Stages of Griefing.

Sinopsis

Basado en la serie Kin y su mundo, está historia te meterá en la piel de Audrey Brooks, una psicóloga que vive completamente ajena a la mafia irlandesa... hasta que se cruza con uno de los miembros del clan Kinsella segundos antes de morir. Sin buscarlo, Audrey terminará atrapada en el epicentro de una familia consumida por el dolor y será un ancla a un mundo mejor para uno en especial, recordándole que tiene muchas más razones para vivir que solo el negocio de su familia.

Genero:
Action,Romance
Autor/a:
Bunbun20
Estado:
hace un mes
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Bienvenida A Irlanda

Cuando puso un pie en Irlanda, Audrey no sabía que esperar, venir del país de al lado la ponía en una nueva posición.

Era la extranjera que no sabía bien que hacer, así que, optó por hacer lo único que sabe: recurrí a sus amistades.


Era el paso lógico y claramente lo tomo, así que, estando parada en una esquina con su equipaje, agarró su celular y llamo a alguien, la llamada tardó un poco en ser tomada pero suspiro con alivio cuando escucho la voz alegre de su amiga Ellie al otro lado.

Una mujer que forma parte de la fuerza policial por el lado familiar, tenía muchos casos a su nombre y Audrey tenía la idea de solo pedir asilo temporal si no poder trabajar con ella pero ya tendría tiempo para eso.


—Audrey, hola chica, como estás? Ya llegaste? Decime donde estas y voy directamente—


—Gracias Ellie, estoy en... Amm...— sus ojos se movieron un poco por el lugar, viendo varios edificios viejos y otros más modernos, a lo lejos, podría ver una concesionaria de autos por lo que, optó por usar eso como un punto de referencia para su amiga y se lo dijo.

—Oh, ya se dónde estás, no te muevas de ahí ¿si?—


—Acá te esperó—


La llamada se cortó y viendo que tendría mucho que hacer, miro a su derecha, luego detrás de ella, viendo un bar al que decidió entrar.

Era un lindo sito, sofisticado mejor dicho: mesas pulidas y lista para nuevos clientes, un bar con seguramente varios tragos para pedir, varias personas haciendo sus vidas.

Audrey se sentó en una mesa, cerca de la ventana para ver si Ellie llegaba.


Entre tantas personas, vio a uno que le llamo la atención, un hombre un poco viejo con pelo oscuro y con un traje fácilmente valía sus varias libras esterlinas.

Estaba hablando con otra persona, uno con el pelo canoso, no podía ver su rostro pero notaba las dos patas de un anteojo y como dicha persona llevaba ropa más modesta.


La inglesa desvío su rostro otra vez a la calle, viendo a lo lejos el movimiento de la concesionaria, estando un poco contenta de que al menos a esas personas les iba bien con su negocio.


Por un par de minutos, no hubo novedad, solo autos que iba y venían, un mesero había venido hace un momento para preguntar que iba a querer pero ella solo negó con su cabeza, hasta que, luego de 12 minutos, vio un auto azul brillante estacionarse en frente de la calle.


Audrey se paró un poco y cuando vio a Ellie con esa bella melena anaranjada y agarró sus equipajes se fue a la entrada, chocando por error al mismo señor de antes.

—Disculpe— salió de la boca Audrey mientras se iba del lugar, dejando al hombre con las palabras en la boca.


Ambas amigas se encontraron en la vereda, se abrazaron y subieron al vehículo luego de poner todo en el baúl.


Al llegar a la casa de Ellie, se dio cuenta que había una casa más alejada, junto en donde la calle corta para ser un calle de dos vías, tenía el techo marrón y líneas blancas y podía ver cómo habían personas dentro por la ventana del segundo piso.


—No los mires mucho, no son de fiar—


La mencionada volvió su cabeza hacia su amiga, confundida —¿Por qué? Se ve que son amigables—


—Por que lo aparentan, esa familia es una de las mafias locales de Dublín, se dice que uno de ellos estuvo en prisión por matar a su prometida y sinceramente, lo creó— le dijo Ellie mientras le pone una mano en el hombro a su amiga —quieren ser normales pero con tantas cosas detrás, digamos que el papel les queda muy corto... En fin, vamos a adentró—


Luego de arreglar todo el equipaje, Audrey se acostó en la cama de huéspedes, suspiró y cerró los ojos.

El olor a comida llego a su nariz, haciendo que el apetito le abra los ojos, no sabía cuánto durmió pero se estaba haciendo de noche.

Con el cansancio aún su sistema, se paró y fue a la cocina de la casa, viendo a Ellie haciendo algo en la sartén que no sabía bien como llamarlo pero se veía bien.


—Ahí está dormilona, ya que estás despierta ¿Podrías ir a buscar al supermercado de la esquina un queso fresco, por favor?—


—si claro— Audrey camino por el pasillo, agarró un abrigo de un perchero y se lo puso, saliendo hacia afuera.


Mientras camina por las calles, se va fijando en el cambio que ahí, el clima era lluvioso, habían charcos en las calles y gracias a las luces, se veían las tiendas.


Después de una larga caminata, llego a un supermercado, entró y se fijó en la persona enfrente de ella: pelo atado en un rodete junto a una campera y un pantalón, ambos negros.

Ella vio salir a esa persona al minuto 1 o 2, tal aparece que era una compra común también, ella pidio el queso cuando el cuerpo por instinto se agachó.


Un disparó, otro, ella sin embargo, se obligó a moverse, corriendo hacia afuera y dejando la bolsa con la comida dentro tirado en el suelo.


Había alguien en el suelo del estacionamiento, no escuchaba más tiros y mientras veía que había otro hombre ayudando al que vió, ella se centro en el joven.

—¿Me escuchas? Por favor, responde...— su voz está agitada por el miedo, sus manos hacen presión en la herida de bala del joven pero... Es tarde.


Ella escucha detrás de si misma como el hombre que vio llama al chico, llorando y gritando: Jamie.


—¿Quien... Quienes son ustedes?— eso es lo único que sale de su boca al momento de sacar su manos del joven, solo puede ver la sangre y por último, su cuerpo colapsa, sentándose contra el auto.

Audrey baja su vista, viendo que uno de ellos no tiene camisa y ve la ropa en el otro sujeto para parar una herida también... Y recuerda la casa vecina de Ellie.

Sus ojos se abren un poco más, bajando su mirada a sus manos, sin poder creer lo que pasó.


—(Son ellos... Kinsella)— piensa la británica mientras escucha como uno la llama, girando su cabeza, aún se nota que está afligida y asustada por la realización —Lo siento... Yo... No puede hacer nada— dice mientras apoya sus manos en el asfalto del estacionamiento y se vuelven puños por la impotencia que le está llegando al cuerpo.