Soy.
El colegio de varones era, algunas veces, como una cárcel, en el peor de los casos, y algunas otras, como un parque de diversiones. Me encantaba asistir a clases, debía admitirlo, muy en el fondo, sí era alguien que veía el estudio de buena manera, quizás con algo de entusiasmo. ¿Y qué lo hacía mejor? Mis amigos, sin duda, aunque solo fueran dos.
Hakyeon algunas veces actuaba como una madre sobreprotectora conmigo, me decía qué cosas eran buenas o perjudiciales para mí, en casos extremos. Durante la hora del almuerzo, quería sentarse siempre a mi lado para darme de comer en la boca, como a un bebé… Bien, que algunas veces le dejaba hacerlo, porque era divertido y me sentía consentido por él, y, en parte, porque Taekwoon se ponía algo celoso y me alimentaba en la boca por igual. Era como tener a una mamá y un papá muy consentidores conmigo, era como una competencia por mi cariño y amor, a lo cual me era gracioso fingir desinterés solo para que ambos me rogaran algo de afecto, claro, siempre como amigos.
Sin embargo, por el otoño y su horrible cambio de clima, Taekwoon enfermó, ausentándose de clases por algo de alergia y la gripe que, inevitable, contagió a uno más del salón; Hakyeon. Y con ello, me sentía absolutamente solo, abandonado en el cruel mundo real, solitario, sin amigos, en un mundo que parecía ser gris, triste, cruel, deprimente.
Aquella mañana a mediados de septiembre me encontraba solo en las escaleras del segundo piso de la preparatoria, esperaba al profesor de literatura, a que la clase iniciara, fue entonces que los vi caminar juntos hacia el salón, un pequeño grupo conformado por cuatro o cinco chicos, compañeros de clase a los cuales no les hablaba, y digo cuatro o cinco porque no les prestaba atención, no al resto, solo a él… Pero luego vi al profesor, esquivando alumnos hasta que ingresó al salón, a lo cual todos nos apuramos para entrar e ir a nuestros pupitres.
La clase inició como de costumbre, con su habitual pase de lista, con el profesor recordándonos que participáramos en un concurso de cuentos infantiles que se expondría en algún lugar que no me interesaba, no había nada para mí existiendo en ese momento, ni el profesor, ni mis compañeros, ni el interés en escribir un cuento, ni nada. Solo yo, mi entorno gris medio pálido, medio oscuro, mi libreta de apuntes junto a un bolígrafo gastado, y él, sentado casi a mi lado derecho, en la fila de junto y un pupitre más adelante.
Tan cerca, y tan lejos, absolutamente inalcanzable.
-Lee Hongbin, pase al frente a leer su tarea.
Dijo el profesor, y solo pensé dos cosas: la primera, carajo, la tarea, mi propio escrito tan patético y horrible, que en cuanto el profesor la escuchara, me correría a patadas de su clase porque, claramente no sabía redactar una mierda; la segunda… Lee Hongbin… Al frente de la clase.
No tuve valor para verlo, solo seguí sus pies hasta que estuvo al frente, y entonces vi a mi libreta, usando las últimas hojas para dibujar en ellas, aunque no fuera un gran dibujante a decir verdad, lo hacía más bien porque me puse nervioso, me palpitaba fuerte el corazón el cual estallaría si hacía contacto visual directo con él.
“La luz más bella del universo”.
Escuchamos todos en el salón, el cual se mantuvo en absoluto silencio. De reojo, miré a quien estaba a mi lado derecho, Wonsik, uno de sus mejores amigos, atento hasta las entrañas en Hongbin, y luego vi frente a mí, aunque apreciaba su nuca, por la posición en que tenía ladeada la cabeza, sabía que Jaehwan, otro de sus amigos, lo veía de la misma manera, y por la forma en que sacudió sus hombros, junto a ese ligero siseo, entendí que había sonreído, quizás como un bufido socarrón que no era malintencionado, pero que sí resaltaba una pequeña burla por titular su tarea de un modo cursi.
Carraspeó, y continuó.
“Tiene quizás tantos años como la existencia misma, o tan pocos como ni siquiera un recién nacido puede contar. No hay canas en su cabello, el cual tiñe de vez en cuando, manteniendo en secreto el avance de la edad, las huellas que tocan su suave piel, los lustros que lustran: sus zapatillas de charol, el labial en su boca, y el perfume que se ha impregnado en cada poro de su cuerpo.
