Atte. El Fantasma por Xiok en Inkitt
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Atte. El fantasma

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Sinopsis

Una historia de misterio, venganza y romance. El traumático pasado que oculta un colegio está a punto de aparecer como un muerto viviente de las películas de romero. No son amigos. Ni siquiera se soportan. Pero cuando alguien que se hace llamar “El Fantasma” comienza a convertir sus vidas escolares en un infierno, tendrán que permanecer juntos para descubrir quién está detrás de la máscara. Lo que no saben es que el Fantasma no los eligió al azar. Porque algunos secretos nunca desaparecen. - Son capítulos cortos. - Xiok_Cori en IG.

Genero:
Thriller/Mystery
Autor/a:
Xiok
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Capítulo 1

Ese día, verduras y pedazos de comida volaban por los aires en la cafetería, transformada en un campo de batalla. Estudiantes, en el segundo día del retiro espiritual, gritaban y lanzaban bolas de puré. Hermanas y profesores trataron sin éxito de poner orden.

Por un extremo, Theo Sandoval, un pelirrojo alborotado e hijo del respetado abogado, desvió el ataque de un balón de básquet lanzado por un chico de lentes. Eufórico, la emoción se evaporó cuando un grito escarapelo su espalda y la de su equipo.

— ¿Quién lanzó el balón? —la hermana superiora se acercó. Con arrugas bajo sus ojos.

Theo tragó saliva, sus ojos recorrieron a sus compañeros cabizbajos antes de encontrar la mirada implacable de la superiora. “A veces odio ser el capitán,” pensó mientras levantaba la mano en señal de culpabilidad.

No muy lejos, Cornelia Esposito, mejor conocida como Corni, separó sus labios de los de su novio mientras sus amigos la protegían del bombardeo de comida. Ella arreglo su cabello largo castaño tan lacio como su cerquillo sobre su frente y revisó su fino rostro, tocó sus pecas y después sonrió para él.

— Eres un mal ejemplo.

— Aprovecha. Nadie nos ve — su novio susurró.

Con un hueso de pollo en la mano, Corni desvio la mirada hacia adelante. Una joven, nerviosa por la pelea de comida, ligeramente encorvada.

Corni sonrió y se deslizó detrás de ella. Talia Vizcardo, una joven de largas trenzas y lentes. Lo enredó con sumo cuidado y en segundos, lo contempló.

Un poco orgullosa delante de sus amigos y novio. Pero, su confianza desapareció cuando una mano la detuvo.

Giró rápido, congelada por el susto. La hermana Rose, con restos de comida pegados en su hábito.

—¿Qué haces? —La mujer trató de tener paciencia en sus ojos.

Los ojos de la joven de trenzas se alzaron asustada, tanteó su cabello y descubrió el hueso oculto. Corni, sin saber qué decir, retrocedió hacia su grupo. Ellos se dispersaron, la dejaron a su suerte.

— Corni acompáñame — dijo Rose.

Mientras tanto, un par de gemelos lanzaron bandejas de guiso sobre otros estudiantes. De rasgos similares si no fuera por el perfil afilado del moreno de cerquillo a la izquierda y el delicado rostro del chico con cerquillo a la derecha.

Andrew y Arthur Chang, hermanos idénticos: Mayor y menor, sonrieron socarrones como con cada una de sus travesuras. Esforzándose en el asalto sin una pizca de vergüenza y esquivando cada ataque.

Sin embargo, cuando Arthur se tropezó con un pedazo de pescado, tomó la capucha de su hermano, en un vano intento de no caerse, y provocando que los pedazos cayeran en las manos del moreno mayor.

Dirigidas desafortunadas sobre el rostro de Theo y la ropa de la hermana superiora.

— Mierda — susurro Andrew.

Sus ojos marrones terminaron en contacto con la superiora antes de caer junto a su hermano.

Por otro lado, lejos del caos del patio, dos chicas lanzaban cubiertos de plástico contra un cuerpo arrodillado sobre la tierra húmeda.

Bruno Dávila soportó cada golpe sin levantar la mirada.

Su cabello negro corto estaba pegado a la frente, la ropa manchada y las rodillas hundidas en el barro. Aunque tenía la espalda ancha y el cuerpo robusto, permaneció contra el suelo. Sus manos pegadas a la humedad, resistio su propio miedo.

— ¿Entonces? — exclamó una. Sus manos en la cadera y un pie revolcándose ansiosos.

— ¡LO SIENTO! — grito Bruno.

Apretó sus ojos y dientes, desesperado.

« Mierda … ¿porque debían ser ellas? ya me quiero ir » pensó para sí mismo.

Entonces escuchó unas pequeñas risas. Alzó apenas la mirada cuando una masa blanca cayó sobre su rostro.

