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☆~ "𝗘𝗫𝗣𝗘𝗥𝗜𝗠𝗘𝗡𝗧 1025"~☆ 🧪🔬 {Minsung OS}

Sinopsis

Jisung un chico joven estudiante y científico que se la pasa en su casa encerrado inventado algún tipo de experimento pero lo que nadie sabe es que tiene a un sexy y coqueto Alienígena en su laboratorio como experimento. ᴍɪɴsᴜɴɢ ᴏs ~𝖘𝖒𝖚𝖙𝖙 ~𝕷𝖊𝖓𝖌𝖚𝖆𝖏𝖊 𝖁𝖚𝖑𝖌𝖆𝖗 ~𝕭𝕯𝕾𝕸 ~𝕯𝖎𝖗𝖙𝖞 𝖙𝖆𝖑𝖐 ~𝕳𝖔𝖒𝖔𝖘𝖊𝖝𝖚𝖆𝖑𝖎𝖉𝖆𝖉 ~𝕸𝖆𝖘𝖔𝖖𝖚𝖎𝖘𝖒𝖔 𝑬𝒔𝒕𝒂 𝒉𝒊𝒔𝒕𝒐𝒓𝒊𝒂 𝒆𝒔 100% 𝒎𝒊́𝒂 𝒚 𝒏𝒐.𝒕𝒓𝒂𝒕𝒐 𝒅𝒆 𝒅𝒂𝒏̃𝒂𝒓 𝒍𝒂 𝒊𝒎𝒂𝒈𝒆𝒏 𝒅𝒆 𝒍𝒐𝒔 𝒊́𝒅𝒐𝒍𝒐𝒔.

Genero:
Erotica
Autor/a:
Nicole
Estado:
Complete
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

ONE

En la habitación resonaba un suave burbujeo constante. Los frascos alineados en las estanterías contenían líquidos de tonos vibrantes -azules eléctricos, verdes esmeralda, violetas profundos- que serpenteaban a través de un intrincado sistema de tubos de vidrio, pasando de un recipiente a otro en un baile químico silencioso. Era un laboratorio amplio, iluminado por la luz fría de lámparas LED y el resplandor multicolor de las reacciones en curso.

Allí, en medio del caos ordenado, caminaba de un lado a otro Han Jisung. El joven de veinticuatro años sostenía una libreta de tapas negras en una mano y un lápiz en la otra, mientras sus ojos recorrían atentamente cada detalle. Estudiante destacado de una de las universidades más prestigiosas en ciencias avanzadas de su época, Jisung poseía rasgos delicados y casi perfectos: pómulos marcados, labios finos y rosados, y una melena castaña rizada que le caía en mechones desordenados sobre la frente y las orejas, dándole un aire entre bohemio y genio distraído. Detrás de sus gafas de montura fina, sus ojos oscuros brillaban con concentración.

Se detuvo frente a uno de los frascos principales, donde el líquido ámbar burbujeaba con más intensidad. Ajustó las gafas con el dedo índice y, al comprobar el resultado, una pequeña sonrisa satisfecha curvó sus labios. Rápidamente abrió la libreta y anotó los datos en una tabla ya repleta de números y observaciones, su letra pequeña y precisa llenando las casillas.

Jisung era reservado por naturaleza. Detestaba las multitudes y apenas salía de casa salvo para asistir a clases o regresar a su refugio: aquel laboratorio improvisado en el sótano de su vivienda. No era de los que frecuentaban fiestas, bares ni reuniones sociales. Su verdadera diversión consistía en permanecer allí, entre probetas y reactivos, investigando fenómenos extraños, formulaciones imposibles o cualquier idea que lograra captar su curiosidad insaciable.

Dejó la libreta sobre la mesa de trabajo con un movimiento cuidadoso y tomó un frasco de vidrio con un líquido rosa intenso y ligeramente fosforescente. Lo inclinó despacio sobre otro recipiente que contenía un líquido transparente e inodoro. En cuanto las dos sustancias entraron en contacto, una explosión de espuma blanca brotó violentamente hacia arriba, creciendo como una nube algodonosa que amenazó con salpicar el techo.

-¡Aaaah! -Jisung dio un salto hacia atrás y soltó un chillido agudo, más de sorpresa que de miedo, mientras agitaba las manos para protegerse del rebote de la espuma.

-¿Veo que vas mejorando, pequeño? -dijo una voz ronca y seductora desde la puerta, acompañada de una risa baja y una sonrisa claramente socarrona.

Jisung giró la cabeza de inmediato. Allí, apoyado con negligencia contra el marco, estaba Lee Minho.

-Ah... hola, Minho -respondió Jisung, quitándose los guantes de látex con dedos algo temblorosos y dejándolos sobre la mesa-. Sí, creo que voy mejorando... poco a poco.

Lee Minho era imposible de ignorar. Coqueto, descarado y con un magnetismo natural que parecía desafiar las leyes de la gravedad social. Su cabello, de un morado intenso con reflejos azulados bajo la luz del laboratorio, un poco despeinado pero se veía rebelde. Sus ojos, de un violeta profundo que a veces se oscurecía hasta parecer casi negro, observaban el mundo con una mezcla de diversión y curiosidad eterna. Medía 1.78 m, lo suficientemente alto como para que Jisung tuviera que alzar ligeramente la barbilla cuando hablaban de cerca. Pero lo más extraordinario de Minho no era su apariencia: era su origen.

Minho no era humano.

Había llegado a la Tierra por accidente exactamente una semana antes, cuando su pequeña nave de exploración -un modelo de reconocimiento de largo alcance- sufrió una falla catastrófica en el motor de salto hiperespacial. En lugar de aparecer en el sector asignado de su galaxia natal, se estrelló (más bien aterrizó de emergencia) en un campo abierto a las afueras de la ciudad. Jisung, que esa tarde había salido a recolectar algunas plantas silvestres raras para uno de sus experimentos botánicos, fue quien lo encontró: un joven desorientado, con ropa extraña de tejido metálico brillante y una expresión de absoluta confusión, sentado junto a los restos humeantes de lo que parecía una esfera plateada medio incrustada en la tierra.

Sin dudarlo demasiado -quizá por curiosidad científica más que por bondad-, Jisung lo ayudó a levantarse, lo llevó a su casa y lo escondió en el laboratorio. Durante los días siguientes, entre mediciones, análisis de sangre y conversaciones a medias (porque el traductor universal de Minho tardó dos días en adaptarse al coreano), descubrió que provenía de un sistema estelar distante llamado Lirien-7. Su especie, los Elyrios, tenía una fisiología similar a la humana en apariencia, pero con diferencias sutiles: mayor resistencia térmica, ojos que cambiaban de tonalidad según las emociones y una longevidad que superaba con creces la humana.

Desde entonces, Minho se había quedado. Oficialmente, "para no levantar sospechas". Extraoficialmente, porque parecía disfrutar demasiado molestando y coqueteando con el tímido científico que lo había rescatado.

Minho se apartó del marco de la puerta con esa gracia felina que parecía desafiar la gravedad terrestre, como si su cuerpo aún recordara instintivamente un mundo con menor densidad gravitacional. Cruzó los brazos sobre el pecho y ladeó la cabeza, dejando que un mechón morado le cayera sobre un ojo. La luz del laboratorio se reflejaba en sus pupilas, haciendo que el violeta pareciera líquido, casi hipnótico.

-No sé si "mejorando" es la palabra correcta -comentó con esa voz ronca que siempre parecía acariciar las palabras antes de soltarlas-. Lo que acabo de ver fue una erupción volcánica en miniatura. En mi planeta eso se consideraría un arma química de nivel básico. -Hizo una pausa teatral y sonrió de lado, mostrando apenas un atisbo de colmillos ligeramente más afilados de lo normal-. Aunque admito que verte chillar y saltar como gatito asustado ha sido... entretenido.

