Chapter
El sótano olía a hierro y sudor frío.
Jungkook limpiaba su cuchillo con un paño de seda mientras Minho arrojaba un cubo de agua salada sobre el hombre encadenado a la pared.
—¿Cuántas rutas vendiste a los Park? —preguntó Jungkook, voz tan calmada que lograba erizar los vellos.
El prisionero escupió sangre. —¡Solo dos! ¡Necesitaba el dinero para mi hija!
Jungkook se acuclilló frente a él. —Mi padre decía algo sabio: "La familia es todo, hasta que traicionas a la tuya" —apoyó la hoja filosa contra su mejilla. —Tu hija recibirá flores en su graduación... y una urna con tus cenizas.
El timbre de llamada, una canción japonesa, resonó en el silencio. Jungkook se enderezó, sacando un teléfono chapado en oro del bolsillo interior de su traje. La pantalla mostraba una foto de Jimin sonriendo y su nombre de contacto: "mimiamor".
Su expresión cambió instantáneamente, los ojos se suavizaron, la línea de sus labios se curvó.
—¿Mi amor? —preguntó, voz convertida en miel.
—¡GGUK! —la voz aguda de Jimin cortó el aire. —¡Llevo VEINTE minutos mirando el reloj! ¿Dónde está mi helado de fresa con laminitas de oro comestibles? ¡Prometiste que lo traerías antes de mi baño de burbujas!
Jungkook hizo un gesto rápido con dos dedos, Minho y otro guardia salieron disparados hacia la puerta.
—Perdona, princesa. Tuve... un contratiempo —mientras hablaba, pateó las costillas del prisionero con fuerza. Un crujido seco llenó la habitación. —Ya va en camino, ¿quieres también esos macarons rosados de Ladurée? Los de frambuesa que te encantan.
—¡Sí! ¡Pero dile a Minho que la última caja estaba MALA! —el tono de Jimin subió de volumen. —¡Los macarons se pusieron BLANDOS como chicle viejo! ¡Es inaceptable!
Jungkook clavó el cuchillo en la mesa de madera cercana.
—Minho está despedido —dijo sin apartar los ojos del prisionero jadeante. —¿Algo más, mi vida?
Hubo una pausa.
Jungkook podía imaginar a Jimin en la bañera de mármol rosa del penthouse, jugueteando con las burbujas, su cabello rubio pegado a sus hombros desnudos.
—...Que vuelvas YA —su voz bajó a un susurro juguetón. —La bañera está grande sin ti... Y quiero masajes en los pies después con el aceite de cerezas italiano, no el otro.
Jungkook sonrió, un destello genuino que ninguno de sus hombres había visto jamás.
—En diez minutos estoy ahí, te compro ese collar de diamantes de Bulgari que viste en la revista —colgó y su rostro se transformó de nuevo en máscara de hielo. —Acaben con esto y limpian. Mi novio me espera.
Uno de sus hombres asintió, sacando una pistola con silenciador mientras Jungkook salía sin mirar atrás. El sonido de un disparo sordo lo siguió por el pasillo.
El penthouse olía a vainilla y jazmín, fragancia favorita de Jimin.
El rubio estaba recostado en el sofá de terciopelo rojo, vestido solo con la camiseta negra de algodón de Jungkook que le llegaba a mitad de los muslos. Sus pies descalzos, con esmalte rojo cereza, golpeaban el aire con impaciencia.
—¡DOCE minutos y CUARENTA segundos! —gritó en cuanto Jungkook cruzó la puerta, lanzando un almohadón de seda que él esquivó sin esfuerzo. —¡Tu reloj está adelantado!
Jungkook se arrodilló frente al sofá, tomó su pie derecho con reverencia, sus dedos ásperos rozando la piel suave de su empeine.
—Castígame como quieras, princesa —dijo, vertiendo aceite de cerezas en sus palmas. El aroma dulce y afrutado llenó el espacio entre ellos.
Sus manos comenzaron a masajear la planta de su pie, pulgares presionando firmemente el arco.
—Más fuerte... Ahí... sí —Jimin gimió, dejándose caer contra los cojines. —Y mañana quiero que lleves ese cinturón de cuero negro, el ancho con la hebilla de plata. El que hace que tu… ya sabes, se vea enorme.
