แดแด แด แดสแดแดษดแดษชแด
Los pensamientos perversos no nacen con ruido,
se arrastran en silencio, como un veneno sutil;
entre mรกs me piensas, mรกs te arrastras al olvido,
y en cada pecado, te vuelves mรกs hostil.
Pero dime, mi reina, ยฟdรณnde estรก la maldad?
Si el cielo nos dio carne, fue para profanarla,
para arrancar el velo de tu falsa santidad
y en la absoluta sombra, aprender a devorarla.
No finjas inocencia, sabes bien a quรฉ voy,
cuando la noche sea nuestra y el mundo quede fuera;
donde nadie te salve del demonio que soy,
y la estricta soledad sea nuestra carcelera.
Tus gemidos serรกn la sinfonรญa de mi altar,
un eco de placer atrapado en la penumbra.
Odรญame maรฑana, si te ayuda a respirar,
mientras el alba borra el fuego que nos inunda.
No culpes a mis manos por encender tu humedad,
ni me llames salvaje por romper tu cordura;
es tu propio deseo, tu oculta tempestad,
la que te condena a ser mรญa en la locura.
๐๐ธ๐ท๐ช๐ฝ๐ฑ๐ช๐ท ๐๐ช๐ต๐ฟ๐ฎ๐ป๐ญ๐ฎ