OUT OF SERVICE! <<VMINKOOK>>

Sinopsis

Tres horas encerrados en el elevador fueron suficientes para que Jimin, Taehyung y Jungkook dejaran de ser desconocidos. —VMINKOOK— BOYPUSSY X BOYTITS - JIMIN & TAEHYUNG BOTTOM/JEONGGUK TOP - JIMIN RUBIO/TAEHYUNG CASTANO/JEONGGUK PELINEGRO - DIRTY TALK - INC3ST0‼️ ! no recomiendo q se realicen ninguna d las conductas q se mostrarán aquí, se recomienda discreción. estas en todo tu derecho de que no te guste el boypussy asi que si esto no es de tu agrado t puedes retirar, SIN REPORTAR PORQUE HACER ESTO LLEVA MUCHÍSIMO TIEMPO, gracias.!! —CERIII

Genero:
Erotica
Autor/a:
drippy
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

one

El viernes por la noche caía sobre Seúl, caluroso por la época de verano.

En el edificio de departamentos Gangnam Blue, un silencio inusual envolvía los pasillos. Casi todos los vecinos estaban fuera, aprovechando el fin de semana.

Jimin se miró por última vez en el espejo de la entrada. El vestido negro se ceñía a su cuerpo de bailarin como una segunda piel, las sandalias de tacón fino estiraban sus piernas largas. Se recogió el cabello rubio en una coleta que le levantaba los rasgos felinos.

—Tae, apúrate, el Uber llega en tres minutos —gritó hacia el interior del departamento sin dejar de mirarse.

Taehyung salió de su habitación envuelto en una nube de perfume. Llevaba un enterizo de terciopelo rojo oscuro, escotado hasta casi el ombligo, y el cabello castaño ondulado cayéndole por los hombros. En sus labios brillaba un labial rosa claro.

—Tranquilo, la noche es joven. Además, la mesa en el club no nos la quita nadie. Invité a ese productor.

—¿Qué productor?

—Uno que conocí en la galería. Tiene cara de aburrido pero contactos de sobra. Nos conviene.

Salieron al pasillo riendo. Recorrieron el pasillo alfombrado hasta el ascensor y Jimin pulsó el botón. 

Mientras esperaban, Taehyung sacó el celular para hacerse una selfie, alzando el brazo en un ángulo que resaltaba su clavícula.

Las puertas se abrieron con un leve zumbido.

Dentro, apoyado contra la pared de espejo, estaba el nuevo vecino del ático. Jeon Jungkook.

Llevaba una camiseta de tirantes negra que marcaba cada músculo de sus brazos y su pecho. El pelo oscuro, algo largo, le caía sobre los ojos. En una mano sujetaba una mochila de gimnasio y en la otra un batido de proteínas a medio terminar. Un leve brillo de sudor le cubría la frente y el cuello, prueba de que volvía de entrenar.

Al verlos, levantó la cabeza y sus grandes ojos redondos se encontraron con ellos.

—Hola —dijo, con una voz más grave que contrastaba su cara juvenil.

—Hola, vecino —respondió Taehyung, entrando sin disimular que lo miraba de arriba abajo. —Jungkook, ¿verdad? El del ático.

—El mismo.

Jimin entró detrás, más recatado pero igual de consciente de la presencia masculina en el espacio reducido. Pulsó el botón de la planta baja y las puertas volvieron a cerrarse. El ascensor inició el descenso.

Durante tres pisos, el silencio solo se rompió por la musiquita ambiental del ascensor.

Entonces, un estruendo metálico. El ascensor se sacudió violentamente, las luces parpadearon y, con una sacudida final, se detuvo en seco.

Jimin cayó contra la pared de espejo.

Jungkook, con reflejos, alargó un brazo y sujetó a Taehyung por la cintura antes de que perdiera el equilibrio.

—¿Qué demonios...? —exclamó Taehyung, con el corazón golpeándole el pecho.

Las luces volvieron a encenderse, esta vez en modo emergencia: una penumbra anaranjada.

—Se paró —dijo Jimin, innecesariamente.

Jungkook pulsó el botón de apertura. Nada. Pulsó el botón de alarma. Un pitido agudo, pero ninguna respuesta. Sacó el celular. Cero señal.

—Estamos atrapados —confirmó, con una calma que no terminaba de ocultar su frustración.

—Genial —bufó Taehyung. —Justo la noche que teníamos mesa en el club.

—¿Llamaron al técnico? —preguntó Jungkook, pulsando otra vez la alarma.

—Llevamos un minuto, genio. ¿Tú crees?