La mayonesa resbaló por su cabello hasta sus manos.

Las carcajadas crecieron.

— ¡Dilo de nuevo! — ordenó una de ellas— o quieres que te quitemos la beca

— Jessica, lucia —suspiro él— lo siento.

« Son unas ... » No terminó el pensamiento. Sintió el cuerpo temblarle mientras contenía las lágrimas, hasta que una patada seca impactó en su espalda.

— ¡ESCARABAJO! TU LANZASTE LA SALSA DE TOMATE A MI CABELLO — Jessica gritó sobre su oído— Cuando regresemos al colegio tendrás que comprarnos algunas cosas.

Quiso gritar y empujarlas, pero su cuerpo tembló, tal vez por miedo, por su beca o porque estaba enojado. Lentamente su mirada se relajó, él no podría ganarle a esas dos chicas.

Unos suaves aplausos detuvieron todo. Los tres giraron a una joven, dio unos pasos adelante, con el celular alzado, grabando.

Cabello negro, lacio pero rebelde destacaron unas fracciones delicadas y unos ojos verdes que brillaron tentados al desafio.

Bajó el teléfono y sonrió.

Una sonrisa bella, casi angelical.

— Psycho ¡No te metas en nuestros asuntos! — gritó Jessica.

Lucía le sostuvo el brazo antes de que avanzara.

Mientras tanto, Bruno alzó la mirada. Volteo a las espaldas de las dos chicas y se detuvo frente al rostro de esa joven.

Su rostro parecía de una muñeca.

— Wow …—dijo ella, sus ojos verdes voltearon a los uniformes sucios.

Bruno se incorporó como pudo y salió de ahí casi tropezando, dejando atrás a las dos chicas cubiertas de restos de comida frente a la otra becada del colegio.

Kayle Cruz, de esas personas que atraían miradas apenas aparecían… y las perdían en cuanto hablaban.

— ¿Su nuevo pasatiempo es comer basura? si, les queda bien a ustedes.

— solo vete psycho — Jessica grito.

Tan rápido como Kayle gimoteo una sonrisa, Lucia jalo a su amiga.

— Oye, ¿no recuerdas? — susurro lucía— dicen que ella tiene un novio criminal.

— nosotras lo inventamos — refunfuñó Jessica.

Kayle rodó los ojos, emocionada. Aunque, desapareció cuando Bruno regresó junto a un hombre guapo.

Jessica volteó y sonrió, se lanzó contra el adulto. Con lágrimas falsas que recorrieron sus mejillas.

— ¡FUE CULPA DE ELLA! ¡LOS BECADOS SIEMPRE HACEN LO MISMO!

El hombre, volteo de reojo a Kayle resignado.

— Kayle, Bruno, acompáñenme.

-----

Minutos pasaron y aquellos seis adolescentes sintieron el peso de la mirada de esa mujer tan aterradora. Encerrados en una habitación convertida en oficina, compartida con la enfermería y una gran ventana frente al desastre del patio.

Theo apretó sus labios, quiso desviar su mirada pero la presión de la superiora empezó a marearlo.

— Iniciaron la guerra de comida, hostigaron e incumplieron con las reglas del retiro — dijo la mujer de arrugas bajo sus ojos.

« Genial, soy el único patético aquí» siguió el pelirrojo por sus adentros.

— Pero, no le diré a la directora — continuó ella, sorprendiendo a todos — A cambio, dormirán en la cabaña del lago y lavarán los platos por el resto del retiro. El profesor Nicolas será su supervisor.

Nicolás Pardo, aquel guapo consejero y quien para ese punto había solo visto una mosca, regresó a la realidad. A punto de refutar, espantosos gritos llamaron su atención.

Solo tomó un minuto regresar al patio, frente a un conjunto de pequeños vidrios rotos, una cobaya muerta y Jessica con un pequeño rasguño en la mejilla. Llorando en el mar, mientras Talia intentaba levantar al animal.

Sintió miles de miradas sobre ella, pero ninguna peor que la superiora y sus palabras “castigada”.

------

Al día siguiente, el alba se levantó en la mañana bajo el campamento. Nicolas arregló su cabello castaño antes de voltear a ver a cada uno de sus alumnos alejarse en ese nuevo dia, muy atento a la joven de trenzas que no dejo de llorar por el animal.

Dio un solo paso, cuando una mano con manicura lo detuvo. La hermana Rose, con una pequeña ojera gris, al lado de una mujer más alegre y regordeta.

— Para estar en esa cabaña, te ves bien.

— Es porque soy guapo — respondió él con una sonrisa seductora, mientras sacaba un billete — ¿Qué hay de comer?

— Solo come pescado, nada de frijoles. Adiós — fue lo último que dijo, antes de irse con su amiga.

