Única Parte.
── ── ── ♥ ── ── ──
Sol, paletas y arcoíris.
Todo lo que es maravilloso, seguro que se cruza en tu camino
Cuando amas quedarte.
Sol, paletas y arcoíris.
Todo lo que es maravilloso es lo que siento cuando estamos juntos.
Más brillante que un centavo de la suerte.
Cuando estás aquí las nubes oscuras desaparecen.
Querido, y me siento tan bien
Solo con saber que eres mío.
— Sunshine, Lollipops and Rainbows de Lesley Gore.
── ── ── ♥ ── ── ──
Seúl. Viernes 1 de abril de 2022. 4 p.m.
Un día brillante debería ser de buen augurio. Lastimosamente, este no era el caso.
Sunshine, Lollipops and Rainbows de Lesley Gore ha sido colocada en la pantalla plasma del televisor. La voz melodiosa de la mujer muerta inundaba todo el lujoso salón principal. Do KyungSoo bailaba alegremente al ritmo de la música, balanceando su cuerpo suavemente, pues en sus brazos cargaba a su hermoso bebé Ahn Suk, de tan solo un año de edad. Ahn Suk era precioso, su piel lechosa bien cuidada, sus negros ojos inmensos que miran con curiosidad a quien se le acerque, sus mejillas gorditas que, si no fuera por KyungSoo, JongIn las apretaría con delicadeza. El bebé trajo mucha alegría al matrimonio Do-Kim, no solo por su hermosura, sino porque ellos realmente anhelaban un hijo, sobre todo KyungSoo.
Cuando Do cumplió ocho años, tuvo un hermanito. Muchos infantes pueden sentirse celosos por la llegada de un bebé, pero con KyungSoo ese no fue el caso. Él adoraba a su hermano. Así que, ayudó a su madre y a su padre a cuidarlo, incluso cuando sus progenitores le decían que no era necesario. Años después un primo tuvo una hija y KyungSoo también ayudó. A nadie de la familia le sorprendió que haya terminado siendo profesor de inicial. Las demás personas sí le preguntaban el motivo. La respuesta de KyungSoo era sencilla: “Los adolescentes te mandan a la mierda, los bebés solo llorarán”. Detrás de la corta respuesta hay mucha historia. En realidad, no es que KyungSoo tuviera una fascinación extraña con los bebés, más bien le gustaba ser sociable y gentil. A lo largo de su vida se había incorporado a organizaciones que luchaban por ciertas minorías, incluso fue voluntario en la ONU y en UNICEF. Sin embargo, mirando ese largo camino lleno de ayuda humanitaria, concluyó que ayudar y enseñar a los más pequeños podría marcar un cambio significativo, pues como mencionó Raffi Cavoukian: “Si cambiamos el comienzo de la historia, cambiamos la historia entera”.
KyungSoo estudió Educación Inicial y se desempeñó en el centro Kids Place. Ahí ejerció acompañamiento temprano a madres y padres, quienes le veían con asombro. Más de una persona le preguntó, sí tenía algún hijo o hija. KyungSoo negaba con la cabeza, fingiendo una sonrisa para no incomodar a las personas que tan solo eran curiosas. Tenía pareja, pero ambos habían acordado que todavía eran muy jóvenes para convertirse en padres. Querían esperar un tiempo más. Así que, KyungSoo se repetía que no debería estar deseando un hijo, debería estar contento de estar realizando algo que le fascina: ayudar a las familias y a los decisivos tres años de vida del vástago. Pero cada día que veía a una familia feliz, deseaba tener su propia familia feliz. Quizá llevaba puestos unos lentes rosas que producían que observara felicidad pura en aquellas familias. Con el pasar del tiempo, KyungSoo subió de niveles, ejerciendo también en la sección pre-inicial e inicial. Cuando se encontró en el último nivel mencionado, un día de verano muy caluroso, una mujer carismática le preguntó en sí tenía su propia familia (es decir, una pareja y, probablemente, un hijo). Ante la temida y repetitiva pregunta, por fin pudo responder “sí” y la sonrisa que acompañó el monosílabo no fue falsa.
Conoció a JongIn en la universidad, aunque no estaban en la misma carrera ni compartían alguna clase. Se encontraron en el club de cine. KyungSoo entró no porque fuera un cinéfilo, sino que el chico que usaba un disfraz de oso y que repartía volantes acerca de lo genial que era el club de cine cayó sobre él. La gran cabeza de oso salió rodando y el chico moreno que se encontraba bajo el disfraz lucía muy apenado. El joven no dejaba de tartamudear disculpas e inclinarse una y otra vez, su rostro tornándose rojo. La situación no solo era bochornosa para el moreno, sino también para el blanquecino. A KyungSoo no le gustaba tener tantos ojos curiosos sobre él, así que le pidió al muchacho que cesara sus disculpas y aceptó ir al club. Claramente, se arrepintió a penas, se comprometió, pero le daba más vergüenza rechazar la oferta. Debería aprender a decir “no”.
—¡JongIn! —Se presentó el chico oso. ¿Por qué usaba un traje de oso? Nadie lo sabe.
—KyungSoo... —Murmuró mientras el chico se levantaba de encima de él.
—Es este viernes... ¡Veremos una gran película! ¡Es Psicosis de Alfred Hitchcock! —JongIn estiró sus brazos, mostrándole sus manos a KyungSoo para que éste las tomara.
—Está bien.
KyungSoo no tenía la menor idea de quien era Alfred Hitchcock ni en que se estaba metiendo. Pero cuando llegó el viernes y siguió las instrucciones del folleto que JongIn le había entregado luego de ayudarle a pararse, quedó encantado. La película le había gustado y escuchar a las demás personas presentes que se notaba sabían de cinematografía, no solo le confundió, sino que le llamó la atención. Era un nuevo mundo atrayente, casi tan cautivante como la sonrisa de JongIn. KyungSoo no solamente descubrió su interés por las películas, sino también por el chico moreno que amaba los osos. Y mientras estaba sentado en ese pequeño salón, escuchando a los demás hablar de la película, él fantaseó con JongIn sin creer que en algún momento llegarían a estar juntos.
KyungSoo se volvió un miembro de club de cine y él no fue el único que aprendió algo nuevo. JongIn conoció acerca de la importancia y el por qué tanta dedicación con unos bebés. Al parecer todo en lo que nos convertimos en la edad adulta tiene directa relación con lo que hemos vivido en la primera infancia. JongIn jamás había prestado atención a ello, las familias no eran mucho de su interés. No era cercano a sus progenitores ni a su hermano mayor. En cambio, las películas eran totalmente su estilo. Podía imaginar cualquier cosa y trasmitirla audiovisualmente. Solo debía ser creativo, algo que debía admitir su familia poseía en demasía. Los Kim a pesar de no ser unidos, tenían en común la tremenda imaginación que se cargaban.
Y aunque JongIn no era fanático de las familias, su concepción fue cambiando gradualmente mientras más tiempo pasaba con KyungSoo. Claramente, sabía que el chico menor deseaba una familia, incluso si no lo decía directamente. Eso fue lo que frenó a JongIn los primeros años en que se dio cuenta de su enamoramiento. No podría pedirle a KyungSoo ser su pareja, sabiendo que sus opiniones eran distintas respecto a las familias. Bien, quizá JongIn no debería pensar que su relación con KyungSoo fuera a ser tan duradera, pero realmente sentía una conexión especial con el bajito. Su enamoramiento le impedía hacerle daño a KyungSoo. No sería capaz de llevar una relación formal y larga que termine abruptamente cuando el chico le pida formar una familia. No, no quería hacer eso. Probablemente, debería ir a un especialista a consultar acerca de sus traumas familiares, pero él no conocía mejor terapeuta que las películas. Quizá consumió muchas, produciendo que su vida se convirtiera en una.
Porque todo sucedió como en una película. Inicio, nudo y desenlace. El inicio de su romance con KyungSoo fue lo más romántico que a JongIn se le ocurrió. Se disfrazó de un oso, al igual que la primera vez que vio a KyungSoo, y le entregó cartas, chocolates, globos y flores. Todo ello durante una semana. Todos en la universidad, incluyendo a los profesores, se preguntaban que carajos estaba pasando, pero nadie parecía enojado: ¡viva el amor!, decían soltando risitas y deseando que algo así les sucediera. Todos quieren un amor de película, pero de las lindas y cursis, no de las dramáticas y sufridas. El nudo de su historia de amor se dio varios años después. Acabaron satisfactoriamente sus carreras. JongIn se había graduado de Comunicación Audiovisual, mientras que KyungSoo de Educación inicial. Tuvieron suerte de encontrar empleos y de mantener una sana convivencia en el departamento que consiguieron. Su vida amorosa era el paraíso y la cereza llegó después de una larga espera. KyungSoo se embarazó, JongIn lloró de alegría, KyungSoo continuó trabajando, JongIn se esforzó para conseguir un mejor puesto laboral —ya no quería un departamento, quería una inmensa casa—. Y lo que siguió debió haber sido miel sobre hojuelas. Las únicas lágrimas que KyungSoo tuvo que derramar era la de ver a su bebé recién nacido, tan parecido a JongIn y a él. JongIn tuvo que haber conseguido ese puesto superior y ganar un dineral para su nueva casa.
Esas situaciones no se dieron. No por completo.
Nuevamente en el presente, con KyungSoo danzando delante del televisor y cargando al lindo bebé envuelto en mantas de ositos, todo parece ser perfecto. KyungSoo mira hacia su esposo, quien se encuentra sentado en una de las sillas de caoba con diseño antiguo, sonriendo bobamente. KyungSoo mueve su cabeza hacia un costado susurrando: “ven”. JongIn no puede negarse a los pedidos de su amado. Ambos bailan en el gran salón mientras la voz de la mujer se repite una y otra vez, pues KyungSoo tiene el control remoto y cada que acaba, vuelve a poner la canción de poca duración. Es como un mantra que le obliga a ser feliz, que tiene el poder de cambiar todo lo que le rodea y ver exactamente lo que él quiere. Ambos bailan encima de una nube de alegría, tarareando el ritmo y murmurando la letra entre ellos. El bebé mira a sus padres y sonríe adorablemente, mostrando sus dientecitos. KyungSoo apoya su cabeza en el pecho de su esposo, haciéndole muecas graciosas a su bebé que no para de reír. JongIn y KyungSoo se balancean ya sin seguir fielmente el ritmo alegre de la canción.
—Así es como me siento cada vez que estoy contigo: todo es sol, paletas y arcoíris. —KyungSoo murmura.
—Cursi. —JongIn deja escapar una risita, pasando sus brazos por la cintura de su esposo, dándole un abrazo de oso.
Y ellos continuarían bailando pegaditos, si no fuera porque alguien ha retirado de la mano de KyungSoo el control remoto y ha apagado el televisor.
KyungSoo clava su mirada en la joven que le sonríe con inocencia, pero que ha sido la causante de que la música se detuviera.
—Hay alguien que quiere hablar con todos, Kyunggie. —Ella explica con un tono suave.
KyungSoo abulta sus labios, voltea su rostro hacia su esposo para hablarle, pero nota que éste tiene la mirada puesta en algo o alguien. KyungSoo observa en la misma dirección, encontrándose a un hombre ligeramente más alto que él, con el cabello rojizo y utilizando un saco blanco con bordes rojos. A KyungSoo automáticamente le desagrada ese sujeto. Va a protestar y a exigir ser escoltado a su recámara, pero antes de poder hablar, el hombre pelirrojo pronuncia:
—Buenas tardes, residentes de Sunshine. Soy el doctor Byun BaekHyun y estaré con ustedes todo este mes.
Entonces, la fantasía desaparece. Todo lo rosa se desvanece, como si la pintura de las paredes se estuviera resbalando y dándole la bienvenida a las paredes blancas sin ninguna decoración. No es un salón de una lujosa casa, sino el salón principal del centro psiquiátrico Sunshine. Park Sooyoung, la joven que apagó el televisor, no es una empleada doméstica, sino una enfermera. Y no se encuentran solos en el salón, hay muchísimas personas más sentadas alrededor o apoyadas en las columnas, todas viendo al doctor Byun BaekHyun.
—¿Es un nuevo enfermero? —JongIn inquiere en voz baja.
—No. —Sooyoung niega, frunciendo levemente el ceño. —En realidad, nadie del personal sabe qué hace con exactitud aquí. El jefe Kim JongDae lo admitió únicamente por un mes y sin paga, lo cual es sumamente extraño.
—¿Habrá que mantener un ojo en él?
—No creo que cause disturbios.
—A mí no me agrada. —KyungSoo se incluyó en la conversación, dando su simpática opinión.
—Yo tampoco te agradaba, Kyunggie. —Sooyoung susurra, acariciando los cabellos negros del chico, el mismo chico que se había ganado el corazón de las enfermeras, enfermeros, doctores, doctoras e incluso del personal de limpieza y de la cafetería.
—Tú quisiste llevarte a Ahn Suk. —Acusó.
