Capítulo 1
Descargo de responsabilidad: No soy dueño del anime/manga “Dragon Ball” en general o de la serie de videojuegos “Fallout”, y de lo único que soy dueño es de esta historia alternativa/paralela que he escrito por diversión para lectoras/lectores curiosos.
Refugio 69-A
Capítulo 1: ¿Refugio 69?
Guía de Lectura:
—Diálogos—
«Pensamientos»
¡KameHameHa!(Ataques / Habilidades / Ki / Técnicas)
[Lectura / Noticias / Intercomunicadores]
____________________________________________________________
El sol comenzaba a descender sobre la bulliciosa Prefectura de Saitama, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y violetas. En uno de los pasillos más amplios del supermercado local, una figura colosal destacaba inevitablemente entre la multitud de humanos comunes. Broly, a sus 36 años, era una montaña de músculos forjados por la pura herencia genética Saiyajin y un entrenamiento incansable. Con sus imponentes 2,13 metros de altura, su tez semi bronceada y ese inconfundible cabello negro y alborotado que le caía hasta los hombros con dos mechones enmarcando su rostro, atraía las miradas furtivas de casi todas las mujeres del lugar. Sus oscuros ojos, profundos como el carbón, escaneaban las estanterías con una concentración casi cómica dado su aspecto intimidante.
Bajo su ropa holgada, Broly ocultaba un físico que cualquier dios envidiaría, además de una virilidad prodigiosa que solo su compañera de vida conocía a la perfección; estaba increíblemente bien dotado, un semental alfa lampiño con un miembro descomunal y enormes testículos, atributos que encendían la ya de por sí hiperactiva vida sexual que compartía con su esposa.
Su mente, sin embargo, no estaba en las miradas curiosas ni en su propio poder, sino en la gigantesca bolsa de plástico que sostenía con delicadeza, repleta hasta el borde con todo tipo de dulces, chocolates y bocadillos. Era un encargo especial. En casa lo esperaba su universo entero: Goki. O como él prefería llamarla en la intimidad de su hogar, “Kakaroko”.
A sus 36 años, Goki era la viva imagen de la perfección a los ojos de Broly. Con su característico cabello negro en forma de palmera, su tez blanca y sus 1,70 metros de altura, poseía un cuerpo voluptuoso que volvía loco al gigante: pechos enormes, una cintura delgada que daba paso a un vientre plano con abdominales sutilmente marcados, caderas anchas y un trasero espectacular. Juntos, irradiaban una felicidad y una pasión que rozaba lo escandaloso, provocando la envidia irremediable de sus vecinos.
Broly sonrió de lado al pensar en las vacaciones. Habían planeado un viaje familiar a Okinawa. Necesitaban despejarse del dojo de artes marciales que ambos administraban —la fachada perfecta para seguir entrenando y volverse más fuertes sin levantar sospechas—. Ocultar que eran alienígenas en la Tierra era un trabajo de tiempo completo. Evitar a los reporteros entrometidos y a las agencias gubernamentales con delirios de disección era la principal razón por la que mantenían un perfil bajo.
Pensó en el caos hermoso que era su espacioso departamento en ese momento. Furensō (18) seguramente estaba ayudando a empacar, mientras Gohan (16) y Goten (14) trataban de contener los juegos bruscos de Naruto (12) y Romanesco (10). Bardock Jr. (8) y Paragus Jr. (6) probablemente estaban correteando a Rock (4) y Toma (2), mientras la pequeña Goki Jr., la recién nacida de la familia, descansaba en los brazos de su inocente e ingenua madre. Solo Furensō y Goki Jr. eran niñas por ahora, pero con el apetito insaciable que él y Kakaroko tenían el uno por el otro, la familia siempre tenía el potencial de seguir creciendo.
Broly pagó los dulces, ignorando el sonrojo de la cajera, y se dirigió hacia la salida automática.
Y entonces, el mundo parpadeó.
No hubo explosión, ni un ataque de Ki, ni advertencia alguna. Solo un zumbido ensordecedor que hizo vibrar el aire, seguido de un destello cegador de luz azulada que envolvió su enorme cuerpo. Broly instintivamente cerró los ojos y tensó sus músculos, listo para un impacto que nunca llegó.
Cuando volvió a abrir los ojos, el olor a aire acondicionado viejo, óxido y metal estéril inundó sus sentidos. El supermercado había desaparecido.
Broly se enderezó, su imponente figura rozando casi los conductos de ventilación del techo metálico. Estaba en un pasillo largo, iluminado por luces fluorescentes parpadeantes. Las paredes estaban hechas de gruesos paneles de acero, adornadas con extraños carteles amarillos y azules que mostraban a un muñeco rubio y sonriente vestido con un traje ajustado.
Pero lo que hizo que el corazón de Broly se detuviera no fue el entorno alienígena. Fue el vacío.
Expandió sus sentidos, buscando desesperadamente el Ki brillante y cálido de Kakaroko, la energía constante de Furensō, Gohan, Goten y los demás. Nada. Era como si hubieran sido borrados del universo, o más bien, como siélhubiera sido arrancado del suyo.
