Capítulo 1
Hyunjin caminaba ansioso por sus aposentos, sus padres y el consejo real tenían una reunión y eso solo podía significar una cosa: estaban decidiendo su futuro.
Su pulgar casi sangraba de tanto rascarse con su uña. Se mordería las uñas si no fuera porque sus padres y Mingi, el consejero real, lo regañarían apenas lo vieran.
-Su alteza, los reyes solicitan su presencia.
Hyunjin cerró los ojos.
Ahí estaba.
La sentencia de muerte (No literalmente).
-Ya voy.
El salón de reuniones era tan grande como siempre. Demasiado grande para una conversación que probablemente arruinaría su vida.
Sus padres estaban sentados al otro lado de la mesa junto a varios miembros del consejo. Todos tenían expresiones serias. Nunca era buena señal.
-Hyunjin -comenzó el rey-. Siéntate.
Él obedeció. El silencio se volvió insoportable.
-Hemos llegado a una decisión respecto a tu futuro. Lo mejor para el reino y nuestro estirpe es que tú seas el próximo rey, al ser el hijo mayor por ley el título te pertenece. La corte real se encargará de hacer el comunicado oficial y Jisung se encargará de enseñarte todo lo que debes saber sobre ser rey. Estamos seguros que lo harás como es debido.
Las palabras le revolvieron el estómago.
-No quiero ser rey -ni siquiera sabía de dónde había sacado la fuerza de formular una frase.
-No te hemos pedido opinión.
Perfecto. Maravilloso. Fantástico.
Hyunjin apoyó la cabeza sobre una mano-. Entonces ¿para qué me llamaron?
La reina suspiró-. Porque mereces saberlo antes del anuncio oficial.
-Y eso obviamente arregla las cosas -dijo con un tono sarcástico-. Están tomando decisiones de mi vida que ni siquiera he pedido.
La temperatura de la habitación pareció descender varios grados. El rey entrelazó las manos sobre la mesa.
-No es una negociación.
-Pues deberían buscar a alguien más. No sé tal vez a mi hermana.
-Eres el heredero.
-Y sigo siendo una persona.
Nadie respondió. Porque en realidad no les importaba. Lo sabían todos. El consejo quería estabilidad.
Y él era simplemente una pieza más.
Hyunjin soltó una risa amarga-. ¿Ya terminaron o todavía falta otra parte donde deciden el resto de mi vida?
-Cuida tu tono.
-¿Por qué? ¿Porque les incomoda escuchar la verdad? —Empujó la silla hacia atrás y se levantó-. No me convertiré en rey.
-Lo harás.
-No.
Y salió antes de escuchar otra respuesta. Las puertas se cerraron de golpe tras él. Por primera vez en años, sentía que le faltaba aire.
Necesitaba escapar.Aunque fuera por unas horas.
Corrió -aunque estuviera prohibido- hacía su habitación, necesitaba desahogarse con alguien y ese alguien era Christopher, su amigo, otro hijo de reyes que pudo ser libre de ser heredero gracias a que sus padres terminaron en quiebra, ya no había nada que heredar, nada que gobernar.
“Hola, Chris, ¿como estás?”
“Yo estoy bien, pero al parecer tú no. ¿Que pasó?”
“Mis padres no dejan de decidir mi vida, ya estoy harto de toda esta mierda” murmuró, casi hasta las lágrimas. “Ellos no lo entienden, piensan que debo estar encantado con la idea y no es así. No quiero ser rey, odio pensar que podrían haber tantas responsabilidades que me terminarían consumiendo. Que tengo que hacerme cargo de muchas personas... De solo pensarlo me aterra. Odio mi vida Chris”
Christopher guardó silencio unos segundos. No porque no supiera qué decir.
Sino porque conocía a Hyunjin lo suficiente para saber que cuando llegaba a ese punto, no necesitaba consejos. Necesitaba que alguien lo escuchara.
“¿Terminaste?” preguntó finalmente.
Hyunjin soltó una carcajada sin humor. “No.”
“Entonces sigue.”
“Estoy cansado, Chris.” La confesión salió tan baja que casi pareció romperse en el aire. “Estoy cansado de que todo el mundo decida por mí. De que cada conversación termine siendo sobre el reino. Sobre mi deber. Sobre lo que esperan de mí. Ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que alguien me preguntó qué quería.”
