Capítulo 1. La Caída
Si existe un camino después de la muerte, al que te orilla el mundo entero a cruzar, no hay peor persona para narrarlo que Vienna Coughlan, que a sus 18 años vio la punta del iceberg que la terminó empujando de manera corrediza hasta la mayor hipotermia de su vida con tan solo 23 años. La muerte no fue su final, sino su comienzo.
Trabajando día y noche en una editorial desde que tiene memoria, ya que su novela que escribió en ese entonces como una mente volando llena de imaginación la hizo triunfar en redes, fue tan bien recibida que decidió retomar sus estudios en línea tras la oportunidad que le otorgaron, sin amigos, sin socializar, arriesgó todo por un sueño; sin embargo, no contempló los cambios que su misma mente iba a tener hasta que llegó el fracaso y no se detuvieron, las críticas se hacían notar todos los días en la pantalla de su computador al llegar a trabajar. La noche más importante para su carrera actualmente había llegado, sentada frente a ese mismo computador lleno de post-it, Vienna se dedica a escribir el final de su última novela, un amor sobrenatural, un vampiro y una chica cuyo don es que no puede morir y su telequinesis.
Sin embargo, Vienna decidió darle el mismo destino que ella cree tener, nunca podrá tener un final feliz, condenada a terminar sola hasta su muerte, que solo llegaría si estaba dispuesta a perder su libertad de moverse en el mundo para ser encerrada, pero nunca existirá una cura para ese don que la marcó como una maldición. Dadas sus circunstancias, Vienna pensó en el final incontables veces hasta que llegó a su conclusión, la protagonista sería encerrada y condenada a ese triste final sin libertad por la misma persona que amó, mientras vivía en agonía solo existiría el mismo pensamiento cada segundo: "¿Algún día sucederá algo distinto?".
Distraída de la hora, Vienna despierta de su conciencia distraída dirigiendo sus ojos a la hora marcada en la esquina inferior de su computador, siendo tan tarde prefiere escribir el final después de descansar, poniéndose de pie toma su bolso y saco para irse, presionando el botón del ascensor para que suba al piso donde se encuentra, empiezan a parpadear las luces del edificio de manera continua, Vienna con miedo a que el ascensor se quede a mitad de camino se dirige a las escaleras de emergencia donde escucha un estruendo en la puerta de la azotea, no es mucho de meterse en cosas sobrenaturales, pero decidió subir a ver qué había sido, llegando, ve la puerta entreabierta y mucho bullicio desde afuera, saliendo se encuentra al nuevo pasante de la editorial montado sobre el pequeño muro sobresaliente que dividía la caída del edificio, Vienna lo reconoció al instante, ya que esa misma mañana lo había felicitado por haberlo logrado a la misma edad que ella.
—¡¿Daniel?! ¡¿Qué crees que haces ahí arriba?!
—¿Vienna? ¡Aléjate! Es peligroso, no quiero que te vayas conmigo. —camina más a la orilla alertando a Vienna.
—No sé qué sucede, pero podemos resolverlo, lo sabes, siempre podías confiar en mí, te lo dije desde el primer día. —camina con lentitud para llegar a sostenerlo.
—¿Puedes resolverlo? Vienna, no finjas preocupación. —le lanza su móvil que termina arrastrándose por el suelo lleno de polvo, Vienna lo toma leyendo mensajes de odio.
—Esto es... —Vienna alza la vista bajando el móvil—. Esto no está bien, podemos juntos resolverlo, eres un increíble escritor.
—Lo dices porque después de tanto tiempo te volviste una escritora mediocre, las críticas que recibes te hicieron una burla, yo no puedo, no en mi primera novela, ni siquiera tiene sentido el que me contraten, seguro me despedirán y yo prefiero...
—Tienes toda la razón. —Agacha la cabeza deteniéndose—. Soy una burla, pero no me daré por vencida, y tú tampoco deberías, si no ¿qué te hace diferente a mí?
—Vienna... —deja de moverse, sintiéndose mal por las palabras que le dijo.
—Existen momentos, el tuyo no ha iniciado, el mío puede que haya terminado, pero si una estrella se apaga nacen muchas más. —se acerca hasta llegar con él y sujetar su mano.
—Lo siento, Vienna. —la abraza llorando en su hombro, Vienna lo consuela escuchando aún el bullicio de abajo.
—Está bien. Es mejor que bajes, yo me encargaré de esto.
Él la obedece, mientras ella se recarga para observar hacia abajo, suspirando hace una seña con sus brazos y se queda pensando en lo que le había dicho Daniel, su futuro era una cuerda floja, al saber que todos la miran de esa manera no quedaba mucho para acabar despedida, pero podía hacerlo independientemente de todo o buscar otra cosa para trabajar, viendo que se retiran todos, sonríe al aire con un suspiro largo y se da la vuelta. Sorprendida, una silueta femenina aparece delante de ella susurrando algo ilegible, confundida pidiendo que lo repita, estira su mano para tocarla, cuando la asusta haciendo que la empuje con ambos brazos hacia abajo, aterrada la ve por última vez antes de cerrar sus ojos con fuerza y dejando salir lágrimas.
