Baby Ranma Y Ryoga by Sileneyg at Inkitt
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Baby - Ranma y Ryoga

Summary

Está a punto de casarse y ser, después de tanto, la persona más feliz del planeta. O eso es lo que esperaba hasta que la presencia de aquel al que le perteneció cada uno de sus suspiros decidió aparecer una semana antes de su boda. - Los personajes al igual que la canción usada no me pertenecen, créditos a sus respectivos autores. - Basado en la canción "Baby" de Clean Bandit ft. Marina & Luis Fonsi - Más de 7000 palabras - Especial "14 de febrero de 2024"

Genre
Romance
Author
Sileneyg
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

O N E

Ranma Saotome se encontraba en un momento ameno en su vida. Podía decir que a lo largo de sus 24 años tuvo que enfrentar situaciones extrañas, pero eso no le quitaba la felicidad en sus recuerdos.

A la edad de 19 y gracias a su padre, Genma, recibió una maldición al caer en las lagunas de una zona lejana llamadas Jussenkyo. En su alborotada mente creía que jamás encontraría el amor de una persona, nadie estaría con un fenómeno que se transforma en hombre o mujer por el agua.

Se dio cuenta que estaba equivocado.

Después de tanto tiempo, insistencia por su padre y un compromiso forzado. Estaba a punto de casarse y la idea ya no le parecía tan mala.

No negaba que cuando se conocieron las cosas fueron raras, tuvo malos encuentros con su prometida, la relación era complicada y llegaba a ser molesta. Conociéndose mejor, terminó enamorándose y ella también.

Akane Tendo parecía ser la mejor opción para esposa.

En fin, ahora se encontraba a una semana del evento mayor, de su boda. Los nervios eran normales, tenía preparada toda su parte para ese día así que decidió salir un rato a tomar aire.

Caminaba con lentitud, pensando en cada una de las cosas que lo hacían feliz. Haberse mudado a aquella ciudad costera era una de ellas, amaba el olor de la arena y junto al mar, creaban uno de los más bellos paisajes.

No fue consciente del tiempo, pero todas las alertas de su cuerpo se activaron cuando notó una cabellera café con una pañoleta amarilla amarrada. Un poco desorientado, corrió detrás de esa persona.

No podía ser él ¿verdad?

No podía aparecer de repente cuando su vida estaba yendo mejor que nunca. Simplemente no tenía el derecho de quitarle la estabilidad que con mucho esfuerzo logró crear.

Sentía que sus pies le pesaban. Por más que se movía y actuaba como un animal escurridizo entre la multitud repentina de gente que se formó a las afueras de la playa, no logró detenerlo.

Seguro vi mal. Él no es capaz de aparecer de un momento a otro.—pensó con preocupación, regresaba su cara con las manos.

Camino de vuelta a su casa, más preocupado y nervioso de lo que salió en un inicio.

Mejor se hubiera encerrado en la habitación.

—¡Ranma! ¿Qué haces afuera tan tarde? —Fue recibido por su prometida con esa pregunta. —Cariño, parece que te dieron una mala noticia ¿está todo bien?

Akane se acercó a abrazarlo mientras acunaba su rostro con una de sus manos en un gesto amoroso. La chica había cambiado bastante en su físico, volvió a tener el cabello largo y sus actitudes ya no eran tan groseras.

Los dos habían aprendido a entenderse y acoplarse al otro, no era un sacrificio si al final del día lo que los impulsaba a ser mejores era su amor.

Saotome recibió el afecto sin queja alguna, sentir el aprecio y amor de su chica ayudaba a despejar su mente.

—Salí a observar algunas cosas, pero siento que alguien absorbió mi vitalidad de un segundo a otro. —se quejó, casi en un lloriqueo estúpido.

Cuando estaban los dos juntos solían encerrarse en una burbuja melosa.

—Anda a descansar, todo tu ser muestra agotamiento y eso me preocupa.

El chico asintió decidido, era lo único que deseaba ahora. Ese momento creado por su mente lo afectó demasiado.

No tenía que preocuparse por nada...

...

A la mañana siguiente, despertó con optimismo. Durmió toda la noche como un bebé, así que se encontraba tranquilo después de todo el alboroto mental y sentimental que sufrió ayer.

Planeaba preguntar ciertos detalles respecto a la celebración a su padre y el señor Tendo, quienes los estaban ayudando en todo lo que podían, al igual que recibían el apoyo de sus futuras cuñadas.

La mudanza, en un inicio, fue extraña porque abandonaron todo lo conocido en Nerima. Aun así mantuvieron la motivación intacta del cambio y las nuevas oportunidades que traería consigo. Jamás cortaron el contacto con sus conocidos por lo que ellos recibieron invitaciones a su boda.

Estaban al pendiente de los lugares de hospedaje y era algo de oo que esperaba conversar en el desayuno, no esperaba que todos ya se encontrarán ahí.

—Ah... Buenos días a todos. —saludó un poco incómodo al ser el último en llegar.

—Ranma, me alegro que ya te hayas levantado. —saludó su padre alegre mientras lo ayudaba a sentarse a su lado. —¡Duermes demasiado!

Avergonzado, sintió su rostro calentarse.

—Tío, no lo moleste. —refutó Akane quien le pasó un plato con la comida. —Ayer estaba decaído y por eso no fui a despertarlo.

Genma río a carcajadas.

—Si, yo.. lamento haber llegado tarde. Estaba pensando sobre unos últimos detalles de la celebración que quiero aclarar.

—Parece que es lo único en lo que tu y mi hermanita pueden pensar es en ya estar juntos y dejarnos abandonados. —dijo Nabiki continuando con la burla. Todos en la mesa rieron. —Pero hablando en serio, quisiera proponerles algo.

—¿Qué sucede? —preguntó está vez Kasumi como hermana mayor.

—Quiero que Akane tenga una despedida de soltera. —soltó de golpe.

La menor de los Tendo abrió la boca en señal de sorpresa, pero el resto solo se quedó congelado. Algunos incluso con comida en la boca.

—Nabiki te conozco.. —dijo Ranma, rompiendo el silencio incómodo que se estaba formando. —Estoy seguro de que querrás llevar a otros chicos a quién sabe qué.

—¡Lo que quiero es que se relajen un poco! —exclamó. —Tal vez la denotación es rara. Mi único interés es que se diviertan e ignoren esas preocupaciones con sus amigos antes del gran día.

