Soy Tu Fan Número Uno, ¿Verdad? <<Kookmin>> por drippy en Inkitt
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soy tu fan número uno, ¿verdad? <<KOOKMIN>>

Sinopsis

Todo idol sueña con tener fans, solo que Jimin olvidó pedir que estuvieran cuerdos. NEW! OS KOOKMIN BOYPUSSY ADVERTENCIA: STALK3R JK‼️ OBS3SSIVE B3HAVI0R‼️‼️ DUB-CON‼️ CONTENIDO SEXUAL Recomendada solo a mayores de 18 años. JIMIN NO ES TRANSEXUAL, es un hombre con VAGINA, en algunas partes del os se le tratara con pronombres femeninos. cerii: no recomiendo q se realicen ninguna d las conductas q se mostraran aqui, se recomienda discreción. estas en todo tu derecho de que no te guste el boypussy asi que si esto no es de tu agrado t puedes retirar, SIN REPORTAR PORQUE HACER ESTO LLEVA MUCHÍSIMO TIEMPO, gracias.!! BY CERII

Genero:
Erotica
Autor/a:
drippy
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Chapter

‼️antes de leer‼️

este one-shot es una obra de ficción que incluye temas como acoso, obsesión, manipulación y consentimiento dudoso (dub-con), por lo que puede no ser adecuada para todo el mundo. 

todo es completamente FICTICIO y su propósito es explorar una fantasía y una dinámica dentro de la ficción. NO busco romantizar, justificar, promover, NI normalizar este tipo de comportamientos en la vida real.

lee bajo tu propio criterio y si alguno de estos temas te resulta incómodo siéntete libre de pasar esta historia. 

con amor, cerii



Jimin sonreía hasta que le dolían los pómulos. 

El escenario era solo una tarima temblorosa en el patio de la universidad, el sonido era malo y el público, unos cientos de estudiantes borrachos y gritones, solo medio prestaba atención. 

Pero para él, esto era todo. 

Su grupo, “Sugar Pop”, era nugu, tan nuevo y pequeño que casi nadie los conocía. 

Este festival era su gran oportunidad.

Saltó con su falda corta y brillante, haciendo los gestos a cámara que había practicado mil veces, su voz aguda cantando sobre amores dulces. 

Entre la multitud borrosa de caras, una lo miraba fijamente.

Jungkook.

No gritaba. No cantaba. Solo estaba apoyado contra un árbol, con las manos en los bolsillos de su jeans, observándolo como si fuera el único ser en el escenario. 

Tenía el pelo negro despeinado, una chaqueta de cuero y una mirada tan intensa que Jimin, por un segundo, olvidó la coreografía. Sus ojos eran oscuros, fijos, devoradores. 

El rubio sintió un escalofrío, pero lo atribuyó a los nervios.

Después del show, en el backstage hecho de cortinas viejas, Jimin estaba sudoroso y feliz. Habían recibido algunos aplausos. Su manager les dijo que lo habían hecho bien. 

Mientras empacaba su mochila, una mano le tocó el hombro.

Era él.

—Tu voz —dijo Jungkook, sin preámbulos. Su voz era más grave de lo que esperaba. —Es linda. Como tú.

Jimin se sonrojó, agachando la cabeza. —Gracias.

—¿Tienes Instagram? —preguntó él, sacando su teléfono. No era una pregunta, era una exigencia.

Jimin, acostumbrado a tratar de ganar fans, le dio su usuario con prisa, antes de que su manager lo llamara para irse.

Esa noche, en su pequeño departamento, Jimin vio la solicitud de seguimiento. 

jk.obsession. 

Aceptó. En minutos, tenía un mensaje directo.

jk.obsession: Hoy fuiste el más lindo. Tu pierna derecha tiembla un poco cuando estás nervioso. Es adorable.

Jimin parpadeó. ¿Cómo había notado eso? 

Le escribió un “gracias” tímido y apagó el teléfono.

Pero no paró ahí.

Al día siguiente, había un comentario en cada una de sus fotos. 

“Esa blusa te queda muy bien.” 

“¿Dormiste bien? Tenías ojeras ayer en tu live.” 

