Prologo
Existen momentos que duran apenas unos segundos, pero cambian todo lo que viene después.
A veces es una palabra.
A veces una decisión.
A veces una fotografía.
O en ocasiones... una persona.
Mara siempre pensó que las fotos eran para recordar, para guardar instantes antes de que el tiempo los borre. Una forma de demostrar que algo ha sido real.
Después de ese accidente, comprendió una cosa.
Las fotografías no solo guardan recuerdos.
También guardan preguntas.
Algunas que nunca encuentran la respuesta.
Meses después en esa pequeña calle de Italia, con su cámara colgando del cuello, caminando sin rumbo, observando, todavía sin saber exactamente lo que estaba buscando. Tal vez no lo encontraba por qué no era nada en concreto. Tal vez solo era un lugar donde el mundo volviera a sentirse en silencio.
Como un suspiro inesperado, el momento llegó.
Ahí estaba.
Entonces lo vio.
Un hombre de pie frente a un edificio antiguo, observándolo con una expresión extraña, como si escuchara algo que nadie más pudiera oír.
Mara levanto la cámara casi por impulso.
El obturador sonó una vez.
Un segundo.
Nada más.
En ese momento ella no lo sabía, pero esa fotografía terminaría cambiando muchas cosas.
Incluidas las historias que aún no habían sido contadas.
Y todas las cartas que aún no habían sido abiertas.