Prólogo

—Corre... corre... corre...
Esa pequeña voz dentro de mi cabeza se repetía una y otra vez mientras corría por el bosque, adentrándome cada vez más en la oscuridad.
Mis piernas comenzaban a temblar. Mis pies solo querían detenerse, pero mi mente no dejaba de repetir aquellas palabras.
Corre.
Porque si me detenía, significaba mi muerte.
Un pueblo entero me perseguía, aunque todavía no sabía la razón. Solo sabía que era el tercer pueblo que atravesaba desde que crucé el Gran Río, aquel que separaba mi hogar de aquellas tierras.
Mi corazón parecía querer salir de mi pecho. Ya no podía soportarlo.
Estaba exhausta.
Podía escuchar mi respiración saliendo de manera forzada mientras mis pulmones ardían. Cada paso se volvía más pesado que el anterior y mi vista comenzaba a hacerse cada vez más borrosa.
Entonces mis piernas finalmente cedieron.
Caí sobre la hierba, en medio del bosque.
Por unos segundos intenté levantarme, pero no tenía fuerzas.
Fue entonces cuando los escuché.
A lo lejos, entre los árboles, podían oírse los gritos de la gente que me perseguía.
—¡¡¡ALLÍ ESTÁ!!! ¡¡¡CÓJANLA Y MÁTENLA!!!
Mi cuerpo se llenó de terror.
Intenté moverme, pero mis brazos apenas respondían.
—¡¡¡MATEN A LA MALDITA BRUJA!!!
Las voces se acercaban cada vez más.
No podía hacer nada.
Sabía que solo era cuestión de tiempo antes de que me alcanzaran.
Mi respiración comenzó a acelerarse por el miedo. Mis párpados pesaban cada vez más y más.
Hasta que finalmente...
Todo se volvió negro.
────────
Desperté tirada en el suelo.
El sol del mediodía atravesaba las copas de los árboles, iluminando pequeñas partes del bosque a mi alrededor.
Abrí los ojos lentamente.
No sentía dolor.
No escuchaba gritos.
No escuchaba pasos.
Solo el sonido del viento moviendo las hojas.
—Al parecer... morí.
Lo pensé en voz alta, sintiendo un extraño alivio al creer que por fin me había librado de aquel destino maldito.
Entonces escuché una voz.
—¡¡¡¿Escucharon eso?! ¡¡¡Ella piensa que está muerta!!!
Abrí los ojos completamente.
—¡¡¡Yo pensaba que lo estaba!!!
Otra voz respondió desde algún lugar entre los árboles.
Me incorporé rápidamente y miré a mi alrededor.
Había voces por todas partes.
A mi derecha.
A mi izquierda.
Incluso detrás de mí.
—¡¡¡¿Quiénes sois?!!!
Grité mientras buscaba desesperadamente su origen.
Durante unos segundos nadie respondió.
Hasta que una voz sencilla, algo aguda, rompió el silencio.
—¡¡¡Ella quiere saber quiénes somos!!!
Por el tono pude distinguir que era una chica.
—¡¡¡¿Qué le decimos?!!!
La voz que respondió después era mucho más grave, aunque conservaba un extraño tono agudo.
Parecía ser un hombre.
Entonces escuché un susurro entre los árboles.
—¡¡¡Aslan se enojará con nosotros!!!
El bosque quedó en silencio.
Yo también.
No sabía quién era Aslan.
Pero por la forma en que pronunciaron su nombre...
Algo me decía que debía tener miedo.
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