CAPITULO 1:la chica de yogurt
Hola, soy Ren, un chico de secundaria. La verdad es que nunca tuve amigos, pero no es por ser tímido: simplemente me da cosa estar rodeado de gente, así que siempre he estado solo. Me cuesta mucho sociali...
-¡REN! Te estoy hablando, responde.
Mierda... la mirada del profesor me clavó en el asiento, el estómago se me apretó de golpe. Ni idea de lo que acaba de decir.
-Uhm... ¿podría repetir la pregunta? Es que no escuché bien -forcé una sonrisa torpe, mientras me rascaba la cabeza con tanta fuerza que casi me arranco el pelo, mirando para cualquier lado menos a sus ojos.
De la nada sonó el timbre del recreo.
-¡Prrrrt!
El profesor suspiró y agarró sus cosas.
-Bueno, la clase acabó. Que tengan un buen fin de semana, chicos.
Solté todo el aire que tenía retenido en los pulmones, hasta sentí que los hombros me bajaron diez centímetros.
-Hah... qué alivio.
Me levanté y salí del salón. Fui al patio, me senté bajo un árbol y abrí mi lonchera. Mientras comía, miraba a mi alrededor: veía grupos de personas conversando, y más allá, dos parejas.
¿Qué es lo que tanto le gusta a la gente de socializar? No le veo ningún sentido.
Volvió a sonar el timbre y todos regresaron a las aulas. Subí las escaleras con la vista clavada en el piso, y me detuve de golpe al ver la mancha en mi pantalón y el barro en las suelas.
Mierda... ¿cómo se manchó esto? Tendré que lavarlo en casa. Y las zapatillas también... diablos. De todos modos no
tengo nada mejor que hacer allá.
Seguí caminando sin levantar la mirada, y al doblar la esquina choqué de frente contra alguien. Los dos dimos un golpe seco en la cabeza, ella cayó sentada al piso, y lo que traía en la mano salió volando. Cuando la vi, me quedé inmóvil: pelo azul cayéndole suave por los hombros, ojos azul oscuro que brillaban incluso molesta, rasgos tan finos que parecían dibujados.
¿Qué estoy haciendo? Debería ayudarla. Ya. Muevete, Ren.
-Oye, ¿estás bien? Disculpa, no te vi. Ven, te ayudo...
Di un paso apurado sin mirar donde pisaba, y aplasté la cajita de yogurt que se le había caído. El contenido estalló y le manchó todo el delantal del uniforme. Sentí que la sangre se me iba a los pies, y las orejas me ardieron tanto que juraba que se me ponían al rojo vivo. Quería cavar un agujero en el piso y meterme adentro para siempre.
-Pe... perdón, dejame ayudarte.
-¡Mierda, estoy toda sucia! Fijate por dónde vas, mira lo que me has hecho -me gritó, con los ojos llenos de lágrimas
de rabia-. ¡Me ensucié toda!
Me miró con tanta furia que me quedé petrificado, las manos colgando a los costados, sin saber dónde meterlas ni qué decir.
-Lo siento, es verdad, no miraba por dónde iba. Pero... ¿tú tampoco me viste?
Sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso, hasta las puntas de las orejas se le pusieron coloradas. Se mordió el labio inferior y desvió la mirada hacia el suelo.
¿que le pasa?, no sera que ella...? no, no puede ser yo no soy tan atractivo.
-Es que estaba leyendo la información del yogurt... -murmuró casi sin voz, jugueteando nerviosa con los bordes de su blusa-. Pero mira, estoy toda manchada.
¿Encerio?, por eso se sonrojo asi?, que exagerada.
¿Qué hago ahora?—dice ella con una voz gruñona.
Miré a los lados rápido, y vi la puerta de la sala de limpieza justo al lado nuestro.
-Espera, te voy a ayudar...
De golpe apareció otra chica y me gritó:
-¡¿Qué le estás haciendo?! ¿Estás bien, Hina?
¿Ah? Entonces se llama Hina...
-¿Qué crees que haces? ¡Lárgate de aquí!
-Pero yo... -traté de hablar, pero la voz me salió finita, casi un susurro.
Escuché entonces a la chica del yogurt:
-Puedes irte, por favor.
Me quedé helado un segundo. Por un momento pensé que aceptaría mi ayuda... igual que todos los demás. Apreté los puños a los costados y me tragué las palabras.
-S... sí, bueno.
-No pasa nada, solo me caí y me manché de yogurt, jeje -le dijo a su amiga, con una risa forzada.
