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El Camino

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Sinopsis

Aquel que vive y muere constantemente solo está experimentando la vida desde otra perspectiva. Todos tenemos la oportunidad de ser mejores, solo debemos escuchar el llamado.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Soy
Estado:
hace 10 días
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Sin empezar por el principio

Y si... ¿no fuera yo?

Mi madre solía decirme: «Eres muy inteligente, pero no para la vida».

Frases como esa las dejaba pasar por alto cuando era niño, pero conforme fue pasando el tiempo dejé de pensar que solo se refería a saber cómo funciona el mundo, y entendí que hablaba de cómo funcionan aquellos que están en él.

Nunca comprendí bien a las personas, lo que podían sentir y expresar, ya fuera hablando o moviéndose: emociones, sentimientos... Ante esto puedo sonar redundante; de verdad no entendía.

No soy una clase de dios indiferente, chicos; de verdad que soy un humano. Sangro, me duele el meñique cuando soy un estúpido que se golpea contra aquel mueble que hace un momento era invisible, bostezo cuando tengo sueño; ese tipo de cosas.

Pero siempre pensé para mis adentros que quizá no encajo, que no soy parte de la normalidad. ¿Tal vez sería solo imaginación? Tengo sueños, ¿saben? Cosechar patatas mientras dos hijos y una esposa me esperan en nuestra casa en la montaña junto al atardecer no me parece nada mal. Pero desde la perspectiva más racional y realista, es totalmente imposible para mí.

Aquel niño, que tomó conciencia a sus dos años, se preguntó de repente: «¿Y si... no fuera yo?».

«¿Quién soy yo?».

«¿Qué es 'quién'?».

«¿Qué es 'qué' o 'soy'?».

¿Abrumar la mente antes de tiempo quizá fue lo que me llevó a ser tan lerdo en comprender a los demás? Nunca había podido sentir como otros. Aunque, siéndoles sincero, aún no entiendo muy bien qué es realmente «sentir». Términos como «emociones», «sentimientos» y «desayuno» son en serio cosas que me parecen inentendibles. ¿Será que puedo usar esa palabra?

Me tomó mucho tiempo sentir algo por mi familia. En términos del pequeño yo, éramos:

—Solamente un grupo de desconocidos que viven juntos obligatoriamente.

—¿En serio crees eso? —dijo mi padre.

—Después de todo no podemos saber realmente quiénes somos, ¿o sí? ¿Acaso me contarás todos tus secretos? —inquirí yo.

—Termina tu comida...

—Ok.

Debo describir esto humanamente hablando, así facilitará las cosas. Considerar a mi familia como desconocidos fue solo la primera parte de mi vida, junto con aprender a enfocar mi vista, caminar y hablar. Luego empecé a tomarles cariño, aunque no le llamaba de esa forma, evidentemente; siendo simple, no sabía cómo llamarlo. Al iniciar este «cariño», fue cuando empecé a meditar sobre qué sucedería si los perdiera, qué sería de mi vida. También tenía algo muy presente: «¿Acaso estoy vivo ahora?».

Poco a poco empecé a entender lo que las personas llamaban tan despreocupadamente «amor»; entendí que amaba a mi familia. No podía permitirme menos que eso; si bien no nos entendíamos al 100 %, eran necesarios de alguna forma para mí. No tenía certidumbre sobre si acaso estaba existiendo sin ellos. Las cosas se desarrollaron ciertamente de golpe, pero lo entendí de esa manera.

Pero como dije, entenderlos a ellos era otro tema. Cosas como tristeza, alegría, miedo, enojo, etc. De verdad no lo entendía. ¿Acaso estoy en un concurso de ser repetitivo?

Desde mi perspectiva todo siempre era fácil: ¿estabas triste? No lo estés. ¿Estás alegre? Supongo que es bueno, pero qué es. Miedo, ¿eh? Tampoco sabía lo que era, pero si te parecía malo, pues no lo tengas.

—Entonces tiraste mi cuaderno de dibujos porque...

—¡Estaba enojada! —dijo Abigail, mi hermana mayor.

—¿Pero por qué? Es decir, no te había escuchado y pensaste que te ignoré para molestar. Pero ¿acaso enojarte te inhibe de intuir?

