Capítulo único
El pequeño gato negro, del tamaño de una palma, caminaba con pasos elegantes y de un salto subió al alféizar de la ventana y asomó su cabecita peluda por la ventana. Estaba en el tercer piso; saltar no lo mataría, pero definitivamente lo lastimaría. Sus ojos felinos, de un dorado pálido, recorrieron el lugar y finalmente se fijaron en la unidad exterior del aire acondicionado del segundo piso. Flexionó las patas traseras y se preparó para saltar.
Pero antes de que pudiera hacerlo, alguien lo atrapó por la nuca
—Intentando escapar otra vez.
Naruto sostuvo al pequeño gato en brazos. El gato negro luchó por saltar por la ventana, pero al darse cuenta de que era imposible, dejó caer las cuatro patas con resignación. Naruto lo giró para que lo mirara de frente, lo sujetó por los costados de sus patitas y le tocó la nariz con un dedo.
—Pequeño Kuro, yo te encontré y ahora eres mi gato. Te desparasité, te compré comida premium y una cama de lujo. Me gasté un montón de dinero, y tú, gato ingrato, solo piensas en escapar todo el tiempo. —Naruto arrugó la nariz y, fingiendo estar molesto, le dio un golpecito en la cabeza.
—¡No te sigas escapando! Luego tengo que llevarte a castrar.
Al escuchar eso, el gato negro empezó a forcejear de nuevo. Sin embargo, siendo tan pequeño, no tenía fuerza suficiente, y su forma de agitar las patitas en el aire solo hizo que Naruto se derritiera de ternura.
Después de todo, ¿qué culpa tiene un gatito? ¡Solo era un poco juguetón!
Naruto no pudo evitar querer enterrar la cara en su pelaje y aspirar su aroma.
Al ver su familiar intención, el gato negro inmediatamente extendió su patita y la apoyó en la cara de Naruto, pero cuando estaba a punto de tocar su piel, retractó las garras y solo dejó la almohadilla suave presionando contra su rostro.
Ah... qué suave
Naruto tomó la patita y presionó repetidamente la almohadilla rosada con su pulgar.
—¿Cómo puedes ser tan adorable? ¡Kuro, papá te va a dar un besito! ¡Papá te va a dar un besito! —Naruto puso una voz aguda mientras hablaba y, frunciendo los labios, le plantó un beso en la cara al gatito.
El gato negro abrió sus grandes ojos dorados, quedándose completamente inmóvil. Aprovechando su aturdimiento, Naruto continuó tocándolo por todas partes sin ninguna vergüenza.
Las patitas del gato temblaban sin fuerzas. Si no fuera por su pelaje negro, probablemente toda su piel estaría ardiendo de vergüenza.
Al ver al pequeño Kuro-tama convertido en una masa blanda, Naruto finalmente detuvo su comportamiento pervertido y lo abrazó contra su pecho.
—¡Ni se te ocurra volver a escapar!
Después de decir eso, sacó su teléfono y revisó los mensajes del día, abriendo una y otra vez la foto de perfil de esa persona. Seguía sin haber ningún mensaje nuevo.
El último mensaje era de hace cinco días.
[Sasuke: Un sushi, cualquier sabor. ]
[Naruto: ¡De acuerdo! Te aseguro que te encantará♡]
Naruto, algo frustrado, tiró el teléfono a un lado. Mientras acariciaba al gato, murmuró para sí mismo: —¿Por qué ya no pide comida de mi restaurante? ¿Será que no le gustó? ¿O lo asustó el corazón que le envié el otro día? O talvez pensará que lo estoy acosando.
De haberlo sabido, no lo habría enviado. Naruto bajó la cabeza, desanimado. Siempre supo que él y Sasuke eran de mundos diferentes y que jamás podría haber algo entre ellos. Solo quería observarlo en silencio y estar un poco más cerca de él.
Habían intercambiado contactos mucho tiempo atrás, durante una actividad del club universitario. Nunca imaginó que un día Sasuke le escribiría, y mucho menos que pediría comida de su restaurante durante varios meses seguidos. Naruto, con sus pequeños pensamientos ocultos, a veces intentaba sacarle conversación más allá de los pedidos, pero con mucha moderación. Si notaba que Sasuke parecía incómodo, se detenía de inmediato.
