Telepatía ✨
¿Hacer el amor por telepatía?
Gulf se preguntó qué clase de estupides era aquella que estaba tan de moda entre los estudiantes de su universidad.
¿Cómo era posible hacer el amor con alguien por medio de telepatía?
¿Era siquiera posible aquello?
Se negaba a creer que algo así fuera posible y atribuía aquello a una simple moda falsa y pasajera como todas las que se miraban en internet, y a la ridícula popularidad de una canción que le estaba dando la vuelta al mundo y que en su letra incluía hacer el amor por telepatía.
Entró al salón donde recibiría su segunda hora de clase y se dispuso a esperar a que el facilitador de la materia llegara, matando el tiempo leyendo mensajes que se intercambiaba con su apuesto novio, que en ése momento se encontraba fuera del país.
¡Lo extrañaba tanto, maldita sea!
Extrañaba los besos y las caricias que Mew le regalaba con tanto amor cuando estaban juntos. Y ni hablar de su apasionada compañía, sus suspiros y hasta la forma taciturna y calmada de su respiración.
Gulf extrañaba malditamente todo de su pareja, pero se negaba a comportarse como un novio tóxico y pedirle a Mew que dejara sus estudios en el extranjero y regresara con él. Eso jamás había estado en sus planes, puesto que fue él mismo quien lo había motivado a aceptar la beca de intercambio en el extranjero, aunque sabia que las consecuencias de la ausencia de Mew le pesarían mucho en el futuro.
Él nunca sería una piedra de tropiezo en la vida de su pareja.
Afortunadamente faltaba tan poco para que su novio regresara a Tailandia. Que regresara a él, a sus brazos que lo ansiaban como agua de mayo.
Y con eso en mente se dispuso a estudiar.
(...)
Cuando llegó a su departamento se encontró con con un paquete mediano frente a su puerta. Se acercó con curiosidad y leyó la dirección para asegurarse de que fuera la correcta, dado que en ocasiones anteriores los de paquetería confundían su dirección con la del vecino de al lado. Se sorprendió que fuera la suya, puesto que él jamás hacia pedidos por internet, sin embargó tomó la caja en manos y se adentró con ella para revisarla.
Tuvo la intención de bajar y preguntarle al portero sobre el paquete misterioso, pero desistió porque estaba muy cansado como para bajar 5 pisos de escaleras y volverlas a subir. Suficiente tenía con bajarlas cada mañana cuando se iba a la universidad y subirlas cuando regresaba. Hacerlo una vez más, con todo el cansancio del día, seguro que lo destruiría.
Eso, y que también era demasiado flojo para hacerlo.
Cuando entró dejó el paquete sobre la mesa de centro y se dirigió a su habitación. Se quitó el pesado abrigo, los zapatos y dejó el bolso con la computadora sobre la cama para luego se meterse a bañar.
Salió media hora después, con un semblante más amable y despierto, vestido con un pijama cómodo y calentito y sus amadas calcetas de Mew, su pókemon favorito. En cuanto llegó a la pequeña sala volvió a encontrarse con el misterioso paquete y suspiró indeciso sobre que hacer con él.
No podía ir donde su vecino y entregarle el paquete, puesto que allí claramente estaba su dirección, pero tampoco queria abrir dicho paquete porque no había nada más escrito en la caja. Ninguna dirección de envío, ni remitente de alguna tienda.
¿Qué carajos era todo aquello?
Envalentonado y curioso. Más curioso que envalentonado, se animó y fue a la cocina en busca de un cuter para abrir el paquete. Cuando estuvo de regreso en la pequeña sala cortó la caja y se encontró que dentro de ella había otra pequeña caja, pero lo que más llamó su atención fue un sobre rojo con letras doradas que estaba sobre la otra caja, y con los dedos temblando la tomó y desdobló para leerla.
Para; Gulf Kanawut
De; Mew Suppasit.
Mi pequeño Gulfie, cuando recibas éste paquete apresúrate a llamarme, y por favor, no abras la caja hasta que me hayas llamado.
Con amor, tu Pókemon favorito.