—Fueron órdenes de mis superiores. —Se defendió, siendo capaz de mantener un tono calmado.
Y su pequeña conversación de chismosería hubiera continuado si el enfermero Shin Hyoseob no hubiera llamado a la chica. Ella se retiró del salón junto al enfermero Shin y el doctor Byun.
—Sooyoung es muy despistada. —KyungSoo dijo mientras caminaba hacia el carrito del bebé.
—¿Por qué lo dices? —JongIn observa como Ahn Suk es colocado en la carriola y se coloca detrás para empujarla.
—Se llevó el control remoto.
El moreno no puede evitar reír.
—Vamos al jardín. —El bajito propuso. Bueno, más bien, indicó, pues no esperó respuesta de su esposo. Tan solo caminó hacia la salida, sabiendo que su esposo lo seguiría.
JongIn siempre apoyaría sus decisiones.
Ah, ¿Qué cosa no haría JongIn para complacerlo?
Mientras ellos caminaban por el pasillo hacia la puerta que da al jardín lleno de árboles y flores, vieron como Sooyoung, Hyoseob y BaekHyun se adentraban en una oficina.
—Entonces, ¿usted quiere evaluar a los pacientes? —Sooyoung preguntó en un hilo de voz, intentando procesar la escasa información que el doctor Byun estaba dispuesto a darle.
BaekHyun no es cualquier psiquiatra. Él es uno de los mejores. Y eso es lo que tiene a Park tan sorprendida. ¿Por qué un médico de renombre trabajaría gratis? BaekHyun no parecía la persona que trabaja por caridad. Quizá lo estaba prejuzgando erróneamente. Pero había escuchado hablar mucho de ese hombre que rozaba los cuarenta.
Era un psiquiatra costoso y discreto, generalmente atendía personas ricachonas de las cuales sus familias no querían que nadie se enterará lo que sea que la persona en cuestión estuviera enfrentando. Él era discreto en no revelar a quiénes trataba, pero no era muy discreto en decir cuánto dinero ganaba. Y parecía orgulloso de sacarle cantidades exorbitantes a las familias. Dinero que usaba para irse de viaje y embriagarse. El hombre podía desaparecer por unas cuantas semanas y regresar como si nada hubiera ocurrido. A él le fascinaba esa clase de diversión y éxtasis duradero. Muy a diferencia de Kim JongDae, pensó Sooyoung. Una de las cualidades que a la mujer le gustaba de su jefe era el altruismo. Ella se interesó en la clínica de salud mental Sunshine porque buscaban ayudar, mostrando humanidad y beneficencia a los pacientes y a los familiares de éstos. Ella estuvo antes en otros centros médicos, pero eran groseros o desinteresados. Quizá con el tiempo uno se aburría con lo que en un inicio le apasionaba, pero eso no era motivo para rozar la negligencia.
—Sí, el jefe Kim me dio autorización a hablar con todos los pacientes.
—¿Todos? —Hyoseob preguntó, desconcertado. Había aproximadamente 455 pacientes (y esa era la cifra que él estimaba, probablemente había más).
BaekHyun asintió.
—¿Podemos saber la razón? —Hyoseob continuó.
—Dudo que puedan comprenderlo.
Sooyoung rodó los ojos, enfadándose. Ese tipo era un petulante y engreído. Apretó el control remoto que tenía en su mano. Momento, ¿¡Por qué tenía el control remoto en la mano!?
—Hyoseob, encárgate del doctor Byun. Iré a dejar esto. —Debía aprovechar la oportunidad para irse y, de paso, poder relajarse. Un segundo más ahí dentro con ese hombre y era imposible que se mantuviera callada, aceptando los discretos insultos.
La expresión en el rostro de Hyoseob gritaba “No me dejes”, pero ella igual se fue.
—El doctor Kim dijo que me darían una habitación... —BaekHyun comentó, apoyándose en el respaldar de la silla. Esta gente no parecía saber acerca de su llegada, tanto el hombre como la mujer que dejó la oficina se veían perdidos. Ah, Kim JongDae contrataba a cualquiera.
—S-sí, preguntaré en recepción, probablemente ahí sepan. —Shin tartamudeó, sudó y tembló. Se estaba muriendo de miedo ante la mirada inescrupulosa del hombre mayor.
Con un par de tropiezos, pero sin aterrizar en el suelo, condujo a BaekHyun hacia la recepción, donde no solo encontró a sus compañeros: Oh SeHun, quien escribía en una libreta, y Kim MinSeok, quien atendía una llamada; sino que también halló a la doctora Bae Joohyun, ¡su salvadora!
—¡Doctora Bae! —Chilló muy agudo, llamando la atención de toda persona que se encontrará cerca. —Él es el doctor Byun, dice que el jefe Kim lo dejará hospedarse un mes entero y mantener conversaciones con nuestros pacientes.
—Estoy enterada. —Respondió mientras tomaba el papel que SeHun le entregaba. —Doctor Byun, un gusto conocerlo en persona. —Guardo la nota y estiró su brazo.
—El placer es mío. —BaekHyun agarró la mano con cuidado y depositó en el dorso un casto beso.
Joohyun fingió una sonrisa mientras con su otra mano buscaba en los bolsillos de su bata el desinfectante.
—Yo lo conduciré a su habitación. —Avisó. —Gracias por su labor enfermero Shin.
Hyoseob sintió sus piernas hechas gelatina. A penas Bae y Byun se dieron media vuelta, caminando por el largo pasillo, él se dejó caer sobre alto el escritorio de los recepcionistas.
—¿Por qué tan asustado?
—¿Es una clase de supervisor?
SeHun y MinSeok preguntaron de inmediato.
—No lo sé. —Shin se enderezó. —Supongo que si el jefe Kim lo dejó entrar es por algo importante, ¿no?
Los recepcionistas intercambian miradas.
MinSeok se inclina debido a que SeHun le cubre la vista al pasillo.
—Ahí viene tu tormento. —Murmura, regresando a su trabajo.
Hyoseob tiene ganas de llorar. ¿Y si era una prueba de Kim JongDae para evaluar al personal? ¡Él era nuevo y hacía todo lo que podía! Además, también había escuchado rumores sobre Byun BaekHyun: el hombre es intransigente. Y si comete un pequeño error, sin duda alguna será despedido.
—Enfermero Hyoseob, ayudarás al doctor Byun en su estadía.
¡Nooo! El mundo le odia.
Además, ¿no se acababan de ir hace tan solo unos segundos?
—Sooyoung también ayudará. De hecho, le mandé un mensaje. Ella traerá algunos expedientes, pues el doctor Byun quiere comenzar su investigación.
¡Bien, al menos no estaría solo!
—Cuídense. —La doctora Bae se retiró, sintiendo lástima por el inexperto enfermero.
—Bien, sígueme. —Byun ordenó mientras hacía su camino hacia el salón principal, el lugar en el que se había presentado a varios pacientes.
—¡Espere! La doctora Bae dijo-
—No necesito expedientes. —Lo cortó. —Lo resolveré rápido. —Murmuró, aunque el enfermero fue capaz de escucharlo.
BaekHyun iba a paso lento, mirando las habitaciones que tenían las puertas abiertas. Podía ver a los pacientes sentados en sus camas hablando con las enfermeras o recibiendo su medicina. Las personas eran variadas, hombres y mujeres, ancianos, jóvenes y adolescentes. Su mirada atenta analizaba las situaciones y los comportamientos. Detuvo su andar cuando observó a dos jóvenes junto a una carriola entrando por la amplia puerta de cristal. Arrugó el entrecejo y se acercó sigilosamente. ¿Estaban de visita? ¿A quién visitaban?
—¡El bebé tiene hambre! —Exclamó el más bajito.
Hyoseob se paró al costado de BaekHyun, observando la misma escena.
KyungSoo movió la mantita de ositos y sacó a su bebito.
—¿Vamos a la habitación? —Preguntó el más alto.
BaekHyun miró incrédulamente los movimientos de esos dos.
—Oye. —Llamó al enfermero, quien al instante le miró. —¿Por qué esos dos juegan a la familia con un títere de ventrílocuo?
Hyoseob suspiró y miró con pena a los jóvenes.
—Ellos iban a tener un hijo, pero el bebé nació muerto. Fue una muerte prenatal por restricción del crecimiento fetal. —Informó. —Do KyungSoo, quien lleva al bebé en manos, es quien está internado. Kim JongIn, su esposo, él es...
BaekHyun le miró, haciéndole tartamudear. Necesita mejorar su forma de hablar en público. Si Byun es una clase de supervisor, él está frito pescadito.
—Es un hombre excelente. Si bien existen horarios para las visitas, JongIn no quiso alejarse de KyungSoo, así que él dona bastante dinero al centro clínico a cambio que lo dejen quedarse.
—¿Qué padece ese KyungSoo? —Inquirió con desdén, incapaz de sentir pena. —¡No, no me lo digas! Después me enteraré por mí mismo.
Hyoseob deseaba la indiferencia de BaekHyun para darle el mismo trato frío. Y lo deseo durante toda la tarde y noche. BaekHyun creía que estaba en su propio centro de trabajo y que él era uno de sus empleados. Lo mandó por un café y que trajera a un paciente, a cualquiera, a él no le importaba. Cuando fue por el café se encontró con Sooyoung, quien llegaba con varios archivos, los cuales BaekHyun ni siquiera los vio de reojo, muy confiado en que descubría Dios sepa qué. Cuando regresó con el café ni Byun ni Park estaban en el salón principal, preguntando a demás enfermeros, se enteró de que, al parecer, el doctor Byun tendría su propia oficina. Y cuando llegó a dicha oficina, ésta parecía más uno de esos cuartos donde interrogan malhechores.
—Te dije que trajeras a un paciente. —El mayor soltó mientras agarraba el café.
—Yo opino que debería leer los infor-
—Hazme caso, niño.
Hyoseob resopló y salió de la habitación.
—Usted también puede retirarse.
Sooyoung asintió y se fue sin chistar. Mientras más lejos estuviera de ese hombre, mejor.
El primer paciente que ingresó fue un hombre bastante alto con la cabellera negra. Su mirada era confiada, no parecía estar asustado ni por la situación, el ambiente tétrico o el médico nuevo que era un creído (y lo sabía porque se notaba a leguas).
—Retírate. —Ordenó al enfermero.
—No puedo dejarlo a solas con... —Las palabras de Hyoseob murieron en su garganta. La mirada dura de BaekHyun le obliga a abandonar el lugar.
—¿Nombre? —Preguntó cuando la puerta se cerró. Además, sacó del escritorio una libreta y un lapicero negro. Al no obtener respuesta, observo al joven aún parado al lado de la puerta, desafiante. —Siéntate en la silla.
El chico se acercó y se sentó de manera relajada; las piernas extendidas, la espalda ligeramente encorvada, los brazos colgando a los costados de la silla y cabizbajo. Ese hombre no quería estar ahí.
—Muy bien. ¿Cuál es tu nombre?
—Johnny.
—¿Johnny?
—John Seo y mi nombre coreano es Seo Young Ho.
BaekHyun anotó con rapidez el nombre en la libreta.
—Dime, John, ¿cuántos años tienes?
—Veintisiete.
—¿Sabes por qué estás internado?
—Síndrome de dependencia alcohólica.
—¿Viniste por cuenta propia o alguien te internó? ¿Un familiar preocupado?
—Mi abuela.
Pobre vieja, pensó BaekHyun.
—Cuéntame de los demás pacientes, ¿eres cercano a alguno? ¿Crees que alguien se comporta de manera extraña?
Johnny dejó escapar una risita. —Estamos en un centro psiquiátrico y pregunta si alguien se comporta de manera peculiar, ¿esto es en serio?
Baek muerde su labio inferior, pensativo. Atrapa el lapicero entre su dedo índice y medio, moviéndolo. Su mirada se desvía hacia el folder gordo, el cual contiene información detallada de los pacientes. Se siente ligeramente tentado para agarrarlo y leerlo. Pero si lo hace el juego no sería divertido. Además, había presumido su inteligencia ante el doctor Kim JongDae, quien no era tan benévolo como todo el mundo pensaba... Pero él es Byun BaekHyun y no es nadie para juzgar aquello.
Dejó en el olvido el folder y continuó entrevistando a Johnny, creyendo la mayoría de sus palabras. Luego, llegó Chittaphon Leechaiyapornkul y las mismas preguntas fueron realizadas. No se movió de su asiento toda la tarde y noche. Dejó de hablar con pacientes cuando éstos dejaron de aparecer en su puerta. El enfermero, del cual no se acordaba el nombre, le informó que eran pasadas las diez de la noche. Asimismo, todos los internados ya se encontraban en sus habitaciones, acostándose. BaekHyun se despidió de mala gana del joven, ojeó sus anotaciones en su libreta. De las veinte personas que había entrevistado, ninguna parecía ser a quien buscaba. Más bien, él ya tenía una sospecha, pero justamente esa persona jamás ingresó a su oficina.
JongDae no se lo dejaría tan fácil, ¿o sí?
