C1. Comienzo
Para Jungkook en su recién iniciada adolescencia nunca estuvo en mente mudarse, eso sin duda no entraba en sus planes, solo quería seguir explorando sitios de la ciudad y alguno que otro centro comercial con su mejor amigo, quien, a su pesar, le exigió varios correos para mantenerse al tanto de su nuevo lugar, todo esto debido a la decisión de sus padres.
Lastimosamente, ahí estaba, en la parte trasera de la caravana rentada, el olor de ambientador barato impregnado en los cojines y perdiendo la calma mientras más avanzaban entre árboles, y pinos.
—Veo algo café.
—Un cartel de madera — respondió Hoseok sin detallar el paisaje.
—No.
—El tronco caído de atrás.
—Tampoco.
Con un exagerado suspiro, su hermano le contesto a la negativa de sus respuestas, volviendo su atención a un mapa raído, intentando ubicarse.
Entonces le vio.
Jungkook parpadeo. Una vez. Dos veces. Seguía ahí. Una criatura de orden cuestionable, al lado de una parada de autobús, como un pato, sin duda parpadeo varias veces más para asegurarse que no era su imaginación.
—Veo algo emplumado… raro—dijo, sonando un poco alarmado.
—Emplumado… ¿un pollo? —Hoseok levanto su nariz de aquel pedazo de papel —. ¿Raro, en qué sentido?
—Cómo que no debería ser así.
Fijo su vista en el espejo retrovisor recibiendo un vistazo de su madre, que estaba dando indicaciones a su padre y con una expresión exasperada por estar dando vueltas.
—¿Es otro juego, Jungkook? —preguntó.
—Esta vez no —negó y señalo — está ahí.
Aunque recibió la atención de su madre y hermano, cuando volteo a mirar, la parada estaba vacía entre aquellos pinos.
—Se lo está inventando, mamá. — Proclamó el mayor de los Jeon, señalándole mientras reclamaba.
—¡Claro que no! — Jungkook sintió la quemazón en sus orejas —¡he visto un pato raro hace un momento, tenía el rostro… en el cuello! —movió sus manos intentando con una mala mímica representar el animal, mientras miraba a su madre.
Recibió una negación y unos ojos divertidos le devolvieron una mirada por el espejo —Jungkook, sé que no te emociona mudarte en este momento de tu vida, pero no es para inventar seres de otro mundo cada que puedes —negó un poco más —sin duda me habría fijado de ese pato mal formado. —volteo de nuevo a ver la ruta en su mapa y darle indicaciones a su marido, ignorando el parloteo de sus hijos en la caravana.
—Esta bien, ¡no me crean! —Jungkook arrugo la nariz ante el resultado de la conversación —Cuando se los lleve un pato con el pico en el cuello no me digan nada. Se los advierto.
Enfurruñado cruzo los brazos, hundiendo su cuerpo en el asiento y observando de nuevo el paisaje. Pinos, árboles, más árboles ¿No había algo más?
—Kook —Hoseok se inclinó más cerca, con voz queda —.¿En serio lo viste?
—Hyung — Le dedico una pequeña mirada por el rabillo del ojo — ¿Cuándo te he mentido? —
—Uhm… —Hoseok frunció el ceño, pensativo —. La vez que me engañaste sobre haber sacado a esa araña y me encerraste con ella en el baño. —Levanto un dedo —. O cuando dijiste que había helado en la nevera y eran sobras en un envase.
Jungkook se quedó en silencio, pensando en cómo refutar.
—Sin duda es una situación diferente —Asintió, demostrando su punto —. Pero te juro que he visto a un pato muy extraño.
Ante esta respuesta Hoseok lo miró un momento, la boca entreabierta como si quisiera refutar esa historia, pero finalmente desistió, negando con la cabeza y soltó una risa corta.
—Eres imposible, Kook.
—Lo sé —dijo Jungkook, y por primera vez en horas hubo un asomo de una sonrisa.
La caravana dio un pequeño tumbo al tomar una curva y los árboles empezaron a abrirse lentamente, dando avistamiento de un cartel de madera con letras desgastadas que decía “Bienvenidos a Gravity Falls”, y debajo, alguien había añadido con pintura negra: “...si no te pierdes antes”.
— Un detalle soberbio sin duda —murmuró Jungkook.