Sin darse cuenta, unas cuantas lágrimas rebeldes ya habían escapado de sus orbes castañas y habían hecho un corto recorrido desde sus ojos hasta morir en sus belfos mullidos. Y sin pensarlo más, tomó la cajita que venía dentro del paquete y corrió a la habitación para llamar a su novio.
Cuando estuvo en su cama se apresuró a encender la computadora y hacerle una video llamada a su novio, sin importarle que Mew tuviera 8 horas de diferencia con él. Pensó que no respondería, pero para su suerte su llamada fue atendida después del segundo Peep.
Decir que Mew Suppasit era guapo era decir lo obvio, más no toda la verdad. Mew no solo era atractivo, también tenía una personalidad ridículamente sexy y un porte varonil que hacía juego con todo su ser. Era alto, de cabello castaño claro y con ojos color miel, y sumado a todo eso también tenia un cuerpo perfectamente trabajado. Sólo hacia falta ver sus caderas escurridas para darse cuenta de que ese hombre era descendiente directo de Hercules. No había explicación más lógica para la belleza agraciada del guapo moreno de mandíbula afilada y nariz aquilina.
Gulf por un momento olvidó como respirar cuando se encontró con la imagen de un Mew con el cabello mojado y el torso desnudo. Instintivamente el bulto bajo sus bóxers se removió inquieto ante la imagen y su trasero se contrajo con necesidad.
— Hola, cariño — saludó el moreno al otro lado de la pantalla, sacando a Gulf abruptamente de su ensimismamiento.
Gulf tuvo que reprimirse un gemido para no quedar avergonzado frente a su pareja.
—... H-hola, cielo — saludó de regreso, y tragó saliva ante la imagen de Mew sonriéndole con cariño.
¡Demonios! Ese hombre aún lo volvía tan loco y hormonal como en su adolescencia. Gulf nunca supo el secreto de Mew para gustarle tanto y excitarlo a niveles desproporciónales como lo hacía. Estaban juntos desde secundaria, ya habían pasado 5 años y él seguía fantaseando sexualmente con su novio en sueños húmedos porque lo volvía completamente loco de placer.
Y ni hablar del profundo amor que sentía por él... Ese amor que era el detonante de todos los estragos que Mew causaba dentro de él.
— ¿Sucede algo, Gulf? — indagó el moreno cuando se percató del extraño comportamiento de su novio.
Gulf suspiró, apartó todos los pensamientos que inundaban su cabeza y regresó a la realidad.
Su realidad.
— ... Yo... yo acabo de recibir tu paquete — dijo al fin.
Mew sonrió con picardía y eso definitivamente no pasó desaprecibido para Gulf.
— ¿Aún no lo has abierto, verdad? — preguntó.
Gulf negó.
— Está totalmente sellado — aseguró.
— Bien — contestó Mew, mientras se movía a través de su habitación y se acomodaba en su cama, todo bajo el escrutinio de la mirada de Gulf —. Abrelo ahora — ordenó con la voz ronca, haciendo que el cuerpo de Gulf temblara ante el barítono.
Y así lo hizo. Abrió la pequeña caja bajo la mirada de un Mew que sonreía ladino, y se encontró con una caja aún más pequeña pero pesada. Rompió la envoltura molesto, pensando que tal vez se trataba de una broma de muy mal gusto por parte de su novio, pero cuando estuvo dispuesto a protestar se encontró con que la caja era el empaque de un juguete sexual...
¡Un juguete sexual!
Gulf estaba sorprendido, tanto que no se animaba a sacar lo que había allí dentro.
— Termina de sacarlo — escuchó que dijo su novio al otro lado de la pantalla, pero él aún se sentía muy tímido para hacerlo.
¿Qué se suponía que haría con eso?
¿Acaso Mew quería molestarlo con ello?
Pero era un juguete sexual, no era algo por lo que tenía que molestarse con su novio que actualmente vivía a cientos de kilómetros de distancia.
—... ¿Por qué me envías esto? — se atrevió a preguntar con timidez.
— Porque se que me extrañas — contestó Mew —. Además ese no es cuanquier juguete... Es un juguete especial para parejas que viven a larga distancia como nosotros. — explicó en un tono sereno—. Yo tengo una parte y tú tienes la otra.
Gulf suspiró y terminó de sacar el juguete de la envoltura.
