Red Roses For You, Os Larry Stylinson por Kintsukuroi en Inkitt

Red Roses For You, OS Larry Stylinson

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Sinopsis

Harry y Louis son amigos hace años, sintiendo un profundo cariño el uno por el otro. Todo ese afecto tendrá Louis que demostrar, cuando Harry termine su relación por culpa de una infidelidad.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Kintsukuroi
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Ser Amigos

—¿Por qué? —Preguntó Harry, sin levantar la voz, sentado a la orilla de la cama.

—No sé cómo contestar a eso, te lo juro... No tengo una respuesta... —Susurró Colin, de pie, mirando al piso.

—¿No sabes? ¿De verdad no sabes? ¿No sabes por qué me engañaste? ¿No sabes por qué metiste a otro hombre en nuestra cama? ¿No sabes por qué mandaste todos estos años juntos a la mierda? —Cuestionó, una vez más, calmadamente.

—Fue un error, te lo puedo jurar...

—¿Te estás escuchando? ¿Un error? —dijo Harry, mirándolo fijamente.

—Yo te amo, lo sabes, te lo he demostrado siempre...

—¿Y cómo llegó Scott a tu cama? No sabía que los amigos se follaban.

El silencio apareció aplastante durante un largo minuto.

—Harry, por favor, créeme, —pidió Colin, mientras tibias lágrimas corrían por su rostro. —No sé qué me pasó, pero te lo juro, te lo juro por mi madre que yo te amo a ti, y que Scott siempre fue mi amigo... Nunca quise engañarte...

—Con mucha suerte podría haber entendido un beso con alguien, pero no solo se besaron Colin... Lo trajiste hasta acá, hasta la que se supone era nuestra cama... Llevabas semanas sin tocarme y jamás te reclamé... Y luego pasa esto. Lo de ustedes no fue solo una vez... Lo sé...

Harry se puso de pie y luego de tomar una gran respiración, buscó una mochila donde guardó lo más importante.

—¿A dónde vas? —Cuestionó Colin, con horror. —No puedes irte a esta hora, es peligroso...

—¿Y qué quieres? ¿Qué comparta la cama contigo?

—No... No, pero yo puedo dormir en el sillón... Harry, no te vayas, por favor quédate... Puedo reconquistarte, dame tiempo... ¿Por favor?

—Mira Colin... Que te quede bien claro. Tú fallaste en esta relación, no trates de parecer una víctima... Prefiero dormir en la calle que quedarme una noche más bajo el mismo techo que tú.

Colin hablaba sin parar, pero Harry ya no lo escuchaba y menos le respondía. Solo guardaba sus cosas personales y más importantes.

—Harry...

—Puedes hacer lo que quieras con mis cosas, con todo eso que compré para este departamento... Yo no quiero nada que tenga que ver contigo. Las llaves están colgadas a la entrada, no me interesa quedármelas.

Harry tomó su mochila y salió, cerrando la puerta con cuidado.

Bajó en el ascensor hasta el subterráneo, donde estaba su auto. Se subió, y antes de abrocharse el cinturón, se derrumbó.

No había manera de detener su llanto. Estaba dolido, destruido, casi muerto en vida.

Un montón de recuerdos aparecieron de golpe, aumentando su angustia.

Tenía veintisiete cuando un chico de largo y castaño pelo entró a su tienda de ropa, y lo cautivó. Lo atendió y logró que su cliente se llevara dos camisas. Después de pagar, Harry se atrevió a invitarle una cerveza y obtuvo una respuesta afirmativa.

Se juntaron un jueves en la noche, en un bar que eligieron al azar. Junto a un par de cervezas descubrieron que tenían mucho en común. Esa noche la pasaron en el departamento de Harry, y aunque cada uno pensaba en sexo casual, las cosas se dieron diferentes. Después de esa vez, vinieron muchas más, hasta que tres meses después se hicieron novios. Fue en medio de un desayuno en la cama en que casi lo decidieron juntos. Harry pensaba que había encontrado en Colin a el hombre de sus sueños.

Un año después, decidieron vivir juntos en el departamento de Colin, porque tenía mejor vista que el de Harry. Las cosas entre ellos eran tranquilas. Peleaban de vez en cuando, pero nada que una buena sesión de sexo no solucionara. A Colin le gustaba viajar, por lo que siempre estaban yendo a alguna playa, o a otras ciudades. No era algo que Harry disfrutara tanto, pero si a su pareja le gustaba, se hacía el ánimo; a diferencia de Colin, que no transaba con algunas pequeñas cosas que le gustaban a Harry, como tan solo ir a caminar.

Harry se echó hacia atrás en su auto, sin dejar de derramar lágrimas y más lágrimas.

Nunca desconfió de Scott. Siempre les creyó que eran grandes amigos, incluso cuando a veces Harry no quiso viajar algún fin de semana por tener trabajo en su tienda de ropa, y Colin se iba con Scott a la playa o a subir algún cerro. Ahora muchas cosas le empezaban a hacer sentido.

Como cuando iban por un trago, y siempre probaban algo que Scott le había recomendado a Colin; como cuando su novio llegaba con una prenda de ropa nueva porque su amigo le había sugerido comprarla.

Como cuando Colin enfermó de fiebre una vez que Scott tuvo un novio.

Mientras más recordaba, más lloraba Harry, suspiraba de pena.

Era cerca de medianoche, y no podía dormir en su auto. Sabía que había solo una persona en quien podía confiar. Tomó su celular y buscó en sus llamadas recibidas. Apretó llamar.

Tres tonos después, un voz somnolienta contestó.

—¿Todo bien? —Preguntó Louis, sin preocupación.

—No...

—¿Dónde estás? —Su voz despierta y alerta. —¿Necesitas que te vaya a buscar?

—Puedo manejar... Pero ¿si me recibes esta noche?

—Harry por Dios, sabes que no es necesario preguntar. Te espero.

Louis se levantó. Estaba durmiendo, temprano como todos los días. Debía estar descansado para poder enfrentar su trabajo en una oficina de gobierno, donde se veían trámites de licencias médicas. Siempre era un trabajo de mucho estrés, por la cantidad de trabajo y sobre todo, porque muchas veces le tocaba recibir la frustración de las personas que se descargaban con él, como si tuviera la culpa.

Se puso un pantalón y una sudadera, porque la noche estaba fresca. Se calzó sus pantuflas y se fue a la cocina a poner el agua para un par de tazas de té. Revisó su congeladora, y se alegró de tener un gran pote de helado de mantequilla de maní, el favorito de Harry.

Se preguntaba una y otra vez qué podría haber pasado. ¿Quizás problemas con Colin? ¿Habría pasado algo en la tienda?

Diez minutos después escuchó un auto llegar. Se asomó a la puerta y esperó a que su amigo se acercara. Tenía suerte de estar en un primer piso.

Cuando Louis lo vio, su corazón se rompió. Nunca lo había visto así de mal, tan desgarrado y tan triste.

—Ven, —dijo tomándolo de la mano y llevándolo a la cocina. —Dime qué pasó, —pidió con cariño.

—Colin... Él me engañó...

—¿Qué? ¿Te engañó?

—Con Scott... Los encontré en la cama... ¿Qué original, no? —contó mientras las lágrimas no dejaban de rodar por sus pálidas mejillas.

—No lo puedo creer... Pero... ¿Cómo? Es decir, ¿ellos tenían una relación?

—Colin lo niega, —dijo Harry, revolviendo su té pero sin tomarlo. No podía. —Pero ahora he estado atando cabos y creo que me ha estado viendo la cara de estúpido por quién sabe cuánto tiempo... Yo lo amaba tanto...

—Lo sé... Y lo sigues amando, y está bien. Está todo muy reciente, tienes que darte tiempo para procesar esto, pero por mientras llora lo que necesites... ¿Hay algo que pueda hacer para que te sientas mejor?

—Con que me dejes quedar unos días mientras busco algo, es más que suficiente...

—Sabes que estás en tu casa... El tiempo que quieras y necesites... Harry, lo siento mucho.

Harry comenzó a llorar con más fuerza, y Louis no pudo soportarlo. Se acercó a abrazarlo con todo su cariño. Por largos minutos solo se escucharon los sollozos de Harry, que no podía ver ni sentir algo más que pena.

Y Louis simplemente no podía creerlo. Harry era un hombre con tantas cualidades, era tan dulce, tierno, detallista y amable, que no podía creer que Colin le haya faltado de esa manera. Había perdido a un chico hermoso y perfecto y más temprano que tarde se daría cuenta.

Solo podía ofrecer sus brazos a su querido amigo y su calor para intentar confortarlo en algo. Cobijarlo en ellos y mecerlo hasta lograr darle aunque fuera, un poco de tranquilidad y calma.

—Creo que lo mejor es que me vaya a dormir...

—Anda a la habitación. Te dejé encima tu pijama y tu cepillo de dientes, y luego te acuestas e intentas descansar. Cualquier cosa, ven a despertarme, a la hora que sea.

—Louis... ¿Puedes dormir conmigo? No quiero estar solo... Te prometo que te dejo dormir, pero no me dejes solo...

Louis sonrió y secó las lágrimas de Harry con cariño. —Nunca te dejaría solo, lo sabes. Vamos a dormir.

Una vez que habían lavado sus dientes y Harry se hubo puesto su pijama, se acostaron. Se acomodaron y arroparon bien, y Louis pronto se durmió. En cambio a Harry le costó un poco, pero el relajo que viene después de tanto llorar empezó a llevarlo a un descanso lleno de pesadillas. Despertaba cada hora, con miedo, con rabia, con más dolor. Cuando sintió la alarma de Louis, a las seis y media y a su amigo meterse al baño, se levantó a preparar el desayuno.

Pronto apareció Louis en la cocina.

—¿Pudiste descansar? Parece que no...

—Nada... Apenas me dormía tenía pesadillas. Espero dormir mejor más tarde...

—¿Te vas a quedar aquí? ¿No vas a abrir la tienda?

—Voy a cerrar un par de días. No quiero que Colin vaya a buscarme y tampoco estoy de ánimo como para atender público.

—Es lo mejor. De verdad espero que por hoy te dediques a hacer nada. Duerme si puedes, ve una película, tienes helado, —dijo bebiendo su café muy caliente, como le gustaba.

—Lo voy a intentar, —contestó Harry, casi en un susurro y con sus ojos hinchados.

Louis se puso de pie. Tomó su mochila y su sándwich, y caminó hacia la puerta. Pero antes de llegar a ella, se devolvió y abrazó a Harry. —Sabes que te adoro, ¿verdad? Y no sabes lo que daría por poder llevarme aunque sea un poquito de tu dolor conmigo. No te obligues a estar bien, tienes que vivir tu duelo y puedes apoyarte en mí, para eso estoy.

Harry solo asintió con la cabeza, no era capaz de hablar.

Louis se fue a trabajar. No manejaba hacia su lugar de trabajo porque estaba en pleno centro de Londres, así es que tomaba el metro.

Y en el departamento, Harry se iba derrotado a la cama. Prendió la televisión y la dejó en un canal al azar. Necesitaba un poco de ruido para acallar sus pensamientos. Se acurrucó en una esquina de la cama y no dejó de llorar hasta que se durmió, casi media hora después.

Pudo hacerlo profundamente hasta casi mediodía. Despertó sintiéndose un poco más descansado, pero igual de triste. Se quedó en la cama recordando lo sucedido. Cómo le había dicho a Colin que llegaría tarde ese día porque debía ir a unas bodegas, para poder sorprenderlo llevando su comida favorita y dos pasajes para ir a Berlín en un viaje express.

Estaba tan contento porque sentía que las cosas iban maravillosamente bien, a pesar de que llevaban semanas sin sexo porque Colin alegaba mucho cansancio, y era claro que Harry lo entendía. Por eso había hecho el esfuerzo monetario para poder comprar los pasajes, quizás el cambio de aire relajaría a su novio y le devolvería la pasión que el cansancio se había llevado.

Y fue solo abrir la puerta del departamento y darse cuenta de que algo no andaba bien. Escuchó risas, lo que no era extraño porque reconocía a Scott. Lo que lo descolocó fue la manera tan cariñosa de hablarse.

¿Amor? ¿Cariño? ¿Mi vida?

¿Qué estaba pasando?

Se acercó con sigilo, y los vio. Desnudos sobre la cama, todo sonrisas y caricias.

De alguna manera logró contenerse, aunque le quemaba el dolor, y pudo tranquilizarse y optar por el camino de la calma y no del escándalo, ni de los gritos.

“¿Cómo están?” Había preguntado con su mejor sonrisa.

Y de inmediato los vio taparse y a Colin sobre todo, envolverse con la sábana y acercarse a Harry.

“Esto tiene una explicación, te lo juro, dame unos minutos, por favor...”

“Te espero en la cocina”

Colin se había vestido en dos minutos, y tras él vio aparecer a Scott que pasó de largo hasta salir del departamento.

“Amor, lo que viste fue un error... Te juro que no sé cómo pasó...”

Harry había caminado hacia la habitación que olía a sexo y abrió la ventana, intentando no vomitar. Pese a todo se había sentado en la cama. Y eso había sido todo.

Se levantó y se metió a la ducha. Estuvo largo rato bajo el agua, para saber si en ella se iban sus lágrimas. Y no. Eso no pasaba.

Salió, se secó y se puso un pijama limpió de Louis.

Prendió su teléfono y aparecieron un montón de notificaciones. La mayoría de Colin y que en un acto muy consciente, leyó por completo. Hasta la última coma y el último punto.

Todos hablaban de lo mismo.

Que lo perdonara.

Que le diera una nueva oportunidad.

Que lo amaba.

Que volvieran.

Que hablaran.

Y Harry sabía que no había vuelta atrás, porque eso no había sido un error. Había sido una decisión. Y una que había durado mucho tiempo, y tal vez ni siquiera había terminado. Podía jurar que Colin y Scott seguían juntos.

Ni siquiera hablar tenía sentido, porque su ex novio en ningún momento fue sincero, nunca pudo defenderse de su propias elecciones. No valía la pena.

Los otros mensajes eran de Louis. En todos había una palabra de cariño para su mejor amigo. Harry pudo sonreír.

Louis, su mejor amigo hace ocho años.

Se conocieron en un bar, tenían amigos en común y los presentaron. Habían conversado mucho, se llevaron bien de inmediato. Al principio hubo un leve enamoramiento de parte de los dos, pero no floreció porque Harry justo empezó una relación con otro chico. Y decidieron mantener su relación de amistad, no tenía sentido perderla por algo que quizás no hubiese funcionado.

Y el tiempo fue amable con ellos. Los acercó tanto que se volvieron mejores amigos de la vida. Se conocían al revés y al derecho, eran cariñosos entre ellos, se habían confesado sus temores y sus mayores anhelos.

Louis fue testigo presencial de su relación con Colin, y Harry sabía que su amigo no estaba del todo feliz con su relación aunque nunca se lo dijo. Louis era demasiado amable como para dar su opinión en ese momento, no cuando se supone que las cosas iban tan bien.

Habían dormido muchas veces en la misma cama, y siempre lo hicieron tranquilos, sintiéndose seguros. Conocían los gustos del otro, desde su comida favorita hasta la marca de ropa interior que usaban. Conocían a sus familias y siempre estaban en todas las celebraciones.

Nadie podría imaginar todo lo que sentía Harry por su mejor amigo. Lo adoraba con toda su alma, sabía que podía refugiarse en él. Si tuviera que elegir a alguien para contarle su secreto más profundo, ése era Louis.

Pondría las manos al fuego por él. Es más, se lanzaría de cabeza si fuera necesario y no se quemaría. Estaba seguro de eso. Y lo mejor de todo, es que sabía que era mutuo.

Su amistad era sincera, profunda y hermosa.

Cuando terminó de leer los mensajes, se sintió mejor. Fue a la cocina a buscar el helado para darse un festín con él. Acurrucado en el sofá vio una película de suspenso, que era su género favorito. Una vez que terminó, fue a cocinar.

