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Donde Mueren Las Mariposas.

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Sinopsis

El ducado del Norte y el Oeste se unen en un acuerdo matrimonial. A los nueve años Sahara es comprometida con Varek, el heredero más poderoso del Norte. Años después al cumplir la mayoría de edad un matrimonio por conveniencia los une como marido y mujer. Para Varek es deber. Mientras el se pierde entre las obligaciones del ducado, Sahara yace olvidada, encontrando refugio en un antiguo invernadero de cristal, construyendo su propio mundo. Pero la corte exige un heredero, obligándolos a acercarse y a enfrentarse a sentimientos y situaciones que ninguno sabe comprender. Entre perdidas, silencios y un amor que llega demasiado tarde, Sahara descubrirá que no todas las mariposas nacen para volar, algunas solo nacen para morir atrapadas dentro de paredes de cristal.

Genero:
Romance,Drama
Autor/a:
Andrea
Estado:
hace 10 días
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1: La niña del desierto.

El desierto comenzaba donde terminaban los jardines, fuera de las grandes murallas que protegían el reino del Oeste de las fuertes tormentas de arena y el polvo que comenzaba a levantarse en la noche con un gran rugido, parecido al de un animal furioso. A sus inocentes nueve años Sahara solía pensar que aquellos muros eran la frontera entre dos mundos. Cuando aun vivía, su madre solía contarle historias sobre los gigantes gusanos de arena, sobre los grupos de mercenarios y bandidos que atacaban a los comerciantes antes de ingresar por las únicas dos grandes puertas del muro.

Sin embargo dentro de las murallas de piedra del palacio el agua corría por fuentes de mármol, los jardines se extendían en su máximo esplendor, los árboles crecían cargados de fruta y los sirvientes caminaban apresurados por los pasillos externos del castillo cubriéndose del sol abrasador.

Más allá de los muros, en cambio, solo existía arena.

Arena dorada y caliente por el sol.

Arena hasta donde alcanzaba la vista.

A Sahara le gustaba sentarse en el marco de una de las ventanas más altas del palacio y observar como el viento levantaba montones de arena y la volvia pequeñas nubes de polvo a lo lejos.

A los nueve aún creía que el desierto podía guardar secretos, solo tenías que ser una buena observadora.

-Otra vez está aquí.

Sahara desvío su mirada hacia su doncella. Amira estaba parada detrás de ella con las manos en la cintura.

-¿Dónde más podría estar? no puedo pasear por el jardín, la duquesa acostumbra a tomar el té y Thali debe estar jugando con los hijos de los caballeros por ahí.

-Podría estar en cualquier otro lugar de este piso, la ventana es peligrosa cuando esta abierta. ¿Qué pasa si el viento sopla repentinamente fuerte?

Sahara sonrío.

-Si caigo desde aquí quizás el viento me haga planear ¡como un pájaro! y llegaré hasta jardín sin ningún rasguño.

Amira suspiró. Su imaginación no tenía límites.

-Desde aquí se ve mejor el desierto, si espero paciente quizás algún día vea un gusano gigante de arena como los de las historias que contaba mamá.

Los ojos de la niña brillaron con ilusión mirando nuevamente hacia el desierto.

Amira no respondió, sabía que no tenía sentido discutir con ella. Solo era una niña huerfana de madre con un padre que no le importaba en lo más mínimo su existencia, una madrastra y un hermanastro que la consideraban una mancha dentro del árbol genealógico familiar, por eso dejaba que se sumiera profundamente en sus fantasías, era la única forma de ayudar a esa pobre niña.

Amira afirmo su espalda en la pared de piedra tibia por el calor y observo a Sahara. Su cuerpo pequeño y delgado llevaba un vestido de lino color crema con delicados bordados de oro, demasiado elegante para una niña que preferia correr descalza por los jardines del castillo cada vez que tenía la oportunidad de dejar la torre. Su cabello negro caía por su espalda ondulado como una cascada brillante reflejando el cielo nocturno, peinado con trenzas sueltas y adornos dorados, sus ojos avellana casi dorados parecian una gema brillante bajo esas largas pestañas, la niña había heredado todos los rasgos de una persona del Oeste.