Ella guarda secretos con frecuencia, de manera elegante bajo una sonrisa que es casi permanente. El gesto la rejuvenece cada vez, de manera externa, a pesar de que ella, y nadie más que ella, conserva los misterios que cada uno de nosotros hemos intercambiado hacia sus oídos. Siempre con aretes de perlas. Perlas amorfas, ni redondas, ni ovaladas, porque la perfección existe, a sus palabras, en cada aspecto único de nosotros.
Es un escudo. Fuerte, resistente, que protege a toda costa al más necesitado. Es también una espada, filosa, peligrosa. Pero solo en el momento necesario.
Ella guarda la luz más brillante dentro de sí misma. Esa que enceguece por la fortaleza de sus verdades, que no sabe engañarse, ni a ella, ni a nadie, porque es regida por los valores más limpios y puros que cualquier alma ha sabido tener jamás en su vida. Sabe purificar el dolor de mis lágrimas cuando se las muestro, sabe tocar mi corazón con un beso, sabe emanar paz en su entorno, aunque éste nunca se encuentre en un abrupto silencio. Se sostiene de pie a pesar de estar rota. Te brinda amor, aquel que es limpio, incondicional y verdadero.
Sus manos, sedosas y blancas, tienen grietas invisibles al ojo humano.
Las aprieta a puños cuando el daño externo logra perforar su pecho. Se corta las uñas más de la cuenta, porque cuenta, que son los nervios. Y tuerce sus dedos bajo la mesa, entumidos de frío, mientras se toca la falda en búsqueda de calor.
La luz más bella del universo habita en el planeta y no en el cielo, tiene una voz suave que reconozco incluso en sueños, conserva la calma siempre en todo momento. Es brillante, enérgica, fuerte y amorosa, es tan grande y valiosa que para mí no tiene defectos”.
El silencio perduró un poco, por algunos segundos solamente, dejé de ver mi cuaderno, el cual estaba garabateado con un montón de figurillas sin sentido, desde estrellas, flores y corazones, hasta caricaturas algo deformes y mal proporcionadas, solo para ver al profesor de reojo, quien asintió breve con la cabeza mientras hacía algún apunte en su libreta de expedientes de la clase, seguramente algo como “excelente trabajo”.
Intenté voltear a verlo, mis ojos querían hacerlo, pero me hundí más en mi libreta cuando Wonsik alzó el brazo, llamando la atención de Hongbin y voceó una pregunta.
-¿Quién es tu amada musa, Hongbin-ah~?
Se notaba algo de burla en su voz, noté a Jaehwan girándose hacia Wonsik lo suficiente para dedicarle una risilla en lo que alzaba su pulgar, como aprobando su atrevimiento. Apreté las muelas, el bolígrafo casi cortaba la hoja de papel cuando empecé a rayar con fuerza sobre mis patéticos intentos de dibujos, mariposas feas, nubes extrañas… Vi mis pequeñas obras en papel, parecían marchitarse, tal como mi corazón lo hacía.
-Mi abuela, la que me crió de bebé.
Respondió alegre en lo que volvía a su pupitre.
Levanté la cabeza para verlo, él se detuvo apenas un momento antes de sentarse, intercambiamos miradas, sus ojos eran tan bellos, tan brillantes, tan encantadores, tal como esa breve y sutil sonrisa en su bonita boca, queriendo marcarse un hoyuelo en su mejilla derecha. Le sonreí de igual forma, el corazón me volvió a palpitar emocionado. Dejé de verlo cuando tomó asiento en su pupitre, me enfoqué de nuevo en mis garabatos sin sentido, pero que ahora daban color a mi vida en tonalidades grises… Los submarinos flotando en medio de estrellas y planetas, las olas de mar que chocaban con corazones y bombas de flores, algún intento de animales tiernos, como gatitos, pollos y tortugas, en mi mente, cobraban vida, se movían por doquier, latían fuertes, la intensidad de su color me hipnotizaba a pesar de no estar prestando mucha atención a los dibujos, pues mi enfoque se fue perdiendo, quedándome sumido en mi propia mente, en aquella bonita sonrisa que Hongbin me había dado, y que quería ver por toda mi eternidad.
