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•🪻Juntos por la Eternidad 🪻

Summary

Arka fue atacada, G.U.N invadió la instalación y rápidamente nos están persiguiendo. Yo, la forma de vida definitiva corro junto a María, la persona más hermosa e importante de la tierra con la única misión para protegerla. Corro hasta la cámara de evacuación, en donde solo hay una cabina para salir de aquí, el doctor Robotnik no nos da mucho tiempo y pronto hay un arma amenazando tu delicada vida. No dejaré que alguien te aparte de mi lado, vivo o muerto. Una historia en donde María no es asesinada y Shadow logra ser feliz.

Status
Complete
Chapters
1
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n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1

La bala se acerca, demasiado rápido para que puedas esquivarla, pero no lo suficiente para que yo no puedo hacer algo al respecto. No dejare que de mi lado te aparten, tus ojos brillantes de un azul eléctrico me lo comprueban, aquel miedo que los inundan junto a cristales que de tus ojos resbalan.

No le permitiré al destino que te aparten de mi lado. Corro, lo suficiente para empujarte, pero el sonido sordo me hiela al sentir la sangre manchando mi mundo.

Escucho la puerta de la cápsula abrirse, un sonido frío como el de una heladera. Los oficiales todavía están muy lejos pero me preocupa que no lleguemos a tiempo. Veo tu rostro, aterrado, manchando tu inocencia con mi ser, te preocupes demasiado por mi.

—Hey, no te preocupes, daría mi vida por ti.—Obviamente miento, la bala perforó mi cuerpo peligrosamente cerca de uno de mis pulmones, y arde, arde demasiado, pero te ofrezco una de mis más grandes sonrisas para que no te preocupes, para que al menos creas que estoy bien porque tienes que ser fuerte, tenemos que serlo. Todo nuestro mundo se está derrumbando y no puedo permitirme perdernos.

Te tomo de la mano, presionarte el boto para irnos, los dos. Los pasos rápidos de los soldados se escuchan más cerca, tan cerca, que te permito cerrar los ojos y aferrarte a mi mano como si en algún momento nos separan.

—Todo va estar bien, no llores.—Pero realmente ni yo sé si es cierto.

Una bala, los soldados llegan rápido a la cabina y rozan por cerca mis púas.No tenemos tiempo. Pienso mientras tomo tu mano y te empujó cerca de esa cabina de cristal, se que estás asustada, y lo lamento pero es la única manera.

La puerta está apunto de cerrarse y te abrazo, nos abrazamos como si fuera el último día de nuestras vidas mientras mantenemos los ojos cerrados, cerrados con fuerza ignorando lo que frente al cristal se oculta. Se que nos quieren con vida, no dispararán al vidrio esperando que muramos entre el espacio y la tierra.

Pero cuando la nave al fin despega, cuando nos alejamos de nuestra vida, de nuestro mundo, me aferró más a tu cuerpo, estoy asustado y tú también lo estás porque ambos estamos temblando y escucho tus lamentos como si fueran míos, tus lágrimas que resbalan de tus ojos que ya son parte de mis púas.

—Te quiero Shadow.—Tu suave voz me mantiene en la tierra, la sangre que mancha tu vestido que es mía me cansa, me agota, no creo poder estar despierto mucho tiempo...Perdóname María.

—Te amo como a mi pequeño hermano, te amo como mi única esperanza...¡Te amo hermano menor! ¡Por favor no me abandones!

Pero tus gritos desconsolados no me ayudan, lloro al igual que tú. Se que el mundo de abajo, al que rápidamente nos acercamos, es peligroso, no son los cuentos de hadas que nos han contado, no, para eso me entrenaron, y por ende daría la vida por ti...Para protegerte.

—Yo también te amo...Hermana mayorr.

El calor inundan los cristales hasta sentir que se derretían, la estábamos cruzando el cielo, que para nuestra desgracia no nos dio la bienvenida con un cielo azul, no, en cambio nubes grises iluminaban el cielo, de diferentes colores pero siempre apagados, ¿Y nosotros? Rompiendo todo aquello como ángeles que caen del cielo, dejando apenas un rayo de luz dorada atravesar toda esa miseria.