Así es el amor no correspondido: amargo y lleno de cautela.
Había intentado controlarse, pero aun así no pudo evitar pasarse de la raya. Aquel día, no sabía si estaba enloquecido o qué, pero terminó enviándole un corazón al final del mensaje. Desde entonces, Sasuke no volvió a contactarlo.
—Debe pensar que soy un pervertido.
Naruto se dejó caer sobre la mesa, desanimado. Después de un rato, sacó una revista del estante y, con movimientos mecánicos, la abrió en la página 37. Era un póster del club de tiro con arco de la universidad, con una foto de Sasuke impresa en él. Esa era la única foto que tenía de Sasuke.
El joven de apariencia elegante vestía el uniforme del club mientras tensaba el arco, con la mirada fija en su objetivo. Sus ojos reflejaban confianza y determinación, tan penetrantes que casi parecían atravesar el papel.
Naruto sintió cómo el calor le subía al rostro al mirarlo y, avergonzado, bajó la vista con melancolía.
Después de graduarse, él heredó el pequeño restaurante de su familia, mientras que Sasuke continuó con sus estudios de posgrado. La distancia entre ellos se hizo cada vez mayor, y Naruto ya no podía encontrarse con él por casualidad en distintos rincones de la universidad. Antes, al menos podía verlo todos los días cuando le entregaba la comida, pero ahora había arruinado hasta eso.
El gato negro miró al joven en el póster, sus orejas se movieron ligeramente y presionó las patas acolchonadas sobre la mano de Naruto.
—Tú también crees que es una fantasía imposible, ¿verdad? —dijo Naruto con un tono aún más desanimado.
El pequeño gato pareció indignarse y comenzó a pisotear la mano de Naruto con más fuerza. Luego saltó sobre la mesa y presionó con su patita la imagen del hombre en la revista.
Los ojos de Naruto brillaron de repente. —¡Quieres verlo, ¿verdad?! —Sin esperar una respuesta del gato, exclamó: —¡Claro que sí! Sasuke es tan guapo que hasta los animales lo adoran. —Tomando al gatito en sus brazos, acercó su cara a la suya y le dijo con tono solemne: —¡Quedamos en eso! Eres tú quien quiere verlo, no yo. Yo solo estoy cumpliendo tu deseo. ¡Soy un gran papá!
Después de decirlo, el gato le dio una bofetada con su patita.
Aunque ya había decidido ir a buscar a Sasuke, Naruto no pensaba ir con las manos vacías. Le plantó otro beso al pequeño gato, lo dejó sobre la mesa y, tarareando una canción, se puso su delantal y se dirigió a la cocina.
El gato negro se quedó en la mesa con expresión seria. Después de un rato, bajó la cabeza y suspiró. El proceso no había sido el ideal, pero al menos había logrado el resultado que quería.
A Sasuke no le gustaban los sabores dulces; prefería los ácidos, especialmente el tomate. Por eso, Naruto dedicaba tiempo a investigar nuevas recetas con tomate y, cada cierto tiempo, añadía un nuevo plato al menú. De esa forma, Sasuke no se cansaría de la comida de su restaurante y él podría seguir viéndolo con la excusa de entregarle el pedido.
Naruto preparó un plato de camarones con tomate y otro de pasta con salsa de tomate. Se quedó sentado frente a ambas opciones, con las manos en las mejillas, sin saber cuál llevar.
El gato negro saltó sobre la mesa y, con un leve movimiento de su cola, rozó el recipiente de los camarones con tomate.
—Te haré caso, llevaré este.
Naruto empaquetó los camarones con tomate y los guardó en la caja térmica de su moto eléctrica. Luego, tomó el teléfono y escribió un mensaje en el grupo del restaurante:
[Hoy el restaurante no abrirá, hagan sus pedidos otro día.]
Sin molestarse en leer las quejas que empezaron a inundar el grupo, agarró al gato, subió a su moto y se puso en marcha.