Entendí que la clase había terminado cuando se escuchó el timbre, y debíamos ir luego al laboratorio de ciencias; eso implicaba hacer equipo en alguna mesa de trabajo con otros compañeros a los cuales les hablaba poco, en ausencia de mis mejores amigos. Suspiré hondo, veía entonces todo el millar de pequeños dibujos, rayones y garabatos que ahora atascaban con tinta dos páginas de mi libreta abierta. Giré las hojas hacia donde estaba mi tarea escrita… Me había salvado de pasar al frente a leer mi escrito, por fortuna, pues era cursi y no tenía mucho sentido, no sabía escribir tal como el profesor de literatura siempre me exigía, pero daba igual, cualquier calificación me daba lo mismo, siempre que no fuera una reprobatoria.
-¿Sanghyuk?... ¿Todo bien?
Miré al frente, hacia aquella voz, solo estábamos Hongbin y yo en el salón de clases, él se incorporaba, de pie, al lado de su pupitre, con una agua embotellada en su mano, en un cilindro que siempre cargaba consigo cada que nos tocaba la clase de atletismo a última hora. Me sonrió de lado una vez más, como una tímida mueca, en lo que se acomodaba un poco el cabello, y luego vio a mi libreta.
-¿No hiciste tu tarea?
-Ah, sí… La hice, todo bien.
Asentí en lo que me levantaba de mi sitio, algo torpe y apresurado por tomar mi mochila.
-¿Puedo leerla?
Fue imposible decir “no” en ese momento, y, en general, creo que cualquier cosa que dijera o pidiera Hongbin, yo en verdad sería incapaz de negarme, más todavía cuando me veía con ese encanto tan natural y precioso que emanaba de sus ojos tan brillantes. Todo en él parecía perfecto, como irreal, como un sueño. Asentí, cerrando mi mochila y colgándola a mis hombros, recargándome un poco en la paleta del pupitre, mientras él, como un niño mimado, tomaba mi cuaderno entre sus manos, notoriamente alegre.
“Eres…”
Leyó el título en voz alta, y me miró por un segundo, cual si pidiera permiso de seguir leyendo en voz alta, pero yo solo me quedé observándolo en silencio, esperando a que continuara.
“Lo que más quiero en este mundo, eso eres. Mi pensamiento más profundo, también, eres. Tan sólo dime lo que hago, aquí me tienes.
Eres. Cuando despierto, lo primero, eso eres. Lo que a mi vida le hace falta si no vienes. Lo único precioso que en mi mente habita hoy.
¿Qué más puedo decirte? Tal vez puedo mentirte sin razón. Pero lo que hoy siento, es que sin ti estoy muerto, pues eres, lo que más quiero en este mundo, eso eres.
Eres. El tiempo que comparto, eso eres. Lo que la gente promete cuando se quiere. Mi salvación, mi esperanza y mi fe.
Soy. El que quererte quiere como nadie, soy. El que te llevaría el sustento día a día. Día a día, el que por ti daría la vida, ese soy.
Aquí estoy a tu lado, y espero aquí sentado hasta el final. No te has imaginado, lo que por ti he esperado, pues eres. Lo que yo amo en este mundo, eso eres, cada minuto, en lo que pienso, eso eres, lo que más cuido en este mundo, eso eres”.
Mis ojos se habían perdido en él, y no como anteriormente lo había hecho, sin enfoque ni consciencia, sino con cautela y profundidad, era como analizarlo, a detalle y minucioso, pero también era como admirarlo, por completo, en todo su esplendor, desde el sonido de su voz que salía de manera suave a través de sus labios, hasta el ligero baile de sus pestañas cada que parpadeaba. Noté su calma y silencio, como queriendo entender qué acababa de leer, parpadeando un poco, todavía viendo mi letra manuscrita en el papel frente a sus ojos, y luego volteó a mí, alzando muy ligeramente sus cejas, cual si estuviera aprobando un filtro difícil de traspasar.
-Es…
-Cursi.
Tuve que admitirlo, estirando mi mano para tomar mi libreta de nuevo, la cual me dio sin tener otra opción. Era difícil describirlo, como algo contradictorio, pero daba la impresión de que Hongbin quería decirme algo más, y, con bastante temor de que fuera algo malo, tuve que apresurarme a irrumpir sus pensamientos para decirle que fuéramos al laboratorio de una vez o la profesora no nos dejaría ingresar.