“Ese café es de la tienda cerca de tu compañía, ¿verdad?”

Era demasiado específico. 

Demasiado cercano. 

Jimin empezó a sentir un nudo en el estómago. 

Lo bloqueó.

A la semana siguiente, después de un ensayo agotador, fue a una tienda de conveniencia cerca de su dormitorio. 

Era tarde, casi las 2 de la mañana. 

Mientras elegía un ramen, sintió que lo observaban. 

Al voltear, vio una figura familiar junto a los refrigeradores de bebidas. 

Jungkook. 

Lo miraba mientras bebía una lata de café.

El corazón le dio un vuelco. Salió rápidamente, sin comprar nada, y caminó rápido hacia su edificio. 

No se atrevió a voltear, pero podía sentir sus pasos detrás, manteniendo una distancia exacta.

La obsesión se volvió asfixiante. 

Aparecía en la parada de autobús cerca de su academia de baile. 

Lo veía sentado en un café frente a su edificio. 

Recibía regalos anónimos dejados en su puerta: su chocolate favorito, una banda para el cabello como la que perdió una vez. 

Los mensajes llegaban a una nueva cuenta que él creaba cada vez que lo bloqueaba: 

“Tu sonrisa hoy fue falsa. ¿Estás triste?” 

“Ese chico del grupo de al lado te mira demasiado. No me gusta.”

Jimin tenía miedo. Pero también, en un rincón oscuro de su mente que lo avergonzaba, sentía una chispa de algo más. 

Ese chico era terriblemente guapo. Y su atención, aunque aterradora, era la más intensa que nadie le había dedicado jamás.

Una noche, después de una larga sesión de práctica, llegó a su edificio exhausto. 

El ascensor estaba fuera de servicio. Maldiciendo en voz baja, subió las escaleras hasta el cuarto piso. 

Al llegar a su puerta, buscó las llaves en su mochila. De la oscuridad, surgió una figura.

—Cansado? —preguntó la voz de Jungkook.

Jimin gritó, dejando caer las llaves. 

Él estaba allí, apoyado contra la pared, como si lo hubiera estado esperando por horas.

—¿Q-qué haces aquí? ¿Cómo subiste? —tartamudeó, retrocediendo hasta que su espalda chocó contra la puerta fría.

—La puerta principal no cierra bien —dijo él, como si fuera obvio. Dio un paso hacia adelante. La luz tenue del pasillo iluminaba su rostro. Estaba serio. Hermoso de una manera peligrosa. —He estado esperando. Tus prácticas terminan a la 1:20. Llegas a la 1:45. Hoy te retrasaste 15 minutos. Me preocupé.

—Por favor, vete —suplicó Jimin, su voz era un hilo. —Te voy a denunciar.

Él se rió, un sonido suave y sin humor. —¿Y qué les dirás? ¿Que un fan te sigue? No te he tocado. No te he hecho daño. Solo te miro. —Otro paso. Ahora estaba tan cerca que podía oler su perfume, algo amaderado y caro. —Pero quiero tocarte, Jimin. He pensado en eso todos los días desde que te vi.

—No —dijo el rubio, pero su voz no tenía fuerza. El miedo lo paralizaba.

Jungkook levantó una mano y con el dorso de los dedos le acarició la mejilla. 

Jimin contuvo la respiración. Su toque era cálido, suave.

—Tienes miedo —murmuró. —Lo siento en tu piel. Pero también… —inclinó la cabeza, sus labios a centímetros de su oreja—… también estás excitado. Lo veo en tus ojos.

—No es verdad —susurró Jimin, un temblor recorrió su cuerpo.

—Vamos a probar —dijo él.

Y entonces su boca cayó sobre la de él.

No fue un beso suave. Fue posesivo, hambriento, exigente. Sus labios se movieron contra los de él con una fuerza que le hizo perder el equilibrio. 

Jimin puso sus manos en su pecho para empujarlo, pero la sensación de los músculos duros bajo su chaqueta lo hizo dudar. Un gemido que no quería salir se atascó en su garganta.

