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Boggart | drarry [os]

Sinopsis

"Quiero que se concentren y recuerden que los boggarts no son criaturas peligrosas si guardan la calma." Pero para Draco, enfrentar sus propios miedos jamás fue una opción.

Genero:
Drama
Autor/a:
suki
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Boggart

Las nubes oscuras cubrían cualquier ínfimo rayo de sol. Aquel viernes era pesado. Normalmente aquel día siempre se sentía una emoción en el aire, después de todo era viernes y el cuerpo lo sabía, sin embargo, la ausencia de emoción, el clima frío y la oscuridad que caía sobre Hogwarts lo hacía parecer... un día triste.

Draco se levantó de la cama, restregando uno de sus ojos, sin tener demasiadas ganas de moverse. Pasó la noche en vela. Sus parpados pesaban, pero no lograba descansar más allá de quince minutos seguidos. Quizás, solo quizás el hecho de haber pasado la noche solo, sin aquella compañía le estaba comenzando a afectar.

Mordió su labio con nerviosismo. Sus uñas trazaron líneas casi invisibles en su brazo, tratando de apaciguar una picazón que no sabía de dónde venía. Sus últimas vacaciones en Malfoy Manor habían dejado secuelas. La ansiedad lo consumía. Cada vez que sentía como su garganta se cerraba y aquella presión en su pecho se hacía más pesada, rascarse el brazo era lo único que lo tranquilizaba. A su modo, era mejor sangrar que llorar.

Se levantó de su cama, arrastrando los pies hacia el baño. Sus compañeros seguían dormidos, por lo que quizás podría relajarse con una buena ducha. Al menos eso lo despertaría.

Un golpe en su ventana llamó su atención. Uno de los tentáculos del calamar gigante se había asomado. Volteó ligeramente, notando un ojo gigante que observaba todo casi curioso. Apretó la varita entre sus dedos, luchando por controlarse.

Un escalofrío recorrió su espalda. Un nudo se formó en su garganta, sentía como sus manos temblaban, rasgando la tersa piel de su brazo. Trató de respirar, tomar una buena bocanada de aire, pero no llegaba. No era suficiente. Finas líneas rojas mancharon su pijama blanquecino.

¿Por qué estaba así? Ya no tenía respuesta, solamente no podía soportarlo. Tenía demasiada presión encima... Todos le habían dicho que no se apegara tanto, pero ¿cómo podría no hacerlo? Era lo único que lo mantenía a flote. Era el único que evitaba que se hundiera en aquel pozo sin fondo y sin embargo, tenía aquel miedo, miedo de no saber si sería capaz o suficiente. ¿Realmente estaba a su altura o solo estaba jugando?

Los temblores en su cuerpo lo mantenían aferrado a la columna, tratando de respirar pausadamente, ignorando el ardor en su brazo, intentando formular algún pensamiento que lo sacara de su mente.

Cerró los ojos, apretando su varita en su mano. Volvió a tomar aire, acomodándose el cabello. Tenía que tomar un baño.

Salió con el uniforme impoluto, la túnica pesaba sobre sus hombros, pero se sentía más ligero tras ducharse. Con un hechizo se arregló los últimos retoques en su pelo, sonriendo levemente al ver su reflejo en la ventana. Ahora solo habían algas, el calamar se había marchado.

Su estómago se apretó nuevamente, un vacío que le recordaba la ausencia de cena la noche anterior. Pensó en saltar el desayuno, pero quizás si seguía con ese ritmo, Snape notaría su lentitud en pociones y empezaría a cuestionarlo.

Lanzó un tempus, notando que no faltaba mucho para el desayuno. Con un suspiro, se encaminó hacia el Gran Comedor. Nuevamente, por obligación y no por gusto.

No tardó mucho hasta sentir como su mejor amiga tiraba de su brazo, exclamando algo de que no los había esperado.

—¡Nos dejaste tirados! ¡Blaise y Theo me apuraron para nada, al final los terminaste dejando!

Una leve sonrisa se extendió en su rostro mientras se deshacía del agarre de Pansy.

—No los escuché. Lo siento.

—Andas con la cabeza en las nubes —susurró Theo, codeando el costado de su cuerpo, moviendo las cejas sugerentemente.

—Déjenlo en paz, él pobrecito está muy estresado —replicó Blaise tomando la mano de su novia, quién no paraba de moverse de un lado al otro—. Alguien no lo sabe cuidar.

—Blaise, cierra la boca antes de que te escuchen —siseó Draco observando a los costados. El moreno frunció el ceño, extrañado.

—¿Estas bien? Solo estoy molestándote —palmeó su espalda, apretando su hombro con suavidad— ¿Quieres hablar?