Al principio no entendió bien de que iba todo aquello, pero cuando leyó las instrucciones del manual todo tuvo sentido. Sus mejillas se sonrojaron y su cuerpo ardió en deseo que quemaba desde lo más profundo de su ser.
— La otra parte del juguete es igual a esta? — preguntó Gulf, sacándose la camisa del pijama, porque de pronto el clima dentro de su habitación se había calentado.
Mew sonrió ante la imagen de su pequeño Gulfie desnudándose para él.
— No, no es igual — dijo —. Verás, el juguete consta de dos partes que se complementan solo cuando están lejos. Tú tienes un vibrador de bala que se conecta a un dispositivos mediante un código, y yo tengo un anillo que se conecta igual. Desde mi teléfono puedo controlar las vibraciones y los niveles de tu juguete y tu puedes hacer lo mismo con el mío, y es cómo estar follando, pero a la distancia.
Gulf boqueó sorprendido con todo aquello, pero sin duda estaba más que curioso y ansioso por jugar.
—.... Entonces, ¿te gustaría jugar ahora? — inquirió con las mejillas de un fuerte carmesí.
Mew se lo quería comer a través de la pantalla.
— ¡Juguemos! — aceptó sin dudarlo.
Gulf corrió al baño y limpió correctamente el juguete como había leído en el manual, luego regresó y buscó su teléfono celular para buscar el código y mandárselo también a su novio. Mew hizo lo mismo con su juguete.
Una vez hubo regresado, Gulf se despojó del resto de su pijama y quedó totalmente desnudo frente a la pantalla de su computadora. Mew tragó seco ante la sensual y acalorada imagen de su pareja desnudo. Él estaba desnudo cuando iniciaron la llamada, puesto que acababa de salir de bañarse, por lo que solo tuvo que quitarse la toalla y tirarla a algún lado de la habitación.
— ¿Qué debo hacer ahora, papi? — indagó Gulf, entrando en ese personaje sexual que a Mew tanto lo ponía duro.
Y definitivamente ya lo estaba. Su pene estaba tan duro y puesto como una roca, deseoso de explorar ese cuerpo lampiño y sedoso que le fascinaba.
— Juega con tus pezones — ordenó el moreno, mientras acariciaba con tranquilidad su propio miembro ya despierto.
Gulf lo hizo.
Comenzó bajando sus dedos romos por su pecho blanquecino hasta que llegó a sus pezones rosados y duros. Tembló ante el primer toque pero se acostumbró al poco tiempo. Mew estaba hipnotizado con la bella imagen de un Gulf gimiendo mientras se acariciaba sus botones erectos.
Su pene brincaba por acción y atención.
«A kilómetros estamos conectado y me prendes aunque no me estés tocando», pensó Mew, pero decidió no decirlo en voz alta, porque sabía lo mucho que su novio odiaba ésa canción.
Gulf siguió con su faena pero ya no le era suficiente con acariciar sus pezones, él quería más.
¡No! ¡Él necesitaba más!
—...¿Te gusta lo que ves?~ — medio gimió, obteniendo un jadeo afirmativo de regreso como respuesta.
Obviamente a Mew le gustaba lo que veía. ¡Lo ponía tan caliente!
— Baja tus manos un poco más — ordenó el moreno con voz profunda y rasposa.
Aquello caló hasta lo más profundo en los huesos de Gulf. El timbre de un Mew excitado simplemente estaba fuera de su sensatez.
Bajó la mano suavemente acariciando su piel inmaculada hasta que llegó al tronco de su pene despierto. Sintió mariposas trastornadas en su estómago cuando sus dedos fríos rosaron la delicada piel de su miembro, y no se contuvo más... Gimió tan alto que tuvo que acallar sus propios sonidos para que sus vecinos no lo pudiera escuchar.
Mew sintió su propia hombría temblar ante los sonidos obcenos que abandonaban los labios afelpados de su pareja, y cuando se dió cuenta, de la punta de su pene robusto ya escurría una lágrima blanca de deseo.
Se estaba mojando con solo escuchar a Gulf gemir.
Era un maldito enfermo... Y le encantaba.