—¡Allá vamos!
El campus de posgrado y el campus universitario estaban en la misma área, pero divididos en zonas este y oeste. Naruto se había graduado de ahí, así que los guardias de la entrada lo conocían bien y no tuvo problemas para entrar con la comida. Podría llegar al dormitorio de Sasuke con los ojos cerrados, pero, conforme se acercaba, su nerviosismo aumentaba.
—Aún no has visto a Sasuke. —Naruto acarició al gatito para calmarse. —Cuando te encontré, él ya había dejado de pedir comida de mi restaurante. Pero estoy seguro de que te gustará, porque es alguien increíble.
“¡Miau!” Sigue elogiándolo, me gusta escucharlo.
Naruto recordó la primera vez que vio a Sasuke. Era el día de reclutamiento de clubes, y el club de tiro con arco tenía su puesto en la zona donde se guardaban los arcos y flechas. Unas compañeras de clase le pidieron a un amigo suyo que fuera a recoger algunos pósters del club de tiro con arco, porque en ellos aparecía el presidente del año anterior, quien también era el chico más guapo de la universidad.
Naruto había estudiado allí durante tres años y nunca había visto a ese famoso “chico más guapo”, así que su curiosidad lo llevó a acompañar a su amigo.
El almacén de equipo era enorme y había mucha gente, pero Naruto lo vio de inmediato: Sasuke estaba de pie bajo un arco grande. Era, de verdad, impresionante. En medio de la multitud, parecía brillar. No pertenecía al mismo mundo que los demás.
Por miedo a parecer grosero, Naruto apartó la mirada tras apenas dos segundos, a pesar de lo mucho que le había impactado. Pero, para su sorpresa, Sasuke avanzó rápidamente hacia él, le sujetó la muñeca y lo atrajo hacia su pecho. Naruto chocó contra él, sintiendo de inmediato una fragancia fresca a menta.
Al segundo siguiente, un ”¡boom!” resonó en la sala.
Algo pesado cayó exactamente en el lugar donde Naruto había estado parado.
—¿Estás bien?
Una voz profunda y agradable sonó a su lado. Naruto alzó la cabeza, aturdido. Los oscuros ojos de Sasuke lo observaban con preocupación. De cerca, su presencia era aún más imponente, y el corazón de Naruto se aceleró al instante. Sintió cómo el calor subía a su rostro.
—Es... estoy bien —, respondió con torpeza.
Tardó un rato en reaccionar y, cuando lo hizo, se apresuró a darle las gracias, a presentarse y a preguntarle su nombre. Cuando salieron del almacén, Naruto tomó una gran bocanada de aire, tratando de calmar su corazón desbocado.
Entonces se giró hacia su amigo y le preguntó: —¿Tomaste alguna solicitud de inscripción del club de tiro con arco? Dame una... y también un póster.
A partir de ese día, Naruto empezó a hacer muchas cosas que ni él mismo podía comprender. Dejó el club de baloncesto, que le gustaba tanto, para aprender a usar el arco, aunque jamás lograba manejarlo bien.
Aunque no le gustaba estudiar, si pasaba frente a la biblioteca y veía a Sasuke dentro, entraba sin pensarlo, tomaba un libro al azar y se sentaba frente a él. Incluso cuando iba al comedor, elegía una mesa ni demasiado lejos ni demasiado cerca de donde estuviera Sasuke.
Le gustaba estar donde él estuviera. Solo verlo a la distancia lo hacía feliz, incluso si Sasuke no sabía quién era. Sí, porque Sasuke no lo conocía. Naruto nunca se atrevió a acercarse demasiado.
No mucho después de unirse al club de tiro con arco, presenció una confesión. Un chico se declaró a Sasuke, pero este, con el ceño fruncido, lo rechazó y le ordenó que se fuera del club.
Ese día, Naruto se dio cuenta de que le gustaba Sasuke. Pero Sasuke parecía detestar que otros chicos se sintieran atraídos por él y Naruto temía que, si se acercaba demasiado, no podría ocultar sus sentimientos y acabaría convirtiéndose en alguien a quien Sasuke despreciara. Así que solo podía observarlo a la distancia, guardando sus sentimientos en silencio.