Draco tragó saliva, tratando de recuperar la compostura, negando suavemente.

—Solo no dormí bien, lo siento —murmuró—. Vamos, tengo hambre —sin esperar respuesta, adelantó el paso, sabiendo que sus amigos lo seguirían de cerca.

Los gritos de los de primer y segundo año amontonándose para ingresar al Gran Comedor, empujándose a ver quién podría elegir la primera pieza de tarta de melaza hicieron que Draco suspirara. Demasiado alboroto para ser tan temprano. Se dirigió a su mesa, notando que el desayuno era algo que, normalmente habría comido sin demasiado problema, sin embargo, su estómago se apretó al ver tanta comida junta. La falta de apetito lo hacía querer irse.

Su amiga tomó su vaso, sirviendo jugo de calabaza en él. Rápidamente agarró un plato, cargándolo con un par de huevos y tocino. Había notado que su amigo no estaba comiendo bien y sabía que no querría hablar al respecto, por lo que simplemente lo apoyó frente a él, sonriéndole.

—Aunque sea come eso, te hará bien —susurró en su oído. No le dio tiempo a responder antes de sentarse al lado de su novio.

Malfoy volvió a tragar saliva, apretando la tela de su túnica en su mano. Al parecer no lo estaba ocultando lo suficiente como para que no lo notaran.

Removió con el tenedor el tocino, escarbando los huevos, haciendo tiempo. Levantó la mirada al sentir una extraña presión sobre él, notando como desde la otra punta del comedor, unos ojos esmeraldas lo observaban.

Ron pateó su pierna, tragando un pedazo de tostada con jugo de calabaza.

—¿Que mierda miras tanto, amigo? Come.

Harry frunció el ceño, devolviéndole la patada.

—Que te importa. Yo no ando preguntando porque estás tan cerca de Hermione —replicó sabiendo que lo iba a avergonzar. Ron bufó, rodando los ojos. La castaña rio, sintiendo como sus mejillas se sonrojaban.

—Ya, no peleen.

—Que tu novio no me moleste entonces —murmuró ante el regaño. Hermione trató de no reír, manteniendo la calma.

—¡Que no es mi novia! —exclamó Ron golpeando la mesa. Harry rio, sin embargo no despegó la mirada de la mesa de Slytherin.

Notaba a Draco decaído. Sí bien sabía que tenía demasiada presión últimamente y más desde la pelea en Malfoy Manor lo notaba más… ido, perdido en sus pensamientos. Un escalofrío hizo vibrar su columna de tan solo volver a pensar en aquel momento. La queja de Ron lo trajo de vuelta al mundo, notando que había tirado parte de su desayuno encima. Dejó escapar una risa, de alguna forma tenía que arruinarlo.

—¿Que ocurrió? —preguntó tendiéndole su plato. No tenía mucha hambre, la noche anterior había comido demasiado.

—Estaba tratando de tomar la mermelada y tiró todo —respondió Hermione riendo, mientras servía más jugo de calabaza.

—Gracias, hermano, solo quería comer una tostada más —alegó observando como su desayuno se encontraba en el suelo.

El director llamó la atención de todos los alumnos, golpeando levemente su tenedor contra su copa.

—Por motivos de disponibilidad horaria, tras el desayuno tendrán Defensa Contra las Artes Oscuras, pociones será trasladado a la tercera hora luego del almuerzo —decretó Dumbledore, tomando asiento nuevamente. El profesor Lupin tomó la palabra, esbozando una pequeña sonrisa ante la queja de los alumnos.

—Debido a que la clase de hoy será más extensa, decidí cambiar horarios con el profesor Snape. Muchas gracias por su atención.

El Gran Comedor se unió en un solo bufido, ahora tendrían que esperar hasta el final del día para soportar a Snape.

Los alumnos de sexto y séptimo año salieron del comedor cabizbajos, renegando por el cambio de horario mientras se dirigían a DCAO. Por su lado, Hermione y Ron notaban algo extraño en el comportamiento de Harry. Lo veían ido, no parecía estar todo el tiempo con ellos. Hermione tenía una leve idea de la razón, sin embargo, trataba de no pensar mucho en ello, quizás solo estaba imaginándoselo.

—¿Vas a decirnos que te pasa? —preguntó Ron, empujándolo levemente. Harry enarcó una ceja.

—¿Pasarme de que? No tengo ganas de soportar a Snape al final-

—La verdad, Harry. Desde hace días actúas extraño, siempre estás pendiente a... —sus palabras fueron interrumpidas al notar la mirada de su mejor amigo clavada en una cabellera rubia demasiado conocida—. ¿Otra vez Malfoy? Amigo, supéralo. ¡Llevas obsesionado con él demasiado tiempo!