-¿Quién es él? ¿Lo conoces?
-No...
Me di la vuelta y me fui caminando rápido, con la cabeza baja y el pecho apretado, hasta que casi estaba corriendo.
Mierda, llego tarde... ¿pero por qué pasó todo tan rápido?
Entré al aula y abrí la puerta con fuerza. De golpe, todo el salón quedó en silencio, y treinta pares de ojos se giraron para mirarme. Sentí que me ardía la cara otra vez.
-Uhm... lo siento por llegar tarde.
-Ya es la segunda vez, Ren. La próxima tendrás un castigo. Siéntate -dijo el profesor.
-Sí, profesor.
Me dejé caer en el asiento. Este tipo me regaña por cualquier cosa... aunque yo también tengo culpa. La otra vez llegué tarde porque me había manchado el pantalón y fui a limpiarlo.
-Bien chicos, hoy hablaremos sobre el desarrollo de los animales.
Giré la cabeza molesto hacia la ventana. Qué fastidio... el sol me pega justo en la cara. Es culpa mía por sentarme acá, encima no tiene cortina.
Bajé la vista hacia el libro que ya estaba sobre mi pupitre. De repente, algo me golpeó la cabeza con suavidad. Levanté la vista de golpe: vi al chico molesto de siempre.
Esta vez no me quedaré callado. No soy como los demás.
Agarré el papel y lo lancé con toda mi fuerza hacia él. Pero el chico se agachó, el profesor se dio vuelta justo en ese instante, y la bolita le dio directo en la frente. Se hizo un silencio tan pesado que se podía oír el zumbido de los mosquitos. El profesor se quedó quieto, mirándome con los ojos entrecerrados, y yo sentí cómo me ponía pálido.
-¡Ren, a la dirección YA!
Allí estaba ahora, frente a la directora.
-Ren, ¿le tiraste un papel al profesor en la cara? ¿Pero por qué hiciste eso? Y ya tienes tres amonestaciones... ya sabes lo que pasa con la cuarta.
-Lo... lo siento, no quería darle a él. ¿Y las otras veces solo por llegar tarde o no prestar atención? ¿Es para tanto?
La directora se acomodó el pelo con calma.
-Claro que importa, y mucho. Ahora dejaré que tu profesor te ponga el castigo.
Apreté los dientes y clavé la mirada en ella, sintiendo cómo me subía la rabia por el pecho.
-Pero...
-No hay peros -dijo con tono firme.
Entró el profesor por la puerta, habló un momento con ella y luego se me acercó.
-Ren, no tendrás un buen fin de semana. Como castigo, cada fin de semana tendrás que limpiar los lugares que yo te indique: algunos días el aula, otras partes del patio, el lugar de natación y espacios de los clubes, como el de literatura.
Dejé caer los hombros y suspiré tan fuerte que me dolió la garganta.
-¡Pero profeee...!
-No hay peros. Lo harás. Ya hablé con tus padres y no pusieron ninguna objeción.
Bueno, me rindo. Me lo busqué yo. Al menos tendré algo que hacer este fin de semana... y lo mejor de todo: lo haré solo.
Pasaron las horas y llegó la hora de salida. Como siempre, salí el último y caminé solo por los pasillos vacíos. Al pasar por la puerta de la dirección, la vi: era ella, la chica con la que me había chocado. Giré la cara rápido para que no me viera, y escuché de lejos que el profesor también le daba un castigo; me alejé sin seguir escuchando.
Ya en casa, me tiré en la cama y me puse a leer mi manga.
-Mierda, qué buen capítulo... tengo que comprar la continuación, me encantó.
Leí una frase que decía: "No tienes que buscar el amor, porque el amor te encontrará a ti, tarde o temprano..."
Dejé el libro sobre el pecho y miré el techo.
-Hah... eso solo pasa en animes y mangas. Esto es la vida real: ni siquiera tengo amigos, así que dudo mucho que me pase algo así. Y tampoco lo necesito... pero...
La imagen de ella se me cruzó en la cabeza de golpe. Sentí que el corazón me dio un salto dentro del pecho, y se me aceleró como si hubiera corrido diez cuadras. Me llevé la mano al pecho confundido.
-¿Pero qué me pasa...? ¿Quién no se pondría así viendo a alguien tan hermosa? Estaba preciosa. Pero bueno, esto es la realidad. Mejor me duermo, que mañana...
Me incorporé de golpe de la cama, casi cayendo al piso.