—Tal vez no sea mala idea. —interrumpió el señor Tendo. —Cada uno puede organizar una reunión con aquellos que consideran más cercanos en la noche anterior a la boda. La mayoría de los invitados ya se encontrarán aquí para esa fecha.

Entonces Kasumi, quien normalmente sabe solo escuchar, dijo:

—Claro, la intención es buena siempre y cuando se mantenga la compostura.

—¡Si, exacto! —respondió Nabiki, feliz de que su padre y hermana la apoyaran. —No tienes que estar celoso, Ranma. Esta chica está perdidamente enamorada de ti, no sería capaz de hacerte daño.

—¡Nabiki! —exclamó ahora Akane empezando a colorearse por lo dicho.

Las risas volvieron a surgir por la expresión avergonzada de la pareja.

...

Después del penoso desayuno. Los dos chicos salieron de casa en una cita. Aun así, seguían conversando de los preparativos, votos y tantas cosas.

En un momento determinado, Ranma dejó de hablar y mantuvo su mirada fija en el rostro de la chica. Ella ni siquiera lo notaba por lo que seguía con su monólogo.

—...supongo que eso estaría bien, aunque no me convence del todo. ¿Por qué me estás mirando tanto? —preguntó confundida deteniendo su andar.

El chico se burló un poco internamente, pero formó una sonrisa en sus labios.

—Eres demasiado bonita cuando te concentras en algo. —le dijo acariciando su rostro.

Akane sintió como su rostro volvió a enrojecer ¿qué tienen con hacerla avergonzar el día de hoy?

—No sueles ser tan cursi. —reclamó tapándose el rostro con una mano.

—Lo siento, pero.. creo que debemos distraer nuestras cabezas. —comentó agarrándola de sus manos. —Disfrutemos de esta salida sin preocuparnos de otra cosa.

—Es que... Quiero que todo salga perfecto. Es una fecha muy importante y única en nuestras vidas. Espero que en un futuro podamos recordarlo como algo hermoso.

Ranma suspiró antes de estrecharla entre sus brazos.

—Agh.. moriré de ternura por tu culpa. —se quejó y la risa de Akane se escuchó ahogada al tener su rostro hundido en su pecho. —Te entiendo perfectamente. Supongo que son los nervios que todas las parejas pasan, pero no deseo que te estreses por ello.

La chica se separó un poco para asentir y darle un pico en los labios.

Continuaron con su cita más relajados, caminaron por todo lado hasta que la tarde llegó. Probaron unos helados y pasearon por la orilla de la costa. Decidieron sentarse y sacarse los zapatos y medias para sentir el agua que llegaba por las pequeñas olas que había en esa tarde.

—Hay algo que olvidé decirte. —comentó Akane en un momento en el que reinaba el silencio.

—¿Qué sucede?

—No te enojes, el otro día estaba limpiando tu habitación y encontré una foto con un chico. Te veías muy feliz y pensé que era algún conocido que olvidaste de invitar a nuestra boda.

Ranma sintió como su presión bajaba repentinamente.

—¿Tú lo in-invitaste? —No pudo evitar el titubeo, tenía miedo.

—Lo hice. Debí consultarte antes, pero no me acordé de eso hasta ahora. ¿Por qué no me dijiste sobre él?

—Ah.. —¿Cómo te explicó?completó en su mente. —Ryoga y yo éramos buenos amigos, pero nos separamos por ciertos desacuerdos y no he vuelto a saber nada de él.

—Entonces está es una excelente oportunidad para que retomen esa amistad. —dijo emocionada por la idea.

Eso no es posible.

—Si, tal vez.

...

Como se esperaba, sus invitados de Nerima llegaron un día de antelación lo que permitió que la fiesta que Nabiki quería hacer terminara realizándose. Se supone que serían encuentros separados. Por un lado la futura novia y por otro lado el novio. Por obvios motivos, Ranma se negó y dijo que prefería pasar la noche aparte.

"Aparte" significaba usar su forma femenina para hacerse pasar como una amiga lejana de Akane y alejarla de los pervertidos que todavía estaban enamorados de ella.

Imbéciles

De todas maneras, faltaban algunos minutos para darle un buen inicio a esa fiesta y se supone que Ranmasaldríade casa. Entonces, sonó el timbre de la casa y el chico, que se encontraba cerca de esta, fue a abrir.

Sintió cómo su corazón se aceleraba y la mueca llena de incredulidad inundó su rostro.

En eso, se acercó Kasumi al notar que Ranma no decía nada y decidió preguntar:

—¿Oh? ¿Te podemos ayudar en algo?

El chico lucía pálido y carraspeó un poco.

—Eh... Yo recibí una invitación para... —parecía que le costaba decirlo. —...la boda de Ranma.

Por algún motivo, todos estaban interesados en lo que pasaba en la fiesta y ahora Akane con su otra hermana llegaron.

¿Acaso estamos en una obra de teatro?—pensó Saotome frustrado. Esto no tenía que estar pasando.

—¿Eres conocido de Ranma? —habló Nabiki, curiosa, como siempre.

—¡Si! —exclamó nervioso. —Es un viejo amigo, Akane lo invitó.

—Así que tú eres Ryoga. —dijo la chica entonces. —Me alegra saber que llegaste.

Agarró de la mano al chico y lo hizo entrar, en ese instante Ranma sintió como su corazón se alteraba más de lo que ya estaba en ese momento. ¿Por qué le tenía que pasar esto?

—¡Chicos! ¡El resto de invitados están llegando!

—¡Ya voy! —exclamó Akane. —Si deseas puedes quedarte a una pequeña reunión que estamos haciendo antes de la celebración. —habló dirigiéndose al amigo de su prometido.

—Claro, no hay problema...

Akane le sonrió antes de retirarse, dejando que se quedara junto a Ranma.

—Yo me tengo que ir, así que puedes conocer a nuevas personas hoy. —dijo Saotome serió, pero sus manos temblaban.

—Espera, tengo que hablar contigo. —dijo Ryoga tratando de sostener su brazo, pero él no lo permitió.

—No tenemos nada de qué hablar. —Quería vomitar, se estaba sintiendo horrible. —Adiós Ryoga.

