Mi primera pregunta sobre el amor
Aquí comienza la historia de Tony y Otilia... Todo inicio un 15 de febrero de 1990:
Yo tenia tan solo 14 años, era un chico como todos, que amaba jugar futbol y ver chicas bonitas en la plaza de Paris, ver como los turistas pasaban impactados por lo hermoso que era mi país y que cada día sucedían diversas cosas era algo que siempre adoraba demasiado, no tenia pensando ni que iba a ser de mi dentro de muchos años. No tenia preocupaciones, ni pensado que hacer en mi día a día, solo ir al colegio y salir con mis amigos del barrio por la plaza que estaba cerca de mí casa, todos los días eran los mismo, aunque eso a mi no me enojaba, pues, ¿A quien le molestaría tener una vida tranquila?
Eso mismo me preguntaba cada que alguien de mis amigos me decían que ya se aburría que sea lo mismo, aunque para mí, eso era la mejor vida, tal vez era muy conformista o simplemente me contentaba con lo que tenia, pero sea lo que sea me sentía Feliz.
Mi abuela desde pequeño me inculco los valores de saber cuando callarme y cuando hablar, en especial cuando las personas hablen mal de mí en frente de mis ojos, adoraba la comida que ella me preparaba todos los días, en especial mi delicioso Pot-au-feu: Es un plato típico que es mejor dicho un guiso de carne de Res, realmente era muy delicioso, hasta le pedía 4 platos de comida porque no me contentaba con tan poco. Mi Abuelita era como mi madre maternal que nunca logré tener, ya que desde pequeño mi mamá no estuvo presente, aunque nunca tuve un odio por ella, nunca fui un chico que agarraba odio a los demás, aunque sabia que perfectamente podían aprovecharse de mi, no me importaba mucho, porque sabia que eso hablaba más de mi que de ellos.
Todos los años en verano antes de iniciar las clases todas las madres del barrio organizaban un pequeño paseo para que todos los chicos y chicas vayamos a pasar el rato por unos días en la playa y hospedarnos en un hotel, era un hermoso inicio de año que nunca olvidaríamos y en especial yo, ese sería el mejor verano de mi vida, un verano que nunca olvidaría por los siguientes 20 años; Pero no nos adelantamos mucho, les seguiré contando más sobre mi bello barrio. Éramos como 20 chicos y 10 chicas aproximadamente, entonces los gastos tenían que ser muchos, por ese motivo las mamás ahorraban por un año entre todas para poder tener la suficiente plata para llevarnos a todos nosotros: Mi mamá que era mi Abuelita tenia ascendencia Peruana, por ese motivo mientras iba creciendo ella me enseñaba del Español y me contaba como era Perú, siempre me decía que era un País hermoso lleno de sitios que parecían un paraíso, le encantaba contarme de sus deliciosas comidas, según ella su plato favorito era el Tacacho con Cecina, una comida típica de la Selva Peruana.
Realmente yo al escuchar tantos platos y cultura por dentro me moría por degustar al menos uno de esos platos, mi Abuelita me prometía siempre que algún día me llevaría a Perú, en especifico a un sitio llamado Miraflores, me decía que quedaba cerca del mar y que había unos malecones con unas vistas como de película. Realmente me ponía Feliz de solo pensar lo hermosas que serian esas vistas que ella me hablaba.
Que tonto, ¿No les parece? Un Peruano promedio muere por ir al extranjero para mejorar su Calidad de vida, en cambio mi abuela y yo que vivíamos en uno de los sitios donde las personas de esa época amarían vivir, queríamos ir a un país tercermundista que estaba recién saliendo del terrorismo de Sendero Luminoso, MRTA(Movimiento Revolucionario Túpac Amaru), entre muchos grupos que difundían el terrorismo, aunque mi abuela tenia claro que si íbamos a Perú no íbamos a ir en esas épocas, porque realmente el País estaba en un momento de recuperación, algún día ella y yo teníamos que ir. Mi papá Robert Palmer siempre me dejaba hacer lo que quería, porque él no tenia tanto aprecio por mi igual que mi mamá que no pude ver mucho tiempo, mejor dicho, los dos no tenían tanto interés por mí y a veces sentía que era una carga para ellos, pero mi Abuelita siempre me sacaba una sonrisa diciendo que en el fondo mi papá era así conmigo porque había pasado mucho por su vida y que por eso termino siendo así: Un hombre frio y con carácter amargo.