Un gruñido sordo, grave y peligroso, comenzó a formarse en su garganta. El instinto protector del Saiyajin alfa estalló en su interior. ¿Quién se atrevía a separarlo de su familia? Aún aferraba la bolsa de dulces en su inmensa mano izquierda; no la había soltado, un pequeño consuelo, pues sabía que si lograba volver rápido, al menos no decepcionaría a sus hijos.
De repente, un sonido metálico resonó al final del pasillo. El pesado sonido de una bóveda circular abriéndose con un chirrido de engranajes antiguos.
Broly flexionó los músculos, su aura comenzando a manifestarse invisiblemente a su alrededor, listo para destrozar al responsable de esto. Sus ojos oscuros se fijaron en la espesa niebla de vapor que salía de la compuerta abierta.
Figuras comenzaron a emerger de la penumbra. No eran soldados. No eran monstruos.
Broly parpadeó, su furia siendo aplacada de golpe por una profunda y absoluta confusión.
Caminando hacia él, bañadas por la luz fluorescente, había mujeres. Cientos de ellas, emergiendo en un flujo constante desde las profundidades del refugio. Y todas, absolutamente todas, tenían el mismo rostro inocente, los mismos ojos oscuros, la misma tez blanca y el inconfundible cabello negro y puntiagudo en forma de palmera.
Llevaban trajes de una sola pieza, azules con franjas amarillas, increíblemente ceñidos a sus cuerpos. El material elástico luchaba desesperadamente por contener sus figuras voluptuosas; los cierres frontales estaban bajados peligrosamente, revelando escotes masivos que dejaban poco a la imaginación, mientras que la tela se ajustaba como una segunda piel sobre sus caderas anchas, cinturas de avispa y muslos gruesos y poderosos. En sus espaldas y pechos, un número resaltaba:69.
Broly se quedó de piedra. Su mente brillante para el combate no lograba procesar la escena. Eran clones. Decenas, cientos de copias exactas de su Kakaroko. A pesar de ser clones, sus instintos Saiyajin le advertían que, aunque su poder parecía dormido o suprimido, la fuerza genética de su esposa corría por las venas de cada una de esas mujeres. No eran débiles.
Una de las clones en la primera fila, con los ojos muy abiertos y rebosantes de la misma ingenuidad que caracterizaba a su esposa original, se detuvo a pocos metros del gigante. Ladeó la cabeza, observando la imponente musculatura de Broly, su rostro atractivo y su postura alfa. Un rubor intenso cruzó las mejillas de la clon.
—¿Goki? —dijo la clon, señalándose a sí misma con una sonrisa dulce.
Otra clon a su lado se asomó, miró a Broly, y dio un saltito de emoción, haciendo rebotar sus pesados atributos contra el traje del refugio.
—¡Goki, Goki! —respondió la segunda, asintiendo con vigor.
Pronto, el pasillo entero se llenó de un murmullo agudo y coral.
—Goki... ¡Goki! —¿Goki? Goki.
Solo decían esa palabra. Era una cacofonía surrealista.
Broly apretó los dientes. Un torrente de emociones contradictorias chocó en su interior. Por un lado, una rabia volcánica amenazaba con destruir aquel refugio subterráneo (que, sin él saberlo, era el Refugio 69-A de las instalaciones de Vault-Tec). Alguien, en algún lugar, había tenido la osadía de robar el ADN de la madre de sus hijos. ¿Acaso la habían lastimado en el pasado sin que él se diera cuenta? ¿Era esta una dimensión alterna donde su hembra había sido capturada y experimentada por estos patéticos humanos? La sola idea de que alguien hubiera puesto sus sucias manos sobre Kakaroko para extraer su material genético lo hacía querer pulverizar el planeta entero.
Pero, por otro lado... Broly era un Saiyajin. Un guerrero territorial, un macho alfa en la cúspide de su edad reproductiva, con una libido inagotable y un instinto posesivo abrumador hacia su pareja.
Y ahora, estaba rodeado, completamente aislado bajo tierra, por un mar infinito de mujeres de cuerpos pecaminosamente voluptuosos que compartían el rostro, el aroma y la esencia genética de la mujer que lo volvía loco de deseo todos los días.
Sin poder evitarlo, una sonrisa amplia, salvaje y cargada de testosterona se dibujó en el rostro de Broly. El sonido de cientos de voces inocentes pronunciando el nombre “Goki” resonaba en el metal del refugio. Aún sostenía la bolsa de dulces con una mano, pero con la otra, se cruzó de brazos, observando a su nuevo y surrealista entorno. Estaba furioso por la profanación de su esposa, sí... pero su lado más primitivo acababa de despertar en medio de lo que parecía ser un paraíso retorcido.
...
..
.
Broly se mantenía inmóvil mientras su sonrisa salvaje se desvanecía lentamente, reemplazada por una expresión de asombro y cálculo. A su alrededor, el mar de mujeres voluptuosas vestidas con los ceñidos trajes azules y amarillos del Refugio 69-A comenzaba a acortar la distancia.
