𝐀𝐓𝐓𝐄𝐍𝐓𝐈𝐎𝐍 注意♡ Kookmin por ♡ㅤℳ 𝑎 𝑟 𝑖 𝑒. en Inkitt
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𝐀𝐓𝐓𝐄𝐍𝐓𝐈𝐎𝐍 注意♡ kookmin

Sinopsis

jimin está en celo. jeongguk, su alfa, finge no prestarle atención. ㅤ ⊹ koomimi ! ─ ୨୧ oneshot ─ ୨୧ omegaverse ─ ୨୧ smut ─ ୨୧ alfa!koo omega!mimi ─ ୨୧ no copias ni adaptaciones no autorizadas. ⋆ ˚。⋆୨♡୧⋆ ˚。⋆ ʚ k͟m͟i͟n͟n͟i͟e͟t͟ ⪩ ⪨ 2018 ✧𓈒

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18+

注意

Jimin gimió ronco sintiendo como la tela de su ropa interior rozaba indebidamente sobre su creciente erección, sus manos tanteando sobre ésta y su voz entrecortándose a medida que sus dedos tenían contacto con la punta de su glande. Estaba caliente, sí, de eso estaba seguro, pero no sabía realmente el porqué.

Hoy había despertado sumamente sensible, todo le daba vueltas y era extremadamente caluroso para él.

Esto no era algo nuevo, definitivamente no lo era. Los últimos días, despertaba a mitad de la noche con las mejillas sonrojadas y el cuerpo caluroso y tenso, curioso, como si buscara algo entre la comodidad de sus sábanas. Tan sólo encontrando el atrayente olor a pino y menta de su alfa, que lo dejaba sin aliento y anhelante.

Hacía semanas que Jeongguk ni se dignaba a tocarle un pelo, ocasionalmente lo evitaba y ya ni siquiera dormía en la habitación que los dos compartían en su pequeño departamento. Su cama se sentía solitaria desde entonces, pero mantenía el refrescante olor del menor y eso era algo que Jimin, muy en sus adentros, agradecía.

¿Se había sentido mal? Como la mierda que sí, Jimin incluso había intentado disculparse varias veces sólo por si había cometido algún error, también lo persiguió todo un día, le hizo pucheros, se montó en su regazo y lo llamó con apodos tiernos con el fin de obtener su atención pero las cosas simplemente seguían frías. Su alfa tan sólo explicó que se estaba dedicando a estudiar y que luego lo recompensaría, pero extrañaba la calidez del menor.

Su novio siempre andaba con sus libros encima y ya ni siquiera se preocupaba por darle un beso de buenas noches. Era injusto y triste, muy triste, y a pesar de que él no fuese usualmente un omega sensible, no podía evitar agachar la cabeza al pensar en el tiempo que hace mucho, no compartía con Jeon. El alfa siempre había sido una persona muy responsable y siempre intentaba organizar sus prioridades, y no es que el omega no fuese una de ellas, pero el menor quería ser un médico de renombre y no podría lograrlo si tan sólo se dedicaba a su omega, lamentablemente.

Y Jimin lo entendía, vaya que sí.

Pero lo extrañaba.

Oh, sí, de muchas maneras.

Jimin frunció su ceño, y una vez más, masajeó con descaro el creciente bulto entre sus boxers. Reprimió un jadeo involuntario y humedeció sus labios de nuevo.

Sus sospechas estaban claras, su celo se había adelantado desmesuradamente y necesitaba algo más que las almohadas de Jeongguk para poder calmarse. Había intentado tomar supresores pero las cosas no se calmaban. Estaba desesperado y caliente, muy caliente.

Por su mente sólo pasaban imágenes que no hacían más que aumentar el dolor palpitante entre sus piernas. Necesitaba ayuda. Necesitaba a Jeongguk.

Vaya que lo hacía.

Pasó una mano por su cuello, dirigiéndola directamente hacia donde estaba su ya vieja marca. Estaba cicatrizada y muy sensible debido a su estado actual. Necesitó sentir los dientes del menor de nuevo hincándose sin vergüenza en el área, necesitó su voz ronca en su oído y su risa burlona al notar su desespero. Joder, lo necesitaba a él.

