Capítulo 1
El traqueteo de las ruedas vibraba a través de la suela de sus zapatos. Fuera de la amplia ventana, el cielo exhibía un tono azul oscuro, iluminado por las luces ocasionales de las estructuras que el tren iba dejando a su paso. Dentro del vagón, la calefacción mantenía una temperatura templada. Yoongi descansaba la espalda contra el respaldo del asiento, con un pantalón deportivo azul oscuro y una sudadera a juego, cuya cremallera colgaba abierta por la mitad sobre una playera blanca de algodón.
Sostenía un libro de tapas blandas sobre su regazo. Su pulgar derecho acariciaba el anillo en su dedo índice, haciéndolo girar sobre su piel, trazando el contorno del aro plateado.
El sonido de unas suelas pisando la alfombra del pasillo se superpuso al ruido de las vías. Yoongi apartó la mirada de las páginas. Un hombre alto avanzaba entre las hileras de asientos despoblados; lo siguió con la mirada mientras el chico avanzaba.
Recorrió la línea recta de la nariz, la estructura marcada de la mandíbula, los labios gruesos. Un pequeño lunar descansaba en la punta de la nariz y otro asomaba bajo el labio inferior. Los ojos oscuros del chico se fijaron en él desde debajo del flequillo.
El castaño detuvo su marcha justo al lado de su fila, giró el cuerpo y tomó asiento en la butaca de al lado. El costado de su brazo rozó la tela de la sudadera de Yoongi. El pasillo entero ofrecía decenas de asientos desocupados a su alrededor.
Yoongi deslizó un separador entre las hojas de su libro, cerró la tapa y lo guardó en el bolso a sus pies. Se acomodó de nuevo, hundiendo los hombros en el respaldo, y cerró los ojos. Descansó la nuca contra la cabecera, con el sonido de una respiración ajena a su lado.
El peso de una mano descendió sobre su rodilla. Mantuvo los párpados cerrados mientras las yemas de unos dedos largos trazaban círculos sobre el tejido grueso del pantalón. Apretó los párpados con fuerza y flexionó la pierna izquierda, cruzándola sobre la derecha para bloquear el contacto.
La mano se separó por un momento. Luego volvió a posarse sobre su muslo, arrastrándose en un camino descendente, presionando lento, acortando la distancia hacia su entrepierna con cada movimiento. Justo antes de tocar el centro, Yoongi se mordió el labio inferior, bajó el brazo y envolvió la muñeca del intruso con los dedos para apartarla.
Abrió los ojos.
El hombre giró la palma hacia arriba y atrapó su mano, entrelazando los dedos con los suyos. Tiró de ella hacia arriba; un aliento cálido chocó contra sus nudillos. Los dientes del desconocido atraparon el dedo índice, mordiendo justo sobre el anillo.
Entreabrió los labios; un jadeo escapó de su boca.
El castaño mantenía los ojos en los suyos, a escasos centímetros de su rostro.
—¿Qué haces, idiota? —preguntó Yoongi.
El otro separó los dientes de su dedo. Sus labios rozaron la piel húmeda y dejaron un beso pausado sobre el borde del anillo.
—¿Qué quieres que haga? —Su voz apenas se escuchó por encima del traqueteo.
Yoongi tiró del brazo hacia atrás, liberó la mano y la apoyó sobre su muslo, cerrando los dedos en un puño.
—Nada, pervertido.
El castaño inclinó la cabeza. Sus ojos bajaron desde el rostro de Yoongi hasta detenerse sobre su entrepierna.
—Seguro que no quieres que haga nada...
Se acercó; los pocos centímetros que los separaban desaparecieron. El calor de su cuerpo traspasó la sudadera. Avanzó hasta rozar la oreja ajena con los labios.
—¿No te parezco atractivo, Yoongi?
Yoongi giró el rostro hacia él. Sus frentes se tocaron.
—¿Cómo sabes mi nombre?
El pecho del castaño se elevó. Desvió la mirada hacia el pasillo vacío por un segundo antes de volver a él, y se humedeció los labios.
—Yo... escuché cuando compraste tu boleto.