La clon que se había acercado primero, aquella con el rubor en las mejillas, dio un paso tímido hacia adelante. Sus ojos oscuros, idénticos a los de Kakaroko, recorrieron la inmensa musculatura de Broly, deteniéndose en sus gruesos brazos y su ancho pecho. Con una inocencia abrumadora, levantó una mano y rozó con la punta de los dedos el bíceps del gigante.
Al sentir la dureza similar al acero bajo la piel semi bronceada, la clon soltó un jadeo de sorpresa. Sus enormes y pesados pechos subieron y bajaron dramáticamente con su respiración agitada, amenazando con rasgar el ya tenso cierre de su traje.
—¡Goki! —exclamó ella, sus ojos brillando con una mezcla de admiración y un instinto primario que ni siquiera ella parecía comprender.
Ese simple toque fue como un detonante. Las demás clones, animadas por la audacia de su “hermana”, comenzaron a rodearlo por completo. Pequeñas manos blancas se posaban sobre sus hombros, su espalda, su abdomen y sus brazos. El aroma que desprendían era embriagadoramente familiar para el Saiyajin: olían a su esposa, a un dulce aroma natural que siempre volvía loco a Broly.
—Goki, Goki... —susurraban en coro, frotando sus mejillas contra los brazos de Broly, como si fueran dóciles felinas buscando la protección de un macho inmenso y poderoso.
Broly, a pesar de su naturaleza ruda, tuvo que hacer un esfuerzo colosal para mantener la cordura. Su cuerpo, hiperdesarrollado y rebosante de testosterona, reaccionaba a la proximidad de tantas mujeres hermosas que, biológicamente, le pertenecían. Sin embargo, su mente analítica de guerrero trataba de mantener el enfoque. No podía simplemente dejarse llevar por sus bajos instintos; necesitaba respuestas.
—Suficiente —murmuró Broly con una voz profunda y gutural que retumbó en las paredes metálicas del pasillo.
No usó un tono agresivo, pero la vibración de su voz, cargada de su autoridad natural como macho alfa, hizo que todas las clones se detuvieran de inmediato. Lo miraron con atención, sus rostros ingenuos reflejando una sumisión casi instintiva. Eran Saiyajines en esencia, sí, pero habían sido criadas en cautiverio, en un entorno cerrado y probablemente sin la presencia de una figura de autoridad tan dominante como él.
—¿Quién está a cargo de este lugar? —preguntó Broly, mirando a la multitud—. ¿Quién fue el miserable que se atrevió a robar el ADN de mi mujer?
Las clones se miraron entre sí, parpadeando con confusión. Algunas inclinaron la cabeza, como cachorros tratando de entender una orden compleja.
—¿Goki? —preguntó una desde atrás, alzando la mano tímidamente.
Broly suspiró, cerrando los ojos por un segundo. Claro, no podían entenderlo, o si lo hacían, su vocabulario estaba limitado a esa única palabra. Era frustrante, pero al mismo tiempo, ver el rostro de la mujer que amaba multiplicado cientos de veces, mirándolo con tanta adoración, le ablandaba un poco el carácter.
De repente, una de las clones que estaba a su lado bajó la mirada hacia la enorme bolsa de plástico que Broly aún sostenía en su mano izquierda. Su olfato Saiyajin, aunque adormecido, seguía siendo agudo. El aroma del azúcar, el chocolate y los dulces penetró en el aire rancio del refugio.
—¡Goki! —chilló la clon, señalando la bolsa con los ojos muy abiertos, casi babeando.
Las demás clones siguieron su mirada y, en cuestión de segundos, la atención de cientos de mujeres voluptuosas se centró en la bolsa del supermercado de la Prefectura de Saitama.
Broly levantó una ceja. Recordó cómo su propia Goki podía ser sobornada fácilmente con comida, especialmente dulces. Al parecer, sin importar si eran clones o no, el apetito voraz de un Saiyajin se mantenía intacto.
Con un gruñido divertido, Broly metió la mano derecha en la bolsa y sacó un gran paquete de chocolates rellenos. Lo rasgó con facilidad y le entregó un pedazo a la clon más cercana. Ella lo tomó con ambas manos, lo olió, y se lo metió a la boca. Al instante, sus ojos se iluminaron como estrellas y sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso.
—¡G-Goki! —gimió de puro placer, saboreando el dulce.
Las demás comenzaron a amontonarse, estirando las manos, rebotando en sus lugares y creando un mar de curvas apretadas en trajes de látex azul que chocaban unas contra otras.
—Tranquilas, hay para todas —dijo Broly, repartiendo algunos dulces más mientras caminaba lentamente hacia adelante—. Pero si quieren más, van a tener que seguirme. Voy a encontrar la sala de control de este agujero.
Broly comenzó a avanzar a pasos largos por el pasillo. La visión era digna de un sueño febril o de un experimento social bizarro: un titán de 2,13 metros, con el ceño fruncido y un aura de peligro letal, caminando por unas instalaciones post-apocalípticas retro-futuristas, siendo seguido por un ejército de cientos de clones tetonas e ingenuas de su esposa, todas balbuceando “Goki” en diferentes tonos de alegría y devoción.