Preparó unas cuantas tortillas de verduras con todo lo que encontró, y un puré de papas que le quedó delicioso. Como le quedaba un poco de tiempo, aprovechó de hacer una pequeña tarta de duraznos, ya que Louis tenía muchos y muy frescos.

Después cambió la ropa de cama y la puso a lavar y a secar, mientras ventilaba la habitación y todo el departamento a pesar de hacer mucho frío. Media hora después, estaba todo limpio y ordenado y había un delicioso aroma en la cocina.

Diez minutos más tarde llegaba Louis, arrastrando los pies.

—Hola bonito, —saludó. —¿Cómo estás?

—Mejor, aunque sigo muy triste... ¿Y tú?

—Es normal que estés triste, recuerda que lo tuyo es un duelo amoroso... Me duele la cabeza, hoy fue un día de aquellos. No sé cuánta gente me gritó y solo quiero derretirme en la cama.

—¿Quieres cenar temprano?

—¿Quieres que pidamos pizza? —Preguntó Louis, dejando su mochila en el sofá.

—Cociné...

—¿De verdad? No sabes lo feliz que me haces. Llevo una semana comiendo pizza.

—¿Y eso por qué?

—He llegado muy cansado y mi ánimo no alcanza para tanto.

—Me imagino... ¿Pero si quieres cenar ahora?

—¡Por favor!

—Lávate las manos y te vienes a sentar, ¿o prefieres comer en la cama?

—En la cocina está bien, ya vengo.

Harry lo vio caminar con sus ojos cargados de cariño.

Cuando Louis volvió, ya estaba servida la cena junto a dos cervezas. —Se ve increíble y si lo hiciste tú, debe estar maravillosa.

Harry rió. —No seas así, sabes que ha sido un largo aprendizaje... Y tú siempre has sido tan lindo de comer cada cosa que preparaba aunque estuviera malo.

—Tenía que apoyarte, y deberías estar orgulloso de que ahora eres un gran chef. Mmmm, delicioso, muy rico. ¿Hay más?

—No te has terminado el primer plato y ya quieres más... Pero sí, ocupé todo lo que tenías en la despensa y en el refrigerador.

—Tengo que ir al supermercado, lo había olvidado...

—¿Quieres que vayamos juntos mañana? Te voy a buscar y pasamos de una vez.

—Te lo agradecería mucho. Así es más fácil para mí.

—Louis...

—¿Qué pasó, bonito? ¿Por qué cambiaste el tono de tu voz?

—¿Puedo quedarme un poco más?

—¿De verdad me lo estás preguntando? Harry, tienes hasta llaves de este departamento, no necesitas mi permiso. Te lo propuse una vez, de vivir juntos y no quisiste.

—Porque había decidido vivir con Colin, —dijo en un suspiro, triste. —Debería haberte hecho caso...

—Hey... Tranquilo. Hay mil cosas que te lo van a recordar, y está bien que te duela. ¿Cómo estuviste hoy?

—Lloré un poquito, y recordé muchas cosas... Colin me envió muchos mensajes y tengo unas llamadas perdidas también.

—¿Le contestaste?

—No... No vale la pena. No hay nada que explicar ni que conversar. Estoy seguro de que ahora deben vivir juntos. Nunca voy a entender cuál era la necesidad de engañarme, podría simplemente haberme dejado...

—Es un idiota, no hay más explicación, —aseguró Louis, molesto. —Jugar con alguien es de las cosas más bajas y horribles que uno puede hacer y ese estúpido tarde o temprano va a lamentar lo que hizo. Y no es que le desee mal, porque no soy así, pero él mismo se va a dar contra las piedras.

—No te enojes... Sabes que no me gusta verte así.

—Lo sé, —dijo Louis, cambiando rápidamente su energía. —Pero dime, ¿quisieras que viviéramos juntos?

—¿Estás seguro? ¿Y si te enamoras de alguna de tus conquistas?

—Sabes que hace mucho no salgo, y no creo que lo haga en el corto tiempo. No tengo ganas de salir de mi cama, estoy muy cansado siempre...

—Tienes razón... ¿No habrá algo más que solo cansancio? ¿Alguna falta de vitaminas, tal vez?

—Puede ser, creo que voy a ir al médico.

—Te puedo acompañar, así me aseguro de que vayas. Y sí, vivamos juntos.

Los dos sonrieron. Era algo que les hacía mucha ilusión.

—Cuando nos vayamos a acostar revisamos qué podemos encontrar disponible.

—¿Y no te da pena vender este departamento?

—No lo voy a vender. Lo voy a arrendar, así me aseguro una entrada mensual de dinero extra que puedo ir ahorrando.

—Bien pensado... Voy a ser el más feliz de que vivamos juntos.

—No, yo voy a ser el más feliz.

Se enfrascaron en una muy estúpida, ridícula y juguetona pelea por saber quién estaría más feliz.

Harry lavó, secó y guardó los platos sucios.

Corrieron a ponerse pijama, discutiendo por quien lo hacía más rápido. A veces se comportaban como un par de chicos adolescentes, no como los hombres de más de treinta que eran.

Se acurrucaron en la cama, con su portátil cada uno.

—¿Prefieres que sea más grande o que esté mejor ubicado?

—Que esté mejor ubicado. Solo necesitamos una habitación y un baño más, pueden ser pequeño, yo no necesito mucho más espacio, —dijo Louis.

—Tampoco yo.

—¿Y las cosas que habías comprado para el departamento?

—Se las dejé a Colin. No eran muchas, pero de verdad no las hubiera podido ver sin acordarme de él, y no, gracias. Prefiero empezar de nuevo.

—Es injusto, pero te entiendo... Mira, hay un departamento en el edificio de al frente, pero es un piso doce.

—¿Te gustaría que fuera en un primer piso, como este?

—Me encantaría, pero sé que es muy difícil. Puedo transarlo hasta un piso cinco, creo.

Harry sonrió.

Después de mucho buscar y analizar, se decidieron por un departamento a solo quince minutos del centro de Londres. Era pequeño, pero tenía las dos habitaciones y los dos baños que buscaban. La cocina era muy bonita y tenía un concepto abierto. Lo mejor, es que estaba en un primer piso.

Agendaron para una semana más una visita. El precio era un poco más caro de lo que tenían presupuestado, pero les alcanzaba de todas maneras.

—Ojalá y nos vaya bien. Me enamoré del lugar, se ven muy bien las fotos, le llega mucha luz...

—Vas a ver que la suerte nos va a acompañar, —aseguró Louis, rascando el pelo de Harry con suavidad. —Te quería decir algo más.

—¿Algo malo?

—Al contrario. Desde el sábado, va a comenzar un ciclo especial en el cine, dedicado a Hitchcock...

—¿De verdad?

—Sí, y como sé que es tu director de cine favorito, pensé si querías que fuéramos. Va a ser todos los sábados a las nueve...

—Pero a ti no te gusta ese tipo de cine... Y no me gustaría que fueras obligado...

—No lo haría obligado. Quizás es un buen momento para empezar a cambiar mis gustos...

—¡Eso no te lo crees ni tú! —Rio Harry, dándole con la almohada en la cabeza a Louis.

—Me descubriste... Pero no pasa nada, déjame acompañarte.

—Bueno, pero yo invito, —pidió Harry.

—No, yo invito. Es mi idea.

—Una vez cada uno.

—Tu las entradas y yo las palomitas, —ofreció Louis.

—Tenemos un trato.

Se sonrieron una vez más, y luego vieron un programa de decoración de casas en el portátil de Louis.

A pesar de ser temprano, pronto empezaron a cabecear y se durmieron.

Louis despertó un poco más tarde, y mientras Harry dormía, guardó el portátil y lo dejó sobre una de las mesitas de noche. Luego buscó un par de mantas y arropó a Harry con cuidado de no despertarlo. Se quedó mirándolo unos segundos con todo su cariño. Solo podía desearle que su corazón sanara pronto y pudiera seguir adelante.

Harry se merecía solo sonreír, y que lo amaran con locura. Que lo llevaran de la mano por un viaje eterno de mimos y preocupación.

Se acostó y se tapó. Pronto se durmió.

El día viernes, y tal como lo había dicho Harry, estaba afuera del trabajo de Louis a las cinco en punto. Pronto vio salir a su amigo.

—Hola, ¿cómo estuvo el día? —Preguntó Harry.

—Bien, más tranquilo. ¿Y el tuyo? —Preguntó después de abrazarlo. —Parece que no muy bien... Tienes los ojitos hinchados...

Harry intento una sonrisa, pero pronto estaba llorando en los brazos de Louis.

—Me duele tanto que me haya engañado... ¿Qué hice mal?

—Nada... No te lo preguntes, no lo hagas por favor... Bonito, hiciste todo lo que pudiste para que su relación saliera adelante y él no pudo verlo, abusó de tu confianza... Él falló...

Poco a poco Harry fue tranquilizándose. Louis le ofreció pañuelos de papel y agua de su botella que siempre llevaba.

—Lo siento... Fue un mal día...

—Lo sé, recuerda que vendrán más días tristes, lo importante es que salgas de ellos... Y ahí estaré yo para ayudarte...

—Gracias... Lo sé... Pero mejor vamos al supermercado, recuerda que no hay ni un pan en tu departamento.

—Debería haber hecho una lista, son muchas cosas. Podríamos haber traído auto.

—Lo pensé, pero no estamos tan lejos, podemos tomar un taxi.

—Sí, es verdad, y de todas maneras no tenemos por qué comprar todo. Me hiperventilé, —rio con alegría, Louis.

—Siempre lo haces, no sé por qué te asombras... —jugueteó Harry.

—¡Hey! No seas malo con tu mejor amigo.

—¡Nunca!

Se pusieron a reír.

Una vez en el supermercado se dedicaron a recorrer los pasillos, uno por uno, llenando el carrito. No podían faltar el helado, las cervezas y las galletas.

Compraron algunas frutas y verduras, porque la mayor parte de ellas les gustaba comprarlas en el mercado cerca del departamento.

—Por hoy vamos a tener que pedir algo para comer, —opinó Louis.

—Podríamos pedir comida china.

—Qué rico, me antojaste. Hace tiempo no pido, me quedé pegado con la pizza.

—Estoy seguro de que aprovechabas de dejar para el desayuno, por eso la pedías. Me podrías haber dicho que viniera a cocinarte, ¿por qué no lo hiciste? —Preguntó Harry.

—Te juro que estaba tan cansado que no tenía cabeza para nada más que llegar de cabeza a la cama. Si no hubiese tenido tanta hambre, ni siquiera hubiera comido.

—¿Tanto así?

—Sí... Las últimas semanas han sido duras, muy complicadas. Entre las personas que siguen culpándonos por el atraso en el pago de sus licencias y que una compañera salió con permiso prenatal, fue todo un caos. Me tuve que quedar algunos días dos horas más tarde, para intentar ordenar los papeles que se habían juntado... Me acuerdo y me agoto.

—Eso fue terrible, no es para menos que te sientas cansado, —dijo Harry, mientras comenzaban a poner los productos sobre la cinta, ya en la caja. —Y ahora que me acuerdo, como mañana es sábado, te pedí una hora en un centro médico, a mediodía.

—Ya había olvidado lo del médico... Pero gracias, siempre eres tan lindo, bonito.

Harry se sonrojó.

Louis pagó las compras y luego llevaron las bolsas en el carrito hasta el sector de los taxis. Ordenaron todo en la maletera del auto, y veinticinco minutos después llegaban al departamento.

Dejaron las bolsas en el piso y mientras uno las iba entrando, el otro las cuidaba. Se demoraron casi quince minutos en eso. Una vez que estuvo todo dentro del departamento, ordenaron la despensa.

Estaban agotados.

Louis hizo el pedido de comida, y mientras esperaban, se fueron a poner pijama. No soportaban más la ropa y solo querían relajarse.

—¿Comamos en la cama? Tengo frío, —pidió Harry.

—También yo. ¿Prefieres un té en vez de cerveza? ¿O nada?

—Si vamos a estar abrigados, me quedo con la cerveza, no deben estar tan heladas.

—Yo prefiero un té caliente, —dijo Louis estirándose.

—Yo te lo preparo, —ofreció Harry, poniendo el agua a calentar.

Una vez que llegó la comida y que Louis ya tenía su té en la habitación, se sentaron en la cama y se tapó cada uno con una manta. Buscaron un programa de cocina y comieron en silencio.

Era de las cosas que más le gustaban del otro. Poder compartir los silencios sin sentir el ambiente incómodo; por el contrario, podían disfrutarlos.

Después se lavaron los dientes en medio de tontos empujones por usar el lavamanos, y se acostaron muertos de sueño.

—Buenas noches, bonito.

—Dulces sueños...

Durmieron hasta las diez de la mañana. Harry despertó primero, y mirar dormir a su amigo con tanta paz, le dio un calor gigante a su corazón.

Se fue a bañar, y luego de vestirse, fue a la cocina. Preparó café, huevos revueltos y unos pocos panqueques. Picó algo de fruta y tostó un poco de pan.

Arregló todo muy lindo. Si hubiese tenido, habría ordenado con flores frescas o hubiera comprado un pastel especial. Solo quería retribuir en algo todo lo que hacía Louis por él.

Fue a despertarlo.

—Despierta... —Lo removió suavemente. —Está listo el desayuno, levántate...

Louis abrió un ojo y sonrió. —Huele delicioso, ¿hiciste panqueques?

—Solo algunos y si no te apuras me los voy a comer yo.

—Tengo que bañarme...

—Después del desayuno te duchas. Ahora vamos a comer.

Louis se puso las pantuflas y se fue detrás de Harry.

—¿Y todo esto? —Preguntó al ver lo que había en la mesa.

—Es para darte las gracias, aunque nunca podría agradecerte lo suficiente... —Explicó Harry, emocionado.

—Bonito... —Louis se acercó hasta abrazarlo con fuerza. Y Harry una vez más lloró. —¿Pasó algo?

—Desperté con un mensaje de Colin, y aunque no lo leí, me recordó porque estoy aquí... Es solo eso, ya se me va a pasar.

—Date tiempo, no te castigues ni te obligues a estar bien, bonito... Lo de Colin es muy reciente, no ha pasado ni una semana... Es natural que te sientas vulnerable y sensible.

—Lo sé, lo sé... Y no sé que sería de mí sin ti. —Secó sus lágrimas con una servilleta. —¿Té o café?

—Café, por favor. Los huevos te quedaron maravillosos, pero los panqueques son insuperables, —intentó decir Louis, con la boca llena de comida. —Cada vez cocinas mejor. ¿No tienes hambre?

—No tenía, pero verte a ti comer, me abrió el apetito.

—No me culpes por tu hambre voraz.

Harry rio y a Louis le pareció que nunca había notado la musicalidad tan bella en la boca de su mejor amigo. La risa de Harry era sencillamente sublime.

—Qué bueno que te gustó... Lo hice con mucho cariño... Mientras te vas a bañar, yo limpio y ordeno y luego nos preparamos para salir.

—Está bien, se me pasó la hora volando.

A las once y media iban saliendo a la consulta médica, a donde llegaron a las doce justas. Louis pagó las prestaciones y se sentaron a esperar, lo que no fue por mucho tiempo. Pronto llamaron a Louis.

Se demoró casi diez minutos. Era básicamente pedir una orden de exámenes. Tendría que esperar hasta el lunes para tomárselos, ya que debía estar en ayunas.

—Son muchos exámenes.

—Sí, pero es lo que me toca... ¿Vayamos al mercado? Estoy antojado de manzanas asadas, —dijo Louis, mientras caminaban a la parada de buses.

—¿Vas a cocinar tú?

—Sí. Tú has hecho casi todo esta semana.

—Pero es que estás cansado.