-¡...mañana tengo que ir a limpiar a la escuela! ¡Nooo, qué mierdaaaaa! ¡Qué fastidio, dios!
Al día siguiente iba camino a la escuela, giré la esquina y la vi apoyada en la pared de la entrada. Pasé enfrente sin atreverme a mirarla bien, de reojo vi que ella también levantó la vista y se quedó quieta. Sentí que el aire se puso pesado a mi alrededor, como si todo se hubiera detenido en ese segundo. Seguí caminando con las piernas un poco torpes, hasta que su voz me detuvo:
-¡OYE TÚUU!
Me di vuelta tan rápido que casi me tuerzo el cuello.
-¿¡YO... YO!?
-¡SÍ TÚ! ¿Por qué no me saludaste?
Me quedé con la boca medio abierta, sin entender nada. ¿Quiere que nos conozcamos? ¿Y por qué diablos estamos gritando los dos?
-¡¿CÓMO QUE POR QUÉ?! ¡PERO SI NI NOS CONOCEMOS!
-¡YA NOS VIMOS! ¡Y ENCIMA ME TIRASTE EL YOGURT ENCIMA!
Me rasqué la nuca con fuerza, sintiendo cómo se me ponía la cara ardiendo. Claro que se acuerda... pensé que se le había olvidado.
-¡PERDÓNAME, NO FUE MI INTENCIÓN!
Sentía las manos sudorosas, el corazón golpeándome fuerte contra las costillas. Nunca sentí algo parecido... debe ser por lo que pasó ayer, nada más.
Ella empezó a caminar hacia mí, y cuando estuvo cerca bajó la voz hasta casi un susurro:
-Tendrás que lavar mi uniforme, desconocido.
Me quedé congelado en el lugar, los ojos muy abiertos.
-¿¡CÓMO?! ¿Yo lavar su ropa? Entonces mi fin de semana va a ser solo limpiar, limpiar y limpiar... ¡qué fastidiooooo!
-¡SÍ, SÍ, NO HAY PROBLEMA!
Me tapé la boca con la mano apenas terminé de hablar. ¿Qué dije? Mierda, no quería hacerlo... ¿por qué le dije que sí?
Ella me miró seria, dio un paso más y se acercó tanto que pude ver el brillo en sus ojos, y sentir su aroma suave que se metió directo en mi nariz. Me quedé rígido como un palo, la cara encendida por completo, sin poder mover ni un dedo. El calor que salía de su cuerpo me hizo cosquillas en la piel.
-Que quede bien limpio para el lunes. ¿Entendiste?
-¡SÍ, SÍ, LO TENGO! -respondí casi gritando, con la voz temblando un poco.
-Podrías dejar de gritar, ¿no? Por eso me acerqué, para no tener que hacerlo... bueno, me voy que llego tarde.
¿Tarde? ¿A dónde va si es sábado? Qué estará haciendo... bueno, yo también voy a llegar tarde, el profesor me mandó a limpiar el club de natación. ¡Qué fastidiooooo!
-Ah... sí, nos vemos, jeje.
Me golpeé mentalmente la frente. ¿Por qué dije nos vemos? ¿Es que nos vamos a volver a ver o qué? Soy un idiota.
-Sí, nos vemos -respondió ella con una media sonrisa.
Dio media vuelta, corrió y entró al edificio. Me quedé parado en la vereda unos segundos más, hasta que su aroma se fue con el viento.
Qué estupidez pienso... tengo que apurarme.
Y de golpe me acordé:
Si me dijo que lave su uniforme... ¿por qué no me lo dio? ¿Se le habrá olvidado?
Salí corriendo hacia el fondo del colegio, y al entrar al lugar de natación, la vi parada ahí. Así que sí nos íbamos a ver.
-¿Qué pasa contigo, Ren? Llegas tarde a todos lados -me dijo el profesor-. Ah, y se me olvidó decirte: vas a tener compañera de limpieza. Ella es Hina, de la clase C.
Me quedé con la boca abierta, mirándola a ella y luego al profesor, sin poder creer lo que oía. ¿¡QUÉ!? ¿Ella? ¿Solos nosotros dos? Espera... ¿por qué el corazón se me aceleró así de golpe? Es solo una chica linda, nunca estuve tan cerca de una... bueno, me concentraré solo en limpiar. Limpiar, limpiar y nada más... ¡¡¡QUÉ FASTIDIOOOO!!!
NOTA: Vota y comenta que te parecio quiero saber si es buena o mala historia. gracias por leer.








