El hermano de ex
Tocó la puerta del apartamento varias veces sin medir su fuerza. Molestaría a los vecinos si seguía, pero en el estado en que se encontraba no podía importarle menos. Ni siquiera sabía que hacía parado frente a esa puerta o si quiera cómo había llegado ahí. Lo último que recordaba era haber salido a un bar y beber hasta marearse. No recordaba cómo pasó de estar allí a estar parado frente al apartamento del hermano de su ex, Nathan.
Había terminado con su novia en la mañana, aunque no podía negar lo aliviado que estaba, todo lo contrario a como se suponía debía sentirse después de una ruptura. Sí, le había dolido un poco verla llorar al romper después de cinco meses juntos, pero jamás pudo amarla como ella lo merecía por simples dos razones: La primera, solo había decidido salir con ella solo para que dejara de molestarlo con su insistencia; la segunda, su corazón había sido robado por el dueño de ese apartamento apenas lo conoció.
Dio un par de golpes más a la puerta hasta que fue abierta, dejando su mano al aire. Y allí estaba él con su pelo desordenado, ceño fruncido, sin camisa y un pantalón corto más abajo de lo que debería, apretando perfectamente su...
Parpadeó varias veces y subió su cara hasta mirar directamente a Nathan que acababa de toser.
—Es la una de la mañana. ¿Que carajos haces aquí y por qué haces tanto ruido? ¿Acaso quieres que me echen?
Teodoro, como llevaba haciendo toda la noche, no pensó en las consecuencias y mucho menos le importó que haría cuando amaneciera y no tuviera alcohol en su sistema que le diera valor. Solo obedeció sus impulsos y se lanzó hacia Nathan, sujetándolo de los hombros y lo besó.
Teodoro siguió besándolo aun cuando podía sentir lo tenso que se encontraba Nathan, mas no podía detenerse hasta que fue obligado por el mismo Nathan.
—¿Qué carajos…?
—Me gustas —confesó antes de volverse a lanzar a él, pero esta vez no lo besó, sino que le rodeó la cintura con sus brazos y escondió la cara en su cuello—. Me gustas mucho, desde que Juliana nos presentó.
Juliana, su ex, con quién había cortado esa mañana y ahora estaba buscando refugio en los brazos de su hermano, se recordó. Sonaba mal, lo único que estaba de su lado es que esos dos ya se llevaban mal y en realidad fue la mamá de Juliana quien los presentó en una cena. Cena donde fue obligado por Juliana a asistir. Misma cena en donde se enteró que Nathan era gay gracias a los desagradables comentarios de Juliana hacia él durante toda la comida. Teniendo eso en cuenta, no rompería ninguna relación entre los hermanos, precisamente porque no existía.
Sin embargo, desde esa tarde, de la cual habían transcurrido tres meses, Teodoro no pudo sacarlo de su cabeza. Tampoco ayudó que después de ese día la mamá de Juliana los invitara más seguido a comidas familiares. Las conversaciones entre ellos comenzaron a fluir y Teodoro debía admitir que el físico no era lo único agradable de él. Aunque las cosas empeoraron cuando luego de una de esas reuniones, ambos compartieran sus números. Las conversaciones, a pesar de ser algo cortas, eran bastante entretenidas.
Teodoro apoyó su barbilla en el pecho desnudo y caliente de Nathan para verlo a los ojos. Teodoro no pudo evitar sonreír al notar sus labios fruncidos y una ceja levantada.
—… Entonces me estás diciendo que el novio de mi hermana está enamorado de mí.
Teodoro hizo un puchero y soltó un bufido.
—Ex novio —corrigió.
—Ex novio… —repitió antes de sujetar la parte trasera de su camisa y tirarlo hacia el interior del apartamento. Teodoro se quejó, mas no le molestaba demasiado, era mejor que la idea de que le cerrara la puerta en la cara o saliera algún vecino furioso. Además, tampoco había sido brusco.
Nathan cerró la puerta y apoyó su espalda en esta con sus brazos cruzados sobre el pecho sin quitar sus ojos de Teodoro.
—¿Puedes explicarme porque el ahora ex de mi hermana está a la una de la mañana, borracho y casi tirando al suelo la puerta de mi apartamento? —preguntó con una de sus cejas levantada.