—¿Y tú? Triste y todo has hecho más de lo necesario... Eres tan fuerte bonito, estoy muy orgulloso de ti.

Mala idea, Harry se puso a llorar.

—No me digas esas cosas...

—Lo siento, no quería verte llorar, no por mi culpa... Ven acá.

Lo abrazó con intensidad, traspasando todo su cariño en esa caricia de sus brazos.

—Eres demasiado lindo... Demasiado... —dijo Harry, que tenía su cabeza apoyada en el hombro de Louis.

—Ojalá pudiera hacer más para que tu pena fuera menos, te lo juro. No quisiera verte nunca triste.

—Lo sé, te juro que lo sé... En fin, vamos a comprar manzanas. También nos faltan papas, limones... Necesito cebollas, berenjenas, champiñones... Muchas cosas...

—Son demasiadas.

—No sé cómo lo hacías solo, ¿qué cocinabas entonces? —Preguntó Harry, sin entender.

—Cosas fáciles, ya sabes... Arroz con hamburguesas, papas con algo, fideos, sándwiches... —Explicó Louis levantando los hombros.

—Te acostumbraste a la mala comida. Ahora las cosas van a cambiar.

—¿Me vas a alimentar?

—Claro que sí.

—Amo la idea.

Llegaron al mercado y comenzaron con las compras. Todo ese tiempo se dedicaron a conversar sobre lo caro y lo barato de algunos productos, y hablaban de qué les gustaría comer el resto de la semana.

Una vez que llegaron al departamento, ordenaron lo que habían comprado y luego Louis se puso a cocinar mientras Harry se preocupaba de la habitación.

Después de almuerzo decidieron tomar una siesta, los dos la necesitaban. Durmieron hasta las seis y despertaron mucho más descansados.

—¿A qué cine vamos a ir? —Quiso saber Harry.

—A “Electric Cinema”.

—No lo conozco, ¿dónde queda?

—En Notting Hill.

—¿Tan lejos?

—¿Crees que es demasiado lejos?

—No, pero pensé que íbamos al centro nada más.

—Bonito, nos demoramos veinticinco minutos en auto, —explicó Louis.

—¿En serio?

—¿Te gusta la idea?

—¡Me encanta!

—Entonces, nos bañamos y salimos, quiero que cenemos afuera.

—No sé porqué creo que me estás consintiendo demasiado...

—Mereces un poco de mimos... Y si puedo hacerlo, lo voy a hacer... Y además, es muy fácil darte momentos lindos...

—Colin no pensaba lo mismo, —dijo Harry, con su cara comenzando a desfigurarse de la pena.

Louis se acercó hasta Harry, en la cama, y lo arrastró hasta sus brazos. Se quedaron acostados, abrazados, con Harry en el pecho de Louis, llorando una vez más.

—Bonito, desahógate conmigo... Bota todo ese dolor, toda esa pena... No estás solo, apóyate en mí, habla conmigo, cuéntame qué sientes...

—¿Sabes? —Susurró, —siento que a pesar de que ha pasado poco tiempo, mi amor por Colin es cada vez menos.

—¿Entonces qué es lo que más te duele? —Preguntó Louis, con la voz baja.

—Sentir que no fui suficiente... Que a pesar de que siempre cedí, no alcanzó... Yo me entregué por completo a él, ¿y para qué? ¿Para que me engañara así? ¡No me lo merecía!

—Lo sé, fuiste demasiado para él... No te vio, ni te valoró... No tiene idea del tesoro que perdió... Bonito, siempre fuiste suficiente, eres suficiente, más que suficiente. Tienes tantas cualidades, eres amable, preocupado, detallista, simpático, empático, precioso, divertido, ocurrente, relajado... Te gustan las cosas simples, no exiges nada... Y él no lo pudo ver, se perdió al hombre perfecto.

Harry se incorporó, ya más tranquilo y miró a Louis con profundo cariño.

—¿De verdad lo crees?

—Estoy seguro de lo que digo, nunca te he mentido.

—Lo sé... Gracias por eso, y gracias por darme calma...

—¿Prefieres que nos quedemos acá y vemos algo en el computador? Podemos pedir algo rico o puedo ir a comprar.

—No, no, no... Vamos. No me perdería una película de mi director de cine favorito.

—Entonces, —dijo Louis sentándose en la cama, —déjame secar tus lágrimas y te vas a bañar, mira que apestas.

Harry rio y corrió al baño.

Louis mientras tanto buscaba su ropa y no dejaba de pensar en su mejor amigo. Esperaba que el tiempo pasara rápido y se llevara todo su dolor, para que pronto Colin fuera solo un mal recuerdo.

A las ocho salieron del departamento. Louis manejó, mientras escuchaba a Harry cantar las canciones que había conectado desde su celular.

Se detuvo después de casi veinte minutos de viaje.

—Llegamos.

—Este lugar se ve increíble.

—Y espera a verlo por dentro.

—Estoy muy emocionado...Podemos entrar de una vez o tenemos que esperar?

—Hay que esperar unos diez minutos.

—Veo a mucha gente y ni siquiera hemos comprado las entradas, ¿si alcanzamos?

—No te preocupes, bonito. Las compré por internet, solo tengo que validarlas y pedir que me las entreguen en físico también. Quiero que tengamos un recuerdo cada uno.

—¿Cómo puedes ser tan dulce? —Preguntó Harry, que cada vez más se sorprendía de lo que hacía Louis para mimarlo.

—Tú lo haces fácil.

Se sonrieron. Era lo que hacían todo el tiempo cuando estaban juntos.

Cuando entraron, Harry casi se cae de la impresión. Era muy distinta la sala a lo que estaba acostumbrado. Los asientos eran de cuero o terciopelo rojo y tenían reposapiés; había mesitas auxiliares, mantas e incluso, camas de sofá dobles.

—¿Es broma?

—No lo es, ¿te gusta?

—Me encanta, ¿dónde nos vamos a sentar?

—No estaba seguro del lugar donde quisieras estar, así es que podemos elegir butaca o tipo sofá.

—¿De verdad?

Harry se detuvo para abrazar a Louis, que lo recibió feliz.

—¿Ya te decidiste?

—Quiero tipo sofá.

—Vamos entonces, ¿quieres tomar algo?

—No, estoy bien así.

—Pero yo quiero celebrar. —Se acercó a un chico que ayudaba a encontrar los asientos y le hizo un pedido. —Ahora sí, vamos a nuestro lugar.

El asiento tipo sofá era amplio y muy cómodo. Las mantas olían delicioso y el ambiente era increíblemente cálido.

Justo antes de que se apagaran las luces, apareció un chico con dos copas de champaña.

—Louis...

—Por ti... Porque esta nueva etapa te traiga solo bellos momentos, todos los que te mereces.

Harry no quería ponerse a llorar. Se contuvo y solo pudo agradecerle a Louis con la mirada.

La película que iban a ver, llevaba por nombre “Vértigo”, del año 1958. Louis estaba al borde del llanto, era demasiado suspenso para su gusto, estaba por completo nervioso y sensible. Pero cuando miraba a Harry completamente absorto en la trama, se sentía mejor. Soportó estoicamente las dos horas y un poco más de cinta, y se sintió aliviado cuando terminó.

—Dime que te gustó, —pidió Harry con una gran sonrisa, apenas prendieron las luces.

—No puedo mentirte. No es que no me gustara, pero este director por algo es de los más importantes. Fue un poco difícil soportar tanto...

—Te lo advertí, sabía que no te iba a gustar, no debiste traerme.

—Al contrario. Vas a ver que cuando termine el ciclo seré un experto en películas de suspenso.

—No vamos a venir más.

—Bonito... —Dijo Louis, completamente desilusionado.

Y Harry se dio cuenta.

—Lo siento, no quise hacerte sentir mal. Por el contrario, quiero que lo pases bien, y que este ciclo de cine no se vuelva una tortura para ti solo por querer acompañarme.

—Déjame intentarlo una vez más, y luego vemos qué hacer. Además no creo que me devuelvan el dinero.

—No me digas que compraste para el ciclo completo.

Louis solo sonrió. —¿Tienes hambre?

—Sí, estoy antojado de pizza, —respondió Harry.

—¿Y si te digo que no?

—¿No podemos pedir pizza? ¿Por qué?

—Ya lo verás, vamos.

Harry siguió a Louis y caminaron por cerca de tres minutos.

—¿Qué hacemos aquí?

—Aquí está “Trailer Happiness”, un bar subterráneo. Creo que te va a encantar.

Bajaron la escalera y entraron en un lugar muy bonito. Era de estilo retro, y Harry cayó enamorado, no solo de la decoración, también de su energía.

—Este lugar es increíble. ¿Qué podemos pedir?

—Son especialistas en ron, y sí, sé que no es algo que bebamos con frecuencia, pero pensé que era buena idea probar.

—Pero estamos manejando.

—Yo solo quiero probar, sabes que tengo mucha resistencia, y jamás te pondría en riesgo. Si te sientes más tranquilo, podemos irnos en taxi, y venir a buscar el auto mañana.

—Probemos entonces, y más tarde vemos.

—Hay un trago que se llama “zombie”. Es un cóctel para compartir y que lo traen en una pequeña parrilla ardiente.

—¡Pidamos eso!

—Dicen que las hamburguesas con queso son muy buenas, ¿quieres probar?

—Sí a todo, —contestó Harry, con una de sus sonrisas más hermosas.

Hicieron el pedido y disfrutaron de sus tragos y comida. Después del primer cóctel, vinieron otros más. Estaba relajados y felices, conversando de mil y un recuerdos que tenían juntos.

A eso de las doce y media, se levantaron un poco mareados y salieron a buscar un taxi.

Por fortuna había un paradero establecido afuera del local, y pudieron llegar sin problemas al departamento.

De inmediato corrieron a sacarse la ropa para ponerse pijama. No tenían pudor entre ellos, se habían visto desnudos mil veces y era algo natural. Luego se lavaron los dientes y a sugerencia de Louis, tomaron un gran vaso de agua.

Se acostaron, se taparon y se durmieron. No necesitaban nada más. Hasta el día siguiente en que la urgencia de un par de analgésicos no podía esperar.

—Me duele la cabeza, —se quejó Harry cerca de la una de la tarde.

—A mí también... No vuelvo a tomar ron en mi vida...

—Yo sí... Lo pasé muy bien y los tragos estaban deliciosos. Pero este maldito dolor me va a matar.

—Sígueme. Vamos a la cocina por un café y algo para el dolor. Debo tener algo por ahí.

—En el baño vi unas pastillas.

—Deben ser esas.

Louis se puso de pie con dificultad. Estaba mareado aún, pero llegó sano y salvo a la cocina. Mientras el agua hervía, ya tenía las tazas listas.

Pronto se le unió Harry.

—¿Quieres comer algo?

—Tengo hambre, pero creo que más tarde. Necesito bañarme antes de pensar en comida, —aseguró Louis, tomando su café y pasando las pastillas.

—Me pasa igual. El café es suficiente por ahora, pero, ¿quieres que cocinemos?

—Pensaba que quizás te gustaría ir a caminar... Podríamos ir a buscar el auto caminando.

—¿Caminando? Pero es muy lejos.

—Un poco más de una hora desde el centro, —aseguró Louis.

—Eso es poco, sabes que amo caminar.

—Entonces, preparémonos y salimos.

Al salir, tomaron un bus hasta el centro de Londres y desde ahí caminaron hasta llegar a Notting Hill. Almorzaron comida tailandesa y luego caminaron un poco más por el lugar, para conocerlo mejor. Luego llegaron al lugar donde estaba estacionado el auto de Louis, quien manejó de vuelta hasta el departamento.

—Tengo sueño, —dijo Harry cuando iban llegando.

—Deberías dormir un poco. —¿Vas a ir mañana a la tienda?

—Sí, no puedo perder más ventas.

—¿Y si aparece Colin?

—Que haga lo que quiera. Sé que las cosas son como tú dices, y que me va a seguir doliendo y seguramente seguiré llorando, pero no voy a limitar mi vida por él, no más.

—Estoy muy orgulloso, bonito. Sabes que cualquier decisión que tomes estaré contigo.

—Nunca me di cuenta de lo tierno que eres... Gracias por ser así conmigo.

—Ya te lo he dicho. Es muy fácil para mí, porque te adoro con mi vida... ¿Te acuerdas en que fecha estamos?

—Mmm, sí, ¿por qué?

—Alguien va a estar de cumpleaños y no hemos pensado en un regalo, por lo menos yo no.

—¿Quién? Déjame pensar... Aaaah, ¡es el cumpleaños de mi mamá! ¿Cómo pude olvidarlo?

—Porque estás con tu cabeza en cualquier parte, bonito.

—A veces olvido que estaba en una relación, —dijo riendo Harry, —y eso es tu culpa. Y lo del regalo... ¿Se te ocurre algo?

—El año pasado le regalé un juego de cubiertos muy bonito y le encantó.

—Cierto, no dejó de usarlo nunca más.

—Pero ahora, creo que me voy a ir por lo fácil. Hay unas chocolaterías increíbles que descubrí hace un tiempo. Probé unas trufas de champaña maravillosas y creo que podrían ser un buen regalo, —opinó Louis.

—Todo lo que sea chocolate le va a encantar. Podríamos ir a dar una vuelta más tarde o el sábado en la mañana.

—Creo que el sábado es una buena idea, recuerda que tenemos la entrevista en el departamento que queremos arrendar y nos queda cerca.

—Y también tu hora con el médico.

—¿No son demasiadas cosas? —Preguntó Louis, agobiado de pensar en todo lo que debían hacer.

—Prometo cocinar tu plato favorito para que te sientas mejor.

—No puedo negarme a eso.

—Entonces, hoy nos dedicamos a descansar el resto de la tarde.

—Sí, estoy ansioso por llegar a tirarme a la cama...

—También yo, aunque tengo que revisar algunas cosas de la tienda que he dejado a medias.

—¿Quieres que pasemos ahora a darnos una vuelta?

—¿De verdad? Me gustaría, necesito saber si llevé algún fardo nuevo.

—Estamos acá al lado.

En menos de dos minutos estaban estacionando. Salieron del auto y caminaron dos cuadras. Cuando Harry abrió la puerta, se encontró con varios papeles que habían tirado por debajo de la puerta.

Louis los recogió y se los entregó a Harry.

—Son de Colin, —dijo.

—¿Los vas a leer? —Preguntó Louis.

—Sí, quiero saber qué mentiras dice ahora.

“Harry, amor, por favor dame una oportunidad más. Podemos conversar, prometo decirte toda la verdad... He venido a buscarte y no estás, ¿dónde estás? ¿Estás bien? Mándame un mensaje o llámame, te juro que vuelo a donde me digas a la hora que quieras. Te amo tanto, nunca lo podrás dimensionar, y sí, sé que me equivoqué, pero con amor lo podemos solucionar, porque sé que me amas también. Siempre me lo demostraste y yo ya no puedo más con la pena...”

Las demás hojas eran más de lo mismo y Harry simplemente las rompió y botó a la basura.

—¿Estás bien?

—Lo estoy. Leo sus palabras y me da mucha rabia, me sigue mintiendo descaradamente... ¿Qué cree que soy? No me importa lo que sienta, él no es una víctima.

—Así es, bonito. Pero vinimos a otra cosa, revisa lo que ibas a ver.

Harry revisó la habitación trasera de la tienda, y se dio cuenta de que no había llevado los fardos que pensaba y que necesitaba para actualizar la vitrina.

—No traje los fardos... Voy a tener que hacerlo mañana...

—¿Dónde los dejaste?

—En la bodega del edificio...

—¿Quieres que vayamos?

—No tengo las llaves, —suspiró Harry, pensando en qué hacer. —Lo peor que me puede pasar es perder los fardos, que por suerte son solo dos.

—¿Estás listo para ver a Colin?

—No, pero ni modo. Si vas conmigo es más fácil.

—Vamos de una vez, entonces.

