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Nuevas Leyendas

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Sinopsis

Katraz, vasto continente lleno de historias, leyendas y secretos que han sobrevivido durante siglos. En sus tierras, antiguas casas nobles gobiernan ciudades enfrentadas entre sí, mientras criaturas salvajes recorren bosques, montañas y llanuras alejadas de la civilización. Allí donde los hombres levantaron sus hogares, también aprendieron a convivir con aquello que acecha más allá de sus fronteras. Roy es un joven cazador de la Cofradía que recorre estos territorios acompañado de Rhor, un enorme oso que se ha convertido en su compañero y amigo. Juntos aceptan encargos, siguen rastros y se enfrentan a criaturas que pocos hombres se atreverían siquiera a buscar. Pero una misión aparentemente sencilla los llevará tras el rastro de un misterio mucho más antiguo de lo que imaginaban. Desapariciones, extrañas criaturas y rumores sobre algo que se mueve entre las sombras comienzan a conectar hechos que, durante años, parecieron no tener relación. Lo que Roy y sus compañeros descubran podría revelar una amenaza capaz de alterar el destino de Katraz para siempre. Porque en un continente donde cada pueblo tiene una historia que contar y cada bosque guarda sus propios secretos, algunas leyendas no fueron creadas para ser recordadas. Fueron creadas para advertir a quienes todavía están vivos.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Joaquin
Estado:
En proceso
Capítulos:
8
Rating
3.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

Prólogo

Las olas golpeaban con furia los acantilados del sur, levantando espuma blanca que brillaba bajo la luz de la luna. Desde hacía años las mareas eran más violentas, y los viejos del sur juraban que la luna ya no era la misma.

En lo alto de la costa, lejos de cualquier camino, cinco figuras encapuchadas rodeaban una fogata de llamas inquietas, cuyo resplandor anaranjado apenas lograba vencer la oscuridad de la noche.

Cada uno de los reunidos llevaba una capucha de tela negra, aunque tres de ellos se podían diferenciar por más que llevaran sus capuchas.

Aunque todos llevaban capuchas negras, tres de ellos eran imposibles de confundir.

Uno tenía sus manos adornadas con cadenas de oro que rodeaba su muñeca y dedos junto a un anillo de plata. Además que su rostro estaba pintado con pintura roja en su totalidad.

Otro era tan grande como un oso erguido sobre dos patas. Su barba espesa caía hasta el ombligo, y la cantidad de cabello que sobresalía de la capucha hacía parecer que la tela estaba a punto de rasgarse.

La tercera figura tenía forma femenina, pero su piel tenía manchas blancas, mestiza la llamaban. Dos largas orejas atravesaban la capucha por aberturas improvisadas, y sus ojos, del color de la esmeralda, brillaban con desconfianza mientras observaban el fuego.

Los otros no resaltaban mucho, uno era joven y el otro un viejo.

— ¿Entonces, hasta cuándo esperaremos? —preguntó el gran barbudo dejando escuchar su voz aguda.

—No se preocupe mi buen señor. Nuestros invitados están por llegar. —respondió uno de los hombres mientras fumaba una pipa de marfil, su barba canosa y su voz ronca mostraba que la edad ya le había pasado factura.

— ¿Sabes lo que nos jugamos estando aquí? Si la cofradía se entera, estamos muertos. —dijo el de rostro pintado. Se notaba su preocupación mientras sus ojos buscaban respuestas de la mujer. Esta se mantuvo callada mirando a la fogata.

—No se preocupen, ya están por llegar. Relájense. —volvió a contestar el viejo.

Esperaron durante una media hora aproximadamente, la fogata ya era casi cenizas. El joven noble ya estaba tan nervioso y enojado por la espera que se levantó y pateó una piedra que terminó de rodar frente a una figura que posaba casi a la orilla de la ladera, pero la figura no era una sola, había una a su izquierda y otra a su derecha. Tres siluetas se alzaban junto al borde de la ladera. Eran tan negras que parecían recortadas contra el cielo azul oscuro de la noche, inmóviles, como si hubieran estado allí desde siempre.

— ¿Qué son esas cosas? —preguntó la mujer.

—Ya llegaron. —respondió el anciano, levantándose rápidamente.

Todos levantaron la cabeza y dirigieron sus miradas hacia la ladera. Nadie sabía en qué momento esas sombras habían tomado ese lugar, pero lo que sí sabían era que estas sombras eran lo que esperaban. El otro hombre, el más joven, se acercó lentamente con un papel que sacó de su chaqueta. Mientras más se acercaba a esas figuras, podía sentir cómo todo a su alrededor daba vueltas y vueltas. Casi inconsciente, llegó a rastras y extendió con la poca fuerza que le quedaba su brazo para entregarle el papel a la figura principal. Esta la tomó y el joven cayó rápidamente al suelo, muerto.

La figura tomó el papel que realmente era un pergamino y lo abrió, entonces los extremos comenzaron a incendiarse hasta consumir todo el pergamino.

— !Caballeros! El sacrificio ya fue hecho. Un joven ha muerto, sus nombres y sus hilos ahora son suyos. Ya pueden tocar suelo. —dijo el anciano, que se encontraba fascinado por la situación. No le importó ver morir a su segundo hijo a cambio de lo que él consideraba correcto.

