Kyrethron: Saga 2 Parte 2 por Zykrath en Inkitt
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KYRETHRON: Saga 2 - Parte 2

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Sinopsis

Zyrion ha regresado de la grieta, pero la oscuridad no lo devolvió intacto. Acompañado por Necros y marcado por una transformación que ninguno logra comprender, trae una advertencia: el tiempo que les queda no es el que creen. Mientras el Fragmento Secreto lo acerca a un destino que parece haber elegido por él, las antiguas divisiones dejan de importar. Sus compañeros deberán formar un solo círculo, no porque hayan dejado de tener miedo, sino porque ya no podrán sobrevivir separados. Caelithra se niega a permitir que Zyrion vuelva a encerrarse en su silencio. Entre promesas frágiles, heridas confesadas y juramentos que comienzan a quebrarse, ambos intentarán construir una forma de alcanzarse antes de que sea demasiado tarde. Pero regresar no siempre significa haber escapado. Y algunas sombras no persiguen a sus víctimas: esperan dentro de ellas.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Zykrath
Estado:
Completado
Capítulos:
27
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+
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¿Capitulo?

Había cuatro sobre la bóveda.

Caelithra no distinguió rostros, armas ni cuerpos. Solo cuatro formas pegadas al otro lado de la membrana, observándolos desde un cielo que no debía existir. Una era alta y estrecha. Otra parecía arrodillada. La tercera sostenía algo contra el pecho. La última imitaba la postura de Zyrion.

“Arriba”, logró decir.

Todos levantaron la mirada.

Las cuatro sombras se apartaron al mismo tiempo.

La bóveda desapareció.

No se rompió ni cayó. Simplemente dejó de estar allí. Sobre el círculo apareció un firmamento gris, atravesado por dos lunas inmóviles y una torre negra inclinada en la distancia.

Quindarion palideció.

“Dran-Myrr.”

El nombre produjo una reacción en Zyrion. La luz de su pecho se contrajo y las veintiuna marcas del suelo respondieron con un pulso. Durante un instante, todos olieron tierra mojada, madera quemada y flores que solo crecían de noche.

“Esto es un recuerdo”, dijo Tzarelle.

Naerys extendió una corriente de energía hacia el cielo falso. La corriente entró, se dobló y regresó desde detrás de ella.

“No”, corrigió. “Es un lugar que está usando nuestros recuerdos para construirse.”

Ryvak ordenó cerrar el círculo. Cilera y Valric cubrieron los costados. Ysmera sostuvo a Nivhira cuando el suelo cambió bajo sus pies. La piedra se transformó en hierba oscura, húmeda por una lluvia que ninguno había sentido caer.

Karion miró alrededor.

“Por favor, que alguien diga que esto no ocurrió.”

“Ocurrió”, respondió Quindarion.

Velkran giró hacia él. “Nunca mencionaste Dran-Myrr.”

Quindarion bajó la mirada.

La torre inclinada emitió una campanada.

El paisaje cambió.

Ahora estaban frente a un campamento abandonado. Había dieciséis mantas alrededor de una fogata apagada. Sobre cada manta descansaba una piedra marcada con un nombre. Kyrahna encontró el suyo. Caelithra también. Karion, Taliena, Naerys y Olytla se acercaron sin tocar las piedras. En el lado contrario aparecieron los nombres de Cilera, Valric, Ryvak, Maerisse, Ysmera, Nivhira y Tzarelle.

El de Zyrion estaba escrito en todas.

“Yo no estuve aquí”, dijo Tzarelle.

“Sí estuviste”, murmuró Quindarion. “Pero no de esta manera.”

Kyrahna lo enfrentó. “Habla.”

La segunda campanada estremeció el aire.

Quindarion cerró los ojos.

“Pasamos cuarenta noches en Dran-Myrr.”

“Nuestro viaje duró doce”, replicó Ryvak.

“Para ustedes.”

“Para nosotros también”, dijo Maerisse. “Solo que los recuerdos quedaron separados. Cada uno conservó una parte.”

Olytla levantó la cabeza. “Yo recordaba cuarenta amaneceres, pero pensé que eran pesadillas.”

