Una escuela para el érase una vez
Una de las pocas ventajas de haber sido elegido como el siguiente Rey Malvado son los poderes y habilidades que el Libro de Cuentos Legendarios me otorgó al nacer. Gracias a ellos no tengo que cargar mis maletas o pagarle a alguien para que las lleve a mi habitación. Puedo alcanzar las cosas sin necesidad de moverme y (una de mis capacidades favoritas) puedo ver mucho más allá de donde estoy parado por un cierto periodo de tiempo.
Es así que logro visualizar al próximo Bello Durmiente, Park Jinwoo, acaparar un sillón rojo en el pasillo principal, saboreando una paleta de bayas mágicas mientras navega sin rumbo por su espejo mágico. También veo a Han Jeonghoon , futuro Rey de las Nieves, conjurando un copo de nieve exageradamente grande para matar el aburrimiento. En su casillero, Shen Quanrui, quien será el siguiente príncipe Ceniciento, habla con sus ratones y aves y les da de comer al ritmo de una canción melosa. Kim Wonbin intenta cepillar su cabellera de metro y medio mientras Jung Sungchan no deja de besarle las mejillas. Por último, Han Yujin le habla a una oruga azul que no parece hacerle mucho caso, más enfocada en hacer aros de humo con cada soplo de su narguile.
Intento convencerme de que esta vez todo será diferente, de que nadie saldrá corriendo despavorido en cuanto suba el último escalón hacia la entrada del castillo profiriendo chillidos de terror... Pero claro, eso era soñar demasiado. Ni bien doy mi primer paso dentro de la escuela, escucho cosas como “Sal de aquí si quieres contar tu cuento”, “Cuidado con las manzanas”. Al poco tiempo, todos han desaparecido, dejándome a solas con mi equipaje que levita.
Nada nuevo, Hanbin. Ya estás acostumbrado.
Por fortuna hay un nivel de decencia y respeto mínimo entre todos los estudiantes, y una vez que me aproximo al patio principal en donde todos están reunidos, ya no hay quien huya cómo si estuviera a punto de romperles el cuello con un movimiento de mano, pero claro, los murmullos y miradas de desprecio no podían faltar.
A través de ventanas mágicas, el director Kim da los anuncios matutinos. Vestido elegantemente de azul profundo, nos da la bienvenida a este nuevo curso, tanto a la realeza como a la villanía, nos recuerda la importancia de mantener las historias clásicas vivas y se asegura de que volvamos a tener presente el hecho de que al finalizar la primera semana de clases, se celebrará el Día del Legado, en el que firmaremos nuestra página en el Libro de Cuentos Legendarios para atarnos a nuestro destino sin posibilidad de retorno. La gran mayoría de personas a mi alrededor aplauden y celebran.
El destino, ja. Es una mierda.
Mi dormitorio queda en una de las torres más altas del castillo, una lástima que aún no haya aprendido a flotar. O quizá sea una fortuna después de todo, seguramente causaría tres veces más miedo del que ya le doy a la gente caminando, si es que eso es posible. Me pregunto si quien quiera que sea mi compañero de cuarto ha decidido mudarse al darse cuenta de que seré yo con quien tendría que hacerlo durante los próximos tres años.
Tomo aire, tras lo cual golpeo cuatro veces la puerta, que tiene dos cabezas doradas de dragón en los pomos de las manijas. Nadie responde, así que llamo otra vez, pero el resultado es el mismo. Apenas saco la llave para introducirla en la cerradura, la puerta se abre y me sobresalto. Del otro lado me recibe un chico de largos cabellos negros como el ébano, labios rojos como la sangre y piel blanca como la nieve.
Blancanieves, por supuesto. Fantástico.
No espero a que me hable, automáticamente me hago a un lado para dejarle la vía libre. Ya debe saber quién soy. Sin embargo, en vez de largarse o poner cara de asco, se limita a mirarme con curiosidad.
—¡Hola! ¿Eres mi compañero de habitación? Si es así, entra ya, no iré a ningún lado ahora mismo —dijo alegremente, lo que me toma desprevenido.
—Oh, claro —titubeo.
El pasillo del recibidor parece el interior del tronco de un árbol. Está adornado con enredaderas de luz y flores esmeraldas de Oz. Impresionante. El cuarto es grande, un pequeño balcón divide ambas mitades del mismo; Blancanieves se ha instalado en el lado izquierdo, en donde todo está perfectamente ordenado y gobierna el color dorado, junto a un gris claro y un rosa pastel. Mi lado está completamente vacío, si no contamos la cama desprovista de mantas, el armario y el escritorio desierto.