— En ningún momento hemos estado perdidos —dijo su madre desde el asiento delantero, aunque nadie lo había mencionado.
—Mamá, llevamos dando vueltas más de dos horas —refutó Hoseok con exasperación.
—Eso ha sido un viaje panorámico, debemos conocer bien los caminos.
Jungkook negó una vez más, observando con mayor entusiasmo el camino.
Pasaron por la calle principal, que a primera vista no era de las más agraciadas que haya visto en su vida. Había una tienda de souvenirs con un letrero que parpadeaba, “El Merlin” decía, aunque la “M” se apagaba cada tantos segundos, así que a ratos leía “El erlin”, una ferretería, un local que vendía cosas varias sin inspirar mucha confianza, y en una esquina un arcade.
Aun así, hubo algo que le llamo la atención, un grupo de chicos reunidos en una camioneta demasiado nueva para este lugar. Tres adolescentes que pararon su charla cuando la caravana paso frente a ellos y les observaron, el primero era alto, de hombros anchos, apoyado en el capó del coche con una mirada divertida.
A su lado, un chico de gafas, con el ceño ligeramente fruncido y un libro en la mano que no parecía estar leyendo en ese momento, más parecía haber estado discutiendo. Y el tercero... el tercero tenía el pelo negro, un poco largo y una expresión desinteresada, aunque sus ojos seguían cada movimiento en la calle.
—Miren, chicos de su edad —dijo su madre con ese tono que pretendía ser casual, pero era de todo menos esa la intensión—. Quizá luego salgan a conocerlos.
—Mamá, no voy a salir a conocer extraños así porque sí.
—Tampoco tienes que ser tan cortante Jungkook.
—Es un emo dramático —intervino Hoseok—. La semana pasada lloró con un comercial de perritos.
—¡Era un comercial muy triste!
Pasando aquella calle, siguió con la mirada fija aquel grupo, viendo por la ventana trasera como la camioneta arrancó levantando una nube de polvo que tardó en disiparse. Jungkook los siguió con la mirada hasta que desaparecieron.
Entonces la caravana giró, dejaron atrás las calles del pueblo y se adentraron en un camino de tierra flanqueado por pinos cada vez más altos, su nueva casa, una cabaña no muy modesta según las fotos que envió el agente por correo, quedaba retirada del pueblo, pero al ver que el camino seguía más bosque adentro, le indico que tendrían algunos vecinos.
“Si algún asesino serial estaba afuera nadie escucharía nada, sería el crimen perfecto” había pensado Jungkook, tal vez debería dejar de ver las noticias sobre ese tema.
En camino a su nuevo hogar, una figura joven le llamo la atención.
Un chico en bicicleta, pedaleaba por el camino con una lentitud deliberada, parecía no llevar prisa alguna, el sol de la tarde le daba de lleno en la cara, iluminando unos rasgos que Jungkook, a pesar de sí mismo, tuvo que admitir que eran... llamativos.
Muy lindo, a decir verdad.
El chico levantó la vista justo cuando la caravana pasaba a su lado por un momento, sus miradas se encontraron a través del vidrio, no sonrió por cortesía, tampoco frunció el ceño en curiosidad, solo les observó con tranquilidad como si no le diera importancia a una nueva familia en ese lugar.
Después de ese pequeño encuentro, la caravana siguió adelante, y el chico quedó atrás, cada vez más pequeño en el espejo retrovisor, hasta perderse entre los pinos.
—¿Quién sería ese? —preguntó Jungkook, observando la ventana trasera, con una breve esperanza de ver al chico reaparecer.
—¿El de la bici? —Hoseok se giró para mirar también, aunque no se miraba nadie—. No tengo ni la menor idea, aunque si todos los del pueblo se ven así, me voy a integrar de maravilla aquí.
Jungkook arrugó la nariz, pero no pudo evitar que se le escapara una sonrisa.
—No es nada de eso, solo que me ha dado una mirada extraña.
—Extraña, ¿cómo...?
—En definitiva no era curiosidad, solo desinteresada, algo extraño para un pueblo medianamente pequeño que supongo — levanto las manos para enfatizar su punto—todos se conocen, al menos interés.
Hoseok, le miro pensativo ante esa observación.
—¿En serio? —preguntó Hoseok con una muestra de seriedad al asunto.
