Personalizar legibilidad
Aa

Cielo Negro.

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

En el umbral de la universidad, Eien Yami, de 18 años, se sumerge en un mundo desconocido, donde la enigmática figura de Fukui Itami, un joven mayor, lo atrae como una sombra. Sus destinos se entrelazan entre secretos ocultos y miradas que queman. Cada encuentro alimenta una obsesión que corrompe el alma de Eien, transformando el amor en una oscura devoción. Impulsado por una necesidad incontrolable, se adentra en la casa de Fukui, descubriendo un secreto que desgarra la realidad. ¿Qué abismos de oscuridad se esconden tras la máscara de Fukui? ¿Hasta dónde llegará Eien en su descenso a la locura?

Genero:
Drama
Autor/a:
Roman
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

𝐈 El andén vacío

Esa mañana era fría.

El aire cortaba la piel como una advertencia silenciosa en el centro de aquella pequeña ciudad japonesa. El cielo estaba cubierto por una capa gris, tan baja que parecía aplastar los edificios y las voluntades de quienes caminaban bajo él. En el andén casi desierto, un joven esperaba el tren con el cuerpo tenso y los dedos aferrados al asa de su bolso, como si soltarlo significara perder lo poco que aún le pertenecía.


Eien miró alrededor con una mezcla de ira y desconcierto. El andén estaba vacío. No había risas, ni manos agitándose en despedida, ni voces llamándolo por su nombre. Nadie había ido a verlo partir. Nadie le había deseado suerte.


—¿Dónde están…? —pensó, aunque la pregunta se disolvió antes de tomar forma.

No sabía exactamente a quién buscaba. Amigos, quizá. Familia. Personas que alguna vez prometieron quedarse. La imagen de rostros borrosos cruzó su mente, acompañada por una sensación conocida: el abandono. Aquella ausencia pesaba más que el frío. Se instalaba en su pecho como un resentimiento espeso, alimentado por la traición de quienes debían protegerlo y no lo hicieron.


Cuando el tren llegó, su sonido metálico rompió el silencio con violencia. Eien subió sin mirar atrás. No había nada que dejar.


El vagón estaba viejo, descuidado, con asientos gastados por años de cuerpos anónimos. Caminó por el pasillo hasta encontrar su lugar preferido, junto a la ventana. Dejó su equipaje de mano en el compartimento superior y se sentó con rigidez, notando nuevamente el vacío a su alrededor. Ningún pasajero a su lado. Ninguna presencia que lo obligara a fingir normalidad.


Se colocó los audífonos y dejó que la música llenara el espacio que las personas nunca ocuparon. El mundo exterior comenzó a moverse lentamente, deslizándose frente a sus ojos como un recuerdo que no le pertenecía. Sacó de su bolso un libro viejo, con las hojas amarillentas y marcadas por el uso.


Alejandra Pizarnik.


Sus dedos buscaron el marcapáginas casi con devoción.


“La sangre quiere sentarse.

Le han robado su razón de amor.”

Eien cerró los ojos un segundo. Aquellas palabras siempre le producían el mismo efecto: una calma amarga, una sensación de ser comprendido por alguien que nunca lo conocería. El ausente I era su poema favorito, aunque la verdad era que toda Poesía completa lo acompañaba como un refugio constante. Cada verso se le había incrustado en la memoria, como una herida que no deseaba cerrar.


Esos libros habían sido regalos de su padre. Un hombre distante, severo, con quien nunca logró construir un vínculo real. Aun así, Eien no podía odiarlo del todo. Gracias a él aprendió otros idiomas, aprendió a leer más allá de lo evidente, a encontrar belleza en la desesperación. Aunque al principio le costaba comprender aquellos textos, insistió hasta lograrlo. Y cuando lo hizo, el mundo cambió.


Descubrió que el dolor podía ser hermoso. Que la soledad podía doler y, aun así, volverse adictiva.


El traqueteo del tren terminó por arrullarlo, y cuando despertó, la ciudad de destino ya se extendía frente a él.

Guardó el libro con cuidado, se quitó los audífonos y se preparó para bajar. El nuevo andén estaba abarrotado de gente. Voces, pasos, maletas, risas nerviosas. Demasiados estímulos. Demasiados cuerpos. La multitud le provocó una incomodidad inmediata, casi física. Sentía que el aire se volvía más pesado entre tantas personas.