Ese verano de 1990 todos estábamos listo, con nuestras ropas para Verano: Polos de manga corta, short, sandalias, tabla de surf, etc. Listo para ir a la playa a pasar estupendas nuestras vacaciones. Uno de mis amigos llamado Ataulfo me dijo en privado:
—Bueno Tony iremos a ver a unas lindas chicas con unas caderitas hermosas por ahí, ¿No crees? —Dijo Ataulfo con voz sospechosa.
—Yo solo quiero ir a pasar un buen rato con ustedes sinceramente, no tengo pensando a ir a hacer travesuras como ustedes—Le respondí
Estuvimos como 2 horas en el coche para llegar al lindo sitio, todos estábamos con una sonrisa contagiosa en el coche, íbamos en varios coches porque obviamente tantos no íbamos a alcanzar en uno solo, lo bueno que a mi me toco con la gran mayoría de mis amigos cercanos, en el carro todos bromeaban con tirarle arena a las personas, y aunque me causaba risa, yo no lo tomaba literalmente, solamente quería seguirles la corriente.
La tía Flor al despertar y escucharnos hablar de eso agarro su sandalia y la tiro a la cara de David, el solamente intento negarlo pero ya la Tía Flor no era una persona que podíamos agarrar de tonta tan fácil, ella nos dijo que si nos escuchaba seguir hablando de molestar a las demás personas el próximo año ya no iba a llevarnos a la playa, así que todos decidimos dejar de hablar de eso, así que pusimos música, y aunque no era tanto de mi agrado igualmente me contentaba, mi estilo de música favorita era el Jazz, un toque suave pero elegante y relajante, nunca fui un chico que le gustaba la música movida, no saben cuanto me fastidiaban todos cuando me escuchaban oír Jazz, aunque nunca hacia caso a sus comentarios, pues, no todos somos iguales; cada persona es única y posee una esencia auténtica de sí misma.
Lo más doloroso de la vida es cuando te das cuenta que a veces la otra persona nunca va a tener las mismas aspiraciones.
Al rato que todos se burlaran de mi me puse a pelear con Rosell haciendo un debate de quien tenia mejor gusto musical, pero no duro mucho tiempo porque habíamos llegado a la playa, automáticamente mi enojo mío y el de Rosell se fue y todos agarramos nuestras mochilas y sombrillas y nos dirigimos a la playa, que delicioso el olor al mar, el viento pasando suavemente por la piel como unos dulces masajes, la gente Feliz jugando Vóley en el mar, simplemente un escenario digno para alguien que ama salir de casa después de tiempos, todos nos reunimos en un solo sitio y ayudamos a poner las sombrillas y poner las cosas en su sitio, nos pusimos bloqueador solar para no quemarnos porque había un sol ardiente y fuerte, cuando estuvimos todos listos fuimos juntos a entrar al mar, estaba calientito y refrescante, entonces dije para que trajeran una pelota para jugar Vóley, mi primo Andrés al escuchar trajo rápido la pelota y todos hicimos un circulo y tiramos la pelota lo mas arriba que podamos y teníamos que mantenerla en el aire, al que se caiga o toque ultimo no iba a tener postre ese día, fue un momento muy divertido ver como todos se tiraban, algunos hasta comieron arena para evitar que caiga la pelota y que se quederan sin postre, al final se le termino cayendo la pelota al suelo a mi prima Margarita, ella aunque estaba triste, se divirtió mucho, pero como era obvio igualmente le dieron su postre para que no este triste.
