un ultimo abrazo.
Hay nombres que el tiempo no pronuncia,pero el corazón insiste en recordar.
Dos años.Dos inviernos enteroscargando el eco de una despedidaque nunca supe aceptar.
Creí que pedir perdóniba a cambiar el rumbo de la historia,pero solo abrió una puertapara entender que hay personasque regresan únicamentepara enseñarte a dejarlas ir.
Me dijo que me había perdonado.Y sonreí.
Después confesóque también había logrado olvidarme.
Y ahí entendíque el perdón puede sanar una herida,pero no siempre devuelveel lugar que alguna vez ocupaste.
Le pedí un último encuentro,una última nochepara despedirme de verdad.
Y el universo, por un instante,detuvo el tiempo.
Nos abrazamos.
Nunca imaginéque un abrazo pudiera guardar tanta paz,como si todos los “lo siento”que nunca alcanzaron las palabrashubieran encontrado refugioentre sus brazos.
Fue la noche más hermosa del mundo.
Porque, aunque sabíaque estaba contemplando el final,por un momentovolví a sentir que todo estaba bien.
Después se fue.
Sin promesas.Sin volver la mirada.
Y los días hicieron lo suyo:el silencio creció,los mensajes desaparecieron,hasta que un díatambién desaparecí de su mundo.
Pero ella no desapareció del mío.
Todavía habita en los rinconesdonde la memoria se niega a rendirse,en las canciones que no busco,en las noches demasiado largas,en los abrazos que nunca consiguenparecerse al suyo.
Quizás el amorno siempre consiste en quedarse.
A veceses aprender a vivircon alguien que ya no está,con un recuerdo que sigue respirandoaunque la historia haya terminado.
Y duele.
Duele saberque fui un recuerdo del que ella pudo salir,mientras yo sigo caminandocon la sombra de aquella última noche,aferrado al único abrazoque logró regalarme paz...
y al mismo tiempo,me dejó el vacíomás grande que conocí.