Una sonrisa se dibujó en las mejillas de Yoongi, observando los labios del chico. Luego dejó caer la comisura de los suyos.
—¿Ah, sí? —preguntó—. ¿Cuál es tu nombre?
El hombre suspiró, bajando los hombros, y la mano volvió a posarse sobre su muslo.
—Taehyung. —Sus dientes atraparon el lóbulo de la oreja de Yoongi y tiraron de él—. Tú puedes llamarme como quieras.
Yoongi apoyó la mano sobre su pecho.
—No, para —dijo—. Tengo novio.
Los dedos de Taehyung masajearon su pierna, subiendo por el muslo.
—¿Es más guapo que yo? —preguntó contra su cuello.
Yoongi detuvo la respiración.
—No lo sé. Creo que no podría compararlos.
Los dedos avanzaron más arriba, alcanzaron su entrepierna y presionaron contra la erección bajo el pantalón.
—Si te hace sentir mejor, yo también tengo un novio, tan guapo como tú.
Yoongi dejó caer el peso de la cabeza contra el respaldo.
—¿Ah, sí?
La mano apretó, flexionando los dedos al ritmo del vagón.
—Sí.
El sonido estático de una radio se escuchó al final del pasillo; unos pasos avanzaban hacia el vagón. Los dedos se detuvieron. Taehyung retiró la mano de su entrepierna, la llevó hacia arriba y la apoyó en la nuca de Yoongi, presionando con suavidad para hundir su rostro contra el cuello. Yoongi aspiró el aroma de la colonia amaderada sobre su piel, con los ojos abiertos frente a la tela del abrigo, escuchando las pulsaciones bajo el cuello del otro.
Un sujeto con uniforme azul marino se detuvo junto a sus asientos.
—Boletos, por favor.
Taehyung buscó dentro del bolsillo de su abrigo y sacó dos rectángulos pequeños. Extendió el brazo hacia él.
—Mi amigo está dormido —dijo, bajando la voz—. Aquí tiene los boletos.
El revisor tomó los papeles. El chasquido de una perforadora sonó dos veces. El hombre devolvió los boletos a Taehyung. Se giró y retomó su marcha, alejándose cada vez más hasta desvanecerse en el siguiente vagón.
Los boletos cayeron al suelo. Yoongi despegó la mejilla del cuello de Taehyung, levantó el rostro, cerró los dedos sobre las solapas de su abrigo y tiró de él, obligándolo a bajar la cabeza. Sus labios rozaron la oreja del extraño.
—¿A dónde vamos? —susurró.
Taehyung se levantó, envolvió la muñeca de Yoongi con la mano y jaló de ella. Yoongi se separó del asiento, poniéndose de pie en medio del pasillo, y lo siguió un paso por detrás mientras Taehyung caminaba hacia la parte trasera.
Las puertas se abrieron al detectar su movimiento. El ruido del exterior y una corriente fría los golpearon al entrar al espacio estrecho que conectaba los vagones. Frente a ellos, una puerta exhibía un indicador verde en la cerradura. Taehyung empujó.
Entraron al baño. Cerró la puerta a sus espaldas y giró el seguro. El espacio era estrecho, iluminado por una luz blanca que caía sobre las paredes y un pequeño espejo. El traqueteo de las vías golpeaba más fuerte bajo sus pies.
Taehyung soltó la muñeca de Yoongi, deslizó el abrigo por sus hombros y lo dejó caer al suelo. Bajó la tapa del inodoro y se sentó. Yoongi dio un paso hacia él, pasó una pierna por encima y se sentó sobre sus muslos.
Las manos de Taehyung se movieron por debajo de la playera; sus dedos tocaron la piel en la cintura de Yoongi y empujaron hacia arriba, amontonando la ropa por encima del pecho. Inclinó la cabeza, atrapó uno de los pezones con la boca, pasó la lengua sobre la piel y tiró con los dientes.
Yoongi echó la cabeza hacia atrás y movió la cadera hacia adelante, frotando los glúteos contra la entrepierna de Taehyung.
—¿Tienes condones? —preguntó.
—Sí —respondió Taehyung.