Christopher apoyó la espalda contra el respaldo de su silla. “¿Y qué quieres?”
Hyunjin abrió la boca.
Y se quedó callado.
Porque no lo sabía.
O tal vez sí.
Solo que era demasiado absurdo decirlo en voz alta.
“Quiero ser normal.”
Christopher se echó a reír. “Eso sí que es imposible.”
“Gracias por tu apoyo.”
“Lo digo en serio. Eres un príncipe. Naciste siendo famoso. No puedes simplemente convertirte en un ciudadano cualquiera.”
“Lo sé.”
“Pero puedes dejar de actuar como uno cuando nadie te está mirando.”
Hyunjin frunció el ceño. “¿Qué significa eso?”
“Significa que escapes unas horas.”
“¿Escapar?”
“Sí. Sal. Haz algo irresponsable. Algo que tus asesores odiarían.”
Hyunjin consideró la idea. Era una estupidez. Precisamente por eso sonaba tan bien. “Si desaparezco, medio palacio entrará en pánico.”
“Entonces no desaparezcas.” Christopher sonrió. “Solo sal sin anunciarlo.”
La sonrisa de Hyunjin apareció por primera vez en toda la tarde. Pequeña. Pero real. “Eres una mala influencia.”
“Y tú me llamaste por eso.”
“Tienes un punto.”
Después de colgar, Hyunjin observó su reflejo en el espejo de su habitación.
Cabello perfecto. Ropa perfecta. Imagen perfecta. Todo perfectamente falso.
Por impulso abrió el armario y tomó la primera sudadera que encontró. Luego una gorra. Y por primera vez en años salió del palacio sin escoltas. Sin asistentes. Sin permiso. Solo quería respirar.
Salió por la ventana de la habitación que estaba en la planta baja, sentía una chispa de emoción que nunca había sentido nunca.
[...]
La campanilla de la puerta sonó cuando un nuevo cliente entró en la cafetería.
Félix ni siquiera levantó la vista.
-Bienvenido.
Estaba terminando de limpiar una mesa cuando escuchó una voz al otro lado del mostrador.
-Quiero un café.
Félix reconoció inmediatamente el tono. Porque sonaba exactamente igual al de alguien que jamás había pedido café en su vida.
Levantó la cabeza.
El cliente llevaba una sudadera gris varios números más grande, una gorra negra y lentes.
Parecía empeñado en ocultar su identidad. Sospechoso.
-¿Qué tipo de café?
-Uno normal.
Félix cerró los ojos-. No existe el café normal.
-Claro que existe.
-No.
-Sí.
-No.
-Sí.
-¿Quieres que te enumere todo el menú?
El desconocido observó la pizarra detrás de él. Había demasiadas opciones. Definitivamente demasiadas.
-El que más se venda.
-Americano.
-Ese.
Félix anotó la orden-. Nombre.
El chico dudó apenas una fracción de segundos.- Sam.
-Ajá. -Félix escribió el nombre sin prestar demasiada atención.- ¿Algo más?
-No.
-Perfecto.
Cuando el supuesto Sam recibió su café, ocupó una mesa junto a la ventana. Y siguió ahí. Durante una hora. Luego dos. Luego tres.
Félix empezó a sospechar que algo andaba mal. Porque el extraño apenas había tocado la bebida.
Finalmente, durante su descanso, terminó acercándose.
-¿Piensas quedarte a vivir aquí?
Sam levantó la vista.- ¿Qué?
-Llevas tres horas ocupando la misma mesa.
-¿Eso es ilegal?
-Todavía no.
El chico soltó una pequeña risa.La primera que Félix le escuchaba.Y por alguna razón sonó genuina.
-Solo estoy descansando.
-¿De qué?
“Sam” observó su taza.- De mi familia.
La respuesta tomó a Félix por sorpresa.Porque no sonó como una broma.Sonó real.Demasiado real.
-Ah.
“Sam” soltó una sonrisa cansada.
-Sí. “Ah”.
Por primera vez desde que se había sentado allí, Félix sintió algo parecido a curiosidad.
Porque conocía esa expresión.
La había visto en el espejo demasiadas veces.
La de alguien que estaba agotado.
Y no sabía cómo explicarlo.