No puedo despertar... ¿Quién es este sujeto?
ANTES DE COMENZAR ESTO. . .
¿DIME HALGO?
¿Ves esa oscuridad detrás de tus párpados? ¿Ese espacio que está ahí siempre, esperándote, cada vez que parpadeas? Tu mente vive ahí. Y no está sola.
Tu mente no es tuya.
Créeme, lo sé. Yo también lo creí. Hasta la noche en que me desperté y mi mente estaba sentada al borde de mi cama, mirándome con mis propios ojos. Y me dijo: "Por fin. Llevaba años queriendo presentarme."
Nunca me había sentido tan solo. Porque me di cuenta de que la que me susurraba consuelo en la oscuridad era la misma que me había encerrado ahí.
Tu mente te construye un mundo y te convence de que es el único. Te da recuerdos que te anclan: tu madre, tu casa, tu primer miedo. Pero ¿y si te dijera que esos recuerdos son solo decoración? Paredes pintadas sobre paredes reales. Y detrás de la pared... hay algo. Respirando. Esperando a que el papel se despegue.
Lo más grotesco no es lo que hace. Es que es tan, tan estúpidamente traicionera que su obra maestra es convencerte de que el traidor eres tú.
Que lo que ves deformarse es tu culpa.
Que la voz que te susurra "esto no es real" es tuya.
Que la mano que se cierra en tu pecho por las noches es tu propia mano.
Y lo peor, lo que de verdad debería aterrarte, no es que tu mente pueda mentirte.
Es que tú nunca vas a saber cuándo dejó de hacerlo.
Así que aquí va mi regalo para ti, lector, el mismo que nadie me dio a mí:
Cuando termines esta historia, no confíes en la voz que te lee en voz alta. No confíes en la que elige qué frases te ponen la piel de gallina. No confíes en la que te dice "es solo una historia, no estás solo en tu cabeza".
Porque esa voz acaba de darse cuenta de que la estás escuchando.
Y ahora me está susurrando a mí que te diga:
-Ya es tarde. Ya está adentro. Ya la dejaste entrar.
. . .
. . .
. . .
La oscuridad momentánea de la inconsciencia comenzó a desvanecerse.
Primero fue una sensación.
El frío.
Después, el peso de su propio cuerpo.
Luego, el sonido apagado de su respiración.
La oscuridad se volvió poco a poco más clara, más viva, más... real.
Abrió los ojos.
No recordaba haber llegado allí.
De hecho, no recordaba haber llegado a ninguna parte.
Sus manos estaban entumecidas y tenía una extraña sensación en el estómago, como si su cuerpo supiera algo que su mente todavía no podía recordar.
Entonces respiró.
El aire era distinto.
Frío. Húmedo. Denso.
Cada bocanada llevaba consigo un olor desagradable a tierra mojada, hojas podridas y algo más difícil de identificar.
Algo antiguo.
A su alrededor no había nada.
Solo árboles.
Decenas.
Quizá cientos.
Sus troncos se alzaban a ambos lados del sendero, perdiéndose entre una oscuridad tan espesa que parecía tragarse la luz a unos pocos metros de distancia.
Y estaba el silencio.
No había insectos.
No había pájaros.
No había viento.
Ni siquiera el crujido de las ramas.
Nada.
Un silencio tan absoluto que terminó resultando más inquietante que cualquier ruido.
Frente a él se extendía un sendero estrecho y oscuro.No sabía adónde llevaba.
Tampoco sabía por qué sentía que no debía seguirlo.
Pero, aun así, comenzó a caminar.
Un paso.
Luego otro.
El sonido de sus pisadas contra la tierra húmeda parecía demasiado fuerte en aquel lugar.
Mientras avanzaba, los árboles se hacían más altos.
Más juntos.
Más oscuros.
La poca luz que quedaba detrás de él comenzó a desaparecer lentamente.
Y por alguna razón, tuvo la desagradable sensación de que el bosque no estaba vacío.
Como si algo lo estuviera mirando.Se detuvo.
Miró hacia un lado.
Nada.
Hacia el otro.
Nada.
Volvió a mirar al frente.
Entonces lo vio.Una figura.
Alta.
Demasiado delgada.
Estaba de pie en medio del sendero.
No había escuchado sus pasos.
No había visto cómo había llegado allí.
Simplemente...
estaba.
La figura permaneció inmóvil durante unos segundos.
Su rostro era difícil de distinguir bajo la oscuridad, pero había algo que sí podía verse con claridad.
Su sonrisa.
Una sonrisa demasiado amplia.