La arena bajo nuestro se acercaba, a apenas unos metros del mar negro.Cierra tus ojos. Pensé pero nunca pude gritar al notar que el inminente golpe se acercaba, me aferre a ti, y tú a mí, y sentimos como al fin todo se acababa, como todo se volvía negro, como entre la oscuridad nos perdíamos.

Perdóname por manchar tu inocencia, por no ser el héroe que esperabas ni la estrella que te alumbrara. Ahora siento que me pierdo en un vacío, uno en donde no puedo alcanzarte, ni cuidarte, pero se que vas a estar bien ¿Verdad?

En el vacío en el que floto no hay estrellas, no hay una esperanza a la que aferrarme antes de dormir. Todo esta tan muerto, tan oscuro, me aterra ¿Dónde estas Maria? No quiero abandonarte, aun no estamos listos para el nuevo mundo.

Pero toda oscuridad se disipa con la borrosa lampara sobre suya.

—Una pesadilla.—Murmure por lo bajo, era patético, las lagrimas que amenazaban de sus ojos lo delataban, estaba llorando, al menos, vivió, sobre la mesa de lo que parecía ser una cabaña, y esa luz sobre suyo.

Lentamente se levanto para sentarse donde estaba. Su cuerpo dolía a horrores, cada punta de su ser hasta la mas mínima púa. De pronto, un sentimiento familiar lo invadió, revisando con el la herida de su pecho, vendado, ningún rastro de sangre habia en su pecho, en sus brazos, en sus piernas, pero inspeccionando su cuerpo, no tenia guantes, ni calcetines, se sentía desnudo con la frialdad de la noche, pero no pudo hacer ningún movimiento mas al notar que te recargabas en la puerta, tienes puesto un vestido azul, completamente limpio pero distinto. Aun te veías igual de bella con tu pelo recogido y una sonrisa de oreja a oreja alumbrando tus ojos.

No quería verte llorar, llorar de alegría mientras corrías y me abrazaras, aun cuando mi cuerpo dolía hasta carcomer mis huesos. Sabia que te habia asustado, que te aterraba tanto el hecho de que tu me abandonaras como que yo lo hiciera. Lo sabia.

No era necesario que repitieras una y otra vez que lo sentías, pero aun así, me alegro estar contigo, abrazarte en el nuevo mundo en el que ahora pertenecíamos, y se, la herida que habia dentro de tu corazón por la perdida de tu abuelo era grande. Quería ser el hombro en el que podías secar tus lagrimas y cumplir su promesa de protegerte.

Esa noche, nos quedamos allí dormidos sobre la mesa, en un lugar que no conocíamos pero, juntos.

Cuando nuevamente sus cansados ojos se abrieron, note que aun dormías abrazándome, por mucho que mis huesos calaran, te sonreí, como usualmente hacíamos en Arka, viendo la tierra en la que caminamos sobre las estrellas.

Te solté levemente, notando los rastros de lagrimas que habían quedado en tu rostro el día anterior. Seguramente me habías cargado hasta este lugar tu sola y habia curado mis heridas. Eras tan dulce ángel y te marcamos, todo el mundo lo hemos hecho.

Te dejo allí y decido examinar la cabaña por completo, era de madera y algo espaciosa, recorría cada habitación con la esperanza a que nadie estuviera, con tan solo una habitación, una sala, un baño y una cocina. Extrañamente, todo lleno de cosas de utilidad, cubiertas de polvo y telarañas pero, aun lo mas triste, era la foto del doctor Robotnik junto a dos personas mas tras el espacio en la sala, una mujer rubia, de los ojos mas azules que haya visto y un hombre alto y delgado acompañándola.

—La familia de Maria.—Murmure, lo que claro era obvio pero, creo que le alegrara tener algo que le recuerde a nuestro antiguo mundo.

No sabia que seguía a partir de esto, realmente, esperaría la eternidad pasarla junto a Maria en Arka, ella siendo una gran doctora que curaría al mundo de como era.

Pero el mundo no resultaba ser así, no para ellos.