Si Teodoro era sincero, él tampoco sabía la respuesta. ¿Le gustaba?, sí ¿Se tenían un poco de confianza?, también. Sin embargo, si estuviera sobrio no habría llegado hasta ahí. Así que culpaba al alcohol en su sistema por semejante estupidez. Solo que en su trago número… Bueno, el número no era importante, había perdido todo razonamiento y pensó que era buena idea ir a la casa de la persona que le hizo pensar que eso del amor a primera vista no era solo un cliché para las películas.
Teodoro se acercó de nuevo a Natham, aunque la distancia no era mucha, tomó los brazos que aún se mantenían cruzados y los separó para acurrucarse en sus cálidos pectorales. Empezaba a creer que se estaba obsesionando con su pecho.
Levantó su rostro y sin pensar dos veces si lo que diría era moralmente correcto, dijo:
—Quiero acostarme contigo.
Nathan quedó un momento en silencio antes de que sus labios temblaran levemente y al segundo soltará una carcajada.
—Eso no me lo esperaba… o tal vez sí —dijo mientras se inclinaba hacia él hasta casi rozar sus narices—. Sin embargo, debo declinar a esa oferta. No me cogeré a un borracho.
Teodoro lloriqueó.
Nathan rodea la cintura de Teodoro con su brazo izquierda y coloca su mano derecha en su mejilla.
—Puedes quedarte y dormir conmigo, pero solo dormir. No pienso tener sexo con alguien que no está en sus cinco sentidos.
Teodoro hizo un puchero, alejando la mano de Natha de su cara.
—¿¡Por qué no?! ¿¡Acaso no soy bonito?! —exclamó golpeando levemente su pecho y cuando quiso gritar de nuevo fue sujetado por sus mejillas y obligado a verlo.
—Eres muy bonito, pero no me voy a acostar con un borracho. No quiero que después te arrepientas. Además, eras mi cuñado hasta hoy… Mejor dicho, ayer. Necesito que me des una explicación válida.
—Ya te dije que me gustas. Desde que te vi, por eso no seguí con Juliana ¿No es eso suficiente?
—No —respondió Nathan sin miramientos—. Necesito una explicación real de lo que sientes y luego te diré lo que yo siento.
Ambos guardaron silencio un momento.
—¿Entonces no nos vamos a acostar?
—Oh, claro que sí, pero por ahora no como tú quieres, pequeño pervertido. Te dejare quedarte aquí. Sería un ser desalmado si dejo salir a una cosita linda como tú afuera en ese estado.
***
Teodoro soltó un leve gruñido cuando el pinchazo en su cabeza y el malestar en su estómago lo hicieron salir de su sueño. ¿Por qué bebió tanto si sabía cómo amanecería al día siguiente? Lo más importante, tampoco recordaba como había llegado a su casa, aunque no recordaba que sus sábanas fueran tan suaves o su cama tan dura y caliente, tampoco que se… Espera, esa no parecía su cama.
Abrió los ojos como pudo. La habitación estaba oscura, pero los leves rayos de sol que atravesaban la cortina le daban luz suficiente para distinguir las cosas, y no, esa no era su habitación. Sin embargo, su corazón se paralizó al ver que el lugar donde había dormido era el pecho de alguien al que conocía muy bien.
Nathan.
Teodoro contuvo el grito a punto de escapar de su garganta. Por un momento, la idea de correr fuera de ese lugar lo invadió, mas desistió. No deseaba despertarlo, aunque su plan se fue al carajo cuando quiso mover el brazo de Nathan que rodeaba su cintura y este terminó por apretarse más. Teodoro cerró sus ojos fortísimo tras la acción.
Se había despertado.
Mantuvo los ojos cerrados, aun cuando la mano de Nathan se posó sobre su mejilla y susurró con voz pastosa:
—Mírame —pidió, pero Teodoro negó con su cabeza apretando aun más sus ojos—. Vamos, abre los ojos. ¿A dónde fue toda la valentía de la madrugada? Ahí no dudaste en saltar a mis brazos.
Al finalizar esa frase, Teodoro abrió sus ojos y colocó una de sus manos a la cabeza cuando los recuerdos borrosos llegaron a su mente. Sin embargo, ninguno era lo suficiente claro para saber lo que había hecho, pero hubo un pensamiento que resaltó sobre todo los demás: Lo había besado. Además, amanecieron juntos en su cama, específicamente sobre su pecho. ¿Acaso ellos habían…?