Jisung sintió cómo el calor le subía por el cuello hasta las orejas. Se cruzó de brazos también, imitando inconscientemente la postura de Minho, aunque en él el gesto parecía más defensivo que desafiante.

-No fue un chillido -replicó, aunque su voz salió más aguda de lo que pretendía-. Fue... una exclamación de sorpresa controlada. Y no soy un gatito. -Bajó la mirada hacia el desastre espumoso que ya empezaba a deslizarse lentamente por el borde de la mesa-. Solo... no esperaba que la reacción fuera tan... efusiva esta vez.

Minho soltó una risa baja, casi un ronroneo, y se acercó sin pedir permiso. Rodeó la mesa de trabajo con pasos lentos, deliberados, como si estuviera midiendo cada centímetro del espacio que los separaba. Se detuvo justo al lado de Jisung, lo suficientemente cerca como para que el humano pudiera percibir el leve aroma metálico y fresco que siempre lo acompañaba -algo entre ozono después de una tormenta y el interior de una nave recién aterrizada-. Inclinó la cabeza para observar la espuma que aún crecía perezosamente.

-Interesante -murmuró, más para sí mismo que para Jisung-. La velocidad de expansión es mayor que la última vez. ¿Modificaste la concentración del catalizador?

Jisung parpadeó, sorprendido de que Minho hubiera notado el detalle.

-Eh... sí. Aumenté un 0.3% la proporción de peróxido y reduje el estabilizante. Quería ver si podía controlar mejor el tiempo de latencia antes de la nucleación. -Se ajustó las gafas de nuevo, un tic nervioso que ya empezaba a ser evidente cada vez que Minho se ponía demasiado cerca-. Pero claramente subestimé la liberación de gas.

Minho giró el rostro hacia él. Sus ojos se oscurecieron un instante -un cambio sutil que Jisung ya había aprendido a asociar con curiosidad genuina o... algo más difícil de nombrar.

-Subestimar es humano -dijo suavemente, casi con ternura-. En Lirien-7 nos enseñan que subestimar una reacción equivale a invitar al desastre. Pero tú... -Extendió una mano tomó la muñeca del humano, recogió una pequeña gota de espuma que había salpicado el borde de la manga de la bata blanca de Jisung. La acercó a sus labios y la probó con la punta de la lengua-. ...tú pareces disfrutar invitándolo.

Jisung se quedó congelado. El roce -aunque fuera solo de tela y espuma- había sido tan fugaz que casi parecía imaginario, pero el calor que le quedó en la piel era innegable.

-¿Acabas de... lamer mi manga? -preguntó con voz estrangulada.

Minho se encogió de hombros con una inocencia fingida que no engañaba a nadie.

-Análisis químico preliminar. No tiene sabor a veneno letal. Estás a salvo, pequeño científico. -Le guiñó un ojo y se apartó un paso, dándole espacio de nuevo-. Aunque si sigues haciendo experimentos que terminan explotando en tu cara, voy a tener que empezar a traerte un casco. O mejor... quedarme más cerca para protegerte.

Jisung carraspeó, intentando recuperar algo de dignidad.

-No necesito protección. Llevo años trabajando solo aquí abajo y sigo vivo.

-Precisamente por eso -replicó Minho, y esta vez su tono bajó un poco más, perdiendo parte del tono burlón-. Llevas años trabajando solo. Eso no es vivir, Han Jisung. Eso es... existir con probetas.

El silencio que siguió fue más pesado de lo que Jisung esperaba. Miró a Minho fijamente, buscando alguna señal de que solo estaba bromeando otra vez, pero los ojos violetas lo sostenían con una intensidad tranquila, casi seria. Por primera vez desde que lo había encontrado en aquel campo, Jisung sintió que el alienígena no estaba jugando del todo.

Tragó saliva.

-¿Y tú qué? -preguntó en voz baja-. ¿Tú no estás solo aquí? Lejos de tu planeta, de tu gente... escondido en un sótano con un humano que apenas sabe qué hacer contigo.

Minho tardó unos segundos en responder. Cuando lo hizo, su sonrisa volvió, pero era más suave, menos afilada.

-Digamos que estoy... recolectando datos. Observando una especie fascinante. -Se acercó de nuevo, esta vez sin tocarlo, solo inclinándose hasta que sus rostros quedaron a escasos centímetros-. Y creo que el espécimen más interesante de todos está justo delante de mí.

Jisung sintió que el aire se volvía más denso, como si el laboratorio entero hubiera decidido contener la respiración junto con él.

Antes de que pudiera responder -o huir, que era la otra opción que su cerebro gritaba-, un pitido agudo rompió el momento. El monitor en la esquina del laboratorio mostró una alerta: la temperatura de uno de los reactores secundarios acababa de subir peligrosamente.

Jisung dio un respingo y corrió hacia el equipo.

-¡Mierda, el reflujo! - exclamó mientras giraba válvulas y ajustaba diales con dedos veloces.

Minho, en cambio, se limitó a cruzarse de brazos otra vez y observarlo con esa media sonrisa suya.

-Ves -dijo por encima del pitido-. Siempre salvando el mundo... o al menos tu laboratorio. Algún día vas a tener que dejar que alguien más te salve a ti.

Jisung, sin girarse, murmuró entre dientes:

-Cuando ese día llegue, te avisaré.

Y aunque no lo vio, supo que Minho estaba sonriendo más ampliamente que nunca.

Jisung carraspeó una vez más, intentando disipar la espesura que aún flotaba en el aire entre ellos después de aquella mirada demasiado prolongada. Se giró hacia uno de los armarios metálicos del laboratorio, abrió la puerta con un clic seco y sacó una bandeja esterilizada que contenía varios instrumentos: una jeringa de calibre fino, electrodos adhesivos con cables delgados, un monitor portátil de signos vitales y un pequeño dispositivo de escaneo cutáneo que él mismo había modificado semanas atrás.

-Ven -dijo, señalando con la cabeza una silla reclinable que había improvisado en una esquina del laboratorio, acolchada con una sábana limpia y rodeada de luces LED ajustables-. Siéntate ahí. Necesito tomar muestras más precisas de tu fisiología antes de que tu cuerpo se adapte demasiado al entorno terrestre. Las lecturas preliminares que tomé ayer ya no son fiables.

Minho arqueó una ceja, pero obedeció sin protestar. Se acercó con esa calma deliberada que siempre lo caracterizaba y se sentó en la silla, dejando que su espalda se recostara contra el respaldo. Jisung se colocó frente a él, todavía con la bata blanca puesta, aunque ahora tenía las mangas subidas hasta los codos y los primeros botones desabrochados por el calor que empezaba a acumularse en el sótano.

-Quítate la camisa -indicó Jisung con voz neutra, profesional, aunque sus dedos apretaron un poco más fuerte el borde de la bandeja-. Necesito acceso completo al torso para colocar los sensores y... ver cómo responden tus tatuajes bajo estimulación lumínica controlada.

Minho no dijo nada al principio. Solo sonrió de esa forma lenta y peligrosa que hacía que el estómago de Jisung se contrajera sin motivo aparente. Con movimientos pausados, agarró el borde de la prenda negra ajustada que llevaba -una especie de tejido inteligente que parecía absorber la luz en lugar de reflejarla- y se la quitó por la cabeza en un solo gesto fluido.

El torso de Minho quedó a la vista bajo la iluminación fría del laboratorio, su piel entre pálida y grisáceo.

No era solo piel. Era un mapa vivo del cosmos.