Taliena percibió el miedo que recorría al grupo. No avanzaba como una emoción normal. Saltaba de una persona a otra siguiendo un orden preciso, igual que los golpes de la cámara.

“Está reuniendo lo que olvidamos”, dijo.

“Nosotros no olvidamos”, corrigió Tzarelle. “Alguien distribuyó el recuerdo para que nadie pudiera reconstruirlo solo.”

La hierba se abrió alrededor de sus pies. Debajo había capas de suelo, una por cada noche. En algunas, el campamento estaba intacto. En otras, aparecía destruido. En la última capa no quedaban mantas, armas ni huellas. Solo la máscara blanca de Zyrion hundida en la tierra.

Caelithra sintió que él se tensaba.

“No la toques”, le dijo.

“No pensaba hacerlo.”

“Tu mano dice otra cosa.”

Zyrion descubrió que sus dedos estaban extendidos hacia la máscara sin que él hubiera decidido moverlos. Los cerró con violencia.

Kyrahna se interpuso entre él y la tierra. “Si algo intenta llamarte, primero tendrá que atravesarnos.”

Ryvak negó con la cabeza. “Eso puede ser exactamente lo que busca.”

Cilera observó las cuatro sombras. “No se acercan a Zyrion. Esperan que nosotros lo acerquemos.”

Valric bajó apenas el arma. “Entonces dejamos de reaccionar.”

“Demasiado tarde”, susurró Ysmera.

Nivhira señaló la fogata. En las cenizas acababa de aparecer la fecha de una noche futura.

Y debajo de la fecha, una advertencia escrita con la letra de todos: NO LLEGUEN JUNTOS.

Las cuatro sombras aparecieron junto a la fogata. Ninguna proyectaba sombra propia.

Quindarion continuó.

“La primera noche amaneció dos veces. En la quinta, Karion despertó pronunciando un nombre que nadie reconoció. En la novena, Olytla escuchó pasos alrededor del campamento, pero las huellas estaban dentro de nuestras mantas. En la decimocuarta, Ysmera y Nivhira recordaban conversaciones que aún no habíamos tenido.”

Nivhira apretó la mano de Ysmera.

“Yo todavía las recuerdo.”

“¿Por qué callaste?”, preguntó Taliena.

“Porque cada vez que intentaba contarlo, una noche cambiaba de lugar.”

El fuego se encendió solo. En sus llamas apareció el reflejo de una figura cubierta por una armadura blanca. Permanecía de espaldas, rodeada por las cuatro sombras.

Zyrion dio un paso.

Caelithra lo sujetó del brazo. “No.”

“Esa armadura responde a mí.”

“Todo aquí quiere que pienses eso.”

Maerisse observó la figura con una tristeza que no supo explicar. Durante un segundo creyó recordar su voz, pero el recuerdo se cerró antes de formar una palabra.

“Hubo una noche veintiuno”, prosiguió Quindarion. “Encontré un mensaje debajo de mi almohada. Estaba escrito con mi letra.”

“¿Qué decía?”, preguntó Velkran.

El paisaje volvió a cambiar.

Quindarion apareció solo, caminando por un desfiladero cubierto de neblina. El grupo contemplaba la escena desde fuera, pero también avanzaba dentro de ella. Cada paso del antiguo Quindarion resonaba bajo los pies del Quindarion presente.

Llevaba un sobre negro.

“Decía que debía encontrar a Tzarelle antes de la noche cuarenta”, respondió. “Y entregarle un mensaje relacionado con Zyrion.”

Tzarelle no negó conocerlo.

Kyrahna la miró. “Tú también nos ocultaste esto.”

“Prometí no pronunciarlo hasta que el juramento despertara.”

Zyrion volvió la máscara hacia ella.

“Ha despertado.”

“No por completo.”

La luz blanca latió con violencia.

Una grieta apareció en el cielo de Dran-Myrr. Al otro lado no había estrellas, sino caminos transparentes extendiéndose desde Zyrion hacia todos ellos. Uno llevaba hasta Caelithra. Otro hasta Kyrahna. Los demás se dividían hacia cada miembro de los dos grupos.

Uno de los caminos se apagó.

Nadie supo cuál.