Era hermosa.

Era inegable, Sahara era hija del duque del Oeste.

Pero no de la duquesa.

Su madre había sido una bailarina excepcional, fue traida desde el sur como un regalo del emperador como agradecimiento por los caballos de guerra. ''La mujer más hermosa del imperio'' fue el título que le dió el emperador a quella mujer de cabello dorado y de ojos tan azules como el cielo.

Fue traida como un objeto de entretención pero nadie esperó que el duque la viera con otros ojos.

''Saraan'' fue su nombre.

Su madre había muerto cuando apenas tenía cinco años, dicen que fue una muerte natural pero nadie cree eso. Desde entonces Sahara había aprendido a ser discreta y no hacer preguntas.

Aunque nunca nadie le había dicho el por qué.

Pero sabía que llamar ''padre'' al duque era motivo de molestia, también sabía que debía inclinarse sin pretextos ante la gran duquesa del Oeste y no provocar la ira de Thali.

Simplemente lo había aprendido.

-Sahara.

Finalmente habló nuevamente Amira.

-¿Si?

-Vine porque el duque quiere verla.

La sonrisa de la niña desapareció de sus labios y el brillo en sus ojos se vio nublado por la preocupación.

-¿Debe ser ahora?

Amira solo asintió y Sahara bajo de la ventana sin rechistar.

-Amira... ¿Hice algo malo? no he salido al jardín desde hace dos días, yo...

Amira la miro por unos segundos.

-No... usted no ha hecho nada malo.

Pero esa respuesta ambigua no logró tranquilizarla.

Caminaron por los pasillos hasta llegar al salón privado del duque.

Dos guardias altos, robustos y con ropas extrañas custodiaban la puerta.

Sahara de detuvo.

¿Acaso no sentían calor dentro de esa imponente armadura?

Pero no indagó en eso, nunca le gustaba entrar ahí, los nervios eran más grande que su curiosidad.

Su padre era un hombre distinto cuando estaba dentro de aquella habitación.

Más distante.

Más severo.

Amira se inclinó.

-Yo la esperaré aquí.

Sahara tragó saliva.

-¿No entrarás conmigo esta vez?

-Su padre, el duque lo ha pedido así.

La niña asintió pero vaciló antes de avanzar.

Finalmente entró sola.

El duque estaba junto a una gran ventana, a su lado había un hombre que no conocía. Su aspecto era parecido al de los hombres que custodiaban la puerta.

Era alto pero no tan corpulento como los soldados y su rostro delicado era más cercano al de un niño, vestía completamente de negro pero a diferencia de los soldados el vestía ropas más ligeras y holgadas.

Sahara se quedó quieta.

-Acércate.- Ordenó su padre.

Ella obedeció y el duque la observó.

No había cariño en sus ojos, tampoco odio.

Solo era la mirada de un gobernante calculador.

Sahara observó al desconocido ahora de pie a su lado, el tampoco parecía tener interés en ella.

-El es Lord Varek Zinore Astralis de la tierra de la escarcha.

El muchacho que hace unos momentos parecía ajeno a su presencia inclino la cabeza hacia su costado observándola hacia abajo como si estuviera mirando el suelo, en cambio ella tuvo que levantar la cabeza.

El cabello rubio del muchacho caía liso sobre su frente casi rozando sus párpados, era seis mayor que ella.

Tenía quince años, aunque para Sahara parecía un adulto.

Tenía una expresión seria, inexpresiva, como si por dentro estuviera vacío.

Sus ojos eran de un azul gélido con un toque plateado asemejándose a un río congelado, que a pesar de estar a contra luz, con el rostro ensombrecido brillaban de una forma irreal, como los de un animal salvaje en la oscuridad.

-Varek es heredero del ducado del norte.- Continúo el duque. -Hemos pactado un acuerdo a través del matrimonio.

Sahara parpadeo mirando a su padre.

Había leído que las princesas se casaban y vivían felices por siempre pero ella ni si quiera tenía asegurado un título.

El silencio que siguió fue tan largo que Sahara pudo escuchar el agua de la fuente al otro lado de la ventana que daba hacía el jardín.