Mientras avanzaba, los agudos sentidos del Saiyajin no dejaban de escanear el entorno. No detectaba ninguna otra forma de vida que no fueran ellas. Ni guardias, ni científicos, ni monstruos. Era como si el refugio entero hubiera sido abandonado por sus creadores originales, dejando a las clones a su suerte.
A medida que se adentraban en el refugio, Broly notó que la infraestructura estaba relativamente intacta, pero mostraba signos de desgaste temporal. Pasaron por grandes comedores vacíos, zonas de recreación con mesas de billar oxidadas y enormes dormitorios repletos de camas literas donde, evidentemente, las clones dormían apiñadas.
—Esto no tiene sentido —murmuró Broly para sí mismo—. Si esto es un laboratorio de clonación humano, ¿Dónde están los malditos humanos?
Finalmente, llegaron al final del corredor principal. Ante ellos se alzaba una puerta doble mucho más robusta que las demás, reforzada con gruesos barrotes de acero y un gran ventanal de cristal blindado. Arriba, un letrero desgastado anunciaba:“OFICINA DEL SUPERVISOR - ACCESO RESTRINGIDO”.
Broly se detuvo. Las clones chocaron suavemente contra su ancha espalda y se agruparon a su alrededor, mirando la puerta con cierta aprensión. Parecía que tenían prohibido acercarse a esa zona.
—Goki... —murmuró una de las clones, aferrándose al pantalón de Broly, como si tratara de advertirle.
El Saiyajin alfa le dirigió una mirada tranquilizadora, posando su enorme mano sobre la cabeza de la clon y acariciando su puntiagudo cabello negro.
—No te preocupes, pequeña —dijo Broly, con una sonrisa fría dibujándose en su rostro—. Solo voy a hacerle un par de preguntas al Supervisor.
Sin molestarse en buscar llaves o terminales de hackeo, Broly levantó su puño derecho. No usó Ki, simplemente dejó que su monstruosa fuerza física actuara. Conectó un solo golpe en el centro de las puertas dobles. El acero reforzado cedió como si fuera papel de aluminio, volando hacia adentro del recinto con un estruendo ensordecedor que hizo chillar de sorpresa y emoción a las clones.
Broly apartó el humo y los escombros metálicos, adentrándose en la oficina principal.
El polvo y los escombros metálicos aún flotaban en el aire viciado cuando Broly entró en la habitación con paso firme. Sus pesadas botas trituraron los restos de la puerta reforzada como si fueran hojas secas. Detrás de él, asomando sus cabezas con timidez y curiosidad desde el pasillo, las cientos de clones se apiñaban para ver qué hacía su imponente salvador.
La oficina del Supervisor era amplia, pero claustrofóbica debido a la cantidad de pantallas apagadas, archivadores volcados y cables colgando del techo. En el centro de la estancia había un gran escritorio de acero. Sentado en la silla principal, encorvado sobre un teclado lleno de polvo, descansaba un esqueleto humano vestido con una bata de laboratorio y un traje de Vault-Tec desgastado. El tiempo había reclamado al líder de aquel lugar hacía mucho.
Broly dejó la bolsa de dulces sobre una mesa auxiliar con cuidado, asegurándose de no aplastar ninguno, y se acercó al escritorio. Con un manotazo que generó una pequeña corriente de aire, apartó los restos óseos del Supervisor, enviándolos al rincón más oscuro de la habitación sin ningún remordimiento.
—A ver qué estabas escondiendo, sabandija —murmuró Broly, sus oscuros ojos escaneando la polvorienta terminal de computadora.
Con un dedo grueso como un tronco, presionó el botón de encendido. Para su sorpresa, la maquinaria de Vault-Tec demostró ser extremadamente resistente; la pantalla de fósforo verde parpadeó y cobró vida, emitiendo un zumbido eléctrico.
Mientras la terminal iniciaba su sistema operativo, Broly sintió una presión suave pero firme contra su espalda y sus costados. Las clones habían perdido el miedo a la habitación. Una docena de ellas se había colado en la oficina y ahora se apretujaban contra su gigantesco cuerpo de 2,13 metros. Broly podía sentir el calor que emanaban, la suavidad de sus enormes pechos aplastándose contra sus músculos de acero, y la curvatura de sus amplias caderas rozando sus piernas.
—Goki... —susurró una de ellas, frotando su mejilla contra el ancho dorsal de Broly, cerrando los ojos con una expresión de puro confort.
Broly suspiró, cerrando los ojos un instante mientras su instinto de macho alfa luchaba contra su raciocinio. Eran tan inocentes, tan hermosas y voluptuosas, y olían exactamente como su esposa. Suspirando, levantó una de sus grandes manos y comenzó a acariciar el cabello negro y puntiagudo de la clon más cercana. Ella emitió un pequeño gemido agudo de felicidad, apretándose aún más contra él.
—Quédense quietas un momento, preciosas —les dijo con voz grave y vibrante, lo que provocó que varias de ellas se estremecieran de pura emoción—. Necesito leer esto.