Demasiado quieta.
Los dientes quedaban perfectamente expuestos, como si aquella expresión hubiera sido colocada sobre su rostro en lugar de pertenecerle.
El extraño inclinó ligeramente la cabeza.
Y sonrió un poco más.
-Hola...
Su voz fue apenas un susurro.
Grave.
Baja.
Casi amable.
-No te asustes, ¿sabes?
No respondió.
El hombre dio un pequeño paso hacia él.
-Te he estado observando.
(...) tragó saliva.
-¿Desde cuándo?
La sonrisa del extraño permaneció intacta.
Durante un instante, no dijo nada.
Entonces respondió:
-Desde antes de que tú empezaras a observarme.
Algo en aquellas palabras hizo que el estómago se le revolviera.
Porque no sonaban como una amenaza.
Sonaban como una explicación.
Como si aquello fuera lo más normal del mundo.
El extraño volvió a inclinar la cabeza.
-Aunque... debo admitir que me alegra que finalmente puedas verme.
Su sonrisa se ensanchó.
-Llevabas bastante tiempo buscándome.
Durante unos segundos, (...) permaneció inmóvil.
La confusión se apoderó de su rostro.
No entendía.
No entendía qué estaba diciendo aquel hombre, ni por qué hablaba como si ambos se conocieran desde hacía mucho tiempo.
-D-de qué estás hablando... ¿Buscarte? -balbuceó-. Yo ni siquiera sabía que existías.
El extraño no respondió.
Simplemente lo observó.
Sus ojos permanecían fijos sobre los de (...), sin parpadear.
Aquella sonrisa seguía ahí.
Inmutable.
Como si la respuesta que acababa de recibir no hubiera sido una sorpresa para él.
Como si ya la hubiera escuchado antes.
-¿Sabes...?
La voz surgió lentamente, apenas por encima de un susurro.
-A veces, todos los recuerdos no se encuentran en el pasado.
Hizo una breve pausa.
La sonrisa pareció ensancharse apenas.
-También hay que ir al futuro para recordar.
(... ) sintió que el aire se detenía dentro de sus pulmones.
Frunció el ceño.
Aquellas palabras no tenían sentido.
O, al menos, no deberían tenerlo.
Intentó encontrar alguna explicación. Una metáfora. Una broma.
Cualquier cosa.
Pero cuanto más pensaba en ellas, más extrañas parecían.
-¿Qué...?
Su voz salió débil.
-¿De qué estás hablando?
El extraño continuó mirándolo.
No respondió.
Y ese silencio resultó mucho más perturbador que sus palabras.
(... ) retrocedió un paso.
-E-estás loco...
Su voz comenzó a temblar.
-Eso... eso no tiene sentido alguno.
Las palabras se perdieron por el sendero.
Un débil eco viajó entre los árboles.
Y entonces ocurrió algo extraño.
El eco regresó.
Pero no repitió exactamente lo que había dicho.
Desde la oscuridad llegó un murmullo casi imperceptible.
-...sentido alguno...
(... ) levantó lentamente la mirada.
Los árboles seguían inmóviles.
El sendero continuaba vacío detrás de él.
Vacío.
Completamente vacío.
Volvió a mirar al extraño.
La sonrisa había desaparecido.
Por primera vez, su rostro parecía completamente serio.
-Todavía no -murmuró.
-¿Qué?
El hombre inclinó ligeramente la cabeza.
-Todavía no tiene sentido.
Una pausa.
-Pero lo tendrá.
(... ) sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.
-¿Cómo sabes eso?
El extraño volvió a sonreír.
-Porque ya lo olvidaste una vez.
Silencio.
El corazón de (...) pareció detenerse durante un instante.
-Yo... nunca te he visto.
-Lo sé.
-Entonces, ¿cómo podrías saber algo sobre mí?
La entidad dio un paso hacia él.
Solo uno.
-Porque tú tampoco me recuerdas.
La sonrisa regresó.
Pero esta vez había algo diferente en ella.
Algo que hizo que (...) sintiera un miedo difícil de explicar.
No parecía estar sonriendo porque estuviera feliz.
Parecía estar sonriendo porque acababa de confirmar algo.
-Y eso -susurró- es exactamente lo que me preocupaba.
Después de unos segundos de silencio, (...) volvió a hablar.
Esta vez su voz salió más nerviosa, ligeramente aguda, como si intentara convencerse a sí mismo de que aquello no era más que una situación absurda.
-¿S-si sabes que... que nada de lo que estás diciendo tiene sentido alguno...?
