Prólogo [Un camino diferente]
El sonido de un par de zapatillas deportivas con suela antideslizante al raspar el concreto de un muro era envolvente, vivido y adictivo. No importaba cuántas veces me deslizará y no llegará a donde quería, cuando mis pies raspaban el muro y caía mirando mis dedos rozando la orilla de la parte superior, lo único que pasaba por mi mente era el sonido rasposo y duro que escuchaba.
Uno que se repetía idénticamente cada vez que me deslizaba hacia abajo sin llegar a la meta. Rápido y fuerte, la constante sensación de un deslizamiento prematuro por un mal posicionamiento del pie y un salto mal secuenciado. Rasposo como el de una lija pasada por madera y un tanto chillón parecido al chasquido al frenar pateando un suelo lizo.
Alejándome lentamente, mire el grisáceo muro viejo de tres metros que se alzaba frente a mí. Ignorando la posibilidad de estar siendo observado, ridiculizado o cuestionado desde lejos por mis constantes intentos fallidos y por la extrañeza de mi acción, mire el rastro negro que dejaron mis pisadas arrastradas hacia abajo.
“Fuu~”
Tome más distancia, libere la tensión en mis músculos y pulmones con un soplido largo y procese la información que mis intentos anteriores me rebelaron. El sonido que quería escuchar me llamaba, la vista que quería obtener desde la cima que veía desde aquí abajo me tentaba a intentarlo otra vez más, la sensación punzante de hinchazón en los pulgares de mis pies me pedía que este fuese el último intento, mis pantorrillas se sentían tensas y relajadas al mismo tiempo, mis manos teñidas de gris, rosado y negro me palpitaban con un ardor sutil que agudizaba mis sentidos.
Me visualice, el yo idealizado corriendo a un ritmo fluido ni muy rápido ni muy lento, saltando un metro antes de llegar al obstáculo frente a él, pateando la superficie con la punta de sus dedos en lugar de con la mitad del pie, doblando la rodilla en un ángulo recto y firme, pero sin tensión innecesaria, impulsándose hacia arriba con el otro pie, rozando el muro con sus manos para evitar golpearlo con la cara y para darse impulso y dirección hacia arriba, levantando la cabeza con la vista en la cima, y alcanzándola con fluidez, cruzándola hacía el otro lado sin sorpresa alguna en su comportamiento.
Como si lo que hizo fuese algo calculado y premeditado, repetible con facilidad como una canción ya grabada siendo reproducida de nuevo. No hubo una pisca de suerte o espació para la palabra milagro. Una demostración pura de control y eficiencia.
Arrastrando el pie por las baldosas bajo mis zapatillas con las puntas un tanto desmarañadas y teñidas de un gris sucio, deseando alcanzar ese ideal rememore en mi cuerpo y mente cada intento anterior.
Y corrí, sin dudar, sin temer, libre de todo pensamiento que no me aportara nada para lograr alcanzar la cima del muro. La secuencia fue rápida. Corrí con el impulsó controlado entre uno rápido y no acelerado en exceso, acompañado por el eco de mis pisadas revelando mi velocidad regulada y la soledad de mi entorno. Sin detener la inercia pise firmemente el suelo a la distancia requerida, salte diagonalmente y me impulse hacía arriba una, dos, tres veces.
Escuchando el rasposo sonido que esta vez fue seco, duro y no arrastrado, firme como el golpe de una roca contra otra, viniendo de mis pies gritando ante el aumento de temperatura por la presión y la fricción, supe en carne propia que este era el intento más cercano a ese ideal en mi cabeza.
Levante la mirada, visualice mi objetivo con la mente calmada y centrada en cómo llegar a el, sin dejar que surgieran pensamientos emocionales en mi cabeza que me pusieran nervioso y rígido por la impaciente idea de visualizarme anticipadamente alcanzando mi meta, la cual se veía esta vez mucho más cerca que en intentos anteriores.
Estirando mi brazo derecho con la palma abierta, doble con un fuerte agarre mis dedos y me sujete de la orilla inesperadamente algo resbalosa y liza. Sin dejarme distraer o intimidar por ello, levante mi otro brazo y me sujete con la misma firmeza. En la misma secuencia, apoye una pierna para no quedar colgando o apoyado en el muro interrumpiendo el flujo del proceso. Doblando mis brazos, pise el muro como si estuviera gateando, me arrastre hacia arriba ignorando el miedo a caerme de espalda, teniéndolo solo en cuenta como información para evitar ese escenario, y al sentirme equilibrado en la orilla, salte al otro lado.
“…”
En un gesto casi automático, me golpee las manos para quitarme la tierra que se me impregno del muro, y mire el lugar con incredulidad. A lo lejos veía departamentos viejos, unos cuantos arboles decorando la zona, y siguiendo el camino parecido al de una pasarela en el que me paraba ahora veía una escalera que me hubiera ayudado a llegar aquí mismo.
Me giré, ignorando esa ruta para observar la que yo mismo elegí sin tener en cuenta la diferencia de dificultad entre ambas. Me acerque a la orilla del muro que me llegaba a la altura de la cintura, apoye mis manos en el y mire hacia abajo. No había adrenalina, ni euforia, solo información que procesar. Una sonrisa de oreja a oreja se marcó en mi cara. La información, por supuesto, se transformó en la emoción que correspondía incluso si la racionalidad parecía querer mitigarla.
“¡¡Vamoooos!!!”
Grite, salte y celebre. Algo tan tonto, que para otras personas se vería como algo ridículo e innecesario, fue para mí uno de los tantos momentos que consideraría como una muestra de mi propia versión de la libertad que poco a poco comenzaba a encontrar gracias a este estilo de vida, a esta disciplina que me encontró.
Nota: Intentaré plasmar en la narrativa la sensación de como se siente el practicar parkour, no solo narrar las maniobras o hacer especificaciónes muy literales sobre las acciones de los personajes. Quiero que se sienta la adrenalina al leerlo, el peligro, la libertad del parkour en mi narrativa. Estoy abierto a consejos, asi que los espero con ansia y espero que les guste mi estilo de escribir.