Las sombras comenzaron a brillar, primero con un resplandor pálido, luego con una luz tan blanca que obligó a todos a cubrirse los ojos.

— ¿Qué es esto Oma? —le preguntó el barbudo a la mujer verde mientras se tapaban los ojos por la luz tan intensa que era casi imposible ver hacia su fuente.

—Realmente no lo se Lothar, pero ya estamos aquí y no nos podemos echar atrás. —respondió la mujer, con total inseguridad en su tono.

—Sí, es verdad. Ya estamos aquí.

Las figuras se elevaron varios rizos sobre el suelo y luego de soltar una onda de expansión tan fuerte que hizo que todos cayeran contra el suelo, cuando la luz se apagó, ya no eran sombras. Las tres figuras estaban de pie sobre la tierra, cubiertas con armaduras oscuras adornadas con huesos pulidos y cráneos plateados. Sus rostros estaban ocultos bajo cascos con cuernos de cabra, y detrás de la tela negra que cubría sus caras ardían dos ojos rojos, como brasas recién avivadas.

Nadie dudó de que aquellas cosas no pertenecían a ese mundo.

El anciano, fascinado por lo que había pasado, se acercó a ella con gran emoción y se arrodilló a sus pies.

— !Caballeros, es un honor tenerlos fren…! —sin poder terminar la frase, el hombre sintió como una sensación fría entraba por su nuca y otra caliente goteaba por debajo de su mentón.

Los demás, horrorizados, sacaron sus armas sabiendo que esto no sería una batalla corriente. Pero para su sorpresa, la figura sacó la gran espada que había clavado en el hombre, la limpió de sangre con un movimiento increíblemente rápido y la volvió a enfundar.

—Ustedes, vengan. —la figura principal habló. Su voz sonaba como a un susurro, pero fuerte y entendible.

Los tres compañeros claramente desconfiaban luego de ver lo que había pasado. Y que ahora está horrorosa figura los llamaba, los aterraba aún más.

— ¿Quiénes son ustedes? —preguntó en voz alta Oma

— ¿Qué son…? Sería una mejor pregunta —dijo Lothar en voz baja, en un tono burlón a pesar de que sus piernas temblaban como ramas secas en una tormenta.

— ¡Somos los Caballeros del Umbral, sirvientes del único y verdadero dios del entramado! —exclamaron con furia las tres figuras, sus voces se habían convertido en un fuerte rugido.

Ni Oma ni Lothar sabían de lo que estaban hablando esos seres. ¿Caballeros? ¿Verdadero dios?

Pero el joven, que se llamaba Gibson, pudo entender al momento a lo que se refería gracias a todos los libros que había leído.

No por nada lo llamaban Gibson “come libros” en la cofradía.

—No, no espera. —decía Gibson mientras daba pasos hacia atrás, alejándose con miedo y temblorosamente, casi al punto de llorar de miedo. — Esto no es por lo que vinimos.

— ¿De qué carajos hablas? —le preguntó Lothar, ahora con un frío producido por el miedo, recorriendo por toda su columna.

— ¿No lo entienden? Caballeros, único dios. Vienen de…—la desesperación de Gibson no fue suficiente para terminar de advertir a sus compañeros, ya que una flecha se clavó entre sus ojos antes de poder terminar de hablar.

Oma y Lothar quedaron mudos al ver a su amigo caer y que la flecha atravesaba su cabeza hasta romper la capucha y sobresalía por su nuca.

Volvieron a ver a los Caballeros, uno de estos tenía un arco y estaba apunto de disparar otra flecha a uno de ellos. Oma logró esquivar la flecha, pero al intentar girar para comenzar a correr chocaron cada uno contra el duro pecho metálico de una sombra, eran tan altos como Lothar y un poco más. Lothar intentó darle un golpe con el puño al caballero, pero al dárselo se rompió la mano, gritó, pero rápidamente calló, su boca se había cerrado cuando la caballero le clavó una espada por debajo de su mandíbula hasta que la punta de la espada saliera por el otro extremo de su cabeza. Al sacar la espada, el gigante quedó tambaleándose, pero no porque hubiera quedado inconsciente, el peso y el tamaño jugaron con el cuerpo hasta que este cayó de espaldas, haciendo temblar el suelo alrededor.

Oma pudo esquivar el primer ataque, pero al irse hacia atrás volvió a chocar, esta vez de espaldas contra otra pared metálica. Se encontró rodeada por los tres caballeros en segundos. Intentó tirar golpes con sus dagas, pero todos esquivaban los golpes con facilidad y una rapidez terrorífica. Ya estando cansada y rodeada, fue cuando de la nada decenas de cuchillas aparecieron y comenzaron a clavarse en ella, los caballeros solo veían como estos cuchillos, que parecían tener vida propia, terminaban con la orco.

Al morir Oma, cada caballero se acercó a un cuerpo y tocando su frente, recitaron la misma frase al mismo tiempo en un idioma extraño, muchos dirían que un idioma antiguo y maligno.

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