Su enfermedad estaba curada, viviría tantos años como una persona normal, aun así, el terror de que se volviera a enfermar la invadía, sin el doctor Robotnik o medicina, sin nadie. Temía que Maria moriría, y le abandonará.

Frotó su rostro con frustración. No debería de estar pensando en eso, apenas ambos habían salido con vida de Arka, no podía pensar tan rápido en que lo abandonaría, tal vez es el trauma que le dejo el evento. No sé imaginaba todo lo que tendrá que liderar María.

Pero le sonreía al destino por estar vivos, al menos.

Camino un poco frente a aquella foto sobre la estantería, misma dónde a lado podía ver el sobre de una carta, una antigua repleta de polvo que buscaba ser abierta, cuál no dudo en abrir con sus desnudas garras.

Maria Robotnik...

Mi querida María, si estás leyendo esto es porque mis supersticiones eran correctas: G.U.N dudo de lo que hacíamos en Arka.

Cometí cientos de equivocaciones pero de todas, de la que más me arrepiento, fue arriesgar tu vida y arrastrarte a esto.

Si lees esto es porque lograste sobrevivir, de lo que estoy muy orgulloso, pero por ahora, te pido que te mantengas escondida, por lo menos un par de años, construí está casa para que te mantengas a salvó un tiempo, después de veras en la obligación de partir al pueblo y rehacer tu vida.

Elegí este lugar, a las orillas del sur de California porque siempre note que el mar te asombraba, y se quea pesarde mi ausencia... Sobrevivirás. Para eso deje varios montones de dinero para abastecerte toda tu vida en el armario de tu cuarto...

Lamento que esto haya sido que ser así, lo lamento, arranque tu infancia y te obligue a esto. Lo lamento tanto mi pequeña Maria. Tu madre no estaría orgullosa de mi, en lo más mínimo, pero siempre vio valentía y esperanza en ti, una que lamento no ver florecer.

Atte:

Dr. Gerald Robotnik

Decía aquella carta de polvo. No puedo evitarlo, una lagrima resbala por mi rostro para caer sobre el papel viejo. Finalmente, el doctor Robotnik también era una parte de mi, alguien importante, y con esto se despedía, como si la mañana de ayer no fuera una como cualquiera.

Esto le arrancaría el corazón a Maria, Pero siquiera pude pensar en esconderla cuando sus pasos cerca mío me asustaron. Nervioso yo como si algo malo hubiera hecho tan solo bajo la mirada, sin contar que mis lagrimas cual lluvia caían sobre la alfombra.

Tomaste mi mejilla y levantaste mi mirada para alumbrarla, con una gélida y dulce sonrisa. Tomaste la carta y a la vez mi mano, y ambos nos arrastraste al sillón de lado tuyo. Poco te importo que estuviera llena de polvo y que tu te vieras tan perfecta, te sentaste sobre el y yo junto a ti te acompañe, recosté mi cabeza entre tus piernas, mientras tu tiernamente me acariciabas, perdiendo la vista entre la foto frente nuestra y aquella carta entre tus manos.

La leíste, y ni siquiera acabar tus lagrimas se hacían presentes. Te dolía y lo lamento, no podia hacer mas que aferrarme a tu vestido y mancharlo con mis lagrimas. Lamento no poder hacer mas para callar tu llanto, tan solo te aferrarse a mi, como tu ultimo peldaño, y yo a ti, como mi pequeña luz.

Solo somos unos niños. No merecíamos esto...

Pero en cambio, tras lamentarte y los días pasaran, salimos de aquella cabaña para ver el mundo del que nos excluían. Y era hermoso, pareciste brillar incluso aun mas con tu brillante sonrisa ansiada del mundo.

Todo era naranja y marron, igual a leves imágenes del otoño que habíamos visto, pero el olor, los colores, todo era distinto a lo que nos imaginábamos.

Al instante, corriste alejándote del porche, aun a pesar del frio con apenas una bufanda roja y unos guantes blancos, corriste y saltaste sobre las hojas de otoño que se acumulaban desde hace meses. Riendo y carcajeando, mas feliz y alegre de lo que alguna vez pude haberte visto.