Sus piernas flaquearon y él gimió, necesitado, como hace siglos no lo estaba.

—¡A-ah, J-Jeongguk!

El olor de aquella habitación era una mezcla exquisita entre algodón de azúcar y fresas frescas. Todo cubierto en su totalidad por sus feromonas. Su respiración estaba agitada y sabía que no podría contenerse por mucho más.

Jeongguk tendría que ayudarlo o estaba seguro de que lo castraría.

Sí, eso iba a hacer.

[ ... ]

Jeongguk relamió sus labios concentrando una vez hubo terminado otro párrafo en el larguísimo documento abierto en la pantalla de su portátil. Sus dedos se desplazaban de manera rápida sobre el teclado, clickeando de vez en cuando sobre alguna palabra para corregirla, mientras sorbía con suavidad de la taza de café en su escritorio, tal vez era la cuarta o la quinta, había perdido la cuenta.

Ciertamente, se encontraba cansado.

Esas últimas dos semanas habían sido increíblemente tortuosas para él. La universidad lo tenía saturado.

Últimamente no tenía tiempo ni para sí mismo, y mucho menos para sus demás prioridades, lo cual no hacía más que estresarlo enormemente. Él realmente estaba poniendo todo de sí para ser un alumno con honores. Incluso sacrificando sus horas de sueño y el tiempo de calidad con Jimin para lograrlo.

Era el último semestre y no le faltaba mucho para graduarse, así que debía esforzarse realmente duro para lograr su cometido.

Él amaba su carrera, sin dudas, pero estaba muy cansado.

Bostezó sonoramente mientras intentaba no cerrar sus ojos y resistir un poco más. A su trabajo escrito tan sólo le faltaban unas pocas hojas, así que se echó porras y siguió escribiendo.

Eran las tres de la tarde. Y sí, Jungkook estaba muriendo de sueño, pero la noche anterior no había logrado dormir ni un poco y se sentía horrible.

¡Vamos, Jeon, tú puedes!

Se dijo a sí mismo.

Sus dedos empujaron levemente sus gafas metálicas por el puente de su nariz en cuanto estas amenazaban con caer de su rostro. Y por si no fuese poco, ese día hacía un calor increíble.

Nada estaba bien.

Sobretodo por el olor a fresas y algodón dulce proveniente de aquella puerta al final del pasillo.

Jeongguk estaba consciente de todo, tampoco era un imbécil. Sabía perfectamente que Jimin había entrado en celo y que se había estado masturbando seguidamente durante todos esos días, casi de manera rutinaria. Lo veía salir incontables de esa puerta con la frente bañada en sudor y los labios hinchados y rojos, meneando sus caderas exageradamente y portando esos suéteres mullidos sin nada bajo estos, que el rubio sabía, él adoraba literalmente arrancar. Él entendía lo que Jimin buscaba, pero no era tonto, sabía que si cedía a sus insinuaciones, luego no podrían parar y no estaba seguro de cuantas rondas le llevaría satisfacerse y satisfacer al más pequeño por completo. Y mucho peor, no sabía qué tanto le costaría concentrarse en estudiar luego de haber ayudado al rubio.

Jimin era como un arma de doble filo, y su omega estaba consciente de ello.

Así que realmente no le extrañaron los gritos necesitados y descarados que soltaba su novio del otro lado de la puerta con el afán de que lo escuchase, tampoco las marcas de rasguños alrededor de su cuello que él mismo se provocaba. Y mucho menos cuando salía de su habitación con poca ropa, completamente sudoroso y a su merced, rogándole con la mirada.

Estaba tentándolo, quería ver lo peor de él.

Y no es como si no quisiese demostrárselo, pero justo ahora su futuro dependía del esfuerzo que dedicara a sus estudios y no estaba en sus planes dejar ir todo su esmero por no poder aguantarse un poco más.

