El Día En Que El Verano Se Congeló by Carol at Inkitt
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El día en que el verano se congeló

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Summary

"Má Was" significa "lluvia". Y la lluvia no puede lastimarte. Pero él era la lluvia, y si podía lastimarme.

Genre
Romance/Drama
Author
Carol
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Parte 1: La lluvia puede lastimarte.

Lluvia.


¿Era normal odiar la lluvia? Porque joder, yo la detestaba con toda pasión. Más cuando tenía cosas importantes que hacer, y el aguacero no me permitía poner un pie fuera de casa.


Y éste era el caso, la maldita lluvia no me dejaba salir de mi mismo. Los truenos hacían que me mantuviera bajo las sábanas, con los ojos cerrados y repitiendo seguidas veces que la tormenta pasaría en un par de horas.


¿Pero y si nunca llega a su fin?


¿Y si muero perdido en ella?


Los latidos irregulares de mi corazón hacían que poco a poco lágrimas bajarán por mis mejillas. Apreté con fuerza las sábanas y quise desaparecer, o simplemente hacerme valiente.


Pero no lo era, y no estaba cerca de serlo.


—Noha—su voz suave, adormecida y somnolienta me susurró al oído—No temas, no voy a dejarte solo, lo prometo.


Él era menor, un año más joven, pero aún así era jodidamente valiente.


Éramos unidos.


¿Dónde quedó eso en el futuro?.


—No llores, estoy aquí, recuerda, la lluvia no puede lastimarte—seguía diciendo en susurros pacíficos—Ella no te va lastimar.


Pero yo solo era un niño asustado, y quizás me creí sus palabras.


Los relámpagos iluminaban la habitación semioscura, dejando vernos reflejados contra el espejo de cuerpo completo a un lado del clóset. Tuve una sensación extraña, no sabía qué hacer o cómo actuar, pero me agradaba que él tomara mi mano para hacerme entrar en seguridad, una seguridad que me gustaba mucho.


—¿Sabes? Tengo algo que te va a tranquilizar—se puso se pie, y fue en busca de algo que tenía muy escondido en su mochila, cuando lo sacó mi ceño se frunció—¿Quieres probar?


Gustavo tenía en sus manos una bolsita con marihuana dentro. Eso me asustó, nunca había visto o al menos intentado querer saber cómo era o a qué sabía la marihuana.


—Me lo dieron unos chavalos de último año, son buena onda conmigo—dijo, mientras arrancaba una hoja de papel y sacaba un encendedor—Ojos bonitos, ¿Quieres experimentar?.


Tuve la intención de rechazarlo, de decirle que no, pero su expresión expectante y tierna me hicieron llegar a murmurar un tembloroso sí.


Nunca entendí a Gustavo, era difícil hacerlo. Pero sabía que no era malo, que era la persona más bondadosa que conocía.


Pero quizás haber rechazado aquel porro a los dieciséis años hubiese hecho un cambio en su adicción futurista.


Él tenía quince, yo dieciséis, pero a veces actuaba como un niño chiquito, pero claro que aún era un niño que no comprendía lo malo, un jodido chavalito que todavía le temía a las tormentas eléctricas.


—¿Y si…—quise protestar cuando le dio una calada al porro, para luego soltar el humo en mi rostro, dejándome aturdido por lo que había hecho.


—Deja de temer, conmigo no tienes que preocuparte.


—Esto no está bien.


—¿Di quien soy?


—Gus.


—Noha, soy Noha por esta noche—se acomoda en el centro de la cama, quitándome la cobija de encima, para tomar de mi mentón y poner el porro en mis labios—Se Gustavo. 


Sus ojos marrones lucían oscuros, como la misma noche que nos cobijaba. Y sin protestar inhalé y exhalé el humo, dejándome llevar por su tacto estremecedor.


—Quien me viera diría que soy una mala influencia—murmura con un sonrisa sin dejar de acercarse con esa intención aterradora, que solo me hacía retroceder.


—No…


—¿No qué? ¿No soy una mala influencia?


Sus labios poco a poco se fueron acercando a los míos, y yo no quise ceder a aquello.


—No soy así—le dije apartando el rostro, rechazando su contacto—Y eso no es correcto, eres casi mi sobrino y tú eres hombre y yo soy hombre, eso no es bueno, si mi hermana o tú papá se entera se nos va armar bien feo.


Gustavo asintió a mis palabras, le dio otra calada a su porro y murmuró un lento:


—Algún día dejaras de hacerte el difícil—había una sonrisa divertida plasmada en su rostro, no se lo tomaba mal, simplemente decía lo mismo, para él ya era algo divertido—Los truenos ya están cesando, ¿Te sientes mejor?

—Un poco.

—La lluvia no te lástima—repite lo mismo, y yo asiento a sus palabras—Waslaunin.