— Aaagh~ esto es tan bueno, papi — continuó Gulf, acariciando desde el tronco hasta la punta de su dureza con movimientos repetitivos y suaves —... Quisiera chupártela ahora mismo — confesó, perdido en su excitación, sin darse cuenta de lo que decía —. Quisiera tener tu gran pene atorado en la garganta — continuó, sin dejar de acariciarse a si mismo. Mew lo escuchaba atento —. Quisiera sentir la fuerza y el peso de tus grandes manos masculinas sobre mi cabeza mientras guías los movimientos de mi mamada... Quiero sentir el semen caliente salir de tu pene directo a mi boca y tragármelo como al más delicioso manjar... Quiero sentirte tan dentro de la garganta que tenga dificultades hasta para pensar... Quiero comerte entero, papi — culminó, acelerando considerablemente la velocidad de sus movimientos.
Mew estaba pálido ante las sucias palabras de su chico, y no se podía negar que él deseaba exactamente lo mismo. Quería sentir la boca húmeda de su pareja sobre la piel sensible de su pene duro. Quería follar su boca sin ningún tipo de lástima. Quería jalarle de sus cabellos cuando su corrida estuviera cerca y alinear su hombría en los labios ajenos para escurrir su néctar dulce y verlo desaparecer hasta el fondo de su garganta.
¡Él malditamente lo quería!
— Mmmh ~ eres un gatito travieso, mira lo que me has hecho — jadeó, señalando su miembro engrosado.
Gulf se relamió los labios ante la imagen.
—N-no lo soporto más, papi, me voy a venir — chilló el menor de ambos.
Pero Mew no podía dejar que se corriera todavía.
— Es hora de usar el juguetito, bebé — dijo —. Introdúcelo en tu cavidad y desde aquí activaré los niveles de vibración. Yo haré lo mismo con mi juguete.
Dicho lo dicho, Mew se colocó el anillo en el pene y esperó paciente a que Gulf introdujera el suyo en su cavidad rosada. Mientras esperaba disfrutó de la imagen de su novio dilatando el anillo de músculos entre sus nalgas blanquecinas. Se le hizo agua la boca y sintió envidia de los dedos de Gulf cuando estos se adentraron en él y rompieron la zona con delicados movimientos de tijera para expandirlo lo suficiente.
Pudo ver como el lubricante cumplía su función y facilitaba la intromisión en el agujero de Gulf. Aquellas falanges se movían con astucia allí dentro. Entrando y saliendo repetitivamente de manera parsimoniosa.
¡Eso ya era demasiado para él!
Cuando Gulf al fin hubo introducido el juguete en su interior Mew sonrió ladino.
¡El juego acababa de comenzar!
Los niveles de vibración del juguete iban desde el Soft hasta el Hard y unos cuantos intermedios que Mew no planeaba usar porque sabía que a su pareja le gustaba rudo y sin ninguna consideración.
— ¿Estás listo para jugar ahora, bebé? — preguntó, para asegurarse que su pareja estuviera lista.
— Oh si~... — obtuvo como respuesta, y eso le fue suficiente.
Subió del Soft al Gentle en una pulsación y pudo ver a través del rostro contraído se su pareja que lo estaba disfrutando, pero aún así no era suficiente.
Gulf, definitivamente, quería más.
El pequeño Gulf tomó su celular y subió el nivel en la pantalla, y Mew sintió como el anillo en su pene comenzó a vibrar de manera suave pero deliciosa. Eran como pequeños besos alrededor de su extensión, lo que le pareció muy rico y lo suficientemente bueno para iniciar el juego.
Gulf acariciaba su propio pene con movimientos amenos, mientras que utilizaba su otra mano para masturbar su cavidad al ritmo de las vibraciones. La sensación era exquisita, comparado a sus dedos fríos dentro de él, pero sin duda el pene de Mew se sentía muchísimo mejor dentro de su agujero. Aquello no tenía comparación, pero mientras su pareja regresaba a su país, le pareció que el juguete cumplía muy bien con su función que era dar placer.
Sintiendo que Gulf ya estaba listo para seguir al siguiente nivel, Mew subió la intensidad de Gentle a Mild, logrando que su pareja comenzara a gemir de manera acelerada y que el movimiento de sus propias estocadas también incrementara.