Volvieron al auto y Louis manejó por veinte minutos.

Harry miró el edificio y su corazón empezó a latir con más rapidez, se estaba angustiando, hasta que sintió la mano de Louis en su pelo.

—Vas a estar bien, bonito. Hagamos esto rápido.

Subieron por el ascensor y llegaron frente a la puerta de ese, que había sido también el departamento de Harry, quien tocó el timbre y esperó.

Pronto se abrió la puerta y no fue Colin quien abrió. Fue Scott, vestido solo con un pantalón suelto.

—¿Está Colin? Necesito hablar con él.

—Ya lo llamo, —contestó Scott sin vergüenza.

Ni Harry ni Louis podían creer lo que habían visto.

—¡Harry! Amor, viniste...

—Necesito que me prestes las llaves de la bodega para sacar mis fardos de ropa, por favor.

—Pero podemos hablar...

—Colin, no hay nada que decir. Me hablas de amor y sigues con Scott... Y está bien, pero dale su lugar, no le hagas lo que a mí. ¿Me prestas las llaves?

—Harry... Solo una conversación más...

—Te escucho, —respondió Harry, cansado.

—¿Puedo invitarte un café?

—No, habla.

—Pero pasa...

—No, habla ahora.

—Pero...

—Me quieres tener bajo el mismo techo que tu amante y no lo voy a permitir. ¿Me vas a pasar las llaves?

Colin se puso rojo de la vergüenza. Tomó las llaves y se las alcanzó a Harry, quien las tomó y se dio media vuelta. Louis lo estaba esperando un poco más atrás.

—Vamos a la bodega, —pidió.

—¿Cómo te sientes?

—Tego pena y rabia, mucha rabia.

—Apurémonos entonces para que vayamos a nuestro departamento.

Y eso se sintió muy bonito para Harry, que Louis lo incluyera en su vida de esa manera.

Abrió la puerta de la bodega y sacó los dos fardos. Había también una maleta con ropa y libros que le pertenecían. También se la llevó.

Con ayuda de Louis guardó todo en la maletera.

—¿Quieres que vaya a devolver las llaves? —Ofreció.

—¿Lo harías?

—Sabes que sí, dámelas.

Louis volvió a subir y tocó la puerta. Colin abrió.

—Toma las llaves, ya sacamos los fardos.

—¿Qué haces tú con Harry? ¿Acaso tienen algo?

—Sabes que nosotros sí somos amigos, no como tú con Scott. Y de todas maneras no me interesa hablar contigo.

Colin se quedó sin saber qué más decir.

Cuando Louis iba llegando a su auto, se dio cuenta de que Harry estaba llorando. Era algo que sabía podía pasar.

—Bonito... —Llamó, acercándose al lado del copiloto para poder abrazar a su mejor amigo. —Está bien, está bien que llores, ¿quieres hablar?

—Tengo tantas ganas de subir y darle una buena cachetada a ese imbécil de Colin... ¿Cómo puede ser tan descarado? ¿Por qué cree que soy estúpido? ¡Tengo tanta rabia!

Y a pesar de todo, Louis estaba más tranquilo. Pasar de la pena a la rabia era algo bueno, y Harry estaba más receptivo y se comunicaba mejor.

Louis acariciaba el pelo de Harry, mientras lo tenía abrazado. —Es un idiota, siempre lo he dicho, pero no es bueno que te sigas preocupando de él. Lo único y más importante eres tú, no lo olvides... Vamos a ir a la tienda y luego nos vamos al departamento a descansar, ¿sí?

—Sí, —dijo Harry, sonriendo en medio de sus lágrimas.

Louis sonrió de vuelta y rápidamente ocupó su lugar y comenzó a manejar. Iban en silencio. Una vez que llegaron a la tienda, cada uno sacó un fardo y lo llevaron a la habitación que Harry usaba como bodega.

—¿Te sientes mejor?

—Sí... Mucho mejor. Creo que me hizo bien ver a Colin y reafirmar mi decisión de no hablarle ni creerle. Estoy más tranquilo y Louis... Gracias...

—Ven acá...

Louis abrió sus brazos una vez más, esos que le entregaban tanto calor a Harry.

Estuvieron abrazados durante casi un minuto.

—Vámonos al departamento, —pidió Harry.

—Vamos, bonito.

Una vez más, Louis manejó. Apenas llegaron, se quitaron las zapatillas y abrigos y se desplomaron en la cama.

—Estoy molido, —afirmó Harry.

—También yo... ¿Pidamos pizza para cenar?

—Es la mejor idea del mundo, tengo mucha hambre.

—Me voy a dar una ducha rápida y la pido, —dijo Louis levantándose y metiéndose al baño.

Salió solo con una toalla envolviendo su cintura. Buscó un pijama limpio y se lo puso, mientras Harry no le quitaba los ojos de encima. Nunca lo había visto como en ese momento. Louis era excesivamente atractivo, tenía un cuerpo de infarto y no lo había notado hasta ese momento.

—¿Qué tanto me ves? —Preguntó Louis, divertido. —¿Hay algo que no hayas visto antes?

Harry se puso a reír. —Estaba pensando en algo y me quedé pegado.

—¿En qué pensabas?

—En Scott.

—¿Y eso?

—Me acabo de dar cuenta de que andaba con un pantalón mío.

—Es broma... Se pasaron de cínicos y descarados...

—Así es, pero eso, no quiero hablar más de ellos, me da flojera.

—Voy a pedir la pizza, ¿comemos acá?

—Prefiero que sí, la cama es más cómoda, —aseguró Harry.

—¿Quieres cerveza?

—No, quiero un té, pero no te preocupes, yo me lo preparo.

—Claro que no, relájate un poco, ya vengo.

Louis pidió la pizza y puso el agua a calentar. También preparó las tazas. Mientras esperaban, se fue a recostar al lado de Harry.

—Ojalá no se demore la pizza, —habló Louis, ahogando un bostezo.

—Tienes voz de cansado, —dijo Harry, mirando al techo.

—El agua caliente me relajó...

—¿Vas a dormir temprano?

—Creo que sí...

—Verdad que es lunes... Este fin de semana pasó muy rápido, no alcanzaste a descansar, lo siento mucho.

Louis se giró en la cama para poder ver a Harry.

—Mírame, —pidió. —Nunca, nunca te disculpes conmigo. Si fuera necesario, no volvería a descansar si es por verte bien, si es por apoyarte, si es por ser tu soporte... Sabes que eres de las personas más importantes de mi vida y que te adoro...

Harry se puso a llorar, estaba muy sensible.

Y una vez más, Louis corrió a su lado.

—No quiero preocuparte más... —Sollozó Harry, cubriendo su rostro con sus manos. —No quiero que te aburras de mí...

—Nunca lo haría, bonito... Nunca... Te lo repito una vez más... Estoy aquí para ti, para que te apoyes en mí, para cuidarte...

—¿No crees que soy un tonto?

Louis lo miró con profundo cariño.

—Eres un hombre increíble que lo está pasando mal y está bien. Fueron años compartidos con alguien que botó todo a la basura, ¿cómo podrías estar bien? No te castigues, no te trates mal. Vas a salir de esto y luego podrás mirar atrás y reírte... Pero hoy, vive tu proceso. Recuerda que no estás solo, somos dos...

Harry se calmó y secó sus lágrimas. Botó el aire con fuerza, con la cabeza gacha.

Louis lo tomó del mentón y lo ayudó a levantarla.

—Ya no sé cómo decirte gracias...

—Cuando sonríes es suficiente pago.

En ese momento tocaron el timbre y Louis fue abrir. Volvió a la habitación con la pizza caliente y encontró a Harry abrazado a una almohada.

Dejó la pizza sobre un mueble, y se devolvió a la cocina. Quizás Harry necesitaba un poco de tiempo a solas.

Puso nuevamente el agua a calentar y sirvió las tazas de té. Las llevó con cuidado, y entró sigilosamente a la pieza.

—¿Necesitas estar solo? —Susurró Louis.

—No, al contrario. Comamos antes de que se enfríe.

—Voy por unas servilletas.

Louis se apuró, y una vez que tenía todo listo, puso un mantel sobre la cama. La taza de té de Harry quedó en su mesita de noche.

—¿Veamos algo?

—¿Qué te gustaría? —Preguntó Louis.

—¿Un programa de cocina?

—Ojalá encontremos el mismo programa que vimos el otro día.

—Sería genial.

La voz de Harry estaba triste, aunque intentaba no demostrarlo. Comieron en silencio.

Cuando terminaron, Harry se levantó a lavar las tazas y Louis a botar la caja de la pizza y a guardar los restos en un plato.

—¿Te sientes bien?

—No, la verdad es que me siento muy mal. Voy a dormir en el sofá esta noche, necesito estar solo.

—Lo entiendo... Solo prométeme que si te sientes muy solo o te da frío, vas a ir a la cama.

—Lo prometo.

Louis, antes de acostarse, llevó mantas y una almohada al sofá y ayudó a Harry a acomodarse. Lo dejó arropado, luego apagó las luces y se fue a acostar.

Le costó un poco dormir, no dejaba de pensar en Harry y en todo lo que había pasado esos últimos días. Nada le dolía tanto como ver la mirada triste y vacía de su mejor amigo.

Se durmió cerca de la medianoche.

En cambio Harry lo hizo cerca de las dos de la mañana. Recordó tantas cosas, muchísimos momentos lindos y luego, aparecían aquellos feos.

Se acordaba y caían las lágrimas por sus mejillas.

Sin embargo, su último pensamiento no fue para Colin. Fue para Louis.

Pensaba cómo podría agradecerle por tanto, cómo podría devolverle aunque sea un poquito de cariño que había recibido. Cómo corresponder a ese afecto sincero con algún gesto palpable. Pero mientras más pensaba, menos se le ocurría. Y eso no era todo. Se preguntó una y mil veces, porqué lo había mirado con ojos que no eran de mejores amigos. Y la imagen del cuerpo de Louis palpitaba en su mente.

Finalmente se durmió.

Temprano, como todos los días de la semana, Louis se levantó y se metió a la ducha con los ojos cerrados. Luego se vistió, y preparó su mochila. Salió despacio y en silencio para no despertar a Harry, que dormía tapado hasta la cabeza.

Antes de entrar a trabajar, pasó a tomarse los exámenes. Después compró un café y un sándwich y comió en un pequeño parque. Diez para las ocho entraba al edificio donde trabajaba.

Harry en cambio, durmió hasta las nueve. Se lamentó no haberse despertado antes para despedirse de Louis y desearle un buen día.

Amaneció mucho mejor, por lo que se metió a bañar con ganas. Luego se preparó para salir hacia su tienda de ropa, pero antes desayunó.

Dejó limpio y salió.

Una vez que llegó a la tienda, de inmediato se puso a trabajar. Su tienda llevaba en ese lugar cerca de seis años, y se especializaba en ropa vintage y de segunda mano. Le iba muy bien, tenía mucha clientela.

Primero sacudió, después limpió los vidrios. Luego revisó la caja y las bolsas.

Una vez que terminó, salió a mirar la vitrina por fuera. Entró a buscar ropa para cambiar la de los maniquíes. Cuando quedó satisfecho, ordenó más ropa. Estaba en eso cuando llegaron los primeros clientes. Apenas quedó solo, llevó unos de los fardos hacia adelante y comenzó a revisar las prendas. Se fijaba si venía alguna rota, manchada o con falta de botones o cierres. Luego las mandaba a lavar y a planchar.

Se demoró casi cuatro horas en hacerlo. Cuando se dio cuenta, ya eran más de las tres de la tarde.

Iba a empezar a revisar el segundo fardo, cuando apareció un chico en la puerta.

—Hola, ¿eres Harry? —Preguntó.

—Sí...

—Te enviaron esto, —dijo el joven de no más de veinte años, entregando una hermosa rosa roja.

—Gracias...

—Permiso.

El chico se fue.

Harry miró la rosa con detenimiento, y estaba a punto de tirarla a la basura, porque pensaba que era un regalo de Colin, cuando se dio cuenta de que en el tallo de la flor, había una nota.

“Espero con todo mi corazón que hayas amanecido mejor...”

Y Harry sonrió grande. Louis no dejaba de sorprenderlo y acariciaba su corazón con sus mimos.

Decidió hacer una pausa para comer algo, por lo que cerró mientras iba a comprar algo rápido en el local de al frente, donde vendían colaciones.

Volvió a la tienda a comer, se sentía tranquilo. Hasta que la imagen de Louis desnudo volvió a su mente y un ligero calor abrazó sus mejillas. Se atrevió a preguntarse eso que rondaba en su cabeza, ¿le gustaba Louis?

Y su respuesta era no.

Lo de Colin estaba demasiado reciente, aunque sentía que su amor se había estado diluyendo con cada una de sus lágrimas y es que la decepción había sido mayúscula. Simplemente ya ni siquiera podía pensar en decirse enamorado de su ex. Sentía que ya no lo amaba a pesar de ser rápido, pero eso no significaba que pudiera darle paso en su corazón a su mejor amigo.

Estuvo trabajando hasta las siete, había sido un buen día, tuvo buenas ventas.

Cuando llegó al departamento, encontró a Louis leyendo encima de la cama.

—Hola, —saludó Harry de pie, junto a la puerta. —¿Cómo estuvo tu día?

—Hola, bonito. Estuvo bien, tranquilo... ¿Y el tuyo?

—Estaba siendo un buen día, hasta que me llegó tu rosa... Y eso lo hizo increíble.

—¿Te gustó?

—Me encantó, gracias... No dejas de mimarme ni de sorprenderme, no sé cómo lo haces.

—Solo quiero verte bien, hacerte feliz dentro de lo que puedo como tu mejor amigo.

—Lo haces, —aseguró Harry, sonriendo. —¿Ya cenaste?

—Sí. Tu plato está en el horno, hice pasta con pesto de nueces.

—¡Qué rico! Voy a comer.

—¿Quieres que te acompañe?

—No, no te preocupes. Te ves muy cómodo en la cama... Ya vengo, hoy voy a dormir temprano.

—Bueno, espero que te guste la comida.

Harry se fue a la cocina y calentó su cena. Se sentó a comer mientras revisaba su celular y contestaba algunos mensajes de su mamá y sus amigos.

Después de terminar, lavó lo sucio, dejó limpio y ordenado. Revisó que la puerta estuviera bien cerrada, y apagó las luces.

—Estaba deliciosa la pasta, te quedó muy rica.

—Qué bueno que te gustó, lo hice con mucho cariño.

—Lo sé, se notó.

—¿Pasa algo? —Preguntó Louis al notar extraño a Harry.

—No, es decir... ¿Crees que sea normal que me sienta tan bien, después de lo de ayer?

—Creo que es normal tener buenos días y malos días. Estás en un proceso y de eso se trata, de que cada vez el tiempo que te sientas mejor supere a los de tristeza... Y recuerda, lo de Colin apenas pasó hace unos días y estás muy inestable... Pero es normal, estás herido...

—Siempre logras darme calma...

—Para estamos los mejores amigos, —respondió sonriendo.

Y aunque Harry le devolvió la sonrisa genuinamente, no le gustó cómo sonó eso de mejor amigo. Tenía miedo que de verdad algo estuviera enturbiando su relación tan perfecta y hermosa de amistad, pero sus pensamientos no ayudaban. Iba a tener que controlarse y no era algo que le gustara hacer, no con Louis por lo menos.

Esa noche durmieron temprano, hacía mucho frío y se dedicaron a seguir un programa de concursos sobre decoración de casas.

El resto de la semana siguió igual. Harry cada vez más estable y resignado, Y Louis enviándole una flor cada día.

“Lo estás haciendo muy bien”.

“Te mereces solo cosas lindas”.

“Me encanta verte sonreír”.

“Estoy muy orgulloso de ti, bonito”.

Y cada día se volvía más difícil para Harry mantener la cordura.

El día sábado llegó con rapidez.