Un gruñido gutural fue abandonado de sus labios mientras se recostaba en el asiento. No negaría que había necesitado como la mierda tener al pequeño omega con él, la sensación de soledad lo estaba matando, quería sentir la piel del mayor en contacto con la suya, y si era posible, su culo engullendo su miembro como sólo él sabía hacerlo, ¿Por qué no? Su lobo estaba ansioso e inquieto por el cóctel de feromonas contenido en aquel departamento, tan sólo produciendo gruñidos que venían de los más hondo de su mullido pecho. No es como si realmente pudiese pensar con claridad de todas formas.

Jeongguk olisqueó lo poco que su posición actual le permitía y soltó un jadeo.

Minnie.

Mi Minnie.

Necesitaba controlarse, como los últimos días. Había mantenido todo como debía ser y no se permitiría bajar la guardia, pero el olor era tan dulce y fuerte que todos sus sentidos comenzaban a adormilarse. Un escalofrío pasó por toda su columna vertebral y se depositó sin vergüenza en el área entre sus piernas. Su estómago dio un vuelco y sus pantalones parecieron apretarse más.

—¡A-ah, J-Jeongguk!

El quejido se escuchó claro y fuerte desde el salón, o al menos así lo sintió Jeongguk, tal vez su oído estando agudizado gracias a su miembro ahora erguido bajo la tela de chándal. Su cuerpo se calentó completamente, Jeongguk soltó una maldición. Necesitaba mantener el control, necesitaba guardar la calma.

Era más difícil de lo que parecía, sobre todo porque los pequeños grititos de Jimin habían decidido intensificarse hoy.

Suspiró pesadamente y se decidió por volver a su trabajo escrito, le faltaba tan poco que la adrenalina había comenzado a atacarlo y su cerebro se había inundado en una completa felicidad.

Algo de tiempo después, las horas comenzaron a pasar, las cosas a alivianarse. Había puesto un esfuerzo extra en intentar concentrarse y las cosas iban bien. Le faltaban tan sólo una hoja y los minutos pasaban con rapidez. Jimin había calmado sus quejidos y a pesar de que el olor no disminuía, él era un alfa fuerte y podía luchar contra sus instintos.

¿No es así?

Justo en ese momento, el sonido de la perilla ser deslizada lentamente lo alertó. La puerta se había abierto tan sólo lo necesario y un Jimin con los labios mordisqueados y la cara sonrojada salió con sutileza. Jeongguk lo vio con detenimiento y su boca se secó casi de inmediato.

En frente de él, había un Jimin con un gran suéter azul pastel deslizándose exquisitamente por la superficie de su cuerpo, dejando ver sus clavículas y parte de su hombro debido al tamaño de la prenda. Casi tuvo que reprimir un silbido, y sin embargo, eso no fue lo que alertó en primer lugar, sino lo que había por debajo del mullido suéter.

Un par de medias de encaje negro se abrazaban casi como una segunda piel en las piernas del mayor, contorneando cada curva y siendo sujetadas por un pequeño moño de color blanco. Jeongguk conocía esas medias a la perfección, no era la primera vez que Jimin las usaba y recordaba perfectamente lo que acompañaba a aquellos trozos de encaje a juego.

El rubio estaba jugando con su resistencia y era algo que, muy en el fondo, lo descolocaba, en el buen sentido de la palabra.

Casi automáticamente, el omega comenzó a caminar lentamente hacia su alfa, moviendo sus caderas suavemente y mirándolo con las pupilas completamente dilatadas, acechándolo como a una presa. Su lobo estando inquieto por tener tan sólo un poco de contacto con el menor.

Jeongguk decidió no decir nada y tratar de mantener la guardia alta. Esta no era la primera vez que Jimin intentaba algo durante esos días y había logrado mantenerlo alejado lo suficiente. Sólo que no sabía por qué esta vez, se le hacía todo mucho más difícil.

