Capítulo 1
Bien gente, lo diré una vez más:
Me llamo Leo Paredes, soy un humano común. Saqué muy buenas notas en el instituto, y ahora, he sido aceptado en la prestigiosa universidad “Variables perdidas”. Me encanta la programación y quiero sacarme la carrera para encontrar un buen trabajo.
Me encontraba caminando hacia mi destino, pensando en cómo llevaría las materias no relacionadas a programación. Las universidades tienen fama de dar mucho relleno, y, aunque a las privadas no se les achaca tanto, tengo mis preocupaciones.
Pasé por la puerta de la entrada y me acerqué al sujeto del mostrador:
- Buenos días. - Le dije muy educado. - ¿Para la recepción de los que hoy es su primer día, por favor?
- Sí, siga por este pasillo, busque la señal que indica la dirección del patio, y allí.
- Muchas gracias.
Seguí las indicaciones y, tal como se me indicó, salí hacia el patio. Era increíblemente grande y muy verde, se notaba la preocupación por el respeto a la naturaleza. Divisé un escenario casero y un montón de sillas, muchas de ellas ya ocupadas.
Busqué un hueco para mí, y recorrí con la vista el resto del lugar, intentando encontrar alguna cara conocida. Mis amigos, por diversas circunstancias, habían ido a parar a otros sitios, por lo que me tocaba empezar de 0.
Estaba a punto de centrar la mirada en el escenario cuando algo me llamó la atención:
Era una chica rubia, con una mirada seria y parcialmente escondida por su flequillo, estaba bastante delgada y me resultó atractiva en un momento. Nuestras miradas se cruzaron por un momento, y en ella se notaba una gran indiferencia.
Decidí apartar mi mirada, no quería problemas el primer día.
Finalmente, una profesora subió al escenario y tomó el micrófono:
- ¡¡Buenos días futuro de la generación!! - Gritó entusiasmada. - En breve se os irá llamando para asignaros habitación, pero antes..... ¡¡¡Discurso de bienvenida!!!
El autor me dice que le daba mucha pereza escribir un discurso de bienvenida genérico y que pasamos directamente a la parte de la asignación de habitaciones.
Me asignaron una habitación que compartiría con alguien más. Me dieron una serie de normas bastante detalladas y se me advirtió varias veces de las consecuencias en caso de incumplimiento.
No pensaba que fuera a tocarme un compañero demasiado problemático, llegué a la habitación y dejé mi mochila sobre la cama inferior de la litera. Acto seguido empecé a echar un vistazo:
No era especialmente grande y tenía lo justo y necesario, una pequeña cocina, un cuarto de baño, la litera, un escritorio de 2 plazas... ¿Qué más querría un estudiante?
Varios minutos después la puerta se abrió, me asusté porque no me lo esperaba. Cuando giré la cabeza, allí estaba ella, la chica que atrapó mi mirada en la ceremonia de Bienvenida. Su expresión de indiferencia apenas había cambiado a pesar de verme.
- ¡Hola! - Saludé intentando ser amable.
- Hola. - Respondió ella con un tono calmado.
Me encontraba nervioso, no sabía si estaba enfadada por quedarme mirándola hace rato. ¿Ella era mi compañera?
- Sí, soy tu compañera. - Respondió ella.
Me asusté un poco, ¿me había leído la mente o era una pregunta demasiado evidente? En ese momento no estaba para pensar mucho.
- Esto... perdona si te he incomodado antes, no era mi intención. - Le dije.
- No es necesario que te disculpes. - Respondió de forma seca. - No eres el primero que se me queda así mirando, y probablemente no serás el último. Me gusta estar sola y trabajar en silencio, no me molestes y no tendrás que preocuparte, ¿de acuerdo?
- De acuerdo. - No me hacía gracia que me lanzaran ese tipo de indirectas nada más llegar, pero como mencioné antes, no quería problemas. - Por cierto, ¿cómo te llamas?
- Gwen. ¿Y tú?
- Leo.
Gwen subió directamente a la cama superior de la litera y dejó caer sus zapatos, no pude evitar mirar a sus pies, se encontraban envueltos en calcetines blancos y se veían muy suaves y lindos. Gwen se llevó una mano a la cabeza y yo me giré rápidamente hacia el escritorio.
Yo era fetichista de pies, pero no quise hacer ni decir nada. Mi compañera ya me había dejado claro que no quería tratos conmigo.
Varios días después
Eran ya horas muy altas de la noche, llevaba un rato muy largo intentando resolver un problema de programación. Quería quedarme despierto hasta resolverlo, pero sentía que la cabeza me iba a estallar.
No era plan de dejarlo para el día siguiente, pues recordar qué significaba cada cosa me tomaría mucho tiempo, pero estar más horas en vano tampoco serviría de mucho.
Finalmente decidí irme a la cama, justo antes de dormir vi cómo Gwen entraba en el servicio y cerraba la puerta. “Acuérdate de dejar la ventana abierta para que ventile”, fue lo que pensé justo antes de caer dormido.