Fueron unas vacaciones espectaculares, sinceramente hace tiempo no sentía esas vibras tan alegres sobre mí, ya era el tercer día en la playa y el ultimo, la tía Flor nos aviso que disfrutáramos todo lo que nos quedaba porque después de estas vacaciones de Verano entrabamos al colegio y estaríamos estudiando y seguramente no íbamos a tener tiempo para salir de esta manera hasta el próximo año, aprovechamos hasta el ultimo momento, era ya de tarde y subí solo a un cerro pequeño para ver el atardecer tan hermoso, realmente fue uno de los mejores atardeceres que había visto en mi vida, el sol estaba tan hermoso desapareciendo poco a poco, mientras sentía el viento pasar por mi cuerpo, hasta que siento que alguien se acerca y me doy la Vuelta para ver quien era, entonces me di la sorpresa que era mi primo Ataulfo que vino a visitarme un rato porque supuestamente me había visto solo y triste, entonces le dije que estaba bien solamente que estaba pensando, nada peculiar solo pensando lo bonito que era el amanecer, entonces mi primo se sentó a mi lado y me dijo:
—Tony, ¿Que pasa contigo? En todos estos años nunca te he visto con alguna chica con bonito cuerpo, ni tampoco te he escuchaba hablar súper enamorado—
—No estoy interesado de momento, y bueno de momento nunca he sentido una atracción súper amorosa por una chica para decir que estoy enamorado, solamente he visto algunas chicas bonitas, después de eso nada más—le dije con una voz Graciosa
Me dio un abrazo largo y tiro una risa y nos pusimos a ver juntos el atardecer, era tan bonitas estas vacaciones que nunca las olvidaría. Y mientras estaba con él me quede pensando sobre el amor, porque ciertamente él tenia razón, nunca había tenido algo amoroso con alguna chica, solamente atracciones pequeñas, pero después de eso nada interesante, entonces me puse a charlar con mi primo sobre eso:
—Oye Ataulfo crees que yo no sienta algo porque soy tonto o por que soy diferente al resto? ¿Empiezo a preocuparme, empiezo a creer que hay algo mal dentro de mí, no soy guapo, no soy llamativo para las chicas ni nada, será por eso que nadie me hace caso? —
—No creas eso pues Tony, eres feo, pero no un animal, tienes tu chispa, aunque para muchas no la tengas, debo de decirte que no eres tan feo, imagino que si nunca has tenido a alguna chica será porque nunca te has propuesto o interesado por eso, te recomendaría que intentes seguir así, aunque te fastidio con eso, créeme que lo mejor que puedes hacer es concentrarte por tus estudios, igualmente, tienes mucho por vivir como todos nosotros, chicas existe miles en este mundo—Dijo Ataulfo.
¿Será que él tenia razón? Nunca lo sabré, pero me parecía algo falso que yo nunca hubiera estado interesado en el amor por completo, porque yo amaba escribir cuentos cortos o novelas cortas sobre el amor, me encantaban las historias donde el protagonista terminaba salvando a la pobre chica de los brazos del ser malvado, me encantaban las películas y en especial las de Romance, cuando terminan besándose suavemente como diciendo a ti a través de la pantalla: “Miranos, estamos completamente enamorados”. Pero bueno, intente no hacerle mucho ya caso a eso, igualmente no iba a dejar que mi felicidad se destruya por una simple charla pasajera.
Ya era de noche y todos ya estaban regresando, la playa estaba a 5 minutos y seguramente ya nos estaban buscando, fuimos a paso lento juntos bromeando sobre la nariz tan grande que tenia el Tío Rogelio, y mientras estábamos riéndonos en la pista, no me di cuenta que un carro estaba viniendo a gran velocidad, mi primo se olvido avisar y cuando estaba a punto de atropellarme el carro, sentí que alguien agarro mi polo y me jalo con todas sus fuerzas, el neumático había alcanzado solo rozarme la piel y hacerme una herida, pero nada grave, me caí al suelo con ese ser extraño, y cuando volteo mi cabeza para ver quien era, había sido una chica: chatita, con lentes, pelo corto, cachetes. Me quedé asustado al ver que casi me atropella un carro que solamente le dije muchas gracias y le di un abrazo:
—¡Ten más cuidado chico, la próxima te va a dejar muerto un coche si sigues así de distraído! —
—Perdón enserio, pero muchas gracias por ayudarme enserio, no pensaría que justo vendría un carro a tal velocidad, enserio, muchas gracias por salvarme la vida. —
Mi primo casi frio del accidente tan posible que pudo haber sucedido, solamente vino y me dijo que si me encontraba bien, entonces le dije que sí y le iba a mostrar quien habia sido quien me salvo la vida, pero cuando me volteo la cabeza para ver a la chica, ella ya estaba lejos, no me quedo otra que solamente señarlale de lejos y dejarla ir, todo habia sido tan rapido que no me dio tiempo para reaccionar.
