Prólogo
Cuando era pequeña, adoraba las estrellas. Pasaba noches mirando el cielo, maravillada por su belleza. Era natural quedarse contemplándolas y preguntarse qué habría más allá. Me preguntaba si habría otros planetas como la Tierra y qué aspecto tendrían sus habitantes.
Era una ingenua.
Porque lo que vino de las estrellas era muy distinto a lo que imaginaba de niña. Las criaturas que invadieron el planeta eran fuertes, malvadas y despiadadas. Igual que los jinetes del Apocalipsis, conquistaron y trajeron guerra, hambre y muerte.
Ahora ya no miro las estrellas. Las temo por lo que vino de ellas y maldigo su belleza por haberme embrujado. Aun así, a pesar de la oscuridad que ha caído sobre nosotros, me niego a rendirme. Me niego a morir antes de que esa raza alienígena regrese a las estrellas de donde vino. Y si no puedo salvar a la humanidad, moriré en el intento.