—Lo que tú digas —Jungkook sonrió, sus manos subiendo para masajear su tobillo, luego su pantorrilla, sus dedos dibujaron círculos bajo su rodilla. —¿Te portaste bien hoy?
Jimin jugueteó con el borde de la camiseta. —¡Sí! Solo rompí dos tazas chinas de esa colección fea que tenías porque tenían unos dragones horribles —Jimin vio cómo sus ojos se oscurecían. —¡Y no fue mi culpa! ¡Resbalaron!
—Malcriado —Jungkook se inclinó hacia adelante, sus manos agarraron el cuello de la camiseta y la rasgaron de arriba abajo con un solo tirón. La tela cedió, exponiendo sus tetas firmes con pezones ya erectos. —¿Sabes lo que le pasa a los niños malos que rompen cosas caras?
Jimin no tuvo tiempo de responder.
Jungkook lo levantó como si pesara plumas y lo aplastó contra el espejo de cuerpo entero que decoraba la pared del salón. Su espalda desnuda golpeó el vidrio frío.
—¿Que su mafioso los folla hasta que no pueden caminar? —preguntó, su aliento caliente en su oído mientras su rodilla separaba sus muslos.
—Exactamente —Jungkook hundió su cara en su cuello, mordiendo la piel mientras sus manos agarraban el borde de sus bragas de encaje negro. —Pero primero... esto sobra.
Las rasgó con los dedos con facilidad.
Jungkook tumbó a Jimin boca arriba sobre el sofá de terciopelo rojo.
Sus dedos índice y medio se deslizaron por sus labios vaginales ya hinchados y brillantes de sus jugos naturales. El contraste entre sus manos ásperas y su piel sensible lo hizo estremecerse.
—Ábrete para mí —ordenó, usando los pulgares para separar sus pliegues sensibles, exponiendo completamente su clítoris erecto y rosado.
Su lengua plana y caliente comenzó lamiendo desde su ano, dibujando un círculo rápido y húmedo que hizo que Jimin saltara, luego trazó una línea recta y firme hacia arriba, pasando por todo su coño hasta detenerse en su clítoris.
—¡AH! ¡Sí... ahí mismo! —Jimin arqueó la espalda del sofá cuando la punta de su lengua se concentró en el pequeño botonsito de nervios, moviéndose en círculos minúsculos pero increíblemente rápidos, era como una corriente eléctrica directa.
Sus dedos entraron en su vagina de golpe hasta sus nudillos, los dobló hacia arriba frotando ásperamente contra la esponjosa pared vaginal. El sonido era húmedo y constante que se sincronizaba con cada movimiento.
—Estás palpitando alrededor de mis dedos... —observó Jungkook, levantando la vista para mirarlo. —¿Cuántas veces pensaste en mi verga hoy?
—¡C-Cinco! —jadeó Jimin, sus músculos vaginales apretando involuntariamente los dedos invasores. —Una cuando desayuné... otra cuando... AH... cuando me vestí... dos en la bañera... y... ¡AHORA!
Jungkook aumentó la velocidad de sus dedos, el movimiento dentro de su coño se volvió casi frenético. Su lengua nunca dejó de trabajar su clítoris, chupándolo y succionándolo.
—¡No pares! ¡Estoy cerca! —gritó Jimin, sus manos enterrándose en su pelo negro, empujando su cara contra su coño.
Un chorro de líquido claro salió de su coño empapando el terciopelo bajo sus nalgas y la barbilla de Jungkook.
—Buen chico —murmuró Jungkook, lamiendo sus dedos manchados de sus fluidos mixtos. —Pero esto es solo el aperitivo.
Sin darle tiempo a recuperarse, Jungkook lo levantó como una muñeca de trapo.
Sus piernas se engancharon instintivamente alrededor de su cintura.
La cabeza de su verga, gruesa, morada y ya chorreando fluido preseminal, presionó su entrada empapada.
—Empújame adentro, princesa —gruñó, sus manos agarrando sus nalgas para abrirlo más.
Jimin bajó las caderas con fuerza, usando su peso para forzar la entrada. La penetración fue de un solo movimiento brutal hasta el fondo.
Jimin sintió cómo su coño rozaba el glande hinchado, una sensación al borde del dolor que lo hizo gritar.