Casi muerto del susto, simplemente traté de tranquilizarme para seguir con nuestro camino, solo que con más cuidado y rápido, obviamente, porque ya estarían preocupados por nuestra ausencia. Llegamos al lugar donde estábamos y solo faltábamos nosotros. Subimos al bus y todos nos preguntaron de dónde veníamos. Les contamos lo que había sucedido, y la tía Flor, casi muerta por lo que había escuchado, miró mi herida, asustada me abrazó y me preguntó si no me había pasado nada más. Yo la tranquilicé y simplemente me senté en mi asiento. Listo, todos fuimos de vuelta a nuestro hermoso barrio.
Cuando ya era de noche y estábamos a casi una hora de llegar (relativamente cerca), me puse a pensar en ese momento. Me preguntaba en qué momento había aparecido la chica y por qué me había ayudado. Me quedé pensando en lo bonita que era. Mientras reflexionaba sobre eso, también volví a analizar la conversación que tuve con Ataulfo sobre el amor. Bueno, aunque me parecía tonto que me gustara una chica que conocí por solo cinco minutos, relativamente me había parecido atractiva. Pasaron los días y seguí con mi vida; ya estábamos por iniciar las clases y todo el verano estaba en su recta final.
Ahora sí en casa, los días eran aburridos, aunque la mejor parte del día era cuando empezaba mi programa favorito y me mataba de risa con mi abuela toda la tarde, sin perder un momento. Uno de esos días, mientras estaba aburrido, se me ocurrió ir al cine con algunas de mis amigas y amigos para pasar el rato, porque sinceramente estar metido en mi casa a veces me aburría. Me considero una persona que, cuando se siente en una jaula, nunca se va a sentir contenta; siempre estará buscando un sitio para andar de pata de perro. Aunque muchas veces mis amigos me decían que era hora de “desarrollarme” consiguiendo una novia para perder la virginidad, siempre les dejaba en claro que no estaba interesado en esas cosas ni sentía deseo; sinceramente, era algo que no me llamaba tanto la atención.
Así que, dándose por vencidos, aceptaron ir al cine conmigo y luego a algún parque de diversiones cercano, pero me advirtieron que llevarían a algunas amigas para ver si, de casualidad, me enamoraba de alguna. Ciertamente, me lo tomé en broma.
Llegó el día de salir y todos fuimos en grupo, pero dijeron que teníamos que esperar a las dos chicas en un parque cerca de nuestra plaza. Estuvimos charlando hasta que fue la hora de irnos si no venían. Cuando nos dirigíamos a tomar un bus hacia el cine, escuchamos un grito desde lejos:
—¡Panchito! —su apodo—. Se da la vuelta y dice: —Ah, miren, son las chicas. ¿Qué horas son estas para llegar?
—Ah, pues sí son… Mira, Tony, ahí están. ¿Qué te parecen? —dijo José.
Eran dos chicas; curiosamente, ambas eran bonitas. Una de pelo naranja y la otra también pelinaranja. Me pareció más bonita la más baja, que resultó ser la mayor, y la grande era la menor. Una lógica un tanto extraña, pero no me sorprendía tanto. Me presentaron con ellas y yo, con respeto, les di un saludo, aunque después de eso no hice más.