Saludo con rapidez a sus amigos que ya estaban dentro de la casa y subió a su cuarto, agarró una de las almohadas de la cama y la golpeó contra el colchón.

—¡¿Por qué tuvo que venir?! —murmuró frustrado. De por sí, estaba cansado con todo el estrés de preparar una celebración para que ahora tenga que preocuparse por un chico que desapareció de su vida.

Recostandose en la cama y cerrando los ojos, recordó que debía arreglarse para fingir ser una de las amigas más cercanas de Akane. Suspiró, ya no quería hacer nada. Ni siquiera deseaba bajar y tener que verle el rostro otra vez.

Una mano tocó su hombro repentinamente, asustándolo.

—¿Te encuentras bien?

Era su novia.

Tomó asiento mientras empezaba a zafarse su trenza, disimulando.

—Si, estoy excelente. Solo estaba pensando en qué ponerme.

—Puedo ayudarte en eso, yo también debo terminar de arreglarme.

Luego de algunos minutos de risas, Akane le dejó listo un conjunto y puesta ya su vestido rosado bajó para dar inicio a la reunión.

Ranma decidió no complicarse así que lo más rápido que pudo se sacó la ropa para mojarse con agua fría, ahora ser una mujer y vestirse.

Estaba usando un vestido rojo, demasiado llamativo diría ella, pero combinaba con su cabello. Era pegado a su cuerpo por lo que resaltaba su figura y tenía un brillo dorado en los bordes. También decidió usar unos zapatos bajos en vez de los pequeños tacos que la chica le estaba prestando. Se odiaba, pero no tanto.

Aplicó una mínima cantidad de maquillaje (aprendió en contra de su voluntad, pero ahora le agradaba) y agarró su cabello en una media cola.

Abrió la ventana de la habitación y saltó por ella a la parte de abajo, no había nadie en esa zona por el momento y aprovechó para correr a la entrada.

Fue recibida alegremente y eso le causaba gracia, nadie sabía quién era, pero tampoco la ignoraban porque era demasiado guapa. La mayoría de personas no eran capaces de despegar su mirada de ella, incluso la mirada de Ryoga, la que menos deseaba.

La música resonaba en el lugar y el alcohol iba desapareciendo con el tiempo. En algún punto, Ranma decidió alejarse de la chica y dirigirse a la parte de afuera.

La casa era bastante grande, por lo que tenía un gran espacio en la parte de atrás. Quería estar sola, pero ese fue un error esa noche.

—Jamás creí posible que Ranma Saotome se disfrazaría de mujer para una fiesta.

¿Es en serio? Parece que algo lo ataba a su existencia para lo que persiga todo el tiempo.

—Creo que estás confundido. —sonrió incómoda, se supone que no debía reconocerla pero ahí estaba Ryoga Hibiki diciendo su nombre con una sonrisa confiada, como si el mundo estuviera a sus pies.

—¿Uhm? Tal vez así sea. —respondió acercándose más, tocó su rostro de forma suave. —Aunque es extraño porque te pareces demasiado a él, incluso tienes la misma cicatriz. —Bajo su mano al cuello de la chica y acarició esa imperceptible marca de rasguño que mantenía un color diferente al de su piel.

Ranma agarró esa mano atrevida y la alejó con enojo.

—No deberías tocar a una desconocida de esa forma. —murmuró, sonando casi como un gruñido. Parecía un animalito rabioso.

—No intentes jugar conmigo, te reconocería en todos lados incluso si decides ser algún ser extraño. Aunque me sorprende la calidad de tu disfraz.

—No es un disfraz. —respondió. —De todas maneras eso no te importa.

Hibiki, con obvias razones, estaba sorprendido, pero prefirió seguir con sus comentarios.

—Es algo interesante, cuando te conocí no tenías estas extrañas habilidades.

—Dejamos de vernos hace muchos años, no voy a ser la misma persona que recuerdas, he cambiado.

Ryoga asintió, no queriendo indagar más y terminar en una discusión. De por sí ya recibía el odio de la chica como dagas directas a su corazón.

—Está bien... Yo solo quiero hablar contigo.

—Ya te dije que no hay nada pendiente entre tu y yo. —Lo señaló con su dedo índice para darle un pequeño e insignificante empujón en su pecho. —Mi vida personal dejó de ser de tu interés desde hace mucho así que.. ¿por qué no decides irte?

—No. Si estoy aquí, frente a tí, no es para rendirme a tu primer rechazo —dijo cambiando su expresión. —Sabía que esto pasaría así que estoy dispuesto a todo, menos a irme así que, por favor... —Él tenía una mirada triste, estaba angustiado. Agarró su mano, sosteniéndola contra su pecho. —...déjame hablar y después puedes hacer lo que quieras conmigo, solo dame la posibilidad de explicártelo todo está noche. Puedo arrodillarme o lanzarme de un acantilado si me lo pides, pero no ignoraré la última oportunidad que me queda.

¿Estaba siendo sincero? ¿O era para nuevamente dejarla botada?

Ranma se soltó con brusquedad, no quería su tacto. Las lágrimas que empezaron a formarse amenazaban con salir y eso no podía permitirlo, no era alguien sensible. Ya había sufrido demasiado, era su momento de dejar todo atrás, peroéldecidió aparecer en la peor de las circunstancias. Lo hizo cuando estaba a horas de casarse.

Puso las manos en su cadera, a pesar de su tristeza todavía estaba enojada y lo que menos deseaba era armar un escándalo que llamara la atención de Akane. Prefería ocultar esa pequeña parte de su vergonzosa y pasada vida.

—No me vas a dejar en paz hasta que acepte... ¿por qué debes ser tan insistente? —golpeó su frente con una de sus palmas.

—Vamos a la playa, estaremos cómodos ahí.

...

Fueron unos meses muy extraños.

Ranma cumplía 16 años en ese entonces y su padre decidió inscribirlo en un campamento para que se distrajera. No era algo que le encantara, pero no se quejaba por ello tampoco. Mínimo pasaría ocupado en esas vacaciones.

En realidad, era sencillo para él hacer nuevos amigos, su personalidad era bastante atrayente para quienes se encontraban a su alrededor. Algo a lo que debía sacarle provecho.

En fin, a las dos semanas ya tenía un grupito de amigos. Aunque se llevaba mejor con dos de ellos, Sakura Yoshida y Ryoga Hibiki.