Jimin se quitó las sandalias, maldiciendo el tacón, y se dejó caer contra la pared de espejo. Su piel desnuda contra el cristal frío le provocó un escalofrío.

—Mi tío es el administrador del edificio —dijo Jungkook después de un silencio. —Pero está de vacaciones. Y el portero de noche no empieza hasta las doce. Son... —miró su reloj— las nueve y media.

—Maravilloso —Taehyung dejó escapar una risa seca. —Dos horas y media mínimo en esta caja de fósforos.

El ascensor era de los modernos, con paredes de espejo y barandal de acero, pero el espacio era el justo para cuatro personas. Con tres, y uno de ellos un hombre corpulento, el aire empezaba a sentirse viciado.

Jungkook se deslizó hasta sentarse en el suelo, con la espalda contra la pared del fondo. Al hacerlo, sus piernas se estiraron, ocupando buena parte del piso. Sus muslos, enfundados en el pants gris, eran puro músculo.

Taehyung no se molestó en disimular que se quedó mirando.

—Bueno, si vamos a estar aquí un rato, pongámonos cómodos —dijo, y se sentó justo enfrente de él, con las piernas cruzadas. El escote del enterizo rojo se abrió un poco más con el movimiento.

Jimin permaneció de pie unos segundos más, indeciso, hasta que la estoicidad de los otros dos le hizo ceder. Se sentó en una esquina, entre ambos.

El calor empezaba a ser un problema.

Agosto en Seúl era un horno, y el sistema de ventilación del ascensor se había apagado con la emergencia. En cuestión de quince minutos, el ambiente se volvió denso. Olía a perfume de mujer, a sudor masculino limpio, a verano y a encierro.

Jungkook bebió un sorbo de su batido, el hielo ya derretido. 

Taehyung se abanicó con la mano.

—No sé ustedes, pero yo me estoy asando —anunció. —Esto es un horno.

—Son las luces de emergencia —dijo Jungkook. —Irradian calor.

—Qué interesante eres, vecino. Físico y encima informativo.

—No soy físico. Soy fotógrafo.

—Músculos y arte. La combinación perfecta.

Jungkook bajó la mirada, pero una leve sonrisa tiró de la comisura de sus labios.

Jimin se había quedado en silencio, con la cabeza apoyada en la pared y los ojos cerrados. Una gota de sudor le resbalaba por la sien, bajaba por el cuello y se perdía en sus tetas, apenas visible bajo el vestido negro. 

Jungkook lo miró sin querer. La gota desapareció en la sombra del escote.

Desvió la mirada al espejo del techo. Pero desde su posición, el espejo le devolvía una vista aún peor: el cuerpo completo de Jimin, las piernas de Taehyung cruzadas justo delante de él.

—Esto es ridículo —dijo Taehyung de repente, poniéndose de pie. —Me estoy friendo. ¿Alguien tiene problema con que me quite el enterizo? Llevo un body debajo.

—Adelante —dijo Jimin sin abrir los ojos.

Jungkook no dijo nada. Su nuez subió y bajó.

Taehyung se desabrochó los tirantes del enterizo rojo con una lentitud casi cruel. El terciopelo se deslizó por sus hombros, dejando al descubierto un body de encaje negro, finísimo, que apenas cubría lo esencial. Las copas transparentes dejaban adivinar la sombra de sus pechos, y el corte alto de la cadera alargaba sus piernas.

Se sentó de nuevo, más cerca que antes.

—Mucho mejor —suspiró. —Deberías intentarlo, Jimin. Tú también te estás derritiendo.

Jimin entreabrió los ojos. Vio a Taehyung en ropa interior de encaje. Vio la expresión de Jungkook, una mezcla de pánico e interés mal disimulado. Y sonrió, esa sonrisa felina que solía preceder a sus peores o mejores ideas.

—Tienes razón.

Se puso de pie. De espaldas a Jungkook, se llevó las manos a los costados del vestido y bajó el cierre. El sonido, en el silencio del ascensor, fue como un disparo.

El vestido cayó al suelo.

Debajo llevaba un conjunto de lencería color champán, casi transparente, que resaltaba el bronceado de su piel. Las bragas eran mínimas, un hilo dental que se perdía entre sus nalgas perfectas. El brasier, de aros y sin relleno, apenas contenía sus pechos firmes.

Se giró.

Jungkook estaba paralizado, con el batido olvidado en el suelo. Su respiración se había vuelto audible.

—¿Te molesta? —preguntó Jimin, señalando su propia desnudez parcial. —Es que el calor es insoportable.

—No... no me molesta —consiguió decir él.