Louis fue el primero en levantarse. Se metió a la ducha y salió como siempre, solo con una toalla en su cintura, que se quitó para vestirse. No tenía cómo saber que Harry lo miraba con un solo ojo, intentando que su amigo no se diera cuenta.

Una vez que Louis se vistió, fue a preparar el desayuno. Cuando volvió a la habitación para despertar a Harry, se dio cuenta de que estaba en la ducha. Lo esperó mientras ordenaba un poco el lugar. Pronto vio salir a Harry envuelto en su bata.

—El desayuno está listo, te espero en la cocina.

—Gracias...

—¿Estás bien? Pareces nervioso.

—¿En serio? Debe ser que tengo sueño.

La verdad es que sí estaba nervioso, porque estaba prácticamente desnudo frente a su amigo y empezaba a sentir pudor.

—Bueno, te espero...

Louis salió muy tranquilo de la habitación. Entendía que Harry de pronto tuviera momentos más difíciles, donde quizás se comportara un poco extraño. Había que tener paciencia y Louis la tenía.

—Entonces, —dijo Harry, una vez en la cocina, —nuestro itinerario sería...

—A las diez tenemos que estar en el departamento nuevo para la visita. Desde ahí, tenemos que pasar por el laboratorio a buscar mis resultados porque olvidé retirarlos. A las once y media tengo la hora con el médico y después vamos a comprar los regalos para el cumpleaños de tu mamá que es mañana.

—Me gusta que va a ser un almuerzo para la familia y algo sencillo para los amigos después.

—Sí, creo que fue una buena idea, así todos nos desocupamos temprano, —opinó Louis.

—Siempre le dije que no era la idea que ella terminara agotada después de atender a todos, y creo que por fin se da cuenta de que mientras más sencillo, mejor.

—Me va a gustar ver a los chicos, los he extrañado mucho.

—También yo. Creo que yo tuve mucho que ver. A Colin no le caían bien los chicos y como le gustaba viajar tanto, nos veíamos menos aún, —se lamentó Harry.

—Pero esa etapa ya pasó, ahora solo tienes que cargar conmigo, —sonrió Louis, jugando.

—¡Hey! ¿Cómo dices eso? —Respondió Harry, riendo. —Si así fuera, sería un placer cargar contigo, —susurró sin querer. —Espero que desde ahora todo sea diferente, —dijo aclarándose la garganta.

—Verás que sí. Ahora terminemos acá, para que podamos empezar el día.

Limpiaron y lavaron, y cada uno preparó su mochila para salir.

Un cuarto para las diez, estaban esperando al dueño de departamento, quien llegó puntualmente a la hora. Pudieron recorrer el departamento y les gustó mucho porque entraba mucha luz natural y las habitaciones tenían buen tamaño. Los baños eran espaciosos y se notaba que era un lugar tranquilo. Quedaron de firmar en una semana y en dos podrían mudarse.

Salieron muy contentos, les hacía mucha ilusión el vivir juntos.

Desde ahí caminaron hacia el laboratorio, donde tuvieron que esperar por lo menos veinte minutos, ya que había un problema con el sistema. Una vez que Louis tuvo sus resultados, se dirigieron hacia el centro médico.

Por suerte, ahí lo atendieron rápido, incluso aunque llegaron antes de cita. Louis se demoró cerca de quince minutos en salir, tiempo en que Harry se dedicó a pensar en qué haría si resultaba que le gustaba su gran amigo. Claramente no llegó a ninguna conclusión, solo pudo sentirse más confundido.

—¿Cómo te fue? —Preguntó Harry, una vez que Louis se sentó a su lado.

—Bien. Era como pensábamos, tengo unas cuantas vitaminas por el suelo, así es que debo suplementarme.

—¿Pasamos a la farmacia?

—Sí, por favor. Necesito empezar lo antes posible.

—Tenemos que caminar hacia la chocolatería, debe haber más de alguna por ahí.

—Sí, vamos, —dijo Louis, guardando la receta en su mochila.

Salieron del centro médico y tomaron camino hacia el sur. Tres cuadras más allá encontraron una farmacia, donde Louis se pudo comprar sus suplementos. Desde ahí siguieron hasta el famoso “Charbonnel et Walker”.

Era un lugar precioso y la cantidad y variedad de productos era impactante.

—¿Cómo vamos a elegir entre tantos chocolates? —Preguntó Harry, un poco abrumado.

—Mira... están estas canastas que incluyen muchos bombones diferentes, algunas vienen incluso con botella de champaña incluida.

—Tienes razón, son muy bonitas. Creo que a mi mamá le va a encantar.

—¿Quieres regalársela tú y yo le compro otros bombones?

—¿Y si se la regalamos entre los dos?

—¿Seguro?

—Sí...

—Creo que es una gran idea, voy a pedirla.

Harry se quedó caminando por el lugar, leyendo ingredientes, mirando vitrinas, sintiendo aromas. Pronto se le unió Louis con la canasta hermosamente envuelta en un papel transparente.

—Listo, podemos irnos.

—Después me dices cuánto tengo que transferirte.

—Claro que no.

—Louis... No vamos a pelear por algo así.

—Nadie va a pelear, bonito. Pero déjame pagar a mí, por esta vez, ¿sí?

Harry se derritió ante la mirada tan tierna de Louis y no pudo negarse.

—¿Pasamos a almorzar pizza por ahí? —Sugirió Harry. —Yo invito.

—Estoy muriendo de hambre, voy feliz a cualquier lugar que tenga comida.

—Entonces, vamos a ver qué encontramos.

Se dieron una vuelta larga, caminando despacio. A pesar de estar cansados y con hambre, disfrutaban mucho de un paseo en cualquier momento y lugar. Llegaron a una pizzería pequeña, pero que ofrecía una gran variedad de masas preparadas en el momento. El aroma era delicioso.

—Creo que por hoy me voy a quedar en lo clásico, quiero una napolitana, —dijo Louis, ya saboreando su pizza en su mente.

—¡Iba a decir lo mismo! Una napolitana entonces. ¿Pedimos una familiar y llevamos lo que quede o solo compramos dos porciones para cada uno?

—Pidamos la familiar y así cenamos pizza y nos olvidamos de cocinar por hoy.

—Buena idea, siéntate y yo la llevo.

—Pero... Está bien...

Harry se demoró cerca de diez minutos en pedir, pagar y llegar a la mesa. —¿Qué pasó? ¿Qué me ibas a decir?

—Te iba a decir que yo pagaba y que te sentaras porque yo iba a traer la pizza, hasta que me acordé de que tú estabas invitando... No me gusta que lo hagas...

—¿Y eso por qué? —Preguntó Harry asombrado.

—Porque... Simplemente te estoy cuidando y mimando y así no puedo hacerlo.

Harry sonrió, completamente emocionado.

—Me cuidas mucho, yo también quiero mimarte.

Y Louis no pudo contestar. Solo le dio un gran mordisco a su trozo de pizza.

Estaban terminando de comer, cuando apareció un chico al lado de su mesa.

—Hola, Louis, tanto tiempo sin verte.

—¿Michael? ¡Hola! ¿Qué haces por aquí?

—Te vi desde afuera y quise venir a saludarte, pero veo que estás ocupado. ¿Te parece si nos juntamos a tomar un café uno de estos días? ¿Te puedo llamar más tarde para ponernos de acuerdo?

—Claro, no hay problema.

—Entonces, hablamos después, adiós.

Así como llegó, Michael se fue.

—Está cambiado Michael... —Opinó Harry.

—Sí, se ve muy bien.

—¿Cuánto tiempo estuvieron juntos?

—Cerca de un año.

—¿Y terminaron por...?

—Porque no estábamos en el mismo lugar. Él quería que viviéramos juntos y yo no me sentía preparado para hacerlo, —explicó Louis.

—Y terminaron en buenos términos...

—Con todos mis ex he terminado bien.

—No entiendo cómo lo haces, —dijo Harry, sintiéndose tonto.

—No hay un secreto, es solo que nunca he tenido un real problema con alguno de ellos. Siento que nunca coincidimos en lo que queríamos y esperábamos de un futuro juntos.

—Pero siempre has sido de relaciones estables...

—Claro que sí. Había interés en querer intentarlo, en trabajar en la relación. Que no terminaran en un feliz para siempre no significaba olvidar los buenos momentos.

Harry se quedó en silencio unos momentos. —¿Hubieras reaccionado igual si te hubiesen engañado?

—Claro que no... Eso es otra cosa, es faltarte el respeto, es comportarse como el más estúpido de las personas. Nunca he entendido la infidelidad, y nunca lo haré, —contestó Louis, muy molesto.

—¿Te molestó la pregunta?

—No... Me molesta pensar en que hay personas que engañan y luego son tan cínicos de negarlo o de buscar excusas...

—No me gusta verte así, no me gusta...

—Lo siento, no era mi intención... No quise arruinar nuestro día...

—¡No lo hiciste! —dijo Harry, relajando el ambiente. —No has arruinado nada, en serio. Pero dime, ¿de verdad vas a ir por un café con tu ex?

—Sí, me va a gustar saber cómo ha ido su vida.

—¿Y volver es una opción?

—No, de eso estoy seguro. No creo en las segundas oportunidades, aunque hayamos terminado en buenos términos.

—Siempre he admirado tu claridad frente a todo, eres tan maduro, tan, no lo sé...

Louis se sonrojó. —¿Vamos? Quiero llegar a derretirme en la cama, —susurró Louis.

—No sé qué tanto podremos descansar, hay que empezar a ver todo lo de la mudanza. Contratar un camión, empezar a guardar, ver qué falta para comprar... Yo no tengo nada, apenas mi ropa.

—Podemos seguir durmiendo juntos por mientras.

—¿De verdad no te molesta?

—¿En serio me lo estás preguntando? Harry, te hubieras dado cuenta hace mucho si eso fuera así. Pero al contrario, siento que nuestra confianza es tan, tan profunda que sería imposible sentirnos incómodos. Te he visto desnudo mil veces, y sé que el pudor no existe entre nosotros... Me encanta tenerte y sentirte cerca.

—Es lo mismo que siento yo, —aseguró Harry, sonriendo misteriosamente.

Salieron del local, y casi media hora después entraban al departamento.

—Quisiera no salir de la cama en un mes... —Se quejó Louis.

—Lo sé, y aún nos queda el cumpleaños.

—Eso va a estar agotador, aunque divertido.

—Sí... ¿Quieres que empecemos a ver lo de la mudanza? —Preguntó Harry.

—No... Quiero que nos acostemos un rato y descansemos un par de horas. Más tarde podemos revisar lo que nos queda por hacer. Ah, y no te avisé. Cancelaron el ciclo de cine hasta nuevo aviso.

—¿Y eso por qué?

—Al parecer hubo un problema muy serio en la sala de reproducción y no se sabe cuanto podrá demorarse el arreglo.

—Oh, entiendo. Bueno, esperemos que pronto podamos retomar.

Fueron a la habitación, y se desnudaron de una vez. Se cambiaron a una ropa más cómoda y se tiraron a la cama.

—Este momento es de los mejores de la vida, —dijo Louis, bostezando.

—No bosteces, mira que me pegas el sueño...

—No puedo evitarlo... Se me cierran los ojos... Creo que voy a dormir un par de horas.

—Hagámoslo, —pidió Harry acomodándose mejor.

Se durmieron a los minutos, profundamente, olvidándose de todo y todos.

Cuando despertaron, sentían el cuerpo pesado.

—Ahora pienso que fue una idea horrible, me siento más cansado, —rio Louis, estirándose.

—Se me hizo muy corta la siesta.

—Me voy a levantar, para empezar a revisar lo de la mudanza.

—Te ayudo. ¿Conoces a alguien o tenemos que contratar el servicio?

—Tenemos que contratar, hay que cotizar.

—Yo lo hago.

—Bien, yo voy a revisar si tengo cajas o algo donde guardar las cosas.

Durante quince minutos cada uno se dedicó a sus tareas.

—Encontré una empresa con buenas referencias, y la contraté de una vez, para el sábado a mediodía, ¿te parece bien?

—Perfecto, bonito. Me gusta que no lo pediste muy temprano.

—¿Cómo te fue a ti?

—Tengo solo dos maletas y ninguna caja.

—Eso es malo, ¿qué vamos a hacer? —Preguntó Harry.

—Voy a preguntarle al vecino que tiene la verdulería. Quizás él nos puede ayudar.

—Bien pensado. Estoy ansioso por la mudanza.

—Va a ser increíble vivir juntos... —Aseguró Louis.

Harry sonrió. —Me voy a preparar un té y después me voy a acostar, quizás leer un poco y dormir muy temprano.

—Voy a poner el agua a calentar, yo quiero un té de menta para relajarme.

—Te sigo.

En la cocina prepararon las tazas y bebieron hasta la última gota de sus bebidas.

Luego, y como ya era su costumbre, se pelearon para ver quién ocupaba primero el lavamanos para lavarse los dientes. Les encantaban esos juegos tontos y ridículos.

Veinte minutos después, Harry estaba leyendo, y Louis revisando algunas cosas en su portátil.

Cerca de las diez de la noche, estaban durmiendo profundamente.

Harry despertó primero, a eso de las nueve de la mañana, y al darse vuelta en la cama, quedó de frente a Louis. Pudo mirarlo sin reservas, durante muchos minutos. Con su mente acarició sus labios, besó su nariz, tocó sus mejillas y se perdió en sus ojos. Y sentir eso le dio mucha pena, porque entendió que se estaba enamorando a pesar de todas sus murallas y de todos sus miedos.

Entendió que ya no había retorno.

Entendió que su amistad ya nunca sería lo mismo.

Entendió que había fallado.

Porque había pasado el límite, y simplemente no podía volver atrás. Había tirado por la borda años hermosos de amistad con Louis, con su mejor amigo, con quien lo había salvado de sus monstruos muchas veces, quien lo había cobijado entre sus brazos, quien lo escuchó horas y horas cuando necesitaba desahogarse, quien le demostró que era valioso, quien lo ha acompañado desde las sombras... Quien lo ha llevado por años de genuino afecto y compañerismo.

Louis, que muchas veces fue el único en quien pudo confiar.

Louis. Le falló a Louis.

Lágrimas corrían por sus mejillas, mientras no dejaba de observar el rostro tan apacible y hermosamente dulce de su mejor amigo.

Y como si lo hubiera presentido, Louis había abierto los ojos.

—¿Estás llorando? ¿Por qué, bonito? ¿Por Colin?

—Buenos días... No, no es eso... No me hagas caso...

—¿Cómo podría no hacerlo? Harry, puedes confiar en mí, lo sabes.

—No es por Colin, es por todo lo que ha pasado... Creo que de alguna manera me siento cansado de muchas cosas... Me cansa llorar, seguir pensando en lo que pasó, sentir que el amor que tenía por Colin se transformó en apatía y no puedo explicármelo... Me cansa que tengas que seguir escuchándome hablar de lo mismo... Es eso, nada terrible...

Louis lo miraba con tanta dulzura, que Harry se sonrojó. —No es que sea terrible, pero no entiendo por qué insistes en tratarte mal. No te lo mereces, deberías tenerte más paciencia, quererte, mimarte... Llorar no es malo, solo nos hace más humanos, y si es lo que sientes está bien que lo hagas... Lo del amor transformado en apatía, no sé qué decirte, eres el único que sabe bien lo que siente, y si es como dices, por algo debe ser. A veces nos desilusionamos tan profundamente de algo, que nuestros sentimientos cambian por completo... Y voy a seguir escuchándote hasta que ya no tenga dientes ni pelo... Siempre estaré para ti mientras tú me lo permitas...

—Lo sé, —dijo Harry en un hilo de voz, mientras evitaba seguir llorando, pero es que Louis no se lo ponía fácil. Era excesivamente tierno y preocupado, ¿cómo no amarlo? ¿Cómo no lo vio antes?