Jimin terminó por pararse en seco frente a él, manteniendo el contacto visual de manera casi tensa. Una sonrisa ladina adornó el rostro de su alfa y, de nuevo, un escalofrío lo recorrió entero. Estaba dudando si seguir, sabía que Jeongguk lo mandaría a la mierda apenas intentase estimularlo sólo un poco. El menor era terco, muy terco, y necesitaba de algo extra para poder hacerlo cambiar de opinión. Afortunadamente, Jimin ya tenía muchos planes y sabía qué hacer y qué puntos tocar para hacer cambiar de opinión a Jeongguk.

Tan sólo sería una vez, sí.

Y luego se iría y dejaría que el menor siguiese con lo suyo.

Claro que sí.

Sin rechistar, el omega se sentó ahorcadas de su alfa, presionando su trasero contra la pelvis del menor, a propósito, creando una exquisita fricción que mandó una descarga eléctrica al cuerpo de ambos. Jeongguk intentó no mostrar expresión para no dejarse ver débil ante las insinuaciones, pero era jodidamente difícil, Jimin se había acercado a su cuello y había comenzado a repartir pequeños besos húmedos en toda el área.

Intentó distraerse mirando cualquier cosa que no fuese al rubio sobre él, su vista deteniéndose en el sofá de cuero en donde había dormido los últimos días. Su mente se inundó con imágenes muy sugerentes, pues, no había ningún lugar en aquella casa en donde él y su omega no hubiesen tenido sexo ya. Abrió la boca tratando de decir algo pero las palabras no salían. Se sentía incapaz de mover un sólo músculo. Jimin se estaba dando el tiempo de tocar cada uno de sus puntos débiles y él no sabía qué hacer. Estaba entrando en pánico.

—J-Jimin, cielo, creo que ya hemos hablado sobre esto —el pelinegro intentó tomar las manos del omega para alejarlo con suavidad, pero éste pareció afianzar su agarre sobre las caderas del menor. Debido a ello, ambos sintieron un pequeño tirón.

—Jeongguk, por favor —el mayor se dirigió hacia los labios del menor y comenzó un recorrido de mordidas sobre estos. Lamiendo y chupándolos como si fuesen una paleta. Su lengua recorría el contorno del belfo inferior del pelinegro y volvía a morder, así reiteradas veces, sin contener sus jadeos. Comenzó a moverse lentamente sobre la pelvis del alfa, presionando sus glúteos sobre el miembro de éste. Jeon jadeó.

—Pero sabes que no puedo, Minnie, lo siento mucho.

El mayor se alejó lo suficiente como para poder ver al alfa a los ojos. Pequeños suspiros salían de su boca y el aire caliente entre los dos había logrado empañar las gafas de Jungkook. Jimin pensó que la imagen del menor sonrojado, con los labios entreabiertos y mordidos, y sus gafas empañadas era la cosa más hermosa que había visto. Ambos se sostuvieron la mirada durante un tiempo, sus respiraciones saliendo violentas y agitadas de sus pechos. Jimin se relamió los labios y los mordió, y Jeongguk sintió como una punzada viajaba directamente a su pene. Su erección era cada vez más notoria y sabía que Jimin podía sentirla. Inconscientemente gruñó por el olor del chico sobre él. Sabía que no aguantaría mucho más.

—P-por favor, ugh.

A la puta mierda.

Antes de que Jimin pudiese reaccionar, ya Jeongguk se encontraba besando sus labios con hambre, mordiendo cada rincón de estos y lamiéndolos. Jimin entreabrió aquellos dos aterciopelados belfos y sintió como la lengua del menor hacía intromisión casi completamente en su cavidad. El mayor gimió contra los labios del alfa y se aferró a su cuello con fuerza.

Jeongguk bajó hasta el cuello del omega y olisqueó cada detalle de este. Gruñó contra su superficie y Jimin se sintió desfallecer ante la sensación.

—Hueles tan malditamente bien, mierda —El omega gimió agudo y alto.

Las manos del menor se adentraron al suéter de su novio y sonrío ladino al sentir algo de encaje amoldarse a sus dedos. Rió ronco contra la piel blanquecina de Jimin. Él definitivamente sabía qué cosas hacer para tenerlo a sus pies.