Empezaba a creer que la más alta me había tirado un ojo alegre, porque cuando vino a saludarme me dio un beso en el cachete. Todos gritaron como burlándose, pero yo lo ignoré. No pensaba que le iba a llegar a gustar así nada más, y, de todas formas, dar un beso en el cachete no era tan romántico para mi ideología amorosa. Así que les dije que se dejaran de cojudeces y seguimos nuestro camino.
Entre todos juntamos el dinero para pagar la entrada del cine. Yo fui a la caja a sacar los boletos y seguía sintiendo que la chica alta de pelo naranja me estaba observando mucho; me empezaba a sentir un tanto “acosado”. Para dar una pequeña indirecta, le dije:
—Uy, ¿qué tanto me miras? ¿Te estoy gustando o ya estás enamorada de mí? —dije con un tono burlón.
Ella solo quedó en silencio y sonrió, así que algo que yo tomaba como broma empezó, digamos, a sentirse un tanto raro. Decidí entonces acercarme menos, porque tener algo amoroso seguía sin tener tanta importancia.
Empezó la película y decidí sentarme al lado de mi amigo Panchito. Pero, mientras veíamos la película, una de las chicas (no pude ver bien cuál) se levantó para ir al baño. No pensé nada y simplemente le di permiso. Mientras seguía la película, me di cuenta de quién era: era la chica chatita pero mayor. Yo imaginaba que me pediría permiso para pasar a su sitio, pero, en vez de eso, decidió sentarse a mi lado, ya que estaba vacío. No le tomé importancia y seguí viendo.
Mientras la película avanzaba, me empezó a dar un poco de sueño. De repente, siento su cabeza cayendo en mi hombro. Fui a ver si era a propósito y parecía que estaba dormida. Era la primera vez que me sucedía algo así, y lo primero que pensé fue si debía dejarla dormir o intentar de alguna manera que despertara. Así que le dije a Panchito que intentara despertarla:
—¡Oye! Thyrza, despierta —grité en voz bajísima para que los demás no lo escucharan—. ¡Oye, despierta ya! …Fuck, no se despierta.
Para que los demás no se dieran cuenta, simplemente decidí dejarla, aunque me incomodaba un poco. Le bromeé diciendo:
—Al menos así sentiré lo que es tener una novia, ¿no? jajaja.
Seguimos viendo la película hasta que terminó, y como si fuera a propósito, ella despertó. Me quedé pensando si realmente lo había hecho a propósito. Luego nos retiramos y fuimos al parque de diversiones. Ahí empezaba a sentirme más libre; sentir el aire fresco me parecía más divertido que estar metido en la sala del cine, donde a veces hasta huele feo. Era algo diferente…
Entonces pregunté por el nombre de las dos, porque aunque parezca tonto, todavía no me lo habían dicho:
—Yo me llamo Lilly —dijo la chica chatita pero mayor. —Yo me llamo Lucy —dijo la chica alta pero menor.
Ahora si me encontraba con más confianza asi que me encontraba con menos miedo y más confianza, ellas no tardaron en ver algún juego atractivo para jugar, pero digamos que era uno de esos juegos donde hay vueltas fuertes, y tenia miedo de vomitar y almuerzo, asi que rechaze esa Ellas simplemente me dijeron “aguafiestas”, pero no me importó mucho. Subieron con mis dos amigos y se veían divirtiéndose, así que los dejé estar. Decidí dar una pequeña caminata por el parque de diversiones mientras veía las estrellas de la noche. Mientras me compraba un algodón de azúcar delicioso, lancé una mirada a los carros chocones y vi a una chica. ¿Se parecía a… ella? No podía ser. Estaba seguro.
Cuando quise acercarme, la señora de los algodones me llamó diciendo que pagara el algodón de azúcar. Me había olvidado por la sorpresa. Así que regresé a pagar todo y, cuando estaba de vuelta, todos estaban bajando y otros subiendo. Empecé a caminar más rápido y, al buscar a aquella chica que me recordó a la que me salvó la vida ese día, no la encontré en ningún sitio. Se había desvanecido como un fantasma.
Rendido, me acordé de que mis amigos debían estar esperándome, así que regresé. Cuando estábamos todos nuevamente juntos, buscando otro juego, me quedé pensando y le conté sobre eso a Ataulfo. Él simplemente me dijo:
—¿Tan agradecido estás porque te haya salvado la vida?
