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Erica, el enamorado

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Sinopsis

Luego de escapar de la mafia de los Césares la vida aún no es fácil, entre su hermano que no deja de trabajr ni un día, Samara quien aún no puede mover un dedo, y sus hermanas que son dos bocas más que alimentar. Erica una lola de dieciseís años quien en lo profundo de ella, solo quiere fumar y olvidarse del mundo con su novia intenta aliviar la presión de lo que ella llama familia, tomando una decisíon que le pesara el resto de su vida.

Genero:
Literary Fiction
Autor/a:
Selvya
Estado:
hace 13 días
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Sueños

Mi Camila, podría contar las pestañas de tu ojo derecho mientras veo mi reflejo en tus pupilas, me pregunto cómo lo haces para verte tan tierna cuando te acuestas en mis piernas. Usualmente solo te acomodas así cuando estamos solas, pero aquí es el medio del parque. Giro la dirección de mis ojos al ver tus labios moverse, así termino viendo la nube en forma de gato que me muestras, así pasa un poco más de tiempo del que creo poder calcular, bajo la mirada para asegurarme que sigues ahí, soltando una risita por la estupidez de mi ansiosa imaginación, por supuesto que aquí estas. Separo los labios para recibirte un cigarro, pero antes de poder sujetarlo escucho tres golpes de batería.

Mis manos actúan antes que mi vista o mi conciencia, tomé el teléfono con rapidez tocando veinte botones en lo que se siente como un segundo, miré la hora 3:30 am. Por qué carajo no pasé de largo. Miro alrededor con el corazón retumbándome en el pecho, espero no haber interrumpido ningún otro sueño, mientras contengo la respiración en un intento de regularla, y ante la ausencia de ningún sonido una exhalación profunda reina el ambiente. La mitad de la madrugada no es una hora normal para empezar el día, pero es la única ahora en este lugar dónde es posible salir de aquí sin llamar la atención.

Bajo de la cama, arrugando la nariz como si así pudiese evitar el crujir de la madera bajo mis pies, todo para no despertar a Samara. Aún en medio de la noche podían apreciarse las ojeras en el rostro de la chica… en el orfanato definitivamente se llevó la peor parte, mi hermano la rescató de la muerte de una manera que aún no comprendo del todo… pienso en hacerle un detallito por la mañana. Arrastro las botas de debajo de mi cama antes de echármelas al hombro y salir del cuarto. Ya puedo bajar las escaleras con más calma, al ser de concreto si no piso fuerte no se siente. En el primer piso miro la cocina y me planteo llevarme un sándwich para el camino, pero la triste bolsa de pan vacía con dos huevos y un paquete de pasta me hacen pensar que lo mejor sería hacer un almuerzo grande para todos porque mañana a mi hermano le pagan las prácticas… bah, tampoco moriré de hambre. Me acomodo dos mechas en lo que llamamos espejo, que es un pedazo de vidrio pintado de plateado por detrás fijándome con una sonrisa de medio lado en las manchitas moradas en la parte baja de mi cuello, la camisa no las cubre mal.

—Ni tan mal.

—Ni tan mal ¿para qué?

Di un saltó del susto girándome a verlo, ahí estaba mi hermano, con el maletín en la mano y la puerta cerrándose, puto ninja de mierda, parpadeé un par de veces con la mano en el pecho para controlar mi respiración.

—¡Me asustaste! — Susurré a modo de reproche con una mueca de molestia, empujándole el hombro sin mucha fuerza.

—¿Se puede saber para qué, quién o dónde te estás arreglando a las casi cuatro de la mañana? —

Su respuesta fue fría, me sujetó la mano con la que lo había empujado, con más fuerza incluso que de costumbre, debió haber tenido un mal turno, pero enserio tenía que salir. Apreté los dientes para liberar mi mano con fuerza y responderle.

—A afinarme a medio barrio si quisiera, porque es legal pero no, me voy a fumar porque no puedo dormir, que tengas un maldito mal día en el hospital no te da derecho a pretender ser el controlador conmigo, soy tu hermana carajo—mi tono salió más enojado de lo que había planeado, aun así, me aseguré de no gritar para no despertar el resto de la casa. Levanté la vista mientras agarraba las llaves del colgador, se veía sorprendido naturalmente, pero también herido tal vez si debería disculparme luego. El remordimiento me llevó a apretar los labios antes de salir por la puerta.

El aire gélido me cortó el rostro, y mis pies me recordaron inmediatamente que las botas seguián en mis hombros, caminé unas calles sin pensar en ello hasta recargarme en una pared de concreto sintiendo mi pecho moverse agitado por el pánico. No había nadie, ni nada, excepto la nieve cayendo a mis pies, el blanco callejón y mis manos temblorosas tratando de encender el maldito cigarrillo. Los pensamientos entraban y salían de mi cabeza con una rapidez que apenas me alcanzaba a procesar.

¿En qué carajos me estaba metiendo? ¿Realmente acaba de mentirle a mi hermano? ¿Me ha criado toda la puta vida y le acabo de decir que no tiene ningún control? Soy un desastre y puto asco de persona, tengo que pedirle disculpas, al menos si salgo viva de hoy. ¡Es un mísero crédito! ¿Cuál sería la razón de no salir viva de algo tan simple? la gente lo hace todo el tiempo. Respira…

Tomé una calada de nicotina haciendo que la nube de humo comenzara a invadir mi cerebro tapando aquella tormentera de pensamientos… cerré los ojos mientras el humo salía por mi nariz en búsqueda de aclarar mis ideas. Tenía que llegar al callejón de la calle Gabriela, el tercero después de la tabaquería, cerraría el acuerdo, me pasaban las llaves del gimnasio, les pagaba con los primeros meses de abrirlo, cerraba todo lo importante, rehabilitaba a Samara y mi hermano podría dormir al menos una noche completa, todos felices comiendo perdices. Nunca sería tan maravilloso, aún existen los Césares y muy contentos no estarán ni con Samara ni con Camila ni conmigo, pero podríamos armar algunas cosas sobre la marcha ¿no?

Finalmente me coloque las botas, tenía los calcetines empapados y sentía que llegados a este punto no tenía mucho cao, pero quería parecer lo más adulta posible, aunque no tuviera la más remota idea de lo que estaba haciendo así que estar con los calcetines mojados como niñita recién salida de la cama no daba mucho el pego sinceramente. El cigarro terminaría por consumirse antes que llegara allí, aunque debería comprarle una cajetilla a Sasha a la vuelta, no se tarda ni dos horas en que le baje la pálida sin fumar y no quiero que mi cara este como culpable si se da cuenta que me llevé el último.

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Bien escrito

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Buenos personajes

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Diálogos potentes

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