Sakura era una chica mayor por un año, su padre era japonés y su madre canadiense. La mayoría de sus rasgos eran claramente orientales, aunque su cabello destacaba por su forma churona. Era una chica muy pequeña y su personalidad difería de su apariencia, testaruda y algo imprudente.

Ryoga era lo contrario, era un chico de familia nipona al cien por ciento, alto cabello café oscuro y ojos castaños con destellos dorados, algo que había notado después de observarlos por mucho tiempo, demasiado para admitir sin avergonzarse.

Era divertido pasar tiempo junto a ellos, pero Ranma era un adolescente en pleno autodescubrimiento y no fue capaz de notar que las cercanías con una persona en específico podía provocarle muchos sentimientos que hasta ese entonces eran desconocidos.

Ryoga era ese amigo con el que contaba para todo, en ese poco tiempo llevaban realizando ciertas travesuras a compañeros y formaban parte del pequeño grupo de “arriesgados”

Pero todo se volvía extraño, sus sentimientos estaban consumiéndolo a cada día. Estar a su lado significaba que el corazón le palpitara a una velocidad que ni él sabía que era posible, un nudo se formaba en su estómago y, tontamente, se perdía en sus rasgos.

Un día, se reunió con Sakura en una pequeña terraza y tomaron el sol ahí.

—No es algo que se lo cuento a todos, pero tú me das la confianza para hacerlo. —dijo la chica después de un rato en silencio.

—¿Qué sucede?

—Primero promete que no te burlarás de ello o juro que te arrancó los testículos. —amenazó la chica, sentándose para apuntarlo furiosamente con su dedo.

Saotome sintió como un escalofrío le recorrió el cuerpo.

—¡Calmate! No soy tan infeliz.

—Nunca está de más la advertencia. —comentó para volver a acostarse. —En un mes cumplo dos años con mi novia y no sé qué puedo regalarle.

Regalos de aniversario, son muchas cosas que se pueden dar, pero entendía los nervios porque se trata de algo importante. Más si se trata de la persona con quien ha estado por casi dos años, si era de su...

Espera...

—¿Dijiste novia? —Ahora el chico se levantaba sorprendido.

—Si, no me digas que eres sordo de un oído.

—No, no, solo.. me agarró desprevenido la noticia. —respondió. De repente, la idea de estar junto a Ryoga como una pareja, besarlo o abrazarlo íntimamente se le cruzó por la mente y se sonrojó. ¿A qué rato empezó a hacer calor?

—Te estás poniendo del mismo color que un tomate. —dijo burlesca. Sakura notó algo en la mirada de su amigo por lo que se aventuró a preguntar. —¿Qué pasa? ¿Te acordaste del chico que te gusta?

Ranma planeaba irse en ese instante y desaparecer de la faz de la tierra.

—Puedes decirme lo que sea, no te voy a juzgar. —continuó Sakura, agarrando su brazo. —Mejor cuéntame cómo notaste que te gustaba Ryoga.

—¿Es que eres una bruja? ¿Por qué supones eso?

—No lo supongo, es algo obvio, se nota a kilómetros ese trato diferente entre ustedes. Y por la gran pena que tienes en tu existencia justo ahora puedo deducir que ni tú eres completamente consciente de ello.

El chico empezó a jugar con sus manos, nervioso porque al parecer era lo único que sentía en esos instantes.

—Tal vez me estoy confundiendo. Ryoga es una buena persona y la relación que tiene conmigo no necesariamente es de algo más. ¡Aparte! Sería una coincidencia muy estúpida que los dos queramos ir más allá.

—Si, puede ser algo extra...

—Encima no entiendo porqué me tiene que gustar. Nunca he sentido esto con otras personas y ahora solo apareció frente a mi y es el dueño de todos mis pensamientos en el día. Paso frustrado porque no sé si estoy confundido o malinterpretando lo que pasa. —Si, estaba en crisis. Tenganle paciencia. —O se trata de un error y yo soy el problema.

—¡Tranquilo! —Sakura lo trajo de vuelta, se estaba dejando llevar. —No está mal que te guste alguien, sea del género que sea. Mucha gente va a decirte cosas horribles pero no debes de creerles. No está mal lo que estás sintiendo.

—Estoy perdido con todo esto. Solo no... no...

—Yo no voy a juzgar. Si deseas decirme algo escucharé.

—Gracias...

A pesar de que al inicio fue incómodo, Ranma pudo librarse un poco de esa carga que lo atormentaba, aunque ahora su amiga era quien lo molestaba. Siempre preguntaba a qué hora se iba a declarar y si le podía ayudar.

Todo en broma, claro, porque él no planea decir lo que siente a Ryoga. Incluso si se moría de ganas de estar más cerca de su persona. De abrazarlo o de...

—¡Ranma! ¿Qué te pasa hoy? Estás más valado que de costumbre. —bromeó su amigo, pasando uno de sus brazos alrededor de su cuello. —Nos hemos quedado atrás de la excursión.

Saotome cayó en cuenta del momento en que se encontraba, sonrojándose por sus ideas descabelladas. Estuvo caminando todo este tiempo de forma automática.

—Ah.. Solo pensaba. —respondió antes de negar buscando centrarse. —Es mejor que sigamos el camino, podemos perdernos.

Dispuesto a huir, se liberó del extraño abrazo, pero no pudo avanzar mucho de todas formas. Fue detenido por su amigo.

—Mejor sígueme. Hay algo que quiero mostrarte.

—No creo que sea buena idea. —Si lo era. — Tu sentido de orientación no es el mejor y ¡terminaremos en medio de la nada!

Hibiki viró los ojos fastidiado, ya sabía de su problema, eso era lo de menos en esta situación. Él quería estar a solas con el chico.

—¡No nos pasará nada! —agarró la mano del contrario, entrecruzando sus dedos y empezó a correr junto él fuera del camino.

Ranma sentía que su corazón se saldría por su boca en cualquier instante. Se dejó llevar, si era sincero no le importaba estar en el bosque si estaba al lado de Hibiki.

Había caído por él.

A pesar de que para él todo lucía igual, Ryoga parecía guiarse con facilidad lo cual era extraño. No sabía cuánto tiempo pasó, pero llegaron a un pequeño lago.