Durante la noche pasó algo peculiar, soñé con la solución al código, justo esa parte que me traía por la calle de la amargura, justo lo que había que hacer.
Me desperté de golpe y me lancé sobre mi ordenador.
“Espero no molestar a Gwen mientras duerme”, pensé mientras lo encendía y buscaba rápidamente mi proyecto.
Si hay algo que no puedes hacer con un sueño así, es esperar demasiado, pues todo se acaba olvidando.
Finalmente logré resolver aquel dichoso problema y comprobé que el programa funcionaba.
“Qué a gusto voy a dormir ahora”, pensé con una suave risita.
Mientras apagaba mi ordenador, me percaté de que la puerta del servicio seguía cerrada, miré sobre la litera y Gwen no estaba allí.
“Qué extraño. ¿Le habrá dado un apretón de los fuertes?”
Llamé suavemente a la puerta del servicio, nada, ni una respuesta. Solo el suave sonido del viento entrando por la ventana.
Abrí la puerta y no había nadie allí. Empecé a preocuparme un poco.
- ¿Habrá salido de marcha nocturna? - Me pregunté. - Espero que para mañana aparezca, de lo contrario me pedirán explicaciones a mí.
Gwen, varios días antes
Ese chico que me tocó de compañero no tiene pinta de ser una mala persona. Pero no puedo permitirme más distracciones, la última vez no salió bien.
No puedo explicárselo, pero espero que no me guarde rencor.
Cuando me subí a la cama dejé caer mis zapatos, me encanta estar descalza y lo disfruto siempre que puedo. Pero conforme mis zapatos producían el sonido de chocar contra el suelo, mi sentido arácnido se activó.
“¿Aquí? ¿Qué amenaza hay aquí?” Pensé mientras me llevaba una mano a la cabeza para intentar calmarme.
Noté el sonido de una silla girando rápidamente, era Leo, que se daba la vuelta con gran velocidad. ¿Qué había pasado? ¿Por qué se ha activado mi sentido cuando me he quitado los zapatos?
“Meh, da igual, ya le he dejado claro que no quiero saber nada”. Pensé intentando no darle más vueltas al asunto.
Gwen, al día siguiente
“Tantas horas de clase y el ‘trabajo’ nocturno van a acabar conmigo”. Pensé mientras regresaba a la habitación después de una larga jornada educativa.
Entré en la habitación y Leo estaba en su escritorio, como siempre. Me quité los zapatos al entrar, como hago siempre, y sentí una leve vibración en mi sentido arácnido. Esta vez fue más débil, casi imperceptible.
Leo no se giró bruscamente como el día anterior, pero noté cómo su cuerpo se tensó ligeramente. Seguía mirando su pantalla, pero su postura había cambiado.
Me senté en mi cama y empecé a revisar mis apuntes. Después de un rato, me di cuenta de que Leo no había escrito ni una línea de código desde que entré. Simplemente estaba allí, mirando su pantalla en blanco.
- ¿Te encuentras bien? - Pregunté, rompiendo el silencio.
Leo se sobresaltó un poco. - Ah, sí, estoy bien... Solo... pensando cómo resolver un problema... - Respondió con la voz un poco entre-cortada.
Asentí sin decir nada, pero algo no cuadraba. Mi sentido arácnido casi nunca se equivoca, y esta era la segunda vez que se activaba justo cuando me quitaba los zapatos.
Gwen, al tercer día
Llevaba varios días observando pequeños detalles. Cada vez que me quitaba los zapatos en la habitación, Leo se ponía nervioso. A veces cambiaba de postura, otras veces se aclaraba la garganta, y en una ocasión, hasta se le cayó el bolígrafo.
Hoy decidí hacer una pequeña prueba. Fingí que me olvidaba algo en el servicio, y cuando salí, dejé uno de mis zapatos deliberadamente cerca de su escritorio.
Cuando regresé cinco minutos después, el zapato estaba exactamente en la misma posición, pero Leo estaba inusualmente nervioso, su respiración era más rápida de lo normal.
- ¿Todo bien? - Pregunté fingiendo que no pasaba nada.
- Sí... - Respondió Leo sin mirarme.
Esa noche, mientras patrullaba por la ciudad, no pude evitar pensar en las reacciones de Leo. Mi sentido arácnido se activaba por su presencia cuando mis pies estaban descalzos. No era una amenaza, pero sí una intensidad que no sabía cómo interpretar.
¿Será un fetichista de pies? Las piezas empezaban a encajar en mi mente de una forma que me resultaba desconcertante.
Gwen, día actual
Definitivamente no quiero ser programadora. Ese chico lleva horas en la misma pantalla, farfullando sobre el mismo fallo que no logra resolver. Mi “jornada” empezará pronto y tendré que evitar que me vea.
Afortunadamente parece que se ha rendido, ya se está acostando. Finalmente puedo salir sin problema.