Naerys cayó de rodillas. “Acaba de cerrar una posibilidad.”

“¿Qué posibilidad?”, preguntó Cilera.

“No puedo verla porque ya no existe.”

Zyrion retrocedió horrorizado. “Fui yo.”

“Fue el juramento”, dijo Tzarelle.

“Está dentro de mí.”

“Y nosotros estamos unidos a ti”, respondió Caelithra. “Por eso dejarás de decidir solo.”

Kyrahna se colocó junto a ella. “No más secretos.”

Quindarion no pudo sostenerles la mirada.

“Entonces deben escuchar el resto.”

La visión mostró una casa circular escondida entre árboles petrificados. En su interior, el Quindarion del pasado colocó el sobre negro frente a Tzarelle. Ella no lo abrió. Apoyó dos dedos sobre el sello y retiró la mano como si se hubiera quemado.

“¿Quién te lo dio?”, preguntó la Tzarelle del recuerdo.

“Yo mismo.”

“No. ¿Quién te enseñó a escribirlo?”

Quindarion no había sabido responder.

La Tzarelle presente contempló su propio recuerdo con el rostro inmóvil.

“El mensaje contenía tres advertencias”, explicó. “La primera: si Zyrion regresaba con una luz blanca en el pecho, no debíamos separarlo de sus anclas. La segunda: cada despertar mayor cerraría un futuro. La tercera estaba incompleta.”

“¿Qué decía?”, exigió Valric.

Tzarelle miró las cuatro sombras.

“Decía que alguien conocía la primera identidad.”

“¿La identidad de quién?”, preguntó Olytla.

“Eso faltaba.”

Karion soltó el aire lentamente. “Qué conveniente.”

“Forzar la respuesta rompería el juramento antes de tiempo”, añadió Tzarelle. “No puedo inventar lo que el mensaje se negó a mostrar.”

Ryvak se acercó a Quindarion. “¿Por qué regresaste sin decir nada?”

“Porque no regresé después de entregar el mensaje.”

El grupo quedó inmóvil.

Quindarion señaló el cielo.

“Regresé nueve noches antes.”

La torre emitió la tercera campanada.

Las cuarenta noches comenzaron a aparecer a la vez. Vieron a Taliena despertando a Olytla durante una tormenta silenciosa. A Cilera siguiendo huellas que terminaban en su propio cuerpo dormido. A Valric enterrando un arma que llevaba días después. A Maerisse llorando frente a una tumba sin nombre. A Naerys contando diecisiete pulsos cuando solo había dieciséis personas. A Ryvak dando una orden que Kyrahna recordaba haber obedecido antes de oírla.

Velkran se vio vigilando una puerta.

Detrás de ella, otra versión de Velkran golpeaba para salir.

“No puede ser”, susurró.

“Dran-Myrr no repetía las noches”, dijo Tzarelle. “Las ensayaba.”

Zyrion observó la figura de armadura blanca junto al fuego. “¿Para qué?”

Las cuatro sombras giraron sus cabezas hacia él.

La primera habló con la voz de Caelithra.

“Para descubrir cuál de ustedes abriría la puerta.”

La segunda utilizó la voz de Kyrahna.

“Cuál recordaría el juramento.”

La tercera habló como Quindarion.

“Y cuál aceptaría perder un futuro.”

La cuarta no habló.

Se acercó a la figura de armadura blanca y apoyó una mano sobre su hombro.

El metal comenzó a girar.

Caelithra desenvainó su espada. Kyrahna hizo lo mismo. Karion, Taliena, Naerys y Olytla cerraron la primera línea. Cilera, Valric, Ryvak, Maerisse, Ysmera, Nivhira y Tzarelle formaron la segunda. Velkran y Quindarion protegieron los extremos.

Zyrion quedó en el centro.

“Pase lo que pase”, dijo, “no miren su rostro.”

“¿Por qué?”, preguntó Maerisse.

La figura terminó de volverse hacia ellos.

No tenía rostro.

En el interior del casco había una noche de Dran-Myrr que ninguno recordaba.

Una noche todavía vacía.

Desde aquella oscuridad surgió la voz de Zyrion.

“Porque la noche cuarenta todavía no ha ocurrido.”

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