Nicolas asintió alegre, antes de volver a ver a los adolescentes alejarse.

— Estarán bien — se dijo así mismo.

Después de unas horas, cuando un almuerzo sin problemas terminó, Nicolas acercó su cabeza por la puerta de la cocina. Los siete castigados en silencio limpiando cada plato y utensilio.

Suspiro antes de alejarse. Mientras tanto, en el interior. El par de gemelos intercambiaron miradas, preparando algo.

— ¡Bruno! — Andrew llamó — perdón por empujarte del baño, tengo un mal despertar. Espero no se convierta en rumor.

— Andrew, creo que no eres el indicado para hablar de rumores — agregó Arthur cómplice y sonriente.

Pequeñas risas traviesas se dibujaron, resaltaron en la frente de Theo ocupado en secar los platos. Los conocía lo suficiente para saber que tenían algo entre manos.

— ¿A qué quieren llegar? — no aguanto su ronca voz.

— OK. “Psycho”—Arthur fue directo — ¿En verdad tuviste una aventura con un profesor? ¿Por eso eres tan cercana a Nicolás?

Todos en la cocina voltearon curiosos ante uno de los mejores rumores de la escuela. Aunque Kayle, estoica mostró seguridad. Se acercó al par y cerró el grifo.

— ¿Quieres tener la razón? — su tono era bajo para su expresión tierna, con una intensa mirada sobre él — Lo siento. Pero no hablare a la mitad de un cuerpo.

Andrew respiró profundamente y exhaló. Los demás aguantaron la risa.

— ¿Quién mierda te crees? —a punto de estallar. Andrew golpeó el tablón.

— Una psicópata —replicó Kayle, su sonrisa esta vez inquietante.

— ¡Ya paren! —interrumpió Bruno.

En ese momento, golpes contra la ventana alarmaron al grupo. En un silencio tenso, voltearon hacia huevos reventados en las ventanas.

—¿Quién fue? — Corni rompió el silencio.

Salieron de la cocina, enfurecidos por la suciedad que sabían serían acusados. Sin ninguna señal de Nicolas; llegaron frente al límite del bosque. Se detuvieron frente a un enmascarado amarillo vestido de negro.

Por un instante, sus miradas se cruzaron con esa sonrisa de dientes triangulares y ojos afilados, una expresión sádica que les heló la sangre. El miedo los paralizó, hasta que varios huevos explotarón contra ellos.

Se rompió el hechizo de terror, quisieron acercarse, corni gritó, Bruno y Talia voltearon por profesores, los gemelos se quejaron, pero Theo se despertó del trance más rápido.

Impulsado por los hombros de los gemelos, corrió detrás del desconocido.

— ¡OYE! — grito Theo — regresa, tú limpiaras esto.

Solo él y su impulsiva determinación. Corrió frenético, hasta que la figura se detuvo abruptamente y Theo, incapaz de frenar, tropezó y cayó, levantando polvo a su alrededor.

Frente a él, a centímetros de su cabeza, vio el cañón de una pistola. El frío del metal y la máscara lo congelaron. Su mente quedó en blanco, atrapado entre miedo y rabia. Sus uñas se clavaron en la tierra mientras sus ojos, dilatados por la adrenalina, ardían en el terror.

« Soy un idiota » pensó Theo, maldiciéndose.

—“Nos sentimos impotentes ante el terror” —dijo el enmascarado con una voz melosa y burlona que resonó en la mente de Theo, provocando un escalofrío— Adiós, peón.

Antes de que pudiera reaccionar, un chorro de agua fría lo golpeó en la cara. Aturdido, se secó y levantó. En el claro del bosque, ahora vacío, vio su alrededor sin ninguna señal.

— Que mierda ...

Por otro lado, el metal resonó suavemente contra la punta de una zapatilla. La basura acumulada, grandes bolsas amontonadas destilaban un agrio hedor. Nicolás obligado a cubrir su nariz y boca, vio con asco cada pedazo.

— profe — escuchó detrás suyo.

Volteo, y vio a ese enmascarado.

Arqueo una ceja y llevó su otra mano a la cadera.

— tú no eres uno de mis niños — fue lo primero que dijo y pateó la basura, el pequeño animal de talia apareció ante ellos— tu, ¿hiciste esto?

No hubo respuesta, no estaban muy cerca como para escucharlo reír, pero los hombros del desconocido se revolvían de arriba a abajo. Los ojos de Nicolás se oscurecieron con maldad.

— Hay peones que no sirven. Los míos, deben ser bien cuidados — se escuchó a través de la máscara— no dejes que se traumen.

Nicolás apretó sus manos, solo dio un pasó cuando algo lo detuvo.

— ¡Lo vi correr por aquí! — era Theo a lo lejos.

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