—E-era mi plan B, es tu favorita, ¿n-no es así? —Su voz salió más como un ridículo jadeo ahogado que como palabras en realidad. Se le dificultaba enormemente mantener aire en sus pulmones, teniendo en cuenta la comprometedora situación en la que ambos se encontraban.

Jeongguk dirigió sus venosas manos hasta el borde de la tela azul clara que aún cubría el cuerpo del mayor, la jaló hacia arriba y como se esperaba, un conjunto de lencería negra se adaptaba casi exquisitamente a la piel pálida y suave de éste. Retiró la prenda completamente y gruñó ante la vista.

Erótico.

Jimin era la maldita perdición cuando se lo proponía.

Su cuerpo era simplemente perfecto, era tonificado pero no excesivamente delgado, con su cintura pequeña y fina, y aquellos muslos gruesos y ejercitados. Ni hablar de su trasero, tan redondo y firme a su tacto. El rubio era simplemente como ver porno hecho persona, y no es como si aquello fuese una molestia, en lo absoluto. Si pudiese volverse adicto a una persona, sería a él.

Bajó la mirada y se encontró con el pene de su novio erguido orgullosamente contra la tela de las bragas negras, su glande rojizo e hinchado, húmedo y sensible. Inconscientemente relamió sus labios y dirigió la vista al mayor con los ojos oscurecidos. No pudo evitar soltar un gruñido.

Jimin estaba hecho un manojo de nervios, tembloroso y con la frente perlada, soltando pequeños gemidos y jadeos cada que pequeños escalofríos placenteros recorrían su cuerpo. La imagen era digna de dibujarse, la sumisión en la que se sumergía emanaba erotismo puro.

Y Jeongguk creía que si antes estaba duro, entonces ahora explotaría.

Sin más, metió su gran mano en las bragas del rubio y envolvió sus dedos contra la erección de éste, bombeando de arriba hacia abajo y presionando con suavidad sobre el rojizo glande. Jimin comenzó a soltar gemidos descontrolados y a mover sus caderas en círculos, buscando más contacto. Necesitaba sentir a Jeongguk, estaba muriendo justo ahora.

—A-ah, m-más... mierda.

El pelinegro se dirigió hasta su cuello y depositó pequeñas lamidas, y éstas, antes de que pudiera darse cuenta, ya eran mordidas e incluso chupetones. El cuello del omega era coloreado con pequeñas marcas rojizas y casi permanentes. Sonrió orgulloso y movió su mano con mucha más rapidez. Para ese momento, Jimin ya era un desastre, comenzaba a desesperarse al sentir la gruesa longitud adversa contra la tela que aún los cubría a ambos, así que paró los movimientos que hacía de manera casi hipnotizante con sus caderas y con una sonrisa traviesa, se levantó del regazo de Jeongguk, con cuidado de no caerse.

Jeongguk gruñó en desesperación y recostó la cabeza contra el respaldo de la silla giratoria, a sabiendas de lo que seguía. El mayor tomó el elástico del pantalón deportivo que portaba su novio y lo deslizó hasta sus talones, dejando ver a su paso el grueso falo del menor, palpitante y rojizo.

Jeongguk usualmente no usaba ropa interior cuando estaba en el departamento que compartía con Jimin, ¿la razón? Pues desde que había marcado a su novio, podría decirse que los dos tenían una vida sexual muy... activa, y consideraba innecesaria la ropa interior si siempre se encontraban follando por ahí y allá. A día de hoy era una costumbre que aún conservaba tan sólo por comodidad, a pesar de que en estos momentos agradecía enormemente el no llevar sus bóxers, porque Jimin mirando su miembro como si fuese una jodida paleta, no hacía más que ponerlo de sobremanera.

Gimió ante la sensación de su pene siendo liberado de la prisión de tela, y Jimin, por su parte, tan sólo salivaba ante la longitud siendo depositada justo frente a sus ojos. Sin esperar nada, posó su pequeña mano sobre el falo y lo masajeó con lentitud, sacando jadeos del hombre reposado en la ostentosa silla de cuero.

