Archivo #4565

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Sinopsis

El diario anónimo de un adulto que desprecia,

Genero:
Thriller/Other
Autor/a:
Arielle V.N
Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Cap 1


Archivo #4955

Registro de un diario anónimo


junio 13.

Sé que podría salir corriendo y comerme el mundo entero, sin pedirle disculpas a nadie. Ya he hecho cosas semejantes que han puesto mi propia vida en riesgo. A quién verdaderamente le importan las cosas si no son relacionadas al dinero, al sexo, o comida. Me compré esta libreta cosida negra y una pluma en el pueblo. Desde acá, sentado en una banca negra y apestosa, puedo ver las caras muertas de toda la gente que me acorrala cerca del mar. Puedo ver en sus caras que este es su único momento de felicidad de la semana. Por eso decidí vivir acá, sobre el río en una casa de madera con una lancha y nada más. Me tienen podrido los visitantes, la muchedumbre, la mierda que existe dentro del ser humano y por eso mismo he decidido alejarme. Al menos solo tienen tiempo de venir los fines de semana. Así es. Creo que a Rosa no le intereso. He perdido el sentido del humor.

junio 14

Pronto será el cumpleaños de mi madre. No la he visitado desde que me fuí del lugar donde vine. Hubiese cumplido 47. Mi madre me tuvo muy joven, pero de eso no quería hablar hoy. He decidido concentrarme en lo positivo. He decidido cambiar, y creo que este cuaderno me ha ayudado. Ahora puedo reflexionar escribiendo, lo cual me hace pensar dos veces las cosas. Al hablarlas la verborragia podría ser fatal. Hoy salí. Tomé una caminata de 4 kilómetros por la arena y procedí a empalagarme un pescado con arroz y mucho limón en la tienda de un amigo. Conversamos de lo común. Todo es lo mismo. “Te estas engordando, cuida esa panza que nunca desaparecerá”. “Tráeme un jugo de maracuyá”, le dije en tono grosero. Fue hacia la cocina y no regresó más. Cada vez las personas en mi vida van desapareciendo, incluso uno de los 4 restaurantes abiertos en el pueblo. ¿Por qué todos me odian? No entienden que la vida que he cargado es un peso gigantesco. No saben, porque ellos, y sus familias felices, duermen abrazados bajo la luz tenue de la televisión que los conduce al cielo.

junio 17

El cigarrillo me cuelga de la boca. Está por la mitad y lo he mantenido mientras agarraba la libreta. Por la mañana he decidido lanzarme en el vacío de mi cama y mirar a la distancia todos aquellos libros que por 10 años me acompañaron hasta aquella noche y aquel paciente y aquella mujer que gritaba insoportablemente. Y aquel ruido que me chirriaba en los oídos, y la luz blanca. Recuerdo a la maldita asistente insensata, estúpida, imbécil. Ya. Se acabó el cigarrillo. Puedo respirar mejor pero ya no siento colera. Tal vez si todo fue mi culpa. El recuerdo del corazón sangrante y abierto perduró hasta la tarde. Nadé en el frío rio. El castigo en mi piel. Por un momento pensé en ahogarme. Que tonterías. El recuerdo había desaparecido para el momento en el que llegué a casa a darme un baño y cenar. ¿Pero mi pregunta precisa es cómo, exactamente, planeo borrar este horroroso y terrible recuerdo? Encenderé otro cigarrillo y dormiré. Mañana vendrá Lucía. Recuerdo su cara ovalada. Recuerdo sus ojos negros. La recuerdo con un cariño especial, me hubiese casado con ella maldita sea.

junio 18

Lucía vino en un coche nuevo. El mío, que antes era considerado sobrevalorado, ahora es una camioneta roja que sirve para comprar comida y visitar bares, tal vez. De vez en cuando, para cortar árboles pequeños y me gusta llevarlos atrás. Mi cuarto de 4 esquinas. 4 árboles. Lucía estaba preocupada por mi. Me hizo muchas preguntas. Por eso dejé de salir. La gente solo hace preguntas y habla sin parar. La vi hermosa, en mi sillón, su pelo negro, largo, sus mejillas rosadas eran mas importantes que su consternación de que no le haya respondido a nadie, con la excepción de unos cuantos, desde ese evento que precisamente me hizo terminar acá. Hace ya 4 meses. “Puedes empezar de nuevo.” “Tengo un amigo que podría ayudarte a conseguir algo.” “No mereces alejarte y destruirte.” Decía la pobre, quien no sabía que mi decisión había sido igual de terminante que la de Dios y el diluvio. Antes de irse Lucía me confesó que le hubiese gustado muchísimo que no haya tomado la gran decisión irracional (en menos de 2 días) de venir a vivir en este gran desierto de agua.

Voy por mi quinto vaso de ron. Si solo hubiese asentado con la cabeza tal vez hubiese podido al menos besarla, tenerla en mis manos, poseerla. Me arrepiento. En el fondo todo hubiese sido una mentira, pero el calor humano, ay mierda, el calor humano me hace tanta falta. Lucia en mi cabeza. El corazón palpitante está abierto en mi cabeza. Veo mi título de doctor tirado en una esquina; como si hubiese tirado una media sucia y apestosa.

Si tal vez…. Si tal vez hubiese….

Si tal vez no hubiese bebido…

Si tal vez no hubiese bebido, la maldita paciente seguiría viva.