Tatuajes -o lo que Jisung suponía que eran tatuajes- cubrían casi cada centímetro visible: constelaciones que parecían girar sutilmente cuando la luz las rozaba, nebulosas en tonos índigo y plata que se expandían y contraían con cada respiración profunda, líneas de energía que imitaban circuitos neuronales pero que fluían como ríos de luz violeta tenue. En el centro del pecho, justo sobre el corazón, había un símbolo circular complejo, como un sol negro rodeado de anillos concéntricos que pulsaban muy despacio, al ritmo de su pulso. Los brazos, los costados, incluso la parte baja del abdomen... todo estaba marcado con patrones que parecían contar una historia que Jisung aún no sabía leer.

Jisung tragó saliva. Intentó mantener la compostura científica, pero sus ojos traicionaron el esfuerzo: se detuvieron más tiempo del necesario en las líneas que descendían desde las clavículas hasta la cintura estrecha, en cómo los músculos se tensaban ligeramente bajo la piel cuando Minho respiraba.

-Son... impresionantes -murmuró, casi sin querer.

Minho inclinó la cabeza, observándolo con atención.

-¿Los tatuajes? -preguntó en voz baja-. O ¿yo?

Jisung sintió el rubor subirle otra vez por el cuello. Se obligó a apartar la mirada y se acercó con la jeringa en la mano.

-Los tatuajes -respondió con firmeza fingida-. Parecen responder a estímulos biológicos. Quiero saber si cambian con la inyección que preparé. Es un marcador isotópico inofensivo... para humanos. Para ti no estoy tan seguro, pero necesitamos datos.

Minho extendió el brazo izquierdo sin que se lo pidiera, dejando que la piel expuesta quedara bajo la luz directa. Jisung se inclinó sobre él para limpiar la zona con alcohol, y el roce de sus dedos contra el antebrazo de Minho fue eléctrico.

Literalmente. Una pequeña chispa azulada saltó entre ambos, haciendo que Jisung diera un respingo y Minho soltara una risa ronca.

-Tranquilo, pequeño. Mi campo bioeléctrico está un poco... sensible cuando estoy así de expuesto.

Jisung no respondió. Solo presionó la aguja con cuidado en la vena que destacaba bajo uno de los patrones estelares. Minho no se inmutó; ni siquiera parpadeó. Cuando el líquido claro entró en su torrente sanguíneo, los tatuajes del brazo parecieron brillar un instante más fuerte, como si absorbieran la sustancia y la distribuyeran por todo su cuerpo en ondas luminosas.

Jisung colocó entonces los electrodos: uno en cada pectoral, otro en el centro del abdomen, dos más en los costados. Cada vez que sus dedos rozaban la piel cálida -demasiado cálida para ser humana-, sentía un cosquilleo que subía por su brazo hasta el pecho. Minho no apartaba la vista de él ni un segundo. Sus ojos violetas se habían oscurecido hasta casi negro, y su respiración era más lenta, más profunda.

-Estás muy callado de repente -comentó Minho, voz baja y aterciopelada-. ¿Te intimida verme así?

Jisung ajustó el último electrodo con dedos temblorosos.

-No me intimidas -mintió-. Solo... estoy concentrado.

-Ajá.

El silencio se estiró, cargado. Jisung se inclinó un poco más para conectar el último cable al monitor, y sus rostros quedaron a escasos centímetros. Podía sentir el aliento de Minho rozándole la mejilla, fresco y con ese leve matiz metálico que ya empezaba a asociar con él. Los tatuajes del pecho de Minho pulsaban más rápido ahora, como si respondieran no solo al marcador, sino a la proximidad.

Justo cuando Jisung iba a apartarse, el teléfono móvil que había dejado sobre la mesa vibró con insistencia. La pantalla se iluminó con el nombre: Hyunjin

Jisung suspiró y se enderezó de golpe, rompiendo el contacto visual. Contestó la llamada con un toque rápido.

-¿Sí, Hyunjin?

La voz al otro lado sonó animada, un poco apresurada.

-¡Jisung! ¿Ya estás listo? Quedamos en encontrarnos en el campus en cuarenta minutos. La expedición al laboratorio abandonado de las afueras empieza hoy, ¿recuerdas? El profesor dijo que era obligatoria para el crédito extra. Vamos a pasar la noche allí recolectando muestras de hongos bioluminiscentes y... oye, ¿estás bien? Suenas raro.

Jisung se pasó una mano por el cabello rizado, desordenándolo aún más.

-Sí, sí... estoy bien. Solo... estoy en medio de un experimento. Llego en un rato, ¿vale? No empiecen sin mí.

-Perfecto. Te esperamos. ¡No tardes, genio!

La llamada se cortó.

Minho, que había escuchado cada palabra sin mover un músculo, entrecerró los ojos ligeramente. No dijo nada, pero algo en su expresión cambió: la sonrisa juguetona desapareció, reemplazada por una tensión sutil en la mandíbula. Sus tatuajes dejaron de pulsar con tanta intensidad, como si se replegaran.

Jisung colgó el teléfono y lo dejó boca abajo sobre la mesa. Volvió a mirar a Minho, notando el cambio de inmediato.

-¿Todo bien? -preguntó con cautela.

Minho tardó un segundo en responder. Cuando lo hizo, su voz era más baja, casi neutra.

-Hyunjin -repitió el nombre como si lo estuviera probando-. Tu compañero de universidad. El que siempre te arrastra a esas... expediciones.

Jisung frunció el ceño, confundido por el matiz extraño en la voz de Minho.

-Es solo un amigo. Y sí, vamos a una salida de campo esta noche. Nada importante.

Minho no contestó de inmediato. Solo lo observó fijamente, con esos ojos que ahora parecían más oscuros que nunca. Luego, lentamente, se incorporó un poco en la silla, haciendo que los cables se tensaran.

-Nada importante -repitió en voz muy baja-. Entiendo.

Jisung sintió un nudo inexplicable en el estómago. No sabía por qué, pero la forma en que Minho lo dijo le hizo sentir que había algo que no estaba entendiendo del todo. Algo que tenía que ver con celos, o posesión, o simplemente con el hecho de que Minho -un ser de otro mundo- no estaba acostumbrado a compartir la atención del único humano que lo había aceptado tal como era.

Se aclaró la garganta y volvió a la mesa de trabajo, fingiendo revisar los datos que empezaban a llegar al monitor.

-Voy a terminar de calibrar esto -dijo, dándole la espalda a Minho por un momento-. Luego... te ayudo a ponerte la camisa otra vez.

Minho no respondió. Solo se quedó allí sentado, semidesnudo, con los tatuajes galácticos brillando tenuemente en la penumbra, observando cada movimiento de Jisung como si estuviera grabando cada detalle en su memoria alienígena.

El laboratorio, de repente, parecía más pequeño. Más silencioso. Más cargado de cosas que ninguno de los dos se atrevía a nombrar todavía.


Jisung comenzó a recoger los instrumentos dispersos por la mesa con movimientos apresurados pero meticulosos, como siempre hacía cuando necesitaba recuperar el control de una situación que se le estaba escapando de las manos. Apiló los frascos vacíos en una bandeja, limpió los restos de espuma seca con un trapo impregnado de alcohol isopropílico y guardó los electrodos en su estuche correspondiente. Sabía que tenía poco tiempo: debía ducharse, cambiarse y llegar al punto de encuentro antes de que Hyunjin empezara a llamarlo cada cinco minutos. El laboratorio, que hasta hacía unos instantes había sido su refugio, ahora se sentía demasiado pequeño, demasiado cargado de presencia.

Minho seguía sentado en la silla reclinable, inmóvil, observándolo. Sus ojos violetas -ahora con ese matiz oscuro que Jisung ya reconocía como señal de alerta- seguían cada gesto del humano con una intensidad casi palpable. Cuando Jisung se inclinó para guardar una probeta en el gabinete inferior, Minho se levantó sin hacer ruido. El movimiento fue tan fluido que parecía que el aire mismo se apartaba para dejarlo pasar.

-Déjame ayudarte, pequeño -dijo con esa voz que siempre parecía vibrar un tono más grave de lo necesario.