Pero después de graduarse, las cosas cambiaron. Sasuke seguía en la universidad, estudiando un posgrado, mientras que él tuvo que quedarse fuera, manejando el pequeño restaurante que heredó de su familia. Ahora ni siquiera podía verlo de lejos. Y eso lo desesperaba.
Hasta que, un día, después de mucho dudarlo, abrió el chat de Sasuke y le envió un mensaje. Era la primera vez que le hablaba directamente.
【¡El restaurante NARUTO ha abierto sus puertas! Promoción especial de inauguración: 50% de descuento, gran variedad de platillos...】
Fingió que era un mensaje masivo, pero, en realidad, solo se lo envió a él. Nunca esperó recibir respuesta. Pero Sasuke respondió. Y, más increíble aún, comenzó a pedirle comida con frecuencia. Durante meses, Naruto tuvo la excusa perfecta para verlo. Hasta que, de repente, los pedidos se detuvieron.
Y ahora estaba aquí. Frente a la puerta de su dormitorio. Tomó aire, levantó la mano y estuvo a punto de tocar... Pero se detuvo. Intentó hacerlo otra vez, pero la duda lo frenaba. Sin embargo, su gato negro no tuvo las mismas vacilaciones. Con un movimiento ágil, saltó de sus brazos y, antes de que pudiera atraparlo, se coló por la ventana entreabierta.
—¡Espera, Kuro-tama! —Naruto intentó alcanzarlo, pero fue inútil.
Ya no podía seguir dudando. No tenía más remedio que golpear la puerta. Desde el interior, escuchó un ruido. Luego, la voz de Sasuke sonó a través de la madera:
—¿Quién es?
Naruto se estremeció. Esa voz. Era la primera vez que la escuchaba desde hacía semanas. Tragó saliva y apretó los puños.
—Soy yo, Naruto.
Hubo silencio. Naruto dudó, pero finalmente continuó: —Hace días que no pides comida. Me preocupé un poco y... —Titubeó. No quería sonar desesperado. Tenía que decir algo más. —Acabo de hacer camarones con tomate. Pensé que te gustaría y, y...
Su voz fue apagándose poco a poco. La puerta no se abrió. Sasuke no respondía. Naruto bajó la mirada, sintiendo un peso en el pecho. Sabía lo que significaba ese silencio. No quería verlo.
Naruto suspiró. Sacó los camarones con tomate del contenedor térmico y los dejó sobre el alféizar de la ventana. Su voz bajó de volumen cuando habló: —Te dejo la comida aquí. Si quieres, puedes comerla. Si no... también puedes tirarla. —Se forzó a sonreír, aunque nadie pudiera verlo y añadió en voz baja. —Ah... mi gato entró en tu habitación. ¿Podrías sacarlo? Cuando lo tenga, me iré.
Por un momento, solo hubo silencio. Naruto sintió su corazón encogerse y estuvo a punto de darse la vuelta para marcharse cuando, de pronto, la voz de Sasuke sonó desde el interior de nuevo: —Espera, Naruto.
Sasuke estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra la puerta. Tenía los labios apretados y las venas marcadas en sus pálidas manos. Su cuerpo se encontraba en su estado más débil. Sabía que lo mejor habría sido quedarse en su forma original para recuperar energía, pero, sin pensarlo, había agotado todas sus reservas para transformarse en humano.
Y, aun así, no fue suficiente.
Las orejas de gato seguían erguidas en su cabeza y su cola negra se agitaba incontrolablemente. No podía dejar que Naruto lo viera así. Respiró hondo, tratando de ignorar el dolor que recorría su cuerpo.
—Tengo una reacción alérgica. No puedo salir.
Naruto se alarmó de inmediato y se acercó más a la ventana con preocupación. —¿Qué pasó? ¿Es grave?
Sasuke tardó varios segundos en responder, como si le costara incluso hablar. —No es grave, pero por seguridad, no puedo verte ahora. Lo siento.
—No, no, está bien. Si no es grave, me quedo más tranquilo —dijo Naruto, suspirando con alivio.