¡PLUM!

—Ok, ciérrame la puerta.

Todo lo que respectaba al sentir no llegaba a mi entendimiento. Mi máximo nivel había sido comprender que los amaba, eso era todo.

La comunicación, a su vez, solo podía ocurrir como respuesta, no como la gente normal lo haría. No conversaba: comentaba, respondía o simplemente asentía. También siempre he pensado que no tengo opiniones, solo digo las cosas como son; cabe enfatizar que eso me trajo problemas.

Y en cuanto a las demás personas, externas a lo que yo llamaba familia (Papá, Mamá, Abuela, Abuelo, Hermana 1 y Hermana 2), no había nada que pudiera sentir. De hecho, desde que tengo memoria, por alguna razón siempre sentí odio o aversión hacia los demás.

Aclaremos: lo digo humanamente hablando, debo categorizarlo de alguna forma, darle nombre a ese «sentir».

Para mí, todos podían morirse excepto mi familia. Sí, está bien, si quieren yo también.

En serio no sé por qué razón sentía eso tan profundamente, pero allí estaba, un lindo sentir y anhelo en mi corazón. El no lograr comprender a los demás me hizo odiar, desagradar, repugnar, aborrecer, rechazar... No lo entiendo.

—Creo que tienes miedo, hijo.

—Ni siquiera sé lo que es el miedo.

—Eso sonó muy valiente, eh. Todo un hombrecito —expresó mi abuelo.

—Tampoco sé qué sea eso. ¿Pero por qué dices que tengo miedo?

—Naciste sabiendo muchas cosas, pero al no comprender aquello que a los demás les resulta natural, nació el miedo. Miedo a no saber, a desconocer, a la ignorancia que va en tu persecución. Lo quieres todo en un plato, pero tienes un vaso vacío.

¿Y si... no fuera yo?

¿Y si tal vez robé la identidad de alguien que debió nacer con sentimientos de lo más sensatos? ¿Y si, en un intento de venganza, me quitó la capacidad de comprender lo que él entendería por naturaleza humana? Tal vez es así. Recuerdo que nunca encajé; decidí fingir ser normal en este mundo, muchas veces riendo o pretendiendo que convivía, pero frases de extraños que llegaban a mi vida, o de conocidos lejanos que se percataron de mi osadía, me traían de vuelta a la realidad y dejaba de fingir.

¿Acaso no tengo sentimientos? Creo que quiero un poco de ese vaso, abuelo. Uno de esos a los que llaman «llorar».

Tal vez odio a la gente porque son comunes, porque pueden hacer lo que yo no puedo y lo hacen como respirar; yo solo puedo fingirlo, pero al final lo descubrirán, me harán la misma pregunta y me mirarán con el mismo rostro, ojos acusadores. Quiero gritar algo, pero no sé qué es; tengo este dolor en el pecho, en la cabeza y en el alma. Un momento, ¿tengo alma?

Cuando murió mi abuelo no pude sentir nada, solo pensar que faltaba su presencia. Cielo o infierno, conceptos como esos tampoco me importaban mucho; sin embargo, mi abuelo hablaba sobre ello. Decía que no creía en Dios, sino que sabía de Él. Conocía a aquel en quien confiaba, eso decía; quisiera haber podido entenderlo mejor. Solía hablarme mucho de cosas increíbles, el mundo y sus curiosidades, mitos que pueden ser más que reales. Ya no escucharía más sobre eso.

Aquel vaso seguía vacío. No sé siquiera dónde está ese maldito vaso. Si alguien encuentra su paradero, por favor comunicarse al siguiente número: 9xx-9xx-6xx.

En la escuela siendo popular, recibiendo confesiones de personas que ni conocía realmente. ¿En serio pueden generar sus «sentimientos» por alguien así de la nada? Nunca me gustó alguien, tampoco sabía muy bien lo que significaba. Sigo sin entender, abuelo.

Pasaba muchas noches sin dormir correctamente, un insomnio que acompañaba con susurros las turbulencias de mi corazón. ¿Por qué yo soy de esta forma?

Encontré a mi abuela en su cama, sin respirar. El plan era despertarla y que comiera, pero ya no había señales de que estuviera con nosotros.

