Un comienzo casual

Al voltear, se dio cuenta de que se trataba de una chica que avanzaba guiándose con un bastón blanco. Él se levantó rápidamente para intentar ayudarla:
—Ho... hola, emm...
La chica se detuvo de inmediato, dando un pequeñito salto de susto.
—Tranquila, no quiero asustarte ni hacerte daño —se apresuró a decir él-. Tampoco quiero sonar grosero, pero... bueno, no sé cómo decir esto.
—Emm, tranquilo, sé lo que dirás o preguntarás —respondió la chica con algo de sarcasmo—. Me guío por un bastón y te preguntas si no veo. Y sí, sí veo, solamente encontré este bastón y quise jugar a la ciega.
—No, no, perdona, era precisamente a lo que me refería, no quería sonar grosero.
La chica soltó una risa algo burlona antes de continuar:
—Tranquilo, solo estoy bromeando... Tantos años viendo, ¿y no puedes ver cuando alguien está bromeando?
—¡Ja! Qué sentido del humor el tuyo. Bueno, solo quería saber si podría ayudarte. Estás en el paradero de buses que cruza cerca del supermercado de la zona azul. A decir verdad, sí me dio temor que chocaras con la estructura y por eso te hablé.
—Sí, precisamente este es mi destino: venir acá a esperar el bus para poder ir a casa. Agradezco tu intención, pero siempre he caminado hasta aquí sola. O sea, puedo venir hasta aquí con los ojos cerrados, jajaja.
Él rió nerviosamente ante el humor de la chica. En su mente pensó que era extraordinaria, pues a pesar de su discapacidad visual, se tomaba la vida con alegría.
—Bueno, yo también estoy esperando el bus. A decir verdad, no sé en cuánto tiempo debe pasar el próximo; llevo aquí diez minutos y ya son las siete con veinte de la noche.
—¿Siete con veinte? Faltan diez minutos para el próximo. ¿Pasaremos esos diez minutos hablando así? ¿Tú resguardado bajo el techo del paradero y yo aquí parada fuera de él?
—Ah, no, no, disculpa. Emm, sí, ¿te ayudo a tomar lugar y sentarte aquí?
—No, tranquilo. Como te dije, puedo llegar aquí hasta con los ojos cerrados. Obviamente sentarme no es un desafío.
La chica se sentó a su lado bajo el paradero para esperar el transporte juntos. A las 7:32 de la noche, el bus llegó y ambos abordaron junto con las demás personas.
Ya en el autobús, continuaron platicando durante el viaje:
—Y... ¿cuál es tu nombre? -preguntó ella.
—Me llamo Fernando. ¿Y tú?
—Yo soy Lucía.
—Un gusto, Lucía.
—Lo mismo digo, Fernando.
—Y... ¿dónde bajas, Lucía? -preguntó Fernando.
—Yo me bajo justo al costado del supermercado, antes de que el bus doble en la esquina; cruzando la calle está mi casa -explicó ella.
—Aah... Y dime, Lucía, de nuevo no quiero sonar irrespetuoso pero... ¿cómo sabes cuál es el momento de bajar?
—Ah, pues cada vez que subo al bus le pido al chofer que me avise por el altavoz cuando se aproxime a mi destino, o le pregunto a alguna persona si puede hacerme el favor de avisarme. En este caso, ¿podrías ayudarme tú? Claro, solo si no bajas antes.
Para la suerte de Lucía, Fernando bajaba justamente después de que el autobús diera la vuelta en la esquina del supermercado.
—¡Claro! De hecho, mi destino está justamente cuando el bus dobla. Puedo ayudarte a bajar y a cruzar la calle a tu casa, y luego camino a la mía. Claro, si esto no es un inconveniente para ti.
—¿De verdad vives por esa zona? Nunca te he visto por allá... Claro, porque no puedo ver, jajaja.
Fernando rió un poco nervioso.
—Relájate, hago estas bromas todo el tiempo, prefiero ver el lado bueno de la vida, jajaja. Bueno, claro que no es un inconveniente que me ayudes. Digo, puedo bajar sola, siempre lo hago; afortunadamente los buses de ahora ya no tienen esas escaleras altas y mi mamá siempre me espera en la puerta para ayudarme a cruzar. Pero me caíste bien, así que te lo permitiré.
Al llegar a su parada, Fernando pidió parada y le ayudó a bajar.
—Bueno, llegamos... Y supongo que la mujer que me está mirando raro desde la puerta de esa casa es tu mamá -dijo él mientras el autobús se alejaba.
—Sí, siempre me espera para ayudarme a cruzar la calle.
—Y... aquí viene.
La mujer cruzó la calle y se dirigió hacia ellos.
—Lucía...
—Hola, mamá, buenas noches. Mira, quiero presentarte a Fernando, lo conocí hace una hora.