Antes de que Jisung pudiera protestar, Minho extendió una mano. No la tocó; simplemente la mantuvo abierta en el aire. Una fuerza invisible, suave pero innegable, levantó varios frascos limpios del fregadero. Flotaron en perfecta alineación, girando lentamente sobre su eje antes de deslizarse hacia los gabinetes abiertos y colocarse en su lugar exacto, como si obedecieran un orden invisible que solo Minho comprendía.

Jisung se enderezó, parpadeando sorprendido.

-Gracias, Min... -murmuró, girándose hacia él..- Sin tu ayuda, no se que haría en este momento

Error.

Minho ya estaba allí. Demasiado cerca. En un parpadeo había acortado la distancia y ahora lo tenía acorralado contra el borde de la mesa de trabajo. El cuerpo del alienígena no lo tocaba aún, pero la proximidad era abrumadora: el calor que emanaba de su piel, ese aroma metálico-fresco que se intensificaba cuando sus niveles hormonales subían, la forma en que su pecho subía y bajaba con respiraciones más lentas y profundas.

-¿Ah... Minho? -La voz de Jisung salió más aguda de lo que pretendía-. Debo irme. Se me hará tarde.

Minho ladeó la cabeza. Sus ojos se oscurecieron por completo, pasando de violeta a un negro absoluto, sin reflejos, como pozos sin fondo.

-¿De verdad quieres ir a esa expedición? -preguntó en voz muy baja, casi un susurro ronco-. Allá afuera solo hay hongos, tierra húmeda y humanos gritándose instrucciones. Aquí... -se inclinó un poco más, hasta que sus labios casi rozaron la oreja de Jisung- tienes una expedición mucho más interesante. Una que podría entretenerte toda la tarde.

Jisung sintió que el pulso se le aceleraba en la garganta.

-Y-yo... en serio tengo que irme, Minho.

Pero entonces vio la sonrisa. Esa sonrisa lenta, peligrosa, que se enganchaba en las comisuras de los labios de Minho como si supiera exactamente lo que estaba haciendo. Los ojos negros brillaron con destellos violetas intermitentes, y los tatuajes galácticos que cubrían su torso comenzaron a encenderse con pulsos lentos y rítmicos, como constelaciones cobrando vida bajo la piel.

Jisung entendió al instante lo que estaba pasando. No era la primera vez.

Los cambios hormonales de Minho no se parecían en nada a los de un humano. Eran más intensos, más rápidos y -según las lecturas que Jisung había tomado las dos veces anteriores- podían escalar hasta niveles que ponían en riesgo tanto al Elyrio como a cualquiera que estuviera demasiado cerca. La voz de Minho ya había bajado varios tonos, volviéndose grave, inhumana, con un timbre que reverberaba en el pecho de Jisung como si hablara dentro de él.

Sin pensarlo dos veces, Jisung se giró hacia el gabinete superior, abrió la puerta de golpe y sacó una jeringa precargada con el antídoto especial que había sintetizado específicamente para Minho: un compuesto que neutralizaba el pico de feromonas y reducía la hiperactividad sináptica que acompañaba esos episodios. Sus manos temblaban ligeramente mientras quitaba el tapón protector.

-Minho... debes calmarte. Tus hormonas se activaron otra vez -dijo con voz temblorosa, intentando sonar profesional-. Recuerda lo que pasa si llegas al límite. Tienes que detenerte.

La respiración de Minho rozó su nuca. Estaba justo detrás de él ahora, tan cerca que Jisung podía sentir el calor irradiando de su pecho desnudo contra su espalda.

-¿Por qué debería hacerlo? -preguntó Minho, y su voz sonó como un ronroneo grave que hizo que las piernas de Jisung temblaran.

-Minho... -Jisung intentó girarse, pero el alienígena ya lo tenía atrapado entre su cuerpo y el gabinete-. Debo ponerte el antídoto...

-No.

La palabra fue firme, tajante. En un movimiento demasiado rápido para ser humano, Minho le arrebató la jeringa de los dedos y la lanzó al suelo. El vidrio se hizo añicos contra las baldosas con un sonido seco y definitivo.

Jisung jadeó.

Minho lo giró con suavidad pero sin posibilidad de resistencia, hasta que quedaron frente a frente otra vez. Sus manos -cálidas, firmes- se posaron en la cintura de Jisung, sujetándolo contra la mesa.

-Siempre me he preguntado... -murmuró Minho, inclinándose hasta que sus labios quedaron a milímetros de los del humano- cómo sería complacer a un humano como tú.

Jisung sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.

-Minho... no. Es una locura. No intentes usar tus hormonas en un humano como yo... es un error. Podrías lastimarme. O lastimarte a ti.

-Eso no me importa -respondió Minho, y su voz bajó aún más, hasta convertirse en algo casi inaudible, pero que resonó directamente en la mente de Jisung gracias al traductor implantado que aún llevaba en el oído-. Kael'veth nira, shal'eth vadis... (Solo quiero probarte, pequeño humano)

Las palabras en liriano antiguo salieron como un susurro ronco, cargadas de una cadencia melódica y peligrosa que Jisung no entendió del todo, pero cuyo significado visceral le recorrió la columna vertebral como electricidad pura.

Antes de que pudiera reaccionar, Minho lo levantó con una facilidad insultante -como si Jisung no pesara nada- y lo sentó en la mesa de trabajo. Los frascos y tubos de ensayo que quedaban rodaron a un lado; algunos cayeron al suelo y se rompieron con pequeños estallidos de vidrio y líquido. Ninguno de los dos les prestó atención.

Minho se colocó entre las piernas abiertas de Jisung, apoyando las manos a ambos lados de sus caderas, encerrándolo por completo. Sus tatuajes brillaban con más intensidad ahora, pulsando al ritmo acelerado de su corazón alienígena. El aire entre ellos parecía cargado de estática; pequeñas chispas azuladas saltaban ocasionalmente de la piel de Minho a la bata de Jisung.

-Mírame -ordenó Minho en voz baja.

Jisung obedeció sin querer. Los ojos negros con destellos violetas lo atraparon, y por un segundo sintió que caía en ellos, como si el universo entero estuviera contenido en esas pupilas.

-Dime que pare -susurró Minho, acercando los labios hasta rozar apenas la comisura de la boca de Jisung-. Dime que pare... y lo haré.

Pero Jisung no dijo nada.

Su respiración era entrecortada, sus manos se aferraban al borde de la mesa con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. El laboratorio entero parecía haberse reducido a ese espacio minúsculo entre sus cuerpos: el calor, el aroma metálico, el brillo de los tatuajes, la promesa peligrosa que flotaba en cada palabra no pronunciada.

Y entonces, muy despacio, Minho inclinó la cabeza y rozó sus labios contra los de Jisung.

No fue un beso todavía. Solo un roce. Una pregunta silenciosa.

Pero fue suficiente para que todo el autocontrol que Jisung había estado manteniendo se resquebrajara como vidrio fino.

Minho se mantuvo inmóvil, esperando, con las manos aún apoyadas a ambos lados de las caderas de Jisung sobre la mesa. Sus tatuajes galácticos brillaban con un pulso lento y profundo, como si respiraran al mismo ritmo que el pecho del alienígena subía y bajaba. El calor que emanaba de su torso desnudo envolvía al humano como una manta invisible, y el aroma metálico-fresco se había intensificado hasta volverse embriagador, casi adictivo.

Jisung tenía los ojos muy abiertos, la respiración entrecortada rozando los labios de Minho. Sus manos seguían aferradas al borde de la mesa con tanta fuerza que los nudillos estaban blancos, pero poco a poco, casi sin que él lo decidiera conscientemente, sus dedos se relajaron. Uno de ellos se deslizó tímidamente hasta posarse sobre el antebrazo de Minho, justo donde una constelación de líneas plateadas y violetas parecía latir bajo la piel.