Caminó rápido, intentando salir de allí lo antes posible. No miraba a nadie, hasta que chocó contra alguien con fuerza suficiente como para hacerlo retroceder un paso.


Levantó la vista.


El joven frente a él tenía una mirada extrañamente oscura, intensa, que contrastaba de manera inquietante con su cabello rubio. Sus ojos parecían vacíos, pero no muertos; era como si algo se moviera en el fondo, algo contenido, vigilante.


Eien se quedó mirándolo más de lo que debía.


En ese instante, sintió cómo su mundo interno se torcía, como si una pieza invisible hubiera encajado en el lugar incorrecto… o quizá en el correcto. El desconocido frunció el ceño, apretó su bolso con molestia y lo empujó al pasar, sin decir una sola palabra.

Eien no reaccionó. Solo observó cómo se alejaba.


Retomó su camino hacia la residencia universitaria, pero algo había cambiado. En su mente, aquel rostro se repetía una y otra vez, grabado con una claridad inquietante.


El barrio estudiantil estaba lleno de vida. Padres cargando cajas, estudiantes nerviosos, despedidas apresuradas. Eien caminaba entre ellos como un espectador ajeno, analizando gestos, voces, movimientos. Entonces lo vio de nuevo.


El mismo chico.


Su pulso se aceleró. Supo que no podía dejar pasar esa coincidencia. Sin pensarlo demasiado, comenzó a seguirlo, manteniendo la distancia justa para no ser notado, mezclándose entre la multitud. Aprendió a moverse así desde pequeño: invisible cuando lo deseaba.


La noche llegó rápido.


En su habitación, finalmente solo, Eien abrió su libreta y anotó una dirección que había memorizado durante el día. Su mano temblaba ligeramente. No recordaba la última vez que se había sentido así: expectante, inquieto, vivo. Dibujó el rostro del chico con trazos rápidos, casi violentos. Al morderse el labio, un hilo de sangre apareció. Sonrió.


El calor que sentía no era normal, pero tampoco quería que lo fuera.

Cerró la libreta y miró por la ventana. Sabía que debía ser cuidadoso. Intuía que aquel chico ocultaba algo, algo que ensombrecía su mirada. Y Eien necesitaba descubrirlo. Para él, aquel choque no había sido un accidente. Había sido una señal.

Una invitación.


Lo que Eien ignoraba era que Itami también cargaba con una oscuridad propia. No era el joven perfecto que todos creían ver. Detrás de su sonrisa ensayada se escondía un desprecio profundo, una repulsión silenciosa hacia el mundo, especialmente hacia las mujeres que lo rodeaban. Ese día, en la estación, su irritación ya estaba al límite… hasta que Eien apareció.


Ambos habían sellado algo sin saberlo.


Un destino torcido, inevitable.


Y aquel era solo el comienzo.

¡Cuéntale a Roman lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

1

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

0

Impactante

Bien escrito

0

Bien escrito

Trama absorbente

0

Trama absorbente

Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes

Otras recomendaciones

Nuestro Amor

San: Es una novela muy envolvente, en cada capítulo te atrapa más y más esta muy interesante!! Espero terminarla sin ningún inconveniente!!

Leer ahora
Dame Una Oportunidad ~ kookmin

Ana: Me gustó,al principio llore,mil gracias por la historia

Leer ahora
Chica nueva, Jefe nuevo

MaríEn: Me gusta la temática y no me gusta que la dejen a medias

Leer ahora
Lo Que Nos Separó

jarriagada2501: Me gusta esta historia, es muy triste lo que le hicieron a mi Jikook de separarlos . Pero el amor siempre vence. Y con 2 hermosos . Ojalá su amor en la vida real sea para siempre. Y love Jikook

Leer ahora
ATRAPADO

MONSY💋: Me.encanto 💋

Leer ahora
Querida esposa, te odio

Cristina: Deberian convertir este libro en una serie jajaja

Leer ahora
Noah Clark

Arwen: Me encanta esta historia, definitivamente puedes ir de lo más Taboo y prohibido ,hasta lo más romántico y dulce, está novela difiere mucho de las historias tuyas que he leído y me encanta.

Leer ahora
LOBO BLANCO

María: Me gusta las historias de vampiros y lobos. La trama es buena y entretenida. No es muy larga y eso también me gusta, no sé hace pesada

Leer ahora