Capítulo 1
Aviso: Esta parte no es el primer capítulo en si. Es como un adelanto de lo que va a pasar a la mitad de la historia. "Cronológicamente" la historia comienza en el siguiente capítulo.
Ciudad de México.
Narra Olivia.
Realmente había sido un día muy largo y lo peor de todos es que aún no termina. Fotos por aquí, entrevista por allá, que cambió de ropa, que prueba de luces, me cansa el tan solo recordar que mañana será igual.
Estaba a punto de tocar el botón del ascensor cuando mi guardaespaldas llegó y me detuvo.
—Tengo que acompañarte esta tarde —dijo la mujer de pelo negro y ojos verdes. Algo me pareció raro en su traje, pues esté siempre estaba impecable pero su corbata estaba mal puesta y su camisa mal abrochada.
Ella presionó el botón y el ascensor se cerró.
Aún estaba un poco molesta con ella por las cosas que me dijo la noche anterior, pero no pude evitar… —Tu corbata está... —no complete la frase y simplemente me aproxime a ella. Tome su corbata y la ajuste.
—Siento haberte hecho llorar —dijo con la cabeza baja.
La tomé ligeramente del mento y eleve su cara para mirarla directamente a los ojos —¿Quien te dijo que lloré? —pregunté curiosa.
—Escuche hoy cuando hablaba con tu hermana.
Era insólito, si fuera otra empleada, la regañaría por escuchar tras la puerta cual metiche. Si estaba enojada por invadir de esa forma mi privacidad, pero podía usar esa carta a mi favor.
—Así es... lloré luego de que te fuiste. No pude evitarlo. Rompiste mi corazón —hablé y la miré con frialdad.
—No quiero volver a discutir el tema y el hecho de que te vas a casar este fin de semana y yo me quedaré de brazos cruzados viendo como le sonríes a ese tipo. Haber terminado esto fue lo mejor.
Ella se separó de mí y se puso firme cual soldado.
Me mire en el espejo del ascensor y acomode y fleco a un lado.
Estaba tan cansada por el largo día que tuve, pero aún tenía fuerzas para algo más...
Solo para una cosa...
«Solo para ella...»
Impulsivamente toque el botón de emergencia del ascensor y lo detuve, ya casi llegábamos a mi piso, pero yo quería estar un momento a solas con ella.
Me aproxime, la tomé de la cintura y contra el espejo le pregunté —¿Cómo es que terminas algo que nunca comenzó?
Ella al ver mi osadía, solo atinó a balbucear nerviosa —Olivia, ¿Por qué detienes el ascensor? Soy claustrofóbica.
Trató de tocar el botón, pero la sostuve con más fuerza y se lo impedi. —En un segundo seguiremos subiendo. Mira tu camisa, debes acomodarla antes de que tu jefe te vea. Permíteme.
Tome su camisa desde el borde y empecé a meterla dentro de su pantalón, jugando y posando mis manos en sus glúteos y entrepierna —No haga eso —jadeo con los ojos cerrados.
—¿Que no haga que? —pregunté en voz baja, la empujé solo un poco y la coloqué contra el espejo nuevamente. Simplemente explote por dentro, mi cuerpo lo pedía a gritos y mi mente obedeció.
Me acerqué a su cuello y comencé a besarlo. Al principio la mordí un poco, es que no podía creer lo que mi lengua saboreaba; su piel, su suave y tersa piel. Ella se dejó llevar por mis besos y tomó de mi nuca para indicar que me quedé ahí donde estaba, olvidándose completamente de su claustrofobia.
—No es correcto, Olivia.
Regresé a la tierra, me puse firme frente a ella y golpeé el espejo con mi puño. No lo rompí pero tampoco faltó mucho para eso. Le di la espalda y toqué el botón para que el ascensor vuelva a funcionar.
«"Harta" Estoy harta de que las personas me digan lo que es correcto y lo que no. Eso me enoja mucho, pero ¿como discutirlo? ¿Cómo expresó mi descontento?»
No puedo.
—¿Estás bien? —preguntó ella y sacó de mis pensamientos.
Suspire —Si.