—¿Quieres que desayunemos en la cama?

—Me encantaría, pero va a quedar la cama llena de miguitas.

—No importa, —aseguró Louis. —Hoy nos toca cambiar sábanas y hacer aseo profundo antes de salir. Podemos hacer un pequeño desastre. Ya vengo.

Harry se quedó acostado, suspirando, mientras miraba al techo e imaginaba cómo sería despertar con Louis siendo su novio, su esposo, su compañero. Su para siempre. No se dio cuenta de cuando llegó la voz de su mejor amigo a sus oídos.

—Siéntate, —pidió amorosamente.

Una vez que Harry se acomodó, Louis puso una bandeja en medio de la cama.

—Se ve delicioso...

—Ojalá te guste. Le puse plátano a los panqueques.

—Están muy ricos, —dijo Harry, después de comerse dos al mismo tiempo. —Los huevos están muy suaves y el tocino crocante... Te pasaste, demasiado sabroso...

Louis solo sonreía, mientras tomaba su café muy caliente. —Me alegro... Tenías mucha hambre, —rio, alegrando el corazón de Harry.

—Sí, ¿tú no?

—No, debe ser que aún tengo sueño.

—Pero puedes dormir un poco más, es temprano.

—Lo voy a intentar, aunque dudo que pueda. Siento que tenemos mucho que hacer, y eso no me va a dejar tranquilo.

—¿Y que tenemos qué hacer? El cumpleaños no es hasta la una...

—Sí, pero como te dije, hay que hacer aseo profundo. Mañana, como es feriado, quiero que nos dediquemos a hacer algo más tranquilo, como ir a caminar, ir por un helado o a un museo.

—Entonces, terminemos de desayunar y nos ponemos manos a la obra, pero come algo, ¿sí? ¿O necesitas que te dé de comer?

Louis se puso a reír. —No es necesario, pero agradezco el ofrecimiento.

Terminaron de comer y se levantaron, cada uno en pijama. Ventilaron todo el departamento. Quitaron las sábanas y pusieron limpias, lavaron la ropa sucia que se había juntado. Corrieron los muebles, y barrieron todo el departamento, aspirando las esquinas. Limpiaron vidrios y la cocina en profundidad. Por último, hicieron una lista con lo que faltaba comprar.

—Me agoté, —dijo Harry, sentándose en el sofá.

—También yo, y ahora sí me dio hambre.

—¿Quieres que te prepare algo? —Preguntó Harry. —Puedo hacerte un sándwich.

—Gracias bonito, pero mira la hora. Prefiero aguantar hasta el almuerzo.

—¿Las doce ya?

—Sí. Más te vale ir a bañarte, antes de que se nos haga tarde. Sabes que a tu mamá no le gustan los atrasos.

—Sí... No quiero que nos dé un sermón... —Harry de pronto se sintió extraño. Su energía cambió y Louis se dio cuenta.

—¿Te acordaste de algo?

—No... Pero es primera vez en mucho tiempo que iré a un compromiso familiar sin Colin. De hecho el único que sabe que ya no estamos juntos eres tú.

—¿Va a ser incómodo?

—No, pero si va a ser extraño... Pero me gusta que vayamos juntos, me das calma...

Louis sonrió. —Corre o te gano el baño.

Los dos salieron corriendo, chocando en el pasillo. Harry resultó vencedor, aunque Louis se dejó ganar, pero nadie debía saberlo.

Apenas Harry salió de la ducha, entró Louis.

Casi media hora se demoraron en estar listos.

—¿Tu auto o el mío? —Preguntó Harry.

—Me da igual, ¿tienes ganas de manejar?

—Prefiero que manejes tú, así puedo ir cantando, —respondió Harry.

—Vamos, entonces.

Subieron al auto y Louis manejó por cerca de media hora. Llegaron justos a la hora de la invitación, y ya estaban todos reunidos.

—¡Feliz cumpleaños, mamá! —Saludó Harry, abrazándola.

—¿Qué horas de llegar son estas?

—Mi culpa, mi querida Dayanne, —aseguró Louis, besándola en la mejilla. —¡Feliz cumpleaños!

—Gracias mi niño. ¿Y Colin? No es que esté muerta de ganas de verlo, pero...

—Terminamos, —interrumpió Harry, con un poco de esfuerzo. —Estoy viviendo con Louis.

—¿Es en serio? ¿Puedo saber qué pasó? —Preguntó con la voz más baja, preocupada.

—Tenía una relación paralela, lo encontré con Scott en la cama.

—¡Maldito infeliz! ¿Quién se cree que es? Con razón nunca me cayó bien, desgraciado, ojalá y se le caigan los dientes por infiel, y que...

—Mamá, basta. No vale la pena, las cosas pasan por algo y de verdad, ya es algo que quedó atrás. Ha sido difícil, pero Louis me ha ayudado y acompañado... Puedo decir que estoy mucho mejor...

Dayanne miró con dulzura a Louis, quien se sonrojó y bajó la cabeza.

—No sé porqué no me extraña... Pero pasen, después hablamos más, mira que tu papá y tus tías están esperando para comer.

Louis y Harry pasaron al comedor, donde ya estaban todos listos para almorzar. Saludaron rápidamente y se sentaron.

Fue un almuerzo muy conversado, con muchas risas., algo muy bonito, donde todos lo pasaron muy bien. Después del postre, Harry y Louis ayudaron a Dayanne a ordenar y organizar todo para la segunda parte de la celebración, y que tenía que ver con la llegada de los amigos de la familia.

Pronto, Harry estaba en los brazos de Zayn, Liam y Niall, quienes eran sus amigos hace un par de años, aunque nunca tan especiales como Louis.

—¡Por fin te vemos! —Saludó Zayn.

—Te extrañábamos mucho, —dijo Liam.

—Pero nos da gusto que estés aquí, —aseguró Niall. —¿Y Colin?

Harry miró a Louis, pidiendo ayuda.

—Terminaron. Colin engañaba a Harry con Scott.

—¿Qué? —Preguntaron los tres al mismo tiempo.

—Eso... Aún está muy reciente, y quizás no es bueno agobiar a Harry con preguntas...

—Sí, es que simplemente nos sorprendió. Pero está bien, sabes que cuando quieras hablar, estamos aquí para apoyarte y escucharte, —aseguró Liam.

—Lo sé, gracias por eso... Gracias por seguir aquí a pesar de que los dejé de lado muchas veces...

Harry, aunque no quería, se puso a llorar y de inmediato se abrazó a Louis.

Liam, Zayn y Niall miraron a Louis con algo parecido a la tristeza, y Louis solo pudo devolver esa mirada con más pena aún.

—Sabemos que debe ser brutalmente difícil, pero de a poco vas a ir dejando atrás lo que pasó. Necesitas tiempo, pero por mientras, disfrútanos, —habló Niall, intentando sonar alegre.

—Tienes razón... Hace mucho no nos veíamos, vamos a pasar un buen rato...

Se dedicaron a ponerse al día, a recordar anécdotas, a reír, a planear panoramas. Harry se sintió mucho mejor, mucho más feliz. Tenía mucho porqué agradecer, tenía el apoyo de su familia y amigos. Sobre todo de Louis.

Hasta las ocho duró la celebración, hora en que casi todos se retiraron. Excepto los cinco amigos, que se quedaron a ayudar a limpiar y ordenar.

—¿Los llevo? —Ofreció Louis una vez que terminaron, y se habían despedido de los padres de Harry.

—Por favor, —agradeció Zayn. —Tanto hablar me agotó.

—Vamos entonces.

Se subieron los cinco al auto, y Louis comenzó su larga travesía.

—Tienen que avisarnos cuando estén instalados en el nuevo departamento, para hacer una celebración, —dijo Niall.

—¿Necesitan ayuda con la mudanza? —Preguntó Liam.

—La verdad es que sí, siempre se necesitan manos, —comentó Harry, muy cómodo de copiloto.

—Entonces nos llaman y vamos, pero háganlo, ¿sí?

—Lo haremos, no lo duden. De verdad necesitamos más manos, porque la idea es terminar lo antes posible.

Casi cuarenta minutos se demoró Louis en llegar al departamento de Niall, y luego media hora más hasta el departamento de Zayn y Liam. Desde ahí, fue casi una hora hasta su propio departamento.

—Debes estar cansado de manejar... —¿Quieres cambiar? —Ofreció Harry.

—Sabes que me encanta hacerlo, me relaja mucho manejar... Y lo hago mejor que tú, —rio Louis, haciendo que Harry abriera la boca y no fuera capaz de hablar de la indignación que sintió. —Es broma, ¿lo sabes, verdad?

—Lo sé, gracias por hacerme reír siempre... Nunca podría pagarte todo lo que haces por mí...

—No necesitas hacerlo, lo hago con todo mi corazón... Y yo lo siento por hacer tan poco... Me gustaría hacer mucho más, consentirte más, mimarte más, apoyarte más...

—¿Es una broma? Louis, te falta poco para respirar por mí, —aseguró Harry con una gran sonrisa. —Me das mucho más de lo que yo te doy, y eso siempre ha sido así, pero creo que no lo noté hasta ahora.

—No digas eso, siempre has estado para mí, incluso aunque eso te trajera problemas con Colin.

—Lo dices por esa vez que tuviste tantos problemas en el trabajo, y te sentías realmente mal... Apenas te acompañé a la urgencia del hospital... No fue absolutamente nada...

—No hubiera podido hacerlo solo, eso fue mucha ayuda, sobre todo porque estaban de aniversario y pese a todo quisiste acompañarme... Nunca lo olvidaré...

—Creo que fue un mal aniversario... Estábamos en una relación llena de intermitencias... En ese momento ni siquiera teníamos sexo...

—¿Y eso por qué? —Preguntó Louis, asombrado.

—Me decía que estaba muy cansado, que sencillamente no tenía ganas... Ahora no puedo creer que seguramente se estaba acostando conmigo y con Scott... Y que algo de cordura le quedó... Debería hacerme exámenes...

Louis se quedó en silencio por varios minutos.

—¿Solo la falta de sexo era el problema?

—El sexo era lo de menos, por lo menos para mí. Lo realmente importante era sentir que él ya no me amaba como antes, había dejado de ser cariñoso, preocupado... Lo peor de todo, es que hablé con él y las cosas mejoraron. Había empezado a acercarse de nuevo, cuando lo encontré en la cama con Scott...

La cara de Louis no admitía dudas. Estaba muy molesto.

—Nunca he entendido la infidelidad, te juro que no... Pienso que quien es infiel, es horriblemente egoísta. No quiere perder ninguna oportunidad, aunque eso signifique una crisis en su relación oficial. Si Colin tenía algún tipo de sentimiento por Scott o por alguien más, ¿por qué simplemente no te dejó? Por infeliz. Fue más fácil dañarte de esa manera cruel y luego buscar justificarse...

—Otra vez te enojaste...

—Lo siento, es superior a mí.

Se quedaron en silencio hasta que llegaron al departamento.

Una vez que entraron, Louis de inmediato se fue a la habitación. Harry lo siguió.

—Louis... ¿Qué pasa?

—Nada, es decir... De verdad lo siento, pero recordar lo que te hizo Colin me enoja tanto... Que te juro que si pudiera lo mataría a golpes.

—Ven... —Fue el turno de Harry de calmar a Louis entre sus brazos. —Tranquilo...

Y lo meció despacio, como si no existiera nada más en el mundo, como si nada más importara.

Unos minutos más tarde, Louis se pudo separar del cuerpo de Harry.

—Perdón... No va a volver a pasar, te lo juro.

—Hey, no digas eso...

—Por más rabia que me dé, no puedo reaccionar así. ¿Quieres comer algo? —Preguntó Louis.

—Nos queda un poco del almuerzo de ayer, podemos terminar con eso, y mañana cocinamos para la semana.

—Vamos a la cocina entonces.

Calentaron los platos y se sentaron a comer.

—¿Qué vamos a hacer mañana?

—Mmm, no lo sé. ¿Hay algo en especial que te gustaría hacer?

—Están inaugurando una exposición sobre Monet... Y me encantaría ir, pero no sé si te gustaría acompañarme.

—¿Monet? Sé quién es, y me va a encantar que vayamos. ¿A qué hora?

—El museo abre a las diez. Pensaba ir tipo doce y luego almorzar por ahí.

—El mejor panorama del mundo, —dijo Louis con una gran sonrisa.

—¿Dejemos los platos sucios y mañana lavamos? —Pidió Harry. —Quiero acostarme y dormir mil horas.

—También yo. Vamos a la cama.

Y eso para Harry sonó a intimidad, a rutina, a fe.

Se acostaron, apagaron las luces y se durmieron.

Despertaron al mismo tiempo.

—Buenos días, —saludó Louis. —¿Cómo dormiste?

—Muy bien... ¿y tú?

—Bien, aunque siento que no descansé como debía.

—¿Has seguido tu tratamiento con las vitaminas?

—No... Es que se me olvida...

—Pero Louis, eso está muy mal, —dijo Harry, tirándole la almohada por la cabeza.

—¡No lo puedo evitar!

—¿Tienen algún horario?

—No... Solo debo tomarlas con comida.

—Entonces, todas las mañanas me voy a levantar a asegurarme que te las tomes.

—En la semana no puedes hacerlo, y además sería injusto que te levantes tan temprano solo por ayudarme...

—¿Quieres ponerme a prueba? Me levanto contigo y después sigo durmiendo, no pasa nada.

—Bonito, en serio... Prometo tomarlas y...

—Nada, —interrumpió Harry. —Tengo que cuidarte mucho, ¿quién me va a abrazar si no eres tú? —murmuró demasiado bajo.

—¿Solo por eso no quieres que me enferme? ¿Solo por mis abrazos? —Rio, tirando la almohada de vuelta.

—Mejor levantémonos, ya son las diez y media.

—No quiero... —Se quejó Louis, estirándose. —Pero bueno, hoy me voy a acostar super temprano.

—También yo. Tengo que ponerme las pilas con el local, lo tengo muy descuidado y no quiero perder a mi clientela.

—Tuvimos suerte que el nuevo departamento tiene una bodega, así puedes ir rotando la ropa y tener el espacio para guardar las prendas.

—Sí, es fantástico, —dijo Harry levantándose y buscando su ropa. —Me voy a bañar.

—Voy a adelantar el desayuno, ¿quieres algo en especial?

—Lo que hagas está bien, gracias.

Harry se metió al baño, y Louis se fue a la cocina. Puso el agua a calentar, preparó las tazas, mientras freía huevos, tocino, tomate y champiñones. Hizo unas tostadas para acompañar, y como estaba antojado, preparó jugo de naranjas naturales.

—Menos mal saliste de la ducha, —reclamó, jugando, Louis.

—Estaba muy rica el agua, no quería salir...

—Si quieres empieza ya, así no se te enfría.

—¿Y si te bañas después del desayuno y comemos juntos?

—Bueno...

Veinticinco minutos después, Harry estaba levantando la mesa. Se habían quedado conversando y se les paso la hora. Louis se fue a bañar y Harry a limpiar lo que ensuciaron.

Casi a mediodía pudieron salir. Caminaron hasta el paradero de buses y se fueron hasta el museo.

Al llegar, pagaron sus entradas y entraron por un largo pasillo.

—Este lugar es hermoso.

—Sí, la Galería Nacional es preciosa.

Siguieron hasta el fondo, donde estaba el salón número 40.

El lugar era amplio, con una luminosidad justa, con asientos en medio, y sobre las paredes, las obras de Claude Monet.

Caminaron en silencio la gran parte del tiempo, solo admirando el arte. De vez en cuando comentaban algo; estuvieron solo empapándose de las pinturas.

Cuando terminaron el recorrido en ese salón, decidieron seguir mirando los demás salones que estaban abiertos al público.

Casi dos horas se demoraron en ver todo. Además de haber visto a Monet, el museo tenía colecciones de Botticelli, Da Vinci, Tiziano, Rembrandt, Velásquez y Van Gogh.