Minho dejó escapar un sonido bajo, casi un ronroneo inhumano que vibró en su pecho y se transmitió directamente al cuerpo de Jisung.

-Tan tímido... -susurró contra su boca, sin apartarse ni un milímetro-. Y sin embargo tu pulso está cantando para mí, pequeño. Puedo sentirlo aquí... -Deslizó una mano con lentitud exasperante desde la cadera hasta la parte baja de la espalda de Jisung, presionando apenas lo suficiente para arquearlo un poco más hacia él-. ...y aquí.

Jisung soltó un jadeo ahogado cuando los dedos de Minho encontraron la curva de su columna y trazaron una línea ascendente por debajo de la bata blanca, rozando la tela de la camiseta que llevaba debajo. El contacto fue eléctrico; pequeñas chispas azuladas saltaron de nuevo entre sus pieles, haciendo que Jisung se estremeciera violentamente.

-Minho... -su voz salió rota, entre súplica y rendición-. Esto... no deberíamos...

-¿No deberíamos? -Minho ladeó la cabeza, rozando ahora la nariz contra la mejilla de Jisung en una caricia felina-. Dime exactamente qué parte no deberíamos, shal'eth... ¿esto? -Sus labios descendieron hasta la mandíbula, depositando un beso lento, abierto, húmedo en el punto donde el pulso latía desbocado-. ¿O esto? -Bajó un poco más, rozando con la lengua la piel sensible justo debajo de la oreja.

Jisung cerró los ojos con fuerza, la cabeza cayendo hacia atrás de forma involuntaria. Un gemido suave se le escapó sin permiso.

-E-eso... -logró articular, aunque sonó más como un suspiro que como una protesta.

Minho sonrió contra su cuello, dejando que sus dientes rozaran apenas la piel sin llegar a morder.

-Mentiroso -murmuró, voz ronca y cargada de diversión oscura-. Tu cuerpo dice otra cosa. Mira cómo tiemblas... -Sus manos subieron por los costados de Jisung, levantando lentamente la bata y la camiseta al mismo tiempo, exponiendo la piel pálida del abdomen-. Tan suave... tan cálido... tan humano. -Los pulgares trazaron círculos lentos justo debajo de las costillas, presionando lo suficiente para que Jisung se arqueara hacia adelante, pegando su pecho al de Minho.

Los tatuajes del alienígena respondieron al contacto: las líneas de luz se intensificaron, extendiéndose como raíces luminosas hacia los puntos donde sus cuerpos se tocaban, como si intentaran mapear cada centímetro de Jisung, reclamarlo.

-Minho... por favor... -Jisung ya no sabía si estaba pidiendo que parara o que continuara. Sus manos subieron por instinto hasta los hombros desnudos del Elyrio, clavando los dedos en la piel caliente, sintiendo cómo los músculos se tensaban bajo su toque.

-¿Por favor qué, pequeño? -Minho levantó la cabeza para mirarlo directamente a los ojos. Los suyos seguían negros con destellos violetas, pero ahora había algo más vulnerable en ellos, algo hambriento y casi desesperado-. Dilo. Dime exactamente qué quieres que haga... o que no haga. Porque si no me detienes ahora... -se inclinó hasta que sus frentes se tocaron, nariz contra nariz- voy a devorarte entero.

Jisung tragó saliva con dificultad. Su mirada bajó un instante a los labios entreabiertos de Minho, luego volvió a subir a esos ojos que parecían contener galaxias enteras.

-No... no pares -susurró al fin, voz apenas audible.

Fue como si hubiera accionado un interruptor.

Minho soltó un gruñido bajo, animal, y capturó la boca de Jisung en un beso profundo, posesivo, sin preliminares ni dulzura fingida. Sus labios se movieron con hambre contenida durante demasiado tiempo; la lengua se deslizó dentro sin pedir permiso, explorando, reclamando, saboreando cada rincón como si quisiera memorizar el sabor del humano para siempre. Jisung gimió contra su boca, las manos subiendo hasta enredarse en el cabello morado, tirando ligeramente sin darse cuenta.

Minho respondió apretándolo más contra sí, una mano en la nuca para mantenerlo en su lugar mientras la otra bajaba por la espalda hasta colarse bajo la cintura del pantalón, solo lo suficiente para rozar la piel sensible de la parte baja de la espalda y hacer que Jisung se arqueara con un jadeo ahogado.

-Así... -ronroneó Minho contra sus labios entre beso y beso-. Así es como quiero que te entregues... sin pensar, sin medir, solo sintiendo. -Mordió suavemente el labio inferior de Jisung, tirando de él antes de soltarlo-. Eres tan dulce cuando te rindes, pequeño científico... tan jodidamente adictivo.

Jisung ya no podía responder con palabras coherentes. Solo gemidos entrecortados, respiraciones rápidas, dedos temblorosos que recorrían los tatuajes brillantes como si quisiera aprenderse su mapa de memoria. Cada caricia hacía que las luces bajo la piel de Minho se intensificaran, que su respiración se volviera más pesada, que su agarre se hiciera más firme, más desesperado.

Minho lo levantó un poco más sobre la mesa, haciendo que Jisung tuviera que abrir más las piernas para dejarlo acomodarse entre ellas. Sus caderas se alinearon perfectamente y el roce -aún con capas de tela de por medio- fue suficiente para arrancarles un gemido simultáneo.

-Siente eso... -susurró Minho, moviendo las caderas en un vaivén lento, deliberado, torturador-. Siente cuánto te deseo... cuánto tiempo llevo conteniéndome. -Sus labios bajaron por el cuello de nuevo, dejando un rastro de besos abiertos, succiones suaves que dejarían marcas rosadas-. Y ahora... ahora que por fin me dices que no pare... no pienso contenerme más.

Jisung echó la cabeza hacia atrás, exponiendo más cuello, más piel, entregándose por completo al torbellino de sensaciones. Sus manos bajaron por la espalda de Minho, clavando las uñas ligeramente cuando otro movimiento de cadera lo hizo jadear.

-Minho... -logró decir entre gemidos-. No... no pares... por favor...

Minho levantó la cabeza solo lo suficiente para mirarlo a los ojos una vez más, sonrisa peligrosa y tierna al mismo tiempo.

-Nunca, pequeño -prometió contra su boca antes de volver a besarlo, esta vez más lento, más profundo, más devastador-. Nunca voy a parar.

El alienígena capturó de nuevo la boca de Jisung en un beso más crudo, más urgente, como si el simple roce anterior hubiera sido solo el preludio y ahora ya no hubiera vuelta atrás. Sus labios se movían con hambre abierta, la lengua invadiendo sin pedir permiso, enredándose con la de Jisung en un baile húmedo y profundo que arrancaba gemidos ahogados del humano. Jisung respondió con torpeza al principio, inseguro, pero pronto sus manos subieron hasta el cuello de Minho, aferrándose a la nuca mientras se dejaba devorar.

Las manos del alienígena no se quedaron quietas.

Con un movimiento lento pero decidido, Minho deslizó los dedos por el cuello de la bata blanca que aún cubría a Jisung. Los botones superiores ya estaban desabrochados desde antes, así que solo tuvo que tirar suavemente de las solapas hacia abajo. La tela pesada se abrió como alas rotas, revelando primero los hombros delgados, luego el pecho cubierto por una camiseta fina de algodón gris que se adhería ligeramente a la piel por el calor acumulado en el laboratorio.

-Quítatela -murmuró Minho contra sus labios, voz ronca y autoritaria, aunque sonaba más como una súplica disfrazada-. Quiero verte... todo.