Bajó las manos hacia el elástico del pantalón y tiró de la tela hacia abajo. Yoongi apoyó las manos en sus hombros y levantó la cadera para permitir que el pantalón y la ropa interior cayeran por sus muslos.
El castaño abrió el botón y la cremallera de su pantalón. Metió la mano al bolsillo y sacó un empaque cuadrado y un tubo pequeño. Yoongi tomó el sobre. Lo rasgó, sacó el látex y lo desenrolló sobre la erección de Taehyung.
Taehyung esparció el líquido transparente sobre sus dedos índice y medio, alcanzó la entrada de Yoongi y empujó el primer dedo en su interior. Yoongi bajó el rostro y unió sus labios a los suyos; se besaron mientras un segundo dedo lo estiraba, abriéndose hacia dentro.
Retiró los dedos húmedos. Yoongi flexionó las rodillas, apoyó los pies sobre el suelo y elevó la cadera. El frío chocó contra la piel expuesta de sus muslos y su vientre. Taehyung sostuvo su cintura con una mano y acomodó la punta de su miembro hacia la entrada dilatada. Yoongi bajó el peso del cuerpo; sus piernas temblaron. Echó la cabeza hacia atrás hasta que sus caderas chocaron entre sí.
—¿Te gusta, Yoonie? —preguntó Taehyung.
Yoongi apretó los dedos sobre sus hombros y movió la cadera hacia adelante.
—Sí.
El vagón se balanceó con fuerza sobre las vías. Yoongi subió, volvió a caer; la piel de sus muslos se frotó contra las piernas de Taehyung. Abrió la boca buscando oxígeno; un sonido agudo subió por su garganta. Bajó el rostro y mordió la sudadera sobre su garganta.
Taehyung elevó las caderas, empujando hacia arriba para buscarlo. Sus manos bajaron desde la cintura hasta los muslos de Yoongi, apretándolos bajo los pulgares. Enterró el rostro en su cuello; un gruñido grave chocó contra la piel cubierta por el sudor.
—¿Soy mejor que tu novio?
—No —dijo Yoongi con una sonrisa—. Nadie es mejor que él.
Volvió a morder su ropa. El movimiento se aceleró. La puerta del baño tintineaba. Yoongi apretó los párpados, frotó su erección contra el abdomen de Taehyung. Los músculos de su espalda se tensaron; una sacudida recorrió sus piernas, contrayendo su interior alrededor de él. Abrió la mandíbula, soltando la sudadera. Sus labios se separaron en un grito.
—No hagas ruido, cariño —le dijo Taehyung.
Yoongi se rio.
—Tae —dijo Yoongi.
Bajó la cabeza y capturó los labios del castaño, ahogando un gemido dentro de su boca. La lengua de Taehyung lo recibió al mismo tiempo que el cuerpo bajo él temblaba. Taehyung dio una última embestida hacia arriba y se corrió dentro de su cuerpo.
El beso se rompió tras unos segundos. Sus pechos subían y bajaban al mismo tiempo, chocando entre sí. Las respiraciones agitadas llenaron el espacio reducido, empañando ligeramente el espejo sobre el lavabo.
Yoongi separó la frente, levantó una mano; sus dedos acariciaron el cabello de Taehyung, peinando los mechones húmedos hacia atrás, apartando el flequillo que caía sobre sus ojos.
—Amor, te sales de los personajes todo el tiempo, ¿sabes? —dijo, con la voz ronca.
Taehyung exhaló y rodeó su cintura, descansando la barbilla sobre el pecho desnudo de Yoongi.
—Lo siento. ¿Fue el cariño?
—Sí. Y lo del nombre, antes.
Inclinó el rostro y dejó un beso sobre sus labios.
—¿Estás feliz con esto? —preguntó Yoongi sobre su boca—. No quiero ir a la cárcel por nada.
Taehyung relajó los hombros, apoyando la espalda contra la pared.
—Sí, estoy feliz —respondió, acariciando la piel de su espalda—. Aunque creo que solo lo estoy por tener sexo contigo; no fue tan divertido pensar que nos podría escuchar alguien más.
Yoongi sonrió, mostrando los dientes, y acarició la nuca de Taehyung.
—Tonto.