija del hombre que destruyó su vida. Pero mientras ambos intentan sobrevivir a un matrimonio nacido del rencor, descubrirán que el verdadero enemigo mueve los hilos desde las sombras... y que el imperio más poderoso del continente está mucho más cerca de caer de lo que cualquiera imagina.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Yeismar Vargas
Estado:
En proceso
Capítulos:
7
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capitulo 1

El imperio santo de Sagrav, conocidos en todo el continente, por su majestuosidad y maravilloso poderío para la guerra, conocido por ser quienes derrotaron la oscuridad en la guerra de los 100 años.

Solo que el mundo siempre oculta algo y este lugar no era la excepción, escondido tras la majestuosidad y riqueza.

Los ojos del mundo ignoran lo que pasa a su alrededor, como el evento que esa sucediendo.

Entre gritos y maldiciones ha sido arrastrada a la habitación más alejada del tétrico lugar.

Solo un par de segundos.

Un par de golpes sordos, y cosas siendo destrozadas en el suelo, acompañada de una voz repleta de ira.

—Eres un maldito desperdicio, ojala murieras… Bastarda, no me mires.

Era una voz tan áspera, llena de resentimiento que podría paralizar cada músculo del cuerpo, acostumbrarse a soportar era lo único que aprendió, constantemente humillaciones.

Gritos de dolor que se superponen a las maldiciones se elevan lentamente.

—Su majestad por favor no haga esto… No, por favor.

Un lugar destinado solo para ella…

Un lugar donde nadie la podrá salvar de su verdugo, y la mayor figura de autoridad del lugar.

— ¡Emperador!—le hablo en un intento inútil de captar su atención —¡Por favor, padre¡— fue un intento de apelar a su amor paterno, algo que no veía desde niña.

Un hombre frioe indiferente, era toda la familia que le quedaba en el mundo…

Con un cuerpo flaco y descuidado soportaba con fiereza cada golpe que le era propinado.

—Cierra la boca, ya basta. No digas nunca más que eres mi hija… No eres más que una mancha para ese imperio… Solo eres la inútil hija del emperador… ¿Cómo nació alguien como tú? ¿Cómo naciste con parte de mí? Solo con ver tus ojos, se me revuelve el estómago, pero aparte de eso no hay nada más, no siento nada más, te odio hasta la medula.

Es muy lamentable aceptar el hecho de que se ha acostumbrado a sentir dolor, pero era casi parte de su día a día.

El emperador del imperio Santo Leopoldo Sagrav“El Benévolo”, su padre un hombre que arraso en el campo de batalla contra la oscuridad, cuesta creer que era quien golpea con saña a su hija de 16 años.

La única princesa del imperio Santo de Sagrav.

Ayla Rosent Sagrav.

¿Qué error había cometido, para ser sometida a tal castigo?

¡¿Este era su castigo, solo por nacer?! ¿Era tan molesta su existencia?

¿Nacer en el imperio santo, ser parte de la realeza?

No fue algo que ella haya pedido.

Pero la vida que su padre le dio, parecía querer apagarla el mismo con sus propias manos.

Este solo era el inicio, se acostumbró al dolor, a la soledad, frio y hambre son cosas que le acompañan con frecuencia.

A vivir confinada en un lugar desolado.

La tortura se prolongó por algunos minutos que parecían eternos.

Sangre en la boca y latigazos en la espalda, era poco…

A lo otro que le esperaba.

Golpes acompañados con maldiciones, eran un intento por descargar la frustración del emperador.

Luego de golpearle hasta hacerle sangrar, el emperador se retiró a descansar, dónde aún pudiera observarla, se quitó los guantes blancos llenos de sangre, tomó su taza y bebió con normalidad, como si nada hubiera ocurrido.

Luego de acabar con el contenido de la taza, la arrojó con fuerza cerca de ella, y la miró con asco, esos ojos azules fríos pero a la vez hermosos como joyas eran tan parecidos a los de ella.

Ella aprendió a bajar la mirada, aprendió a soportar, aprendió a valerse por sí misma soportar el dolor.

El repudio en los ojos de su padre era algo a lo que se acostumbró era tan claro como el agua.

Ayla se acostumbró a vivir en la espera de morir en algún momento por las manos de su padre… Las manos que en algún momento la guiaron mientras aprendía a caminar, ahora la encaminará a la muerte.

Si ser consciente de cuánto tiempo lleva en el frio mármol, ella no se movió y el emperador tampoco le tomo importancia, él no se retiraría, no ahora.

El sonido sepulcral, era más aterrador que los golpes latentes en su cuerpo.

Toc toc.

El sonido de la puerta fue lo único que distrajo al emperador.

Aníbal, el asistente del emperador, apareció por el umbral de la puerta —Majestad, llegó un mensaje urgente del reino de Azeg—miro por sobre el hombro del emperador la pequeña silueta tendida en el frio mármol.

—Dámelo de una vez— el emperador tomo el comunicado y lo leyó, lentamente una sonrisa apareció en el cruel rostro del emperador, pero al estar tan herida Ayla no lo pudo ver, estaba muy cansada y aturdida para ponerse de pie y enfrentar toda la cruel realidad.

—Son buenas noticias, magnífico—grito el emperador— Después de todo el rey de Azeg es solo un mocoso… No podía negar la petición, es solo un niño que juega a ser rey.

“El reino de Azeg” pensó Ayla, mientras su conciencia se desvanecía lentamente…

El emperador miró por sobre su hombro y miro a su hija, que permanecía inmóvil en el suelo.

—Tómala y sánala… Me enferma tener que verla.

—Sí, su majestad— El asistente del emperador tomo a Ayla entre sus brazos, y la miro con un poco de compasión, ella siempre se veía tan frágil tan delicada como una flor, no comprendía como era capaz de aguantar tanto dolor con un cuerpo como ese.

Cargando con ella con delicadeza y firmeza cruzo hasta llegar al desolado lugar donde residía la princesa, que ahora se encontraba inconsciente en sus brazos.

No fue difícil llamar al sanador, la piel de la princesa era difícil de sanar y tenían que llamar directamente al templo por un sanador, puesto que la magia no surtía efecto en ella.

—No quedará cicatriz princesa, no debe preocuparse.

‘¿Preocuparse?’

‘¿por una cicatriz?’

Ayla lo miró acaso era un chiste, tener una cicatriz era la menor de sus preocupaciones, una cicatriz era la menor preocupación para ella… Su única preocupación era nunca disfrutar de la liberad.

—No, me llames así.

— ¿Perdón? ¿Princesa Ayla?—interrogo Aníbal.

—No, no soy una princesa— le recriminó Ayla.

Aníbal suspiró—Sé que su majestad es muy duro con usted, pero aún perteneces a la sangre imperial.

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Bien escrito

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Buenos personajes

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Diálogos potentes

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