Se levanta de la silla, se estira hacia los costados, escuchando su espalda tronar. Coge la libreta y el lapicero. Camina hacia la salida, pero cuando su mano se posa encima de la manija gira su cuerpo y su visión recae en los informes médicos. Hay en dinero en juego. Muchos wones, muchos más de los que cualquier familia de alguno de sus pacientes le haya pagado. Maldito Kim JongDae. BaekHyun rueda los ojos, abre la puerta de un tirón y sale de la oficina, sin olvidar cerrar la puerta. No va directamente a su habitación, sino que se pasea por los pasillos solitarios. A alguna persona le daría miedo caminar por un pasillo mal iluminado y desierto. Pero para él ya es una rutina, no específicamente este corredor, claro está.
Su mano se aferra al barandal, sus pies suben por la escalera de manera lenta, su mirada va fija en las losetas celestes y sus pensamientos rememoran cada una de las entrevistas, analizando las respuestas otra vez. Su mano se desprende el barandal, ha llegado al segundo piso. Sus pies siguen sin rumbo aparente. Sale de su distracción cuando choca contra otra persona. Cree que es alguien del personal y le restará importancia, pero cuando sube la mirada, le es inevitable no espantarse. Unos ojos inmensos de color café, una nariz muy definida, unos labios finos se extienden en una sonrisa, pero en las esquinas de éstos hay unas líneas pronunciadas que van hacia el mentón. Era el títere. Sus ojos siguen hacia arriba y choca con unos ojos pequeños y rasgados que le miran con curiosidad. Es el hombre moreno... Supuesto padre de esa cosa que lleva en manos. El aterrador muñeco que recrea la imagen de un bebé no es lo único que le llama la atención al psiquiatra, sino el hecho de que el paciente no esté acostado para dormir tal como el enfermero le había dicho. KyungSoo también estaba ahí, al lado de su esposo, tomándole de la mano.
—¿No debería él estar acostado? —Interroga.
—Fuimos al baño. —JongIn le responde sin dudar, ahora mirándole con indiferencia.
—¿Sin ningún enfermero?
JongIn frunce el ceño. —¿Por qué llevaríamos un enfermero al baño?
—¿Por qué vives aquí?
¿Era probable que la persona a la que buscaba era JongIn?
No, eso sería muy obvio. JongDae no lo haría notorio. O quizá sí, solo para jugar con su mente.
—Esa es una pregunta muy personal. —El hombre le intenta sonreír, pero sus labios se notan rígidos.
BaekHyun está dispuesto a empezar un interrogatorio en ese momento, pero el estrepitoso llanto del bebé le hace dar un brinco.
—¡JongInnie, el bebé tiene sueño! —KyungSoo exclama, agarrando a su hijo.
BaekHyun está sorprendido, ¿quién de los dos finge el llanto del bebé? Observa los labios gruesos y los finos, pero ambos están sellados. Él sabe que el ventrílocuo es quien posee exactamente esa capacidad extraña de hablar sin mover los labios ni los músculos del rostro. Pero ellos eran muy buenos.
—¿Fingiendo para escapar de la conversación?
JongIn gruñe.
KyungSoo le mira con molestia.
—Vámonos, cariño. —JongIn dicta y su semblante serio se desvanece cuando sus ojos recaen en su pequeño esposo. —No solo el bebé debe dormir, tú también.
Y la extraña pareja camina por el pasillo. KyungSoo mece con delicadeza al bebé entre sus brazos, arrullándolo hasta que consigue cesar su lloriqueo. BaekHyun está estupefacto, parado en medio del corredor. Gira hacia la derecha y corrobora que el baño está en esa dirección. Su curiosidad le alienta a caminar hacia allá y cuando está dentro del amplio y limpio baño sabe que debe preguntar mañana por lo que está observando. ¿Por qué hay un cambiador de bebé? Quizá había personas embarazadas hospitalizadas. Quizá les dejaban quedarse con el bebé cierto período de tiempo. De todas formas, que eso estuviese ahí le hizo ruido.
Había visto mucho por hoy. Mejor, dormía.
Seúl. Sábado 9 de abril de 2022. 7 a.m.
Tan dulce como un chupetín solían ser los días de los esposos dentro del hospital psiquiátrico, pero desde la llegada del doctor Byun sus vidas se inclinarían hacia el lado ácido del chupetín.
—Sol, paletas y arcoíris. —KyungSoo murmura mientras su cuchara se clava en la gelatina que tiene por desayuno.
JongIn le observa tan enamorado como cuando pasaban tiempo juntos en el club de cine. Totalmente enamorado. KyungSoo luciría igual a su yo del pasado si sus hermosos ojitos no poseyeran esa mirada melancólica y perdida. JongIn, al percatarse de ello, inmediatamente se siente culpable. A pesar de que él no ha hecho nada malo. Al contrario, lo ha dejado todo por amar a KyungSoo. Todo a cambio de pura incertidumbre. ¿Algún día KyungSoo volverá a ser quién era? JongIn no lo sabía y los médicos no se lo decían. Los ojos de KyungSoo dejaron de ser expresivos y cándidos, pero la mirada de JongIn siguió siendo la de un hombre enamorado.
KyungSoo tarareaba mucho la misma canción y JongIn siempre ansiaba escucharlo como si fuera la primera vez. A la mente del moreno llegaba la primera cita oficial que tuvieron como pareja. Esa noche KyungSoo había decidido cantarle una alegre canción que expresaba como se sentía. JongIn se contagió de la felicidad de la melodía, de la voz y de los movimientos corporales del blanquecino. Terminó parándose de su silla y bailando con KyungSoo, creando pasos extraños de baile, pero significativos para ambos. Su amor era tan resplandeciente como el brillo que irradia el sol, mucho más dulce que los chupetines y más colorido que un arcoíris. Y no importaba cuanto tiempo pasará, cada vez que KyungSoo entonará la canción, JongIn estaba seguro de que amaba a KyungSoo tanto como lo amó hace años.
Incluso si ahora KyungSoo canta la jovial canción en un centro psiquiátrico porque perdió a su bebé y era incapaz de superar el duelo. Más bien, KyungSoo se negaba a aceptar siquiera un duelo. Para él su hijo estaba vivo. El pequeño Ahn Suk que descansaba en el cochecito era tan real como cualquier otra persona. Y probablemente era amado mucho más que cualquiera en esa cafetería de blancas y relucientes losetas.
—Di “ahhh”, JongIn. —KyungSoo hizo un avioncito con su cuchara, la cual transportaba un pedacito de gelatina.
El moreno sonrió y obedeció. El avioncito tuvo un buen aterrizaje y, según el paladar de Kim, la gelatina no sabía tan mal.
—¿JongIn? ¿Me llamaste JongIn?
KyungSoo cogió una servilleta y la pasó por la comisura de los finos labios. JongIn había comido un emparedado hace un rato y era totalmente un desastre, ensuciándose la comisura de la boca, incluso más que Ahn Suk (y él era un bebé).
—Ese es tu nombre. —Respondió sin titubear.
JongIn formó un puchero.
KyungSoo comprendió.
El moreno tenía algo, algo muy serio, con los apodos cariñosos. Le gustaba usarlos y que los usen con él. Pero KyungSoo era muy olvidadizo. Además, su forma de demostrar afecto era distinta. Siempre habían sido de esa manera, incluso cuando ni se conocían. JongIn se encargó de ponerle nombre a sus perros para al final llamarlos por motes cariñosos. KyungSoo huía el contacto físico y de los “te amo” melosos que sus amigos o familiares le dieran. Y así de distintos eran ideales el uno para el otro.
—JongIn, mi amado esposo, ¿botarías esto por mí? —Preguntó con el tono de voz más meloso que podía lograr, batió sus pestañas exageradamente, viéndose lindo a los ojos de JongIn y gracioso a los de alguien más que miraba la actuación.
El moreno suspiró, levantándose de su asiento, cogiendo la bandeja de KyungSoo y colocándola encima de la suya para ser capaz de llevarse ambas.
—Te traeré agua. Debes tomar tus pastillas, cariño.
A KyungSoo no pareció importarle su anuncio. El blanquecino se había girado a conversar con Ahn Suk, meciendo el carrito de adelante hacia atrás. Una pequeña risa de bebé se escuchó. JongIn se retiró, sintiendo pena de ver dicha escena. Botó los plásticos y papeles al tacho de basura, la bandeja la dejó encima de una mesa amplia que era donde correspondía. Caminó hasta el dispensador de agua, presionando el botón y dejando el agua caer hasta el vasito de plástico. El comedor no es muy grande y tiene un concepto abierto. Entonces, desde donde está parado, debería ver a KyungSoo, pero no lo consigue. Ni KyungSoo ni el bebé están donde los dejó, solo queda el cochecito. JongIn se olvida del agua, dejando que está se derrame del vaso, el cual deja caer al suelo. Vuelve a sentir culpabilidad. Le está dando más trabajo al personal de mantenimiento, pero él debe encontrar a su esposo y a su hijo.
Se para delante del hombre que está sentado en la mesa de al costado. JongIn no ha intercambiado con anterioridad muchas palabras con otros pacientes porque él no debería estar ahí. Si vive en el hospital psiquiátrico es porque no puede vivir con la culpa de su querido KyungSoo, internado y delirando acerca de un hijo que no existe. Puede hacerse una idea de quién es el joven al que le va a preguntar. Es capaz de ello porque, si bien no habla con pacientes, sí que lo hace con los y las profesionales de la salud mental y a ellos les gusta chismecito.
—Uhmm, disculpe. —Llama la atención del joven, quien le ve desinteresadamente. —¿Usted ha visto hacia dónde ha ido mi esposo?
El hombre termina de masticar el pedazo de emparedado que tenía en la boca y tomándose su tiempo (y la paciencia de JongIn desapareciendo), responde:
—Sí, el nuevo doctor se lo ha llevado.
—Oh. —JongIn se pone más nervioso, sus manos sudorosas juegan con el borde su camiseta. —¿Sabes dónde está su oficina?
—Al final del pasillo derecho... Deberías apurarte, tu esposo no parecía muy feliz de ser arrastrado por Byun.
Sus ojos se abren en asombro.
Sacude su cabeza, su cuerpo gira para dirigirse a la oficina del nuevo doctor. Antes de irse por completo, exclama:
—¡Gracias...! —Trata de recordar el nombre del muchacho, pero le es imposible. Y si se equivocaba sería vergonzoso.
—Johnny. —El chico murmura y le vuelve a dar una mordida a su sándwich.
Es muy temprano para enojarse, pero es imposible no hacerlo si hay un hombre desconocido frente tuyo que te hace preguntas incómodas. KyungSoo quiere levantarse, coger a su bebé e irse de ahí. Desde que llegó a este singular hotel jamás lo habían tratado pésimo. Primero, este hombre se aparece y le ordena que le siga. Segundo, ante su negación, el hombre le coge del brazo y comienza a jalonearlo. KyungSoo es muy débil y su cuerpo rápidamente cede. Tercero, el hombre levanta a su bebé sin una pizca de cuidado. Cuarto, es incapaz de gritar o defenderse, el hombre le amenaza con dañar a su pequeño hijo. KyungSoo termina arrastrando sus pies por el suelo hasta llegar a una maloliente y poco iluminada oficina.
—Siéntate. —El hombre decreta.
KyungSoo no da ni un solo paso hacia la silla, manteniéndose inmóvil.
—Hazlo y te regresaré “esto”.
KyungSoo emite un chillido, lastimándose la garganta cuando ve al señor mayor zarandear a su preciado bebé. Sin tardar un segundo más toma asiento, estirando sus brazos para recibir a su hijito. El bebé lloriquea, KyungSoo lo mece y BaekHyun queda impresionado con la supuesta habilidad del joven en hacer ruidos sin mover su boca. Abre su libreta en una página limpia, destapa el lapicero negro y coloca la punta sobre la hoja, listo para escribir.
—Dime tu nombre. —Pregunta, ya sabiéndolo, pero necesita aligerar un poco el ambiente.
No hay respuesta. El chico delante de él está enfrascado en calmar a su bebé llorón. BaekHyun se queda observando las acciones del sujeto, impresionándose otra vez por tan buena actuación. La mirada del joven es amorosa, incluso si está observando un muñeco escalofriante sin vida. Sus toques son delicados como si tocara un recién nacido y no madera. Sus arrullos llenan la habitación. Los segundos pasan y el espectáculo no flaquea. Por un segundo, BaekHyun estuvo a punto de creerle.
Aunque, ¿Por qué BaekHyun duda de KyungSoo?
Fue un presentimiento. De la misma manera en la que te ves cara a cara por primera vez con una persona y automáticamente sabes que hay algo en ella que no te agrada. ¿Cómo es eso posible si nunca antes han intercambiado palabras? Bueno, lo mismo le sucedía al doctor Byun. Cuando observó a KyungSoo en el pasillo, cargando al muñeco, dudó de él. Luego dudó del esposo, es decir, de JongIn. Pero descartó al hombre moreno luego de la noche en la que chocaron cerca de las escaleras. Nuevamente, su atención se centró en KyungSoo.