—Llover—traduzco la palabra y él asiente—Sé que la lluvia no lástima, pero a veces la veo como granizo y siento temor.

—Que lástima que le tengas fobia, sería divertido ir a mojarnos juntos.

—Lo siento.

—No te disculpes.

—Perdón.

—Eres todo un caso, Noha.

—Y tú igual.

Ambos nos vimos de reojo. Era agradable tenerlo cerca, Tavo era como ese mejor amigo que siempre quise tener, y no quisiera compartirlo con nadie más.

Quizás no odiaba tanto la lluvia.

Quizás solo me faltó entenderla más.

Quizás… odiaba el quizás.

-----

—¿Cuánto tiempo estarás allí?—mi madre me preguntó tras la línea, su voz era suave, y me encantaba escucharla—Cariño, entiendo que te lleves muy bien con el niño ese, pero aquí también tienes amigos y no es que esté en contra de la nueva familia de Valentina, pero no me hace mucha gracia que te relaciones con ese tipo de gente, ¿Me entiendes?.

—Mamita bella, ¿A que te refieres con “ese tipo de gente”? Ni que fuéramos la familia real.

Eso la hace reír, pero no tanto.

—Amor, sabes a lo que me refiero, ese niño es…—pausa su voz, como buscando las palabras adecuadas para no lastimar quizás mis sentimientos o hacer menos a Gustavo—Bueno, me entiendes.

—No mamá, no te entiendo.

—Noha, hijo, eso se puede contagiar.

—Ay, mamá, ni que fuera el COVID. Deja de pensar así.

—Está bien, pero que te quede en claro que voy a hablar con tu hermana para que te busque como ubicar una cama en la sala, porque no tolero que sigas durmiendo con él.

—Eres muy dramática.

—Y tú muy hermoso, ¿Crees que no pondría sus ojos en ti? Y eso no va a pasar, claro que no.

—Ya, voy a colgar, solo me estresas, cuando dejes de juzgar a la gente te vuelvo a querer.

—Noha Alexander, te lo digo ahora, ni se te ocurra caer en las trampas de un mocoso que es técnicamente tu sobrino y aunque lo niegue, mi nieto político.

Eso me hace reír, de verdad que me divertía el drama de mi madre. Ella no era mala, solo le resultaba difícil adaptarse a las personas, en otro momento hubiese ignorado lo que decía, ya que si mal no recuerdo ella tuvo un romance con una chica en sus años dorados, pero estaba claro que yo y Gustavo jamás íbamos a congeniar, no cuando él se estaba besando con un chico en su cuarto y yo estaba resguardando la puerta.

—No voy a caer en sus trampas, lo prometo mamita bella.

—Está bien amor—ella da un suspiro—Noha, sabes que yo no soy homofóbica, pero si te me volteas en algún punto que no sea con él, no quiero que te relaciones con gente así, a quienes les gusta andarse… No hace falta que te lo diga, me captas. No quiero que se te contagie lo puto.

Y eso es suficiente para que estalle en carcajadas, mi madre es un caso total.

—Y por cierto, llego el próximo fin de semana, no te estreses.

—Me parece, y recuerda, no vas a seguir durmiendo con ese muchachito.

—Vale, te quiero, te llamo lueguito.

No dejo que se despida, porque rápidamente cuelgo la llamada en el momento en que Tavo abre la puerta. Él se encuentra sin camiseta, y va en bóxer, al fondo del cuarto percibo como el chico que trajo hoy se viste con lentitud.

—¿Cómo estuvo?—le pregunto bajito, él me sonríe, cierra la puerta y se sienta a mi derecha.

—¿Te sabes alguna técnica para deshacerte de algo que ya no te gusta?

Mi entrecejo se frunce, pero lo capto, ya quiere mandar a la mierda al tal Park.

—No me metas, es tú problema.

—Noha.

—¿Mhm?

—Eres un buen amigo.

Y sin decir otra cosa se levanta, se encierra, y lo escucho poner seguro. Mi corazón se acelera un poco al escucharlo decir eso. Soy un buen amigo.

—Mírate que hermoso eres, ¿Puedes besarme y tocarme?—lo escucho decir a través de la puerta—Park, hay que casarnos.

Y después de eso risas por parte de ellos.

Sabía en el fondo que yo solo era ese mal tercio que se conformaba con nada, pero tampoco quería arriesgarme a jugar y perder.

No me importaba lo que él hiciera con los demás, mientras que no me lo hiciera a mí. 

Ambos éramos amigos, y los amigos no se engañan, mucho menos se rompen el corazón.

Gustavo no era ni es capaz de hacerlo.

Muy en el fondo sabía que no es capaz de usarme a como lo hace con ellos.

—Tú no jugarías con mi corazón. —dije a la nada con una breve sonrisa—Por eso te quiero.

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Good Writing

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