Taehyung se rio, una risa grave y ronca.

—Cuidado, Jimin, que nuestro vecino se está poniendo nervioso.

—¿Nervioso? —Jimin se acercó un paso. —No parece.

Jungkook apretó los puños sobre sus muslos. Llevaba las manos apoyadas en las rodillas, como un niño en un examen. Pero sus nudillos estaban blancos, y un músculo en su mandíbula latía con fuerza.

—Solo... solo intento ser respetuoso.

—Qué tierno —dijo Taehyung, acercándose también. —Un hombre respetuoso. Qué raro de encontrar.

Se puso de rodillas frente a él.

—Dime, Jungkook. ¿Respetuoso o simplemente tímido?

—Las dos cosas.

—Pues eso tiene solución.

Alargó una mano y le retiró un mechón de pelo de la frente. Él no se movió, pero cerró los ojos un instante, como si el contacto le provocara una descarga eléctrica.

Jimin se había arrodillado al otro lado. Estaba tan cerca que Jungkook podía sentir el calor de su cuerpo, oler el perfume que emanaba de su cuello.

—¿Sabes qué? —susurró Jimin, con los labios pegados a su oído. —Total, nadie nos ve. No hay cámaras. No hay señal. Es como si este ascensor no existiera para el mundo real.

—Como una burbuja fuera del tiempo —completó Taehyung, con la boca junto a la otra oreja.

Jungkook abrió los ojos. Estaba entre dos chicos prácticamente desnudos. Dos chicos hermosos, seguros de sí mismos, que le estaban ofreciendo una fantasía hecha realidad. Su cuerpo respondía antes que su mente.

—Y cuando salgamos... ¿Qué va a pasar? —preguntó, con la voz ronca.

—Nada —dijo Taehyung—. No habrá pasado nada. Una alucinación por el calor. Un sueño en un ascensor. Nadie se va a enterar.

—Solo nosotros tres —terminó Jimin, mordisqueando el lóbulo de su oreja.

La última resistencia de Jungkook se desmoronó con un gemido.

Sus manos, hasta entonces quietas, se movieron como si se hubiera roto una represa. Agarró a Taehyung por la nuca y la besó. Un beso hambriento, de lengua y dientes, que arrancó un quejido de sorpresa y placer del chico. Su otra mano encontró la cintura de Jimin y lo atrajo hacia él, hacia un costado, para que su boca tuviera acceso a su cuello.

—Así me gusta —jadeó Jimin, echando la cabeza hacia atrás. —Que no te dé miedo.

—Miedo no tengo —dijo Jungkook, separándose un segundo del cuello de Jimin. —Lo que tengo son muchas ganas.

Se puso de pie con un movimiento ágil, sorprendente para alguien de su tamaño. Agarró a Taehyung por las caderas y lo subió, obligándolo a rodearle la cintura con las piernas. La espalda de Taehyung chocó contra el espejo, que se empañó al instante.

—Tú —dijo, girando la cabeza hacia Jimin, que seguía en el suelo, mirándolo con ojos brillantes. —Ven aquí.

Jimin obedeció con lentitud. Se pegó a la espalda de Jungkook, apretando sus pechos contra sus omóplatos. Pasó las manos por debajo de su camiseta, arañando suavemente los abdominales marcados, sintiendo cada músculo contraerse bajo sus dedos.

—Quiero ver cómo nos tratas a los dos —murmuró contra su espalda.

Jungkook respondió con hechos.

Mientras su boca devoraba la de Taehyung, una de sus manos soltó la cadera de el y fue hacia atrás, buscando a Jimin. Lo encontró, lo agarró del muslo y lo atrajo hacia su costado, formando un amasijo de tres cuerpos contra la pared de espejo. 

El ascensor entero se convirtió en un reflejo multiplicado de extremidades, de piel sudorosa, de lencería negra y color champán y del gris del pants de Jungkook.

Las manos de Taehyung bajaron por el pecho de Jungkook, arañando sobre el algodón de la camiseta, hasta el borde de sus pantalones. Sin pedir permiso, desabrochó el botón y bajó el cierre.

—Más —exigió contra sus labios.

Jungkook gimió y lo dejó hacer. Lo dejó explorar. Mientras, Jimin se había deslizado hasta quedar de nuevo de rodillas, ayudando a Taehyung en su tarea, besando cada centímetro de piel que quedaba al descubierto.

La camiseta de tirantes acabó en el suelo, junto al vestido negro y el enterizo rojo.

El espacio era mínimo y eso obligaba a moverse juntos, a rozarse sin remedio, a mezclar alientos y sabores. En el suelo del ascensor, sobre la ropa amontonada, los tres cuerpos se enredaron.