Teodoro quitó la mano de Nathan de su cara y se arrastró en la cama hasta llegar a una de las orillas. Quitó las sábanas de su cuerpo, estaba vestido, pero eso no lo alivió al notar que la camisa holgada y el pantalón que tenía puesto no le pertenecían.
Apretó las sábanas con sus manos y miró a Nathan a los ojos.
—¿Tú y yo tuvimos sexo? —preguntó con voz temblorosa. En sí la idea no le molestaba. Había tenido fantasías con ese momento ¡Pero no así! ¡No estando ebrio!
Teodoro podía sentir el ataque de pánico acercarse, aunque eso quedó en segundo plano cuando Nathan empezó a reír. Ahora estaba confundido y un poco enfadado.
—Por supuesto que no. ¿Qué clase de persona crees que soy?
—Entonces que fue lo que hicimos… mejor dicho que fue lo que hice? —insistió Teodoro.
—Nada de que preocuparse o que me haya disgustado. —Nathan hizo una pausa y sonrió—. Pero si tanto quieres saber, te lo diré si desayunas conmigo.
Apenas terminó de hablar, se levantó de la cama, dejando ver su espectacular torso desnudo.
—Cierra la boca antes que babees mi cama.
Y al escuchar esas palabras, Teodoro notó que había tenido la boca abierta desde el momento en que no hubo sábana que lo cubriera. No tardó en bajar su cabeza, a la vez que sentía sus mejillas arder y sabía perfectamente la razón.
Su cara fue levantada nuevamente y antes de reaccionar fue besado en la frente.
—Te espero en la cocina, precioso —informó antes de alejarse de él y salir.
Teodoro tomó una de las almohadas y gritó sobre ella. Definitivamente no volvería a tomar en su vida.
***
—Pense que nunca saldrías —habló Nathan, aún sin camisa, cuando Teodoro se asomó en la entrada de la cocina—. Toma asiento mientras sirvo. —Señaló con su cabeza los muebles junto a la encimera.
Teodoro obedeció sin emitir palabras. Estaba empezando a dudar si fue buena idea aceptar desayunar con él o era mejor haberse tirado por la ventana.
Suspiró un poco, cruzando sus brazos en la encimera y luego apoyando su cabeza en ellos.
Su vista quedó fija en Nathan. Debía admitir que aunque la forma en que se dieron las cosas no fue la correcta, era como un sueño estar en la casa de Nathan, viéndole preparar el desayuno para ambos. Parecía tan irreal que le costaba creerlo.
Volvió a suspirar mientras cerraba sus ojos, ocultando su rostro en los brazos.
—¿Por qué suspiras tanto? —Teodoro dio un respingo al escuchar su voz tan cerca. Al alzar su rostro, encontró a Nathan frente a él con una sonrisa, dejando dos platos en la encimera. Caminó hasta rodearla por completo y llegar al lado de Teodoro, donde tomó asiento.
—Vas a decirme que fue lo que hice? —interrogó Teodoro, ignorando por completo la pregunta de Nathan. Este solo sonrió antes de tomar unas de las tostadas de su plato y darle un mordisco. Empezaba a molestarle un poco esa sonrisa.
—Primero prueba la comida.
Teodoro frunció el ceño.
—Ese no era el trato.
—Por supuesto que sí, dije que te lo diría si desayunabas conmigo y aún no comes.
Teodoro suspiró por tercera vez, pero a quien engañaba, estaba feliz de poder pasar la mañana a su lado.
Ambos comieron en silencio, después del primer bocado Teodoro no volvió a hablar, y cómo hacerlo si después de la primera mordida había notado el hambre que tenía.
Solo cuando ambos platos estuvieron vacíos, volvió hablar.
—¿Entonces? —preguntó alejando el plato vacío un poco de él, acción que fue copiada por Nathan.
—Nada de que preocuparse. Únicamente tocaste mi puerta como loco a la una de la mañana, luego me besaste, confesaste que te gustaba y que querías tener sexo conmigo.
Para cuando Nathan terminó de hablar, Teodoro ya tenía su cara cubierta por completo con sus manos. Aunque estaba seguro que Nathan podía notar sus orejas rojas. Si después de hacer todo eso, Nathan no lo había echado de su casa, era una buena señal, ¿cierto?