—¿Cuál fue tu obra favorita? —Preguntó Harry, una vez que salieron del museo.

—Qué difícil... Creo que de Monet, me quedo con lo más sencillo, “Ramo de Girasoles”, ¿y a ti?

—Me gusta mucho “La Urraca”.

—Es muy bonita, me gustaron mucho las sombras y la luz. Me encantó venir, lo pasé muy bien, y ahora, por tu culpa, soy un hombre mucho más culto y refinado.

—¡No seas tonto! —dijo riendo Harry. —¿De verdad te gustó? ¿No te aburriste?

—Te juro que me encanto venir, y a tu lado nunca me aburriría, deberías saberlo.

Y esos momentos eran muy difíciles para Harry, porque era cuando más le costaba mantener sus sentimientos escondidos. Si las cosas fueran diferentes, si él fuera de Louis, le devoraría la boca en besos eternos.

—¿Vamos a almorzar? Muero de hambre.

—¿Algo que quieras comer? —Preguntó Louis.

—Estoy antojado de comida china...

—Entonces vamos a “Sichuan House”.

—Me encanta ese lugar porque tienen una carta muy amplia... Aunque siempre pido lo mismo, — aseguró Harry.

—Quizás es tiempo de probar algo nuevo.

—Me asusta un poco, ¿y si no me gusta?

—¿Y si te encanta?

—Me voy a atrever, pero si no me gusta, pagas tú.

—Igual iba a pagar yo, ¡eso es trampa! —Dijo Louis, empujando a Harry con un poco más de fuerza de la que quería.

—¡Hey! —Rio Harry, tratando de mantener el equilibrio. —Era broma, no te enojes...

—No lo hago... Lo siento, te empujé muy fuerte, ¿estás bien? —Preguntó Louis, acercándose hasta abrazar a su mejor amigo.

—Sí, no te preocupes... —El aire desapareció de los pulmones de Harry, así como los latidos de su corazón se detuvieron por todos esos segundos que duró el abrazo. Se aferró a la espalda de Louis. —¿Vamos? Me dio mucha hambre...

Louis lo soltó, mirándolo aún con preocupación. —¿De verdad estás bien?

—En serio... ¿Pasa algo?

—Es que no quiero nunca hacerte daño...

—¿Es en serio? Louis, estábamos jugando.

—Pero fui muy brusco.

—Pero a mí me gustó, de verdad. Me reí con lo que hiciste... Y siempre voy a preferir tu lado más juguetón que este serio...

—Perdón, no me di cuenta de lo tonto que estaba siendo.

Harry lo quedó mirando por un minuto completo. —Parece que hubiera algo más detrás de esto, no eres así nunca. Olvidemos lo que pasó y vamos a almorzar que de verdad tengo mucha hambre.

Caminaron por veinte minutos, y cuando llegaron al restaurant, ya estaban relajados y riéndose de lo sucedido.

—Entonces, ¿qué vas a pedir?

—Voy a pedir fideos fritos y me voy a arriesgar a probar tofu, ¿y tú?

—Arroz frito y pollo agridulce... También quiero rollitos primavera.

—Tampoco he probado el pollo agridulce, ¿si me das?

—Lo que quieras, bonito.

Louis hizo el pedido, que llegó un poco demorado.

Apenas les llevaron sus platos, Harry probó un poco de cada cosa, y se llevó una muy grata impresión.

—Estos fideos son muy ricos, pero el arroz está delicioso.

—¿Y el tofu?

—Es un poco raro, pero rico también. Dame pollo.

Louis cortó un trozo, y lo llevó a la boca de Harry con ayuda de un tenedor.

—¿Y?

—No tengo palabras, ¿por qué no lo probé antes?

—¿Quieres cambiar de platos?

Harry lo miró con una cara tan tierna y culpable, que Louis se puso a reír. Hizo el cambio de los platos y vio sonreír a su mejor amigo.

—¿Ahora está mejor?

—Gracias... ¿Pero quedaste bien con el cambio?

—Claro que sí. El tofu de este lugar es maravilloso, me gusta mucho, y queda muy bien con los rollitos primavera.

—Amo que tengas gustos tan variados...

—¿Te acordaste de Colin? —Quiso saber, al notar cómo la mirada de Harry se había apagado un poco.

—Sí, a veces es inevitable comparar, aunque no tiene sentido.

—¿Por qué?

—Porque tú no eres mi novio, no puedo comparar... Pero volviendo a Colin, con él era todo muy rutinario, quizás. Siempre pedía lo mismo en los mismos lugares y creo que me acostumbré.

—No es por defenderlo, pero es muy fácil caer en eso. Debe haber alguna razón por la que siempre buscamos lo conocido y nos aferramos a ello. Nos quedamos en nuestra zona de confort...

—Supongo que es normal, no sabemos que hay afuera... ¿Y si es algo malo?

—Claro, y ese es el problema. El miedo nos paraliza a veces, y eso no nos hace ver la posibilidad de que las cosas puedan ser mucho mejores.

—Es más fácil decirlo que hacerlo...

—Parece que hablas de algo más allá que de la comida.

—No... No, para nada... Solo creo que nos fuimos en una conversación muy profunda. Tal vez pienso que debí separarme de Colin cuando las cosas se pusieron mal, pero tuve miedo de quedarme solo. Él era mi lugar seguro, y al final, terminé peor que si me hubiese ido en ese momento.

—Tienes razón, él era tu lugar seguro, por eso la decepción fue tan grande. Te quedaste pese a todo y él no lo vio ni lo valoró.

—Pero ahora pienso que por algo pasan las cosas, hace mucho no me sentía tan feliz. Ver a mis padres, a los chicos, vivir contigo y poder trabajar con tranquilidad son algo que no cambio por nada. En este caso, Colin me obligó a salir de esa zona de confort y estoy empezando a agradecérselo profundamente.

—Me encanta escucharte así, me encanta que ahora puedes nombrarlo sin que tus ojos se llenen de lágrimas, me encanta que tengamos esta conversación. Creo que estás sanando muy rápido.

—Pienso lo mismo, puedo decir que me siento bien.

A esa altura ya habían terminado de comer, por lo que Louis pagó y salieron rumbo al departamento.

El resto de la tarde, cocinaron para la semana, y luego cada uno se dedicó a sus propias actividades, como leer, o revisar sus teléfonos. También necesitaban un poco de tiempo a solas.

La semana estuvo tranquila, pasó muy rápido. Cada uno de esos días, Louis le siguió enviando rosas a Harry, siempre con una nota.

El día sábado apareció casi de sorpresa. Durante la semana habían estado organizando lo que más pudieron para su mudanza, aunque les faltaba una semana para cambiarse. Louis había estado tomando sus vitaminas puntualmente, gracias a que Harry se levantaba con él cada día, a prepararle el desayuno y luego volvía a dormir.

El día domingo en la noche, Harry volvía al departamento después de ir a comprar una pizza, cuando recibió una llamada.

Era Colin.

—¿Qué quieres?—Preguntó.

—Harry... Yo, terminé con Scott porque me di cuenta de que te amo a ti... ¿Podemos vernos?

—¿Es una broma, Colin? No puedo creer que me llamaras para esto, pareciera que te quieres burlar de mí.

—Al contrario, necesito hablar contigo en persona. Escúchame, ¿sí? Te prometo que serán solo unos minutos.

Harry suspiró cansado.—No quiero ser pesado, pero no tiene sentido hacerlo. Verte con Scott en la cama sepultó cualquier oportunidad de volver, y yo ya estoy en otra etapa, una que me gusta mucho. Es más, te agradezco lo que hiciste, creo que nunca he estado mejor.

—No puedes hablar en serio... Harry, se supone que me amabas, ¿ya no lo haces?

—No, no lo hago. Lo que hiciste fue demasiado fuerte para mí.

—Lo siento, por favor perdóname...

—No tengo nada que perdonar, solo no vuelvas a buscarme porque ya no te voy a contestar.

Harry colgó. Dejó la pizza en la mesa de la cocina, y fue a la habitación. Encontró a Louis ordenando una ropa limpia.

—¿Hablabas con alguien?

—Con Colin, me llamó.

—¿Y eso?

—Me dijo que había terminado con Scott porque me amaba a mí y que nos juntáramos a hablar.

—¿Lo vas a hacer?

—Claro que no... Se lo dejé muy en claro. ¿Pero sabes que fue bueno? Darme cuenta de que no me dolió hablar con él.

Louis sonrió. —Eso es increíble, estoy tan orgulloso... —Dijo, acercándose para abrazarlo.

Después de unos momentos, Harry se soltó solo un poco del abrazo de Louis. Sus mejillas estaban muy juntas, y Harry lo supo. Decidió en ese minuto, que era momento de terminar con todo. Morir, incluso, era mejor que seguir viviendo así.

No soportaba más mirar a su mejor amigo y no poder hablarle ni tocarlo como lo soñaba.

Corrió su cara un poco, mientras su corazón empezaba a latir con violencia. Estaban sus bocas tan cerca, que parecía que en cualquier momento se darían un beso.

Harry estaba decidido, hasta que escuchó la débil voz de Louis que había empezado a temblar.

—¿Qué... Qué estás haciendo...?

—Yo... Louis, yo... Lo siento... —Susurró, entendiendo que todo había acabado y comenzando a separarse lentamente. No quería dejar de sentir el calor del cuerpo de Louis.

Cuando estuvieron frente a frente, se miraron con temor.

Harry dejó sus lágrimas correr.

Y fue cuando sintió el brazo de Louis rodeando su cintura.

Y no lo soportó.

Se escondió en el cuello de su mejor amigo, dejando sus lágrimas caer sin detenerlas. No podía ni quería.

Louis lo abrazó con más ganas, más fuerte, conteniéndolo, sin entender muy bien qué había pasado.

—Bonito... ¿Qué es lo que sientes? ¿Puedes explicarme qué pasa? —habló con su voz muy baja, cerca del oído de Harry.

—Perdóname... Yo no quería... te juro que no quería, pero...

Su llanto no lo dejaba continuar.

—Explícame, sabes que puedes confiar en mí...

Y Harry decidió volver a intentarlo, quizás podría robarle un beso a Louis antes de perder su amistad.

Salió de su escondite, y frotó sus mejillas húmedas, con las arreboladas de Louis. Acercó su boca y sencillamente lo besó.

Louis abrió mucho los ojos sin poder creer lo que estaba pasando.

¿Por qué Harry, su mejor amigo, lo estaba besando?

¿Por qué no lo detenía y en vez de eso, cerró los ojos y apretó su cintura con algo parecido al deseo?

Porque estaba enamorado. Perdido en un mar de sentimientos por su hermoso amigo, por su perfecto amigo, por su inalcanzable amigo. Porque llevaba años besando los pasos de Harry, porque quizás era la única vez que podría probar sus labios, porque necesitaba hacerlo, porque ya no podía soportar más no poder tocarlo.

Porque desde que conoció a Harry cayó en un abismo. No pudo evitar sentir algo, pequeño en ese tiempo y que con el tiempo y la cercanía fue creciendo. Había tenido relaciones, que fracasaron porque sus ex parejas nunca serían Harry. Y tuvo que soportar estoicamente el ver a su mejor amigo con otros hombres, sobre todo con Colin, su relación más larga y estable. Cada vez hacía un esfuerzo horriblemente difícil para no delatarse, pero cada vez se volvía más cuesta arriba.

Nunca imaginó que las cosas se dieran como habían sucedido. Que Colin engañara a Harry le dolió más que si se lo hubieran hecho a él mismo, porque habían herido a su amor, a un hombre maravilloso y perfecto. Y sin embargo, ese mal momento le había entregado a Harry y le había dado la oportunidad de darle un poco de su calor, de darle momentos lindos, de darle gestos bonitos, de darle amor.

Habían sido semanas que para Louis tuvieron de dulce y agraz. Fue muy difícil ver a Harry llorar y sentirse mal por culpa de Colin, pero también se inflaba su pecho de orgullo al verlo volver a sonreír. Estaba tan feliz cuando escuchaba a Harry decir que ya no amaba a su ex novio, que una pequeña esperanza aparecía en su mente... Hasta que la realidad lo golpeaba junto a la culpa.

Porque sentía y sabía que le había fallado a su amistad tan bella, porque no debió cruzar el límite.

Y ahora, sentía los labios de Harry sobre los suyos, y no pudo soportar.

Lo besó, también lo besó. Le hizo el amor con su boca.

Y Harry lo sintió, cuando se estremeció entre los brazos de Louis.

Los dos temblaban, los dos intentaban hablarse con esa caricia en sus labios, los dos querían que fuera un momento eterno. Los dos necesitaban hablar, y al mismo tiempo tenían terror de hacerlo. Porque, ¿qué significaba ese beso?

Para Harry era el universo, y al mismo tiempo, un momento donde Louis le devolvía el beso solo por querer verlo bien, por consentirlo.

Para Louis, era un milagro, y también, una manera de Harry de escapar de los resabios de su relación con Colin.

Y estaban tan equivocados... Pero no tenían cómo saberlo en ese minuto.

Y la realidad los golpeó, cuando Harry se separó del abrazo de Louis.

—Lo siento... De verdad lo siento, —explicó, tapando su boca con sus manos. —Por favor, perdóname, yo... Yo te fallé...

—No entiendo, yo fui quien falló, yo no debí enamorarme de ti, yo...

—¿Tú qué? Louis, ¿que estás diciendo? ¿Enamorarte? ¿Desde cuándo?

—Desde que te conocí... Lo lamento mucho, no debí mentirte todo este tiempo, pero no lo pude evitar... Simplemente pasó, y te juro que nunca lo quise. Perdóname, y entiendo que las cosas ya no puedan seguir como siempre, que mandé nuestra amistad a la basura, y...

—Te amo...

—¿Qué?

—Te amo. Solo pasó, yo no sé cómo, es decir, sí lo sé, pero yo no quería, porque yo estaba enamorado de Colin, y de pronto ya no, y estabas tú siempre tan lindo y preocupado que yo me confundí y luego empecé a sentir esto tan bonito y tú no dejabas de mimarme, y ahora estoy perdidamente enamorado de ti, pero no sabía que tú sentías algo por mí, y entonces...

—Para, —interrumpió Louis. —Respira... No quiero sonar pesimista, pero me cuesta creer que sientas por mí algo más que amistad, porque lo de Colin está muy reciente... ¿Estás seguro de lo que dices?

—De lo que digo y de lo que siento... Te juro que a Colin ya lo dejé atrás, y quizás no debería haber pasado tan rápido y quizás tampoco debí besarte así sin hablar, sin dejar que las cosas se calmaran. Louis, no dudes de mí...

—No lo hago, es solo que esta conversación solo vivía en mi cabeza y ahora está siendo una realidad... No sé qué pensar, no sé qué decir...

—¿Podrías solo abrazarme?

Louis se acercó, abriendo sus brazos, y Harry se lanzó a ellos, y volvió a perderse en su cuello, aspirando el aroma de su piel que estaba conmovida al tenerlo tan cerca.

—Mírame, —pidió Louis, unos momentos después.

Buscó los ojos de Harry y se perdió una vez más en ellos.

Lo besó, y ahora lo besó con tranquilidad, porque lo sabía suyo, porque su sueño se estaba haciendo realidad, porque esta vez sí podía dejarse llevar.

Y sus manos viajaron desde la cintura de Harry hacia arriba, por dentro de su polera, rasguñando suavemente su espalda y luego perdiéndose más abajo de ella.

Harry solo se dejó querer, estaba disfrutando como jamás imaginó podía hacerlo. No puso objeción cuando Louis lo arrastró hacia la cama. Tampoco cuando empezó a desnudarlo, ni cuando llenó su cuerpo de besos y caricias cargadas de miel.