¿Yo primero tenía que encontrarla? ¿Qué tipo de guion es este? No entré mucho en pánico y se lo informé a mis padres; fue algo que realmente les impactó. Pero no entendí, realmente no entendí. Mamá estuvo mucho rato sin poder dormir correctamente, cargando con la culpa de no ser tan buena con su propia madre. Dime cómo son esos sentimientos, mamá.

Encontré el vaso; ya paren con las llamadas de broma.

—Los humanos en serio son estúpidos e innecesarios de comprender, creo que soy superior a ellos.

—Tú también eres un humano, estúpido —dijo Lily, mi otra hermana mayor.

—¿Quisiste decir «humano estúpido», verdad? ¡¿VERDAD?!

—Creo que simplemente todos somos normales a nuestro modo, no somos para nada raros. Aunque yo tampoco entiendo el sentir de los demás.

—Ya veo... Esa es mi sangre.

—¿Perdón?

‡*

Mamá tendida en la cama, mientras un médico negligente intentaba desinfectar una herida profunda producida por la mala praxis de una cirugía previa. Le dolía mucho. Nadie más en la habitación; me quedé porque era el único que podía tolerar esa imagen.

Un momento... ¿Podía? La situación no me superaba, pero realmente algo me estaba inquietando.

«Solo debes aguantar un poco más, madre, luego pasa en un instante y ya nos estaremos riendo de esto en el futuro, ¿no?».

«¡¡¡AHHGGHHH!!!!! ...... SUSPIRO SUSPIRO».

«¡DEBEMOS LLEVARLA AL HOSPITAL, NO HAY MÁS QUE PUEDA HACER AQUÍ!».

Octubre 19, 10:46 p. m. El doctor dice que mamá falleció: fallo respiratorio.

Papá no podía asimilar la noticia, nadie lo quería creer.

Mi vaso... está lleno.

No sabía bien lo que era llorar y solo pude experimentar lágrimas pequeñas recorrer mis mejillas. Sentía un vacío en todo mi ser. Si es que siquiera estaba vivo, pues morí en ese instante. Abuelo, no quiero más. ¿Es esto no ser? ¿Es esto... ya no existir? Todo parecía haber acabado, pero recordar que aún tenía familia devolvió mis estribos, devolvió lo que la gente llama «motivación».

Desenfundé la fe de mi abuelo y le dije a Dios: «Alístame, como lo alistaste a él».

Salir adelante no fue una opción, sino un destino inevitable. Pero, solo pero...

Junio 12, 2:37 p. m. Papá murió delante de mí; un chofer lo mató al instante con un choque. Si es que fue al instante... ¿Cómo, cómo escuché decir: «Siempre te vi»?

Mi vaso... se rompió.

†******

Ahora lo recuerdo mejor. Pensando que en realidad no era yo, contando este monólogo de insatisfacción, lo recuerdo. Yo solo caminaba en el fracaso, con aquel cigarrillo que se apagaba con los suspiros de mi presunta melancolía, y vi únicamente una escena de aquellas, escandalosa.

¿Por qué no solo corres? ¿Por qué no solo te mueves? ¿Eres estúpida? ¿A quién le dije eso? ¿Por qué me metí? ¿Por qué hice algo? Si no pude hacer nada antes, ¿por qué?

La puñalada realmente dolió, pero hay mucha luz en estos recuerdos. ¿Morí? ¿Dios? ¿Quién soy ahora? ¿Realmente fui aquel antes? ¿Dónde estás? Juro que... Te salvaré. Creo que, si es que pudiera, no sería ese de nuevo.

—...Pues entonces, despierta, Togashi.

Y si...

Creo que no lo volveré a hacer, pero si esto solo fuera un preámbulo, realmente sería uno muy malo. ¿Por qué? ¿Por qué estoy en brazos de quien se supone había fallecido aquel día? ¿Acaso yo...?

—El abuelo dice que se llame Togashi.

—Qué excéntrico... Bueno, ¡bienvenido al mundo, Togashiiiii! —exclamó... mi madre.

Gracias, Dios, por este segundo intento.

Y si... ¿ya no soy yo?

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