—Sin embargo, no me dijiste cuál fue la razón por la que terminaste con mi hermana.
Teodoro descubrió su cara lentamente, miró a Nathan a los ojos. Ya se había avergonzado tanto por si mismo anoche, lo que dijera a partir de ahora no importaba.
—Por tu culpa.
Nathan alzó una ceja.
—¿Mi culpa? ¿Y yo que hice?
—Haberme enamorado a primera vista aquella vez en la cena y después rematarlo haciéndome sentir bien cuando hablábamos.
Nathan rio y Teodoro no pudo evitar contagiarse de su risa.
—¿Quieres saber algo gracioso? Tú también me gustaste desde esa vez —admitió Nathan, inclinándose hacia él y besándolo.
Teodoro abrió sus ojos y permaneció quieto. ¿En verdad eso estaba pasando?¿Nathan lo estaba besando? La respuesta a ambas era un simple: Sí.
—Que sucede precioso? —interrogó Nathan, acariciando sus mejillas. Ahí fue cuando Teodoro notó que estaba paralizado por completo—. ¿Te incomodé?
Nathan parecía preocupado, y Teodoro vio a través de sus ojos como la seguridad que tenía desde que despertaron tambaleó. Nathan se alejó unos centímetros de él y fue cuando Teodoro pudo reaccionar. Por supuesto que no le incomodó y mucho menos pensaba parar.
Esta vez, fue Teodoro quien se abalanzó sobre él.
Nathan lo tomó de la cintura y jaló hacia él hasta quedar sentado sobre sus piernas. Teodoro llevó sus manos al cuello de él. Podía sentir las manos de Nathan masajear su cintura sobre la camisa.
Teodoro sabía donde terminarían si seguía así. También sabía que se estaban apresurando. Sin embargo, lo estaba disfrutando.
Ya no estaba ebrio, había acabado con su relación y eran adultos. No habría problemas si hacía las cosas al revés por una vez, pero eso no evitó los nervios que empezaban a invadirlo. Nathan pareció notarlo y le obligó a separarse de su boca. Teodoro intentó seguir, mas él lo detuvo al colocarle una de sus manos en la boca mientras soltaba una risita.
—Sé que estás sobrio. Sin embargo, quiero estar seguro de que esto es lo que quieres y luego no te arrepentirás. Después de todo sigo siendo el hermano de tu ex y…
Fue interrumpido por su propio quejido cuando los dientes de Teodoro pellizcaron la palma. Por reflejo la quitó, dejando a la vista la sonrisa de Teodoro.
Teodoro tomó la mano de Nathan que había mordido entre las suyas, jugando con sus dedos para después llevarla a su muslo.
—No me arrepentiré.
Nathan se levantó, aún con Teodoro en sus brazos, y lo sentó sobre la encimera.
—Si en algún momento quieres parar, dímelo. Me detendré.
Nathan atacó el cuello de Teodoro con sus labios. Teodoro inclinó su cabeza hacia atrás y llevó una de sus manos al cabello de Nathan mientras la otra se mantenía como soporte.
Teodoro gimió cuando nathan rozó su miembro con él suyo.
—Nathan… —jadeó cuando Nathan atrapó uno de sus pezones entre los dientes después de haberle arrancado la camisa—. ¿Podemos ir al sofá?
Nathan no respondió, solo tomó a Teodoro de los muslos y lo alzó. Teodoro no tardó en rodear su cintura con las piernas y enrollar los brazos alrededor de cuello.
Esta vez fue Teodoro quien llevó su cara al cuello de Nathan y lo besó dando pequeños mordiscos. Se separó al sentir como su espalda era recostada sobre la superficie suave del sofá. Nathan no tardó en colocarse sobre él y dejar caer parte de su peso sobre Teodoro.
Nathan colocó una de sus manos al cabello de Teodoro y peinó hacia atrás con sus dedos mientras juntaba sus bocas.
Teodoro ahogó un gemido en su garganta en el momento que Nathan metió su mano bajo el pantalón y tocó por encima del bóxer. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que tomara los elásticos de ambas prendas y los bajara. Teodoro lo ayudó a terminar de sacarlo con sus piernas.
Cuando al fin quedó descubierto por completo ante Nathan, no pudo evitar sentir un poco de vergüenza, pero estaba demasiado caliente como para dejar que eso lo detuviera.