Jamás imaginó que Louis lo amara de esa manera tan intensa y tierna a la vez, que sacara de su garganta gemidos desconocidos o que su cuerpo aprendiera a mostrarse y reaccionara de esa manera, con su piel ardiendo de deseo.

Fue una primera vez maravillosa para los dos, llena de detalles, de momentos especiales, como cuando Louis miró a Harry al entrar en su cuerpo, y ver cómo tenía su mirada cargada de una emoción pura, coronada de humedad y de una súplica por tener más de Louis.

Una vez que todo acabó, Louis se llevó consigo a Harry, y lo acostó sobre su pecho.

Se quedaron en silencio algunos momentos, procesando lo que había pasado en la última hora, y se sentían un poco en shock, un poco inseguros, un poco perdidos; un poco necesitados de más contacto, de más calor.

—¿Estás bien? —Susurró Louis.

—Muy bien... ¿Tú?

Louis sonrió. —Mejor que nunca...

—Gracias por hacerlo tan especial, gracias por darme paz, gracias por amarme así...

—Gracias a ti por atreverte, por dar ese primer paso... Por permitirme amarte...

—¿Y ahora? No sé cómo se hace esto, me siento un poco tonto porque no sé cómo actuar ni qué decirte... No quiero romper este momento...

—Me siento igual, y creo que es normal... Hicimos las cosas un poco apresuradas, tal vez... Pero te juro que no pude soportar tenerte frente a mí y simplemente no tocarte... Llevaba años soñando con este momento, años imaginándote desnudo entre mis brazos, haciéndote el amor una y otra vez... Pero ni en mis mejores sueños era tan especial ni tan intenso... Y en mis sueños nunca me amabas, solo te dejabas llevar por el momento... Tampoco había una conversación después de terminar, menos un abrazo cálido...

—Son cosas que yo también sentí... La diferencia es que yo lo hice hace mucho menos tiempo... Y mis expectativas quedaron sepultadas bajo tu cuerpo... —Murmuró Harry, después de besar el pecho de Louis.

—Nunca imaginé poder decirte que te amo así... No solo con mi voz, también con mis manos y mis besos...

—Eres tan tierno... No me dejas en paz, me tienes suspirando a cada momento... Eso es algo que me enamoró de ti...

Louis sonrió. —Siempre te lo dije... Hacerlo es tan fácil, y lo es porque te amo... Quiero siempre mimarte y consentirte, que no te arrepientas de este amor nunca, ni por un solo segundo...

Harry se levantó solo un poco, lo necesario para besar los labios de Louis.

Y ese beso provocó una nueva ola de deseo que terminó desparramado por la cama.

Luego se durmieron, abrazados y desnudos.

Temprano sonó la alarma de Louis, a quien nunca le costó tanto levantarse. Estaba enredado en el cuerpo de Harry, cálido y tibio.

—Buenos días, bonito...

—Buenos días, amor... Anda a bañarte, no quiero que se te haga tarde...

—Pero no quiero separarme de ti...

—Ya tendremos más tiempo... Anda, voy a preparar tu desayuno.

—Está bien.

Se levantó y se metió a la ducha. Harry se fue a la cocina.

Una vez que Louis estuvo vestido y listo, Harry le sirvió su desayuno caliente.

—Que tengas un bello día, —dijo Harry despidiéndose.

—También tú, bonito mío...

Y Louis salió a trabajar, con una sonrisa que no se la borraba nadie.

Harry volvió a la cama, que olía a ellos, y lentamente se durmió. Se levantó a las nueve y media. Se duchó y se preparó un sándwich y un termo con café. Iba a desayunar en su tienda.

Estaba en un estado difícil de describir. Estaba tan profundamente feliz, que se conmovía con sus sentimientos. Jamás imaginó que podía sentirse así, que existía una emoción así.

No podía creer que Louis llevara tanto tiempo enamorado de él. ¿Cómo pudo soportar? Le dio pena, mucha pena. Tanto, que se puso a llorar.

Lloraba sentado en una de las sillas de su tienda, con profunda tristeza porque jamás quiso ser el motivo del dolor para su mejor amigo. Aunque en esos momentos no fuera consciente de lo que pasaba, sencillamente le dolía haber provocado que Louis se sintiera mal.

Lloro desgarradamente por cerca de cinco minutos, hasta que llegó un chico con un ramo de margaritas.

Se alegró por un momento, pensando que eran de Louis. Pero, si bien no le desagradaban esas flores, estaba seguro de que su mejor amigo jamás se las enviaría. Por eso le mandaba rosas rojas, porque eran sus favoritas en el mundo.

Esta vez, iba un sobre junto al ramo.

Lo tomó, lo abrió y sacó el papel.

Harry:

Sé que hice mal, muy mal. Sé que te herí y que dañé profundamente lo que teníamos. Sé que quizás no merezca una nueva oportunidad y que no quieras hablarme, mucho menos verme, pero te lo pido como un último gesto del amor que nos tuvimos.

Estoy desesperado sin ti.

Me equivoqué tanto, tan profundamente, que ahora que me doy cuenta me cuesta respirar. Me duele la piel al no tenerte, mi cuerpo te extraña, pero por sobre todo, mi corazón.

Dame una oportunidad para hablarte de frente, solo una... No me niegues esto, te lo ruego. Llámame cuando quieras, te estaré esperando.

Amándote cada día más,

Colin.

Harry guardó la carta para mostrársela a Louis en la noche. Le daba mucha pena botar las flores, así es que se las regaló a una pareja de novios que habían ido a comprar a su tienda.

Secó bien sus lágrimas, y con su corazón aún dolido, empezó a trabajar como siempre. Limpiar, ordenar, organizar. Ese día tuvo muchas ventas. Venía el invierno, y con él, mucha gente prefería su tienda para buscar algún abrigo original o alguna prenda abrigadora. Se dedicó a guardar algunas prendas demasiado veraniegas, para dar más espacio a la ropa de otoño e invierno.

Se entretuvo en eso, hasta que se dio cuenta de que tenía mucha hambre. Vio al lado de la caja su desayuno, que no tomó. Eran más de las tres, por lo que decidió pedir una pizza individual y una gaseosa para almorzar.

Le extrañó no tener una rosa de parte de Louis, quizás ya no era necesario y estaba bien con eso.

Almorzó con su pena intacta.

En la tarde siguió organizando, más que nada doblando y guardando la ropa.

Iba a cerrar, a eso de las siete, cuando se encontró con Louis, que había ido a buscarlo. Le llevaba una rosa roja, con su correspondiente nota.

—Hola, bonito... Te extrañé... —Dijo abrazándolo. —¿Estás bien? —Preguntó con algo de temor, al no sentir a Harry devolviéndole el abrazo.

—Lo siento tanto, —susurró, mirando fijamente a Louis. —Nunca quise hacerte daño, nunca quise que sufrieras por mi culpa... Te lo juro por lo más sagrado que tengo...

—No entiendo, ¿de qué estás hablando? —Murmuró, confundido.

—De todo el tiempo que estuviste enamorado de mí y yo no lo sabía, y te buscaba cuando tenía un problema con alguno de mis novios... Siempre estuviste para mí, siempre me escuchaste, me aconsejaste aunque eso te matara por dentro... No quise ni quiero ser nunca quien te haga sentir mal...

—Bonito mío, no estés triste por eso... Antes que lo que yo pudiera sentir, siempre estaba tu bienestar... Si me necesitabas, si necesitabas apoyo, siempre podías contar conmigo, era lo principal para mí y lo sigue siendo...

—Pero no era justo.

—Eres lo más importante de mi vida, y cuidarte siempre va a ser mi prioridad... Lo que pasó antes del día de ayer, ahora son recuerdos, de los que hay que rescatar los buenos y olvidar los malos... Estamos en una nueva etapa, bonito. Una donde quiero que tus lágrimas sean solo de felicidad...

Louis se acercó hasta encontrar los labios de Harry y dejarle un beso, haciéndolo sonreír.

—Estoy un poco sensible, parece... ¿Puedo leer la nota?

—Claro que sí, es tuya.

Harry la tomó y leyó:

“Me has hecho el hombre más feliz del universo... Gracias por darme esta oportunidad de amarte, prometo no defraudarte...”

Harry sonrió.

—Sé que no es la mejor nota, pero de verdad no sé cómo decirte lo que siento. Las palabras se me atoran en la garganta y mi mente se nubla cuando pienso en ti...

—No necesitas decir nada, amor... Me lo demuestras a cada momento...

Se dieron un beso pequeño, apenas rozaron sus labios. No les gustaba ser demostrativos en la calle, apenas lo justo y necesario.

—¿Vamos por pizza?

—Prefiero que no, —respondió Harry. —Es que comí al almuerzo.

—¿Hay algo que quieras comer?

—Hoy estoy antojado de sushi, ¿qué dices?

—¿Quieres ir a un local o que pidamos desde el departamento?

—Pidamos, estoy cansado y creo que tú también.

—Lo estoy, —confirmó Louis, —fue un día pesado.

—¿Te gritaron mucho?

—No tanto, pero se me juntaron un montón de papeles y el sistema colapsó por varios minutos. Fue muy difícil.

—Oh, lo siento mucho... No me gusta que la gente sea tan poco empática y no entienda tu trabajo.

—Trato de ponerme en el lugar de las personas, y de verdad que puedo encontrarles razón en que se enojen, pero no depende de mí. Yo solo sé lo que dice el sistema, no puedo hacer más... Y eso me agota.

—¿Alguna vez pensaste en cambiar de trabajo?

Ya estaban en el paradero de buses.

—Muchas veces, pero dentro de todo me gusta mi trabajo. Tiene un lado muy bonito, que es cuando las personas se quedan a conversar, a compartir una historia, a llevarme un paquete de galletas, una botellita de jugo...

Harry miró a Louis con profunda ternura.

—Ahí viene nuestro bus. No sabía que tu trabajo también tenía ese lado b... Y puedo entender porqué no quisieras cambiarte. Ojalá que las personas puedan entender que solo haces lo que te corresponde... Si te conocieran, jamás se atreverían a gritarte...

—¿De verdad crees eso?

—Eres el hombre más dulce que existe en este mundo, solo mereces que te den amor...

Harry se acercó hasta darle un pequeño abrazo a Louis.

Una vez que llegaron al departamento, Louis hizo el pedido de sushi, y por mientras esperaban, se dedicó a devorar la boca de Harry, quien no podía creer que su tierno Louis actuara como el más desesperado de los hombres y todo por él, por Harry. Eso le demostraba cuánto lo amaba Louis. Tuvieron que detenerse cuando llegó el pedido, que comieron en la cocina hasta terminar.

—Hoy me llegó un ramo de flores de regalo... —Contó Harry.

—Supongo que de Colin.

—Sí... Por un momento pensé que era tuyo, pero después entendí que nunca me enviarías margaritas.

—No te gustan...

—No... Y me mandó una carta.

—¿Y qué decía? —Preguntó horriblemente celoso.

—Mira, —dijo Harry entregándole el papel.

Louis leyó reiteradamente. —¿Vas a responderle?

—Amor, quiero que entiendas algo. Yo te amo, jamás te faltaría el respeto. Hablar con Colin es algo que no está en mis planes, no me interesa hacerlo... Por favor créeme...

—Lo hago, en serio, perdóname.

—Eres muy maduro para todo, pero que sientas temor de lo que fue mi relación con Colin es normal. Tú mismo dices que está muy reciente, y mis sentimientos por ti crecieron a un ritmo desorbitante... Pero estamos juntos, es lo importante...

—Lo sé, tienes razón, me ganaron los celos, pero es que eres solo mío...

Harry sonrió, dando por terminado el tema.

—Estaba delicioso, muy rico, —dijo Louis, ya más tranquilo.

—Sí, estaba todo muy fresco, recién hecho. —¿Vas a dormir temprano?

—Depende...

—¿De...?

—De lo que me demore en hacerte el amor esta noche... —Susurró Louis.

A Harry le temblaron las rodillas, y supo que estaba perdido. Como si quisiera escapar.

Esa noche no durmieron temprano, pero sí lo hicieron completamente exhaustos.

Esa primera semana fue así, con esa rutina de Louis yendo a buscar a Harry a la tienda, siempre con una rosa, siempre con una nota. Después llegar a cenar y terminar el día enredados en el cuerpo del otro.

El día sábado se levantaron temprano, porque era el día de mudanza.

—¿Estás seguro de que estaremos bien en el nuevo departamento?

—¿Por qué lo dices, bonito?

—Porque tiene dos habitaciones en vez de tener una sola y más grande.

—No sabíamos lo que iba a pasar, y creo que esa habitación extra la puedes usar para tu ropa. La bodega que tiene el departamento es pequeña.

—¿No te molesta?

—¿Podría molestarme algo que tenga que ver contigo? No, bonito...

La sonrisa de Harry era inmensa.

—Llamé a los chicos ayer, deberían llegar en cualquier momento.

Y sí, sonó el timbre.

—¡Llegamos! —Dijo Zayn. —¿Por dónde empezamos?

—Hay que esperar el camión, que ya debe estar por llegar. Por mientras podemos empezar a llevar las cajas afuera, y al final sacamos lo más pesado, —explicó Louis.

—¿Es mi idea, o ustedes están muy sonrientes? —Preguntó Liam. —Supongo que les hace ilusión vivir juntos.

—¿Les cuentas tú, amor?

Liam, Niall y Zayn se miraron perplejos, no estaban entendiendo.

—¿Amor? ¿Ustedes están juntos? ¿Desde cuándo? ¿Cómo? ¿Están seguros? ¿Y Colin? ¿Son novios?

No se supo quién hizo las preguntas, porque los tres hablaron al mismo tiempo.

Harry se abrazó a Louis, buscando mimos.

—Sé que quizás les cueste entender, pero me enamoré de Louis después de terminar con Colin... La decepción que sufrí me dolió y me dañó mucho, es verdad. Pero Louis me llenó de amor, de detalles, de preocupación y caí flechado por él...

—Y entonces supiste que Louis te amaba desde hace mil años, —habló Niall.

—¿Ustedes sabían? —Quiso saber Harry.

Hubo un silencio incómodo.

—Sí, bonito... Todos lo sabían, también tus padres... Creo que se me notaba mucho el amor que siento por ti...

—No puedo creer que nunca me di cuenta... Las cosas serían tan diferentes...

—No te preocupes de eso, bonito mío... Lo importante es que ahora estamos juntos.

—¿Y van a vivir juntos como pareja, entonces?

—Sí... No queremos esperar, no tiene sentido, —dijo Louis.

—Bueno, creo que tenemos que celebrar. Una vez que terminemos en el departamento nuevo, compramos algo para comer y tomar.

—Es una gran idea, —afirmó Zayn.

En ese momento llegó el camión, y entre todos se demoraron cerca de media hora en acomodar las cajas, muebles y electrodomésticos. El viaje hasta el nuevo departamento fue de veinte minutos. Quedaron a solo quince del centro de Londres, muy bien ubicados.

Organizar las cosas en el nuevo lugar les llevó casi dos horas, pero dejaron todo listo. Afortunadamente Louis no era acumulador, por el contrario, era muy sencillo. Y eso sumado a que Harry no tenía ni una sola cuchara, fue muy fácil.

Luego pidieron dos pizzas familiares y unas cervezas.

Se sentaron sobre la alfombra y compartieron por cerca de una hora, tiempo en el que los amigos se despidieron y se fueron.

—Estoy muy feliz, amor... —Dijo Harry, perdido en el cuello de Louis.

—Es lo más importante, bonito mío... Yo también estoy feliz, mucho...

Se besaron con deseo, con ganas, con ansiedad, y una vez más, Louis tomó la iniciativa de llevar a Harry para inaugurar su habitación.

Celebraron enredados en el cuerpo del otro, en medio de miles de besos y caricias.

Así comenzó su historia de amor, una que estaba llena de rutinas bellas, donde siempre había una rosa roja esperando a Harry, con una nota con palabras de amor.