Sinceramente, tenía toda la razón. ¿Por qué mierda estaba yo buscándola si ya le había dado las gracias? No había motivo suficiente para hacerlo. Así que mandé todo a la basura y decidí disfrutar mi noche.
Seguimos de juego en juego hasta quedarnos con las piernas hechas agujetas. Ya era muy de noche y teníamos que regresar, pero todavía sobraba un poco de dinero para comprarnos una bebida. Mi primo Ataulfo, como todo un travieso, quiso que compráramos alcohol porque supuestamente conocía a alguien que nos podía vender a pesar de ser menores. Yo al instante intenté rechazar, pero todos terminaron convenciéndome, así que tuve que aceptar.
Fuimos al sitio. Un señor mayor, con una cara no tan amigable, aceptó el dinero y trajo una botella con unos vasos de plástico. Yo, al instante, opté por el vaso más chico, y aunque para ellos eso era “de débiles”, digamos que no me interesaba. Tomamos unos vasos y, por imbécil, ya que no sentía ningún efecto, terminé tomando como cinco vasos. Me vino a chocar horrible, así que dije que regresáramos rápido, porque sentía que me iba a desmayar.
Llegue a mi casa casi muerto, mi abuela estaba dormida y mejor porque no queria que me viera en ese estado tan avergonzable, lo unico que podia recordar antes de caer en mi cama y dormirme como si fuera anastesia, es que cuando me despedi de la Lily ella me habia dado un beso en el cachete rosando mis labios, aunque no como un beso(Mi mejor pretexto).
Ya era hora de dormir igualmente no queria pensar tanto sobre ese incidente, asi que me dormi como nunca como si me hubieran puesto anastesia. En mi sueño soñe con la chica de ese dia, soñe que ella me agarraba del polo porque sentía algo por mí a primera vista como una novela de amor de cualquier escritor, y que me decia que sentia algo por mi; Por fin, habia despertado y intente reaccionar, porque sinceramente estaba soñando tonteria y media
Fui a la cocina a prepararme el desayuno y también para mi abuela, porque se había quedado dormida. Comimos delicioso mientras mirábamos la televisión, y cuando llegó la hora de las noticias internacionales, hablaban de que Abimael Guzmán y Sendero Luminoso controlaban las zonas rurales, sobre todo en Ayacucho, Huancavelica, Apurímac y Junín. Además, se mencionaba un grupo más pequeño llamado MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru), que operaba casi al mismo nivel que Sendero Luminoso.
El ejército estaba mal equipado y el presidente de la época, Alberto Fujimori, que había asumido la presidencia en julio de 1990, enfrentaba un montón de problemas, muchos más de los que podía manejar: crisis económica, violencia terrorista y corrupción en el Estado.
Mi abuela, al ver lo fea que estaba la situación del país, tenía una expresión deprimida, pero intenté animarla diciéndole que la situación seguro mejoraría tarde o temprano. Ella, aunque no me creía mucho, a veces se sentía vieja y pensaba que quizá no vería a su lindo Perú reluciente nuevamente.
Así que cambié de canal y nos pusimos a ver un programa de cocina. Justo estaban enseñando a preparar una linda causa limeña. Me entraron ganas de hacerla con mi abuela, así que le dije y ella aceptó encantada. Luego fui al mercado a comprar los ingredientes.
Mientras regresaba a casa, saltando de alegría sin ningún motivo, vi a una señora que se le había caído el bolso y la ayudé a recoger sus cosas. Me dijo que era un lindo chico y sentí un cosquilleo en el estómago, como si unas pequeñas hormiguitas me hicieran cosquillas. Fue una sensación bonita, una sensación que solo se siente cuando terminas de hacer una buena acción. Sinceramente, algo que no vivía todos los días; si ya de por sí tenía cara de imbécil feliz, después de eso estaba aún más contento.