Desde adentro, Sasuke se obligó a ponerse de pie con esfuerzo y caminó hasta la ventana. —¿Podrías pasármelo por aquí?
—¡Oh! Claro.
Naruto tomó la bolsa con los camarones y la extendió dentro de la habitación, girando la cabeza a propósito para no mirar hacia adentro. Sabía que Sasuke no quería ser visto en ese estado y respetó su privacidad. Aunque, para ser honesto, sin importar cómo se viera, para él siempre sería el más atractivo.
Sin embargo, lo que no notó fue cómo la mano de Sasuke temblaba al recibir la bolsa.
Detrás de la ventana Sasuke hizo un gran esfuerzo para destapar el recipiente de comida. Había observado a Naruto cocinar este platillo desde el momento en que se puso el delantal, y desde entonces había estado esperando ansiosamente probarlo. Ahora, finalmente, tenía la oportunidad.
Tomó un camarón con los palillos y lo llevó a su boca. Se quedó inmóvil por un momento antes de masticarlo y tragarlo lentamente. Sabía tan bien como lo había imaginado. Su cola se movió de un lado a otro con satisfacción.
—Oh, cierto. Mi gato —dijo de repente Naruto, recordando su motivo inicial para haber ido allí.
Sasuke lo miró con expresión neutra antes de hablar con calma: —El gato que recogiste es mío.
Naruto abrió los ojos con sorpresa. —¿Eh? ¿Qué?
—Durante el tiempo en que he estado con esta alergia, él salió de casa. No esperaba que fueras tú quien lo encontrara.
Entonces... ¿tenía que devolverle a Sasuke al pequeño Kuro-tama?
Naruto entrelazó los dedos, sintiendo un poco de pesar. Justo cuando iba a decirle que al menos quería darle todas las cosas que había comprado para el gato, Sasuke volvió a hablar: —¿Puedo pedirte un favor? ¿Podrías cuidarlo por mí durante un tiempo?
Naruto levantó la cabeza con sorpresa y asintió de inmediato. Luego, al darse cuenta de que Sasuke no podía verlo, respondió apresurado: —¡Por supuesto que sí!
—Voy a terminar de comer y luego te lo entregaré. ¿Podrías esperar un momento?
—¡Por supuesto, claro que sí!
Naruto se quedó en la puerta, sin impacientarse ni un poco. Solo el hecho de saber que la persona que le gustaba no lo rechazaba, que en ese momento estaba al otro lado de la pared comiendo la comida que él había preparado, y que ahora incluso compartían una mascota, lo hacía sentir increíblemente feliz.
Pero la felicidad duró poco. Sintió que apenas había pasado un instante cuando Sasuke ya había terminado de comer. Desde la ventana, Sasuke le devolvió el recipiente vacío y le pidió que lo tirara.
—Gracias. Estaba delicioso, te lo pagaré después.
Naruto sonrió ampliamente. —¡Mientras te guste, está bien! Si quieres, mañana puedo traerte más.
Sasuke rechazó la oferta. Si seguía gastando más energía, probablemente no lograría completar su despertar. Sin embargo, hizo una promesa: cuando se recuperara, comería la comida de Naruto todos los días.
—Naruto, gracias —dijo Sasuke con una voz especialmente suave—. Que hayas venido a verme me hace muy feliz.
En cuanto terminó de hablar, el pequeño gato negro saltó desde la ventana, directo a los brazos de Naruto. Pero, a diferencia de antes, ahora su actitud era completamente diferente: se veía apagado, sin mucha energía.
Sin embargo, Naruto no se fijó en ello. En su mente solo resonaban las últimas palabras de Sasuke: “Que hayas venido a verme me hace muy feliz.”
Abrazó al gato mientras bajaba las escaleras. En el camino, casi tropieza por ir tan distraído. Su corazón latía cada vez más rápido, y su rostro se estaba poniendo rojo.
—¿Por qué me dijo eso? Tampoco rechazó el corazón que le envié en el mensaje ¿Será que... será que...?
Naruto sentía una emoción indescriptible, mezclada con incertidumbre.