—Vaya... Este lugar es hermoso. —dijo Ranma notando las bellas flores que surgían alrededor de la zona acuática. Se encontraban en pleno verano así que los árboles poseían hojas de tonos verdosos brillosos. Era como una pintura perfecta digna de admiración.0

—Lo descubrí por error. No estamos lejos del campamento. —contó Ryoga. —Aquí suelen traer las sábanas de las camas a secar. Como hoy no es día de lavado está abandonado.

—Pero está muy oculto.

—Desde donde fuimos si es algo lejos, pero desde el campamento hay un atajo.

—¿Por qué me trajiste aquí? Este sería ser tu paraíso personal.

—Quiero pasar tiempo contigo, es todo.

Los dos chicos se sentaron al borde del lago, Ranma no dejaba de admirar la belleza de las plantas, el agua era tan cristalina que incluso se veía unos pequeños pececitos.

Era una situación muy íntima y hermoso. Los dos en silencio, escuchando el sonido del viento de fondo. Saotome sintió como una mano se posaba en el lado izquierdo de su rostro.

Sus miradas se encontraron y las apartaron con velocidad, pero el tacto de su mejilla con la palma del otro se mantuvo. No quería regresar a verlo. Perderse en aquellos ojos cafés casi dorados implicaba una perdición para su alma, significaba que sería capaz de hacer cosas de las cuales se arrepentiría después.

—Ranma, por favor mírame. —dijo el chico en un susurro que le produjo cosquillas. Se le estaba presentando una oportunidad única así que era su momento de arriesgarse ¿no?

Se hallaban frente a frente, con la piel erizada y no eran capaces de distinguir si era por el viento helado que también les provocaba escalofríos o por la cantidad de nervios que surgían de sí mismos. Tal vez la inexperiencia jugaría una mala pasada y todo saldría mal.

Solo que, no fue así.

Rozaron sus labios tímidamente, seguía siendo extraño y difícil de creer. Estaban cumpliendo un deseo que parecía imposible. El pequeño espacio que había desapareció cuando tomaron el valor suficiente para presionar sus belfos entre sí, se fundieron en un beso que anhelaban en secreto, pero que producía una felicidad inmensa con su realización.

Su manos se encontraban juntas, movían sus labios entre sí con delicadez con la felicidad llenando sus corazones. Era el inicio de algo diferente, de una buena vida.

Al separarse, la sensación de calidez y de amor no desapareció de sus cuerpos. Ranma juraba sentirse dentro de un hechizo porque no entendía el motivo por el cual todos sus sentidos solo eran capaces de prestarle atención al chico frente a él.

Incluso con temores, ya nada podía salir mal.

Después de eso, el resto de la tarde fue de muchas cosas incómodas y sonrisas vergonzosas. Claro que todo se detuvo cuando recordaron que la caminata debió terminar hace mucho.

Fueron encontrados por Sakura en medio del camino y luego llevados a castigo por haberse salido deliberadamente de la fila.

Pasar juntos, una semana entera en una cabaña alejada no era tan mala idea, tal vez no saldrían a las actividades diarias pero se encontraban juntos.

Al tercer día los dos se encontraban recostados en la cama, Ryoga recibía caricias en su cabeza y en cualquier momento caería dormido.

Solo que tenía una duda en su cabeza.

—¿Desde cuándo te gusto? —preguntó bastante somnoliento.

—Pues... No sabría decirte la fecha exacta, pero sé que fui consciente de lo que sentía poco a poco y eso me daba miedo.

—Miedo al rechazo o miedo de estar confundido. —dijo Ryoga levantándose levemente. —Puedo comprenderlo.

—Las cosas salieron bien de todas maneras.

Hibiki sonrió y plantó un corto beso en los labios del contrario.

—Tenemos que ser cuidadosos una vez estemos afuera, nos podemos meter en problemas si nos llegan a descubrir.

Claro, todo sería perfecto si la pareja fuera conformada por una mujer y un hombre, pero no era así.

—Lo había olvidado, pero no sucederá nada. Estaremos bien.

Los días siguieron pasando y entre actividades, salidas a escondidas, situaciones entre amigos su relación fue creciendo. Los dos se sentían muy tranquilos estando al lado del otro. Era esa sensación de haber encontrado a la persona perfecta en el tiempo adecuado. Se complementaban de una forma perfecta que el único miedo que podían llegar a sentir era separse. Ranma tenía la certeza de que su relación duraría mucho tiempo. Tenía esa corazonada.

El noviazgo oculto (pero siempre apoyado por Sakura) duró casi todo el campamento, estaban a finales de septiembre por lo que el otoño estaba más presente que nunca en el ambiente del bosque.

A veces, Ranma y Ryoga pecaban de descuidados. A buena hora, siempre lograban despistar cualquier comentario o actitud que tuvieron en el día diciendo que eran bromas o que seguro vieron mal. La emoción superaba al temor de los prejuicios.

O eso es lo que pensaba Ranma hasta el fatídico día que cambió todo.

Esa tarde, Ryoga lo había llevado de nuevo al pequeño lugar donde se besaron por primera vez con el propósito de celebrar sus casi tres meses de pareja, eso fue lo que él dijo.

—Deberíamos ir a otro lado, hoy es día de lavado y pueden venir en cualquier momento a retirar las sábanas. —dijo Ranma con la preocupación a flor de piel. —Nos pueden descubrir.

—No va a pasar, todavía es temprano para que vengan. —replicó Ryoga agarrando sus manos para acercarlo a su cuerpo y darle un beso.

Les gustaba bromear entre ellos por lo que aprovecharon que las mantas estaban colgadas para ocultarse entre ellas, Ranma reía a carcajadas al notar que su novio se había enredado con una de ellas por intentar acercarse a él.

Entre tantas burlas, los dos terminaron debajo del cobertor y con sonrisas cómplices aprovecharon la oportunidad para volver a besarse. Se sentían ocultos del mundo en ese pequeño rincón.

Claro que no escucharon como uno de los instructores se acercó al lugar y vió un poco de sus jugueteos y la extraña cercanía.

Todo fue en picada desde ahí.

Aquel hombre los obligó a separarse al ver esa acción, gritaba y los insultaba por hacer cosas indebidas. Aunque “agradecían” que los llevara a una de las cabañas de los vigilantes para hablar con ellos. Nadie podría escuchar.