No tuvo que esperar mucho para que Gulf también subiera el nivel de su juguete y aquello lo tomó tan desprevenido que tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no correrse allí mismo ante la sensación exquisita. Ese nivel se sentía aún mejor que el anterior. Mew casi podía jurar que replicaba perfectamente la penetración anal. Él podía sentir su pene apretarse como cuando entraba en la cavidad de su novio y como una corriente eléctrica subía desde el tronco hasta su punta roma, al igual que cuando terminaba por adentrarse en su pareja.
¡Que deliciosa sensación!
— Aaaagh ~ tan bueno — se atrevió a gemir, sin importarle que sus compañeros de piso pudieran escucharlo. De todas maneras pronto regresaría a su país y no volvería a verlos, por lo que no tendría nada de que avergonzarse más tarde.
— Mmmh ~ es delicioso, papi — estuvo de acuerdo Gulf. Pero él necesitaba más de aquello, él quería ir hasta la última intensidad del aparto y saciar su necesidad de correrse.
Y como si Mew pudiera leer sus pensamientos, subió de Mild, pasando de Silky, subdued hasta llegar a Hard, el último nivel.
Y fue en ése nivel que Gulf empezó a disfrutarlo realmente. Blanqueó sus ojos sintiendo como dentro de su cavidad anal el aparato vibraba de manera enloquecida, brindándole una clase de placer inexplicable a su cuerpo, a su necesidad de sexo. Él también hizo lo mismo con el juguete de su pareja y subió todas las velocidades hasta llegar a la última, y vió a través de la pantalla de su computadora como Mew lo estaba disfrutando al igual que él.
— Aghh ~ — fue lo único que fue capaz de articular Gulf, porque estaba demasiado perdido en el placer. Acariciándose a si mismo, masturbando su miembro doliente y autopenetrandose con el juguete que lo estaba llevando al cielo y al infierno mismo.
Todo dentro de él se removía de placer. Su cuerpo gozaba la sensación de estar siendo invadido por aquel aparato, y ni hablar de sus sentidos... En algún momento se olvidó de todo a su alrededor y se soltó a gemir sin guardarse nada para si mismo. Gritaba, pedía más y sollozaba cuando su ano era golpeado por las repentinas ondas electrónicas que subían desde su espalda baja y se esparcían por el resto de su cuerpo.
¿Hacía cuánto no disfrutaba de algo así?
¡No lo sabía a ciencia cierta, y tampoco le importaba!
Ese momento estaba reservado solo para disfrutar y no para pensar en nada que no fuera él y su pareja haciendo el amor por medio de una pantalla.
Entonces un click llegó a su cabeza, llevándolo a entender por fin la letra de la canción que tanto odiaba...
¿Y si hacer el amor por Telepatía se refería a lo que estaban haciendo Mew y él en ese momento y no de manera literal?
Entonces todo tuvo sentido...
«A kilómetros estamos conectando, y me prendes aunque no me estés tocando», pensó.
La canción fácilmente podía describir esa precisa escena;
«La luna está llena y mi cama vacía... Lo que yo te haría, si te tuviera de frente la mente te la volaría, de noche y de día»... Y con eso en mente Gulf se corrió placenteramente sobre su mano y su estómago.
Abrió los ojos, que no sabía en que momento los había cerrado, y fue testigo del momento exacto en que su novio se corría en compañía de un gemido ahogado.
El par de ojos se encontró con los otros a través de la pantalla y se sonrieron. Mew retiró su juguete y Gulf hizo lo mismo con el suyo.
Mew estaba sudado y traía el pelo revuelto, Gulf también estaba hecho un desastre, pero no le importaba en lo absoluto.
Con cariño siguió viendo a su pareja y dijo;
— Quién lo diría, que se podía hacer el amor por telepatía...
Mew sonrió, y sintió como su corazón se derretía de amor por ese precioso chico.
Habían hecho el amor por Telepatía.
(...)
Pd; el juguete no existe, me lo acabo de inventar yo, ¿pero apoco no estaría súper que existiera uno así?
Cualquier cosas lxs demando por plagio jajajaja :$
Lxs quiero —Cecihappy.