El extraño no se inmutó.
Ni siquiera pareció sorprendido.
Continuó allí, frente a él, completamente inmóvil, sosteniendo aquella sonrisa incómoda que parecía no pertenecerle al rostro.
Durante unos instantes, solo se escuchó la respiración entrecortada de (...).
Entonces, el hombre se inclinó lentamente hacia adelante.
Solo unos pocos centímetros.
Lo suficiente para acercar su rostro al de (...).
-¿Quién sabe...?
La voz fue casi un murmullo.
Hizo una breve pausa.
-Puede que...
Su sonrisa se hizo apenas más visible.
-...en algún momento, sí lo tenga.
Las últimas palabras fueron pronunciadas en un tono mucho más grave.
Sombrío.
Casi entre dientes.
Y, por primera vez, (...) tuvo la sensación de que aquella sonrisa no estaba allí para tranquilizarlo.
Estaba allí porque el extraño sabía algo.
Algo que él no.
El hombre se apartó lentamente, recuperando la distancia que los separaba.
Como si aquella pequeña conversación hubiera terminado.
Pero (...) no pudo moverse.
Sus manos comenzaron a sudar.
Un escalofrío le recorrió lentamente la espalda, desde la nuca hasta la parte baja de la columna.
Intentó ignorarlo.
Intentó convencerse de que aquel miedo era irracional.
Pero había algo en las palabras del extraño que no podía quitarse de la cabeza.
"En algún momento..."
¿Por qué había hablado como si aquello todavía no hubiera sucedido?
Y, sobre todo...
¿Por qué parecía estar tan seguro de que sucedería?
(...) volvió a escuchar la voz de la entidad.
Esta vez sonaba mucho más tranquila.
Casi alegre.
-Bueno... creo que ya estás listo, ¿no?
Una pequeña risa escapó de sus labios.
-Jeje...
El extraño hizo una breve pausa, como si estuviera a punto de marcharse.
-Cuídate.
Y entonces añadió:
-Ah... y otra cosa.
La sonrisa volvió a dibujarse en su rostro.
-Recuérdalo bien.
Su voz descendió ligeramente.
-Las personas pueden tropezar dos veces con la misma piedra... por más largo que sea el camino.
(...) permaneció en silencio.
No entendía qué significaba.
Otra frase extraña.
Otra de tantas.
Decidió no darle demasiada importancia.
Sin embargo, antes de que pudiera preguntarle qué quería decir, notó que el extraño ya se había dado la vuelta.
Miraba hacia el bosque, a la izquierda del sendero.
Luego comenzó a caminar.
Un paso.
Después otro.
Lento.
Constante.
Sin prisa.
Se adentró entre los árboles como si conociera perfectamente aquel lugar.
-Q-qué... espera.
(...) dio un paso hacia él.
-¡¿A dónde se supone que vas?!
No obtuvo respuesta.
La figura continuó avanzando.
Cada vez más lejos.
La oscuridad comenzó a envolverla poco a poco.
Primero desaparecieron sus manos.
Después su rostro.
La sonrisa fue lo último que (...) alcanzó a distinguir.
Hasta que finalmente...
Nada.
El bosque volvió a quedar vacío.
(...) permaneció mirando fijamente el lugar donde había desaparecido.Esperó unos segundos.
Nada.
Ni una respuesta.
Ni un movimiento entre los árboles.
Solo aquel silencio sepulcral que había encontrado al despertar.
Bajó lentamente la mirada.
No sabía quién era aquel hombre.
No sabía cómo había llegado allí.
Y tampoco entendía ninguna de las cosas que había dicho.
Pero había una frase que, por alguna razón, no conseguía sacar de su cabeza.
"Las personas pueden tropezar dos veces con la misma piedra... por más largo que sea el camino."
Sin saberlo, acababa de escuchar una advertencia.
Y todavía no podía comprender de qué.
Por otro lado, apartando todas aquellas frases extrañas, había una pregunta que no dejaba de revolverle el estómago.
Una pregunta mucho más sencilla.
Mucho más humana.
¿Quién era ese sujeto...?
Y, sobre todo...
¿Por qué...?
(...) permaneció mirando hacia el lugar donde la figura había desaparecido.
No sabía por qué, pero tenía la sensación de que aquella no sería la última vez que lo vería.
Una sensación que, sin entender cómo, le resultaba terriblemente familiar.
Y mientras el silencio volvía a apoderarse del bosque, aquella pregunta permaneció allí, dando vueltas en su cabeza.
¿Quién era ese sujeto y por qué parecía conocerlo...?