Jungkook aprovechó su boca entreabierta para profundizar el beso. Su lengua invadió su boca, sabía a café y a menta. 

Una de sus manos se enredó en su cabello, tirando para exponer su cuello. La otra mano bajó por su costado y se posó en su cadera, apretando.

Jimin sintió que sus fuerzas lo abandonaban. El miedo se mezclaba con rl calor que subía desde su vientre. 

Él era tan físico. Tan real. Tan diferente a los chicos tímidos de su agencia.

Jungkook separó sus labios, jadeando. Sus ojos oscuros escudriñaban su rostro. 

—No voy a lastimarte —dijo, pero su voz sonaba como una promesa peligrosa. —Solo quiero hacerte sentir bien. Déjame.

Sin esperar una respuesta, agachó la cabeza y enterró su cara en el cuello del rubio. Sus labios y dientes encontraron su piel, mordisqueando, succionando. 

Jimin dejó escapar un grito ahogado. Sus manos, que antes intentaban empujarlo, ahora se aferraban a su chaqueta.

—Aquí no —logró decir, mirando hacia el pasillo vacío pero con pánico. —Alguien puede…

—Tienes razón —dijo él, levantándolo en brazos de repente, como si no pesara nada. —Adentro.

Encontró las llaves en el suelo, abrió la puerta y entró en el pequeño departamento, cerrando de una patada. 

Lo llevó directamente al dormitorio y lo dejó caer suavemente sobre la cama.

Jimin intentó sentarse, pero Jungkook ya estaba sobre él, arrodillado entre sus piernas, quitándose la chaqueta. 

La luz de la luna entraba por la ventana, iluminando sus brazos, su torso definido bajo la camiseta negra.

—Por favor, Jungkook —susurró Jimin, pero ya no era una súplica para que se detuviera. Era algo más.

—Shhh —dijo él, colocando un dedo sobre sus labios. —Solo siente.

Bajó la cabeza y capturó sus labios de nuevo en un beso que lo dejó sin aliento. 

Mientras besaba, sus manos subieron por su blusa, encontrando sus pequeños pechos. Sus dedos encontraron sus pezones a través de la tela y los pellizcó, suavemente al principio, luego con más fuerza.

—¡Ah! —gimió Jimin, arqueando la espalda. Una oleada de placer punzante lo atravesó.

—Eres tan sensible —murmuró Jungkook contra su boca. —Me encanta.

Se sentó sobre sus muslos y con movimientos rápidos le quitó la blusa y el sujetador. 

El aire frío de la habitación le erizó la piel, pero pronto fue reemplazado por el calor de su boca. Él bajó y tomó un pezón entre sus labios, succionando fuerte, lamiendo, mordisqueando.

—¡Ah, ah, Dios! —gritó Jimin, sus manos se aferraron a sus sábanas. La sensación era abrumadora, tan intensa que borraba cualquier pensamiento de resistencia. 

Su cuerpo, entrenado para el agotamiento, respondía con una urgencia animal.

Él pasó al otro pecho, dándole el mismo tratamiento, mientras su mano libre bajaba por su estómago, desabrochando sus jeans. 

Jimin levantó las caderas sin pensar, ayudándole a quitárselos junto con sus bragas.

De repente, Jungkook se detuvo. Se arrodilló entre sus piernas abiertas y las miró. Su mirada era tan intensa que Jimin sintió que se quemaba.

—Tan bonito. —susurró—. Todo para mí.

Luego, bajó la cabeza.

El primer contacto de su lengua lo hizo gritar. Fue un sonido agudo, estridente, que resonó en la pequeña habitación. 

Jungkook fue hambriento. Su lengua encontró su clítoris y comenzó a lamerlo en círculos rápidos y firmes, mientras un dedo, luego dos, entraban en él.

—¡No, no, no, para! —gritó Jimin, pero su cuerpo se arqueaba, traicionándolo por completo. Las sensaciones eran demasiado, un torbellino de placer que nunca había sentido. 

Jungkook parecía conocer cada punto, cada ritmo que lo hacía enloquecer. Añadió un tercer dedo, estirándolo, y al mismo tiempo chupó su clítoris con fuerza.