—¿Qué tal, señora? Buenas noches. Quise ayudar a Lucía a bajar del bus y a cruzar la calle, espero que no le moleste.
—No te preocupes, muchacho. Gracias por ayudarla y cuidarla.
—Sí, es muy agradable y también respetuoso... al menos eso es lo que vi, jajaja -añadió Lucía.
—Agh, siempre hace esos comentarios en broma por su condición -dijo su madre con un suspiro cariñoso.
—Sí, me di cuenta. Bueno, eso habla bien de ella, es una mujer fuerte.
Lucía se sonrojó y apretó fuerte el brazo de su madre, quien notó el gesto de inmediato.
—Bueno, señora, si me lo permite, me gustaría cumplir la ayuda que le prometí a Lucía y cruzar la calle con ella.
Lucía volvió a apretar el brazo de su madre.
—Claro que sí —respondió la señora, guiando suavemente la mano de su hija hacia el hombro de Fernando.
Al llegar al otro lado de la acera, Fernando sonrió:
—Bueno, le hago entrega de su hija, señora: sana y salva.
—Muchas gracias, es usted un caballero.
Lucía, sonrojada, soltó una pequeña risa nerviosa:
—¡Oigan! No hablen de mí como si fuera una mercancía.
Ambos rieron.
—Ay, hija, ahora eres tú la que no tiene sentido del humor.
—Sí, Lucía, hace una hora hacías bromas.
Lucía guardó silencio, aunque no podía ocultar la pequeña sonrisa que se le escapaba cada vez que Fernando le hablaba.
—Bueno, tengo que retirarme. Adiós, Lucía; adiós, señora. Fue un gusto conocerlas, que tengan una linda noche.
—¡Espera! -pidió Lucía antes de que él diera un paso.
—Dime.
—¿Podrías pasarme tu número de teléfono? Puedes anotarlo directamente en mi móvil.
—Claro. —Fernando tomó el teléfono y guardó su contacto mientras se preguntaba cómo hacía ella para usarlo-. Listo, me registré como Fernando.
Lucía acercó el teléfono a su boca y dictó:
—Teléfono, llama a Fernando.
«Claro, comandos de voz», pensó él justo antes de que su propio celular empezara a sonar.
—¿Pensabas que te había anotado un número falso? -bromeó Fernando.
—Solo quería verificar.
—Okey, quedas registrada ahora mismo también.
Tras despedirse, Lucía entró a su casa con su madre y se sentaron en la cocina.
—¿Qué fue eso, Lucía? -preguntó su mamá.
—Pues sabes que soy social y me gusta conocer gente.
—No, no, no... Me refiero a ese apretón en mi brazo cuando el muchacho dijo que quería ayudarte a cruzar. No me engañas, te gustó, ¿verdad?
Lucía sintió que el corazón se le aceleró y las orejas se le calentaron. Se puso nerviosa, pero logró controlarse.
—¡Mamá! ¡Qué cosas dices! ¿Cómo me va a gustar un tipo a quien conocí hace un par de horas? Me cayó bien, eso sí, pero nada del otro mundo. Además, gustar es un efecto de la vista y pues no es como que yo vea mucho, ¿verdad?
—Pues feo no es, ¿eh?
—¡Ay, mamá! Jajaja.
Mientras cenaban, Fernando caminaba el corto tramo que le faltaba para llegar a su hogar.
«Vaya chica, me cayó bastante bien -pensó para sí mismo-. No sería mala idea frecuentarla más, se nota que es una gran persona».
Al llegar a su casa, donde vivía solo, se dispuso a cenar, tomar un baño e irse a la cama. Justo cuando cerraba los ojos, su celular sonó con una notificación. Era un mensaje de Lucía:
”Hola, Fernando. Fue un gusto conocerte hoy, espero que tengas una linda noche”.
Él sonrió en la penumbra y respondió:
—Hola, Lucía. ¿Qué tal? Pienso lo mismo, fue muy grato conocerte a ti y a tu mamá. Hoy regresé bastante alegre a casa. Espero que tu noche también cierre de la mejor manera y que podamos conocernos más. Un saludo.
A unas cuantas calles de distancia, el teléfono de Lucía vibró.
—Notificación nueva: mensaje de Fernando -anunció el asistente virtual.
En cuanto el asistente terminó de leer el texto, Lucía dictó:
—Okey. Abre la aplicación de mensajes y escribe lo siguiente en el chat de Fernando: “Claro que sí, me encantaría que nos conociéramos más. Sabes, arreglaste mi día, pues estaba teniendo uno pésimo, así que gracias por eso. Me iré a dormir, ¡buenas noches y que descanses!”.
El mensaje llegó a la bandeja de Fernando. Él lo leyó, sonrió y le deseó también buenas noches antes de dejar el teléfono sobre la mesa de noche. Ambos se fueron a dormir, dando fin a su primer encuentro.