Broly volvió su atención a la pantalla verde. Ingresó a los archivos del Supervisor, saltándose los protocolos de seguridad gracias a que la terminal había quedado abierta antes de la muerte del ocupante. Encontró una carpeta titulada“PROYECTO G.O.K.I. - EXPERIMENTO 69-A”.
A medida que leía los registros, la mandíbula del enorme Saiyajin se tensó.
Registro 01 - Supervisor:Nuestros equipos de excavación encontraron una anomalía dimensional hace tres años. Recuperamos muestras de sangre de una mujer de origen desconocido en el cráter. El análisis genético reveló una estructura celular monstruosamente poderosa, superior a cualquier cosa vista en la Tierra. Vault-Tec ha ordenado crear una variante del Refugio 69 utilizando esta genética.
Registro 14 - Supervisor:El proceso de clonación es un éxito. Hemos creado cientos de especímenes femeninos. Las llamamos G.O.K.I. (Genotipo Operativo Cinético Inmaculado). Físicamente, son perfectas. Voluptuosas, saludables y, extrañamente, poseen una inocencia extrema. Sin embargo, sufren de afasia severa; solo pueden pronunciar las sílabas que componen su acrónimo. El plan del Refugio 69-A está listo: introducir un grupo selecto de machos humanos para cruzar con ellas y crear una raza de supersoldados dóciles que repoblarán el yermo.
Un gruñido sordo, profundo y letal, escapó de la garganta de Broly. El aire a su alrededor comenzó a vibrar. ¿Usar a las clones de su esposa como incubadoras para unos debiluchos humanos? La sola idea le hervía la sangre. Su aura comenzó a chispear de forma invisible, y las clones a su alrededor retrocedieron un paso, asustadas por la repentina presión en el aire, pero sin apartar la mirada de él, fascinadas por su poder abrumador.
Broly respiró hondo, controlando su Ki para no asustar a sus nuevas compañeras, y continuó leyendo.
Registro 42 - Supervisor:¡Es un desastre! Las G.O.K.I. son dóciles, sí, pero no conocen su propia fuerza. Sus cuerpos albergan una energía latente inexplicable. Ayer, el sujeto de cría #04 intentó abrazar a una de las clones... y ella, en su entusiasmo ingenuo por devolver el abrazo, le trituró la columna vertebral y las costillas al instante. Los machos están muriendo. No por agresividad, sino por simples juegos, empujones o intentos de apareamiento. Son demasiado fuertes. Demasiado densas. Somos frágiles de cristal para ellas.
Registro 89 (Último) - Supervisor:Soy el último que queda. Me he encerrado en la oficina. Ellas golpean la puerta a veces, solo dicen “Goki, Goki”, pidiendo comida o atención, como si no entendieran que han matado al resto del personal con sus muestras de afecto. No puedo salir. Moriré aquí de hambre. El experimento 69-A ha fracasado.
Broly terminó de leer y una carcajada ronca, grave y llena de orgullo brotó de sus labios. La risa resonó por toda la oficina y salió al pasillo, donde las demás clones escuchaban atentamente.
¡Por supuesto! Incluso con su poder adormecido, la genética Saiyajin de Kakaroko era demasiado para los frágiles cuerpos de esos científicos e “hombres seleccionados”. Los humanos habían intentado domar a la raza guerrera más fuerte del universo y habían muerto aplastados por simples abrazos inocentes.
Broly se dio la vuelta, apoyando su ancha espalda contra el escritorio de acero. Cruzó sus musculosos brazos sobre su pecho, luciendo como un dios de la guerra frente a sus devotas adoradoras. Las cientos de clones lo miraban con los ojos muy abiertos, esperando una reacción.
El Saiyajin las evaluó. Estaban solas. Tenían la fuerza de un guerrero de clase baja dormida en su interior, pero la mente de niñas ingenuas, atrapadas en cuerpos voluptuosos y sumamente tentadores. No sabían nada del mundo exterior, del Yermo radioactivo de este universo, de saqueadores o mutantes. Y, por si fuera poco, eran copias biológicamente exactas de su alma gemela.
Su instinto territorial, propio de un semental dominante, tomó el control absoluto. En su propio universo, mantenía su poder oculto para vivir en paz con su familia en Saitama. Pero aquí... aquí no había reglas. Aquí no había humanos que proteger o prensa de la que esconderse.
—Escúchenme bien —dijo Broly, su voz proyectándose con tanta fuerza que llegó hasta la última clon en el pasillo—. A partir de este momento, este refugio me pertenece.
Las clones parpadearon, y un coro masivo y emocionado respondió.
—¡Goki! ¡Goki!
—Y ustedes... —Broly sonrió de lado, una sonrisa depredadora que hizo que el ambiente se calentara de golpe—... ahora son mi manada. Nadie va a experimentar con ustedes. Nadie va a ponerles una mano encima. Si algo de allá afuera intenta entrar para lastimarlas, lo reduciré a cenizas.