—¡TO-DA! ¡Dios...! —sus uñas clavadas en los músculos de su espalda dibujaron líneas rojas.
Jungkook comenzó a embestir sin piedad. Cada empuje seguía un ritmo preciso, salía casi completo, dejando solo el glande dentro, agarrándose a sus labios internos; y entraba nuevamente brutal y profundo que llevaba sus testículos pesados contra sus nalgas con un golpe húmedo.
El espejo se empañó donde su espalda golpeaba una y otra vez.
Sus nalgas aplaudían en ritmo obsceno. Sus tetas rebotaban con cada impacto, los pezones rozando el algodón de su camisa.
—¡Más duro! ¡Como si... AH... quisieras romperme en dos! —exigió Jimin, mordiendo el músculo de su espalda con fuerza suficiente para dejar marca.
Jungkook lo tiró desde el espejo hacia el montón de pieles de oso polar blanco frente a la chimenea.
Jimin cayó sobre manos y rodillas. Sus manos apartaron sus nalgas con fuerza, exponiendo completamente su ano rosado y apretado y su coño hinchado y rojo de la fricción.
La primera estocada fue profunda, rozando su punto desde un ángulo nuevo. Su verga, ya cubierta de sus fluidos mixtos, salpicó más lubricación sobre sus muslos internos.
—Arriba y abajo. —jadeó Jimin, apoyándose en los codos para arquear mejor la espalda y sentir más profundidad.
Jungkook obedeció dando empujes rectos, su mano izquierda se enredó en su pelo rubio y lo jaló hacia atrás, forzando su cuello en un arco. Su mano derecha bajó entre sus piernas, encontrándo su clítoris y frotándolo con presión constante.
—¿Así? ¿Te gusta que te follen como una perra en celo? —su voz era un gruñido áspero, cortado por jadeos. —¿Te gusta que mis hombres escuchen cómo gimes?
—¡Sí! ¡Soy tu... perra! ¡Tu puta! ¡Dame más! ¡Más! —Jimin empujó su trasero hacia atrás con fuerza, buscando una penetración aún más profunda.
Un chorro repentino de squirt líquido salió del coño de Jimin empapando las pieles blancas bajo sus rodillas y las botas de cuero de Jungkook. Él no detuvo el ritmo ni por un segundo.
En un movimiento sorpresa, Jimin lo empujó hacia atrás sobre la piel de oso. Jungkook cayó sobre su espalda. El rubio se montó sobre él a horcajadas, dominante, con una mano guió su verga viscosa y palpitante hacia su entrada abierta y con la otra se masajeó el clítoris sensible y dolorido.
Bajó lentamente tragándose cada centímetro con una concentración que tensaba su rostro. Una vez completamente abajo, hizo círculos amplios y lentos con las caderas, frotando su punto G.
—Quieto... esto es mío ahora —susurró Jimin, mirándolo fijamente mientras comenzaba a acelerar, rebotando rapidamente, levantándose casi por completo antes de dejarse caer con todo su peso.
Sus tetas se balanceaban cerca de su cara, Jungkook se metió una a la boca chupando el pezón duro y luego mordiéndola suavemente, sus manos se aferraron a sus nalgas, sus dedos hundiéndose en la carne, ayudando a levantar y bajar su cuerpo.
—Pronto... voy a... —advirtió Jungkook sintiendo la presión insoportable acumulándose en la base de su verga.
Jimin comenzó a rebotar, arriba y abajo, tomándolo toda, sus tetas rebotaban violentamente con cada movimiento. Jungkook metió un pulgar en su ano, presionando suavemente.
—¡Gguk! ¡Eso... no! —gritó, pero aceleró el ritmo.
Jungkook usó su mano libre para frotar su clítoris en círculos rápidos, la combinación de su verga llenándolo por delante, su pulgar en su ano y sus dedos en su clítoris fue demasiado.
—¡Voy a...! ¡No puedo... parar! —Jimin jadeó, sus músculos internos empezando a contraerse.
—Aguanta —Jungkook gruñó, viendo cómo su cara se retorcía de placer. —¡AHORA!
En el "ahora", Jimin explotó, un chorro caliente salió de él, mojando el vientre y los muslos de Jungkook. Su vagina se apretó como alrededor de su verga y gritó, convulsionando.