Hermione se mantuvo en silencio, analizando la escena. El grupito de Malfoy se paseó delante de ellos, sin embargo el comentario mordaz o sarcástico de la serpiente jamás llegó. Notó como era cubierto por sus amigos en lo que caminaban hacia la clase.

—¿Qué demonios le pasa a ese ahora? —murmuró Ron, observando como Malfoy pasó casi cabizbajo por su lado. Se volteó ligeramente, notando como su amigo apretaba la tela de su túnica. Trató de decir algo, pero Hermione lo detuvo, indicándole con una seña que guardara silencio.

Lupin los esperaba dentro del salón, esbozando una pequeña sonrisa.

—Buenos días, como sabrán la clase de hoy llevará más tiempo del normal. Les voy a pedir que se acomoden en hileras, por favor.

Algo dentro de Draco le advirtió que quizás, ser el primero no era lo mejor, sin embargo, ya era tarde. Blaise y Pansy se encontraban a su lado, observándose mutuamente. Sentían una tensión rara en el ambiente, algo que no les gustaba. No habían pasado desapercibidas las miradas del trío dorado, por lo que mantuvieron las varitas en su mano, preparados en caso de tener que atacar.

—Señor Malfoy, haga el favor de pasar.

Draco tragó saliva, sus ojos reflejaron temor por un instante, no duró mucho antes de, con una sonrisa arrogante, cumplir la orden del profesor, empuñando su varita.

—El día de hoy trabajaremos en Boggarts. Quiero que se concentren y recuerden, no es una criatura peligrosa si guardan la calma.

Aquellas palabras resonaron en la mente de Draco. Su cuerpo se tornó rígido, la tensión en su mandíbula se hizo presente, escuchando como sus dientes chocaban. Apretó la varita, clavando sus uñas en la palma de su mano. Trató de controlar su respiración, recordándose a sí mismo que estaba frente a Gryffindor y Slytherin.

Soltó una risa, más nerviosa que cualquier otra cosa. Chasqueó la lengua, tratando de mantener la calma.

—Que estupidez —siseó para sí mismo, levantando la varita, vacilando antes de susurrar un alohomora.

La puerta se abrió con un crujido. El silencio reinó por unos segundos, solo antes de que Narcissa Malfoy saliera de ella, con un semblante frío y una mirada decepcionada. Tras ella, el niño que vivió, esbozando una mueca de disgusto, luego una sonrisa burlona que comenzaba a convertirse en una carcajada.

—Siempre terminas en la misma situación, Draco. Dejándote arrastrar por lo que sientes.

El tono de la mujer era bajo, las palabras salían lentas, dolorosas, casi como si estuvieran enterrándose en lo profundo de su corazón.

La boca de Draco se entreabrió, su varita se resbaló de su mano, chocando con el suelo en un golpe seco. Su respiración se atascó en su garganta, la presión en su pecho cada vez era más fuerte, impidiéndole respirar.

—Que patético, Malfoy —siseó la figura de Harry, acercándose hacia él.

Los pies del rubio trataron de dar un paso atrás, tropezándose, cayendo al suelo. Sus ojos ardían por las lágrimas, su brazo comenzó a picar mientras retorcía la tela de su túnica entre sus manos, sin poder pronunciar palabra alguna.

—Debiste haber escuchado a tus amigos. No era real...

Sintió como las heridas de esa mañana volvían a abrirse. El vacío en su vientre pesó más que nunca, notando la mirada de sus compañeros.

El silencio se instaló en el aula. Nadie decía nada, no habían palabras.

—¡Riddikulus! —Exclamó Lupin.

Narcissa bajó la mirada, su figura desvaneciéndose lentamente. Harry se dio vuelta, en completo silencio, desapareciendo.

Draco se levantó del suelo, limpiando con la manga de su túnica sus lágrimas. Sin cruzar miradas con nadie, salió del salón, aun entre sollozos y con un ardor insoportable en su brazo.

Harry maldijo por lo bajo, notando las pequeñas gotas de sangre que manchaban el suelo. Recogió la varita y empujando a sus compañeros, abandonó el salón. Sintió como las miradas se posaban en él, pero ahora mismo, lo que más le importaba era tranquilizarlo.

Atravesó el umbral de la puerta, observando como Draco volteaba en la esquina, en dirección al baño.

Corrió lo que sus pulmones le permitieron, alcanzándolo antes de ingresar. Lo tomó de la mano, tirándolo hacia sus brazos, envolviéndolo en un abrazo, tratando de que se calmara.

—Estoy acá, no me iré —susurró en su oído, acariciando su cabello. Los dedos de Draco se aferraron a su túnica, sus sollozos siendo ahogados en su pecho.

