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En la vasta Musashino, bajo la luz de la luna, un joven de veintisiete años caminaba con paso pesado hacia su reunión con su mejor amigo. Esa misma mañana le había escrito, casi desesperado: "Necesito verte, es urgente."
Con esa exageración que solo él sabía imprimirle a sus movimientos, llegó al lugar de encuentro: un bar nocturno de luces tenues y mesas de madera gastada. Hirose, con su cara expresiva de siempre, lo saludó con una sonrisa enorme en cuanto Matsumura se acercó a la mesa.
—¡Amigo! —gritó, alargando la palabra—. Ya tenía mucho que no te veía, y justo nos reunimos cuando terminé con mi novia.
A pesar de sus palabras, en su rostro tenía la misma sonrisa despreocupada de siempre.
Matsumura tomó lugar junto a su amigo y entendió el porqué de esa sonrisa. Sobre la mesa yacían cuatro botellas de cerveza, dos ya vacías.
—Solo nos reunimos porque por fin me contestaste los mensajes, Aiki —comentó, con un tono que no ocultaba el reproche. Llevaba días insistiéndole.
Ante el comentario, Hirose carraspeó y se acomodó en su lugar, tratando de desviar la mirada.
—Bueno, es cosa del pasado, porque me tienes aquí, frente a ti —dijo con voz desvergonzada—. Y bien, ¿qué era eso tan urgente que tenías para decirme?
—¡Ya no tengo nada para escribir! —soltó Matsumura, con un tono tan dramático que hizo que varias cabezas en las mesas cercanas voltearan un instante.
Hirose no respondió de inmediato. Matsumura tomó la botella de cerveza recién destapada que su amigo tenía frente a él y se la llevó a la boca, dándole un largo trago, haciendo que Hirose frunciera el ceño por habérsela quitado.
—Ash, creí que era algo peor. Amigo, relájate —dijo por fin, arrastrando las palabras, y levantó la mano para pedir otra ronda.
—Para mí sí es grave —insistió Ko, cruzándose de brazos—. Casi tan grave como que te haya terminado tu novia.
—Ey, yo la terminé a ella, no ella a mí.
—Pues yo te veo aquí, triste por ella.
—Es solo una excusa para tomar.
Matsumura suspiró y no discutió más. Conocía a Aiki Hirose lo suficiente como para saber que discutir con él en ese estado era una batalla perdida y también lo suficiente para saber que sí estaba triste por su relación perdida.
Aiki era un hombre heterosexual sumamente atractivo que salía con todas las chicas que le confesaban su amor. La razón era simple: no soportaba la idea de rechazar a nadie. Tenía veintiséis años, era guapo, y aprovechaba la buena cara que el cielo le había dado.
En contraste, Matsumura, que también era atractivo, apenas salía con alguien. Cuando lo hacía, era casi siempre en busca de "inspiración" para sus novelas.
A pesar de esas diferencias tan marcadas, se habían hecho grandes amigos desde que se conocieron en la universidad. Matsumura todavía recordaba, con una mezcla de gratitud y vergüenza ajena, cómo Hirose lo había rescatado de una confesión incómoda por parte de una chica cuyo nombre ya no lograba recordar, que parecía decidida a no aceptar un no por respuesta. Quizás, sin aquella chica, ninguno de los dos estaría ahora ahí, compartiendo cervezas y tristezas a partes iguales.
Había algo más que Ko quería decirle a Hirose esa noche. Lo sintió como una idea flotando justo fuera de su alcance, pero el alcohol y el ruido del bar terminaron por hundirla. Mañana, pensó, con la resaca, seguramente lo recuerde.
No lo recordó.
[ • • • ]
Si algún día decides salir a beber con un amigo que no sabe controlarse, Matsumura te recomendaría no hacerlo. Ahora estaba lidiando con las consecuencias de haber invitado a un borracho a más tragos de los que ambos podían soportar. Aunque, para ser justos, no podía reclamarle demasiado: tal vez, y solo tal vez, él mismo había tomado un poco más que el castaño.
Con la cabeza dándole vueltas, llamó a un taxi que los llevara a casa de Hirose.
—Ko, ¿por qué no puedo tener una relación seria? —murmuró Aiki, con la boca medio dormida, ya en su habitación.
Matsumura no respondió. En cambio, lo sentó en la cama y comenzó a quitarle la ropa manchada de vómito para cambiarla por algo cómodo: un short delgado y una camisa ligera, para que no se quejara del calor como siempre mientras dormía.
—Amigo, ¿dónde voy a encontrar a alguien que me quiera de verdad? —continuó Hirose, lamentándose de su vida amorosa. Una lágrima le rozó la mejilla; sus ojos estaban rojos, sin que él mismo supiera si era por el alcohol o por el corazón roto.
Quizás Ko sintió algo de lástima por su amigo. Tal vez la habría sentido con más fuerza si no supiera que, en el fondo, Hirose era un desalmado que salía con cualquier mujer que se lo propusiera. Pero él tampoco era quién para juzgar: él mismo salía con gente solo para tener algo que escribir en sus novelas, y las relaciones terminaban en cuanto la otra persona se enteraba del motivo real.
Tal vez ambos estaban destinados a estar solos en un mundo que no terminaban de comprender, a pesar de tener ya la edad en la que se supone deberían saberlo todo.
Ver a Hirose ahí tirado, con lágrimas en los ojos, lo hizo suspirar de cansancio. A pesar de no haberse visto en lo que parecía casi un año, todo el cariño que le tenía seguía intacto.
Lo dejó llorar hasta que se quedó dormido, sin darse cuenta de que él mismo terminó haciendo lo mismo, sentado en el borde de la cama.
[•••]
Cuando Matsumura despertó, un olor a comida llegaba desde la cocina. Se dirigió hacia allá y se encontró con Aiki, con un delantal que quién sabe de dónde había sacado, preparando lo que parecía ser tamagoyaki. Hirose, al verlo despierto, lo invitó a sentarse a la mesa.
—Sé que ayer no tuve que tomar tanto —dijo apenas Ko se sentó—. Espero no haberte causado problemas.
—Pues si llorar hasta quedarte dormido no cuenta como problema, entonces no —respondió Matsumura, rodando los ojos.
—Perdón, fue un momento de debilidad —se disculpó con fingido arrepentimiento.
Ambos se rieron, y el desayuno continuó entre anécdotas viejas y bromas a medias, hasta que a Matsumura le llegó un mensaje de la editorial.
Jefa: Estamos esperando que nos des un adelanto para tu próxima novela.
Jefa: Ya sabes que tienes hasta el próximo mes.
Ver esos mensajes, uno tras otro, le hizo recordar por fin lo que había querido decirle a su amigo la noche anterior.
Hirose era su confidente en casi todo. Nunca había estado de acuerdo con que Ko saliera con personas solo para encontrar inspiración, pero si de algún modo eso ayudaba a su amigo, prefería no meterse. Discutir la trama de las próximas novelas era algo que siempre hacían juntos, así que no había mejor momento que ese.
—Aiki, se me había olvidado decirte —dijo, con la boca todavía llena de comida. Hizo una pausa para tragar—. Tengo que entregar un adelanto para mi próxima obra, y siento que ya escribí todos los clichés posibles. Si no se me ocurre algo, esta vez sí me van a despedir.
Lo dijo con tal tristeza que Hirose, por un segundo, temió que se pusiera a llorar ahí mismo, sobre el tamagoyaki a medio comer.
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Disfruten el primer cap editado de una historia que hace no mucho escribo.