A pesar de los insultos y de su monólogo de por qué está mal lo que hacían y que deben de cambiar esos pensamientos impuros, Ranma no estaba dispuesto a soltar la mano del otro chico, pero él, por otra parte, si la soltó, obligando a que la apoye en el respaldo de la silla y no en su cuerpo.

Se sintió decepcionado ¿ahora lo alejaba?

Aquel señor amenazó con avisar a sus padres de lo que hicieron si los volvía a encontrar actuando así, según sus palabras se encargaría personalmente de que los castiguen hasta el final de sus días.

Luego los dejó solos, pero sin dejar de lado el tono grosero de su voz.

—Debemos tener más cuidado para la próxima vez. —dijo Saotome con una sonrisa incómoda. Intentaba aligerar el ambiente tenso que se formó. —No le tomemos importancia a lo que dijo, es solo un viejito con ideas retrógradas.

Ryoga no respondió nada. Se mantuvo en silencio, sólo que sentía que le faltaba el aire. Escuchar todos esos insultos le trajo recuerdos de su infancia y el miedo con el que vivía de que sus padres se enteraran.

O de aquella primera vez en la que lo trataron como un fenómeno. De los amigos que lo trataron mal cuando supieron de su sexualidad.

No quería eso de nuevo. Nadie podía enterarse. Ranma no merecía estar con alguien así,con alguien como él,era inseguro. No le mostraba y ahora que le recordaron todo esto.

Su vida no sería fácil una vez salgan del campamento. Estarían expuestos a críticas y muchas cosas.

Su chico tenía un destino próspero y él no debía formar parte de este. Si se quedaba a su lado todo empeorará.

—¿Te encuentras bien? —Saotome se acercó para sostenerlo del brazo, estaba pálido. Ryoga no permitió que lo tocara y se alejó bruscamente.

Impulsado por esos sentimientos que se entremezclaban tomó una decisión estúpida.

—Es mejor que nos alejemos por completo. —dijo Hibiki con una expresión desconcertante. —El campamento se acaba en unas dos semanas, no nos volveremos a ver después de esto, no vale la pena tentar a la suerte.

Alejarse... Acabar con todo. ¿Así de sencillo le daba fin?

—¿Te das cuenta de lo que dices? —preguntó Ranma enojado. —Prometimos mantener el contacto después de esto, no vivimos tan lejos y se supone que lo haríamos funcionar. De un momento a otro se te olvidó todas esas promesas.

—¡Lo nuestro no tiene futuro! —estalló entonces, quería alejarlo de todo, de su persona, de sus miedos. —Solo fue algo para pasar el tiempo y divertirme. Sería mejor que no te tomes en serio este intento de relación. Fue encantador ¡pero hasta ahí¡ ¡Se acabó!

Ser sincero era la mejor opción, decirle que tenía miedo de que otros los juzgaran y las represalias que puede tomar cualquier persona solo por quererse como lo hicieron hubiera solucionado todo. Tal vez se hubieran apoyado mutuamente y superarían esos sentimientos. Solo que decidió mentir y no tomó en cuenta el daño que provocaban sus palabras a aquel que juró “amar”, consideraba que eso era lo mejor. Lo creía en su inexperiencia y en el terror que revolvía su estómago.

—Tal vez para ti era pasajero. —dijo el chico con un dolor persistente en su pecho, como si su corazón se estuviera partiendo a cada segundo. —Estaba completamente seguro de dar todo por ti porque yo, por otra parte, sí te quiero y jamás creí que fuera un juego para tí.

¿Lo engaño así de fácil? Las palabras bonitas y los recuerdos juntos formaron parte de una gran mentira. Lo abandonaba ahora que todo se complicó para él y ya no le era útil.

—Está bien si decides acabar con esto, pero no se te ocurra volver a buscarme. —amenazó, en un intento desesperado de que no lo soltara, que fuera por él. —¡No soy la burla de nadie y menos de tí!

Salió sin mirar atrás con las lágrimas acumulándose en sus ojos, caminaba a tientas porque no podía ver debido al llanto y terminó cayendo en un pequeño sector que estaba cubierto por la yerba.

Se sentía como un idiota, realmente fue un estúpido al creer que Ryoga lo quería.

Entonces, ¿por qué decidió cuidarlo como si fuera importante para él?

—Era obvio que pasara. —se dijo a sí mismo, limpiando su rostro. El frío empezaba a carcomerle los huesos. —Solo es un amor adolescente, lo superaras.

Incluso si intentaba consolarse a sí mismo, no podía dejar de llorar. Las lágrimas no salían más, pero la pena le seguía provocando sollozos continuos. No podía más, le faltaba el aire.

Así que todo era mentira. No encontraba respuesta y tampoco tenía las fuerzas para averiguar algo así.

Las dos semanas siguientes Ranma ignoró a Ryoga en todo momento, ni siquiera lo regresaba a ver. Estaba molesto y prefería ignorar su presencia. La mayoría notó ese cambio extremo, pero no comentaron nada porque preferían evitarse problemas al decir cosas que no eran.

Huía de él. Si se acercaba estaba seguro de que le metería un puñete. Pasaba por etapas diferentes, al inicio estuvo triste y llorando casi a todas horas, incluso decidió fingir un resfriado para excusar su estado tan deplorable. Después llegó el enojo y se mantuvo en eso el resto de días. Notaba que ciertas ocasiones Ryoga quería hablar con él, al ver esa actitud nerviosa decidía irse. No tenía que soportar ello.

Ya no.

El último día de campamento llegó rápidamente, se despidió de Sakura con la promesa de encontrarse con ella en algún punto de su vida. Fue una gran amistad y le agradecía todo lo que hizo por él en esas etapas estúpidas de su vida. Esperaba que la chica fuera feliz. Salió del lugar siendo alguien diferente, siente que aprendió algo con las experiencias vividas, pero ya no quería que formara parte de sí mismo, enterró todas las cosas que pasaron en esos meses en lo más profundo del bosque y con todo ello, también olvidó a Ryoga.

La espina de resentimiento se mantuvo con él durante una época, pero su padre lo ayudó a superar ese tema, todavía era joven como para sentir que el mundo se acaba por una mala experiencia amorosa. Son cosas que pasan, incluso si acaban mal.

Confesar lo sucedido fue muy incómodo. No era adivino para saber si la reacción de su padre sería buena o terminaría afectando a su lazo afectivo. Tuvo demasiados nervios y miedo de ser juzgado.