Cuando el llanto cesa, la pregunta se repite.
—KyungSoo. Do KyungSoo. —Pronuncia entre dientes.
—¿Cuántos años tienes?
—No quiero estar aquí. —El tono es amable, otra sorpresa para Byun.
—¿Algo te asusta?
—Usted.
BaekHyun sonríe, no por alegría, sino por asombro. No esperaba que el muchacho que lucía indefenso fuera a confrontarlo.
—El doctor Kim JongDae me ha autorizado, debes colaborar. —Responde, fingiendo cortesía.
—No sé quién sea el doctor del que habla... Quiero volver con mi esposo. —Se levanta, con su bebé pegado a su pecho, pero es incapaz de dar media vuelta. BaekHyun también se ha parado de su asiento y le sujeta de los hombros con fuerza.
Byun aprovechó que no vio a KyungSoo al lado de JongIn para llevárselo. Sabía que si le pedía al enfermero que le ayudó ayer que trajera a KyungSoo, seguro traería también al esposo y éste se negaría rotundamente a abandonar la oficina. Y lo que Byun necesitaba era hablar con ambos por separado. Quizá ni eran esposos, ni amigos, ni conocidos. Tal vez todo era mentira y él necesitaba descubrirlo.
—No te haré daño. Solo debes responder un par de preguntas y podrás ir con tu esposo. —Ejerció presión en los angostos hombros, obligando al joven a sentarse. —Dime, ¿dónde conseguiste “eso”? Ya sabes, el muñeco.
—¡Deje de referirse a mi bebé de esa manera! —Grita y se levanta, perdiendo los estribos.
Esta vez logra llegar a la puerta, la abre ligeramente, pero el doctor Byun la vuelve a cerrar. Ambos forcejean en la puerta y pelean por agarrar la manija.
—¡Déjeme salir!
—¡Primero responde mis preguntas!
BaekHyun apoyó con fuerza su mano izquierda en la puerta y su brazo derecho lo enredo alrededor de KyungSoo, abrazándolo y jalándolo hacia atrás. De esa manera, consiguió alejar al chico de la puerta. Sin embargo, en medio de los jaloneos, el muñeco cayó al suelo. Y el llanto desgarrador del joven no se hizo esperar. BaekHyun no lo iba a soltar ni siquiera en ese momento, aunque nuevas dudas se generaban en su cabeza, pero el chiquillo sacó fuerzas de algún lugar, mordiéndole la mano y tirándose de rodillas al piso, arrastrándose hacia el bebé. Cargó el muñeco que lloraba con más fuerza que antes, tratando de calmarlo. BaekHyun estaba confundido. Podía escuchar dos llantos distintos. Uno proveniente de KyungSoo y otro del muñeco.
A pasos tambaleantes se acercó, inclinándose y rozando sus dedos con la espalda de KyungSoo. Inesperadamente se sintió mal. Se mantuvo en silencio y observando la extraña y ligeramente aterradora escena hasta que la puerta se abrió desde afuera.
—¡KyungSoo! —La voz varonil llena de preocupación resonó en la habitación.
BaekHyun tembló en su sitio.
—¡JongIn, el bebé se hirió! —KyungSoo se lamentó. —¡Él lo hirió!
BaekHyun observó el dedo índice apuntándolo.
—¡Él es malo, JongIn!
El moreno se agachó, agarrando por la cintura a su esposo y ayudándolo a levantarse. JongIn era consciente de que era una locura sumarse a los delirios de KyungSoo, pero de cierto modo era reconfortante creer que aún eran una familia. O, mejor dicho, que llegaron a ser una familia feliz. Pero ¿Qué clase de familia vive en un hospital psiquiátrico?
—Lo llevaremos con Sooyoung, ella estudió enfermería, ella nos dirá que hacer. —Habló calmadamente, mientras caminaba y sujetaba con fuerza a KyungSoo. Ni siquiera volteó a ver al nuevo doctor, con él hablaría después, cuando su esposo estuviera tranquilo.
—Él está vivo, JongIn. ¿Por qué dice que es un muñeco?
JongIn permaneció en silencio al igual que la primera vez que KyungSoo preguntó por el bebé. Recuerda muy bien que esa noche llovió, incluso cayeron truenos, los cuales fueron probablemente los que despertaron a KyungSoo. Y cuando el mayor le miró con sus grandes ojos brillantes, sus labios esponjosos, pero agrietados, se separaron y le preguntó en dónde estaba el bebé, JongIn se quedó callado. El silencio fue suficiente respuesta. KyungSoo lo había entendido, pero a pesar de ello insistió y no se calmó ni ese día ni los siguientes. Regresaron de la clínica sin un bebé hacia su hogar, en el que ya habían comprado y decorado un montón de artículos de bebé. KyungSoo se encerró en la habitación de tonos pasteles y JongIn se sentó afuera, apoyándose en la puerta. Escuchó al blanquecino llorar y romper los objetos. Quiso ingresar, pero KyungSoo no abría la puerta y la llave se la había llevado adentro. Cuando oyó un vidrio romperse, corrió a la cocina, cogió un cuchillo y forzó la manija hasta entrar en la habitación destrozada, pero no tan destrozada como el corazón y la ilusión de KyungSoo.
El blanquecino parecía muerto en vida. Arrastraba sus pies, no se bañaba ni daba indicios de querer arreglarse, se encerraba en la habitación aun destrozada del bebé (aunque ya sin los vidrios), lloraba, no comía y no hablaba. JongIn creyó que darle un tiempo para sanar sería la solución, pero los meses pasaron y KyungSoo seguía en la misma situación (o peor). Dejó su trabajo porque ver a niños solo le hacía el corazón añicos. Cuando eso sucedió, JongIn supo que debía hacer algo. Primero, pensó en lo clásico: ¡mascotas! Pero KyungSoo se enojó, lloró y gritó tan fuerte que se lastimó la garganta. Avergonzadamente, tuvo que regresar a los cachorros a la persona que se los regaló. Después, trajo un sacerdote para que hable con KyungSoo acerca del duelo, el cielo y todas esas cosas míticas y medio-felices para creer que el bebé está vivo en algún lugar. KyungSoo ni siquiera era creyente, así que fue peor. Por último, se le ocurrió comprar un muñeco de bebé. Buscó uno que tuviera los hermosos rasgos de KyungSoo, lo compró por internet y se lo entregó a su amado, quien al inicio se rehusó a tocar al bebé. Pero al día siguiente, JongIn se despertó y escuchó la voz melodiosa de su esposo cantando. Se bajó de la cama, salió del cuarto y corrió por el pasadizo hasta que encontró a KyungSoo bailando delante del televisor mientras cargaba al muñeco y lo veía con amor.
JongIn pensó que sería una solución momentánea. Claramente, se equivocó.
—¡Sooyoung! —KyungSoo gritó a penas la divisó.
Ella se encontraba hablando con Hyoseob. Ambos dieron un brinco en su sitio, riéndose por sus reacciones, pero sus sonrisas se esfumaron al ver el rostro lloroso de KyungSoo y el ceño fruncido de JongIn.
—¿Qué sucedió, Soosie?
La chica no dudó en acercarse, acariciando la cabeza del chico, tratando de relajarlo. Desde que KyungSoo había llegado al centro psiquiátrico, Sooyoung no se había apartado de él. Ella sintió mucha pena cuando escuchó la trágica historia del muchacho que ansiaba un hijo, pero que lo perdió y con ello su cordura.
—¡BaekHyun es malo! ¡Lastimó a Ahn Suk!
—¡Oh, déjame verlo! —Exclamó, preocupada y cargando al bebé, incluso ella se había encariñado con el muñeco. —Hyoseob y yo podemos curarlo. Pero debes calmarte, ¿sí? —Observó el rostro lloroso del muchacho y con cuidado acercó la yema de su dedo pulgar para limpiarle las lágrimas. —JongIn, ¿podrías llevarlo a su habitación?
El moreno asintió, tomando la mano de su esposo y encaminándolo hacia su cuarto. KyungSoo no dejaba de voltear a ver a su bebé, intranquilo, por lo que acababa de suceder. ¿Por qué ese hombre era cruel con su bebé y con él? ¿Por qué debía agarrarlo sin cuidado y dejarlo caer? ¿No sabía que los bebés eran frágiles?
KyungSoo se encontraba inquieto, caminando de un lado a otro en su habitación. JongIn estaba sentado en la cama, mirándole sin saber las palabras adecuadas para tranquilizarlo. Eso se debía a que las palabras no tenían efecto en KyungSoo, no después de la pérdida del bebé. KyungSoo necesitaba acciones que encajaran con su mundo ficticio y JongIn estaba dispuesto a satisfacerlo. Hablaría con el doctor Byun, quien al parecer no sabía del trato distinto que KyungSoo recibía.
Y entre todo el alboroto, KyungSoo ni siquiera había tomado sus pastillas.
Diez minutos después la puerta se abrió, ingresó Sooyoung con el bebé en sus manos. Le había cambiado la ropa, le había lavado el rostro y le había retocado ligeramente las facciones con pintura. KyungSoo estaba más que encantado, aceptando al bebé de inmediato y pegándolo a su pecho.
Se quedaron solos en la habitación el resto de día. Sooyoung no se había aparecido ni para desearles “dulces sueños”, quizá se encontraba ocupada con los demás pacientes, tal vez estaba peleándose con el doctor Byun por su trata hostil hacia el joven Do o estaba hablando de algún otro tema con algún otro doctor.
Seúl. Viernes 15 de abril de 2022. 6 a.m.
Los arcoíris tienen inicio y final. En Irlanda se dice que si llegas al final encontrarás una gran olla con monedas de oro. Y el acuerdo realizado aquí, en su final también se contemplaba un tesoro monetario inmenso, lo suficiente para comprar una casa enorme y uno de esos carros de último modelo.
Era exageradamente temprano, pero JongIn necesitaba pasar un tiempo a solas sin hacer sentir mal a KyungSoo, quien amaba estar al lado de su esposo. JongIn caminó por los pasillos, bajó las escaleras y abrió las puertas que conducían al jardín. Ese centro psiquiátrico era como su hogar. Y todo había marchado de maravilla hasta la llegada del doctor Byun. Ese hombre llegó de repente, supuestamente Kim JongDae le había dejado entrar, pero ¿Para qué? Si lo hubiera contratado debería llevar uniforme y recibir una paga, pero ese doctor vestía su ropa casual y por lo que Sooyoung le había contado, el hombre no recibiría dinero por el mes que permanecería dentro. La situación, aparte de ser extraña, se había tornado incómoda.
Un día después de ocurrido el accidente —BaekHyun conduciendo a KyungSoo contra su voluntad a su oficina— el doctor le ignoró. JongIn intentaba acercarse a él cada vez que lo veía, pero BaekHyun era muy escurridizo. Además, no importaba cuanto esperara fuera de la oficina de Byun, éste no saldría. Entraba un paciente y salía otro. Eso fue todo lo que JongIn vio. Sin embargo, no se había rendido de hablar con el mayor, pues la vida de KyungSoo estaba en juego. Si el médico seguía insistiendo con que el bebé era un muñeco, KyungSoo podría... JongIn no quiere ni pensar en ello.
Inesperadamente, no tuvo que seguir esforzándose por muchos días más para hablar con el doctor Byun, sino que el médico fue hacia él a pedir disculpas. El psiquiatra se veía arrepentido por su mal actuar, pero JongIn debía dejar las cosas en claro. Así que, le indicó a BaekHyun no volver a acercarse a KyungSoo ni al bebé, si algo quisiera saber podría preguntárselo a él. Los nervios de Byun desaparecieron cuando dejó escapar una risita y murmuró: “pues somos los únicos cuerdos aquí“. Y aunque el comentario le pareció desubicado a JongIn, igualmente se rio sin saber que se ganaría la confianza del hombre mayor.
A BaekHyun le gustaba hablar con él, aunque no lo hacía seguido, pues siempre estaba encerrado en su oficina hablando con los pacientes. JongIn le preguntó el motivo de ello. BaekHyun se negó a responder, diciendo que era un tema entre el doctor Kim JongDae y él. JongIn no pudo dejar pasar esa confidencialidad porque estaba convencido de que ello arruinaría sus planes. Insistir sería sospechoso, así que se mantuvo en silencio, tan solo escuchando todo lo que el doctor Byun tenía para contarle. La mayoría de temas era sobre las enfermedades mentales que poseían los pacientes. JongIn escuchó hablar acerca de personas a las cuales ni siquiera había visto, pero era la única forma de asegurarse de que BaekHyun no estuviera descubriendo demasiado acerca de KyungSoo. Aunque era prácticamente imposible, había sido muy meticuloso con todo.
Pasea por el camino de piedras, observando algunas flores que se encuentran germinando y otras que ya brotaron. Se detiene al frente de la banca marrón, tomando asiento al lado del hombre.