-Escribiste algo muy bonito… Es romántico. ¿Se trata de alguien especial para ti, o solo fue inspiración de momento?
La inocente curiosidad en su mirada me había derretido, por nervios, mis dedos torcían parte de la pasta de la libreta, la trasera, y algo de las últimas hojas, donde había estado haciendo dibujos. ¿Qué podía hacer en ese momento? Había un mar de variables, posibles escenarios que iban desde el final más romántico y perfecto para mi corazón, hasta la peor de las catástrofes humanas. Apreté un poco la boca, evitando mirarlo a los ojos en ese segundo, pasé saliva.
-“¿Qué más puedo decirte? Tal vez puedo mentirte sin razón”.
Parafraseé, queriendo darle una sonrisa que, muy seguramente, se mostraba nerviosa y algo traicionera, con miedo quizás, mientras mi corazón palpitaba loco, golpeándome con las venas y arterias por todo mi interior, cuestionándome sobre qué había dicho y hecho… Era delatarme, era, probablemente, como ponerme la soga al cuello.
-Es… Halagador~. Gracias.
¿Aquello era bueno? ¿O malo? No entendí por qué me había dicho eso, y titubeé un poco en lo que él avanzaba hacia la puerta para salir del salón, a lo cual lo seguí con pies torpes, la puerta abriéndose y mostrando a un Wonsik preocupado únicamente por Hongbin, ganándome una mirada desconfiada de su parte.
-¿Acá sigues, Bin? La profesora dará el pase de lista, dije que estabas en enfermería.
-Oh, sí, le decía a Hyuk si podía hacer equipo en su mesa de trabajo, ya sabes, la última clase nos regañó por estar juntos tú y yo, Wonsik.
Me miró entonces, en lo que salían del salón, su rostro era refrescante, sonriente y cómplice, como si de pronto estuviéramos encerrados en una caja fuerte hermética que condensaba secretos, los cuales no existían, pero que dejaba entrever como partículas brillantes que consolidarían en la formación de estrellas.
-Bien, hm… Apúrense por favor.
Dijo amable, a pesar de que su rostro no fue del todo amigable al momento de verme y adelantarse al laboratorio. Mi torpeza culminó al dejar caer mi libreta, exponiendo mis dibujos los cuales Hongbin vio, agachándose rápido para bromear y ganarme, robando de momento mi libreta que tenía más dibujos que apuntes.
Risueños, caminábamos juntos hacia el laboratorio, mientras él no dejaba de admirar mis feos dibujos, describiéndolos como si fueran grandes obras de arte. Sin darse cuenta, la obra más grande era él, era más bien lo que acababa de ocurrir, un suceso inexplicable que le dio vida y color a mi mundo gris, con gestos tan simples como su mirada, o su sonrisa, pero gestos meramente bellos y especiales para mí, porque irradiaba con facilidad la humildad, sencillez y bondad de su alma, era notorio a leguas, por su manera de caminar, de expresarse, de jugar y de bromear. Y era simplemente magnífico, tanto, que no lo podía terminar de procesar. Todo este tiempo, ahí a su lado, sentado, esperando, siempre hasta el final, todo lo que siempre había imaginado, todo lo que por él había esperado… Todo ese amor que por él guardaba, cada minuto, en todo lo que pensaba, él, lo más precioso que había en mi vida.
Todo eso era Hongbin para mí. Y hasta la fecha, eso es.









Terminé de leer el capítulo e iba muy feliz a leer el siguiente, dándome cuenta que solo hay uno por el momento. 🤣🤣 No puedo esperar a leer el resto. Si esta historia estaba en Wattpad, no recuerdo si la leí, porque he leído tantas de VIXX que suelo confundirlas, así que si, de casualidad, llegué a leerla, espero ir refrescando la memoria.
De verdad me encanta tu escritura. ¡Y el HyukBin que es tan hermoso y tú lo haces ver más hermoso todavía! 😍😍😍
Me encantaron ambos poemas, fueron simplemente perfectos. 🤌
Espero seguir leyendo tus obras. Aguardaré pacientemente. ❤️⭐