Chasqueo los dedos y mis maletas se abren instantáneamente, después muevo el dedo índice aquí y allá para acomodarlo todo: las mantas azul noche sobre la cama, mi guardarropa entero entra en el armario, mis libros y adornos de cristales de hada se colocan en el escritorio y mi lámpara de flor solar se incrusta en la pared sobre la cama. En menos de cinco minutos he desempacado todo. Giro la mano y cierro mi puño para hacer que las maletas se desvanezcan.
—Vaya, desearía tener tus habilidades para desempacar —dice mi compañero a mis espaldas, apoyado en la pared junto al balcón. En su mirada hay admiración —. Llegué aquí a mediodía y apenas terminé de sacar mis cosas hace un cuarto de hora.
—Admito que es satisfactorio poder hacer las cosas así de rápido —respondo, con menos fuerza en la voz de la que me gustaría. Luego de dieciséis años sin entablar una conversación normal con alguien que no sea mi madre, es normal que no tenga en mí toda la seguridad del mundo.
—Sung Hanbin, ¿cierto?
—El único, lamentable o afortunadamente según lo veas.
—¿Por ser sucesor del Rey Malvado? No creo que sea para tanto.
—Mm. Tú eres Kim Jiwoong, si no me equivoco.
—Correcto.
—Próximo Blancanieves, ¿cómo podría no saberlo? Dime ¿No te aterra la posibilidad de que en cualquier momento pueda tomar una manzana del jardín y te manipule para que la muerdas y mueras en el acto? ¿O la idea de que te controle mentalmente y te use para mis maléficos planes mientras seamos estudiantes aquí? ¡Ah! ¿O que use mi magia para entrar en tu cabeza por las noches y provocarte las peores pesadillas?
—Mmm, ¿harás alguna de esas cosas?
—Si le preguntas a cualquiera en este lugar, te dirá que no dejaré una sola de ellas sin realizar.
—¿Y eso es lo que dirías tú?
—No, pero creo que no importa. Después de todo, ¿por qué deberían creerme a mí, el próximo destructor de reinos?
—Bueno, ya que estamos hablando civilizadamente y no destruiste la puerta para entrar aquí, creo que no tengo nada que temer.
Sonrío ligeramente, al tiempo que Jiwoong se acerca a su escritorio para hojear una bella libreta de oro.
—No me importa cuál sea tú destino, ni el de nadie, al fin y al cabo no es algo en lo que hayamos tenido elección.
—Ya. Pues ve y dile eso al reino entero, quizás así no tendré que soportar más prejuicios ni susurros maliciosos.
—Si fuera parte del legado de La Bella y la Bestia o Cenicienta quizá tendría algo más de poder, pero en la jerarquía de monarquías hasta La Bella Durmiente tiene un puesto más alto que Blancanieves. Es curioso que siendo tú el villano más temido yo sea de los príncipes menos respetados.
—De cualquier modo sigues siendo popular, y tendrás tu “felices para siempre” —digo con un tono empalagoso que incluso a mí me molesta —. A diferencia de mí, pues en cuanto lleguemos a las últimas páginas, terminaré dentro de un espejo y me quedaré allí hasta que me pudra.
—Lo lamento, eso apesta.
—No me digas —suspiro y me dejo caer en la cama.
—Oye, si hay algo que puedo decirte es que disfrutes las páginas en las que tengas el control de la pluma, o sea, hasta que terminemos la escuela. Así, por lo menos tendrás buenos recuerdos a los que aferrarte.
—Agradezco tus palabras, Jiwoong, pero no creo que sirva de mucho. En fin, un gusto conocerte. Gracias por haber sido mi única conversación agradable en mucho tiempo. Nos vemos después.
Me levanto, dispuesto a salir de la habitación.
—Espera, ¿irás al baile de bienvenida esta noche?
—¿Qué? Ah, sí, seguro. Me gustan las fiestas.
—Bueno, quizá nos veamos allí.
—Quizás. Bueno, hasta luego.
Me despido con una afirmación de cabeza y abandono la habitación.
En verdad siento gratitud. De todo el mundo, jamás creí tener que eliminar de la lista de quienes me odian y me temen al mismísimo Blancanieves. Jiwoong será un magnífico líder, solo esa pequeña charla me ha bastado para saberlo, aunque no sé si llegaré a verlo. Ahora comienza mi verdadera tarea: ir a la Biblioteca de los Ancestros.
Me importa una mierda el destino, y descubriré el modo de reescribir mi cuento, de una forma u otra.