—Ahhhh, buenos días, JongIn. —BaekHyun le saluda, con su espalda apoyada en el respaldar y con sus manos detrás de su cabeza. —¿Cómo está KyungSoo?
—Mucho mejor desde que dejaste de aparecer delante de él.
—Auch. —BaekHyun mueve su mano derecha, llevándola a su pecho como si el comentario le hubiera herido. —Accedí a los informes de KyungSoo. —Mintió. —Yo podría ayudar, no creo que el muñeco sea beneficioso para él.
BaekHyun observó por el rabillo de ojo a JongIn, quien permanecía inmutable. Quizá no confiaba en él como se mencionó antes, sino que decidió aprovechar la oportunidad de fingir amistad con JongIn y sacarle a él la información que necesitaba. Sus entrevistas a los demás pacientes cada vez lo conducían más a un callejón sin salida. No encontraba a quien él buscaba.
—¿Qué era lo que tenía...? —Inquirió, alzando el rostro como si tratara de recordar.
—Psicosis.
—¿Psicosis?
—Bueno, en realidad, padece de trastorno esquizoafectivo y éste coexiste con la psicosis... Eso, eso fue lo que me comentaron los médicos. Pero preferiría no hablar más de ese tema. —Su tono fue firme.
BaekHyun repitió mentalmente una y otra vez el término, asegurándose de grabarlo en su memoria. Trastorno esquizoafectivo. Byun conocía sobre ello: trastorno esquizoafectivo caracterizado por psicosis, síntomas de esquizofrenia y síntomas de trastornos del estado de ánimo significativos. Diferenciado de la esquizofrenia por la aparición de más de 1 episodio de depresión o manía durante la vida de la persona.
Continuaron hablando hasta que la alarma de BaekHyun sonó, eran las siete de la mañana, debía alistarse para este nuevo día lleno de entrevistas. Byun se despidió primero, parándose y alejándose con rapidez hacia su habitación designada, la cual estaba en el segundo piso, aunque en el pabellón B. Entonces, ¿Qué hacía en el pabellón A? Su habitación estaba hacia el lado contrario.
JongIn caminó hasta el cuarto que comparte con su amado esposo. Abrió despacio la puerta sin querer hacer bulla y despertarlo. Ingresó en el pequeño cuarto y se acercó hacia el ropero, abriéndolo y sacando su ropa y la de su cónyuge. Se sentó al borde de la cama, comenzó a quitarse las zapatillas y sintió una mirada en su espalda. Continuó quitándose las medias y sintió como el colchón se hundía. JongIn sonrió y giró su rostro, preparado para llenar de besos a KyungSoo, pero éste tenía los ojos y la nariz roja como si hubiera llorado.
—La ventana... —KyungSoo murmuró.
JongIn observó la ventana, no encontró que algo estuviera mal.
—Por la ventana se ve el jardín. —Aclaró con su voz hecha un hilito agudo. —Yo te vi con él, JongIn... Me engañas con él. —Acusó.
—No. Solo nos encontramos, Kyunggie. —Estiró su brazo para abrazar al más bajito, pero éste se levantó de la cama, huyendo de su toque.
Los ojos de KyungSoo no miraban un punto fijo, recorrían toda la habitación. Su rostro hermoso se veía demacrado. Sus pies se arrastraron hasta chocar con la ventana indiscreta, la cual le había revelado a su esposo hablando con el hombre malo.
—¿Ya no me amas, JongIn? ¿Ni a mí ni a Ahn Suk? —Sus manos detrás de su espalda, abriendo con sigilo la ventana.
JongIn vio como el vidrio iba hacia arriba, pero se mantuvo relajado. No podía revelar a KyungSoo que lo había descubierto. Se levantó de la cama con lentitud y caminó de la misma manera.
—Ahn Suk está llorando, a él tampoco le gusta que salgas con ese hombre. —KyungSoo dio un brinco, sentándose en el borde de la ventana, su mirada seguía perdida.
—KyungSoo. —JongIn le llamó, pero el contrario aún no le veía.
Permanecieron en silencio y sin que ninguno se moviera por segundos que parecieron horas hasta que el blanquecino se levantó, poniendo sus pies en el borde de la ventana y tirándose hacia atrás. JongIn tuvo suerte de alcanzar a agarrarlo de las manos, su calma se había evaporado. Su corazón latía rápidamente y estaba seguro de que podía escucharlo, sus manos ejercían fuerza de más sobre las más pequeñas, lastimándolo de casualidad. El comportamiento errático de KyungSoo no era nada nuevo. A veces estaba muy feliz y después estaba lastimándose a sí mismo. ¿JongIn estaba acostumbrado? Si bien había vivido esta clase de situaciones antes jamás podría decir que era algo común o que sabía cómo controlarlo. Él se moría de miedo a diferencia de KyungSoo, quien tenía los ojos cerrados, sintiendo la sueva brisa de la mañana chocando en su rostro.
Entonces, alguien gritó.
Probablemente, una enfermera que pasaba por el jardín. Y con ese grito, JongIn jaló a KyungSoo, quien no opuso resistencia. La puerta fue abierta revelando a varias enfermeras y enfermeros, doctores, doctoras, incluso pacientes que también dormían en ese piso, toda la gente preocupada por el grito que pegó la asustada mujer de “alguien va a saltar de la ventana”. JongIn abrazó con fuerza a KyungSoo, asegurando que la situación estaba controlada, pero nadie parecía creer en sus palabras. Y eso es lo que odiaba. La mirada de pena que le dirigían, “su esposo está loco” posiblemente pensaban, “y él sigue amándolo como si fuera el primer día”. Y eso era cierto, su esposo no se encontraba bien mentalmente, pero aun así lo amaba.
Sooyoung se encargó de disipar a la muchedumbre y fue la única que ingresó a la habitación minutos después para asegurarse de que KyungSoo tomara sus pastillas de la mañana. Ella le avisó a JongIn que el hecho debía ser informado al doctor que estaba a cargo de KyungSoo, así que deberían prepararse para la visita. Cuando ella abrió la puerta para irse, JongIn vio a Byun BaekHyun recostado en la pared del frente, mirando hacia su habitación. A JongIn eso no le dio buen augurio.
Seúl. Viernes 15 de abril de 2022. 4 p.m.
El doctor Kim tocó la puerta y el joven Kim que pagaba para quedarse en el centro psiquiátrico junto a su esposo abrió la puerta. ¡Una reunión de Kim’s! El doctor tomó asiento en una silla que allí había, fijando su vista en KyungSoo, quien no tenía ojos para nadie más que para su querido bebé.
—Hola, KyungSoo.
KyungSoo se giró, dándole la espalda. JongIn dejó escapar una risita. Sus nervios de hace horas ya no estaban presentes.
—¿Le recetará más antipsicóticos? No quiero que él esté medicado.
—Comprendo. —El doctor deja escapar un suspiro. —Estábamos teniendo un avance, ¿no? ¿Qué sucedió?
—El doctor Byun. —Dijo sin titubear. —Desde que el doctor Byun llegó, KyungSoo ha tenido recaídas.
—¿El doctor Byun?
—Sí. Él llegó y cree que puede hacer lo que quiere.
—Entiendo, hablaré con él.
El doctor Kim tampoco está favor de recetar más medicamentos con efectos secundarios no muy positivos que digamos, así que se centra en la psicoterapia y en la terapia familiar, para ayudar a JongIn a enfrentar lo que sucede con su esposo. El pobre hombre también lucía demacrado, consumido y abatido. El doctor Kim explica a rasgos generales lo que intentarán, anuncia que Sooyoung los conducirá hacia las áreas encargadas de la terapia y les desea lo mejor. El doctor Kim sale de la habitación dispuesto a hablar con el doctor Byun.
Seúl. Viernes 15 de abril de 2022. 10 p.m.
El celular de BaekHyun vibra mientras se encuentra despidiéndose de la última paciente al que entrevistara por el día de hoy. La joven sale de la oficina acompañada del enfermero Hyoseob. BaekHyun coge su celular y lee los mensajes.
BaekHyun rueda los ojos. JongDae le irrita.
BaekHyun mira el fajo de papeles que el primer día Sooyoung dejó sobre su escritorio. Cada vez tentándose más a leerlos.
BaekHyun mira alrededor de la habitación, no ve ninguna cámara. Coge los documentos y, solo por si acaso, los mete por debajo de su ropa, es un poco obvio que algo esconde ahí. Así que se coloca su saco, lo abotona y, de esa manera, disimula mejor. Recoge su libreta y su lapicero y sale de la oficina hacia su habitación sin hacer una sola parada.
Una vez dentro prende la luz, deja el folder en el escritorio, tira el saco en la cama, se quita los zapatos y se sienta en la silla. Abre el folder, ojeando los expedientes hasta llegar al que buscaba. Lee detenidamente los datos de Do KyungSoo, corroborando la enfermedad que JongIn le contó que poseía su esposo. Parece un informe más del montón, todo lo escrito ahí parece encajar. Pero BaekHyun tiene un presentimiento y no lo va a soltar. Sus ojos se detienen en un nombre que le resulta familiar: Kim Woobin. BaekHyun lo conoce, puesto que estudió con ese sujeto y, seguramente, con un par de llamadas puede dar con el número de Woobin y conversar personalmente con él. Por ende, se pasa la noche haciendo llamadas a sus colegas médicos para ver si alguno conoce a Kim Woobin y posee su número telefónico. No soporta estar sentado, así que camina por su habitación con su celular pegado a su oreja. Es casi media noche cuando su colega Kim JunMyeon le pasa el número del doctor Woobin.
Es tarde, sí. Pero JongDae tenía razón, era mitad de mes y no tenía un gran avance en su investigación. Marca al número, caminando hacia el escritorio, estirándose encima de este y levantando la persiana para ver hacia fuera. Desde su posición puede ver el jardín del hospital. Levanta su vista, observando las habitaciones del frente, alguna de esas debe pertenecerle a KyungSoo y a JongIn.
—¿Aló?
—Buenas noches, se comunica con usted el doctor Byun BaekHyun. ¿Es usted Kim Woobin?
—Uhm, sí.
Woobin no parece recordarlo y eso es lo de menos.
—Estaba revisando la historia clínica de mi paciente, Do KyungSoo, observé su nombre y tenía un par de preguntas que realizarle. —Miente tan bien que podría ser verdad.
—Oh, KyungSoo. —Su tono soñoliento desaparece. —¿No cree que es un poco tarde para charlar? ¿Qué tal si conversamos mañana?
—Verá, me preocupo mucho por mi paciente...
El hombre al otro lado de la línea parece meditarlo. —¿Cuál es su duda?
—Solo por si acaso, —BaekHyun aclaró su garganta. — me refiero a Do KyungSoo, quien tiene como esposo a Kim JongIn y un supuesto bebé llamado Ahn Suk. —Quien sabe, quizá exista más de un Do KyungSoo en el mundo.
—¿Kim JongIn?
—Sí. —BaekHyun apoya su brazo izquierdo en su escritorio, aun viendo hacia fuera.
—Eso es extraño.
—¿A qué se refiere?
—Yo atendí a un Do KyungSoo, pero el nombre de su esposo era Jo InSung y al bebé que perdieron le habían puesto por nombre Woosung.
BaekHyun dejó su postura relajada y destapó con rapidez su lapicero para anotar los nombres.
—¿Y Kim JongIn? ¿El nombre no le suena de ningún lado?
—Uhm, bueno, sí conocí un JongIn. Él era enfermero aquí, en el Centro de Salud Mental Paz, pero renunció.
BaekHyun miró al frente, hacia las ventanas cerradas de las habitaciones de los pacientes.
—¿Se supo el motivo de su renuncia?
—Creo que se estaba mudando.
—¿Y KyungSoo? ¿Qué sucedió con él?
—Dejó el hospital, no podía costearlo luego del fallecimiento de su esposo.
—¿Jo InSung murió? ¿KyungSoo quedó a cargo de otro familiar?
BaekHyun observó como una habitación brillaba, la luz se había sido prendida y las cortinas se sacudían desde adentro.
—No sé los detalles de la defunción del señor Jo.
La cortina se corrió hacia un costado y por inercia, BaekHyun se inclinó sobre su escritorio tratando de divisar quien estaba despierto a esa hora. Desde donde él estaba hasta la habitación donde estaba la otra persona había una distancia considerable, pero no era imposible distinguirle.
—Acerca de KyungSoo, supongo que se quedó con un familiar, ¿no? ¿Su paciente no vive con alguien?
—Con Kim JongIn... —Susurró, dejando caer el celular al escritorio mientras observaba como el hombre moreno cargaba al blanquecino, ambos estaban desnudos y sin duda alguna estaban teniendo sexo.
Mierda.