Me escabullí por la ventana del servicio y empecé a patrullar.
Varias horas después
- Bueno, ladronzuelos de la noche atrapados. Ahora puedo volver a descansar un poco. - Dije mientras me balanceaba de vuelta a la universidad.
Por alguna razón, esa noche estaba increíblemente cansada. Imagino que por ser llevar varios días de universidad y todo eso, han cambiado muchas cosas de golpe.
Estaba tan agotada, que de haber tenido que luchar una sola vez más, probablemente me hubiera dormido de pie. Mis sentidos estaban todos al límite, incluso al llegar a la pared por la que treparía a la habitación, sentía que me iba resbalando hacia abajo en lugar de trepar hacia arriba.
Seguramente fuera por eso, por lo que mi sentido arácnido no reaccionó ante lo que iba a pasar a continuación.
Entré por la ventana con cierta confianza y me dejé caer sobre el suelo.
- ¿Pero qué? ¡Un ladrón! - Escuché gritar de repente.
En un reflejo desesperado lancé mis telarañas y terminé pegando a la pared a mi compañero de piso.
“Mierda, es Leo”, pensé. “A ver cómo soluciono esto ahora”. “¿Pero qué hace despierto a estas horas?”
No tenía sentido intentar ocultarle nada, de lo contrario Leo reportaría que un ladrón se coló por la ventana y eso no sería bueno para nadie. Tenía que decirle quién era.
Empecé a acercarme lentamente hacia él.
- Leo... Tranquilo... Soy yo, Gwen, tu compañera de piso...
Notaba en sus ojos una mezcla de miedo y duda.
- Voy a liberar tu boca, pero me tienes que prometer que no vas a gritar. ¿Me lo prometes por favor? - Le pedí con cierto tono de súplica.
Noté cómo su respiración se calmaba ligeramente, él asintió como buenamente pudo. Con suavidad, le destapé la boca...
- Gracias... ¿supongo? ¿De qué va esto? - Preguntó Leo.
- Antes de contarte nada, quiero saber, ¿qué haces despierto a estas horas? - Le pregunté. Mi sentido arácnido no había funcionado, probablemente entre el cansancio y que no considero a Leo una amenaza.
- No me lo vas a creer. - Dijo Leo. - Pero soñé con la solución al código que no me funcionaba, me desperté de golpe y lo arreglé antes de que lo olvidara. - Me explicó. - Cuando iba a volver a mi cama, me percaté de que el servicio seguía abierto y que tú no estabas, me preocupé un poco.
Esa confesión me pilló con la guardia baja, había puesto tanto empeño en que Leo me ignorase, ¿y se preocupó por mí? Estaba muy agotada para pensar...
Le despegué de la pared poco a poco y le limpié las telarañas.
- Encantado de conocerte Spider-Woman. - Me dijo Leo con un tono aún algo tembloroso.
Me quité la máscara y me acerqué un poco más a él. Me sentía culpable, no me hizo nada malo y yo lo ataqué, vale que fue por el reflejo del susto, pero aún así no estaba bien...
- Leo... Lo siento... De verdad que lo siento... - Le susurré lo más dulce que pude.
- Está... bien... - Dijo cabizbajo, aunque aún se notaba la tensión en su cuerpo. - ¿Habías ido a luchar contra el crimen?
- Sí... - Admití. - Todas las noches me escapo a intentar proteger a inocentes...
- Entiendo...
De repente, una sensación incómoda me invadió, tenía que convencerlo de no decir nada de esto, a nadie.
- Leo... - Susurré acariciando su mejilla. - Sé que no me debes nada, que no te he tratado como debería, pero necesito que sigas siendo ese chico dulce y amigable que se me presentó el otro día y no digas nada de lo que ha sucedido aquí. Me pondrías en peligro a mí y a mi familia...
- Esto ha sido raro, pero confío en que no tienes malas intenciones. - Dijo Leo recuperando la calma. - Te guardo el secreto, lo prometo.
Su lealtad me desarmó por completo. No me estaba pidiendo nada a cambio. Simplemente lo aceptaba. Y en ese momento, supe que no podía dejarlo así. Le debía una compensación. Una reparación por susto y carga que le acababa de imponer. Recordé sus miradas a mis pies durante estos días...
Me senté en la cama y lo invité a sentarse a mi lado. Me quité rápidamente mis zapatos y calcetines, dejando mis pies descalzos a su vista.
- Gwen.... ¿Qué... haces? - Preguntó él.
- Te lo agradezco, de verdad. - Le miré directamente a los ojos. - Y quiero compensarte... Creo que te gustan mis pies, noté cómo huías la mirada cuando me quité los zapatos el primer día.
Leo se puso rojo como un tomate, incapaz de negarlo.
- Este es tu premio... si colaboras... - Le dije con voz suave pero firme mientras alzaba un pie y lo colocaba frente a su mejilla.
Empecé a acariciar su rostro con dulzura usando mi pie.
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