El espasmo de Jimin desencadenó el orgasmo de Jungkook, este lo empujó sobre las pieles de oso en el suelo, se puso de pie, agarró sus tobillos y abrió sus piernas completamente, embistiendo salvaje, profundo, hasta que un rugido salió de su garganta.
Su cuerpo se estremeció y Jimin sintió el chorro caliente de semen llenándolo por dentro, la sensación espesa. Gotas blancas escapaban alrededor de su verga todavía adentro.
Jungkook lo cargó hacia el baño.
Lo sentó en el borde de la bañera de mármol rosa.
Se arrodilló entre sus piernas abiertas y uso dos dedos para abrir sus labios hinchados y rojos.
—Mirá cómo chorreas —murmuró, mientras su semen espeso y blanco goteaba lentamente de su vagina sobre sus dedos y en el piso. —Hiciste un desastre.
Jimin, exhausto pero sonriendo, le tomó la cara.
—Y tu hiciste bien tu trabajo —dijo, antes de besarle los labios con posesividad. —Pero no terminaste, mi castigo fue por dos tazas.
Jungkook sonrió, sus manos ya bajando otra vez entre sus piernas.
—La noche recién empieza, princesa.
Se metieron dentro de la gran bañera.
Las manos de Jungkook masajeaban los muslos temblorosos de Jimin bajo el agua caliente. Su pulgar rozó su clítoris hinchado, haciendo que Jimin saltara.
—¿Ya estás sensible, princesa? —preguntó, mordiendo su oreja. —Solo empezamos el castigo.
—¡Basta! Estoy adolorido —protestó Jimin, pero separó las piernas cuando sus dedos bajaron otra vez.
—Mentira —Jungkook lo sentó de frente sobre su regazo. Su verga, ya dura de nuevo, rozó su entrada húmeda bajo el agua. —Sientela, te quiere adentro otra vez.
Jimin gimió cuando bajó lentamente, tomando cada centímetro de su verga dentro de su coño. El agua alrededor de ellos ondeaba con sus movimientos.
—Despacio, por favor —susurró, enterrando la cara en su cuello.
Jungkook obedeció, moviendo las caderas en círculos suaves que rozaban su punto profundo; pero cuando Jimin empezó a gemir más alto, aceleró.
—¡Sí! Así... ¡MÁS! —gritó Jimin, clavando las uñas en su espalda.
El teléfono dorado vibró sobre el borde de la bañera.
Jungkook, enterrado hasta los testículos en la cálida y palpitante vagina de Jimin, gruñó.
—Ignóralo —murmuró Jimin, moviendo las caderas en círculos lentos sobre él dentro de la bañera de burbujas rosas.
Pero el teléfono siguió sonando.
Jungkook lo alcanzó sin salirse de el.
Era Minho.
—¡Jefe! Perdón por molestar, pero es urgente —la voz de Minho sonaba tensa. —Ese tipo, Kim Seungmin, el que estuvo mirando al señorito Jimin en el club VIP anoche. Está afuera del edificio y dice que quiere “hablar" con él. Que tiene un mensaje de los Park.
Los ojos de Jungkook se oscurecieron, su agarre en las caderas de Jimin se endureció.
—¿Está armado? —preguntó, su voz peligrosamente calmada mientras sus pulgares dibujaban círculos en los huesos de su cadera.
—Solo un cuchillo, jefe. Pero parece drogado, dice que... que el señorito Jimin le sonrió anoche y que es suyo.
Jimin sintió cómo la verga de Jungkook se ponía aún más dura dentro de él, una ola de miedo frío lo recorrió, pero también de excitación.
—Rómpanle los dedos, uno por uno y luego los dientes —ordenó Jungkook, sin alterar su tono mientras comenzaba a mover las caderas de nuevo, empujando lenta pero profundamente dentro de su coño. —Que quede tirado en la calle como advertencia. Si vuelve a respirar el mismo aire que mi propiedad, terminan el trabajo.
—Sí, jefe —Minho colgó.
Jimin, excitado y asustado, apretó sus músculos internos vaginales alrededor de la verga de Jungkook.
—Eso... eso fue muy rudo —susurró, enterrando su cara en su cuello.