Es raro, ¿no creen? Cuando hacemos algo de corazón, no necesariamente sentimos un cosquilleo en el estómago, pero sí un sentimiento extraño que nos obliga a sentirnos bien con nosotros mismos. Tal vez la felicidad no sea algo que se compre o que se pague con placeres como masajes; es algo que uno mismo va descubriendo. Aunque claro, la estabilidad económica, el dinero para un coche, una mansión, tu propia orquesta o ir a teatros caros puedan dar felicidad, me recordaba firmemente a una parte de un libro que había leído, que decía:
“Mantengan su conducta sin avaricia; estén contentos con lo que tienen, porque Dios mismo ha dicho: ‘Nunca te dejaré ni te abandonaré.’”
Siento que la felicidad sí puede dar felicidad, pero es una felicidad temporal; luego hay que pagar para volver a disfrutarla. En cambio, salir con amigos, teniendo dinero o no, hace que esos momentos se vuelvan especiales. No existe dinero que logre pagar la felicidad de divertirse sanamente. Mi papá, que se aparecía cada cinco meses en mi casa cuando estaba de buenas, siempre me decía algo parecido.
Nunca pensé en tener cinco carros, tres mansiones y un montón de mujeres para mis placeres; eso estaba bien de mi parte. Es extraño cómo el ser humano a veces no se contenta con lo que tiene y solo quiere más y más para su conveniencia. Me parece tonto, pero para ellos habrá alguna razón para que eso sea divertido.
Yo, en cambio, con tener a mi abuela y amigos del barrio era feliz. Ver la primavera llegar y terminar era una de mis cosas favoritas; ver el sol brillar mientras todos se morían de calor, aunque no hubiera baño que lo sanara; y seguir observando cómo las aves volaban en el cielo y los árboles permanecían verdes.
Me encantaba barrer la casa mientras mi abuela Natalia escuchaba en su radio una canción romántica de Elvis Presley. La melodía suave y la letra sobre enamorarse inevitablemente me envolvían y me hacían sonreír, sintiendo que la música llenaba la casa de calma y alegría. Era como si cada nota contara una historia de amor que combinaba perfectamente con la tranquilidad de esos momentos junto a mi abuela. Me encanta la parte que dice : “Only fools rush in, But I can’t help Falling in love with you”. Que en español significa : “Los sabios dicen, Que solo los tontos se precipitan, Pero no puedo evitar Enamorarme de ti”. Enserio que creo que se van dando cuenta lo romantico que podia llegar a ser sin la necesidad de tener una chica en mi vida, es algo que era bastante iconico de mi parte, no tenia novia y me sabia todas las tecnicas amorosas para robarme el corazón de alguna chica de por ahi. Quizas hasta alguna chica con lindas nalgitas y pelo rubio, ¿Quien sabe no creen?
Tiempo después de aquel verano que nunca olvidaría, entré a clases con entusiasmo por todas las aventuras y momentos divertidos que podría llegar a vivir. Sin embargo, al mismo tiempo, mis días no estaban siendo tan buenos, ya que mi abuelita Natalia se encontraba muy mal de salud. Todas las noches, de repente, aparecía en el baño vomitando, y yo me alarmaba tratando de buscar alguna medicina para que se sintiera mejor.
Me sentía en deuda con ella porque, aunque me dolía admitirlo, nunca había tenido una madre que estuviera a mi lado para hacerme sentir feliz y seguro. Aunque intentaba ignorar ese sentimiento, en el fondo sabía —más que nadie— cuánto me dolía pensar que mi madre era una mujer berrinchosa que andaba de un lugar a otro, dejando hijos como una estúpida.
Aun así, como ya comenté antes, nunca fui alguien que guardara rencores en su corazón. Simplemente le pedía a Jehová que me perdonara por pensar esas cosas —sabía perfectamente que estaban mal—. Mientras tanto, preguntaba a las personas del barrio cómo podía ayudar a mi abuelita, porque ni yo mismo entendía el motivo por el que se despertaba vomitando de madrugada y, constantemente, me decía que sentía mareos.