—Jod-der, Jimin -movió su pelvis hacia adelante. El rubio sólo pudo observar el conocido líquido blanquecino saliendo desvergonzado desde la punta.

Gimió bajito y metió con rapidez el miembro a su boca, lamiendo inexpertamente, tratando de acostumbrarse de nuevo al tamaño del grueso falo entre su cavidad.

Jeongguk ahogó una maldición apenas las paredes de la boca contraria envolvieron su erección exquisitamente. El calor de la boca de su omega rodeando la longitud su pene, combinado con su respiración agitada y sus pupilas dilatadas, eran un cúmulo de sensaciones y visuales simplemente increíbles. No dudó ni un segundo en tomar con brusquedad disimulada los cabellos rubios de su novio, comenzando a simular pequeñas estocadas con su pelvis, profanando sin piedad la boca del más pequeño.

Jimin sacaba y metía el miembro de su boca, chupando el glande y delineando cada pequeña vena con la punta de su lengua, ahuecando sus mejillas y estimulando como incontables veces al más alto. Cada que sentía las palpitaciones del pene de su novio en su boca, su erección dolía como el infierno al no ser atendida. Él adoraba el sabor y la textura del miembro de su novio, y no sé privaba en lo absoluto de disfrutarlo cada vez que podía.

El menor sintió que se correría precozmente si Jimin seguía chupándolo de ese modo, así que lo paró en seco y gruñó al sentir como éste gemía decepcionado contra su pene, mandando una vibración caliente por todo su vientre. Palmeó sus piernas, tratando de transmitirle con ese gesto lo que sucedería. Jimin al comprenderlo, sólo pudo levantarse en movimientos torpes, sentándose de nuevo sobre los muslos del más alto, jadeante y anhelando sentirse lleno de una vez.

El pelinegro sonrió satisfecho por la obediencia de Jimin y posó sus manos sobre los glúteos de su novio, masajeándolos con obscenidad y sacando uno que otro gemido necesitado de la boca del susodicho. Sin avisar, bajó las bragas negras y dirigió un dedo directamente a su entrada. Sus sospechas eran ciertas, Jimin estaba segregando lubricante natural por todas partes, jadeando por necesidad. Cuando el primer dígito fue introducido, el mayor se mordió los labios reprimiendo sus grititos.

Jeongguk lo acalló besando sus labios de nuevo, moviendo su lengua contra la boca del mayor. Jimin se apegaba cada vez más al torso de Jeon, sintiendo los pectorales del menor pegarse a su camiseta debido al sudor y la poca distancia que mantenían. Deseó lamerlos como si fuesen de chocolate, pasar su lengua por cada curva en su pecho y abdomen. Jeongguk estaba jodidamente bien proporcionado, con su piel pálida pidiendo ser marcada a gritos, al igual que su fornido pecho, sus brazos venosos, sus hombros anchos. No había ningún lugar que no lo dejara sin aliento y para su suerte, el alfa era suyo, sólo suyo.

Jimin jadeó en la boca de su novio y dirigió su boca hasta la barbilla de este, depositando una mordida juguetona. El primer dedo ya había entrado en su totalidad, así que el alfa decidió curvearlo, buscando aquella protuberancia que sabía que, de manera sencilla, haría ver estrellas a su pequeño bebé.

Supo que la había encontrado al escuchar el largo y fuerte gemido que soltó Jimin, acompañado de su espalda curveada y su vientre contraído. Inmediatamente ingresó otro dedo y repitió el movimiento, sacando gritos de excitación desde lo más profundo del omega entre sus brazos. Movió los dedos de arriba hacia abajo contra la entrada de Jimin, sus paredes se contraían deliciosamente por la intromisión deseada de aquellos dos dígitos. El omega inconscientemente comenzó a llamarlo entre jadeos y gemidos. Lo necesitaba adentro, con rudeza.

Lo quería ya.

—Jeongguk, p-por favor.

—¿Por favor qué? —El alfa paró sus movimientos y Jimin gimió desesperado.

—S-sab-bes a lo que me refiero... ah, mierda.

—Pero quiero que lo digas.