El orgasmo lo golpeó sin aviso, violento y eléctrico. Gritó, un grito largo y desgarrador, mientras su cuerpo se sacudía sin control. 

Jungkook no se detuvo, lo lamió a través de los temblores, suavizando su lengua pero sin apartarla, hasta que Jimin cayó de nuevo en el colchón, jadeando, con lágrimas en los ojos.

Él se subió, desabrochándose sus propios jeans. Jimin, con la vista nublada por el placer, vio su pene. Era grande, grueso. 

Un nuevo golpe de miedo lo atravesó, pero estaba enterrado bajo capas de deseo y agotamiento.

—Espera —jadeó.

Jungkook no lo escuchó. Se colocó entre sus piernas y empujó su verga dentro de su pequeño y maltratado coño.

Jimin gritó de nuevo, esta vez por el dolor y la sorpresa. Estaba apretado, y él era grande. Jungkook gruñó, un sonido profundo y animal, y se hundió hasta el fondo.

—Mierda, eres tan estrecho —dijo, su voz ronca. —Tan perfecto.

Comenzó a moverse. Fue duro, rápido, profundo desde el principio. Cada embestida lo empujaba contra la cabecera de la cama. 

El sonido de sus cuerpos chocando, de su respiración jadeante, llenaba la habitación.

—¡Ah! ¡Ah! ¡Más fuerte! —oyó Jimin gritar, y no reconoció su propia voz. El dolor inicial se había convertido en una fricción que llenaba el vacío dentro de él. Sus uñas se clavaron en su espalda, a través de la camiseta.

—¿Te gusta? —gruñó, agarrándole las muñecas y clavándolas sobre la almohada a cada lado de su cabeza. —¿Te gusta que te folle así, lindo?

—¡Sí! —gritó Jimin, llorando, los ojos llenos de lágrimas que no sabía si eran de placer, miedo o ambas cosas. —¡Sí, por favor!

Él cambió el ángulo, golpeando un punto que hizo que viera estrellas. 

Sus gritos se volvieron más agudos, más desesperados. 

Jungkook bajó la cabeza y mordió su cuello, marcándolo, mientras sus caderas no dejaban de moverse con una fuerza implacable.

—Eres mío —jadeó en su oído—. Solo mío. Cada gemido, cada lágrima. Mío.

Jimin sintió que otro orgasmo se acercaba, más grande, más aterrador que el primero. Su cuerpo se tensó.

—¡Voy a… voy a…! —gritó, sin poder terminar.

—Vente. —ordenó él, y fue como si su voz activara algo en él.

El segundo orgasmo lo hizo estallar. Gritó sin control, su cuerpo se arqueó violentamente, sacudiéndose bajo él. 

Jungkook lo sostuvo, follándolo hasta que con un gruñido gutural, se hundió y se corrió dentro de su coño con sacudidas largas y temblorosas.

El silencio que siguió solo fue roto por su respiración jadeante. 

Jungkook se desplomó sobre él, su peso sofocante. 

Jimin lloraba en silencio, las lágrimas corrían por sus mejillas y mojaban el cabello. 

No sabía por qué lloraba.

Jungkook se separó después de un minuto. Se levantó de la cama y se ajustó la ropa sin mirarlo. 

Se veía tan tranquilo, tan compuesto, como si no acabaran de tener sexo salvaje. 

Jimin yacía allí, deshecho, expuesto, sintiendo su semen caliente escurriéndole por el muslo.

Él se acercó a la cama y con el pulgar le limpió una lágrima de la mejilla.

—Duerme —dijo, su voz ahora era extrañamente suave. —Te veré mañana.

Y se fue, cerrando la puerta con un clic suave.

Jimin se quedó allí, temblando, sintiendo el dolor y el placer mezclados en cada parte de su cuerpo. 

Sabía que lo que había pasado estaba mal. Terriblemente mal. 

Pero cuando cerró los ojos, el único pensamiento que vino a su mente fue el sonido de su propia voz gritando: “¡Más fuerte!”.

La obsesión no había terminado. 

Solo había cambiado. 

Y ahora, él también estaba atrapada en ella.

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