A BaekHyun podría no haberle agradado KyungSoo, podría haber dudado de él, pero con lo que acababa de descubrir, sabía que sus conjeturas fueron incorrectas. Ya no interesaba la apuesta que realiza con Kim JongDae sobre descubrir a un paciente falso. Prácticamente, en una cena de psiquiatras, él no pudo dejar de alardear de lo bien que le iba y Kim JongDae lo desafió a que fuera a su clínica mental, en la cual ingresaría a una persona para que finja estar enferma y él tendría que averiguar quién era. Si lo hacía, recibiría una paga y hasta Kim JongDae besaría sus pies. Era avaricioso, así que aceptó. Pero en vez de descubrir a un farsante, había descubierto a un secuestrador. Y maldita sea, eso era aterrador.
BaekHyun salió corriendo de la habitación sin siquiera ponerse los zapatos. Un paciente tan frágil mentalmente podía ser fácilmente manipulado. Corrió por los pasillos tan atolondrados que al girar hacia la derecha terminó chocándose con una enfermera con la cual no había hablado en su estadía. Ella parecía desconcertada y él no pudo ni fingir disculpas, siguió corriendo pasando del ala B al ala A mientras la chica gritaba “¿¡Qué sucede!? ¿¡A dónde va!?“. Probablemente, sus gritos, preocupados, llamaron la atención de las demás personas que aún se movilizaban tranquilamente por otros corredores. Creyó que eso había sido algo bueno cuando divisó a la enfermera Sooyoung.
—¡KyungSoo está en peligro! —Exclamó, tomándola de la mano e instándola a correr.
La chica puso resistencia ante el trato extraño del doctor.
—¿A qué se refiere? ¡Hace horas que su esposo y él están dormidos! KyungSoo tomó su medicina y eso, generalmente, lo calma tanto que lo hace dormir profundamente.
—Él no está dormido. —BaekHyun continuó jaloneándola.
—¡Suélteme! —Ella tiró su espalda hacia atrás, queriendo que Byun soltara su mano.
Las demás personas observaban la escena hasta que alguna de ellas se animó a ayudar a la chica. Todos miraban con reproche al doctor, pero a éste no le importó y volvió a correr. Llamaron a seguridad notificando hacia donde se dirigía el doctor. Asimismo, se dirigieron en grupo hacia la habitación del paciente Do KyungSoo, pues BaekHyun sin duda ingresaría ahí a su manera particular y dañina. Lograron alcanzarlo cuando su mano estaba sobre la manija. Sooyoung lo empujó y abrió ella misma la puerta. El doctor Byun ingresó, pero al parecer el alboroto de hace un rato fue más fuerte de lo que imaginó. Lo que él vio a través de su ventana ya no estaba. KyungSoo dormía, abrazándose de JongIn. BaekHyun creyó que todo era una mentira, ambos podrían estar cerrando sus ojos y quedándose quietos. No podía acercarse a ellos, no podía tocarlos. Hizo un escándalo afuera, guardias de seguridad habían llegado y el resto de personas le veían como si estuviera mintiendo. Además, siente que sus acciones están siendo analizadas al detalle. Estaba enloqueciendo.
—Se lo dije. —A pesar de que fue un susurro, la chica usó un tono duro. —Están descansando.
Antes de retirarse, BaekHyun escuchó como si el bebé estuviera ligeramente roncando, gira la cabeza, buscando al muñeco y lo encuentra rápidamente, pues está dentro de una pequeña cuna. BaekHyun bosteza, debía dormir más para concentrarse mejor, aunque ¿cómo lo haría con lo que acaba de descubrir?
JongIn no es el esposo de KyungSoo. Sin embargo, viven una vida familiar muy feliz dentro de un psiquiátrico.
¿Cómo decirle eso a los demás sin quedar como alguien que ha perdido el juicio?
Seúl. Sábado 23 de abril de 2022. 2 p.m.
El día siguiente del incidente, BaekHyun confirmó que JongIn se había enterado. A lo lejos el hombre moreno lo observaba y su mirada no reflejaba nada: ni angustia, ni temor, ni socarronería. El hombre mantenía un rostro estoico cada vez que le veía, pero con las demás personas actuaba sonriente y divertido. Según lo que leyó, JongIn había estado aproximadamente un año ahí dentro, conviviendo con pacientes, enfermeras, enfermeros, doctores, doctoras, personal de mantenimiento, la gente de la cafetería, etc. Y si en todo ese tiempo nadie notó nada extraño en el hombre es porque era muy bueno actuando de buen esposo. Además, tenía un cómplice que ni estaba enterado de serlo. KyungSoo podía haber olvidado a su verdadero esposo, creyendo las mentiras de JongIn. O quizá estaba aterrado de decir algo. BaekHyun se inclina más por lo primero.
Durante los días siguientes BaekHyun no se acercó ni a JongIn ni a KyungSoo porque tenía encima de él miles de miradas juzgonas, así que siguió en lo suyo. Bueno, no tan ensimismado como antes. Realizó sus entrevistas a los demás pacientes para no llamar la atención de JongIn porque si el sujeto había sido capaz de sacar a KyungSoo de un centro y llevárselo a otro era bastante inteligente. Y BaekHyun no podía arriesgarse a caer en el retorcido juego de JongIn, así que mantuvo su distancia. Mandó varios mensajes al doctor Kim JongDae, pero éste no respondió ninguno. Más bien, los mensajes ni siquiera le llegaban. BaekHyun preguntó por el paradero del doctor a la doctora Bae, ella le respondió que Kim había salido fuera de la ciudad por temas personales.
Bien, podría llamar a la policía. Pero ¿la policía realmente haría algo? Tanto él como JongIn eran hombres de dinero, el caso terminaría en una lucha de quien da más dinero para que metan preso al otro. BaekHyun no estaba dispuesto a arriesgarse. El hombre moreno podía crearse una historia, o, mejor dicho, recitar la historia que seguro se sabía de memoria, la cual coincidiría con la que KyungSoo contaría. Y él, el pobre doctor Byun, que es conocido por su mal carácter, sería ignorado.
Necesitaba una prueba más contundente, una que sea irrefutable para desenmascarar a Kim JongIn.
Así pasó su semana, sentado en su despacho, ideando un plan para él mismo, acorralar a JongIn y hacerlo confesar, tomando en cuenta su seguridad.
Pasan treinta minutos y sale de su oficina hacia la cafetería. Sin embargo, sus pies se desvían del camino y va caminando sigilosamente por los pasillos que conducen hasta la habitación del falso matrimonio Kim-Do. Se esconde detrás de una columna cuando la puerta del cuarto en cuestión se abre, revelando a los hombres una vestimenta distinta a la que acostumbran. Generalmente, usan ropa ancha y suelta, como si estuvieran en su casa, pero esta vez esa ropa que no llegaba a ser formal, sí parecía que iban a salir a algún lugar. Incluso el bebé había dejado las mantas coloridas de siempre y utilizaba ahora una mantita de un pingüino que parecía ser nueva. Los observó alejándose por el pasillo en dirección a las escaleras. Cuando ellos bajaron, BaekHyun corrió hacia las escaleras para seguirlos de cerca. Sintió que el calor abandona su cuerpo cuando al girar para dar un paso en un escalón, JongIn está ahí, viéndole como si lo hubiera estado esperando.
BaekHyun mira a sus costados, los pasillos desolados y él ahí con un secuestrador, un psicótico y un muñeco de bebé. No sabe cuál de los tres es más aterrador.
—Sé su secreto, Kim JongIn.
JongIn permanece inmutable.
KyungSoo le canta en voz baja al muñeco.
El bebé ríe.
BaekHyun no sabe como reaccionar cuando el moreno coge la mano de su esposo y continúan bajando las escaleras, ni siquiera le respondió. BaekHyun no sabía sí sentirse agradecido por seguir con vida o preocupado de lo que pasaría después. BaekHyun copia la acción de JongIn y desciende por las escaleras. Cuando llega al primer piso, no ve al feliz matrimonio, pero no se arriesga a preguntarle a alguien. Probablemente le mentirían. Era consciente de que no le agradaba a esta gente. Decide que recorrer toda la planta baja le tomará mucho tiempo, siguiendo su instinto, va hacia la salida principal, pues parecía que ambos jóvenes saldrían. Llega a la recepción, pero además de los recepcionistas no ve a nadie más. Quizá llegó muy tarde. Sale por las puertas de vidrio, baja la escalinata y se detiene en la vereda. Mira hacia la derecha, hacia la izquierda, hacia el frente, pero nos los ve. Continúa viendo a su alrededor, recordando la ropa que traían puesta. A lo lejos, casi doblando la esquina, los encuentra. Caminan de la mano, acercando sus labios a las orejas contrarias, como si se susurraran secretos. BaekHyun espera a que doblen para comenzar a seguirlos. Debe ser más cuidadoso, en el hospital JongIn se había percatado de su presencia.
BaekHyun sabe que tendrá su momento de persecución como si estuviera en una película cuando ve a los esposos subiendo a un taxi. Es raro cuando él mismo detiene un carro y dice “¿podría seguir a ese taxi?” y es más extraño cuando el señor simplemente asiente sin inquirir. El taxista parecía cumplir su sueño de una persecución, así que iba rápido, serpenteando entre los carros. Mierda, eso es demasiado llamativo. BaekHyun tuvo que rogarle que se tranquilizara, y eso que Byun BaekHyun no le ruega a nadie. El viaje se volvió más ameno, aunque en su mente había un caos. ¿A dónde iban? ¿Y si JongIn ya se había dado cuenta y esto era una trampa? ¿JongIn lo asesinaría para callarlo? ¿JongIn sería el asesino de Jo InSung?
No deja de sentir pánico ni cuando bajan en una feria. Le paga al taxista, cierra la puerta y se mezcla entre la gente. Es fin de semana, así que está superpoblado el establecimiento. Se rehúsa siquiera a parpadear porque en un segundo podría perderlos de vista. Probablemente, vinieron a este lugar porque nadie miraría con extrañeza a KyungSoo. Que un adulto tuviera un muñeco en un parque de diversiones no era nada nuevo. Podría ser un premio o podría ser, incluso, quien hace la función de ventriloquia. Aunque, si se ponía a pensar como los casados, no ingresarían a ningún juego que pondría la vida de su “bebé” en peligro. Irían a algún juego sencillo y sin movimiento bruscos.
La pareja pasea por las tienditas, las máquinas de despensa y por los juegos en los que lanzas algo (pelota, una flecha, un disparo de agua) y recibes un premio. KyungSoo se ve emocionado y BaekHyun siente pena por él y por la vida que ha estado viviendo desde que fue ingresado a Sunshine. Por primera vez, el conocido doctor Byun BaekHyun no pensaba en el dinero que recibiría, sino en ayudar verídicamente a alguien.
Mientras los esposos paseaban, BaekHyun intentó, nuevamente, contactar a JongDae, pero esta vez llamándolo. El doctor Kim no contestó su llamada. Byun gruñó y abrió la grabadora de voz, caminó a través de las personas, acercándose cada vez a KyungSoo y a JongIn. Quizá si los enfrentaba en público, JongIn no sería capaz de huir, amenazarlo o golpearlo. Pero antes de poder llegar a ellos, KyungSoo salió corriendo hacia una pared roja, JongIn no parecía enojado. Ambos se sonreían como si estuvieran jugando. JongIn trotó hasta KyungSoo, lo tomó de la mano y entraron por la puerta negra a... BaekHyun no sabe que es eso. Es un pequeño cuarto construido en un costado del parque de diversiones. ¿Los baños? Aunque no parecían, no tenía letrero ni indicaciones. Suspiró, tomando valentía en cada paso hasta quedar frente a la puerta negra, la empujó e ingresó.
Sus nervios al límite. La iluminación de la habitación era tenue, podía divisar espejos por todas partes, tantos que era difícil diferenciar en que posición no había uno. BaekHyun tuvo que estirar su brazo izquierdo para que sus dedos rozaran el vidrio o el aire y, de ese modo, orientarse. Solo podía verse a sí mismo, reflejado en cada espejo. BaekHyun escuchó una risa seguida de un ligero “shhh”. Ellos estaban cerca, ocultos en algún lugar estratégico donde pudieran verle, pero él a ellos no. BaekHyun presionó el botón rojo de la grabadora y disimuladamente metió su celular en el bolsillo de su fino saco.
Se paró recto, con la cabeza alzada, mirada al frente y caminó sin titubear. Su mano izquierda aún era su guía. Al parecer no hay más personas que ellos tres ahí dentro y eso le resulta más escalofriante como si todo estuviera planeado desde un inicio. BaekHyun se detiene cuando en un espejo observa a KyungSoo usando audífonos, moviendo su cabeza y separando sus labios. Escucha el tarareo de una canción: sol, paletas y arcoíris. BaekHyun no lo medita, simplemente avanza, dispuesto a coger al muchacho y sacarlo de ahí. Estira su brazo, abre la palma de su mano, pero esta choca con una superficie fría. BaekHyun ve el reflejo riéndose de él.