Una noche, mientras regresaba a casa, encontré un gatito durmiendo en la calle. Me dio tanta ternura verlo tan acurrucado que me acerqué a acariciarlo. Siempre había tenido un gran amor hacia los gatos y los animales; amaba sentir cómo, al expresar su cariño, eran casi como nosotros los humanos, que con una simple expresión facial podían demostrar aquello que llamamos amor.
Con el poco dinero que tenía, fui a una tienda abierta las 24 horas y le compré una bolsita de comida para que comiera. Cuando estaba de regreso, recordé que mi abuelita Natalia me estaría esperando, así que le dejé la comida al gatito y fui rápido a casa para estar con ella.
Creo que, con tan solo leer que me dio ternura ver a aquel gato esa noche, se puede evidente lo sensible y fácil de persuadir que podía ser yo. Sinceramente, no me importaba ser sensible; al contrario, me sentía feliz de serlo, porque era consciente de que un chico como yo, en este mundo es difícil de conseguir. Aunque tenía una baja autoestima en muchas ocasiones, sabía que yo, como persona, valía mucho en algún sentido. Casi siempre sobrepensaba y, peor aún, en los días malos era cuando me sentía más débil. Tampoco era alguien que mostrara su verdadera forma de ser: casi siempre actuaba feliz y alegre con medio mundo, aunque eso no significara que todos me cayeran bien.
Algo que me enseñó mi abuelita Natalia desde que era pequeño es que, aunque todo el mundo me hiciera pedazos, yo debía seguir siendo aquel chico diferente que fue criado no en el mejor hogar —hablando en lo económico—, pero sí con la convicción de mostrar a los demás que no es necesario ser millonario para sentirse feliz en esta vida. Como dicen: “A veces los honrados son los que más felicidad pueden llegar a tener”.
Desde pequeño tenía una gran aspiración en el mundo de la literatura, aunque nunca me había puesto a pensar en escribir una novela de amor, que en el fondo era mi especialidad. Suena absurdo decir que no estaba interesado en el amor cuando, en realidad, sabía perfectamente que era lo mío. Pero digo: cada quien es diferente. Eso, tal vez, sería la chispa que me haría distinto al resto. ¿No creen?
En ese tiempo de angustia por la salud de mi pobre abuela, mi rendimiento académico empezó a verse afectado de manera evidente. No prestaba atención en clases y, muchas veces, me volvía agresivo, algo que no era común en mí.
En uno de esos días en que tuve un arranque de furia, apareció aquel que había estado desaparecido por cinco meses: mi padre. Nuevamente saludó y trajo el dinero que nos alcanzaba para vivir durante el tiempo que él andaba desaparecido. Sinceramente, ya no me parecía nada nuevo; el cariño que le tenía se veía constantemente afectado en muchas ocasiones. Aunque tuve lindos momentos con él en mi infancia, digamos que en mi adolescencia eso se deterioró en poco tiempo.
Muchas veces intentaba darle un abrazo, pero el miedo constante de preguntarme si él respondería con amor o con asco me atormentaba a diario. Así que solo lo miré, lo saludé y le dije que mi “mamá” (mi abuela) Natalia estaba muy enferma. Él la llevó al hospital para que la revisaran.
Pasé muchos días yendo al colegio con la esperanza de que, cuando regresara, mi abuela estuviera nuevamente en casa, sana o al menos con sus medicamentos. Como les dije, mi rendimiento había bajado. Lo que en algún momento fue ser el chico que sacaba las mejores notas iba decayendo poco a poco. Me daba vergüenza cuando los docentes me preguntaban por qué estaba así, pero había aprendido que reprimir mis sentimientos era lo mejor que podía hacer, ya que nadie más se iba a preocupar por mí. Sinceramente, si algún día mi abuela muriera, yo también quisiera morir, pues ella es el 90% de mi vida.
Que difíciles somos los seres humano y tan débiles somos cuando vemos morir o partir aquello que tanto amamos y queremos, es absurdo decir que hasta algunos lloramos por películas de romance, esas son las que más duelen para mí, sinceramente que lindo verano que tuve a pesar de los problemas
FIN DEL CAPÍTULO 1








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