El secreto del lago

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Sinopsis

El lago del pequeño pueblo de Michael oculta muchos secretos. Y uno de ellos es la chica misteriosa que casi se ahoga alli. Una historia de suspenso y un poco de romace, siempre con el terrible presentimiento de que hay algo terriblemente mal. ¿Te atreves a explorar lo que ocultan las profudidades junto a Michael y una chica misteriosa sallida de la nada?

Genero:
Thriller
Autor/a:
Mai_Oggi
Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Prólogo

Odio el agua.

Es fría y pesada, encima mata, ya sea por exceso o por falta.

No sé nadar, me da tanto pánico que me bloqueo y alguien tiene que ayudarme porque empiezo a hundirme.

Para colmo, tengo una pierna que no apoya bien, que me impide caminar sin cojear.

"Mierda" pienso, un segundo antes de que mi cuerpo golpee violentamente contra la superficie del lago, helándome cada uno de mis huesos.

El agua me engulle, cortándome la respiración, y empiezo a hundirme.

"Mierda, mierda, mierda, mierda"

Intento desesperadamente subir a la superficie, agitando mis extremidades, mientras el agua y el pánico amenazan con ahogarme.

Mi pierna mala no ayuda, y menos cuando tengo el cerebro cada vez más embotellado, porque nunca fui buena aguantando la respiración.

"estoy jodida"

Sabía que no era buena idea, carajo, claro que lo sabía, pero no podía quedarme callada.

Mierda, claro que no podía.

Pero ahora estoy jodida.

Muy, muy, muy jodida

Intento pensar en alguna salida, mientras me hundo cada vez más en el agua helada.

"Voy a morir" esa realización se siente como una puñalada en el pecho.

"Voy a morir aquí, en el fondo de el lago, dónde nunca encontrarán mi cadáver"

"No" responde mi subconsciente "no encontrarán tu cadáver no por culpa del agua, sino porque nadie notará tu ausencia"

¿Lo peor? Sé que tiene razón.

No quiero morir. Por favor, quien sea, no quiero morir aquí, me faltan muchas cosas que quiero hacer, que quiero ver.

"Alguien, por favor, quien sea, salveme"

Pero sé que nadie vendrá

"Tal vez la señora del puesto de comida se de cuenta de que ya no voy a cenar los miercoles"

Es un pensamiento deprimente, pero es el último que tengo antes de perder la consciencia.

Y me hundo.