El KyungSoo real camina y aparece en más espejos cercanos a BaekHyun. KyungSoo debe estar en un lugar próximo, pero ¿dónde? A menos que rompa los espejos nunca va a averiguarlo, pero el ruido podría atraer a más gente, gente que no le entenderá, gente que no creerá en él. BaekHyun camina en línea recta sin apartar su mano de los espejos hasta que deja de sentirlos, por ahí hay otro camino. Se adentra, aún puede observar a KyungSoo jugueteando con ese muñeco, meciéndolo en sus brazos y murmurándole otro fragmento de la canción: todo lo que es maravilloso, seguro que se cruza en tu camino. BaekHyun se detiene viendo un reflejo de KyungSoo. Únicamente KyungSoo. ¿Por qué JongIn dejaría a KyungSoo solo?
Mierda.
Ha vuelto a caer.
BaekHyun corre sin preocuparse si hay espejos o no, tumbándolos, produciendo la rotura de los vidrios, pero su vida vale mucho más que todos esos espejos. Era una trampa y KyungSoo era la carnada. Si seguía fijamente el reflejo, JongIn podría moverse libremente, por otro lado, hasta llegar hasta él. Y solamente en el momento en el que ocurra lo notaría. Sería muy tarde. BaekHyun corre y siente que alguien corre detrás de él. Se siente como una presa indefensa y no sabe donde meterse ni donde está la puerta de salida. Puede escuchar pisadas, y más vidrio siendo roto. Sin duda alguien le está pisando los talones.
—¡Sé que KyungSoo no es tu esposo! —Exclama lo más fuerte posible. —¡Tú eras un médico en el centro en el que él estaba internado!
—Él es mi esposo, BaekHyun. —Y lo escuchó tan cerca, literalmente un susurro en su oído.
Byun se estremece, gira y empieza a golpear. Sin embargo, JongIn tiene buenos reflejos y retrocede. Aún hay espejos alrededor de ambos, así que hay varios BaekHyun y JongIn moviéndose al unísono.
—No es tu esposo.
—Él es mío.
BaekHyun retrocede de espaldas, mirando a cada JongIn que hay a su alrededor. Esto debe ser una pesadilla.
—Mataste a su esposo. —BaekHyun tantea, en realidad, no sabe si la afirmación es cierta, pero necesita hacer que JongIn hable.
—No hay pruebas de ello.
—Lo hiciste.
—Él murió en un accidente automovilístico luego de abandonar a KyungSoo. Cualquiera puede ser su asesino. —JongIn se movía, aunque BaekHyun no sabía hacia dónde.
—¿Abandonar?
—A él no le gustaba que su esposo tuviera... Problemas, así que le iba a pedir el divorcio.
—¿Y tú? ¿Te declaraste su salvador?
Entonces, JongIn sonríe y tiene una gran habilidad para hacer una sonrisa enamorada y no una aterradora.
—Él es hermoso. —JongIn gira su rostro, probablemente observando a KyungSoo. —E inocente... Él no merece ser tratado con crueldad. Yo voy a cuidar de él por siempre.
BaekHyun sintió un escalofrío por toda su espalda. Ese “por siempre” implicaba, posiblemente, “desapareceré a cualquiera que se interponga”. Y, sorpresa, BaekHyun se estaba interponiendo.
—Entonces, ¿te inventaste toda una historia de amor?
—Sí, y hasta él me creyó.
BaekHyun choca su espalda con una pared, ha llegado al límite. Si se escabulle sin alejarse de la pared quizá llegue a una puerta. Antes de decidir si empezar a correr o no, observa como JongIn frunce su ceño, y su cabeza mira en varias direcciones como si buscara algo... O alguien. KyungSoo tuvo que perderse entre los espejos y alejarse de él. BaekHyun corre sin más. Puede encontrar a KyungSoo y a la salida al mismo tiempo o al menos eso espera.
—¡KyungSoo! ¡KyungSoo!
Los gritos de JongIn resuenan en el cuarto. KyungSoo está fuera de su campo de visión, distraído con la música alegre: Cuando amas quedarte... Sol, paletas y arcoíris. BaekHyun mira atentamente a través de los espejos, deseando ver en alguno el reflejo del joven. Sus pies lo conducen a un callejón sin salida, gruñe enojado. A pesar de estar al lado de la pared habían colocado más espejos. En su descontento mira el suelo y se percata que los espejos no van hasta abajo, es decir, no chocan con el piso. BaekHyun se agacha, apoya su cabeza en las losetas y trata de ver por ahí. Sus ojos escanean todo lo que alcanzan casi desanimándose por no encontrar al joven (más bien, sus pies).
—¡KyungSoo!
—¡JongIn! —El chico probablemente se ha quitado los audífonos debido a que no ve a su esposo a su alrededor, siguiéndole como siempre.
BaekHyun se levanta del suelo.
—¡JongIn, JongIn! ¿Dónde estás?
BaekHyun sale por donde vino, siguiendo la voz de KyungSoo. Sus pasos se apresuran, pues está compitiendo con alguien que muy sano mentalmente no está y que su obsesión era tan fuerte que lo haría luchar hasta el último momento.
Quizá fue suerte.
Quizá fue destino.
Quizá fue premeditado.
Pero BaekHyun encontró primero a KyungSoo.
El mayor atrapó en sus brazos a KyungSoo, abrazándolo. Esta vez sí lo logró, era el KyungSoo de carne y hueso. Claramente, el pequeño gritó aún con más fuerza cuando vio el rostro de BaekHyun.
—Estoy intentando ayudarte. —Regañó, poniendo todo su esfuerzo en el agarre, sin preocuparse en sí lastimaba o no al menor. —Lo escuchaste, ¿no? Él te secuestró, él no es tu esposo. Estás viviendo una mentira.
KyungSoo se revolvía en brazos de BaekHyun, se sacudía e intentaba deslizarse fuera de esos brazos, pero le resultaba imposible. El mayor ejercía mucha fuerza en su zona abdominal y le empezaba a doler y eso no era algo bueno. Además, él también estaba ejerciendo fuerza en su pobre bebé, al cual debía sujetar así para que no cayera al suelo.
—¡JongIn, ayúdame! —Gritó, aterrado.
—Yo estoy ayudándote. —BaekHyun dijo entre dientes.
KyungSoo entró en desesperación. Su esposo no estaba por ningún lado, un sujeto malo lo estaba tocando y jalando, su bebé peligraba. KyungSoo solo pensaba en escapar y salvar a su hijo, así que con todas sus fuerzas se tiró al piso, llevando a BaekHyun con él. Ambos caen de rodillas y su forcejeo no se termina. KyungSoo patea, BaekHyun grita de dolor. KyungSoo debe soltar a su bebé para que sus manos vayan al cuerpo del doctor Byun, intentando alejarlo, defendiéndose. El ruido que hacían debido a su lucha de fuerza ayudaba a JongIn a guiarse mejor entre los espejos y poca iluminación.
De un momento a otro, BaekHyun siente los dientes de KyungSoo en su mano, mordiéndole con fuerza y sacándole sangre. BaekHyun lo suelta, rindiéndose y viendo su mano lastimada. No tiene tiempo de compadecerse de sí mismo, es empujado de una patada con más fuerza que antes. JongIn llegó y, claramente, no está feliz. El hombre se ve rojo de furia y BaekHyun no planea morir en este instante. Byun reacciona en defensa propia, abalanzándose sobre JongIn y golpeándolo. El moreno esquiva un par de golpes y recibe otros. A BaekHyun le pareció que JongIn aceptaba algunos golpes. Quizá se sentía muy culpable por ser un secuestrador.
—¡JongIn, vámonos!
El moreno obedece, empuja a Byun, se levanta y toma la mano de su esposo para huir juntos. BaekHyun se levanta adolorido, pero comienza a caminar hacia la salida. Tiene una confesión grabada y eso ha de ser suficiente para denunciar a JongIn. Se toma su tiempo dentro del cuarto de espejo, recuperándose de lo que acaba de vivir. Abre la puerta y sale, camina lentamente sin saber que las cosas pueden torcerse más y no a su favor.
Seúl. Sábado 23 de abril de 2022. 6:30 p.m.
El tiempo pasa rápido. Muy rápido. Momentos que parecen segundos, en realidad son horas. BaekHyun llega al hospital psiquiátrico cojeando y haciendo muecas debido al dolor. Piensa en sacar su celular y llamar al doctor Kim JongDae, el tipo debería enterarse de lo que sucede en su centro mental. Abre las puertas de vidrio, siente miradas en su espalda a penas pone un pie dentro. Camina hacia el salón principal, esperando encontrarse a alguno de los médicos que le ayudaba a traer pacientes, quizá ellos le pongan en contacto con JongDae. Sin embargo, eso no sería necesario.
Ingresa al amplio salón y es recibido con varios pares de ojos viéndole, entre ellos los pertenecientes a JongDae. Nadie luce muy feliz de verlo. Da un paso adelante y sus ojos se fijan en el rostro serio de Kim JongIn y en la mirada triste de Do KyungSoo. Creyó que los jóvenes huirían lejos de aquí, pero habían tenido el atrevimiento de regresar. Ja. BaekHyun iba a ganar y vería a ese sujeto siendo arrestado.
—BaekHyun, ¿Quieres explicar tu comportamiento?
El doctor Kim lo estaba tuteando y regañando en frente de medio mundo. BaekHyun no se lo creía.
—¿Disculpe?
—JongIn dice que perseguiste a su esposo y a él cuando ambos tenían permiso de salir. Y eso no es todo, los golpeaste a ambos.
BaekHyun abre sus ojos, incrédulo ante lo que escucha.
—¿Qué? ¡Eso fue en defensa propia! ¡Ellos-!
—No, BaekHyun. —JongDae le cortó. —No puedes venir y atacar a mis pacientes. Además, JongIn es exageradamente considerado en no denunciarte.
—Quien lo va a denunciar, voy a ser yo. Él es un farsante. —Acusó, metiendo su mano en su bolsillo en busca de su celular. —Se los voy a probar.
El doctor Kim caminó a paso firme hacia su colega menos favorito, se quedó a su costado, esperando.
—¿Y bien, BaekHyun?
Byun buscaba y buscaba su celular, buscó en cada uno de sus bolsillos. Pero, en realidad, no tenía muchos bolsillos. ¿A dónde fue el celular? Mierda, mierda y más mierda. BaekHyun estaba en la mierda. Alzó la mirada, todos le veían como si fuera un bicho raro, pero ¡él decía la verdad! Quienes mentían estaban parados al fondo del salón siendo reconfortados. Esto no era justo. Su mirada choca con la de KyungSoo y lo recuerda, las manos del chico se habían paseado por su cuerpo y, seguramente, le había quitado el celular. ¿Qué carajos? ¿Cómo podría saber que los estaban grabando? Además, se esperaría ese actuar de JongIn, pero no de KyungSoo. Aunque, eran cómplices al final, ¿no? ¿O qué demonios estaba pasando?
—Puedes llamar a Kim Woobin, él atendió a-
—Lo sé. —JongDae le cortó. —Yo soy el doctor actual de KyungSoo, sé la historia clínica de mi paciente.
—¡Entonces, deberías saberlo!
—¿¡Saber qué, BaekHyun!?
—¡JongIn es un asesino y secuestrador, KyungSoo no es su esposo!
Las conversaciones en voz baja cesaron debido a la grave acusación.
—El mes ni siquiera ha sido completado... —JongDae murmura.
—¡Eso no importa! ¡Nuestra tonta apuesta es irrelevante! —Byun coge del hombre a Kim. —Te estoy diciendo que ese hombre es un posible asesino y, ¿no haces nada? ¿¡Nada!? ¡Hay que llamar a la policía!
—BaekHyun, relájate.
—Créeme, JongDae. —Suplicó, juntando sus manos.
—No puedo hacer eso. —Susurró, giró llamando con su mano a las enfermeras. —No estás pensando con claridad, creo que el misterio te consumió por completo.
—¡Kim Jong-! —BaekHyun dejó de gritar cuando cubrieron su boca con una mano, lo sentaron en una silla de ruedas y algún líquido le fue inyectado. Quería quejarse, pero quizá sí debía relajarse.
Seúl. ¿? de abril de 2022. ¿?
BaekHyun despierta en una habitación con paredes acolchadas blancas. Estaba sobre una cama del mismo color. Se alegra de al menos no estar usando una camisa de fuerza. Se sienta, intentando recordar que fue lo último que sucedió antes de aparecer ahí. Lo recuerda a la perfección, recuerda que nadie consideró sus palabras y que él cayó en desesperación. Y ahora aparecía en ese cuarto, ni siquiera en el que había sido designado como suyo. Mierda. Todos suponían que deliraba. Debía haber alguna manera de probar su inocencia, ¿no? Él no hizo nada malo, no debe estar ahí encerrado.
Escucha un ruido y mira hacia el lugar que lo produjo. En la puerta, la cual tiene una pequeña ventana cuadrada de vidrio, está KyungSoo, viéndole y sonriéndole. ¿Eso era un chiste de mal gusto? Oh, por Dios. KyungSoo levantó el muñeco y le movió la mano como si el bebé le saludara. BaekHyun ya no sabía si seguía durmiendo o si de verdad estaba despierto. Preferiría que esto fuera una pesadilla a su realidad.