Taehyung fue el primero en gemir abiertamente cuando Jungkook lo tumbó y se colocó entre sus piernas. Pero alargó una mano para no soltar a Jimin, para atraerlo, para besarlo mientras Jungkook lo penetraba. El beso entre los dos chicos, húmedo y lleno de lengua, arrancó un gruñido de Jungkook, que aceleró sus embestidas.

—Que no se nos olvide el —jadeó Taehyung al oído de él, señalando a Jimin.

Jungkook no necesitó más instrucciones. Giró a Jimin, lo puso en cuatro sobre el suelo alfombrado del ascensor, y lo tomó por detrás mientras Jimin gemía contra el cuello de Taehyung, que ahora estaba tendido debajo, besándolo y acariciándole las tetas.

Los espejos les devolvían un espectáculo que ninguno podía dejar de mirar de reojo: la espalda musculosa de Jungkook brillando de sudor, los dedos de Jimin arañando la alfombra, las piernas de Taehyung enredándose en la cintura de los otros dos.

En un momento, Jungkook se incorporó y, con esa fuerza, puso a Jimin encima de él mientras se acostaba boca arriba. Jimin se deslizó sobre su miembro con un gemido largo. Y Taehyung se colocó sobre el rostro de Jungkook, de cara a Jimin.

La lengua de Jungkook se hundió en el coño de Taehyung mientras sus caderas cogian a Jimin. 

Los dos chicos se miraron, jadeando al unísono, y se besaron de nuevo, mordiéndose los labios.

Así estuvieron, perdiendo la noción del tiempo.

El orgasmo llegó: primero en Jimin, que se arqueó hacia atrás con un grito ahogado, clavando las uñas en el pecho de Jungkook. Luego Taehyung, que se estremeció sobre la boca de Jungkook, apretando los muslos alrededor de su cabeza. Y finalmente Jungkook, que con un rugido liberó todo su semen dentro de Jimin, agarrándolo de las caderas con fuerza.

Los tres cuerpos colapsaron uno encima del otro. Respiraciones agitadas, piel pegajosa y extremidades entrelazadas. El espejo del techo reflejaba una imagen que parecía una pintura renacentista moderna.

Pasaron varios minutos en silencio. Solo se oían las respiraciones y, de fondo, el pitido lejano de la alarma.

Entonces, el ascensor dio una sacudida.

Las luces normales se encendieron. El sistema de ventilación volvió a funcionar. Y una voz metálica salió del interfono:

—¿Hay alguien ahí? Soy el portero. Acabo de entrar de turno y vi la alarma. Están bajando en este momento.

Los tres se miraron. Había sudor, labial corrido, marcas rojas en los cuellos y en los pechos, ropa por todas partes.

Se vistieron en un silencio casi cómico. 

Taehyung se metió en el enterizo rojo en tiempo récord, aunque lo llevaba al revés. 

Jimin se subió el vestido sin bajar el cierre, sin tiempo. 

Jungkook se puso la camiseta de tirantes, pero no encontró su celular ni el batido, que habían rodado hasta una esquina.

Cuando las puertas se abrieron en la planta baja, el portero los encontró a los tres de pie, apoyados contra las paredes del ascensor, con las caras serias y las respiraciones todavía algo agitadas.

—¿Están bien? Qué susto, ¿eh? Tres horas ahí metidos. El calor que habrán pasado...

—Mucho calor —dijo Jimin.

—Sofocante —añadió Taehyung.

—Sí, sí... —asintió Jungkook.

Los tres salieron al vestíbulo. 

El portero los miró alejarse hacia la salida. Taehyung llevaba el enterizo al revés y las etiquetas asomaban. Jimin cojeaba ligeramente. Y Jungkook guardaba algo en el bolsillo de su pants.

Nadie dijo nada.

Pero cuando las puertas de cristal de la calle se abrieron y el aire fresco de la noche les dio en la cara, Taehyung se giró hacia Jungkook.

—Oye, vecino.

—¿Sí?

—Se nos descompuso el lavavajillas. ¿Tú eres manitas?

Jimin soltó una carcajada, tapándose la boca.

Jungkook sonrió. Una sonrisa cansada y peligrosa.

—Puedo. Denme su número.

Y así, en la calle, bajo la tormenta que por fin empezaba, dos chicos que habían salido de fiesta y un hombre que solo quería volver del gimnasio se intercambiaron los teléfonos. Empapados, sin paraguas, con la ropa mal puesta y un secreto que jamás saldría de aquel ascensor.