Obviamente corro al igual que tu, claro igual con una bufanda roja alrededor de mi cuello, mis guantes y mis patines, me acerco a ti y siento la brisa recorrer mis púas, recorriendo mi cuerpo hasta hacerme cosquillas y reír tan fuerte como tu, antes de dar un salto de fe y de igual manera caer sobre el montón de hojas para hacer que decenas de ellas volaran a nuestro alrededor.

Todo era perfecto, reíamos juntos mientras hacíamos ángeles de hojas, hasta que el tiempo pasara y ángeles de nieve creáramos, y lo mismo con las flores de primavera.

Todo era perfecto...

Pero sentía como lentamente el tiempo te arrebataba de mis brazos.

Cuando me doy cuenta ya estas tan alta que el vestido de hace años comienza a quedarte corto aun cuando tu eres una persona tan delgada, aunque ahora andabas descalza por todos lados cuando ninguno de tus zapatos te quedaba. Sin perder tu toque mágico tarareando tu dulce canción preparando el desayuno en al cocina.

Yo en cambio, no habia crecido ni un centímetro, tenia la esperanza de crecer hasta tu altura para poder protegerte cuando ambos partamos al pueblo, notando como el tiempo comenzaba a acabarse.

Pero aun así seguíamos siendo niños, yo tenia 4 años apenas y tu apenas cumplías los 15. Aunque eso no evitaba tu brillante perfección, aun cuando tu escote haya crecido y tu cuerpo se remarcara, destellabas esa inocencia en tus ojos zafiro y en tu dulce sonrisa, manteniendo tu cabello largo como si de una cascada de oro se tratase.

Pero sabia que esta burbuja de oro pronto se expandiría. No se rompería, cambiaria, eso era todo.

Pero los días pasaron, un martirio: la primavera daría paso a nuestra nueva vida. Algo que ví de reojo en tus ojos, tu lo veías brillante y emocionada, yo en cambio necesitaba aferrarme fuertemente a tu mano mientras veía el exterior, aterrado.

Aún así seguimos caminando y abandonamos nuestro hogar durante unas horas.

Tu traías una capa blanca sobre un vestido violeta, que cubria hasta tus talones y tú brillante cabello con una capucha, mientras tú me habías cubierto con una capa rojiza que llegaba a arrastrar sobre la madera, y un casco de astronauta que había de las decenas de juguetes en tu habitación. Claro, no queríamos llamar la atención ni ser reconocidos, y menos por causar pánico al ver un extraterrestre mitad erizo con ojos rojos, pero ahora veo que es imposible, tus ojos azules destacan cuáles piedras brillantes y tú capa blanca te asemeja con las miles de flores blancas que rodean el bosque. Tan hermosa, era imposible que no llamarás la atención. Pero eso llegó a relajarme un poco.

Caminamos un rato mas hasta encontrar el camino, según un mapa en la cabaña, el pueblo estaba a apenas unos minutos de allí, no iba ser difícil encontrarlo.

Y así fue, caminamos un rato hasta estar a mediados de la civilización.

Note que veías todo con asombro y entusiasmada por conocer cada parte de el, como una chica normal de tu edad, como una persona normal al menos. Eso me hacía sentir mejor. La principal razón por la que habíamos venido era para comprarte algo de ropa, pero a la vez, también quería que experimentaras lo que era ser una adolescente para hacerte feliz, sabía que lo necesitabas después de tanto tiempo encerrada, en una estrella o en medio del bosque. Un ángel como tú merecía libertad.

De pronto comenzaste a correr entre los caminos, sosteniendo fuertemente mi mano. Al principio me preocupo pero cuando volteaste a mirarme, destellando tu sonrisa, solo parecía tu y yo entre la inmensidad.

—¡Vamos Shadow! ¡Tenemos todo un mundo que ver!.—Gritaste, gritaste con alegría y grandeza como si lo demás no importara. Tu grandeza y belleza era enorme.

Corrimos e inspecciónamos cada tienda de ropa. Y era por admitir pero cada vestido que te probabas se te veía hermoso, café, rojo, amarillo, blanco, cada uno tan inocente hasta las rodillas o largos hasta los talones, todo se te veían hermosos y yo como un espectador, veía tu sonrisa sentado sobre el cómodo sillón fuera de los vestidores.