Jisung tembló entero. Sus manos bajaron temblorosas hasta el último botón de la bata, pero Minho fue más rápido: enganchó los pulgares en el borde y tiró hacia abajo con firmeza controlada. La bata cayó por los hombros de Jisung y se deslizó hasta quedar atrapada en sus codos, dejando sus brazos semiatrapados mientras el torso quedaba expuesto bajo la camiseta ajustada.

Minho retrocedió apenas lo suficiente para mirarlo.

La luz fría de los LED del laboratorio caía sobre la piel pálida de Jisung, resaltando el leve rubor que le cubría el pecho y subía hasta las mejillas. Los pezones se marcaban bajo la tela fina, endurecidos por el contraste del aire fresco y la excitación. Minho dejó escapar un sonido bajo, casi un gruñido de aprobación.

-Hermoso... -susurró, y la palabra sonó reverente y obscena al mismo tiempo-. Tan jodidamente hermoso.

Sin esperar respuesta, Minho agarró el bajo de la camiseta y la levantó despacio, torturadoramente despacio, dejando que sus nudillos rozaran la piel del abdomen de Jisung mientras subía la tela. Cada centímetro revelado era acompañado de un beso: primero en el ombligo, luego en la línea media del estómago, después justo debajo de las costillas. Cuando la camiseta llegó al pecho, Minho la pasó por encima de la cabeza de Jisung de un tirón suave pero firme, dejándolo con el torso completamente desnudo.

Jisung jadeó, el aire frío golpeando su piel caliente. Intentó cubrirse instintivamente con los brazos, pero Minho no se lo permitió: atrapó sus muñecas con una sola mano y las levantó por encima de su cabeza, obligándolo a arquear la espalda contra la superficie fría de la mesa.

-No te escondas de mí -ordenó en voz baja, labios rozando la clavícula-. Nunca más.

Entonces comenzó la exploración.

Minho soltó las muñecas solo para bajar las manos por los brazos de Jisung, trazando cada músculo, cada vena, cada peca diminuta con las yemas de los dedos. Bajó hasta los costados, donde los dedos se hundieron ligeramente en la carne suave de la cintura antes de ascender de nuevo por el torso. Cuando llegó al pecho, los pulgares rozaron los pezones endurecidos en círculos lentos, deliberados.

Jisung soltó un gemido agudo, la cabeza cayendo hacia atrás.

-Minho... -suplicó, voz quebrada.

-¿Sí, pequeño? -Minho inclinó la cabeza y cerró los labios alrededor de uno de los pezones, succionando con fuerza mientras la lengua trazaba círculos rápidos-. ¿Te gusta así?

Jisung solo pudo asentir, las caderas moviéndose involuntariamente hacia adelante, buscando fricción contra el cuerpo de Minho.

El alienígena sonrió contra su piel y cambió al otro pezón, mordisqueando suavemente antes de lamer para calmar el escozor. Mientras tanto, una de sus manos bajó por el abdomen de Jisung, dedos extendidos, explorando la suave línea de vello que descendía hacia el ombligo y más abajo, hasta el borde del pantalón.

-Quiero tocarte aquí también -murmuró Minho, voz oscura y cargada-. Quiero sentir cuánto me deseas... cuánto estás mojado por mí.

Jisung gimió, las caderas alzándose en busca de esa mano que aún no llegaba.

Minho obedeció, pero no del todo. Primero deslizó la palma abierta por encima de la tela del pantalón, presionando justo donde la erección de Jisung se marcaba dura y caliente. El roce fue suficiente para que Jisung soltara un grito ahogado y se arqueara violentamente.

-Tan duro... -ronroneó Minho, frotando con movimientos lentos y firmes-. Todo esto por mí... solo por mí.

Jisung ya no podía hablar. Solo jadeaba, las manos aferradas al cabello morado de Minho, tirando sin control mientras el alienígena seguía frotando, apretando, delineando cada centímetro de su longitud a través de la tela.

Pero Jisung no era el único que quería tocar.

Con dedos temblorosos, bajó una mano por el pecho de Minho, siguiendo el mapa brillante de tatuajes que pulsaban más rápido ahora. Bajó por los abdominales definidos, hasta el borde de los pantalones oscuros que Minho aún llevaba puestos. Dudó un segundo, pero Minho lo animó con un mordisco suave en el cuello.

-Tócame -ordenó, voz ronca-. Quiero sentir tus manos en mí... quiero que sepas cuánto te deseo.

Jisung tragó saliva y deslizó la palma por encima de la evidente erección de Minho. Incluso a través de la tela pudo sentir el calor, el grosor, la dureza imposible. Minho soltó un gruñido profundo, las caderas empujando hacia adelante contra su mano.

-Así... joder, así... -Minho cerró los ojos un instante, la cabeza cayendo hacia adelante hasta que su frente quedó apoyada en el hombro de Jisung-. Más fuerte. No tengas miedo de romperme.

Jisung obedeció, apretando con más decisión, frotando arriba y abajo mientras Minho seguía moviéndose contra su palma. Al mismo tiempo, la mano de Minho por fin se coló dentro del pantalón de Jisung, rodeando su erección desnuda con dedos cálidos y firmes.

Ambos jadearon al unísono.

La piel de Minho era más caliente que la humana, casi febril, y sus dedos se sentían ligeramente texturizados, como si hubiera sutiles crestas que aumentaban cada sensación. Empezó a masturbarlo con movimientos lentos pero profundos, el pulgar rozando la cabeza sensible en cada subida, recogiendo la humedad que ya goteaba copiosamente.

-Estás empapado... -susurró Minho contra su oído, mordiendo el lóbulo-. Escuchas eso, ¿verdad? Cómo resbalas entre mis dedos... cómo te abres para mí.

Jisung solo pudo gemir, las caderas moviéndose al ritmo de esa mano experta mientras la suya seguía trabajando en Minho, sintiendo cómo la erección del alienígena latía y crecía aún más bajo su toque.

Los tatuajes de Minho brillaban con intensidad cegadora ahora, extendiéndose por los brazos y el torso como circuitos sobrecargados. Cada vez que Jisung apretaba o aceleraba, las luces pulsaban más rápido, sincronizándose con sus respiraciones entrecortadas.

Minho capturó de nuevo el labio inferior de Jisung entre sus dientes, tirando suavemente antes de soltarlo con un chasquido húmedo. Sus ojos negros con destellos violetas brillaban con una mezcla de diversión oscura y hambre cruda.

-¿Así que quieres que tenga toda mi atención solo para ti, pequeño humano? -murmuró contra su boca, la voz ronca y cargada de promesas peligrosas.

Jisung solo pudo asentir, los párpados pesados, el aliento entrecortado rozando los labios del alienígena. Ese gesto tímido y desesperado hizo que la sonrisa de Minho se ensanchara, lenta, picara, casi cruel de tan seductora.

-Si tú lo dices... -susurró, rozando la nariz contra la mejilla sonrojada de Jisung-. Pero no prometo cuidarte mientras me complazco, pequeño. Vas a tener que aguantar todo lo que te dé... y pedir más.


Con un movimiento fluido, Minho se separó lo justo para arrastrar la silla reclinable hacia atrás. La misma en la que había estado sentado cuando Jisung le colocó los electrodos y midió sus signos vitales. Se dejó caer en ella con la arrogancia natural de quien sabe que controla cada centímetro del espacio a su alrededor. Abrió las piernas con deliberada lentitud, el pantalón oscuro ya tenso en la entrepierna, y apoyó los antebrazos en los reposabrazos, observándolo como un depredador que espera que su presa se acerque por voluntad propia.

-Ven aquí... -ordenó en voz baja, casi un ronroneo-. Veamos qué hace esa boquita chiquita tuya.

Sus dedos largos fueron al cinturón. Lo desabrochó con un sonido metálico seco que resonó en el laboratorio silencioso. Luego el botón del pantalón, la cremallera bajando con una lentitud tortuosa. No se molestó en quitárselo del todo; solo lo abrió lo suficiente para liberar su erección.