Jimin se lo pensó durante un tiempo y suspiró. Su entrada se contraía por el parar de los movimientos de su novio y ciertamente estaba necesitado. Jeongguk amenazó con sacar sus dedos del interior de Jimin al no obtener respuesta, éste gimió en protesta y apretó su entrada para avisarle al menor que no lo hiciera.

—M-métela ya.

—Vaya, qué exigente me saliste —bromeó el menor justo antes de sacar sus dedos en su totalidad. Casi de inmediato los reemplazó con su miembro entrando lentamente al interior del rubio. Se sentía tan jodidamente apretado que ni siquiera pudo reprimir un gemido ronco de satisfacción.

Jimin ahogó un jadeo por el dolor que le causó la intromisión del más alto; se había desacostumbrado de manera considerable y no es como si el pene en sus adentros fuese precisamente pequeño. Trató de acomodarse tan sólo un poco para apaciguar la molestia en su entrada y sin querer, le sacó un gruñido al alfa, producto de la fricción entre su entrada y el miembro dentro de ella. No pudo evitar soltar una pequeña risita burlona, Jeongguk volvió a gruñir.

Sonrió cansino y tiró su cabeza hacia atrás, dándole una vista completa al alfa de su cuello sin marcas, a excepción de los rasguños que habían sido provocados por él mismo. La sonrisa del alfa se ensanchó y menos de un segundo, ya se encontraba repartiendo besitos húmedos, con la única intención de ayudarlo a sobrellevar la incomodidad producida por su propia intromisión.

Al pasar los segundos, Jeongguk pareció haber cumplido su prometido, y el ahora brincoteo sobre su miembro, no hacía más que confirmárselo.

—A-ah, t-tan grande —Fue lo único que pareció entender entre los gimoteos del más bajo.

Jeongguk afianzó su agarre contra las caderas de Jimin y empezó a mover su pelvis de arriba a abajo. Sus cuerpos se encontraban sudorosos y sensibles, tanto que Jimin gemía con el simple roce de su piel contra la del azabache.

Jeon dirigió su mandíbula hasta el cuello de Jimin y depositó una mordida en su manzana de Adán, lamiendo y dejando un recorrido de chupetones hasta su pecho. Una vez ahí, buscó con su lengua uno de los pezones de Jimin y sonrió al sentirlo erecto contra su boca. El omega gemía gustoso aumentando la rapidez de los brincos, moviendo sus caderas en círculos y jalando el pelo de su alfa con brusquedad.

Para ese momento ambos eran un desastre de jadeos, gemidos y gruñidos, tanto así que apenas y se dieron cuenta cuando la camiseta de Jeongguk había desaparecido y el mayor lamía con esmero toda la superficie de su fuerte pecho. El miembro del menor tocaba sin descaro aquel punto dulce, el omega sentía sus piernas flaquear. En la habitación tan sólo resonaban los incesantes gemidos de Jimin y la palabrería entrecortada que dictaba lo bien que su alfa lo hacía sentir. Jeongguk sólo podía responder con estocadas mucho más certeras, Jimin clavando sus uñas en sus hombros y culminando todo como una conversación entre sus cuerpos sudorosos, anhelantes del éxtasis que a este punto, no estaban muy lejos de conseguir.

Jeongguk paró las estocadas y gruñó al tener que salir por completo de la entrada de su tembloroso novio. Jimin cerró sus ojos cuando pequeñas lágrimas desesperadas comenzaron a surcar sus mejillas. Estaba caliente, jodidamente caliente y sensible. Quería correrse ya, pero Jeon no parecía querer abandonar la idea interrumpirlo y no estaba seguro de poder mantener la cordura durante mucho más tiempo.

Sintió como el susodicho lo alzaba y lo recargaba contra el escritorio de madera en esa esquina de la sala. Sus labios se entreabrieron con sorpresa.

Jeongguk comenzó a rozar la punta de su glande contra la entrada del rubio de manera lenta, tan sólo buscando desesperar al manojo de gemidos recargado en la mesa. Con brusquedad, apretó uno de los glúteos a su tacto y depositó una fuerte nalgada. Jimin gimió en protesta, pero no menos encantado por la acción.