Salimos rápidamente de allí, el día todavía nos sonreía como a las tres de la tarde, salimos casi corriendo del lugar, ahora tu con unas bellas zapatillas azules. Era expectante a tu sonrisa, emocionada por el siguiente lugar que visitaríamos. Fue cuando escuche tu estómago rugir con fuerza, era obvio que tendrías hambre si desayunamos temprano. Pero tú buscaste con la mirada los puestos que nos rodeaban, el pueblo era algo pequeño pero si tenían bastantes cosas interesantes. Yo quedé absorto mirando lo que nos rodeaban, muchas cosas distintas, pero dejé de ver cuándo desprevenidamente volviste a jalarme y arrastrarme unos metros hacia delante.

Agradecí que te detuvieras frente una cafetería, mis pies ardían y supongo que tú tenías mucha energía por sacar, algo impresionante de verdad mientras escuchaba tus fuertes arcadas de aire.

—¿Listo para comer algo?—Preguntaste con una sonrisa, igual de entusiasmada que el principio, yo no sabía de dónde sacabas tantas energías pero tan solo te di la razón Asintiendo con la cabeza, aunque pudiera responderte, este casco apenas me dejaba respirar no creo que me escucharas.

Empujamos la puerta y al instante una campanita sonó arriba nuestro, algo tierno a mi parecer. Al entrar una oleada de olor a café dulce y caramelo nos invadió y mi estómago rugió al igual que el tuyo, aún más al ver las decenas de donas que habían tras la vitrina, la lujuria brillaba en tus ojos, igual que en los míos. Nunca nos dejaban comer donas en Arka, apenas una pero en situaciones situaciones, como en el cumpleaños de María o en el mío. Pero tenerlas a nuestra disposición era un sueño después de tanto.

Corrimos al instante al mostrador, no habían muchas personas y el local era bastante grande y rustico, por tu sonrisa creo que nuestro nuevo lugar para transitar y pasar un buen rato.

—Oh, hola ¿Me darías una dona glaseada de chocolate y una de pudin blanco, por favor? ¿Y tu que vas a pedir, Shadi?—No me gusta que digas ese apodo mío, es algo vergonzoso, no lo malentiendas me encanta pero, me enoja la forma en la que te mira la persona tras el mostrador.

Un chico, de 15 años, delgado, pelo café, pecas y...La viva imagen de un Nerd después de tantas peliculas que habíamos visto, pero algo no me agradaba de este chico, sus ojos parecían perplejo sin apartarle la mirada a Maria. No me da buena espina.

Tomo tu mano y simplemente apunto a las donas de café y levanto mi pequeña mano enguantada para mostrar dos dedos, algo que al parecer les pareció gracioso a ambos.

—Que tímido eres ¿Cómo dijiste que se llama?

—Oh, si, el es mi hermano menor, Shadow.

—¿Sombra? Seguramente le pusieron ese nombre como sombra de su padre ¿No?

—Si, esperemos que no.—Ries con nerviosismo por su tonta suposición. Que yo sea hijo de un malvado extraterrestre no significa que tenga que ser su sombra, idiota.

—Oh, no, perdona, no quise incomodarte con mi pregunta. Mi nombre es Nicolas, Nicolas Thompson ¿Cu-cual es tu nombre?, nunca te habia visto en el pueblo.

—Eh, no, yo. No visitamos el pueblo muy seguido pero si esas donas son tan deliciosas como se ven, nos veremos muy seguido.

—Entonces, espero que sean de su agrado, su majestad.—Fruncí el ceño con molestia, Maria parecía una Reina, pero solo el podia llamarle de esa forma —Bien, cuatro donas y dos malteadas de vainilla, cortesía de la casa.

—Maria.—Dijiste tu nombre repentinamente, algo que al chico pareció parecer al instante, dejando de respirar un segundo mientras sus pecas se cubrían de un intenso rosa.

—Mi nombre es María.

—Maria...Q-que bello nombre tienes.

[...]

¿La vida es muy larga?, no, no lo es lo suficiente para apreciarla, para verla reír, para verla vivir.