La clon que estaba más cerca de él dio un paso al frente y, con una confianza abrumadora, enredó sus brazos alrededor del grueso cuello de Broly, apretando sus formidables pechos contra el pecho del gigante. Ella lo abrazó con toda la fuerza bruta que tenía, una fuerza que habría pulverizado a cualquier humano de Fallout en milisegundos.
Pero Broly ni siquiera se inmutó. Era una montaña de granito. En su lugar, sintió un inmenso placer al recibir ese afecto sin tener que contenerse. Con sus brazos macizos, envolvió la estrecha cintura de la clon y la levantó del suelo como si no pesara nada, devolviéndole el abrazo con la misma intensidad.
La clon soltó un jadeo ahogado, sus ojos brillando con lágrimas de pura felicidad al sentir, por primera vez, un ser lo suficientemente fuerte como para soportarla y dominarla al mismo tiempo.
—¡Goki...! —gimió ella, ruborizándose furiosamente al sentir la virilidad y el calor del macho alfa.
—Descubriremos cómo volver a mi hogar, a mi verdadera familia... —susurró Broly para sí mismo, mirando la bolsa de dulces y luego al mar interminable de mujeres idénticas a su esposa—. Pero hasta que encuentre la manera... voy a asegurarme de que estén muy bien cuidadas.
El rugido de aprobación de las cientos de clones hizo temblar los cimientos de metal del Refugio 69-A. La verdadera vida de Broly en el Yermo acababa de comenzar.
____________________________________________________________
Fin del Capítulo 1
____________________________________________________________
Subido: 13/09/26
Actualizado (Corregido): ¿?/¿?/¿?
____________________________________________________________
Omake 1
El cálido sol de la tarde se filtraba por los amplios ventanales del espacioso departamento en la Prefectura de Saitama. Faltaba poco para que la numerosa familia emprendiera su viaje de vacaciones a Okinawa, y la casa estaba sumida en un inusual y momentáneo silencio; los niños mayores habían llevado a los más pequeños al parque para gastar un poco de energía antes del vuelo.
En la habitación principal, Goki se encontraba inmersa en una misión de vital importancia.
—Vamos, vamos... sé que te vi rodar por aquí... —murmuraba la hermosa Saiyajin de 36 años.
Estaba inclinada hacia adelante, con las rodillas ligeramente flexionadas y el torso prácticamente paralelo al suelo, buscando una cápsula Hoi-Poi que contenía parte del equipaje y que se le había escapado de las manos. Su postura, aunque completamente inocente y enfocada en su tarea, era una trampa mortal para la cordura de cualquier hombre. Al estar inclinada de esa manera, los ajustados pantalones cortos que llevaba para estar cómoda en casa no hacían más que enmarcar y resaltar la colosal magnitud de su enorme trasero y sus anchas caderas.
Fue en ese preciso instante cuando Broly entró en la habitación.
El gigante de 2,13 metros, que acababa de salir de la ducha y llevaba únicamente unos pantalones holgados de chándal que colgaban bajo de su cintura (revelando los marcados y rocosos abdominales de su torso semi bronceado), se detuvo en seco. Sus oscuros ojos como el carbón se fijaron de inmediato en la pecaminosa vista que su esposa le estaba ofreciendo.
A pesar de los años de matrimonio y de los diez hijos que habían engendrado juntos, el apetito de Broly por “Kakaroko” seguía siendo tan voraz e incontrolable como el primer día. Era un semental alfa, y ver a su hembra en una posición tan vulnerable y sugerente encendió cada uno de sus instintos territoriales. Una sonrisa depredadora y cargada de testosterona se dibujó en el rostro del guerrero.
Con la agilidad y el sigilo que desmentían su masivo tamaño, Broly acortó la distancia entre ellos sin hacer el más mínimo ruido. Se paró justo detrás de ella, su inmensa sombra cubriendo la voluptuosa figura de Goki. Levantó su enorme mano derecha, gruesa y pesada como un yunque. No pudo resistirse. Ni siquiera lo intentó.
Dejando caer el peso exacto para no lastimarla, pero sí para dejar un mensaje claro, Broly conectó el golpe.
¡PLAFF!
El sonido de la palmada resonó como un trueno en las paredes de la habitación. El impacto de la inmensa mano de Broly contra la suave y abundante carne hizo que los generosos encantos traseros de Goki rebotaran y temblaran de una forma hipnótica y escandalosa.
—¡¡Kyaaa!! —chilló Goki, dando un pequeño salto del susto que la hizo enderezarse de golpe. Se giró rápidamente, llevándose ambas manos a los glúteos con una expresión de pura sorpresa y las mejillas teñidas de un rojo carmesí—. ¡Broly! ¡¿P-Por qué hiciste eso?!
Broly soltó una carcajada ronca y grave que hizo vibrar su ancho pecho.
—No es mi culpa, Kakaroko —respondió él, encogiéndose de hombros con una desvergüenza total, sin borrar esa sonrisa salvaje—. Si te pones en esa posición justo en medio de la habitación, es como si me estuvieras rogando que lo haga.