Al contarle lo que sintió, los momentos buenos (omitiendo detalles que no eran necesarios), el problema con el dirigente y todo lo que pasó después no fue capaz de sostener la mirada. Estaba expuesto por completo.

Genma primero se quedó en shock, era algo difícil de procesar y fue sincero al decir que no esperaba algo así. Pero Ranma era su hijo y lo amaba con todas sus cualidades y defectos, algo así no cambiaba ese sentimiento. Lo estrechó en un fuerte abrazó, era lo que necesitaba puesto que no tuvo en quien apoyarse todo este tiempo, acariciaba su espalda con cariño y susurró unas palabras que hasta la fecha él no olvida.

—Eres mi hijo y te amo no importa qué...

Ese día volvió a llorar, pero ya no se sintió solo. Tenía a su papá y eso era lo más importante. Superaría todo, era sencillo.

El tiempo pasó e ignoró el tema, creció como persona, maduro y se volvió a enamorar. Solo que Ryoga decidió regresar para volver a alterar ese tema que consideró muerto en un punto de su vida.

Volvió para desequilibrarlo.

...

La playa lucía agradable a esas horas, era uno de esos ambientes que amaba en toda circunstancia. La pequeña luna se reflejaba en el océano y el viento hacía que sus cabellos se movieran levemente, el aroma a sal llegaba a su nariz.

Dejó sus zapatos a un lado y hundió los pies en la orilla, el agua era helada y refrescante a la vez. Disfrutaría del ambiente como se debe si no estuviera con la desagradable presencia del chico.

Se sentó con la mirada fija en el horizonte esperando que Ryoga iniciara la conversación.

—¿Por qué recibí una invitación? —dijo el chico con voz baja, la pregunta llegando a perderse con el aire si hubiera un bullicio.

—Vamos al punto. Tanta era tu insistencia para que al final yo sea quien debe responder tus preguntas.

—Por favor... Es importante para mi saberlo.

Ranma exhaló sonoramente.

—Ya escuchaste esa respuesta hace rato. Te invitó mi novia.

—Pero quiero saber por qué ¿qué ganaba ella con esto?

—No le des tantas vueltas al asunto. —respondió desesperada. —Ella encontró una foto nuestra en la que había anotado la dirección de Sakura y la tuya, eso fue cuando recién nos volvimos amigos.

Acarició una de sus piernas, recordando esos momentos.

—Hace poco me contó de su gran hazaña, Akane suele hacer ese tipo de cosas si ella piensa que es por mi bien. —sonrió al hacer memoria de los detalles de su rostro.

Ryoga asintió poco satisfecho, su corazón dolía al notar esa expresión de tranquilidad y felicidad. Debía ser él quien ocupara ese lugar.

—Es la primera sonrisa sincera que veo en ti después de tanto tiempo.

Ranma volteó su rostro, observando como él también tomaba asiento a su lado.

—¿A qué viniste? —preguntó la chica, enojada otra vez.

—Deseaba explicar mi comportamiento deesavez. —dijo Ryoga, nervioso. —Te mereces una disculpa por lo sucedido y también...

—¿No te parece que es tarde para eso? —interrumpió la joven, otra vez tenía esa mirada llena de enojo.

—¡Lo es! ¡Pero intenté acercarme a ti para hablar y no me dejabas!

—¡Obviamente no iba a aceptar eso! —gritó enfurecida, cambiando su posición para estar frente a él sin lastimar su cuello. —Me trataste como si no valiera nada, en ese entonces, ignorarte fue lo más sensato para mi.

Menos mal que era un tema pasado.

—Han pasado ocho años desde que terminaste una relación que ni siquiera duró mucho tiempo. —continuó, inhalando y exhalando con calma. —Eres difícil de entender.

Ryoga agarró su cabello con enojo.

—¡Tenía miedo! —estalló repentinamente. —No era la primera vez que recibía comentarios hirientes y pensé que era algo superado. ¡No fue así! Me desesperé demasiado y lo mejor era que te alejaras de mí, yo no te iba a hacer un bien.

—Eso no podías saberlo. Me sigue pareciendo estúpida tu justificación porque no sabes el daño que me hiciste con tus palabras. —Ninguno de los dos es dueño del futuro y como te dije esa vez, yo era capaz de todo por nuestra felicidad.

Solo que ahora eso ya no importaba en absoluto.

—Ese septiembre fue un mes que pensaba olvidar. —dijo Ranma con la cabeza apoyada en sus antebrazos. —Éramos muy jóvenes como para saber de amor.

Hibiki tenía tanto que decir, tanto que intentar,tanto que arriesgar.

—Yo tenía esa esperanza de que nuestra relación durara por mucho tiempo, pero fui cobarde. No puedo entender ni perdonarme el hecho de que te deje ir.

Si esta era su última oportunidad, debía aprovecharla.

Se acercó a ella incluso con el riesgo de que lo golpeara. Sostuvo nuevamente una de sus manos con cariño y la acarició con el pulgar.

—Si tan solo fueras mío... —susurró, pasando su brazo libre por la cintura de la chica. —Caíste entre las grietas de mis manos, es difícil decir que este es el final.

Ranma se separó como si el tacto quemara su piel. Se puso de pie rápidamente limpiando su ropa con brusquedad.

Ryoga no quería rendirse, no aún, volvió a juntarse a su cuerpo, casi abrazándola para evitar que escapara. Las manos de la pelirroja se apoyaron en su pecho y él la sostuvo por la espalda baja.

—Ya soy de alguien más. —dijo ella con el corazón a mil por la actitud romántica que tomó Hibiki. —Tú fuiste el que huyó en un inicio y ahora ¿tomas la iniciativa?

—Ranma, yo sé que el tiempo ha pasado, pero no puedo avanzar de esa bella época en la que nos queríamos con locura.

Las emociones se desbordaban otra vez, las lágrimas se formaban en los ojos como recordatorio de que la situación sería hermosa en otro contexto, en plena libertad.

Tal vez serían felices en otra vida.

—Llegaste a mi vida de nuevo para que vuelvas a dejarme con una tormenta de emociones. —reclamó ella, la voz sonaba como el maullido lastimero de un gatito abandonado. —Yo soy quien debe renunciar a ti en esta ocasión. —Las lágrimas cayeron una tras otra. —Si lo pensamos con claridad, nunca te importe lo suficiente cómo para que decidieras arriesgarlo todo por nosotros, ya es tarde para ello.