María, eres la persona más hermosa que he conocido, y la seguramente hasta mi muerte reafirmare.

Parece que el tiempo se detuvo ¿Me crees? Porque todo lo que nos rodeaban giraba, la primavera y el invierno, pero a pesar de todo, tu sonrisa era eterna.

Mi época favorita era la primavera, siempre pareciste brillar más con tu vestido azul y tú ya largo pelo dorado.

Para mí el tiempo se detuvo, aunque para ti no, siempre que detenía tu mano lo sabía, no eras esa tierna niña que corría por toda Arka, y el tiempo siguió, tampoco eras una adolescente dulce que amaba cuidar las flores y comer helado y chocolate hasta que te doliera el estómago. Incluso por mucho que a la vez me alegra y me lastimaste, una mujer que deseaba una familia.

Porque tu vida fue muy hermosa, y el reflejo de ella eran tus hijos; un niño igual a ti y una pequeña niña únicamente con tus ojos brillantes y tú alegría.

No ví la hora cuando abandonamos nuestro hogar y nos fuimos con tu familia, de vez en cuando la visita amos pero, no era igual.

Tu seguías siendo hermosa y brillante, nunca hubo necesidad de trabajar pero siempre ibas a la cafetería por un tarro de café y unas donas, dejándome cuidar un segundo a aquellas hermosas gemas.

Amaba tanto a Melissa, tu hija, como a ti, y a tu hijo, Alex, siempre criandolo para ser un hombre fuerte y valiente, al igual que yo, decías.

No me importaba salir de casa, todo lo que necesitaba estaba allí, a pesar de que a tu esposo Nicolás todavía nos hacía preguntas del espacio y como era ser un extraterrestre.

Nuestra vida fue muy hermosa ¿No?, los niños crecían, la familia se iba expandiendo...Y finalmente...Partiste en la mañana más hermosa de la primavera. Se que la viste, volando eternamente como el ángel que eras sobre las nubes, y me alegra, se que no has de estar sola, después de tanto tiempo vuelves a ver a tus padres, a tu abuelo, incluso a tu esposo el cuál ya había partido...

No estoy triste, tuvimos una vida hermosa y por eso te lo agradezco.

Tus hijos están bien, Melissa cuida de tus gatos y de la cafetería junto a sus hijos y Alex planea irse a estudiar a la gran ciudad junto a su novia, estarán bien, son fuertes, eso lo sacaron de ti.

Vaya, casi 100 años viviendo en este pueblo y ya ambos eternamente pertenecemos...

Pero ya es hora de que me despida.

Se que tanto lo decías, que me acorralabas y no salía a mostrar mi verdadero potencial, para proteger el mundo, y ya te lo había dicho más de un millón de veces ¿De qué sirve proteger el mundo, si el mío me necesita?

Pero ya no me necesitas...No, ya estás feliz, y yo también, después de tantos años juntos te dejo partir con una sonrisa.

Acaricio levemente la cicatriz en mi pecho que se marcaba en mi corazón, allí perteneces, en la desicion que por poco me mata pero la mejor de mi vida, porque finalmente tú estábas viva para gozar del mundo con el que soñabas.

Dejo el ramo de margaritas sobre tu tumba y me levanto. Según rumores un familiar tuyo está causando desastre en Metrópolis y hay un erizo azul que intenta detenerlo que corre a la velocidad de la luz, algo que quiero comprobar por mi mismo, después de tantas burlas por los niños y Nicolás, supongo que también soy un erizo, por eso quiero saber de qué mundo me trajeron, porque pertenezco aquí, y eso nadie me lo va arrebatar.

Además me da curiosidad ese “primo” tuyo.

No te molesto mas, de hecho, ahora mirando el amplio cielo azul, hablándote como un lunático, a pesar de saber que me escuchas, te quería decir que te amo hermana, después de todo lo que vivimos juntos...

Adiós hermana, ahora yo seguiré mi camino.

Tal vez te haga caso y de igual forma haga un familia. Y ser eso que tanto deseabas para mí...

SE LIBRE MARÍA DESCANSA

por mí.


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