Goki frunció el ceño, haciendo un puchero adorable que contrastaba cómicamente con su maduro y voluptuoso cuerpo. Sus grandes ojos oscuros, rebosantes de esa ingenuidad que a Broly tanto le fascinaba, lo miraron con un falso reproche.
—¡Estaba buscando la cápsula con los trajes de baño de los niños! Se rodó debajo de la cómoda —se justificó ella, frotándose la zona afectada que ahora irradiaba un calor agradable—. ¡Casi me matas del susto!
—Ven aquí —murmuró Broly, su tono de voz volviéndose más profundo y seductor.
Con un movimiento fluido, extendió sus enormes y musculosos brazos, agarrándola por su estrecha cintura y tirando de ella hasta que su cuerpo de 1,70 metros chocó contra su inquebrantable torso de acero. Goki soltó un pequeño jadeo cuando sus enormes pechos se aplastaron contra los pectorales del gigante, sintiendo de inmediato el evidente y masivo abultamiento bajo los pantalones de su esposo presionando contra su vientre plano.
Broly bajó el rostro, apartando uno de los mechones en forma de palmera del rostro de su esposa, y le depositó un beso húmedo y posesivo en el cuello.
—Encontraré la estúpida cápsula en un segundo —susurró el Saiyajin contra la suave tez blanca de Goki, haciendo que ella se estremeciera, olvidando por completo su falso enojo—. Pero ahora mismo... creo que nos sobran unos minutos antes de que los mocosos regresen del parque, ¿no te parece?
La inocencia en los ojos de Goki se nubló rápidamente, reemplazada por un brillo de intenso deseo que solo Broly sabía despertar. Con una sonrisa dulce y cómplice, enredó sus brazos alrededor del grueso cuello de su colosal esposo y se puso de puntillas para alcanzar sus labios.
—Supongo que... la cápsula puede esperar un poco más —murmuró ella antes de fundirse en un beso apasionado.
(¡Alerta de Lemon!)
El beso, que había comenzado como una dulce provocación, rápidamente se transformó en un incendio forestal que consumió cualquier rastro de paciencia. La sangre Saiyajin de ambos hervía con una intensidad incontrolable, alimentada por años de una vida sexual escandalosamente activa y una conexión inquebrantable. Broly gruñó contra los labios de Goki, su lengua invadiendo la boca de su esposa con una dominancia absoluta, explorando cada rincón mientras ella correspondía con gemidos ahogados y un hambre igual de voraz.
Sin romper el beso, el gigante de 2.13 metros levantó a Goki por los muslos con una facilidad insultante, como si la voluptuosa mujer no pesara más que una pluma. Ella instintivamente enredó sus piernas alrededor de la estrecha y rocosa cintura de Broly, apretando su feminidad contra el masivo y evidente bulto que palpitaba bajo la tela de los pantalones de chándal del guerrero.
Con un par de zancadas pesadas, Broly acortó la distancia hacia la inmensa cama matrimonial que dominaba la habitación. Se dejó caer sobre ella, depositando a Goki en el centro del colchón. El impacto hizo rebotar los colosales pechos de la mujer, una vista que hizo que los oscuros ojos de Broly se oscurecieran aún más por la lujuria.
El ambiente se volvió salvaje. Ya no había espacio para la lentitud.
Con un tirón rápido y experto, Broly deshizo el nudo de los pantalones cortos de Goki y se los quitó de un solo movimiento junto con su ropa interior, dejándola completamente desnuda sobre las sábanas. La pálida y perfecta tez de Kakaroko contrastaba maravillosamente con el oscuro cobertor de la cama; su cuerpo voluptuoso, con ese vientre plano, caderas anchas y senos masivos, era el templo personal del Rey Saiyajin.
Inmediatamente después, Broly se deshizo de su propia prenda. Al quitarse el pantalón holgado, reveló la imponente gloria de su masculinidad: un miembro descomunal, grueso y palpitante, acompañado de enormes testículos, todo enmarcado por una piel lampiña y semi bronceada. Era un semental en todo el sentido de la palabra, forjado por la genética superior y el deseo puro.
Goki soltó un jadeo tembloroso, sus ojos oscuros brillando con esa mezcla de profunda inocencia y adoración lujuriosa al ver la imponente virilidad de su esposo, la misma que le había dado diez hermosos hijos y la seguía volviendo loca cada noche. Sus mejillas se tiñeron de un rojo carmesí, y sin dudarlo, separó sus gruesos muslos, invitándolo a tomar lo que le pertenecía.
Broly no la hizo esperar. Se acomodó entre las piernas abiertas de ella en la cama, sus rodillas hundiéndose en el suave colchón a ambos lados de las anchas caderas de su esposa. Se inclinó hacia adelante, apoyando su peso sobre sus gruesos brazos mientras su ancha y musculosa caja torácica rozaba los enormes pechos de Goki.
—Eres tan hermosa, Kakaroko... —susurró Broly con voz ronca y gutural, sus oscuros ojos fijos en los de ella mientras la punta de su virilidad rozaba la cálida y húmeda entrada de la Saiyajin—. Toda mía.