Teodoro recorrió desde los hombros de Nathan hasta el inicio de su pantalón con sus manos sin separarlas ni un centímetro de su piel.
—No me parece justo que el único desnudo sea yo —expresó antes de bajar la ropa. Nathan rio y volvió a besarle los labios mientras terminaba de sacarse el pantalón.
Nathan juntó sus pelvis y con una de sus manos tomó ambos penes para empezar a mastúrbalos. Los jadeos de Nathan fueron acompañados por los de Teodoro y movimiento de cadega. Al final solo terminó por llevar sus manos junto a la de Nathan y empezar a tocar. Sin embargo, paró al sentir como Nathan alejaba su mano.
—Vamos a la parte más divertida.
Teodoro mordió su labio inferior cuando Nathan metió tres dedos a su boca. Dedos que antes habían estado sobre los penes de ambos. No sabía que ese hombre podía calentarlo tanto con tan poco.
Teodoro empezó a mover de nuevo sus manos, gimiendo más fuerte de lo que creyó posible sin despegar sus ojos de la cara de Nathan que apenas dejaba escapar algunos jadeos por culpa de su toque.
Nathan sacó lentamente sus dedos de la boca, casi como si masajeara su lengua con ellos para después volver a besarlo. Teodoro dio un respingo al sentir la punta de uno de los dedos entrar. Por reflejo, liberó ambos miembros de su agarre y apretó los hombros de Nathan.
Nathan no se separó de sus labios mas que para tomar aire unos segundos y luego regresar a sus labios. Para cuando Teodoro reaccionó, ya tenía tres dedos en su interior. Nathan los sacó, a la vez que se separaba de él hasta estar sentado sobre sus talones entre las piernas de Teodoro y sosteniendo su pene.
—¿Es tu primera vez? —preguntó con una voz grave que le hizo estremecer.
Teodoro negó con su cabeza. Él no era el primer hombre con el que estaba, pero si el primero después de tanto tiempo.
—No, pero ha pasado mucho tiempo desde la última vez.
Nathan sonrió.
—Prometo que te haré sentir bien.
Con una de sus manos sostuvo su cadera y con la otra alineó su miembro con la entrada de Teodoro.
Teodoro enterró sus uñas en la espalda de Nathan y sus gemidos acompañaron a los jadeos de Nathan a medida que entraba. Una vez entró por completo, permaneció quieto hasta que fue el mismo Teodoro quien empezó a mover sus caderas. El sonido húmedo de sus pieles chocar no tardó en invadir la habitación junto a sus incontables gemidos.
Teodoro puso sus manos en los pectorales de Nathan y mientras besaba su cuello. Nathan metió uno de los pezones de Teodoro en su boca y usó su mano para jugar con él otro.
Teodoro mordió el hombro de Nathan cuando el placer aumentó. Estaba cerca, solo un poco más y podría llegar a su orgasmo, solo un poco…
Teodoro gruñó cuando Nathan se detuvo y se separó de él.
—¡Nathan! —Intentó atraerlo de nuevo tomándolo de sus brazos, pero fue él quien agarró uno de los suyos y lo volteó. Teodoro quedó con su pecho pegado al sofá y su cadera alzada por las manos de Nathan. Quiso quejarse, pero de sus labios solo escapó un fuerte gemido cuando Nathan ingresó de una estocada. Teodoro enterró sus uñas en el posa brazos al sentir como las penetraciones se habían vuelto más profundas.
—Mejor mañana no pude tener —dijo Natham antes de acelerar sus embestidas.
***
Ambos, después de dejar el sofá hecho un desastre, volvieron a la habitación. Nathan recostado con su espalda pegada a la cama y Teodoro sobre él. Casi igual a como estuvieron en la mañana con la diferencia de que eran las dos de la tarde y ambos estaban despiertos.
—Tengamos una cita esta noche —propuso Nathan, bajando un poco la cabeza hasta que los cabellos de Teodoro rozaron su barbilla—. Quiero que nos conozcamos mejor, aunque ya aprendí algunas cositas de tí.
Teodoro rio mientras se acurrucaba en el pecho de Nathan.
—Me gustaría, pero por ahora solo quedémonos así.
—Lo que tú quieras, precioso —dijo antes de besarle la cabeza y rodearlo con sus brazos.








