Somnia Horrenda

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Sinopsis

El cuaderno de pesadillas de Anton Drent —mucho antes de transformarse en Clownaccio— es testimonio de una obsesión: la de anotar sus propias pesadillas hasta convertirlas en arte, perfeccionando su talento y, con él, elevando sus atrocidades. Este documento fue hallado en su casa tras ser internado en el sanatorio mental de La Santa Vigilia. En un principio se le consideró algo banal, hasta que fue examinado con detenimiento y, finalmente, preservado como una obra digna de la ciudad de Carnivallium. Ahora lo tienes ante ti: una puerta abierta a la mente de alguien que adoraba, disfrutaba y se provocaba a sí mismo sus propias pesadillas. Sumérgete en lo más profundo de su psique rota. Un viaje aterrador, y aun así, fascinante…

Genero:
Horror
Autor/a:
CLOWNACCIO
Estado:
hace 2 meses
Capítulos:
8
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Primera anotación Ultimo Piso

La carretera es precaria y boscosa, repleta de árboles, y un camino que poco a poco se va haciendo más espacioso. El viento se siente, mas no el frío; quizá una cálida brisa, la verdad no lo entiendo.

Al llegar a un tramo mucho más abierto, veo cómo por todas partes van apareciendo inmensos gorilas. Son enormes, pero están quietos, sin mover un solo músculo, aunque me observan con gran detalle. Sus cuerpos parecen girar de forma estática, como si de estatuas giratorias se tratasen. Los ojos son simplemente círculos blancos alrededor de una negrura inmensa.

Poniendo atención, me doy cuenta de que he estado moviéndome en una bicicleta muy delgada; casi es increíble que pueda sostenerse sin romperse por mi peso. Trato de mantener la vista en la marca de tierra del suelo, que parece dibujar un camino delgado y fino.

Aunque las miradas de esos gorilas me mantienen tenso, esperando que alguno intente atacarme de golpe, eso eventualmente no sucede. Respiro tratando de calmarme, y al levantar la vista puedo divisar un sitio a medio construir, como un pueblo muy pequeño en el que se están construyendo casas grandes y modernas.

Avanzo sin detenerme, observando de reojo a los trabajadores incansables que suben ladrillos, cargan sacos de arena, e incluso parecen morir de forma repentina luego de completar una tarea específica. Uno lleva un saco a su lugar y cae al suelo. Otro coloca un ladrillo y simplemente fallece…

Mi mente es distraída de golpe por un sujeto que aparece frente a mí, casi a punto de ser atropellado por la bicicleta. El hombre, casi de mi tamaño, no parece tener rasgos relevantes; un sujeto cualquiera con ropa de calle, de colores agrios y poco llamativos, me guía hasta una casa de proporciones grandes y elegantes. El sitio resalta mucho en comparación con el bosque de alrededor.

Mientras lo sigo, el cielo empieza a oscurecerse demasiado rápido: primero se vuelve más opaco, luego se va tornando más y más rojizo.

Llegamos a la entrada y me guía por pasillos de subida hasta la cima de aquel lugar. Mientras caminamos, me explica que mi trabajo es quedarme en el piso de arriba toda la noche sin salir, y que una vez dentro, no podía arrepentirme.

Siento una extraña sensación en la cabeza, como si tuviera hormigas en el cerebro o estática en los ojos.

Al llegar al lugar, observo un sitio de color blanco amarillento: una cama vieja, pilares y ventanas enormes que dejan ver la absoluta noche. Aquel sujeto no me da más indicaciones y se retira atravesando el suelo.

Me inquieta aquello, pero trato de mantenerme centrado, intentando tumbarme en la cama. Aquel hormigueo y estática regresan a mi cabeza, y esta vez son más intensos. Observo a mi alrededor una ventana abierta; como puedo, me levanto para cerrarla, y esto calma la sensación. Como si el solo aire que entrase de fuera me generara ese malestar.

Al intentar acostarme de nuevo, otra ventana se abre. Intento cerrarla, pero no puedo; esta vez la cabeza me duele y la estática en mis ojos me marea. Intento meter más fuerza, pero noto que una mano peluda sostiene la ventana del otro lado: es uno de esos gorilas que me mira fijamente, sosteniendo la ventana.

Más y más ventanas se abren. Observo que cada una de ellas la sostiene uno de esos gorilas; se ven esos ojos espantosos, sus círculos blancos alrededor del negro de sus ojos.

Me mareo, la cabeza a este punto me quiere explotar. Sin más que hacer, intento salir por la ventana saltando.

Al caer, mi cuerpo aparece de nuevo encima de la bicicleta, empezando nuevamente mi camino hacia el mismo lugar, ya de día…



Nota:

La sensación de las miradas de los gorilas es excepcionalmente interesante. Me pregunto si podría replicar esto en un diseño o dibujo adyacente… Quizá probar sus efectos con sujetos de prueba sea lo más ideal.

Con las ratas podré probar los efectos si lo llego a simular adecuadamente. Dudo que pueda generar esa sensación de estática mental, pero un alucinógeno podría mejorar la sensación de miedo preexistente.

Añadido el tema de la muerte, sería útil realizar muertes coordinadas con los roedores. Me pregunto si podré replicar la misma situación exacta.

Fin del primer registro.

Anton Drent.

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