—Eres mío. —fue toda la respuesta de Jungkook antes de levantarlo del agua y llevarlo a la ducha de lluvia.
Agua caliente cayó sobre ellos mientras Jungkook lo apoyó contra la pared fría de mosaicos, le levantó la pierna izquierda sobre su hombro, abriéndolo completamente. Su verga encontró su entrada sin esfuerzo y entró hasta el fondo en un solo movimiento.
—¿Ves esto? —preguntó, agarrando sus manos y entrelazando sus dedos contra el mosaico sobre su cabeza. —Todo esto es mío. Cada gemido, cada temblor, cada gota que sale de ti. —embistió, profundo y constante. —Nadie te toca, nadie te mira.
Jimin no podía hablar, cada empuje lo empalaba contra la pared.
El agua se mezclaba con sus fluidos, corriendo por sus muslos, su clítoris rozaba el vello púbico de Jungkook con cada movimiento hacia adelante.
—¡Sí! ¡Solo... tuyo! —logró gritar cuando su mano soltó una de las suyas y bajó para frotar su clítoris con dedos expertos.
Jungkook lo llevó chorreando a la cama redonda, cubierta de sábanas de seda negra; lo tumbó sobre su espalda, levantó sus piernas temblorosas y las colocó sobre sus hombros anchos, abriéndolo como un libro.
Su verga entró en un ángulo devastadoramente profundo, golpeando directamente su cérvix con un ritmo calculado que comenzó con embestidas rápidas donde solo la mitad de su verga entraba y salía, rozando su punto G, luego cambiaba a una embestida profunda donde se enterraba hasta la base, su pelvis aplastada contra sus nalgas mientras Jimin sentía cada pulso de su verga en su interior, Jungkook lo embestía una y otra vez sin piedad.
Jimin gritó en cada empuje profundo, sus manos agarrando las sábanas negras hasta rasgarlas, su clítoris expuesto y palpitante, recibió la atención de los dedos hábiles de Jungkook, frotando círculos rápidos y húmedos.
—¡Dentro! —suplicó, sus ojos vidriosos fijos en los suyos. —¡Quiero tu semen adentro!
Jungkook se enterró, su cuerpo se tensó y pulsaciones poderosas y calientes de semen espeso llenaron su útero, chorro tras chorro.
Jimin tuvo un segundo orgasmo, más intenso que el primero, chorreando líquido sobre sus testículos y la sábana negra.
Cuando Jungkook se recuperó del intenso orgasmo, lo limpió con una toalla tibia de algodón egipcio, separando cuidadosamente sus labios vaginales hinchados y rojos para ver su semen blanco mezclado con sus fluidos claros saliendo lentamente de su interior.
—Eres un desastre, princesa —murmuró, orgulloso, mientras limpiaba cada gota de su vientre y muslos. —Mi desastre.
Jimin, exhausto pero flotando en una niebla de placer, se acurrucó contra su pecho desnudo.
El primer rayo de sol entraba por las ventanas del piso.
—Gguk... —susurró con voz ronca y adormilada.
—¿Sí, mi vida? —Jungkook acarició su pelo húmedo, oliendo a vainilla y a ellos.
—Quiero helado de fresa... con laminitas de oro comestibles... para el desayuno —dijo, dibujando círculos en su pectoral con un dedo. —Y que Minho no esté despedido, sus macarons son los mejores.
Jungkook sonrió, un destello genuino en sus ojos oscuros.
Tomó su teléfono dorado del suelo y marcó un número.
—Minho. Dos cosas: Primero, compra la heladería Gelato Divino entera. Segundo, dile al chef francés que prepare una caja de macarons rosados de frambuesa para las 9 AM, el señorito Jimin los quiere para desayunar —hizo una pausa, mirando los ojos somnolientos del rubio. —Y Minho... gracias por hoy, tu bono está en camino.
Colgó y besó la frente de Jimin, este ya dormitaba, una sonrisa pequeña en sus labios hinchados.
Fuera, la ciudad despertaba, pero ahí, entre sábanas de seda y el aroma a vainilla, solo existían ellos dos, Jungkook mantenía a Jimin dentro de una burbuja de amor, decidido a impedir que alguien llegara a romperla.
Buena suerte, Jungkook.