Jisung se bajó de la mesa con piernas temblorosas. El rubor le cubría desde las orejas hasta el pecho desnudo. Se ajustó las gafas con dedos nerviosos -un gesto automático, casi infantil en medio de tanta intensidad- y se arrodilló lentamente entre las piernas abiertas de Minho.

El alienígena lo miró desde arriba, dominante, pero con un brillo de algo más suave en el fondo de esos ojos inhumanos. Extendió una mano y la posó en la nuca de Jisung, no para empujar, sino para acariciar los rizos castaños con la yema de los dedos.

-Sácamela, pequeño -susurró-. Quiero ver tu cara cuando la veas por primera vez.

Jisung tragó saliva con dificultad. Sus manos temblaban visiblemente cuando se acercaron al borde de la ropa interior negra que aún cubría parcialmente a Minho. Tiró hacia abajo con cuidado y, cuando la erección saltó libre, se quedó congelado.

Era... diferente.

Más grande de lo que cualquier estándar humano consideraría "normal", sí, pero no solo en longitud o grosor. La piel era ligeramente más oscura en la base, fundiéndose en un tono púrpura profundo hacia la punta, con sutiles crestas longitudinales que recorrían el eje como si fueran venas elevadas, pero más definidas, casi texturizadas. En la cabeza, ligeramente más ancha y roma que la humana, había un leve brillo iridiscente que cambiaba de violeta a azul plateado según la luz la rozaba. Y alrededor de la base, casi ocultas hasta ese momento, unas pequeñas protuberancias suaves -como nódulos carnosos- que palpitaban levemente al ritmo del corazón acelerado de Minho.

Jisung jadeó, los ojos muy abiertos detrás de las gafas.

Minho soltó una risa baja, ronca, mientras sus dedos se enredaban más en los rizos del humano.

-¿Sorprendido? -preguntó con tono juguetón, aunque su voz temblaba ligeramente por la contención-. No es exactamente como las de tus libros de anatomía humana, ¿verdad? En Lirien-7 evolucionamos con... extras. -Acarició la mejilla de Jisung con el pulgar-. Esas crestas son para estimular más puntos a la vez. Los nódulos de la base se hinchan cuando estoy muy excitado... y liberan un lubricante natural que hace todo más fácil. Más intenso. -Se inclinó un poco hacia adelante, voz bajando a un susurro conspirador-. Y si te portas bien... quizás hasta te hagan sentir cosas que ningún humano te ha hecho sentir nunca.

Jisung tragó saliva de nuevo, la boca seca. Sus ojos no se apartaban de la erección que latía frente a él, goteando ya una gota translúcida y ligeramente brillante en la punta.

-Vamos, pequeño... -Minho tiró suavemente de su cabello, no con fuerza, solo lo suficiente para guiarlo-. Abre esa boquita bonita. Quiero sentir cómo tiemblas mientras intentas tragármela toda.

Jisung se acercó despacio. Primero rozó los labios contra la punta, tímido, probando. El sabor era extraño: salado, pero con un matiz dulce-metálico, casi como el ozono después de una tormenta. Minho soltó un gruñido bajo de aprobación.

-Así... justo así... -susurró, la mano en la nuca manteniéndolo cerca pero sin forzar-. Usa la lengua primero. Lame despacito... quiero que explores cada centímetro.

Jisung obedeció. Sacó la lengua y trazó una línea lenta desde la base hasta la punta, siguiendo una de esas crestas elevadas. Minho se tensó entero, los tatuajes de su abdomen brillando con más fuerza.

-Joder... sí... -gimió, la cabeza cayendo hacia atrás contra el respaldo-. Esa lengüita... tan caliente... tan suave... Sigue, pequeño. No te atrevas a parar ahora.

Jisung abrió más la boca y envolvió la cabeza con los labios. El grosor lo obligó a abrir la mandíbula al máximo desde el primer momento. Intentó bajar despacio, pero solo consiguió tomar los primeros centímetros antes de que su garganta se contrajera por instinto. Lágrimas se acumularon en las comisuras de sus ojos.

Minho lo miró con adoración perversa.

-Mírate... ya estás llorando y apenas empiezo -se burló con ternura oscura, acariciando la mejilla húmeda con el pulgar-. Respira por la nariz, pequeño. Relájate la garganta... déjame entrar más profundo. Sé que puedes.

Jisung cerró los ojos, respiró hondo y bajó otro poco. La textura de las crestas rozaba su lengua y el paladar, enviando escalofríos por toda su columna. Minho soltó un gemido largo, las caderas moviéndose apenas, empujando con control exquisito.

-Buen chico... -ronroneó, los dedos apretando ligeramente el cabello-. Así... trágatela más... quiero sentir cómo tu garganta se aprieta alrededor de mí. Joder, qué boquita tan perfecta tienes...

Jisung gimió alrededor de la erección, el sonido vibrando directamente en Minho y haciéndolo jadear. Empezó a mover la cabeza arriba y abajo, torpe al principio, pero ganando ritmo poco a poco. La saliva se escapaba por las comisuras de su boca, resbalando por el eje y facilitando el movimiento. Cada vez que bajaba hasta donde podía, las crestas rozaban el fondo de su garganta y Minho gruñía, los nódulos de la base empezando a hincharse visiblemente.

-Más rápido... -ordenó Minho, voz quebrada por el placer-. Usa la mano también... acaríciame la base... aprieta esos nódulos... sí... justo ahí...

Jisung obedeció. Una mano rodeó la base, apretando suavemente los nódulos que ahora estaban más hinchados y resbaladizos por el lubricante natural que empezaba a secretar. El sabor se intensificó, dulce y adictivo. Minho empujó un poco más profundo, controlando el ritmo, follando la boca de Jisung con movimientos cortos pero precisos.

-Mírame -exigió de repente.

Jisung levantó la vista, ojos vidriosos, lágrimas resbalando por las mejillas, labios hinchados y brillantes alrededor de la erección. Minho soltó un gemido ronco al verlo así.

-Eres... una puta visión... -jadeó-. Tan sucio... tan mío... Sigue chupando, pequeño. Quiero correrme en tu boquita... quiero que tragues todo lo que te dé...

Jisung aceleró, la mano moviéndose en sincronía con la boca, apretando y girando en la base mientras succionaba con más fuerza. Minho temblaba, los tatuajes brillando casi cegadores, la respiración entrecortada convirtiéndose en gruñidos inhumanos.

-Voy a... joder... voy a correrme... -advirtió, la mano en la nuca apretando más-. No te apartes... trágatelo todo... sé buen chico para mí...

Y con un último empujón profundo, Minho se tensó entero y se derramó en la boca de Jisung con un gemido largo y gutural. El líquido era caliente, espeso, con ese mismo sabor dulce-metálico que inundó la lengua del humano. Jisung tragó como pudo, algunas gotas escapando por las comisuras mientras tosía ligeramente, pero sin apartarse.

Minho lo mantuvo allí unos segundos más, respirando pesadamente, acariciando su cabello con una ternura repentina que contrastaba con la intensidad de momentos antes.

-Buen chico... -susurró al fin, voz ronca y satisfecha-. Mi buen chico...

Solo entonces lo soltó con suavidad, permitiendo que Jisung se apartara. El humano jadeaba, labios rojos e hinchados, barbilla brillante, ojos vidriosos detrás de las gafas torcidas.

Minho se inclinó hacia adelante, limpió una lágrima de su mejilla con el pulgar y luego lo besó profundamente, saboreándose a sí mismo en la boca de Jisung.

-Ahora... -murmuró contra sus labios, sonrisa peligrosa regresando-. Es mi turno de hacerte gritar, pequeño.