KyungSoo acercó sus labios al vidrio, dejando salir su aliento y empañando el vidrio. BaekHyun arrugó el entrecejo cuando notó que el menor escribía algo. El dedo índice se deslizaba por el poco espacio, trazando líneas. Los pies de BaekHyun se bajaron de la cama y caminaron hasta quedar frente a la puerta. El dedo de KyungSoo se alejó, revelando el corto mensaje.
Tenías razón.
BaekHyun no comprende. ¿Razón en qué? Siente miedo, siente enojo, siente... Muchas cosas. ¿Qué demonios está sucediendo?
KyungSoo borra el mensaje con su mano. BaekHyun se estremece al ver la sonrisa que a pesar de ser muy bonita tiene un toque macabro. KyungSoo acerca su mano a su oído, sacando un aparatito negro, se lo enseña a BaekHyun, quien sigue procesando toda la información recibida e intentando unir cabos sueltos. KyungSoo deja caer el aparato y lo pisa con fuerza, rompiéndolo. Gira su rostro hacia la derecha, pareciera que alguien le ha llamado, pero BaekHyun es incapaz de escuchar la bulla de afuera. KyungSoo sacude su mano, despidiéndose y sacude la mano del muñeco.
BaekHyun retrocede de espaldas, alejándose de la puerta.
KyungSoo corre, dando brinquitos hacia Sooyoung, quien le dice “travieso”. Se toman de la mano y se alejan de ese corredor.
BaekHyun se tropieza con su propio pie y cae al suelo.
Sooyoung conduce a KyungSoo hacia la oficina del doctor y jefe del centro psiquiátrico Sunshine, Kim JongDae.
BaekHyun sabe que hay una pieza en el rompecabezas faltante.
Dentro de la oficina del doctor Kim JongDae, está JongIn.
—Entonces... —JongIn murmura mientras deja encima del escritorio el celular de Byun BaekHyun y su propio auricular.
—Entonces, esto se terminó. —JongDae sonríe ampliamente, recogiendo el teléfono y metiéndolo en una bolsa plástica.
—¿Y la casa?
—Sí, sí, la casa. —JongDae asiente. —Esta misma tarde la compraré y podrás tener por fin tu nidito de amor con KyungSoo.
JongIn suspira, encorvándose en su asiento, simplemente relajándose. El año pasado y el inicio de este año ha sido una locura. Y todo por una casa, la casa de sus sueños y los de su esposo. No tenían el dinero suficiente, así que le pidió ayuda a su hermano mayor, el famoso psiquiatra Kim JongDae. JongIn se imaginó que su hermano lo mandaría a volar, pero, sorprendentemente, aceptó, pero con unas condiciones propias de la familia Kim, esa misma familia que ama las películas y que siente que vive en una.
JongDae le explicó que trabaja en un experimento, uno bastante desquiciado. Quizá no era tan buenito como lo pintaban. Él quería ver si una persona ante supuestas pruebas verídicas era capaz de creerlo y hacerlo con tanto ímpetu como para caer en desesperación. Él quería hacer enloquecer a alguien. Y eso hizo. El experimento del que le habló al doctor Byun fue una mentira. Bueno, en parte. Sí había dos personas viviendo en el hospital mental sin ninguna enfermedad. Pero no se trataba de que BaekHyun les descubriera, sino que pensara que JongIn era un asesino. Y lo consiguió. BaekHyun suponía eso.
A JongDae le había tomado mucho tiempo en convencer a personas para que participaran de su experimento, la gente temía y lo rechazaba. Pero su desesperado hermanito aceptó de inmediato, trayendo consigo a su lindo esposito, el cual quedó embarazado en medio de las planeaciones. JongDae coordinó lo demás con Kim Woobin, quien sí recordaba a BaekHyun y tampoco le agradaba, ¿algún tipo de resentimiento? ¿Venganza? Tal vez.
—Bueno, eso es todo. —JongIn se levanta, girándose y encaminándose a la salida.
—Felicidades. —Dice antes que su hermanito salga. —Felicidades por el bebé.
Aún había bebé. Luego de que todo se saliera de control en la casa de los espejos. KyungSoo no había dejado de llorar. JongIn insistía en llevarlo a una clínica, pero su hermano le aseguró que él mismo los llevaría. Tan solo faltaba un último movimiento. Luego de que encerraran al doctor Byun, JongDae los llevó a la clínica. Y sí, el bebé no sufrió daños. KyungSoo volvió a respirar con tranquilidad, aunque aún seguía sin confiar en su cuñado.
JongIn asiente. —Gracias...
Abre la puerta y sale, sonriendo. Automáticamente, sus ojos ven a su amado KyungSoo, quien aún finge que perdió un bebé y que cree que el muñeco es su adorado hijo.
—¿Nos acompañas a la puerta, Sooyoung? —JongIn inquiere mientras toma la mano de KyungSoo.
—Sí.
La chica guía el camino, a pesar de los jóvenes ya saben cuál es.
Antes de salir por las puertas de vidrio hacia el estacionamiento, en el cual ha dejado su carro (el pago adelantado de su hermano), se gira, decidiendo a olvidar todo lo que ha hecho. Mentiría si dijera que no siente pena por el tipo al cual tuvieron que engañar. Pero lo hecho, hecho estaba. Y no se arriesgaría a decir nada a nadie, su hermano podía tomar represalias contra él. Y si había planeado todo ese espectáculo para un experimento, entonces, podría hacer algo similar (quizá un toque más sencillo, pero no menos perturbador) para enseñarle a quedarse callado.
—Espero me inviten a la inauguración de la casa. —Sooyoung habla en tono cantarín.
Cierto, la chica también lo sabía.
JongIn saca la llave del carro, presiona el botoncito, las puertas quitan el seguro y su esposo y él suben.
—¡Claro que sí, Sooyoung! —KyungSoo chilla, cerrando la puerta. —Oye, JongIn.
El moreno rueda los ojos.
El blanquecino lo nota.
—Oye, amado esposo, ¿Qué hacemos con esto? —KyungSoo sacude el muñeco. —Da miedo.
—Literalmente le diste tu pecho a esa cosa. —JongIn se burla.
—¡Tu hermano me obligó! —Grita. —¡Y, oh, no me hagas acordar! ¡Casi me da un patatús cuando tu hermano me dijo por el auricular que me pare en la ventana! ¡Además, no entiendo por qué teníamos que actuar cuando ese tipo no nos estaba viendo!
—No grites, amor. —JongIn se queja mientras mete la llave para empezar a conducir. —Practicamos eso con anticipación, JongDae es cuidadoso, no iba a equivocarse, nada nos iba a pasar bajo su supervisión... Lo bueno es que se terminó.
—El sujeto nos vio teniendo sexo. —KyungSoo refunfuña.
JongIn se carcajea.
—Bueno, no lo volveremos a ver, así que no le des tanta vuelta.
—Eso espero. —KyungSoo se echa en el respaldar, observando el cambio de la cochera al paisaje de la ciudad.
Ah, que bien se sentía volver a ser libre y ya no un títere de Kim JongDae.
KyungSoo estiró su brazo, moviendo los botones para prender la radio. Cambió de emisora varias veces y la dejó en una melodía muy alegre. Tan alegre que ni se acordaba que esa canción la escuchaba siempre dentro del psiquiátrico para mantener la cordura.
—Sol, paletas y arcoíris. —KyungSoo cantó. —Todo lo que es maravilloso es lo que siento cuando estamos juntos. —Miró a JongIn, sonriéndole. El moreno sonrió de inmediato.
—Awww, ¿me estás dedicando esa canción?
—Más brillante que un centavo de la suerte... Cuando estás aquí, las nubes oscuras desaparecen. —KyungSoo movió sus manos como si bailara.
—Querido, y me siento tan bien solo con saber que eres mío. —JongIn se unió, así que cantaron al unísono.
La canción finalizó y ellos se dieron un piquito.
El camino fue tranquilo hasta que KyungSoo exclamó que parara el carro. JongIn desaceleró, KyungSoo bajó la ventana y cogió el muñeco. Había visto un montón de basura acumulada en una esquina, así que aprovecharía para tirar ahí el muñeco. Quizá un ciudadano común pase y se lo llevé. Quizá el camión de la basura sea quien se lo llevé. No importaba quien se lo llevara. KyungSoo simplemente no lo quería más a su lado. Y esa fue una buena elección, pues ambos jóvenes se habían olvidado que dentro del muñeco había un pequeño parlante que es por donde JongDae ponía los lloriqueos o las risas del bebé. Además, de también tener un micrófono por el cual el psiquiatra podía escuchar las conversaciones de su hermano y su pareja. Siempre tan controlador y meticuloso.
Los jóvenes esposos siguieron su rumbo hacia su departamento que, sorprendentemente, seguía intacto. JongDae se había encargado de pagar el alquiler, pero supusieron que el mayor u otra persona (como quien lo alquila) quizá habría entrado, pero todo estaba en donde lo habían dejado. JongDae no tenía interés en fisgonear el departamento de su hermano y el casero era muy flojo para hacerlo. Se tiraron en su sofá, esperando a que JongDae les avisara cuando podían ir a su nuevo hogar.
Una familia feliz que vivía en un psiquiátrico. No había nada raro ahí. Tan solo realizaban un pequeño trabajo a cambio de un pago muy bueno. Una familia feliz que ahora tenían una casa enorme de dos pisos y jardín trasero. Bendito sea el dinero de Kim JongDae. Y bendita las agallas de los esposos por lograr con éxito el experimento.
FIN.
holi
ahora, acerca de la historia:
1. El OS está inspirado en el experimento de Rosenhan, el cual consistió en que el doctor Rosenhan y otras personas fueron ingresadas en clínicas mentales sin padecer de ninguna enfermedad. A raíz de ello, un hospital universitario dijo que eso no pasaría en sus instalaciones, así que Rosenhan mandaría pacientes como un “desafío” para que averigüen quien finge. Sin embargo, él no mandó a nadie. Entonces, en el OS JongDae usa de excusa el experimento de Rosenhan, retando a BaekHyun a averiguar que persona miente.
2. El experimento que le comenta a BaekHyun es una fachada. En realidad, JongDae quería ver si podía confundir/jugar con la mente de alguien. Él aprovechó que Baek era un engreído y orgulloso para que aceptara participar del experimento falso. Por ende, a quien JongDae va a examinar es a BaekHyun, BaekHyun es el sujeto de prueba.
3. La historia de JongIn y KyungSoo es real. Sin embargo, los tiempos son incorrectos. Es decir, cuando se menciona que “hace un año tuvieron un hijo” es mentira. JongIn y KyungSoo, luego de graduarse y casarse, sí querían una casa, pero no tenían dinero suficiente. Por eso, JongDae dice que les comprará la casa a cambio de que participen del experimento (y también les regaló un carro para demostrarles que sí iba a cumplir). JongDae busca usarlos a ellos para confundir a BaekHyun. El experimento es que BaekHyun crea que JongIn es un asesino y secuestrador para ver hasta que punto es capaz de llegar, para ver si enloquece o no.
4. No todas las personas saben que JongIn y KyungSoo fingen. Las únicas personas enteradas eran Sooyoung y Woobin. Esto se debe a que el experimento por su falta de ética y moral es secreto. Por consiguiente, JongIn y KyungSoo debían actuar siempre e incluso sí estuvieron en la clínica de Woobin viviendo por un tiempo. JongDae quería asegurarse de tener testigos reales, pues no sabía de qué manera el sujeto de prueba (que resulta ser Baek) iba a actuar. Por eso, JongIn y KyungSoo tenían auriculares por donde JongDae les decía que hacer, que decir.
5. Una vez que JongIn y KyungSoo ya son parte del experimento, KyungSoo se embaraza y las pastillas que toma son vitaminas prenatales.
6. KyungSoo y JongIn no sabían quién sería la persona a la que deberían engañar debido a que JongDae no tenía a nadie en mente y, como se dijo anteriormente, él aprovechó la petulancia de BaekHyun para mentirle y hacerle entrar en el experimento.
datos extra:
⮕La historia, si bien está inspirada en el experimento Rosenhan, se me ocurrió cuando escuché “Sunshine, Lollipops and Rainbows” porque me imaginé una persecución en un laberinto de espejos y esa canción de soundtrack JAKJAJKSJ.
⮕Debido a que el trasfondo del OS es un poco macabro, en vez de hacer una portada y separadores darks, quise hacerlos todos cute como la vibra de la canción🌈.
⮕Ahn significa paz y Suk significa inmóvil. Quería que su nombre se relacionará con el hecho de ser un muñeco kjasj. Asimismo, el bebé que puse en uno de los separadores es un muñeco realista, quise poner un títere de ventriloquia, pero no encontré uno que fuera de bebé :(
si quedan dudas, yo encantada de responderlas :D
por último, muchas gracias a @DearDani17 por invitarme a participar del Fest :D♥
gracias por leer<3