Una vez sintió que los temblores disminuían, lo guió hacia el baño, cerrando la puerta tras el con un alohomora, evitando futuras interrupciones. Se apoyó contra la pared, tratando de encontrar una posición cómoda en la que su novio pudiera relajarse.

El silencio reinó dentro del baño, siendo interrumpido únicamente por los sollozos y jadeos ahogados del rubio. Los dedos de Harry bajaron y subieron por su espalda, trazando patrones invisibles; su única función era generarle calma. Lograr que su respiración se tranquilizara y cuando estuviera listo para hablar, lo harían.

Draco se encontraba entre sus piernas, su cuerpo seguía sacudiéndose levemente por los temblores, sin embargo, otra preocupación empezaba a pesarle: la herida en su brazo. Había dejado de sangrar, pero sabía que su novio desconocía de las heridas recientes.

La mano del azabache cepilló su cabello, sonriéndole al cruzar miradas.

El corazón de Draco dio un vuelco, sabiendo que se lo había ocultado para no molestarlo. El último ataque de ansiedad ocurrido hacía unas semanas fue al lado de Harry, quién ajeno a su tormenta interior, simplemente lo atrajo hacia sus brazos, asegurándole que no estaba solo. Le había hecho prometer que le... avisaría.

—¿Desde hace cuánto?

La pregunta llegó en un susurro, casi como si temiera romper el silencio. Los hombros de Draco se hundieron, sin saber cómo responder. No porque desconociera la respuesta, sino porque sabía que... iba a molestarlo.

En silencio, Harry levantó la manga de su túnica, presionando suavemente la varita en su brazo, cerrando la herida; eliminando cualquier rastro de sangre.

—Tu presencia jamás va a ser una molestia —levantó su rostro, logrando que Draco lo mirara— mi prioridad siempre serás tú, Dragón. —Sus dedos recorrieron la mejilla de Draco con delicadeza, limpiando las lágrimas que se deslizaban silenciosamente—. Si estás mal, búscame. Nunca estoy tan lejos como para que lo tengas que pasar solo. No lo escondas, quiero estar para ti.

Sintió como los dedos de Draco presionaban su camisa.

—Lo intenté, pero... cada vez que trataba de buscarte... no era tan importante, podía manejarlo solo —murmuró escondido en su cuello, soltando una risa sin gracia, sabiendo que en esos momentos sonaba ridículo.

Harry volvió a trazar líneas invisibles en su espalda.

—¿Cuántas más? —preguntó.

Draco levantó la cabeza, frunciendo el ceño.

—¿Cuantas más heridas?

El silencio se hizo más pesado, solo antes de que Draco revelara su abdomen.

Algo dentro de Harry se quebró. Su estómago se hundió notando finas líneas rojas a lo largo del torso de su novio, unas más recientes; otras más viejas, sin embargo todas se resumían en lo mismo.

Lo atrajo hacia sus brazos, apretándolo en su agarre, hundiendo su cabeza en su cuello. Luchando contra sí mismo para no llorar.

La mano de Draco se posó sobre su nuca, dando una leve caricia.

—La próxima vez... voy a buscarte —susurró el rubio, besando la frente de su amante.

Absortos en ellos dos, no prestaron atención al alboroto fuera del baño. No fue hasta que Pansy tocó la puerta, interrumpiendo su pequeño momento que se percataron de cuánto tiempo había pasado y que, seguramente, sus compañeros no serían los únicos en estar preocupados.

—¿Todo bien? —preguntó la chica, aguardando una respuesta. La tensión pesó durante unos segundos. Tenía a todos sus compañeros de clase arremolinados frente al baño, cuchicheando seguramente acerca de la escena ocurrida en clase.

—Quizás deberíamos dejarlos solos, Pans —susurró Theo tras ella.

—No. Quiero saber si Draco está bien —escuchó murmuros, sintiendo como alguien se acercaba a la puerta. Se giró hacia sus compañeros, con la varita en mano—. El primero que suelte algún comentario fuera de lugar, juro que lo envío a enfermería.

La puerta se abrió, revelando a Draco, con un semblante más relajado que el de esa mañana, a su lado, Harry lo tomó de la mano.

—Mejor que cuando me levanté seguro —respondió sonriendo. Pansy esbozó una sonrisa, suspirando aliviada.

La campana sonó, indicando el almuerzo.

—Lamento informar, que tenemos pociones después de esto y hoy hay pollo de almuerzo, así que apurémonos —añadió Blaise, empujando a Theo, palmeando levemente el hombro de Draco.

Draco rio, dándole la razón. Y por primera vez, tiró de la mano de su novio, dirigiéndose hacia el Gran Comedor, sintiendo las miradas de todos sus compañeros sobre él.

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