—Creo, no lo sé realmente, tal vez, solo estoy nervioso por el nuevo lugar.
—O tal vez el pueblo tiene una especie nueva de patos y chicos guapos raros. —Hoseok suspiró y se recostó en el asiento—. Kook, prométeme una cosa.
—¿Qué?
—Que si ves a ese chico otra vez, no te le acerques solo.
—¿Por?
— Porque si resulta ser un fantasma o un extraterrestre o algo, quiero estar ahí para grabarlo y enviarlo a televisión nacional para hacerme rico.
Jungkook solto una risa corta.
—Está bien Hyung, no me meteré con el extraterrestre… realmente eres imposible.
—Lo soy —dijo Hoseok, devolviéndole la sonrisa a su hermano.
Un momento después empezaron a notar como el camino se volvía un poco más estrecho con surcos marcados por carros hace tiempo, el sol filtrándose por entre las copas hacían parpadear cada vez más a Jungkook.
—¿En serio esta es una calle? — pregunto el mayor de los hermanos, pegando la cara a la ventana para mirar mejor.
—Según Subin, el agente de la inmobiliaria Noroeste es un camino privado. —Les contesto la voz incrédula de su madre.
—Privado para osos, sin duda.
En eso y con un último tumbo, apareció entre los árboles la cabaña, sin duda una copia exacta de las fotos, solo un poco más apagada y con necesidad de una mano.
—Se ve acogedora, chicos. —Intento su madre subir los ánimos.
—Seguro hay mapaches en el sótano—menciono Hoseok bajando de la caravana.
— No tenemos ningún sótano para tu seguridad. —dijo su padre por primera vez hablando después de horas.
Sin más Jungkook bajo de ultimas, dando un vistazo alrededor, era un ambiente demasiado tranquilo para su acostumbrado cerebro a bocinazos y música en el día. Cuando camino en la entrada escucho crujir algunas maderas, una puerta tallada de madera maciza les dio la bienvenida; el olor del interior era polvo, madera y algo dulzón, algo de flores o incienso, ya había varios muebles y decoración dentro.
—Chicos, deben elegir habitación, la nuestra es del segundo piso, al fondo. —menciono mamá saliendo del lugar. — Pueden tener el ático para ustedes, está dividido en dos habitaciones.
Haciendo caso a su madre, subió directamente al último piso de la construcción, mirando el pequeño pasillo, y eligiendo la habitación que daba con la parte trasera de la cabaña. Había una cama con su mesa de noche y una ventana grande triangular.
— Kook, entiendo que es desafortunado no estar en Los Ángeles, siendo un emo cool— entro diciendo Hoseok, sentándose en la cama — pero estamos los dos.
Con un pequeño suspiro le determino, caminando hacia la ventana, abriéndola para observar un balcón pequeño, que conectaba con la rama de un árbol. —Hobi, enserio no es nada, solo… a nuestros padres se les dio la maravillosa idea de cambiar toda nuestra vida, por un proyecto de su empresa — afianzo sus manos en el alfeizar de la ventana, dejando su idea para después, de espaldas a la ventana se sentó. — Además no soy tan emo como dices, solo me gusta el negro.
—También la ropa de cuadros, pero ¿Quién se fija en ella, verdad? — con un suspiro proveniente del mayor, vio como se recostaba boca arriba. —¿Vas a salir? Ya casi va a anochecer.
—Quiero arreglar la habitación y conectar el portátil para hablar con Eunwoo, últimamente en MySpace he tenido auge. —con un movimiento lento se levantó, caminando hacia el mayor—. Pero, puedes pedirle a papá que nos deje la caravana para ir a hacer la compra de esta semana.
Un aplauso del mayor y tomando del brazo del mas joven los dirige escaleras abajo, pasando por el segundo piso sin detenerse, con un grito diciendo que se iban a hacer la compra y conocer el pueblo, recibiendo un “primero bajen todo y déjenlo en la sala” de su padre, al menos esta vez, ellos se iban a hacer cargo de ordenar el lugar. Habiendo cumplido con su parte, bajado las pocas maletas y dejándolas en donde fue indicado, dio marcha al auto.
—Para ser un tienda está bien equipada. —menciono Kook, tomando varios productos de aseo—. ¿Hobi, realmente necesitamos tantos cepillos… Hyung?
A su alrededor no había nadie.