Minho ayudó a Jisung a levantarse del suelo con una delicadeza engañosa, las manos grandes y cálidas sosteniéndolo por los brazos hasta que el humano recuperó el equilibrio sobre piernas temblorosas. Sin soltarle la cintura, lo giró con suavidad y comenzó a desabrochar el botón y la cremallera del pantalón que aún colgaba a medio bajar en las caderas de Jisung. La tela descendió lentamente, arrastrando consigo la ropa interior, hasta que quedó en un charco arrugado alrededor de los tobillos.

Jisung estaba completamente desnudo ahora, la piel erizada por el aire frío del laboratorio y por la mirada devoradora que Minho paseaba por cada centímetro expuesto. El alienígena sonrió con malicia contenida, tomó la bata blanca que había caído antes y se la colocó sobre los hombros al humano, pero sin abrocharla. Las solapas se abrieron solas, dejando el pecho, el abdomen y la entrepierna completamente a la vista, como si la prenda fuera solo un accesorio obsceno en lugar de ropa.

-Así estás perfecto -murmuró Minho, voz ronca y oscura-. Mi pequeño científico con su bata de laboratorio... pero sin nada debajo. Solo mío.

Sin darle tiempo a reaccionar, lo empujó con firmeza pero sin violencia contra la mesa de trabajo. Jisung apoyó las palmas abiertas sobre la superficie fría, el pecho pegado al metal helado que contrastaba brutalmente con el calor que le subía por la espalda. Minho se colocó detrás de él, terminando de quitarse el pantalón y la ropa interior en un solo movimiento impaciente. Su erección, aún húmeda por la saliva de Jisung y por el lubricante natural que secretaban esos nódulos hinchados en la base, se presionó inmediatamente contra la entrada del humano.

-Relájate... -susurró Minho contra su nuca, una mano acariciando la columna vertebral mientras la otra guiaba la punta roma y ligeramente iridiscente hacia el anillo apretado-. Vas a tomarme entero... y vas a gemir mi nombre mientras lo haces.

Empujó despacio al principio, solo la cabeza, y Jisung soltó un grito ahogado que se transformó en gemido largo cuando sintió cómo las crestas longitudinales comenzaban a abrirse paso, rozando cada terminación nerviosa interna con una precisión devastadora. El grosor era abrumador; la textura diferente, casi alienígena, hacía que cada centímetro se sintiera como una invasión nueva y adictiva.

-Joder... estás demasiado exquisito... -gruñó Minho, la voz quebrada por el placer-. Tan apretado... tan caliente... me estás exprimiendo como si no quisieras soltarme nunca.

Comenzó a moverse lentamente, embestidas cortas y profundas que permitían a Jisung sentir cada cresta, cada protuberancia hinchada que se deslizaba dentro y fuera. El lubricante natural de Minho facilitaba la penetración, pero no quitaba la sensación de estar siendo estirado al límite. Jisung gemía sin control, las uñas arañando la superficie de la mesa, las gafas torcidas resbalando por la nariz sudorosa.

-Minho... ah... es... es mucho... -jadeó, la voz entrecortada y rota.

Minho se inclinó sobre su espalda, pecho contra espalda, y mordió suavemente el lóbulo de la oreja.

-¿Mucho? -susurró con tono burlón y sucio-. Pero mírate... estás chorreando alrededor de mí... tu culo se traga cada centímetro como si hubiera nacido para esto.

Aceleró ligeramente el ritmo, las caderas chocando contra las nalgas de Jisung con un sonido húmedo y obsceno que resonaba en el laboratorio silencioso. Cada embestida hacía que los nódulos de la base rozaran la entrada, hinchándose más con cada roce, liberando más de ese lubricante cálido y ligeramente dulce que goteaba por los muslos del humano.

Después de unos minutos de ese vaivén torturador, Minho salió de golpe, arrancando un gemido frustrado de Jisung. Antes de que el humano pudiera protestar, lo giró con facilidad sobrehumanas, lo levantó por las caderas y lo sentó en el borde de la mesa. Las piernas de Jisung se abrieron instintivamente; la bata colgaba abierta a ambos lados como alas rotas, exponiendo todo: el pecho agitado, el abdomen contraído, la erección goteante y la entrada enrojecida y brillante por el uso.

Minho se colocó entre sus piernas, alineó de nuevo y empujó de un solo movimiento profundo hasta la base.

Jisung gritó, la cabeza cayendo hacia atrás, las manos aferrándose a los hombros del alienígena.

-¡Minho! ¡Es demasiado! ¡Te siento... te siento tan adentro...!

Minho gruñó de placer, sintiendo cómo las paredes internas se contraían alrededor de él con fuerza desesperada. Los nódulos en la base se hincharon aún más dentro del cuerpo de Jisung, expandiéndose contra las paredes sensibles, creando una presión constante y pulsante que hacía que cada movimiento fuera una explosión de sensaciones.

-Porque es la primera vez que un humano me aprieta así... -jadeó Minho, embistiendo con más fuerza, las caderas chocando con violencia controlada-. Tus paredes me están ordeñando... se contraen cada vez que empujo... joder, pequeño, estás hecho para mí... tu culo se adapta perfecto a mi polla alienígena...

Jisung ya no podía formar frases coherentes. Solo gritos, gemidos y súplicas entrecortadas mientras Minho lo follaba sin piedad, la mesa crujiendo bajo el peso y el movimiento. Cada embestida hacía que la erección de Minho pareciera crecer aún más dentro de él, las crestas rozando puntos que Jisung ni siquiera sabía que tenía, los nódulos hinchados presionando contra la próstata con cada retirada y entrada.

-Grita más fuerte... -ordenó Minho, una mano subiendo para apretar la mandíbula de Jisung y obligarlo a mirarlo-. Quiero oír cuánto te destrozo... cuánto te gusta que te folle como si fueras mío... porque lo eres.

Jisung obedeció sin poder evitarlo, gritando el nombre de Minho una y otra vez mientras lágrimas de placer resbalaban por sus mejillas. El placer era tan intenso que rozaba el dolor, pero era un dolor exquisito, adictivo, que lo hacía arquearse y empujar hacia atrás buscando más.

-Demasiado bueno... -gimió Minho, la voz inhumana y ronca-. Demasiado bueno para estar follando a un humano como tú... pero no puedo parar... no quiero parar... voy a llenarte... voy a marcarte por dentro hasta que huelas a mí durante días...

Aceleró hasta un ritmo brutal, las embestidas profundas y rápidas, el sonido de piel contra piel mezclado con los gemidos ahogados y los jadeos desesperados. Los tatuajes de Minho brillaban cegadores, extendiéndose por los brazos y el torso como circuitos sobrecargados, pulsando al ritmo de sus caderas.

Jisung sintió que el orgasmo lo atravesaba como un rayo, sin previo aviso, el cuerpo convulsionando mientras se corría entre sus estómagos pegados, chorros calientes salpicando la piel de ambos. Minho gruñó al sentir las contracciones internas apretándolo aún más fuerte y, con un último empujón profundo, se derramó dentro de él: caliente, espeso, abundante, los nódulos hinchados liberando oleadas de semen alienígena que llenaban a Jisung hasta el punto de que algunas gotas escaparon alrededor de la base, resbalando por sus muslos.

Minho se quedó enterrado hasta el fondo unos segundos más, respirando pesadamente contra el cuello de Jisung, los brazos rodeándolo con fuerza posesiva.

-Eres mío ahora... -susurró contra su piel sudorosa-. Completamente mío.

Jisung solo pudo asentir débilmente, el cuerpo laxo y tembloroso, la mente nublada por el placer abrumador, mientras sentía cómo el calor de Minho seguía dentro de él, marcándolo de una forma que nunca olvidaría.


Holiss, nuevamente actualizo por aquí pero ahora les traigo un nuevo OS Minsung de tres capítulos 🤭😏

Espero que les haya gustado mucho❤️

Bueno sin más que decir nos leemos en otro OS

Bye<3