El chico también lloraba por ese amor imposible.

—Baila conmigo por última vez. —Esa era su petición para seguir ganando tiempo. —Quiero demostrarte que ahora sí estoy dispuesto a darlo todo por nuestro futuro.

Ya estaba cansada de rechazarlo por lo que terminó aceptando.

Ryoga tarareaba una canción algo movida, pero que le parecía deprimente a la vez. Como si se tratara de su historia.

Bailaban lento, como si fuera una balada y a la vez, adorando ese instante.

Cariño, sé que te gusto todavía. —dijo Ryoga, interrumpiendo su improvisado canto. —Tienes mi corazón y seré tuyo para siempre. Solo debes decir que si y mañana temprano seremos libres en otro lugar.

Ranma negó como si le decepcionará escuchar eso, pero en realidad no era algo malo lo que sentía y por eso se frustraba consigo misma.

—No digas las palabras que amo escuchar, no es justo.

Se detuvieron y esta vez sus manos se mantenían juntas. ¿En serio era el momento de ponerle punto final?

—Cada día sin ti me hace daño. He sufrido por no tenerte de esta forma, sin poder escuchar tu voz o ser merecedor de tu amor.

Buscaba convencerla y de cierta forma lo estaba logrando. Tal vez diría que sí, pero no era lo indicado.

El pasado se encontraba luchando por ser su presente, pero él ya tenía a un presente que deseaba ser su futuro. Entonces no era correcto abandonar todo por algo que no era seguro.

—Dejemos las cosas como estaban. —suplicó ella. —No me hubieras buscado si no fuera por aquella invitación, estas hablando desde la desesperación de perderme.

De cierta forma, seguía admirando el color de sus ojos. No sabía si brillaban porque la miraban o por el llanto de minutos atrás.

Ryoga quiso decir algo más, insistir en esta pequeña oportunidad. El dedo índice de la chica se posó en sus labios, obligándolo a callar.

No está bien esa cercanía, no cuando ella estaba a punto de casarse.

No estaba bien que se acercaran así, sus respiraciones se entremezclaban y sus narices se rozaban. Sabían lo que querían y con algo de miedo, Ryoga posó sus manos en el rostro de la chica, acariciando su tersa piel. Amando la situación porque no volvería a suceder.

El tacto entre sus labios fue dulce, era como si regresaran a la vida. Se movían ligeramente sobre los del contrario, disfrutando de la suavidad de los belfos del ser amado. La respiración era una tarea dificultosa y casi imposible, pero ni eso era capaz de separarlos. Un beso largo y lleno de tristeza.

Se separaron un poco y a la vez se juntaron de nuevo, besándose con una pasión encendida parecida a una pequeña llama que crecía sin descanso.

Al alejarse se sonrieron levemente.

Ahí acababa todo.

Regresaron a la casa en silencio, como si fueran desconocidos. Llegaron a la puerta y Ranma pensaba en darle un lugar para que pasara la noche.

—Yo me quedo aquí. —dijo el chico con sus brazos detrás de la espalda. —No quiero estar presente en tu matrimonio, ya sabes mis motivos.

—Claro, no hay problema. —Alejando el rencor inicial y todos los sentimientos, Saotome podía seguir considerando a Ryoga como un amigo, pero eso no era adecuado en la situación.

—Te deseo lo mejor en esta nueva etapa de tu vida. Que sean muy felices, los dos.

—Gracias, espero que tú también puedas ser feliz.

Hibiki sonrió afligido y le dio la espalda, caminando lejos de la persona que ama. No creía poder superar su historia.

La pelirroja entró a su casa y fue a su cuarto a dormir. Mañana sería un día muy cansado.

Y así fue, su padre se encargó de despertarlo con una gran sonrisa en su rostro. No dejaba de decirle lo orgulloso que se encontraba de él y de la vida que estaba formando. Lo ayudó a vestirse y peinarse para luego jalarlo a unas fotos con los invitados.

Fue llevado a la recepción donde compartiría votos con Akane. Últimamente era más común ver bodas japonesas al estilo occidental por lo que terminaron adquiriendo ciertas costumbres para la ceremonia, pero sin dejar de lado lo tradicional.

La música empezó a sonar por todo el lugar, era una de sus canciones favoritas tocada en instrumentos clásicos y luego la vio a ella.

Su hermoso cabello azul adornado con flores de cerezo, las hebras caían como ondas por su rostro el cual llevaba una pequeña capa de maquillaje.

El vestido blanco hacía que se viera como un ángel, resaltaba su figura y a pesar de ello, Ranma no podía dejar de observar sus ojos. La amaba más que nada.

Estiró su mano, siendo gratamente recibida por la chica quien le sonrió.

Empezó la ceremonia sin mucho preámbulo, por algún motivo, él se sentía perdido. No era consciente de lo que decía la persona a su frente. Su mente, sus sentidos y su corazón pensaban en una sola persona.

En Akane.

Al momento de dar sus votos, se trabó al hablar, los nervios le jugaban en contra. Suspirando varias veces y temblando un poco, logró finalizar aquel discurso que preparó días antes y agregó como cierre un pequeño beso en la frente de la chica.

Eran incapaces de esconder su alegría.

Akane también dijo sus votos, igual de ansiosa y sacando ciertas risas a sus invitados.

De repente, quien estaba a cargo de llevar el matrimonio dijo:

—Se puede notar en sus miradas lo mucho que se aman. La pregunta está de más, pero... ¿Alguien se opone a esta unión?

Ranma recordó a Ryoga y lo sucedido ayer. Se sintió mal, culpable.

Su mente le hizo creer que alguien entraba al lugar en ese instante. Asustado, regresó a ver pensando que Hibiki se arrepintió al final y quiso aparecer ahí. Le daba miedo porque no sabía si era capaz de rechazarlo, pero no importaba lo que sentía, no había nadie en la puerta.

Vacío...

Una ilusión estúpida.

—Siendo así. —continuó el señor. —Yo los declaro marido y mujer.

Los dos se dieron un tierno beso, que sellaba el vínculo formado a partir de ese día.

Todo estaba bien.

Está era la vida que tanto anhelaba.

F I N


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