“Miau” el gato apoyó su patita en el pecho de Naruto.
Sí.
—¡...Me ha aceptado como amigo! —exclamó con entusiasmo.
El gato negro arañó su camisa, rasgándola.
¡Idiota!
El gato negro le rasgó la ropa con una zarpa.
¡Eres un idiota!
Después de regresar a casa en su motocicleta eléctrica, Naruto abrazó al gato, que parecía sin energía.
—Como eres el gato de Sasuke, no puedo tomar la decisión de castrarte por mi cuenta. Te salvaste.
El gato se dio la vuelta, mostrándole el trasero, bostezó y cerró los ojos.
No fue hasta la noche que Kuro-tama recuperó un poco de su energía. Después de bañarse y decidir el menú para el día siguiente, Naruto, como de costumbre, se acostó abrazando al gato.
A mitad de la noche, Naruto se despertó sintiendo calor. Abrió los ojos, aturdido, justo cuando las nubes que cubrían la luna se apartaron, y la luz lunar iluminó sus ojos azules, cubriendo también a la persona frente a él con un aura brillante y difusa.
Naruto abrió un poco más los ojos, mirando a la otra persona en la cama, a solo unos centímetros de distancia. Luego, metió la cabeza bajo las sábanas ¡No lleva ropa, y es enorme! Naruto salió de debajo de las sábanas, con el rostro un poco sonrojado.
¿Será que estoy soñando con Sasuke porque pienso mucho en él? ¿Realmente estoy soñando que Sasuke está en mi cama?Naruto tocó la mejilla de la persona frente a él, suave y cálida. Sasuke seguía durmiendo, sin moverse, excepto por el ritmo constante de su respiración.
Naruto se sintió más audaz. Si esto es mi sueño, entonces no importa si hago algo, ¿verdad? Tomó una respiración profunda, frunció los labios y dio un beso en la mejilla de porcelana de Sasuke.
¡Lo besé, puedo morir en paz!
Naruto estaba lleno de emoción, quería revolcarse en la cama, pero temía despertar a la persona frente a él, así que se contuvo. Solo su corazón acelerado y sus mejillas sonrojadas delataban su agitación.
Luego, fijó su mirada en los labios de Sasuke. Sus ojos se clavaron en esos labios delgados, y tragó saliva antes de fruncir los labios nuevamente, acercándose lentamente.
Cuando apenas media un puño de distancia separaba sus labios, Sasuke abrió los ojos. Sus ojos negros, cubiertos por una capa de humedad, como si acabara de despertar, se aclararon en un instante, volviéndose profundos y fijos en Naruto.
Naruto se quedó paralizado por dos segundos, abrió los ojos de par en par y retrocedió bruscamente. Sasuke miró a su alrededor, reflexionó un momento y comprendió la situación. Agarró a Naruto, que estaba a punto de caerse de la cama.
—¿Qué estabas a punto de hacer?
—No quería besarte... yo, solo quería...
Antes de que pudiera terminar, Sasuke ya había cumplido su deseo. Sus suaves labios se posaron sobre los de Naruto, presionándolos firmemente. Eran tan suaves como lo había imaginado, y el corazón de Naruto estalló en fuegos artificiales. Definitivamente, este es mi sueño más hermoso.
Después de un momento, Sasuke retrocedió con el rostro ligeramente sonrojado y rápidamente se llevó las manos a la cabeza. Pero ya era demasiado tarde: unas orejas negras de gato ya se erguían con orgullo sobre su cabeza.
—¿Y Kuro? —murmuró Naruto.
La cola de gato tampoco se quedó atrás, casi levantando las sábanas. Al darse cuenta de que no llevaba ropa, Sasuke rápidamente se cubrió con la sábana, asegurándola alrededor de su cintura para evitar exponerse.
—Eh... —asintió Sasuke. —¿Tienes ropa?
—Oh, sí —, respondió Naruto, bajando instintivamente de la cama para buscar en el armario. A mitad de camino, se detuvo con una duda.
¿No estoy soñando? Si este es mi sueño, ¡debería estar devorando a ese lindo gatito en lugar de buscarle ropa!