Al abrirlos apenas sentía su cuerpo, su cabeza girada a un costado, observa a todos gritando, sin saber que aun luciendo asustados, ella se moría del terror de morir. Sin poder moverse, la voz de Daniel resuena, él va saliendo del edificio y solo podía pensar en que la vio caer. Antes de cerrar sus párpados, piensa en el final de su protagonista, no había podido escribirlo, pero acabó de la misma manera que ella estaba destinada, a morir sin nadie que la amara.
Sobresaltada, abre los ojos en un lugar desconocido, revisándose por completo siente su cuerpo bien, pero sigue desconcertada con un agudo dolor en la cabeza, viendo el pasillo bien iluminado y elegante, aparece un hombre dictando órdenes que apenas logra entender a qué se refería mientras le entrega una bandeja.
—Será mejor que no tardes, no te pagamos para holgazanear. Entrega estas bebidas a la habitación VIP número 2 y no lo vuelvas a tirar o saldrá de tu sueldo.
—¿Qué? —Vienna gira hacia él, que frustrado solo suspira y la empuja apuntando a una habitación al fondo.
Vienna procede a caminar lentamente mirando en la alfombra roja una botella de vino rota, reconociendo un poco la situación iba regresando a sus sentidos con cada paso, como si ese sitio se fuera haciendo menos desconocido; tocando a la puerta y preguntando si puede pasar, el silencio es su mayor respuesta, a punto de tocar de nuevo, abre los ojos en grande recordando lo que sucedió con la botella y qué era ese evento en el que estaba, todo en flashbacks.
Su novela, queriendo que sea una broma, mira a todos lados buscando otra explicación, como si las paredes se la fueran a dar. Intentando recordar los primeros capítulos de su libro, recordó que aquí la protagonista dejaba las bebidas en el suelo y terminaban despidiéndola por no cumplir con su trabajo, suspirando, su conciencia le advirtió por última ocasión, pero ella decidió abrir la puerta con cuidado. Dando un paso dentro, buscó el interruptor de la luz entrecerrando sus ojos, cuando la puerta detrás de ella se cerró de golpe asustándola, nerviosa pasó un gran trago de saliva antes de seguir avanzando hasta chocar con su mano en una mesilla, dejando la bandeja encima se giró casi corriendo a la puerta. Una mano la detiene sujetándola por la cintura, sintiéndolo aún alejado, intentó soltarse con miedo.
—¡Señor, suélteme! —ya furiosa, empujó el brazo que se encuentra alrededor de su cintura con fuerza—. Esto es...
—¡No te muevas! Solo... mantente así. —Vienna dejó de pelear, algo en esa voz grave la hacía obedecer.
El hombre empezó a alzar su camisa desfajándola lentamente mientras su otra mano se hacía paso dentro de su falda y ropa interior, Vienna lo detiene con ambas manos, lo cual parece funcionar porque se detiene sacándola, sin embargo se percató de que fue solo para irse por debajo de su camisa acariciando su abdomen. Vienna se da la vuelta empujándolo lejos haciendo que sus ojos se cruzaran con los de él por unos segundos, viendo un brillo gracias a la luz de la luna que pasaba por las cortinas blancas de la ventana. Sin embargo, eso parecía haberlo molestado más, porque no tomó mucho en sujetar sus muñecas alzando sus brazos con una sola mano, acercándose a su cuello provocándole cosquillas.
—¡¿Qué cree que está haciendo?! —se ríe intentando alejarlo con las piernas—. ¡Suélteme!
Sin importarle las patadas de Vienna, no se detuvo abriendo su boca mostrando dos colmillos, cerrando los ojos con fuerza, aceptó lo que iba a pasar cuando sintió la punzada de dolor mientras atraviesa sus arterias carótidas. Apenas dejando salir un quejido, mordió su labio inferior con fuerza, suplicando que se detuviera, él la escucha alejándose y dejándola con pocas fuerzas contra la pared, intentando no caerse, el hombre le arranca con una mano la falda negra que trae puesta, ella pierde por completo la energía en sus piernas y se desploma, antes de caer al suelo la sujeta cargándola hacia la cama que difícilmente se logra ver en la oscuridad.
Bajando su cuerpo con delicadeza, sus miradas volvieron a cruzarse una última ocasión entre esa luz tenue, pero los ojos de Vienna se desviaron a su boca donde escurría su sangre y que no le interesó para besarla al instante. Su cuerpo podía sentir sus manos recorrer cada parte con cuidado que la hacía sentir su alrededor nublado, como si la combinación de sus toques y el beso la estuvieran consumiendo en un calor intenso que llega desde muy dentro de ella. Dejándose llevar, envuelve sus brazos detrás de su cuello sin detenerse hasta que se quedó sin aliento, él se apartó quitándose la parte de su ropa que seguía teniendo puesta en lo que le susurraba al oído.
—Gracias, te ganaste un premio.
Antes de lograr preguntar, Vienna se arquea al sentir que entra a su interior, su cuerpo ardía cada segundo en que sentía que lo empujaba, pero se negó a dejar salir cualquier tipo de ruido cubriendo su boca con ambas manos, él las apartó besándola con intensidad. Con sus manos libres lo sujetó de su espalda con fuerza sintiendo su rigidez mientras no se detenía hasta terminar.