—Jeongguk, b-basta, ugh.

El azabache sólo rió.

Y antes de que el omega pudiera decir algo, sintió como el miembro del más alto lo invadía de nuevo mientras su propio pecho se apoyaba contra la fría superficie de madera oscura.

Las estocadas de Jeongguk habían aumentado su rapidez mientras sentía cómo sus cortas uñas de clavaban en el contorno de sus caderas. El sonido de sus pieles chocando con rudeza, los gemidos de satisfacción de Jimin y el escritorio moviéndose por la fuerza de las estocadas de Jeongguk, eran sin dudas una melodía sumamente erótica. Los labios de Jimin estaban mordidos e hinchados gracias a él mismo. Sus ojos estaban cristalizados y de su boca salían débiles sollozos debido al placer. El cosquilleo en su vientre era desesperante y placentero, como una droga.

El alfa se acercó peligrosamente al oído del menor y dió una pequeña mordida, antes de susurrar con su voz ronca:

¿De quién eres?

Un delicioso escalofrío recorrió el torso de Jimin por completo. Casi maldijo por lo bajo, pero se dedicó a responder la pregunta del alfa, sin ahogar el gemido que lo abandonó.

—S-soy t-tuyo... mhmm.

—Más alto, bebé —gruñó en su cuello y depositó un beso húmedo que hizo a Jimin temblar.

—A-ah, soy tuyo, Jeongguk, t-todo tuyo.

Jimin se alertó al sentir como en su interior crecía el nudo de Jeon, así que buscó los labios del alfa y los besó con desesperación, antes de dirigir la mandíbula del menor al área de su vieja marca.

Jeongguk hincó sus dientes sin queja alguna entre el hombro y el cuello de su omega, renovando la marca una vez más.

El omega sintió su vientre contraerse en forma de espasmos corriendo por todo su cuerpo.

Ambos llegando al éxtasis en un mismo sonido, sintiéndose una misma carne.

El nudo en el interior de Jimin poco a poco fue perdiendo su volumen hasta desaparecer por completo. Los pechos de ambos hombres subían y bajaban con rudeza. Jeongguk salió con lentitud de la entrada del mayor y lo ayudó a reincorporarse en el escritorio, soltando una risa ronca acompañada de un suspiro cansino.

—E-eso fue...

—Fue increíble —completó el omega mientras su entrada comenzaba a contraerse hasta volver a la normalidad.

Jeongguk se subió los pantalones y cargó a su tembloroso omega de manera nupcial. Con cuidado abrió la puerta de la habitación de los dos y lo depositó delicadamente en la cama que, por cierto, era un desastre.

Se recostó junto al rubio y sin dudarlo ni un poco, habló.

—Minnie, esto es un desastre, bebé —arrugó la nariz—. Deberías aprender a controlarte más.

El mayor abrió la boca con indignación y la cerró, frunciendo el ceño.

—¡Maldito imbécil! Es tu culpa por ignorarme estando en celo, ahora no te quejes —se cruzó de brazos sentándose con la espalda recostada en el respaldar de la cama.

—Ya, ya, cálmate, bebé suci- ¡Ay!

Jimin golpeó el hombro del pelinegro y lo empujó.

Este, por el contrario, mostró su distintiva sonrisa de conejo y besó la frente del omega, pasando un brazo por su cintura y apegándolo a su cuerpo. Por inercia acomodó nuevamente sus lentes, que parecían no haberse caído en ningún momento. No supo por qué, pero la idea lo divirtió enormemente.

Jimin hizo un puchero y se refugió en el cuello de su alfa, sonrojándose al ver la cantidad de marcas recién hechas en la superficie. Jeongguk rió y olisqueó el cabello de su omega.

—Ggukie.

—¿Hmmm? —respondió adormilado. El aroma frutal que desprendía el cabello de Jimin era usualmente su droga luego de tener sexo.

—¿Sabes que no usamos condón, cierto?

—Mierda.

Y su mandíbula cayó al suelo.

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