Devolvió la ropa al armario y regresó a la cama con paso decidido, mirando desde arriba a la persona que le gustaba. Con un movimiento brusco, le quitó la sábana.
—Hagámoslo.
Sasuke casi se atragantó, luego inclinó la cabeza, sus orejas de gato se irguieron, y con una leve sonrisa en su voz, respondió: —Está bien.
El sol brilló sobre el rostro de Naruto, obligándolo a abrir los ojos. Anoche había tenido un sueño erótico, en el que Sasuke se convertía en su pequeño Kuro-tama, con orejas de gato temblorosas sobre su cabeza. Cada vez que las tocaba, el rostro pálido de Sasuke se sonrojaba de una manera encantadora, y su cola de gato se movía de un lado a otro. Cada vez que la apretaba, lo que entraba en su cuerpo se volvía más intenso.
¡Qué sueño tan emocionante! Naruto se sentó en la cama y lanzó unos golpes al aire. Luego, notó a la persona a su lado ¿Por qué Sasuke todavía está aquí? ¿No ha terminado mi sueño?
Naruto inclinó la cabeza, pensativo Si todavía no he despertado, ¿por qué no lo hacemos de nuevo? pero la parte de su cuerpo que había usado en exceso la noche anterior ahora le dolía un poco. Espera, si este es mi sueño, ¿no debería ser más lógico? ¿No podrían simplemente desaparecer todos los efectos negativos?
Sasuke ya estaba despierto, pero quería ver cómo reaccionaría Naruto. Ya había dominado la mayor parte de su energía, y sus orejas y cola de gato habían desaparecido. Observó a Naruto, que llevaba un rato paralizado, sin saber en qué estaba pensando, y le preguntó: —¿Sigues incómodo?
—No, estoy bien, de hecho, creo que podríamos...
El sonido de la alarma interrumpió sus palabras. Naruto sacó su teléfono y vio la fecha que había marcado especialmente: el cumpleaños de Sasuke. Frunció el ceño. Este sueño era demasiado realista, incluso los detalles más pequeños estaban ahí. De repente, se dio cuenta de algo y se pellizcó con fuerza.
Duele. ¿No estoy soñando? Naruto abrió los ojos de par en par, mirando a Sasuke.
Sasuke sonrió: —¿Podríamos qué?
—Tú, yo... nosotros.
—¿Hm?
—¿Eres el gato negro?
Sasuke corrigió: —Soy yo quien se transformó en gato.
—Eres un gato, un gato.
—Un yokai gato.
—Entonces, entonces tú durante este tiempo...
—Sí, lo vi todo. Vi cómo abrías mi bandeja de mensajes innumerables veces al día, esperando mi respuesta. Vi cómo investigabas mis comidas favoritas. Vi cómo besabas todos los días el póster con mi foto. Vi cómo me llamabas en tus sueños todos los días.
El rostro de Naruto se sonrojó por completo Dios mío, ¿qué hice delante de Sasuke? Parezco un acosador Deseaba que el tiempo retrocediera para poder empezar de nuevo y comportarse mejor.
El rostro de Naruto se puso completamente rojo. Dios mío, ¿qué hice delante de Sasuke? Parezco un acosador. Quería volver el tiempo atrás y hacerlo todo de nuevo, definitivamente lo haría mejor.
Sasuke afirmó con seguridad: —Te gusto.
Naruto, como de costumbre, trató de negarlo: —No, es solo que...
—Y yo a ti.
Naruto se calló de inmediato, sus ojos brillaron.
Sasuke sonrió: —¿Quieres ser mi novio?
—¡Sí, sí, sí! —Naruto asintió rápidamente.
Y así, en un abrir y cerrar de ojos, Naruto consiguió un novio
¿Cómo se llama esto? ¿Embarazo antes del matrimonio? No, ¡es matrimonio después del amor! No, es más como... hacer el amor antes de todo lo demás.
—Ah, sí, anoche lo hicimos. —Naruto agarró el brazo de Sasuke, sus ojos brillando. —Hagámoslo otra vez.
Fin.