Miró a Varek, luego a su padre y después nuevamente a Varek.

-Pero solo tengo nueve años.

-Lo sé.- respondió el duque con indiferencia.

-Soy una niña.

-También lo sé.

Sahara frunció el ceño. Aquel hombre siempre calculador ahora le parecía irracional.

-Entonces no puedo casarme.

Su padre camino hacia el escritorio y eso solo volvía a Sahara más anciosa.

-No te casarás ahora.

La niña suspiró aliviada.

-La ceremonia se hará cuando ambos sean mayores de edad.

Sahara bajó la mirada. En el fondo no entendía nada.

No entendía porque su padre hablaba de todo aquello como si solo estuviera decidiendo que caballo comprar.

-¿Pero por qué?- preguntó influenciada por la curiosidad pero el duque guardó silencio.

Y fue Varek quien respondió.

-Porque nuestros ducados lo necesitan.

Sahara levantó los ojos hacia el.

-¿Nuestros ducados?

-El norte necesita las rutas comerciales del Oeste.

El muchacho habló con una tranquilidad que la hizo sentir extraña.

-Y el Oeste necesita a nuestros soldados.

Sahara miró a su padre y este asintió.

-El norte proporcionará hombres para proteger nuestras fronteras de bandidos y mercenarios, a cambio nuestras familias estarán unidas.

Sahara no sabía que decir y miró nuevamente a Varek.

El parecía tan relajado que la niña sintió algo extraño en el pecho.

-¿Tu quieres casarte conmigo?- Preguntó inocentemente.

Varek se quedo callado como si estuviera buscando las palabras correctas para responder ante una niña, por primera vez pareció incómodo.

-No importa lo que quiera. Es lo que se debe hacer.

''Es lo que se debe hacer'' nunca nadie le explicaba nada. esta respuesta hizo que Sahara bajara la mirada. No sabía por qué pero le dolió.

Aunque apenas lo conocia y solo llevara unos minutos frente a el.

-Entiendo.

Mentira.

En realidad no entendía absolutamente nada.

El duque se acercó a ella y posó su mano sobre su hombro tensándola bajo el repentino tacto.

-Sahara, esto es lo único que puedo hacer para asegurar tu futuro.

Ella lo miró.

-¿Mi futuro?

-Sí.

Sahara dudó pero se atrevió a responder.

-¿Y si no quiero?

La mano del duque se tensó sobre su hombro.

-No siempre tenemos derecho a elegir.

Sahara permaneció en silencio, después de todo ese era un derecho que nunca había tenido.

≫ ──── ≪•◦ ❈ ◦•≫ ──── ≪

Aquella noche cuando regreso a su habitación, no cenó.

Se sentó frente a la ventana, el desierto estaba oscuro apenas iluminado por la luna, el viento se hacía cada vez más fuerte y levantaba ventiscas de arena. Por primera vez no lo sentía hermoso.

Poco después Amira entró a la habitación y encontró a la niña abrazando sus rodillas.

-¿Qué ocurre?

Sahara tardó unos segundos en responder.

-Voy a casarme.

Amira quedó inmóvil.

-Con un muchacho del norte, lo conocí hoy.

La doncella cerró los ojos con fuerza. Finalmente había sucedido.

-¿Crees que el me odiará como Thali y la duquesa?

-No.

-¿Cómo puedes saberlo?

Amira se acercó y se sentó a su lado.

-Porque es una niña encantadora y el apenas la conoce. No puedes odiar a quien aun no has conocido.

Sahara pensó un momento.

-¿Crees que algún día llegue a conocerlo lo suficiente?

Amira sonrió tristemente.

-Quizás así sea.

Sahara volvió a mirar el desierto.

-Entonces esta bien.

Y sonrió con aquella inocencia que todavía conservaba.

-Quizás algún día Varek pueda convertirse en mi amigo.

Amira la miró con preocupación pero no tuvo el valor de decirle que probablemente no seria tan sencillo y mientras Sahara miraba las estrellas desde su ventana, en algún lugar del castillo, un muchacho de quince años acababa de aceptar un matrimonio que cambiaría la vida de ambos para siempre.