—T-Tuya... solo tuya, Broly... —gimió Goki, arqueando la espalda para buscar la fricción, sus manos aferrándose desesperadamente a los hombros de acero de su esposo—. ¡Por favor...!
Con un movimiento brutal pero calculado, Broly empujó sus caderas hacia adelante, enterrando su colosal tamaño en el interior de su esposa de una sola y profunda estocada. Goki soltó un grito agudo que rasgó el silencio del departamento, echando la cabeza hacia atrás mientras sus uñas se clavaban en la fornida espalda del gigante. El estiramiento la llenó por completo, estirando sus paredes hasta el límite absoluto en una sensación de plenitud abrumadora que solo él podía darle.
—¡Ahhh! ¡B-Broly! —sollozó ella, temblando de placer mientras la pura fuerza del impacto la empujaba contra las almohadas.
Broly gruñó, apretando los dientes al sentir lo apretada y caliente que estaba. Sus enormes manos bajaron hasta agarrar con firmeza las generosas y abundantes nalgas de Goki, amasando la suave carne antes de levantar sus caderas ligeramente para tener un ángulo aún mejor.
Y entonces, comenzó a moverse.
No hubo suavidad en sus embates. Era una entrega apasionada y salvaje, digna de la raza guerrera más poderosa del universo. Broly embestía con una fuerza demoledora, retrocediendo casi por completo para luego hundirse hasta la base con un sonido húmedo y un sonoro¡Plaff!de carne chocando contra carne.
La cama entera comenzó a crujir y protestar bajo el asalto del titán de 2.13 metros. El sonido de las fuertes nalgadas de Broly golpeando contra las gruesas caderas y el inmenso trasero de Goki resonaba por toda la habitación, marcando el ritmo de su desenfrenada pasión.
—¡S-Sí! ¡Ahhh! ¡Más fuerte, Broly, ahh! —suplicaba Goki, perdiendo cualquier rastro de ingenuidad frente al avasallador placer.
Sus enormes pechos rebotaban caóticamente con cada salvaje embestida, y ella no dudó en enredar sus piernas alrededor de la cintura del gigante, enganchando los talones en su espalda baja para obligarlo a penetrarla aún más profundo. Broly aceptó el reto con una sonrisa depredadora, aumentando la velocidad y la brutalidad de sus empujes, convirtiendo el acto en una danza primal de dominación y entrega.
El sudor comenzó a brillar sobre la piel semi bronceada de él y la tez blanca de ella, fusionando el aroma de ambos en la habitación. Broly se inclinó para atrapar uno de los abultados pechos de Goki con su boca, chupando y mordisqueando el pezón con hambre mientras seguía martillando su interior sin piedad. Goki se retorció bajo él, sus gemidos volviéndose cada vez más altos y descontrolados, rasguñando la espalda de su macho alfa mientras una ola de electricidad comenzaba a acumularse en su vientre.
—¡B-Broly... me voy a... ahhh! —chilló Goki, su cuerpo entero tensándose como la cuerda de un arco.
—Hazlo, Kakaroko... —gruñó Broly, sus propios músculos contrayéndose al máximo, sintiendo que él también estaba a punto de llegar al límite. Sus embates se volvieron un borrón de fuerza y velocidad—. ¡Dámelo todo!
Con un último y colosal empuje que levantó a Goki del colchón, la Saiyajin estalló en un clímax ensordecedor. Sus paredes internas se contrajeron violentamente alrededor del inmenso miembro de su esposo, ordeñándolo con una fuerza abrumadora. Esa fue la perdición de Broly. Soltando un rugido primitivo que hizo temblar los cristales de las ventanas, el gigante se vació en su interior con potentes y calientes pulsaciones, llenando a su amada esposa con la semilla de su pasión.
Ambos se quedaron congelados en esa posición por unos largos segundos, respirando agitadamente mientras las réplicas del orgasmo recorrían sus cuerpos. Lentamente, el peso del mundo pareció regresar. Broly dejó caer su masivo torso sobre el pecho de Goki, aplastándola suavemente de la manera que ella amaba. Enterró su rostro en el alborotado cuello de su esposa, aspirando su aroma.
Goki, con una sonrisa boba y el rostro empapado en sudor y rubor, acarició suavemente el cabello negro y puntiagudo de su gigante.
—Eso... eso fue increíble... —susurró ella, su voz aún temblando de placer.
Broly levantó la cabeza, depositando un tierno beso en la punta de su nariz. Su sonrisa depredadora se había suavizado, dejando ver al esposo amoroso y devoto que solo ella conocía.
—Te lo merecías por provocarme de esa manera —respondió él con una risa grave—. Aunque será mejor que encontremos esa cápsula rápido... Gohan y los demás no tardarán en llegar, y dudo que tengamos tiempo para un segundo asalto antes del vuelo a Okinawa.
Goki soltó una risita traviesa, abrazando el inmenso cuello de su esposo. Para ser la familia más poderosa de la Tierra y ocultar su identidad, los pequeños momentos de salvaje cotidianidad eran, sin duda, los que más atesoraban.
Fin del Omake 1