—No es cierto — aseguró y posó su dedo índice en mi mejilla y continuó —Sé que cuando estas enojada o estresada su mandíbula se tensa.
Tenía razón, no me había dado cuenta de eso hasta que lo dijo. Afloje los músculos de mi mandíbula, corrí la cara, el ascensor se abrió y yo salí. Con ella tras de mí.
Llegué a mi habitación y antes de entrar pedí —No entres, necesito estar a solas.
—Debo estar con usted.
—Dije que no —. mi voz sonó un poco más gruesa de lo normal.
Entré y cerré la puerta tras de mí.
Yo pensaba que ella era diferente a los demás. Que podría ser quien soy, sin miedo a que me corrijan, pero...
Su voz del otro lado interrumpió mis pensamientos —No es correcto estar haciendo eso en el ascensor... — no completó su oración, me di vuelta y abrí la puerta, ella ingresó y la cerré nuevamente. Me lanzó una mirada desafiante, me tomó de las caderas y continuó —Había cámaras... luego tendré que ir con los de seguridad para que borren eso... pero antes...
Me cargó en sus brazos y me coloqué sobre la mesa, me senté y con mis piernas me aferre a ella. Yo no lo podía creer o más bien no podía entender que estaba pasando.
—Olivia, no dejo de pensar en ti. Es una tortura —.declaró y mordió su labio inferior tratando de controlarse.
«Otra vez, Olivia Imhoff sin entender.»
Me enternecí con ella, toqué sus cabeza y la acaricie. Al igual que a mi, ella no sabe comprender sus sentimientos. Hasta hace un día, quería que nuestra relación fuera de guardaespaldas y su jefa, pero ahora quiere tenerme entre sus brazos.
—Es una tortura —repitió y se tapó la cara con sus manos.
—¿Renata ... puedes mirarme a los ojos? —Pedí, ella levantó la mirada y le sonreí.
—No quiero que esto que me pasa interfier...
La interrumpí —No solo te pasa a ti.
—¿Y ahora qué?
Le lancé una mirada con picardía y cuestione —No sé. Dime ¿por qué me subiste a la mesa?
Me miró de la misma forma que yo a ella, tomó de mi cintura y se acercó...
Dos semanas antes...
—En serio, no creo que sea necesario tener guardaespaldas —le comenté a Leila mientras bajábamos del auto.
Me quedé un momento admirando el enorme y lujoso hotel en el que nos vamos a hospedar.
—Es solo por seguridad, a mi tampoco me gusta la idea, pero mi esposo insistió. Además con los guardaespaldas nos sacaremos de encima a los paparazzis —aseguró Leila mientras acomodaba su cabello y se colocaba unas gafas de sol.
—Que te hayas casado con un príncipe, que te convirtió en princesa, que seas la ceo más exitosa en europa y que además seas una Imhoff... es realmente molesto, eres demasiado famosa para mi gusto.
—Creo que a los medios de comunicación les interesa que sea una Imhoff y punto. Tu también lo eres, la tía Liso quiere la exclusiva de tu boda, aunque es un evento grande aún así quiere discreción.
Caminamos a la entrada y una mujer, bastante alta y con un horrible traje se nos acercó —Bienvenidas, las acompañó a su habitación.
—No es necesario, primero baja las maletas del auto —pedí pensando que era una empleada del hotel.
—No soy una botones... Soy Renata DiBatistta, me asignaron como parte de su equipo de seguridad como guardaespaldas de la Señora Olivia Imhoff.
—Es ella —me señaló Leila y siguió caminando.
—¿Aún así puedes traer mis maletas? —le sonreí.
La mujer parecía ofendida con mi petición, se cruzó de brazos y con un ceño fruncido dijo —Aclaremos algo; No soy tu sirvienta, ni siquiera tu asistente. Me asignó la guardia real de Mandarea para cuidarla, tengo otras prioridades… y llevar sus pertenencias no es una de ellas.
Claramente ella tenía razón, pero mi ego me impedía darle esa razón. Simplemente le di la espalda y seguí caminando y mientras lo hacía tenía la sensación de que ella venía tras de mí.